Todo su plan había salido a la perfección, la reina había muerto y nadie sospechaba de él, a pesar de que era el único heredero del reino de Ganondorf. Debía fingir tristeza y dolor por la muerte de su madre pero en verdad en su frío corazón no había nada más que el odio fomentando por su cruel padre y su amada.
El antiguo rey era un simple mundano que vivió con envidia de su esposa, ella no solo era bella e inteligente también era la fuente de vida de todo el reino. Fingió toda una vida que estaba locamente enamorado de la reina, en verdad solo amaba las riquezas que venían con el poder, también aquellos poderes que le fueron concebidos al ser coronado, eso era algo que ningún mundano obtendría nunca.
Las campanas comenzaron su canto, aquello solo significaba que el acto de coronación estaba por empezar, el momento había llegado ya no había marcha atrás.
Con sus manos alisó su traje rojo con diamantes y rubíes incrustados e hizo una seña a los guardias para que las puertas se abrieran y así fue en cuestión de segundos que divisó la sala del trono con los líderes de todos los clanes.
Las trompetas comenzaron su canto, con la frente en alto caminó sobre la alfombra que lo llevaría a su futuro trono, se encontraba tan nervioso que las manos le sudaban pero nada era más importante que mantener su cuerpo erguido, no podía demostrar debilidad ante sus súbditos.
En sus manos estaría el poder que mantendría todo el reino en orden y solo por eso no podían hacerle daño pero eso no evitaría que se le revelaran, tenía que mostrar su poder en su máximo esplendor, demostrar lo grande que era, así nadie osaría cuestionarlo.
De su espalda salieron dos hermosas alas tan negras como la noche más oscura, eran gigantes y lo serían más cuando obtuviera el poder que le correspondía por derecho.
Llegó al final de su camino hasta estar frente a Meriel, la banshee que se encargaría del ritual de su coronación. Estaba molesto porque Fairud jefa de su clan y por ende la más poderosa del reino se había negado a dejar el Gremio del Espiral para asistir a su coronación, si fuera cualquier otra especie lo habría considerado traición pero las banshees tenían sus propias leyes y no se regían por ninguna tradición del submundo. Eran tan poderosas porque su magia provenía de la energía y no de la naturaleza.
Neahm era la primera hija de Fairud por su antigüedad era casi tan poderosa como su madre pero de ella no se sabía nada desde hace diecinueve años, él nunca la conoció pues desapareció antes de su nacimiento.
Trato de olvidar su molestia para concentrase en lo verdaderamente importante. Aquel era su momento, por el que tanto se había sacrificado.
-Pueblo de Ganondorf estamos hoy aquí para darle el recibimiento al príncipe Dustin Aias Regium en su ascenso a la corona -dijo la banshee, luego tomó la corona del difunto padre del futuro rey, esta era de oro y plata con esmeraldas, diamantes y otras joyas preciosas, era hermosa y aún más brillante cuando los rayos de sol se reflejaban en ella. La elevó y murmuró palabras en algún idioma que solo ellas entendían, llevó una de sus manos a la cabeza del príncipe, quién se había incado cuando empezó el ritual. Todos contemplaban aquel momento con tristeza por la muerte de la reina pero orgullosos de ver a su hijo ocupar su lugar.
El príncipe podía sentir el poder que recibía de la corona, pudo ver a través de los ojos de los antiguos reyes, descubriendo los más oscuros secretos de los antiguos monarcas, escucho conversaciones pasadas, descubriendo profecías que Marissa mantuvo ocultas no solo de él también de todo el reino. Sintió como su poder aumentaba pero aún no sentía esa conexión con la naturaleza, esa de la que tanto su madre le habló.
Le había dicho que el día que se volvió reina pudo sentir las olas del mar chocando contra las piedras, el sonido del viento danzando por su reino, escuchó los latidos de cada animal que existía y sus pies le ardían por el fuego del infierno. Espero y espero pero nada, esa conexión nunca llegó aquello era un grave problema, ese poder era el que mantenía con vida todo el reino y él que lo hacía ser la especie más poderosa. Nadie podía enterarse o sospechar lo que estaba ocurriendo, a pesar de eso comprendía el porqué de lo que estaba ocurriendo, evidentemente la reina se guardó para sí más de un secreto.
-Príncipe Dustin jura amar y proteger más que así mismo a cada clan del reino
-Lo juro
-Jura ser justo, sabio a la hora de tomar decisiones y proteger con su propia vida el poder que le es otorgado
-Lo juro
-Jura mantener en secreto la memoria de sus antepasados
-Lo juro -la banshee colocó la corona sobre la cabeza del príncipe y continuó diciendo palabras extrañas, él sentía como se unía a él ajustándose a la forma de su cabeza. La mano de ella tocó el cuello del príncipe y con un simple toque aparecieron tatuajes que representaban la unión con aquella corona, solo la muerte podría separarlo ahora de lo que yacía en su cabeza.
-Yo Meriel Bolek tercera hija de Fairud Bolek hija de la energía del Gremio del Espiral te nombro a ti Dustin Aias Regium como él Rey de Ganondorf -. Se levantó sintiendo el nuevo poder que fluía por sus venas, abrió sus alas que ahora eran aún más grandes y fuertes que antes todo su pueblo se arrodilló ante él y llevaron una mano a su pecho y prometiendo lealtad al trono.
-Larga vida al rey -gritaron con orgullo los jefes de cada clan del submundo.
Una nueva época comenzaba para todos, sobre todo para Dustin quién ahora no solo tenía la tarea de proteger y mantener en orden a su pueblo, también tenía una más y secreta que tendría que descubrir a quién se la podría confiar.
El rey no era más que un impostor por hacerse de algo que aunque pensó que le pertenecía pero no era de él. Tenía un nuevo problema que sin duda resolvería del mismo modo que se abrió paso a su trono, ahora tendría que averiguar dónde se hallaba el verdadero rey o reina.
Las calles del pequeño pueblo de Askim estaban vacías, solo se sentía las gotas de lluvia que caían en los techos de las pequeñas y antiguas casas. Con apenas la luz emitida por un farol al final de la calle la chica corrió con todas fuerzas huyendo de la lluvia, ansiaba llegar a casa, sobre todo porque se había sentido observada desde que terminó su turno en la tienda de antigüedades en la que solía trabajar al salir de la escuela.
Sus zapatos resbalaban con el suelo mojado pero de algún modo siempre conseguía mantener el equilibrio. Mientras corría buscaba en su bolso las llaves de casa, sentía que cada minuto estaba en peligro al no saber si en verdad estaba siendo perseguida.
Estaba a dos pasos de cruzar el intimidante muro que separaba su casa del mundo exterior, su padre se había encargado de conseguir la mayor privacidad posible, debido a lo especial que eran sus habitantes. Las llaves cayeron al piso húmedo y le fue casi imposible encontrarlas entre la lluvia y la oscuridad, con manos temblorosas buscó a ciegas sobre el pavimento helado pero se detuvo abruptamente.
Una voz en su cabeza la exigía que huyera, corre, grita le decía, pero no lo hizo. Lentamente se levantó, giró sobre sus talones pero no vio nada, sintió un alivio en el pecho, en ese instante divisó en el piso lo que buscaba se agacho para recogerlo cuando unos zapatos de mujer aparecieron frente a ella. Su corazón se detuvo por el susto, por un momento no supo que hacer pero recordó lo que su padre le había dicho infinidades de veces así que con una mirada frívola y ocultando su miedo se levantó y enfrentó al espectro que tenía en frente.
No era la primera vez que seres se le aparecían en medio de la noche, no eran más que simples fantasmas solo algunas especies tenían el suficiente poder para atravesar las puertas del submundo y por alguna razón siempre iban directo a ella.
Ella no habló, había aprendido que no todas las criaturas que se le enfrentaban eran capaces de hablarle algunas se comunicaban con ella a través de señas y símbolos que rara vez entendía.
Quieta y dura como una roca, miró sin ningún disimulo a la mujer huesuda que olía a azufre tenía un velo dorado y negro que cubría su rostro y la mayor parte del cuerpo, pero a través de él podía notar esos dos ojos dorados que la observaban, eran hermosos pero quitó la vista de ellos cuando se dio cuenta que a pesar del brillo dorado la muerte estaba presente ante ella. Nunca había visto algo igual, los pelos se le erizaron de pensar lo que le pasaría si aquella criatura estuviera realmente parada frente a ella.
Alejó esos pensamientos y se decidió a hablar ya que no había ni señales ni gestos ni palabras que provinieran de lo que sea que tuviera en frente.
-¿Qué quieres? ¿Quién eres? -un aliento frío se dirigió a su rostro, el olor a la muerte se incrustó en su pequeño y flácido cuerpo, tuvo que aguantar las arcadas para evitar vomitarse ahí mismo. Soltó un gruñido por lo bajo, pero la criatura volvió a hacer lo mismo pero esta vez no había olor a muerte y ahí supo cómo se comunicaría con lo que sea que tuviera en frente.
⊱✿⊰
A la mañana siguiente la luz entró por el poco espacio de las ventanas que no estaban cubiertas por unas hermosas cortinas blancas con detalles en azul, estiro cada centímetro de su cuerpo mientras intentó sacar sus fuerzas para levantarse de la cama.
Pasos perezosos la llevaron hasta el baño de su habitación, lavo su rostro y enfrentó su horrible aspecto, había pasado toda la noche analizando las imágenes que fueron puestas en su mente por el encuentro con el ser de otro mundo. Recogió su largo cabello rojo en una alta coleta y entró a la ducha para darse un baño.
El olor del desayuno hacía rugir sus tripas, estaba hambrienta no había probado bocado la noche anterior, se apresuró a bajar las escaleras para ver en la mesa su desayuno favorito, pero no había rastro de su padre por ningún lado. Una parte de ella se preguntó si ya se había ido al trabajo, pero no, eso no pasaría hoy, era un día especial y el jamás se iría sin antes verla.
-Te quedarás viendo tu desayuno toda la mañana o tienes planes de comerlo algún día -dijo una voz juguetona que provenía de sus espaldas, se volteó para enfrentarlo con una sonrisa en los labios.
-Feliz cumpleaños -Su padre abrió los brazos y ella en pocos pasos llegó a su encuentro -No entiendo como creciste tan rápido, hasta el otro día fuiste un simple bebé.
-Corta el drama Raziel -Se separaron y él pellizcó su nariz
-Te dije que no me llames así bebé llorona –le dijo mientras sacudía su cabello despeinado la coleta que se había hecho.
-No lo haré nunca si no me dejas decir tú así
-Eres mi hija, te diré como se me antoje, ahora ven te preparé tu desayuno favorito -La tomó de la mano y la guío hasta al mesón de la cocina, le sirvió arepas, huevos, tocino, queso y algunas tostadas luego buscó una jarra de jugo y se la colocó enfrente -¿Qué piensas hacer hoy? -le preguntó mientras se servía su propio desayuno.
-No lo sé, ahora que la escuela terminó no hay mucho que hacer, en un rato voy por Neahm.
-No te separes de ella, es un día importante para todos no sabemos cómo reaccionará tu cuerpo ahora que por fin cumples diecinueve, en cualquier momento algo raro puede pasar.
-Puede que ya haya ocurrido algo -No se atrevía mirarlo, jugaba con su comida para evitar coincidir con su mirada
-¿Qué ocurrió? -Trató de esconder su preocupación pero le fue casi imposible.
-No es nada importante, podía haber sido hoy o mañana...
-Mia -dijo con una voz ronca
-Ayer en la noche cuando llegué vi algo, no sé lo que era, fue nuevo y hasta se comunicó conmigo diferente.
-Cuéntame de una vez que sucedió y no des tantas vueltas
-Lo que sea que vino, de algún modo puso imágenes y palabras en mi cabeza -Tragó, su padre la miraba impaciente -. Vi a una mujer de pelo blanco encadenada y la voz solo me dijo: el momento ha llegado, la profecía ha de cumplirse, prepárate -El mismo miedo que tuvo la noche anterior se apoderó de su cuerpo, se llenó de valor y al fin enfrentó la mirada de su padre, no lo reconoció estaba pálido, inmóvil, como si fuera a desmayar solo que sabía que eso era imposible porque los seres como él no se enferman ni tampoco se desmayan.
-Papá -dijo preocupada
-¿Cómo era esa criatura? -su voz fue casi un susurro
-No lo sé, parecía una mujer pero tenía un velo negro y dorado que le cubría casi todo el rostro solo pude ver lo que más resaltaba, sus ojos dorados pero parecía como si debajo de ese manto que la cubría no hubiera nada.
-Porque no lo hay -su padre se paró, poco a poco iba retomando su color natural -Recógelo todo nos vamos.
Ella sin duda no permitiría eso, no otra vez y menos en su cumpleaños, estaba harta de siempre huir y no tener respuestas, sabía que no era una simple mundana su padre se lo había explicado pero en el fondo ella se sentía como una, físicamente era igual a su padre, su pelo rojizo, sus ojos verde pero tenían un destello dorado, su rostro era igual de angelical al de Raziel, una belleza rara pero especial, pocos humanos se veían así, por eso nunca pasaba desapercibida, a pesar de eso podía perfectamente fingir ser uno de ellos. Un nombre atravesó sus pensamientos Neahm, no ella no estaría lejos de su amiga, no esta vez había perdido tanto ya que perder lo único real en su vida le rompía el corazón.
-No pienso marcharme, no esta vez -Se levantó y fue tras su padre que se dirigía a la entrada de la casa
-Si lo harás, así tenga que obligarte -Abrió la puerta y casi choca con la chica que estaba a instantes de tocar
-Hola señor Raziel -dijo con una voz muy alegre Neahm
-El día ha llegado -Solo esas palabras fueron suficientes para que el rostro de la chica trigueña cambiara de un momento a otro.
-¿Estás seguro? -el solo asintió, en sus ojos podía verse el miedo en persona. Mia no entendía nada, su amiga jamás tuteaba a su padre
-Tenemos que irnos ya -la chica entró en la casa y cerró la puerta detrás de ella.
-Mia escúchame -La chica estaba aturdida por qué su padre le habló a su amiga como si algo malo fuera a ocurrir, que sabe Neahm que ella no, su mente era un caos, no entendía nada y estaba segura que seguiría así un buen rato.
-Mia -volvió a llamarla su amiga -me estas escuchando -No, no lo había hecho, ella solo se limitó a negar -. Debemos irnos ya, te juro que entenderás todo cuando te lo expliquemos pero ahora debemos escapar.
-Huír ¿A dónde?
-Lejos, vamos recoge tus cosas -sin más preguntas así lo hizo, corrió por las escaleras sacó una maleta guardada en el fondo de su armario y guardó ropa al azar, estaba tan confundida que una parte de ella no entendía nada, su cuerpo actuaba por inercia.
Bajó las escaleras y se encontró con que tanto Neahm como su padre recogían todas las fotos de ellos regadas por su hogar, no sabía de dónde pero su padre sacó un pomo con un líquido que esparció por el gran salón cuando el olor llegó a su nariz se percató de que era gasolina.
-Pero que hacen, se han vuelto locos -gritó exasperada
-Vamos -su padre la tomó del brazo llevando en una mano su maleta y con la otra casi la arrastró hasta la cochera.
-Sube al auto -le dijo en un tono que solo usaba cuando algo malo estaba pasando. Ella quería explicación pero sabía que no era el momento ya se encargaría de exigirlas luego.
Cinco minutos después los tres estaban montados en el auto, la casa en la que había vivido durante los últimos cinco años ahora estaba ardiendo, sus recuerdos su vida todo se había quedado en esa casa, estaba molesta, porque una vez más la habían tratado como a una niña, una vez más estaba huyendo y ella estaba tan cansada de eso, se preguntó si toda su vida sería así.
-Alguien va a decirme que pasa. ¿Qué cosa fue esa que me encontré ayer? -Neahm y su padre se miraron, no entendía cómo pero sabía que con esa mirada palabras no dichas fueron intercambiadas entre ellos, su padre dejó ir un suspiro y al fin habló.
-Lo que viste ayer fue un portador de la muerte -Ella seguía igual de confundida, que significaba aquello, necesitaba más mucho más para poder entender.
Habían estado en la carretera durante cuatro horas, no habían hablado luego de que Raziel le dijera el nombre de aquella criatura, portador de la muerte. No tenía idea de que significaba aquello, pero solo pensar en eso hacía que cada partícula de su cuerpo se erizara. El único sonido durante el viaje era la música que Neahm puso para relajar el ambiente pero su objetivo nunca se cumplió.
Desconocía a dónde se dirigían, tampoco preguntaría, estaba acostumbrada a que su padre actuará así siempre que la creía en peligro, sin duda una vez estuvieran a salvo ella obtendría las respuestas que necesitaba.
Cerró sus ojos y dejó ir un leve suspiro, era su cumpleaños y ni siquiera ese día podría tener un día normal, menuda vida tenía.
-Hemos llegado -dijo su padre mientras abría la puerta para salir del auto, su amiga lo imitó y luego hizo lo mismo.
-¿Dónde estamos? -no pudo evitar preguntar con voz molesta
Frente a ellos había un puente que tenía un camino rocoso, alrededor habían flores de todos los colores y de diversos tipos, un imponente castillo que parecía sacado de un cuento se encontraba en el medio del terreno.
Estaba hecho en su totalidad de rocas, tenía un estilo antiguo y algo siniestro, era evidente que en mucho tiempo nadie se había preocupado por reparar las pocas partes que se veían desgastadas.
-En la casa de un amigo -respondió su padre, aquella pregunta que ya había olvidado haber hecho -. Vamos -Caminaron hasta la puerta y ella registraba todo en su mente, como era posible que el lugar se viera tan desgastado tuviera un jardín tan nuevo y lleno de vida, la vibra allí era diferente pero de una forma muy agradable.
A cada lado de la puerta habían dos columnas que en su cima tenían dos gárgolas ella podía haber jurado que aquello la miraba con esos ojos rocosos y siniestros. Alejó esos pensamientos, se sentía tan cansada mentalmente que seguro por ello estaba imaginando cosas extrañas.
Su padre tocó la puerta y casi en automático una rejilla se abrió y un ojo rojo apareció observando cada detalle de los tres, tragó e hizo todo lo posible para ocultar su nerviosismo. De un golpe se cerró la rendija por donde fueron observados y como si un leve viento hubiera hecho presencia la puerta se entre abrió.
-Qué extraño -no pudo evitar decir.
-Entremos -dijo su padre muy calmado
Él fue el primero, seguido por Neahm y de última ella. El interior era justo como lo imaginó, todo de madera y había partículas de polvo en todo el lugar como si nadie se hubiera preocupado de limpiar en años.
En el centro de la habitación había unas escaleras que rechinaban con cada paso que daban sobre ellas, se sentía segura pero aun así un poco de miedo acechaba en ella. Subieron y su padre puso su mano sobre la única puerta que había en la segunda planta, esta brilló de manera mágica como si lo reconociera un ruido resonó por la habitación como si una cerradura hubiese sido abierta y al parecer así fue, porque en cuestión de minutos estaban atravesando el umbral.
A diferencia de lo que habían visto antes, todo era extremadamente limpio, en el centro del lugar había un sello de oro con dos hermosas alas blancas, símbolo que reconoció al instante. Aquella puerta los había guiado a lo que reconoció como un refugio de ángeles caídos, Raziel le hacía historias de pequeña de su pueblo, ese que abandonó para estar con a su lado, jamás pensó que iría a uno.
-Me alegro saber que llegaron a salvo -dijo un hermoso hombre que caminaba hacia a ellos con una sonrisa de envidia en el rostro, como todo ángel era extremadamente hermoso, su cabello rojizo estaba peinado hacia atrás, de rostro refinado, alto, muy apuesto y tenía un traje blanco hecho a la medida que lo hacía lucir más atractivo todavía -Raziel, hermano cuánto tiempo
Ambos se abrazaron como si llevaran años sin verse y verdaderamente se hubieran extrañado.
-Gracias por recibirnos, tan rápido
-Como decirte que no, en nosotros siempre encontrarás a una familia -El hombre llevó su vista a la chica pelirroja que observaba la escena sin entender nada -. Supongo que tú eres Mia -ella solo se limitó a asentir, la observó por unos minutos y luego sonrió -Neahm, me alegro ver de que aún sigues tan bella -la chica resopló pero luego le regaló una sonrisa real.
-Seguro están muy cansados los llevaré a sus habitaciones
-Yo tengo que hacer algo primero, acomódalas y mantenlas seguras hasta que vuelva en un par de horas.
-¿Me vas a dejar aquí Raziel? Es en serio -dijo Mia con una voz molesta
-Cuando regrese tú y yo hablaremos de lo que quieras -le dio un beso en la frente, miró a la trigueña que observaba la escena en silencio y salió por la puerta que habían atravesado.
-Por aquí -el hombre hizo un ademán con su mano señalando las escaleras que dirigían a un piso inferior.
Caminaron en silencio mientras ella observaba a todas las personas que había a su alrededor, algunos tenían sus alas blancas y brillantes visibles, eran iguales a las de su padre. Otros seguramente las tenían ocultas, pero estaba claro que allí todos eran ángeles
-Aquí se quedarán juntas, al menos por ahora. Mandaré a alguien con comida y ropa para que puedan descansar -El hombre del que aún no sabía el nombre la miró -. Eres igual a tu madre -Pudo notar una gota de nostalgia en su rostro, dicho eso desapareció por el pasillo sin darle tiempo a responder.
Entró a la habitación y se dejó caer sobre una de las camas que se encontraban en el centro, todo a su alrededor era lujoso, pero no esperaba menos de esos seres que han vivido incluso desde mucho antes de la creación del propio universo.
-¿Vas a contarme algo o debo esperar por mi padre? -dijo sin abrir los ojos
-Puedo contarte mi verdad -Sintió como la cama a su lado se hundió, supo ahí que su mejor amiga se encontraba a su lado
-Bien ¿Quién eres realmente? -Abrió sus ojos y su mirada se puso fija en el rostro de Neahm
-Soy una banshee, primera hija de Fairud Bolek y de la energía del gremio del Espiral -Se detuvo por un instante y dejó escapar un leve suspiro, no era fácil hablar de esto, llevaba años lejos de su familia, con una misión que le fue dada el mismo día del nacimiento de Mia -. Tú me has conocido como tu niñera Mary, la maestra Ashley, la vecina Eliana y por último con mi verdadero nombre y rostro. He estado a tu lado durante toda tu vida, porque yo soy tu protectora.
-Me estás diciendo que he vivido engañada todo este tiempo, ahora mismo siento que no te conozco, cómo es posible que hayas sido tantas personas todas tan diferentes las una de las otras, no entiendo quiero que me expliques todo y que cosa es esa de mi protector, quién soy yo para necesitar a un guardaespaldas o lo que sea -dijo en tono arisco
-Si me dejaras hablar te podría explicar -Alzó una de sus cejas y Mia hizo un gesto para que empezara a hablar.
-Bien, tengo muchas habilidades una de ellas es ser cambia formas
-Tiene sentido y si no fuera porque he visto cosas inexplicables te diría que estás loca
-Soy tu protectora, no guardaespaldas. Mi deber no es protegerte en sí, sino guiarte por el buen camino es decisión tuya hacer el bien o el mal. Tú eliges tu destino y yo no puedo influir en él puedo ayudarte siempre que lo necesites, tenemos una conexión de sangre desde el día en que naciste que me hace saber cuándo requieres de mí.
-¿Por qué? -No pudo decir nada más las palabras se quedaron atascadas en su garganta.
-Tu madre es muy importante, tu padre es uno de los ángeles más poderosos de la historia y como sabes no hay registro de alguien igual a ti, eres una raza nueva y diferente, desconocida para todos yo no puedo contarte nada más. Cada persona especial como tú tiene un protector, así lo quiso la naturaleza para evitar grandes catástrofes.
-¿Quién es mi madre?
-No puedo decir eso, lo que necesitas saber solo él puede contártelo.
-Esto significa que toda mi vida he vivido una mentira y solo te acercaste a mí porque era tu deber. No quiero que te me acerques, ni siquiera quiero ver tu cara en estos momentos.
-En serio crees que yo, que te he visto crecer, que conozco todos tus secretos he fingido para estar cerca de ti, si no fueras importante para mí ni siquiera hubiera aceptado ser tu protectora.
-Sí, exactamente eso es lo que pienso -dijo con una voz hostil
-Pues te equivocas Mia, todo ha sido real, que sepas que tengo mil años y solo a ti te he permitido ser mi amiga de verdad y gracias a ti por primera vez he podido tener una vida propia, eres más que una misión -. Aquellas palabras le llegaron al corazón pero estaba tan molesta que estaba cegada y no quería saber nada de ella, la atravesó con la mirada y se dejó caer sobre la almohada, cerró sus ojos y fingió que quería dormir, no le apetecía escuchar nada y menos de ella, por un lado se sentía estúpida por actuar así pero realmente se sentía mal vivir engañada por las personas que amas.
-Cuando dejes de ser una niña malcriada entonces te contaré lo que quieras saber -sin más Neahm se levantó y salió por la puerta dando un portazo.
Mia cerró sus ojos e hizo todo lo posible por no pensar en todo lo ocurrido, había sido un día sumamente extraño. Su padre la había dejado ahí sin darle una explicación, hasta que regresara no podría saber la verdad.
Estaba agotada y sus párpados comenzaron a pesarle, dejó ir un suspiro
-¿Quién soy realmente?
Faltaba poco para que se quedara dormida cuando despertara se encargaría de enfrentar su realidad ahora mismo solo quería escapar de ella.