Camila Haynes se casó hoy. Desafortunadamente para ella, su novio no se encontraba a la vista.
Mientras ella miraba la habitación vacía, su rostro se puso blanco como una sábana y se sintió completamente humillada.
¡Se negaba a sufrir ese menosprecio!
Pero ¿qué podía hacer al respecto?
Desde el momento en el que nació, todos los aspectos de su vida habían sido controlados por otras personas. No hacía falta decir que eso incluía su matrimonio.
Camila había sido obligada a casarse por su papá, quien era un hombre dominado por su codicia.
Su abuelo había trabajado como chofer de Robin Johnston, el patriarca de la poderosa familia Johnston. Por un lamentable golpe de mala suerte, habían tenido un terrible accidente, donde su abuelo murió mientras salvaba a Robin.
En los últimos meses, la pequeña empresa que dirigía la familia Haynes había contraído enormes y numerosas deudas, por lo que estaban al borde de la quiebra. El astuto papá de Camila se negó a pedir ayuda a los Johnston, ya que sabía que eso cancelaría la enorme deuda que tenían con los Haynes. Entonces, ideó un plan para que el nieto de Robin, Isaac, se casara con su hija.
Dadas las riquezas de la familia Johnston, estaba seguro de que le darían una buena cantidad de dinero a cambio de la mano de su hija.
Y, como bono adicional, por fin establecerían una conexión más sólida con los Johnston, la cual estaría sujeta a la ley.
Por supuesto, la familia Johnston no podía darse el lujo de rechazar la propuesta, puesto que correrían el riesgo de quedar mal de una forma u otra.
Isaac, por su parte, optó por expresar su descontento con ese acuerdo al no presentarse al banquete de su boda, a pesar de que tampoco lo hizo nadie de su familia. Además, le negó a Camila el uso del apellido Johnston y le prohibió decirle a la gente que era su esposa.
Desde el principio, nadie se molestó en pedirle su opinión a Camila.
En ese momento, se encontraba de pie con la espalda erguida y los hombros rectos. A pesar de que sus pestañas temblaban ligeramente, había un dejo de obstinación en sus ojos.
Definitivamente, no sucumbiría ante la humillación. Sin embargo, ¿cómo se suponía que debía proceder?
Aún estaba preguntándose cómo iba a pasar lo que debió haber sido su noche de bodas, cuando recibió un mensaje de texto de una de sus colegas, pidiéndole que la cubriera en su turno de la noche.
Sin dudarlo ni un segundo, Camila salió de la habitación y llamó un taxi para que la llevara al hospital.
Momentos después, se encontraba en la sala de descanso del personal, revisando los registros de los pacientes. Su vestido de noche había sido reemplazado por una bata blanca.
Con un fuerte golpe, la puerta se abrió repentinamente desde el exterior, y se estrelló contra la pared.
Antes de que ella pudiera levantar la vista para ver qué estaba pasando, la puerta se cerró de golpe otra vez. Luego, con el clic del interruptor, la habitación se oscureció, mientras que le recorría un escalofrío la espalda.
"¿Quién...?".
El resto de la pregunta se ahogó en la garganta de Camila cuando la empujaron contra el escritorio, haciendo que un montón de papeles se cayera al suelo con estrépito. Enseguida, sintió el filo frío y afilado de una navaja presionada contra su cuello. "¡Tranquila!", susurró su agresor con una voz feroz.
Ella apenas podía distinguir el rostro del hombre, pero sus ojos sobresalían, que destellaban en la tenue luz y estaban llenos de vigilancia.
Entonces, un olor metálico impregnó el aire, lo que hizo que Camila se diera cuenta de que ese hombre estaba herido.
Gracias a los años de capacitación y de experiencia como médica, ella pudo mantener la cabeza fría.
Y así, lentamente levantó una pierna, con la intención de atacarlo con la rodilla. Sin embargo, tan pronto como ella se movió, él se percató de lo que estaba a punto de hacer, por lo que le sujetó las piernas con fuerza y la inmovilizó contra el escritorio con sus poderosos muslos.
De repente, se escuchó una ráfaga de pasos en el corredor, los cuales se dirigían hacia donde ellos se encontraban.
"¡Rápido! ¡Lo vi correr en esta dirección!".
Todo lo que se necesitaba era un solo grito de ayuda de Camila, y esas personas irrumpirían en la sala.
Sintiéndose desesperado, el hombre bajó la cabeza y la besó.
Después de forcejear un poco, Camila se sorprendió de que lograra alejarlo con bastante facilidad, y aún más cuando descubrió que él no volvió a amenazarla con la navaja.
A ella se le estaban acelerando los pensamientos.
En ese momento, quienquiera que estuviera al otro lado de la puerta ya había agarrado la perilla.
Estando decidida, Camila acercó al hombre hacia sí y le rodeó el cuello con los brazos. En esa ocasión, fue ella quien lo besó.
"Puedo ayudarte", murmuró en voz baja, esperando que el miedo que sentía no se reflejara en su voz.
El hombre tragó saliva audiblemente y tardó un segundo en tomar una decisión, tras lo cual ella sintió su cálido aliento en la oreja. "Me responsabilizaré de esto", dijo él con una voz baja y magnética.
Al parecer, el tipo había entendido mal, pues lo que ella quiso decir que todo eso era una farsa. Él no tenía que asumir la responsabilidad de nada.
Al segundo siguiente, la puerta se abrió de golpe una vez más.
Entonces, Camila y el hombre se fundieron en otro beso. Ella incluso dejó escapar un gemido largo y sensual, como los que había escuchado en los vídeos porno. A pesar de la situación en la que se encontraban, él se dio cuenta de que su cuerpo reaccionó a la voz de la chica.
Si la gente que se paraba junto a la puerta no hubiera hablado, el hombre podría haberse perdido en ese gemido.
"¡Maldita sea! Solo es una pareja besándose. ¿Cómo es posible que estén haciéndolo en un hospital? ¡Tengan un poco de decencia!".
La luz del pasillo se filtró en la sala, dejando al descubierto a la pareja trenzada. Como el cuerpo del hombre estaba envuelto alrededor del de Camila, pudo ocultar su rostro de las miradas indiscretas de los intrusos.
"Bueno, definitivamente no es Isaac. Ese bastardo está gravemente herido. Sin importar cuán atractiva sea una mujer, dudo que tenga las fuerzas para hacerle algo".
"Aguarda, esa mujer está haciendo unos sonidos muy agradables, ¿no lo crees?".
"¡Cállate y muévete! ¡Tenemos que encontrar a Isaac lo antes posible, o nos cortarán la cabeza!".
Mientras hablaban, la puerta volvió a cerrarse y los hombres se alejaron corriendo, con un golpeteo de pies.
El hombre sabía que sus perseguidores se habían ido, sin embargo, el hecho de que estuviera a solas con Camila mermó su autocontrol. Simplemente estalló, y una ola inesperada de lujuria se apoderó de él.
Esa corriente de deseo tampoco la perdonó a ella. Tal vez fue su proximidad, o la forma tan íntima en la que se encontraban, o quizás la repentina descarga de adrenalina, pero de pronto un instinto rebelde que ni siquiera sabía que poseía emergió de su ser.
Hasta ese momento, Camila había llevado una vida de gris monotonía, siempre acatando las reglas y los planes que otros le marcaban.
Ese día, por primera vez, iba a darse un gusto.
Entonces, deshaciéndose de sus inhibiciones, le dio carta abierta al hombre para que le hiciera lo que quisiera. Así como así, le obsequió su primera vez en una ronda dura y dolorosa de sexo.
Cuando terminaron, el tipo la besó en la mejilla con suavidad. "Vendré por ti", susurró con una voz áspera, mezclada con el resplandor de la liberación. Tras eso, se fue, tan abruptamente como había llegado.
Pasó mucho tiempo antes de que Camila lograra volver a ponerse de pie, ya que le dolían la cintura y la espalda, sin mencionar la entrepierna.
De repente, el silencio de la sala fue interrumpido por el timbre de su celular. Miró a su alrededor y lo encontró en el borde del escritorio. Se apresuró a agarrarlo antes de que se cayera e inmediatamente respondió.
"¡Doctora!", gritó una voz frenética. "¡Acaban de trasladar a un paciente a la sala de emergencias! Tuvo un accidente automovilístico y sus heridas son graves. ¡Necesitamos que lo atienda de inmediato!".
Ella se aclaró la garganta para poder contestar con voz firme: "De acuerdo. Estaré ahí en un minuto".
Después de colgar, caminó hacia la puerta, pero entonces se detuvo en seco y le echó un vistazo a su ropa que ya estaba desordenada y arrugada, además de que tenía una sensación pegajosa entre las piernas.
Camila se sobresaltó cuando cayó en la cuenta de que de verdad había tenido relaciones sexuales con un extraño en su noche de bodas.
¡Eso era lo más inaudito que hubiera hecho jamás!
Sin embargo, ese no era el momento de celebrar sus acciones ni de reflexionar sobre sus consecuencias. Luego de arreglarse a toda prisa, fue a la sala de emergencias.
Estuvo muy ocupada por el resto de la noche.
Ya casi amanecía cuando por fin tuvo algo de tiempo libre. Cuando regresó a la sala de descanso del personal, descubrió que el lugar todavía estaba tan desordenado como lo había dejado.
Inconscientemente, sus manos se cerraron en puños cuando los recuerdos de la noche anterior, solo unas horas atrás, inundaron su mente.
"Doctora Haynes, gracias por cubrir mi turno", dijo con una sonrisa de agradecimiento su colega, Debora Griffith, mientras entraba en la sala.
Forzando una sonrisa tensa, Camila contestó: "De nada".
"Ya puedo hacerme cargo. Deberías regresar a casa y descansar un poco". Una vez dicho eso, Debora notó los papeles esparcidos por el suelo, arqueó las cejas y preguntó: "¿Qué pasó aquí? ¿Por qué está todo esto tirado en el suelo?".
Camila desvió sus ojos llenos de pánico, al mismo tiempo que respondía: "Oh, se me cayeron por accidente. Por favor, levántalos por mí. Estoy exhausta, así que ya me voy".
Si bien a Debora le pareció muy extraña la respuesta ajena, no le dio mayor importancia. Después de que se despidieron, ella procedió a recoger todas las cosas que estaban extendidas en el suelo.
Justo entonces, el director del hospital apareció en la puerta, seguido por el asistente de Isaac...
"Ella es la médica que estuvo de turno anoche; la doctora Debora Griffith", informó el director del hospital.
El asistente de Isaac, Willie Calderon, entró en la sala y echó un vistazo al nombre que estaba escrito en la bata de la mujer. "Venga conmigo".
"¿A dónde vamos?", preguntó ella, comprensiblemente confundida.
Sin embargo, el director no tenía el más mínimo interés en responder a su pregunta, simplemente tiró de ella con bastante fuerza e instó: "Anda. No haga esperar al señor Johnston".
Poco después, Debora se encontraba en la oficina del director del hospital, donde Isaac estaba sentado en el sofá, con su cuerpo esbelto y musculoso recargado en una posición casual y sus largas piernas cruzadas frente a sí. Se necesitaba un ojo muy agudo y una mirada más cercana para darse cuenta de que sus labios estaban más pálidos de lo normal.
Por suerte, el olor del desinfectante que impregnaba las paredes del hospital enmascaraba el olor a sangre que su piel emanaba.
En aquel momento, ya había cambiado de un traje negro sólido, que también ayudaba a enmascarar las manchas rojas, las cuales de otro modo habrían alarmado a todos a su alrededor. Había un dejo de dureza en su expresión, el cual le decía a la gente que se había ido al infierno y había regresado, y que no era alguien con quien podían meterse.
Willie se acercó al sofá y se inclinó para susurrar al oído de su jefe: "Las grabaciones de las cámaras de vigilancia de anoche fueron manipuladas deliberadamente, probablemente por sus agresores, para asegurarse de no dejar ninguna huella y eliminar cualquier posible evidencia. Ella es la doctora Debora Griffith, la residente que estuvo de turno anoche. El mismo director del hospital me lo confirmó. También revisé dos veces los registros, así que estoy seguro de que es ella".
Solo entonces Isaac levantó la vista.
Debora jadeó con asombro cuando se dio cuenta de que el hombre que tenía delante era el jefe de la Corporación Paramount.
"¿Tú eres la persona que me ayudó anoche?", preguntó Isaac, mirándola de pies a cabeza.
Inmediatamente, ella agachó la cara, incapaz de encontrarse con la mirada intimidante del hombre.
"Sí... Fui... yo". No estaba segura de qué se trataba todo eso, sin embargo, sabía que lo mejor para ella sería que Isaac Johnston estuviera en deuda con ella, ya que eso significaría obtener algunos beneficios.
Dio la casualidad de que el Hospital Central Militar estaba a punto de seleccionar candidatos para que realizaran su pasantía.
Y aunque no estaba estipulado como tal, todos en la industria sabían que los pasantes eventualmente se mudarían a su lugar de trabajo y prácticamente permanecerían ahí.
Para colmo, el Hospital Central Militar tenía acceso a recursos que eran mucho mejores que los de ese hospital.
En ese par de minutos, Debora planeó acercarse a Isaac con la esperanza de usar sus conexiones para ingresar al mejor hospital de la ciudad.
"Puedo compensarte de la forma que quieras, incluso con el matrimonio".
De repente, la voz fría de Isaac interrumpió sus pensamientos. Todo ese tiempo, el rostro del hombre había lucido distante, pero el recuerdo de lo que sucedió la noche anterior suavizó la línea dura de su boca.
"Bueno... Yo...", tartamudeó ella, pues eso fue mucho más de lo que se había imaginado, tanto que trataba de adivinar lo que había sucedido.
"Búscame una vez que hayas tomado una decisión". Después de hacerle un gesto a Willie para que le diera su número de contacto a la chica, Isaac se puso de pie.
Al ver eso, el director del hospital se apresuró y se ofreció a acompañarlo fuera del edificio.
"No será necesario", replicó Isaac, cuyo comportamiento se volvió frío de nuevo. Luego se detuvo, como si se le hubiera ocurrido algo, se volvió hacia el director y le dijo: "Por favor cuídela".
"Por supuesto", contestó el hombre con una sonrisa ensayada.
Después de asegurarse de que estaban fuera del alcance del oído, Willie se acercó sigilosamente a su jefe y, en voz baja pero urgente, le dijo: "Señor, usted ya está casado. No creo que el matrimonio sea una opción viable para la señorita Griffith. Debería rescindir ese ofrecimiento...".
A Isaac se le torcieron los labios ante la mención de su matrimonio, y su rostro se ensombreció aún más cuando pensó en la mujer con la que se había visto obligado a casarse. "¿Quieres morirte?", le preguntó en tono amenazante.
Reparando en que había dicho algo inapropiado, Willie se estremeció y no pudo evitar preguntarse quién había hecho enfurecer más a su jefe, si su supuesta esposa o la persona que estaba detrás del ataque de la noche anterior.
Mientras tanto, Camila regresó a la villa que debía compartir con su marido.
El ama de llaves de mediana edad, Glenda Rivera, la recibió en el vestíbulo con el rostro marcado por la preocupación. "Señora, ¿por qué pasó la noche fuera?".
"Tuve que cubrir el turno de una colega", respondió ella, cuyos ojos estaban enrojecidos y le picaban por el agotamiento.
Al percatarse de eso, Glenda decidió no presionarla más.
Camila, por su parte, subió las escaleras y de inmediato se metió en la bañera. Sin darse cuenta, sus pensamientos regresaron a la noche anterior, a la vez que sus mejillas se sonrojaban sin poder evitarlo. Tomó aire y se hundió en el agua, como para escapar del inquietante recuerdo.
Sus sentimientos al respecto eran complicados y no sabía por dónde empezar.
Ni siquiera tenía idea de qué tipo de persona era ese hombre.
Más importante aún, estaba casada, lo que le provocó una punzada de culpabilidad. A pesar de las circunstancias que los habían llevado a su situación actual, el hecho era que ella e Isaac eran marido y mujer.
Cuando terminó de bañarse, se vistió y se preparó para volver a salir.
Como era de esperar, Glenda se preocupó por ella cuando la vio bajar las escaleras. "¿Volverá a salir tan pronto? ¿Por qué no desayuna primero?".
Camila miró la hora, después de lo cual respondió: "No, gracias. Llegaré tarde al trabajo".
Glenda sabía que la joven era médica, así que no le pareció raro que pasara una cantidad excesiva de tiempo en el trabajo. "Al menos beba esto. Cuidado, está caliente", dijo mientras le entregaba un vaso de leche.
"Gracias", respondió Camila en voz baja, conmovida por la preocupación de Glenda.
"De nada", respondió esta última, sonriendo amablemente.
Si bien el matrimonio entre Isaac y Camila había sido forzado, ella no menospreció a su patrona por eso. Por el contrario, aun sin el título de esposa de Isaac Johnston, la aludida era una médica profesional, y eso la hacía más que digna de respeto.
Después de terminarse la leche, Camila le devolvió el vaso a Glenda y salió.
Cuando llegó al hospital, no fue directamente a la sala de descanso del personal. A decir verdad, salió de casa temprano porque antes de comenzar su turno necesitaba ir al Departamento de Pacientes Internos.
Su mamá se encontraba ingresada en la unidad de cuidados intensivos.
Ella entró silenciosamente en la habitación y comprobó la condición de su mamá. Al notar que su estado aún era grave, le dio un vuelco el corazón.
Desafortunadamente, su madre sufría de insuficiencia cardíaca y su condición era crítica. La única forma de que ella se mantuviera viva era un trasplante de corazón, el cual naturalmente costaría una fortuna.
La principal razón por la que Camila había accedido a casarse con Isaac fue que su papá la había amenazado con retener el dinero necesario para la cirugía de su mamá.
Ahora que ella se había casado, y como su papá se lo había exigido, todo lo que necesitaban era un donante compatible de corazón.
Camila le dirigió una mirada amarga a la mujer en coma y susurró con voz algo temblorosa: "Haré que te recuperes. Te lo prometo".
Su mamá era la persona más cercana a ella, su principal apoyo y confidente.
En ese momento, sonó su celular.
De inmediato, lo sacó de su bolsillo y respondió la llamada.
"¡Mila, necesito que me hagas un favor!", exclamó una voz masculina.
El hombre al otro lado de la línea era Forrest Walters. A pesar de que era dos años mayor que Camila, habían estudiado juntos en la facultad de medicina. Cuando se graduaron, se fue al extranjero para continuar sus estudios, y ahora era un reconocido experto en su área.
Forrest siempre la había cuidado, razón por la cual eran bastante unidos.
"¿Qué clase de favor quieres?", preguntó ella directamente.
"Tengo un paciente que necesita atención, pero me surgió un imprevisto, y no creo que pueda salir de eso pronto. ¿Puedes atenderlo por mí?".
Al oír eso, ella miró su reloj. Ese día no estaba de servicio en la oficina, y aparte de dos cirugías que tenía programadas para esa tarde, estaba prácticamente libre. "De acuerdo. ¿A dónde tengo que ir?".
"Te enviaré un mensaje de texto con la dirección. Cuando llegues, solo diles a los guardias de seguridad de la entrada que vas a ver al señor Calderon, y ellos se encargarán del resto".
"Entendido".
"Una cosa más...", agregó Forrest, pero en un tono serio. "No le digas nada a nadie sobre esto, y no hagas preguntas innecesarias. Todo lo que necesitas hacer es atender al paciente".
"Tranquila, lo entiendo".
Después de colgar y en cuanto Camila recibió el mensaje con la dirección, llamó un taxi para que la llevara ahí.
El domicilio resultó estar en un barrio exclusivo de villas, las cuales estaban equipadas con sistemas de seguridad de primer nivel.
Como era de esperar, un corpulento guardia de seguridad la interceptó en la entrada. Siguiendo las instrucciones de Forrest, ella le informó de que iba a ver al señor Calderon. Después de hacer una llamada para confirmar las palabras de la chica, el hombre la dejó pasar.
No le costó mucho encontrar la villa a la que se dirigía. Luego, subió los escalones de la entrada y tocó el timbre.
No tuvo que esperar mucho, ya que la puerta se abrió solo unos segundos después. Al parecer, la situación era realmente urgente.
Willie frunció el ceño cuando vio a Camila. Estaban esperando a Forrest, pero en cambio, una mujer estaba parada frente a él. "Disculpe, ¿usted es...?".
Según lo que Forrest le había dicho, Camila supuso que ese paciente valoraba mucho su privacidad, y como no quería meterse en problemas, pensó que para estar segura lo más prudente sería ser discreta.
"El doctor Walters me pidió que viniera aquí".
Willie miró brevemente el botiquín que ella llevaba antes de preguntar: "¿Sabes qué hacer?".
"Sí, el doctor Walters me dio instrucciones. Descuide, no se lo diré a nadie".
Willie sabía que Forrest no le delegaría sus deberes a alguien que no fuera confiable o competente, así que asintió y la dejó entrar.
La guio a través de la sala de estar, luego escaleras arriba, hasta un dormitorio oscuro.
"¿Cómo podré atender al paciente sin luz?".
Cuando Isaac escuchó que era una mujer, rápidamente agarró la chaqueta de su traje y se la puso sobre la cara. "Willie, enciende las luces", ordenó a través de la tela.
Entonces, el aludido pulsó el interruptor y de inmediato una luz brillante inundó la habitación.
El primer pensamiento de Camila fue que la voz del paciente le sonaba bastante familiar, pero optó por no darle mayor importancia. Cuando observó a la persona que se encontraba acostada en la cama, notó que su camisa de vestir blanca estaba manchada con sangre, la cual se había secado hacía mucho tiempo.
De todos modos, no quería distraerse con otros detalles, pues estaba allí solo para tratar las heridas.
A fin de cuentas, quedaba claro que el paciente no quería que Camila supiera su identidad, de modo que esta tenía que atenderlo y comportarse.
Después de dejar su maletín sobre la mesita de noche, sacó sus instrumentos quirúrgicos.
Usando unas tijeras, le cortó la camisa al paciente, revelando sus heridas, las cuales estaban cubiertas por una gasa fina. Cuando retiró las gasas, vio dos heridas abiertas en el lado derecho del torso del hombre.
Sin más preámbulo, Camila limpió las heridas con sus hábiles manos.
Permaneció serena todo el tiempo, mientras realizaba movimientos rápidos y eficientes.
"¿Tiene alguna alergia relacionada con la anestesia?", preguntó ella después de un rato.
Afortunadamente, las heridas del hombre no eran profundas y solo cortaron la piel.
No obstante, necesitaban ser suturadas, para lo cual se requeriría anestesia local.
Camila habló con calma, casi en voz baja, lo cual fue un marcado contraste con su voz frenética de la noche anterior.
Así pues, a pesar de que ella e Isaac habían intercambiado algunas palabras, este no la reconoció en absoluto.
"No", contestó él con su habitual voz fría, mientras para sus adentros elogiaba las habilidades de la médica.
Al escucharlo, Camila procedió a preparar los anestésicos, tras lo cual los inyectó en un lugar cercano a las heridas.
Tuvieron que esperar un par de minutos para que la sustancia hiciera efecto, tras lo cual comenzó a suturar.
Aproximadamente una hora después, por fin terminó.
En definitiva, fue un tratamiento rápido y exitoso.
Mirando sus manos ensangrentadas, ella dijo: "Necesito usar el baño".
"Puede usar el de abajo", respondió Willie.
Sin perder tiempo, ella salió del dormitorio.
Una vez que el asistente se aseguró de que Camila estaba de vuelta en el primer piso, cerró la puerta y corrió junto a Isaac.
"Señor, me enteré de que los matones que lo atacaron ayer fueron enviados por su tía Audrey. Probablemente cada vez está más desesperada por deshacerse de usted, especialmente después de que usted echó a sus espías de la empresa".
Isaac se incorporó al mismo tiempo que emitía un gruñido, se acercó al borde de la cama y dejó caer los pies en el suelo. Parecía que estaba sufriendo un infierno, no obstante, sus ojos emanaban un brillo amenazador.
Volviendo su mirada penetrante hacia Willie, preguntó: "¿Esa mujer con la que me obligaron a casarme tiene alguna conexión con Audrey?".
Bajando la voz, el ayudante contestó: "De hecho, Audrey estuvo en contacto con su suegro, Marvin Haynes. Él insistió mucho en casar a su hija con un miembro de la familia Johnston, pero nunca pareció haber considerado a su primo Travis como un candidato viable. Audrey debió de haber llegado a un acuerdo con él".
"Esa mujer ha estado lanzándome una sorpresa tras otra. Sería de mal gusto si no hiciera nada para devolverle el favor". Isaac había estado en el extranjero durante muy poco tiempo, y su tía ya había causado muchos líos durante su ausencia.
"Escuché que Travis tiene un pequeño bar de mala muerte en la calle Cavern, llamado 'Charm'", continuó él arrastrando las palabras.
Willie entendió de inmediato lo que su jefe quiso decir. "Así es. Como actualmente no tienen lugar en la empresa, ese club es su única fuente de ingresos. Si lo cerraran... Definitivamente, enfrentarían una situación bastante complicada".
"Haz que suceda", ordenó Isaac, bajando la voz.
Mientras Willie bajaba las escaleras, se encontró con Camila.
Aunque supuso que Forrest debió de haberla advertido de antemano, consideró que no estaría de más hacerle otro recordatorio. "Si le dices algo a alguien acerca de esto, tendrás una muerte horrible".
Si Audrey o su hijo, Travis, se enteraban de las heridas que Isaac tenía, sin duda aprovecharían la oportunidad para causarle más problemas.
Camila asintió a la vez que contestaba: "Descuide. No se lo diré a nadie. Subiré por mi botiquín y me marcharé de inmediato".
Cuando regresó al dormitorio, encontró a Isaac de pie junto a la ventana. Dado que este estaba de espaldas, ella pudo tener una vista perfecta de sus anchos hombros y su espalda musculosa que se reducía a una cintura estrecha, y lo que seguramente serían un par de glúteos bien tonificados. Su cuerpo estaba bien proporcionado, casi como el de un Adonis.
"¿No vas a irte?", preguntó el hombre con una voz burlona. Si bien no se había dado la vuelta, de alguna manera sabía que la chica estaba observándolo. Tal vez había sentido su mirada ardiente.
Ante eso, Camila agachó la cabeza, sintiéndose avergonzada. Por mucho que odiara admitirlo, ver a un hombre tan atractivo la había dejado aturdida...