Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > El sexy chico del café
El sexy chico del café

El sexy chico del café

Autor: : Carolina Velásquez
Género: Romance
Camila era esa típica mujer ilusionada que siempre la flechaban los chicos guapos de la calle, por ejemplo; aquel chico del autobús que se sentó al lado de ella y jamás volvió a saber de él, su amor platónico de una semana. Ese tipo de chica. Su vida cambió cuando conoció a Jake, su nuevo crush del café, con el que fantaseaba en tener sexo y lo plasmaba en eróticos dibujos con un realismo impresionante. Cosa que no debió haber hecho en el lugar donde él trabajaba, Camila no sabía si su amor platónico cumpliría sus fantasías o la tacharía como una loca pervertida. ¿Te gustaría averiguarlo?

Capítulo 1 La Onza de Oro

Y ahí estaba yo, en la dichosa cafetería La Onza de Oro, sentada en una mesa con acceso a la ventana con vista hacia la calle en donde los carros pasaban y las personas caminaban por la acera, de un lado a otro, dentro de sus propios mundos, cada uno con problemas que desconocía y no me importaban.

El local solo llevaba unos pocos días de haber abierto sus puertas, como quedaba cerca de mi casa decidí pasarme ese día con la intención de encontrar algo que me inspire a dibujar, había entrado en un bloqueo desde hace semanas, quería salir de él ya que mi economía dependía del arte.

Un embriagante olor a café despertaba mis sentidos, estaba esperando que algún trabajador me atendiera, todo estaba lleno así que tenía que esperar mi turno. Me percaté que habían tres, dos chicas y un chico que llamó mi atención.

Lo detallé con precaución, no quería que se diera cuenta que lo estaba mirando mientras atendía a los clientes y preparaba café en el mostrador. Un hombre alto, de cabello castaño que se notaba sedoso a simple vista, a parte que el uniforme que llevaba puesto era tan apegado a su cuerpo que le hacía resaltar su figura tonificada... ¿En qué estaba pensando? ¿En cómo se vería desnudo?

Basta, Camila, respira.

Golpeé mis mejillas para volver a la realidad, no debía pensar ese tipo de cosas vulgares. Noté que aquel chico al que estaba analizando se acercaba a mi lugar, con una sonrisa.

-Bienvenida a La Onza de Oro. ¿Qué desea ordenar? -preguntó, con amabilidad en su hablar y sus ojos notoriamente azules entre cerrados.

-Eh... ¿Me recomiendas el mejor café? Y una rebanada de pastel achocolatado por favor -respondí, intentando no mantener tanto contacto visual, me ponía nerviosa lo guapo que era.

-Pastel de chocolate -corrigió, escribiendo en un bloc de notas pequeño-. Y sería el capuchino. Ya se lo preparo.

Era lo mismo.

Se dio media vuelta y caminó hasta el mostrador en donde tenían las maquinas para hacer café.

Mientras esperaba decidí sacar mi cuaderno de dibujos y el lápiz que siempre llevaba conmigo a todos lados. Ese chico no salía de mi mente, quería dibujarlo, pero de una manera un tanto; diferente.

Me dejé llevar por las fantasías que lograba ver en mi cabeza, tenía tiempo sin que se me ocurriera algo para plasmar en papel. Una corta historia se creó en mi mente, en donde el chico apuesto del café me prestaba atención y teníamos una noche llena de pasión.

Los trazos eran finos, cada detalle y cada sombra hacían que el dibujo me transmitiera calentura, lo hice realista, dibujé al chico del café desnudo, imaginando cómo podría ser su miembro. ¿Grande, pequeño, delgado, grueso? No tenía idea, de lo que si estaba segura es que debía ser rosadito, es decir; su piel era tan pálida como un papel y sus labios tan coloridos y carnosos como si usara pintura rosa, decidí hacer su parte íntima de un tamaño promedio, detallé bien su abdomen como si fuera lo más perfecto en él.

Al tenerlo dibujado acostado en una cama, desnudo y con el pene erecto, proseguí haciéndome a mí, a un lado de él, quería que eso fuera una especie de cómic, hoy sería un dibujo, mañana otro y así, todo siguiendo una misma línea de tiempo, es resumen; primero planeaba dibujarnos desnudos, para tener una idea de nuestros cuerpos y luego unirlos en los próximos dibujos, porque no solo quería hacer uno, tenía tantas ganas de hacer muchos, con todas mis fantasías sexuales, con la ayuda de ese chico.

Me había despertado una chispa dentro.

No era la primera vez que hacía algo así. Había tenido otros crushs platónicos anteriormente.

Como ya conocía mi cuerpo, no me fue difícil plasmarlo en el papel, figura esbelta, parte íntima con un corte de vello a mi manera y pechos medianos. Nunca me gustó depilarme completamente ahí abajo, prefería hacerle cortes random, o dejar un poco de vello, me resultaba cómodo.

-¿Te gusta dibujar?

Mi corazón se fue directo a mi garganta y los pelos de la piel se me erizaron por completo, cerré a la velocidad de la luz el cuaderno al haber escuchado la voz del chico que me atendió a mi lado, mis mejillas estaban calientes y los pensamientos eróticos que estaba teniendo sobre él me hicieron sentir mal al ver que me sonreía con inocencia.

-¿Estás bien? Aquí está tu pedido -agregó, colocó el café y el plato con el pastel en mi mesa.

-¡G...Gracias! Eh, era solo un garabato mientras esperaba -Me trabé en varias palabras, pero a él no pareció importarle.

Que estúpida.

Veintiún años tienes Camila, y todavía te da vergüenza cualquier cosa, sobre todo si involucra un chico.

-Vale, que lo disfrutes -Hizo una reverencia y se marchó.

Dios, menos mal que no se acercó lo suficiente para darse cuenta que lo había dibujado desnudo junto a mí. ¿En qué cabeza alguien haría semejante cosa? Pensaría que soy una loca pervertida.

Tomé la taza de café y probé un poco, estaba delicioso, mejor que el que hacía mi mamá cuando vivía con ella. Hace dos años que decidí independizarme en cuando me fue bien con mi arte.

Vivía en una casa pequeña y acogedora, excelente lugar para una sola persona. En mis veintiún vueltas al sol, solo había tenido dos novios con los cuales no llegué a perder, ejem... Ya saben, la cosa esa que todos llaman "virginidad".

No le veo el sentido, simplemente decir nunca he tenido relaciones sexuales y ya, para qué ponerle un nombre a eso.

Aunque, he de admitir que mi mente siempre fue muy cochina, en plan; me encantaba imaginar muchas cosas, sobre todo si involucraban a un chico y a mí puestos en escena, supongo que eso me sucedía por no haber experimentado "esas cosas".

Al terminar de comer, guardé mis materiales en la mochila y me dispuse a levantarme del lugar, había una enorme cola afuera, era mejor irme si ya había terminado y cederle el puesto a otra persona. Me dirigí al mostrador para pagar lo que consumí. Y ahí estaba él, preparando café, me quedé hipnotizada unos segundos hasta que una voz femenina me devolvió a la realidad.

-¿Efectivo o tarjeta? -Era la cajera, me estaba mirando.

-Efectivo -respondí, sacando el dinero y entregándoselo.

-Espero que haya disfrutado y vuelva pronto -comentó, solo me limité a sonreír y me fui del lugar.

Lástima que no logré conseguir el nombre del chico del café. Ya sería al día siguiente, porque obvio quería seguir yendo a La Onza de Oro por él.

(...)

Llegué a mi casa, encendí las luces y lo primero que vi fue a mi mascota, Zeus, moviendo su peluda cola. Era un gatito color negro con patitas blancas, como si tuviera puesto unos zapatos, y de grandes ojos verdes que me miraban con cara de "karen, dame comida".

Dejé caer la mochila y tomé a mi gato entre mis brazos, tan tierno que se veía el minino.

-Ay, pequeño Zeus, te extrañé tanto.

Él solo me maullaba, lo dejé a un lado para servirle croquetas, lo tenía gordo, bien alimentado y parecía un peluche.

Lindo.

Mi día transcurrió con normalidad, había recuperado la inspiración para dibujar gracias al chico sexy del café, es que de solo pensar en él se me erizaba la piel y mi parte íntima se sentía caliente. ¿Y cómo no? Si parecía un papucho tallado por los mismísimos dioses.

Camila, respira.

La noche llegó en un abrir y cerrar de ojos, yo estaba acostada en mi cama, luego de haber vendido unos cuadros que había pintado hace un buen tiempo y me habían pedido hace unos días. Me encantaba vivir sola, Zeus era mi mejor compañía.

Mis padres se habían separado cuando yo tenía seis años, por lo que empecé a vivir con mi mamá, en cambio; nunca volví a saber nada de mi padre, desde mi punto de vista me abandonó completamente, todavía recuerdo que a los diecinueve cuando comencé a vivir sola, a mi mamá no le molestó, pero sí la puse un poco triste ya que era su única hija, pero vamos, ella andaba feliz viajando a todos lados con su nuevo marido.

Para nada envidiable. Por otro lado, yo lo que hacía era masturbarme todas las noches pensando en chicos guapos y desconocidos que veía en la calle cuando salía. Ya estaba cansada de estar soltera.

Quería que alguien me hiciera todas las cosas con las que fantaseaba. ¡Quería tener sexo!

No tenía nada de malo desear eso.

Esa noche, el chico del café no salía de mi mente, no pude evitar imaginar que estaba a mi lado, una escena se creó en mi cabeza...

***

-Hay que admitir que te ves bien sexy en ropa interior -dijo el castaño.

-Pues, ¿te gustaría quitármela? -respondí con picardía y lamiendo mi labio inferior.

El ojiazul, estaba en bóxer, con su miembro erecto y marcado a través de la tela, era obvio que ese pequeño quería salir, su abdomen estaba tallado en cuadros, me hacía babear verlo de esa forma.

Él se acercó a mí con sutileza y me plantó un largo beso, con lengua, intercambiábamos salivas y nuestras respiraciones entre cortadas hacía que me faltara el aire. Que caliente se volvió el ambiente.

***

Volví a la realidad, espabilé pues estaba imaginando cosas perversas con un desconocido y cuando me di cuenta mi mano andaba en mi parte íntima, toda mojada y manoseándome, estaba excitada, jadeando sola, pero toda sensación se vino abajo al escuchar que habían tocado la puerta principal. ¿Quién quería hacerme una visita a las ocho de la noche?

Me levanté y limpié el néctar que había dejado en mi mano con una toalla que tenía tirada en el suelo. Caminé hasta el armario para colocarme una bata y poder salir, no iba a ir en ropa interior.

Dejé a Zeus dormido en su pequeña cama que le compré hace mucho tiempo, adorable. Caminé mientras me amarraba la bata para que no se notara ninguna parte de mi cuerpo, a excepción de las piernas.

Encendí las luces de la sala, me acerqué a la puerta, justo en el pequeño visor que me permitía ver quién estaba afuera, no quería arriesgarme a que me hicieran daño por abrir sin saber.

Era July, la vecina del frente.

Quité los seguros para poder hablar con ella, no tenía idea de qué quería, pero era una buena chica y amiga, aunque no habíamos hablado mucho últimamente. Hemos salido de compras o al cine, también pasábamos a veces las tardes juntas en su casa o en la mía, tomando té como si fuéramos señoras.

La diferencia era que ella sí estaba casada, a sus veinticinco años ya tenía marido. Al abrir me saludó con un abrazo y una gran sonrisa, como si tuviera mil años sin verme.

-¡Camila! Disculpa la hora, pero quería invitarte a un pequeño compartir en mi casa, mi hermano vino luego de haber estado en el extranjero durante cinco años -July me miró, estaba entusiasmada.

Muy poco me había contado de su hermano, solo sabía que estaba estudiando para ser barista, no sabía nada más. La castaña juntó sus manos y me lanzó una mirada rogando para que la acompañara, sus ojos azules brillaban con la luz de la luna.

Ah no, era la luz del techo de mi casa.

Suspiré, casualmente yo estaba muy ocupada momentos atrás.

-July, sabes que no me agradan mucho las fiestas -resoplé, colocando mi mano en mi cintura.

-No es una fiesta, es un pequeño compartir, solo seremos mi marido, hermano y tú -explicó intentando convencerme-. Es que hay mucha comida, no queremos que se desperdicie.

Al decir eso me atrapó, yo que era glotona desde nacimiento, por como sonaba significaba que había mucha comida que seguro me dejaría traerme a casa.

-Vale, me iré a poner algo de ropa y voy -dije, sabía que si me negaba me llevaría arrastrada por el cabello, una gran amiga.

-¡Sí! Gracias Cami, no te arrepentirás, a parte necesitas un hombre en tu vida, te puedo presentar a mi hermano -agregó July, mirándome de arriba a abajo-. Llevas mucho soltera.

Me sonrojé. Claro, como ella estaba casada no le afectaba. July era muy directa en ocasiones, sobre todo con ese tipo de temas, siempre le conté que fantaseaba con tener sexo, pero no pensé que me fuera a echar encima a su hermano para eso.

-¡Voy a vestirme! -exclamé y cerré la puerta.

Me sentí avergonzada, Dios. Veintiún años y virgen, pero sabiendo todas las posiciones que existían en el kamasutra y fanática del porno. Una pervertida de oro dirían muchos.

No tardé en cambiarme y salir de casa, solo me puse lo primero y decente que encontré, un pantalón negro ajustado junto a un suéter, el frío que hacía en casa de July era como el polo norte. Cerré con llaves, los ladrones andaban muy activos últimamente.

Caminé hacia el frente, pues es donde vivía mi querida amiga, solo tuve que cruzar la calle y ya estaba en la entrada de su hogar.

Toqué.

En cuanto me abrió no vi quién era y solo hablé.

-No creas que voy a cogerme a tu hermano, July.

Levanté la mirada, no era July la que había abierto la puerta. Era un chico, yo en ese momento estaba deseando que la tierra me tragara, desaparecer del mapa por lo que había dicho. La vergüenza me comía todo el cuerpo.

Estaba nada más y nada menos que delante del sexy chico del café.

Piedad, señor.

Capítulo 2 Primer error

Salir corriendo era una opción, aunque dejar plantada a mi querida amiga, no. ¿Me perdonaría? Es que, tener frente a mí al chico por el cual me estaba masturbando momentos atrás, no era divertido. A parte, hice un comentario que obvio escuchó, no podía haberlo dicho más fuerte.

Mi cara debía parecer un tomate, no había pasado un minuto y ya estaba sudando, nerviosa y queriendo irme de ahí.

Soltó una carcajada que me dejó desconcertada.

-¿Tú eres la amiga y vecina de July? -cuestionó, cruzado de brazos.

Se veía sexy.

¡Camila! Ya basta de tus perversiones por favor, no es momento.

-Eh, sí... Soy yo... -hablé con las palabras enredadas en mi boca.

Con solo verlo sentía mi parte de abajo caliente.

-Pasa, supongo que mi hermana te metió cosas raras a la cabeza y por eso dijiste lo de antes -contestó, dándome un espacio para que entrara.

¿Vergüenza? Yo creo que estaba sintiendo más que eso. ¡Para nada me imaginé que el chico que me atendió en la mañana sería el hermano de July!

-Claro, gracias. Ya sabes lo atrevida que resulta ser July -añadí, riéndome en conjunto, para que no pensara mal de mí.

Con qué cara dices eso, Camila, si la pervertida eres tú.

Estaba cagada de nervios. A parte quería agradarle y darle una buena impresión.

Entré y él me siguió, ya conocía el lugar, primero estaba la sala y más atrás las escaleras, la cocina y una puerta que llevaba al patio. Los esposos estaban en la sala, en un mueble comiéndose a besos, el aire estaba encendido y casi que nevaba en el pequeño espacio.

Tosí para que me prestaran atención.

-¡Camila! Te estábamos esperando -Se levantó a toda velocidad, dejando a su hombre de lado y tomó del brazo a su hermano-. Él es Jake, puedes cogértelo si quieres, total; es un mujeriego y no le importaría.

July siempre siendo tan sutil con las palabras. Su esposo, Mykel soltó una carcajada que retumbó el lugar, ese hombre si se reía horrible.

-Tampoco me dejes mal, hermana -dijo el sexy hombre, sonriéndole a July. Me miró y añadió-: No hace falta que te presentes, Camila, July me dijo tu nombre y muchas cosas sobre ti.

Que delicada, todo indicaba que ella sí quería emparejarnos, pero yo solo quería que alguien me cogiera y ya, nada serio. Por lo menos esa mujer no sabía que estuve dibujando a su hermano desnudo y que hice el auto delicioso pensando en él, era mejor que nadie supiera eso.

-Claro, no creas que me gustas ni nada por el estilo -refuté, haciendo un ademán con la mano de "nada que ver".

Cada vez le agregaba más caca a la impresión que daba, sin darme cuenta, ¿por qué tenía que ser así? Jake solo se echó a reír, al igual que los demás, quedé en ridículo básicamente y por cuenta propia.

Rodé los ojos y caminé hasta el sillón, me senté junto a Mykel, después de saludarlo, tanto él como July eran unos buenos amigos para mí, siempre me apoyaban en lo que podían y gracias a ellos conseguí muchos clientes interesados en mi arte, sobre todo en cuadros que realizaba, Mykel tiene una gran lista de contactos, les estaré eternamente agradecida.

El pelinegro me ofreció una bebida, por lo que olí parecía vodka, no era fan del alcohol pero por esa vez tomaría. ¿Qué era lo peor que podía pasar? ¿Terminar follando con el hermano de mi amiga? Lo dudaba, y si ese fuese el caso, lo disfrutaría.

Es que, viéndolo bien, era un tipo atractivo, por el que muchas se babearían, lo que dijo July de que era un mujeriego, lo creía. Un hombre como él seguro estaba rodeado de mujeres, era un pensamiento que me dejó un poco afligida, me atraía mucho, pero el hecho de que tuviera una manada de perras detrás de él, me molestaba, aunque no fuéramos nada.

Camila, a penas lo conocías, ¿qué cosas estúpidas pensabas? Si dieran un premio nobel por obsesionarse y fantasear con un desconocido, yo ganaría.

-Puedes comer todo lo que quieras, hice muchas galletas y ponquesitos -July se dirigió a mí, me guiñó un ojo antes de sentarse al lado de su marido.

Y comerse a besos, quéeenvidia, casualmente estaban a mi lado, podía escuchar con claridad cómo sonaban, iuk.

Ellos siempre tan melosos, algo que me molestaba cuando salíamos los tres juntos es que yo parecía una lámpara, es decir; estaba demás en su relación.

Miré a Jake, estaba sentado en el sillón pequeño, mirando el celular y comiendo de las galletas que estaban en un bol, en la mesa del centro. Aproveché que estaba concentrado y lo volví a detallar.

Era tan jodidamente sexy, moría por lanzarme encima de él y comérmelo a besos, para luego comerme otra cosa. Sus músculos se notaban gracias a la camisa pegada qué tenía.

De nuevo, me había quedado absorta en mis pensamientos, en cómo estaba imaginando a Jake estando encima de mí, cogiéndome mientras se mezclaban nuestros jadeos y el sudor.

Ver porno y películas eróticas me había afectado mucho.

-¿Por qué me miras tanto? -inquirió, su voz me devolvió a la realidad.

Camila, podías no haber sido tan obvia, por lo menos aprende a disimular.

-¡Ah! Este... Me preguntaba si vivirás aquí con tu hermana -solté, no sabía qué decir, mis palabras salieron atropelladas.

-No, ni loco me quedo con estos dos, nada más míralos -señaló a los mencionados, se estaban... ¿Manoseando?-. Me harán vomitar arcoíris. Tengo alquilada una habitación en un depa cerca de la cafetería La Onza de Oro.

Por como me lo explicaba, supuse que no me reconoció, no tenía idea de que yo había ido al café en la mañana, aunque bueno; con tantos clientes que habrá visto, para qué memorizar sus rostros.

-¿Trabajas allí? -pregunté, haciéndome la tonta.

-Sí, empecé en cuanto llegué y abrió, aunque ya tengo experiencia haciendo café y ateniendo personas, la jefa ya me adora -explicó, sonriente. Tomó un sorbo de refresco.

¿Cómo no adorarlo? Hasta a su jefa le mojará las pantis sin saber.

-¿No bebes? -cuestioné al ver que se servía refresco.

Habían cervezas, refresco y vodka en la mesa. Negó con la cabeza.

-No -respondió sin más, para luego concentrarse en su celular.

¿Tal vez era niño bueno? Y yo pensando tantas barbaridades sobre él.

Aunque, no lo conocía lo suficiente todavía. No podía llegar a conclusiones.

El tiempo pasaba, los enamorados habían dejado de comerse y decidieron charlar con nosotros al ver que nos invadía un silencio incómodo, estuve bebiendo, en un intento de calmar mis nervios y ser más social con mi crush.

Decían que la bebida le quitaba la timidez a las personas y las hacían más extrovertidas, pero demasiado, a tal punto de decir cosas que no deberían decir, secretos por ejemplo. No me asustaba mucho, yo solo quería lograr entablar una conversación con Jake, tampoco me iba a emborrachar.

Pero, como casi no había bebido en mi vida, solo unas pocas veces con July, me afectó más rápido de lo que esperaba. Me levanté del mueble para ir al baño, me estaba orinando de una manera exagerada, sentía que mi vejiga iba a explotar en cualquier momento.

Al levantarme todo a mi alrededor daba vueltas, tenía náuseas, estaba mareada, aún así logré llegar hasta el baño como pude, tambaleándome.

Oriné, descargué todo lo que había bebido, ya no quería más, tampoco quería llevarme las sobras de la comida que quedaba. Ansiaba por irme a casa y dormir, no tenía idea de qué hora era, posiblemente la madrugada, la noche había sido genial, sobre todo con July embriagada sacando sus pasos de baile prohibidos, parecía un mono en celo.

Fue divertido.

Pero ya tenía que irme, salí del baño y al abrir la puerta me encontré con Jake, me estaba mirando, ¿acaso le gustaba? ¿Quería cogerme? Él no estaba borracho.

-Camila, Mykel me pidió que te acompañara a tu casa para estar seguros de que no te desvíes -informó, me detalló de arriba abajo.

Estaba sudada y apestaba a alcohol, la camisa que tenía puesta era una franelilla blanca, sencilla y que gracias al sostén me marcaba los pechos, me había quitado el suéter en cuanto apagaron el aire y empezó a hacer un calor tremendo, me seguía tambaleando.

Al intentar dar un paso hacia delante, me tropecé con él, cayendo en su pecho, apoyándome, dejando que mi cabeza descansara ahí. Escuchaba los latidos de su corazón, eran normales.

-Llévame de la mano -ordené, separándome y tomándolo del brazo, sentía que si no lo hacía me caería.

-Vamos.

Caminamos hasta la sala, quería despedirme de los enamorados, pero no estaban, supuse que se habían ido a la habitación a dormir o hacer otra cosa.

No solté a Jake, la cabeza me daba vueltas y tenía unas ligeras ganas de vómitar, pero no quería cagarla y echarle todos mis desperdicios a un chico tan apuesto. Aún estando ebria seguía pensando en cogérmelo.

Era tan sexy que me ponía caliente.

Estando en ese estado me sentía más excitada y eso que él no me había hecho nada, solo era yo imaginando cosas.

Sin darme cuenta ya estábamos frente a mi casa.

-Tengo las llaves... -solté un hipo, me trabé sin querer-. En mi bolsillo de atrás -agregué, aferrándome a su brazo.

Asintió y metió su mano en mi pantalón, justo en mi nalga derecha, me estremecí pues sentí lo grueso de sus dedos escarbando en mi bolsillo, me mojaba. Solté un leve jadeo, a lo que él sacó las llaves y me miró confuso.

-¿Estás excitada o qué? -cuestionó al verme.

Abrió la puerta.

-Eres sexy -susurré, lo más bajo que pude, no quería que me escuchara.

Me ayudó a entrar, me iba de un lado a otro por lo que me sostuvo de ambos hombros para que no me desviara. Caminé delante de él para guiarlo a mi habitación.

Nunca llegué a imaginar que tendría a mi crush de hace un día metido en mi habitación, parecía libro cliché, aunque; él no me cogería, que lástima.

Zeus seguía dormido. Jake me ayudó a sentarme en la cama, lo miré con deseo, moría de ganas de follar, coger, besarme con alguien, con un chico, sentir un pene erecto dentro de mí, estando en ese estado me sentía más caliente, me mojaba más rápido con solo pensar en situaciones comprometedoras.

Él seguro estaba pensando mal de mí, que era una borracha, no me importaba.

-Duerme un poco -comentó y se echó para atrás, ya se iba.

Yo seguía sentada, antes de que se diera la vuelta salté sobre él, mis brazos rodearon su cuello y lo atraje hacía mí. Lo tomé desprevenido, por lo que cayó junto a mí en la cama, él estaba sobre mi cuerpo, mis manos rodeaban su cuello y nuestras narices se tocaban, escuchar y sentir su respiración hacía que mi corazón latiera con fuerza, quería besarlo, acortar la pequeña distancia entre nuestros labios.

Su miembro... Estaba a la par de mi parte íntima, aunque; no sentía nada duro ahí abajo. Lo miré, se notaba confundido, yo estaba deseando que me hiciera de todo.

-Sé que piensas que soy sexy, pero no te adelantes, pequeña -habló, con un tono de picardía.

Regalándome una sonrisa llena de perversión, sensual. Acto seguido se levantó, dejándome ahí acostada, desconcertada por sus palabras.

-¿No quieres cogerme? -cuestioné, haciendo un puchero.

-No lo hago con ebrias, tengo respeto. Cerraré con seguro y lanzaré las llaves por debajo de la puerta para no tener que llevármelas -añadió y se marchó de mi habitación.

Me dejó pensando que me arrepentiría de todo lo que hice y dije a la mañana siguiente, era obvio. No debí haber bebido.

Y así mis ojos se cerraron con torpeza, las ganas de tener sexo se fueron esfumando poco a poco y en menos de un minuto caí rendida ante el sueño.

Capítulo 3 Cuánto ego

Mis ojos se abrieron con dificultad, quería seguir durmiendo, pero había demasiada luz entrando por mi ventana, las cortinas estaban abiertas.

Restregué mis párpados como pude y bostecé, estirando mis brazos, que cansancio sentía. Mi cabeza daba vueltas junto a una leve jaqueca, me dolía. ¿Qué había pasado la noche anterior?

Los recuerdos eran borrosos, no entendía por qué. Había ido a casa de July, casualmente su hermano era el sexy chico que vi en el café y se llamaba Jake, de ahí no recordaba más nada.

¿Había bebido?

Por el dolor de cabeza supuse que sí, esperaba no haber hecho nada indebido sobre todo con Jake...

Busqué mi celular, no lo encontraba por ningún lado, revisé debajo de la almohada y la cobija.

Nada.

Me extrañó, pues siempre lo cargaba encima, pero tampoco estaba entre mis bolsillos. Me levanté para revisar mi bolso y nada, ¿lo habré dejado en casa de July?

Tuve que ir a la sala para poder verificar la hora en el reloj que estaba colgado a la pared.

10:24am.

Pensé que era más tarde. Me apresuré en ir al baño y arreglarme todo el desastre de mi rostro, el poco maquillaje que me había puesto se corrió y parecía una bruja, daba hasta miedo.

¿Jake me había visto así? Que vergüenza...

Aproveché en tomar un baño y refrescarme, para luego buscar una pastilla en el intento de aliviar el dolor de cabeza que se tornó más fuerte.

Como me daba flojera preparar el desayuno, decidí que iría a la cafetería (excusa que le di a mi mente para visitar a mi crush)

Al estar lista, con una ropa sencilla; camisa holgada y jeans azules. Me dispuse a salir, no sin antes servirle croquetas a Zeus que no dejaba de maullar mientras me seguía.

Vi las llaves en el suelo, un leve recuerdo pasó por mi mente en donde Jake estaba en mi habitación.

No puede ser.

¿Qué había hecho? ¿Algo vergonzoso? Era obvio, yo siempre de estúpida cometiendo errores de los cuales me termino arrepintiendo mucho.

Mi respiración se entre cortaba y mis mejillas se sentían calientes al pensar que algo pudo haber pasado entre nosotros y yo no recordar nada para masturbarme luego, carajo.

Alejé todo pensamiento confuso, agarré mi mochila y caminé hasta la puerta. Me despedí de Zeus y salí rumbo a la casa del frente.

Toqué la puerta.

Esperé unos segundos y volví a tocar.

-¿Camila? ¿Sucede algo? -Abrió Mykel, el esposo de mi amiga.

Me miró confundido y bostezó.

-Es que no encuentro mi celular y creo que lo dejé aquí -comenté.

-¿Buscaste bien? Jake lo tenía en su bolsillo cuando te fue a llevar-cuestionó, llevando una mano a su mentón-. Tal vez se le olvidó dejártelo.

Entonces Jake sí me había acompañado a mi casa, lo que quería decir que me embriagué demás la noche anterior, que pena, yo no era así, debí haberle dado una mala impresión a mi querido crush.

-Vale. ¿Está July? -pregunté, empezaba a ponerme nerviosa.

En mi celular tenía fotos de todos los dibujos que había hecho, hasta el de Jake y yo desnudos en la misma cama, por suerte solo tenía ese de nosotros dos, aunque era notorio que se trataba de él. Mi arte era muy realista, a parte que tenía muchos otros dibujos eróticos con chicos randoms que había visto en mi vida, en plan; el guapo chico del autobús que nunca más volví a ver.

-Sigue dormida, tuvimos una noche muy ajetreada -replicó, guiñándome el ojo.

-Oh, Mykel, ni se te ocurra darme detalles -Lo miré amenazante, señalándolo con mi dedo índice.

Soltó una carcajada, a él todo le causaba gracia, sobre todo cuando me molestaba.

-Mejor me voy, gracias por la información -agregué.

Que horrible imaginar a July y Mykel haciendo... Eso. Un escalofrío recorrió mi cuerpo de solo pensarlo, él se despidió con una sonrisa y cerró la puerta.

Suspiré, de todas formas planeaba visitar la cafetería, pero no era para entablar una conversación con mi crush pidiéndole mi celular, solo tenía planeado ir y observarlo para dibujarnos en un momento íntimo, pero al parecer el universo estaba en mi contra.

Me dirigí a la cafetería, por suerte no quedaba lejos de mi casa, necesitaba urgente el celular, ahí también tenía todos mis contactos y pedidos de cuadros o retratos, o sea; mi trabajo, no podía perder mi fuente de ingresos.

Caminé por una calle ajetreada ubicada en la ciudad de Vander, en donde se hallaban todo tipo de locales que tenían que ver con comida y bebida. Era una ciudad pequeña, pero muy poblada, siempre habían personas caminando de un lado a otro y lugares donde comer o comprar ropa.

Muy turística.

Casualmente La Onza de Oro quedaba en el centro de todos los locales, en frente tenía varias mesas en donde los clientes también se podían sentar, al aire libre, con una gran sombrilla que cubría toda la fachada de los rayos del sol, aunado a esto; algunas plantas decoraban los alrededores, sembradas en su respectiva maceta.

Era una entrada bastante bonita y limpia, una vista agradable que te invitaba a pasar y disfrutar del café. Yo prefería estar en el interior, había aire acondicionado y podía disfrutar más.

Al abrir la puerta, sonó la campana indicando que entró alguien, no muchos voltearon a verme. Busqué con la mirada a Jake, lo vi en el mostrador, hablando con unos clientes. Se veía tan maduro.

Me senté en la misma mesa que el día anterior, la que se encontraba cerca de la ventana, con vista hacia el exterior. El lugar no estaba tan lleno como esperaba.

Una chica que trabajaba allí se acercó a mí, con una sonrisa y el mini bloc de notas en mano.

-Bienvenida a La Onza de Oro. ¿Qué desea ordenar? ¿Ya revisó el menú? -habló con un tono de voz que me transmitía paz, era muy linda.

Tenía su cabello negro atado en una coleta, sus pequeños ojos me dificultaban distinguir su color. Me miró esperando respuesta.

-Me gustaría que me atendiera Jake, es que tengo algo importante que decirle -informé, me sentía un poco mal porque se tomó la molestia en venir.

-Oh, entiendo. Pero tendrás que esperar un momento, Jake está resolviendo un inconveniente que ocurrió hace un rato -respondió la muchacha, con amabilidad.

Le regalé una sonrisa.

-No te preocupes, puedo esperar -acaté, haciendo un ademán con las manos.

-De todas formas le avisaré que lo esperas -dijo, era mi oportunidad de hacer otro dibujo-. Este Jake, es tan solicitado por mujeres.

Soltó una pequeña risita y se marchó, su comentario me dejó pensando. ¿Acaso era cierto lo de ser un mujeriego? Por como lo dijo la chica, me sonó a que Jake atraía a muchas, y cómo no, si parecía un dios griego tallado por los mismísimos dioses...

Aún así, un sentimiento extraño me invadió, era como si mi corazón se sintiera pesado, triste tal vez, no sabía explicarlo con certeza. Me di unas palmadas en las mejillas, no debía afectarme algo tan trivial, después de todo no lo conocía, era un completo extraño para mí, nada más lo usaba para mis fantasías sexuales imaginarias.

Saqué mi cuaderno y lápiz, empecé a trazar líneas para crear el boceto de nuestros cuerpos unidos en uno, con su miembro rozando mi parte íntima... Yo estaba encima de él, sin meter por completo a su amiguito, mientras sostenía mis pechos con firmeza y mi cabeza estaba un tanto hacia atrás, disfrutando la sensación.

Terminé el boceto y procedí a colorearlo, solo con el lápiz, haciendo las sombras y dejando lugares sin tapar, creando las luces para que el realismo fuera impresionante, le dibujé la cara con una expresión de placer dirigiendo su vista a mi cuerpo.

Miré a Jake, seguía en el mostrador, entre cerré mis ojos para detallar más su rostro, tampoco es que se encontrara lejos, pero si tenía que agudizar mi visión.

Continúe detallando su expresión de lujuria y placer en el dibujo, vernos de esa manera me hacía desearlo cada vez más, querer que se hiciera realidad y experimentar la sensación de tener sexo.

Me mordí el labio inferior.

Crucé mis piernas, la humedad en mis pantis se hacía presente, lo que causaba solo un dibujo. Terminé de agregarle las sombras y me había quedado con demasiado detalle, era como si ambos estuviéramos dentro del cuaderno, disfrutando.

Mis mejillas se sentían calientes, lo cerré y guardé todo en la mochila al ver que mi crush venía.

Con las manos entre los bolsillos, su cara tenía una expresión de enojo, esperaba que no me tratara mal, capaz había tenido un pésimo momento con los clientes con los que estuvo hablando.

-¿Qué quieres? -preguntó, así sin más, ni me saludó.

-Mi celular -contesté, sin apartar la mirada.

Si él iba a tratarme tan cortante solo porque unos extraños lo pusieron de mal humor, no me iba a dejar pisotear.

Tenía que aprender a lidiar con ese tipo de situaciones, era normal que sucedieran en un trabajo como ese, siempre han existido los clientes tercos que creen tener la razón por todo, hasta cuando no están en lo correcto.

-Puedo pasar por tu casa cuando termine mi turno, de todas formas iré a visitar a July -añadió, su expresión era de fastidio.

Se dio media vuelta sin esperar mi respuesta.

-¡Oye tampoco te comportes así! -exclamé.

Me levanté de mi asiento, apoyando ambas manos de la mesa, esperando que volviera.

No lo hizo, simplemente se marchó, dirigiéndose de nuevo al mostrador.

¡Ni siquiera me atendió!

¿Tan molesto estaba? De todas formas no tenía que echarme su mierda a mí, nada más me transfirió su mal humor. Lo miré con rabia, solté un pequeño rugido de molestia y tomé mi mochila para salir del lugar, a paso rápido.

¿Qué le costaba entregarme el celular y ya? Podía hasta demandarlo por robo, no entendía cuál era la necesidad de extender el tiempo.

Furiosa entré en el local de al lado, donde vendían hamburguesas, las mejores de la ciudad. Yo solo quería desayunar un pan con queso junto a un café bien caliente, pero el señorito Jake vino a arruinar mi mañana.

Entré a BurguerMania, no había mucha clientela, solo unas dos mesas ocupadas. Me senté en las sillas que estaban frente al mostrador, era como una barra que tenían. Una trabajadora mayor me atendió con cariño.

-Bienvenida, querida. ¿Deseas una hamburguesa en específico? -preguntó.

-La normal, por favor -respondí, apoyándome en mi brazo-. Y un refresco.

La señora asintió y atravesó una puerta que seguro guiaba a la cocina, en donde preparaban todo, mientras esperaba la cajera me pidió mis datos para pagar mi pedido. Eso hice.

Todavía me sentía enojada con Jake, no había motivos pues era un desconocido, no tenía por qué reclamarle algo, me estaba comportando como una novia tóxica y no lo era, ni su amiga me consideraba.

No era nadie para él, eso en parte me entristeció.

-Aquí tiene -La señora me sacó de mis pensamientos.

Me entregó la bandeja con mi pedido, era una gran hamburguesa de una sola carne, lechuga y salsa, la más económica. A un lado había un pequeño bol con papas fritas, que delicia, mi estómago empezó a sonar por el hambre.

Le agradecí y tomé la salsa de tomate que me habían facilitado y le eché un poco a las papas, me comí una.

Que rico.

Bebí un sorbo de refresco y procedí en comerme la hamburguesa, un gran mordisco le di. Todos los sabores invadieron mi boca, sobre todo el pan combinado con las salsas que le echaron. Tragué antes de darle otro mordisco.

Haber llenado mi estómago hizo que se me olvidara el mal momento que pasé con el castaño. Me alivió comer algo sabroso, que deleitara mi paladar.

Le agradecí de nuevo a la señora que me atendió y me despedí.

(...)

La noche había llegado en un abrir y cerrar de ojos, no tenía noticias de mi celular y ya había ido tres veces a casa de July, preguntándole por su hermano, las tres veces me dijo que ya venía en camino o se quedó con sus amigos.

Mi paciencia estaba empezando a agotarse, me encontraba en la sala, específicamente acostada en el mueble, acariciando a mi pequeño Zeus. Todo estaba tan silencioso que solo se escuchaba su ronroneo.

Tocaron la puerta.

Me levanté a la velocidad de la luz y dejé al pobre gato tirado a un lado, estaba segura que era Jake.

El reloj marcaba las siete de la noche.

Abrí.

-¡Será aleluya que te apareces! -exclamé casi gritando, sujetándome del borde de la puerta.

-Ten -Me entregó el celular.

-¿Lo revisaste? -cuestioné, atemorizada.

-Tiene contraseña y tampoco es que me interese revisar tu porno -Sus palabras me dejaron en shock.

Pálida, avergonzada y con el corazón acelerado me puse, sentía que estaba empezando a sudar frío.

¿¡Por qué dijo eso!?

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022