Mi vida pasada fue una pesadilla de traición y ruina.
A los dieciocho, creí que el falso cortejo de Mateo y Lucas, orquestado por la manipuladora Carla, era amor.
En realidad, fue el inicio de una humillación que me llevó a la pérdida de mi futuro, a ser acusada de plagio, al abandono tras la muerte de mis padres y, finalmente, a una muerte solitaria en la miseria.
Pero, ¿qué pasa cuando se te concede una segunda oportunidad?
De vuelta al verano trágico, con la piel sin las marcas del sufrimiento, sabía que mi destino podía cambiar.
Sin embargo, ellos intentaron repetir la historia: sus falsas promesas, la traición en mi propia fiesta, incluso el intento de ahogarme en Ibiza, o el ataque brutal en Valencia que sus familias silenciaron con dinero y poder.
Me di cuenta de que la justicia no vendría por las vías legales cuando la corrupción era tan profunda.
La ira y la injusticia por todo lo que me hicieron era un fuego frío en mi interior.
¿Cómo se atrevían a pensar que podían seguir controlando mi vida?
¿Creían que sus imperios eran intocables?
La verdad de su vileza me golpeó con fuerza.
No. Esta vez no sería la víctima.
Con la memoria de una vida entera de dolor y el conocimiento de sus verdaderos rostros, el juego ha cambiado.
Regresé, no para jugar según sus reglas, sino para reescribir la partida por completo.
Esta vez, yo pongo las reglas para destruir a quienes me destruyeron, de una forma que ni el dinero ni el poder de sus familias podrán detener.
Me miro en el espejo.
La chica que me devuelve la mirada tiene dieciocho años, la piel lisa, sin las marcas del sufrimiento que recuerdo.
Miro mi móvil. La fecha es 15 de julio de 2024.
Ayer salieron las notas de la Selectividad.
He renacido.
He vuelto al verano en que mi vida se fue al infierno.
El verano en que mis dos amigos de la infancia, Mateo Reyes y Lucas Ferrer, empezaron a cortejarme. Una farsa. Todo orquestado por mi supuesta mejor amiga, Carla Moreno.
Un escalofrío me recorre la espalda. Furia. Pura furia.
Abro el portátil, entro en la web de preinscripción universitaria. Mi primera opción en mi vida pasada fue la Universidad Complutense de Madrid. Para estar con ellos.
Qué estúpida.
Busco la Universitat Politècnica de València. La mejor facultad de arquitectura de España. A cientos de kilómetros de ellos.
Hago clic. Confirmo el cambio.
Hecho.
El teléfono suena. Es Mateo. Su voz suena falsamente preocupada.
"Sofía, ¿estás bien? No contestabas los mensajes. Estábamos preocupados."
"Estoy bien," digo, mi voz es un témpano de hielo.
"¿Estás enfadada por lo de la universidad? Lucas y yo lo sentimos, de verdad. Carla se sentía muy sola, sus padres discutían y..."
"No estoy enfadada."
"Menos mal. Oye, esta noche es tu puesta de largo. Tenemos una sorpresa para ti. Algo grande."
"Qué bien," respondo sin emoción.
Cuelgo.
En mi vida anterior, esa "sorpresa" fue una humillación pública. Una declaración de amor doble que nunca llegó a completarse porque Carla los llamó, llorando por una tontería. Y ellos corrieron a su lado, dejándome sola en mi propia fiesta.
Lloré toda la noche.
Esta vez, no.
En mi vida pasada, su traición fue lenta, un veneno que me mató poco a poco.
Me acusaron de plagiar mi propio proyecto de fin de carrera para dárselo a Carla.
Usaron el poder de sus familias para silenciarme cuando intenté defenderme.
Cuando mis padres murieron en un accidente de coche, ellos estaban con Carla en un viaje de lujo. Ni siquiera vinieron al funeral.
Me quedé sola, sin dinero, sin reputación.
Me arrastré por la vida, trabajando en empleos mediocres, viendo en las noticias cómo ellos tres triunfaban. Mateo y Lucas, herederos de sus imperios. Carla, la "talentosa" arquitecta que se casó con un millonario.
Mi muerte fue igual de patética. Una neumonía mal curada en un piso frío y húmedo. Sola.
Ahora, tengo una segunda oportunidad.
No la voy a desperdiciar.
Esta vez, voy a destruir a los que me destruyeron.
El juego ha comenzado de nuevo.
Pero esta vez, yo pongo las reglas.
La fiesta de mi puesta de largo es un mar de caras sonrientes y falsas. Todos me felicitan por mis notas de Selectividad. Todos asumen que iré a la Complutense con Mateo y Lucas.
Ellos dos no se separan de mí. Mateo me trae una copa de champán. Lucas me cuenta un chiste malo. Su devoción es tan exagerada que resulta ridícula.
Carla está en un rincón, observándonos. Su vestido es sencillo, casi pobre, para resaltar su papel de víctima. Pero sus ojos brillan con una malicia que solo yo puedo ver.
"Sofía," dice Mateo, cogiéndome de la mano. "Eres la chica más increíble que conocemos."
Lucas asiente, con la misma mirada de perro faldero.
"Nos has gustado desde siempre."
"No sabíamos cómo decírtelo," continúa Mateo. "Pero ya no podemos ocultarlo más."
"Te queremos, Sofía," dicen casi a la vez.
Es patético.
En mi vida anterior, estas palabras me habrían hecho sonrojar. Ahora, solo siento asco.
"¿Ah, sí?" pregunto, con una ceja arqueada. "¿A quién de los dos le gusto más?"
Se miran, confundidos. No esperaban esa pregunta.
"Bueno, yo..." empieza Mateo.
"Yo creo que..." tartamudea Lucas.
Justo en ese momento, sus móviles vibran a la vez.
Es un mensaje de Carla. Lo sé sin necesidad de verlo.
Se excusan torpemente.
"Un momento, Sofía. Es... es urgente."
Se alejan unos metros. Veo sus caras de preocupación mientras leen el mensaje.
Carla les ha escrito. El horno del bar de sus padres se ha roto. Está sola. Tiene miedo. La misma excusa de mi vida anterior.
Mateo y Lucas vuelven hacia mí, con cara de circunstancias.
"Sofía, lo sentimos muchísimo," dice Mateo. "Ha surgido un problema familiar. Tenemos que irnos."
"¿Un problema?" pregunto, fingiendo inocencia. "¿Qué ha pasado?"
"Es... complicado," dice Lucas, sin mirarme a los ojos. "Pero es muy importante."
Se van. Corriendo. Dejándome sola en medio de la pista de baile. En mi propia fiesta.
Todos me miran. Algunos con pena, otros con burla. La humillación es pública.
En mi vida pasada, me escondí en el baño a llorar.
Esta vez, levanto la copa de champán que Mateo me dejó.
Sonrío.
Y brindo por mi nueva vida.
Por mi libertad.
El resto de la noche lo paso hablando con amigos de mis padres, con gente influyente. Hago contactos. Pienso en mi futuro.
Ellos ya no forman parte de él.
A la mañana siguiente, me despiertan sus mensajes. Cientos de ellos.
"Sofía, perdóname. Eres lo más importante."
"¿Estás enfadada? Haremos lo que sea para compensarte."
No respondo.
A mediodía, aparecen en mi puerta. Tienen ojeras. Parecen desesperados.
"Sofía, por favor, háblanos," suplica Mateo.
"No sabíamos qué hacer," añade Lucas. "Carla estaba muy mal."
Recuerdo un invierno, hace años. Tuvimos un accidente de esquí. Me rompí una pierna. Estuvieron a mi lado en el hospital día y noche. No se movieron hasta que me dieron el alta. Su preocupación era real.
¿Qué cambió?
Carla.
Ella los envenenó.
Pero ellos se dejaron envenenar.
La culpa es suya.