Había un poco de neblina en el exterior, no se podía observar nada por la ventana. Estaba esperando que la pava eléctrica, terminara de calentar el aguanta. Doy dos pasos hacia adelante, sostengo una taza de color rosa, la cual siempre utilizo. Había sido un regalo de una amiga, Y desde ese momento, no usaba otra cosa más que lo mismo.
Además, no era como si tuviera muchas opciones para elegir.
Cuando estoy a punto de sostener el agua caliente, siento un golpeteo en la puerta.
"Pap"
Presto atención, mi pulso se acelera. Lo peor, no puedo ver hacia afuera. Debo acercarme y abrir la puerta. Vivíamos en el campo, un lugar tranquilo e inhóspito. No teníamos muchos vecinos que digamos, solamente a mi cuñada que vivía a unos metros de distancia.
Al abrirla... lo encuentro. Está observándome, con esa actitud prepotente, aire de grandeza y su perfume invade todo a su paso avasallante.
"¡No te babosees por él!"
Mis nervios se ponen de punta.
-Hola, ¿necesitas algo..? -le pregunto.
Aunque un segundo demora, para sostenerme de la barbilla y besarme. Abro los ojos con sorpresa. El cierra la puerta de golpe, y por fortuna, mis tres hijas no se encuentran en casa. Están con su tía, pero me arrepiento no haberlas tenido conmigo. Lo hace sin prisa, deseoso de mis labios, y yo de los de él.
Sin embargo, me aparato un segundo para mirarlo al rostro. Los ojos color miel son inexpresivos, sin embargo siento que mi corazón va a estallar.
-N-no podemos -murmuro, hizo una mueca.
-Han pasado varios días. Necesito verte. No contestas mis mensajes, tampoco mis llamadas. Ayer vine, no me abriste la puerta.
-Sabes por qué... Está mal. No podemos hacer esto Emilio, tú sabes quién eres.
-Sofía... no sé, sin embargo no puedo contener las ganas de estar aquí y verte.
-Emilio...
Pongo los ojos en blanco, lo tomo de las manos para obligarse a obligarse a irse. La pava eléctrica termina de calentar el agua, la desenchufo y él me sostiene de la cintura.
Con los ojos abiertos de la sorpresa, siento como él respira en mi nuca, su lengua recorre el borde de mi oreja. No puedo evitar cerrar los ojos, sentirme cohibida y en parte de otra manera que decidí no describir.
"Se me mojan las bragas con su presencia, debo controlarme".
Mi corazón latía con tanta fuerza, me mordí los labios de la misma manera.
-Eres mía -comentó haciéndome erizar la piel.
Su voz era ronca. Aunque bastante sensual y varonil. Sus manos gruesas, se encontraban en mis caderas Aunque quietas. Me llevaba como tres cabezas de altura, él medía 190, mientras que yo apenas sobrepasado el metro 60.
Pero eso no le importaba al parecer a él. Su traje de color azul, extremadamente caro, recorrió toda la estancia, conmigo en sus brazos. No pude rechinar, tampoco batallar. Cuando sentí la suavidad de mi propio colchón detrás de mi espalda, supe que estaba perdida. Él no hizo nada, solamente se acercó.
Y con una sonrisa me miró.
-¿Me tienes miedo..? -preguntó y yo negué
-Tengo miedo que nos descubra -comenté y él puso una mueca extraña.
-¿Y si eso nunca ocurre..?
-No puedo con la culpa -dije triste y me incorporé en la cama.
-¿Y no sientes nada, no me echas... de menos?
-Y-yo no siento nada -dije y él asintió .
-No te creo.
-De verdad te lo digo.
-No sientes nada por mí...
-No siento nada -mentí.
Cada vez que él estaba cerca, mi corazón saltaba de un golpe. Y en ese instante era la primera vez que estábamos a solas... y en una cama.
¡Si, en una cama..!
Él, sin preguntarme un segundo más, sostuvo mi rostro entre sus manos. Acarició con cuidado mi espalda, y cierro los ojos ante las sensaciones. Mis labios pronto fueron pegados a los suyos. Mis ojos fueron cerrados, para maximizar la sensación y la culpa me invadió; sin embargo, cuando quise protestar algo, él se me estaba besando.
"Sus labios son perfectos..."
Pude sentir su lengua recorrer cada centímetro de mi boca, sus manos estaban quietas, en mis mejillas.
"Trinck, Tranck"
Cuando escuchamos las llaves de la puerta, abrimos los ojos sorprendidos.
-¡Tiene que ser él..! -dije muy asustada, sentándome de golpe -Tiene a mi marido, estamos en serios problemas.
Además, él era extremadamente alto, para tener que ocultarlo.
¿Dónde lo escondería..?
Aterrada, miro por todos los rincones para ver dónde esconderlo.
-Me pondré detrás de las puertas -dijo y caminó rápido.
-Yo... iré a ver qué le pasa -dije simplemente.
Quise salir por el hueco de la puerta, pero mi marido estaba frente a mi.
"¡Hay no!"
Me muerdo de los labios. Y doy un paso hacia atrás. De reojo, puedo ver que los pies de su tío, se ven. Quiero morirme ahí mismo, enterrarme y desaparecer.