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Elegida por el CEO

Elegida por el CEO

Autor: : Viviana_t
Género: Romance
Abby Collins, es una chica dulce, pero bastante insegura con su aspecto físico. No está conforme con los dones que dios le concedió. Esta rubia piensa que por no poseer grandes senos y enorme trasero los hombres no se fijan en ella. Ese efecto de complejidad le causa muchos problemas en su vida romántica. Resulta que Abby está perdidamente enamorada de su jefe Callan Meison un atractivo empresario playboy, pero este hombre ni la voltea a ver y ella asume que es porque no posee las cualidades esenciales que un hombre busca en una mujer. Callan no le dedica ni una sola mirada a su secretaria lo que la irritaba, pero si a Susan Randall la más sexy de la oficina quien no detiene las ofensas contra Abby por su aspecto. A raíz de esto, esta rubia se ve obligada a recurrir medidas drásticas para cambiar ese problema, si no podía conseguir el amor de su jefe por el lado tradicional, decide recurrir a otros métodos poco ortodoxos para lograrlo. Pero con lo que no contaba esta chica era que al pedir su tan anhelado deseo lo que provoco fue que invoco a alguien tan cruel como depravado, Eros un demonio ermitaño que vivía en las tinieblas pero que al conocer a Abby fue como una pequeña luz que ilumino su solitaria vida. Estos dos hacen un trato poco convencional, él le daría lo que su corazón deseaba pero a cambio ella tendría que darle algo muy preciado y único... su virginidad. Estas invitado a leer esta historia de amor, romance y sexo. Descubre cómo es la personalidad de un demonio celoso y posesivo.

Capítulo 1 Enamoramiento

Una chica de estrecha cintura y larga cabellera rubia se bajaba de un taxi frente al edificio donde trabajaba... Abby dejo unos billetes al chofer del coche y salió deprisa hasta el interior de la edificación. Llegaba tarde, nunca le había pasado una cosa como esa. Siempre era puntual con la hora de su entrada.

Pero la noche anterior se había dormido tan tarde terminando con el trabajo que la pesada de Susan le había encargado. Le caía tan mal esa mujer, era tan molesta. Pero por desgracia era su superior y nada podía hacer. Abby no le gustaba quedar mal, era responsable y le agradaba su empleo.

Abby trabajaba para la mayor agencia de seguros de vida, era una compañía muy importante en la que no podías encontrar empleo fácilmente. Pero por fortuna, ella era buena con los números y por ende había conseguido un puesto un tanto importante. Desgraciadamente le habían asignado a la peor supervisora de todas.

Pero le había tocado el jefe más sensual y atractivo que había conocido en toda su vida, Callan Meison todo un macho viril. Seductor nato, y playboy. Del que se rumoreaba que se había llevado a la cama a la mitad de las chicas de la oficina, todas menos a ella... en eso la puerta del ascensor donde subía la rubia se abrió sacándola de sus cavilaciones y justo en ese momento el rostro de su encantador jefe se encontraba ante ella.

- ¡Abby! - Este mira su reloj - ¡Llegas tarde! Me sorprende- La mira con aquellos ojos azules que la derretían por completo.

-Señor Meison, lo lamento. Es que anoche tuve mucho trabajo y Su...

-¡Callan! Estas aquí, justo a tiempo - Dice una morena llegando a su lado muy sonriente.

Era Susan, como siempre interrumpiendo las pocas oportunidades que tenía Abby de estar sola con Callan. La morena siempre que la pillaba cerca del jefe esta llegaba en segundos. ¡Claro! sabia porque lo hacía, Callan estaba follándose a su asistente desde hace mucho tiempo.

Y aunque Abby lo sabía no comprendía porque aún no podía sacarse a ese hombre de la cabeza. No le convenía, él solo se acostaba con las mujeres pero con ninguna se quedaba al menos para una relación seria.

-¡Ah! Abby, llegas tarde... - Está la mira de arriba hacia abajo - Se te sumara más trabajo- Expresó con evidente fastidio.

-Bueno, ustedes arreglen ese asunto. ¡Ya debo irme! ¿Necesitabas algo de mi Susan?

-¡Eh! Si, necesito que firmes unos documentos importantes. Es para la reunión de esta tarde.

-Muy bien, los firmare en mi oficina.

Callan le dedica una mirada a Abby que jamás le había brindado... la rubia sintió las mejillas arder y por un momento pensó que se había sonrojado. Pero la sensación no le duro mucho, ya que Susan lo había tomado del brazo para llevarlo hasta la oficina.

Así que su atractivo jefe se fue sin decirle una maldita palabra... y como siempre todo era culpa de Susan.

-Ponte a trabajar Abby- Demanda la morena dedicándole una mirada asesina al mirarla por encima de su hombro.

Sin más remedio, esta solo suspira. Llevándose la carpeta negra al pecho con un montón de papeles. La chica camino hasta el cubículo que era su oficina dejando todo sobre la mesa de escritorio.

Desde su puesto, tenía acceso visible hasta la oficina de su jefe. Allí dentro observo como Susan se le insinuaba a Callan, las persianas de la oficina estaban a medio cerrar pero aun así se podía ver como la morena casi que se le tiraba encima al apuesto empresario. Ella era la única que tenía el privilegio de estar tan cerca de él, era su asistente y Abby solo era la que asistía a Susan... o bueno, mejor dicho le hacia el trabajo. Y aunque pareciera un trabajo horrible le pagaban mucho mejor que en cualquier otra parte.

Abby volvió a levantar la mirada, fijándose que su jefe metía una mano por debajo de la falda de la morena quien sonreía como una maldita perra. La sangre de la rubia hervía por mera rabia, mordió sus labios. Odiaba albergar aquellos sentimientos no correspondidos por Callan, él ni siquiera la volteaba a ver y ella sabía porque.

Su aspecto era el culpable de todo, no había nacido con el don de ser hermosa. Sus senos eran pequeños, y carecía de un buen trasero y por si fuera poco tenía un rostro como el de una adolecente. ¡Por dios! Tenía 24 años ¿Cuándo iba a dejar de aparentar ser una niña? Ya era una mujer, una que tenía necesidades. La chica se sentó en su silla, encendiendo el ordenador... a veces envidiaba a la idiota de Susan, ella era hermosa y seductora. Además, poseía cualidades por las que un hombre se pondría de rodillas. Y lo más importante de todo, no era una lerda como lo era ella. Apostaba que era toda una diosa del sexo, y que Callan lo disfrutaba.

Esta negó mentalmente, abofeteando sus pensamientos irracionales... desde luego que lo disfrutaba, él era un playboy. Y si los rumores eran ciertos de que se había follado a media oficina, no le quedaba dudas que la estúpida de Susan era muy buena. Con ella había durado más que con nadie se preguntó ¿Por qué?

La rubia empezó a teclear el ordenador. Cuando se fija que Susan abandona la oficina de su jefe y minutos después este también sale acomodando su corbata. Abby lo mira, sintiendo que sus bragas se humedecen. Le causaba tantas sensaciones al mismo tiempo, si tan solo él supiera lo que ella sentía por él. Un enamoramiento por más de 3 años no podía ser normal, a veces pensaba que ya era suficiente de todo aquello. Que debía amarse un poco más, quizás encontrar a alguien que la amara de verdad. Pero entonces...

-Hasta luego Abby- Le dice su jefe, a lo que su maldito corazón se vuelve loco.

-Que le vaya bien, señor Meison.

Este medio sonríe encaminándose hasta el ascensor... y allí estaba la razón del porque no podía dejar de amarlo. Esos pequeños e insignificantes detalles la enloquecían. Y solo acrecentaba su enamoramiento enfermizo hacia su jefe. Ningún hombre lograría sacarle de la cabeza a Callan Meison.

nota: actualizaciones diarias por las noches mis bellas... sin falta.

Capítulo 2 Estúpida supervisora

Abby lavaba sus manos en el baño pensando que tenía mucho trabajo que hacer, y ya casi que era su hora de salida. Sospechaba que tendría que llevarse montones de carpetas y documentos para su casa nuevamente para intentar terminar de revisarlos y entregárselo a la mentecata de Susan.

Mientras que ella se mataba trabajando, la estúpida esa solo se pavoneaba por los pasillos como si fuera la reina de la empresa. Casi no trabajaba, más que nada solo asistía en las cosas personales de Callan, ¡que perra! Pensó la rubia. Y justamente en ese momento la majadera entra en el baño deteniéndose al lado de ella con las manos en las caderas y taconeando sus zapatos contra el suelo. Abby solo pone los ojos en blanco, se seca las manos para girarse hacia ella.

-¿Qué ocurre?

- ¿Qué ocurre? - Pregunta con descrédito - Te he visto todo el maldito día echándole ojos a Callan, ¿Qué piensas niñata? ¿Acaso crees que va a voltear a verte? - Le dice con desprecio.

-¡Yo no he hecho tal cosa! - La chica miente.

-Mira mujercita - La morena la toma del brazo con fuerza -Como te vea mirando nuevamente a mi hombre, me encargare de que te echen de aquí.

-No puedes hacer eso, yo no he hecho nada malo. He cumplido con mi trabajo al pie de la letra- Le reprocha la rubia.

-No juegues conmigo, maldita niña. Sé que te gusta Callan pero él es solo mío, ¿eso te queda claro?

-No parece que fuera tuyo, ¿acaso ya tienes fecha de la boda?

La morena pareció enojarse aún más por su comentario. Porque abrió los ojos con gran intensidad y en segundos Abby se encontraba tirada en el suelo. Susan la había aventado contra el piso de mala gana logrando que Abby se lastimara el codo con la caída.

-¿Pero qué te pasa? Estás loca - Le dice poniéndose en pie.

-¡Estas advertida, Abby!

Susan la toma del mentón con mucha fuerza mientras la mira como si fuera un bicho al que debía ser aplastado. Abby sabía que la morena la odiaba, pero no estaba al tanto de cuanto era el odio.

-¡Suéltame! - Esta la empuja - Puedes ser mi supervisora, pero no te voy a permitir que...

Pero la mujer no la dejo terminar sus palabras porque le había propinado una cachetada dejando la mejilla de la rubia marcada con los dedos de Susan.

-A la próxima te va a ir peor - La amenaza -Es mejor que te vayas sacando de la cabeza a Callan, jamás se fijaría en una mujer como tú. Solo mírate - Esta se ríe con burla- Eres como una niña. Nada comparado con lo que soy yo, una mujer de verdad.

La morena se da la vuelta para salir del baño riéndose a carcajadas de la rubia... Abby quedo perpleja con la cachetada que su jefa le había dado... nunca la había golpeado, pero al parecer ya ese no era el caso. La rubia llevo una mano hasta su mejilla, mientras que una lágrima se deslizaba por su piel.

No creyó que amar a un hombre le fuera tan doloroso. Era como un castigo. Pero Susan tenía razón, Callan jamás la voltearía a ver y menos con ese cuerpo que tenía. Pero ella estaba enamorada de él y lo quería... estaba obsesionada con su jefe. Tan solo si él supiera sus verdaderos sentimientos, quizás obtuviera una oportunidad.

[...]

De camino a casa no dejo de pensar en la forma de lograr que Callan se fijara en ella, una cirugía no le serviría de nada sería mucho dinero el que tendría que invertir, además no lo tenía. Suspiro recostando la cabeza en el asiento del coche, toco su mejilla. Aun le ardía la cachetada que le dio Susan.

-¡Qué maldita! - Exclama en voz alta.

-Disculpe, ¿Qué? - Le dice el chofer del taxi.

-¡Nada! - Responde mirando por la ventanilla.

La chica guardo silencio todo el camino de regreso a su apartamento. Unas pocas cuadras más, y Abby descendía del coche cuando de la nada un diluvio cayó sobre ella empapándola por completo. Esta corrió hasta el interior del edificio sacudiéndose el agua que tenía encima. Subió pesadamente las escaleras, vivía en el segundo piso así que no hacía falta que tomara el ascensor. En cuanto llego a su piso se topó con su vecina, era una mujer con la que se llevaba bien. Podría decirse que era como su amiga, aunque esta fuera un poco loca.

-Abby, ¿llegando del trabajo? - Le sonríe la pelirroja.

-Hola Denise, ¿Cómo estás?

-Si te contara, el desgraciado de mi novio lo encontré revolándose con una tía. Casi la dejo sin pe... ¡Abby! ¿Pero qué rayos te paso en la cara? - Le dice la joven tocando su mejilla.

-¡Ah! ¿Esto? No es nada.

-¿No me digas que la idiota de Susan te ha pegado?

Denise estaba al tanto de como era su relación son la supervisora, de vez en cuanto Abby le contaba sus cosas a la pelirroja. Era buena persona, muy linda. Podía confiar en ella, y desahogar sus penas.

-No, claro que no... - niega mirando hacia otro lado.

-¡Esto es lo último Abby! No lo puedo creer, ¿Cómo permitiste que esa mujer te golpeara? Es una abusiva.

-Denise, por favor no.

La rubia dice dándose la vuelta para dirigirse hasta la puerta de su apartamento. La verdad es que no estaba para sermones, a veces su vecina se portaba como una mamá.

-Abby, debes hablarlo con tu jefe. No puedes dejar eso así, ella es tu supervisora y se está aprovechando de eso. Es que deja que la tenga en frente, la voy a poner en su sitio a la muy perra.

-No Denise, es que no quiero perder mi empleo. Yo... no puedo hacerlo.

-¿Por ese hombre? Amiga, no lo vale... él ni siquiera te pela. Entiende que no te conviene.

Abby lo sabía... lo sabía de sobra. Él no le convenía, porque si al menos albergara algún tipo de sentimientos por ella quizás intentara querer tener algo. Pero solo tenía ojos para esa morena odiosa. Ella solo era un cero a la izquierda para Callan.

Capítulo 3 Bragas humedas

-Gracias por preocuparte por mi amiga, pero estaré bien. No creo que eso vuelva a pasar. Y sobre Callan, no puedo evitar que me siga gustando.

-¿De verdad te gusta tanto?

-¡Estoy tan enamorada como si fuera una adolescente! - La pelirroja suspira y niega - Ya debo entrar, tengo mucho trabajo pendiente.

-De acuerdo, nos estamos viendo amiga.

La rubia cierra la puerta de su casa y quien la recibe es su pequeño perro quien al escuchar la puerta salió corriendo hacia ella para restregar su cola por las piernas de su ama.

-Hola Chen, ¡qué lindo! Eres el único que me ama ¿no es así? - El pero solo ladra de la emoción por verla llegar.

Ella dejo sus cosas sobre la mesa para encaminarse hasta la cocina donde prepararía la comida para su pequeño amigo peludo.

Después de pasar una noche leyendo documentos y tomando café hasta que ya no pudo más, al fin había terminado todo el papeleo que la pesada de Susan le había dejado en su escritorio. La rubia tumbo su cuerpo exhausto en la cama. Solo quería dormir por días, ya no quería pensar más. Sobre todo quería olvidar por una noche a su atractivo jefe. Pero sabía que eso era imposible lo tenía metido bajo la piel.

Giro su cuerpo abrazando a su almohada, la chica dio un largo suspiro. Como deseaba a ese hombre se preguntó, ¿cómo sería hacer el amor con él? ¿Cómo sería Callan en la cama? ¿Qué le haría? Eran tantas escenas que se imaginaba. Y no estaba segura si algún día llegaría a cumplir sus fantasías.

Escucho los ladridos de Chen, el canino se subió a la cama acomodándose bajo sus pies. Ella lo pillo, y se dijo que así terminaría su vida. Cuidando de un perrito y sin un hombre en la cama. Con aquellos pensamientos prejuiciosos la rubia cerró los ojos, necesitaba dormir.

[...]

Por la mañana, Abby se arreglaba con tiempo de sobra. Ese día no llegaría tarde, por ende tenía tiempo para dedicarse a sí misma. Maquillo un poco su rostro, y puso un poco de brillo labial en sus labios. No estaba segura de sí funcionaria, pero al menos debía intentar llamar la atención de su jefe.

Al despertar esa mañana decidió que no debía dejar de la idiota de Susan la intimidara, ella también tenía derecho a sentir algo por Callan. Y quien sabe, quizás él la viera como algo más que el revolcón de una noche. Sonriente y empoderada Abby abandono su casa para dirigirse al trabajo. Con actitud positiva sabía que conseguiría lo que más deseaba en el mundo.

[...]

El timbre del último piso del edificio sonó, indicando que había llegado al área de trabajo Abby salió del ascensor encaminándose hasta su cubículo, pero antes de poder sentarse Susan la abordo plantando ambas manos en el diminuto escritorio.

-¿Hiciste todo lo que te deje anoche? - Pregunta con voz molesta.

-Sí, he hecho todo - Responde con fastidio.

-¿Las solicitudes también? - Dice tomando las carpetas sobre el escritorio de Abby.

-También.

-¡Muy bien! - Esta sonríe de medio lado con las carpetas en los brazos -Y no creas que porque te has puesto ese horrible maquillaje, mi adorable Callan volteara a verte. ¡Estúpida!

Abby mira a la morena alejarse contoneándose como una perra en celo. Esa tipa sabía cómo bajarle el ánimo a una mujer. Ella abofeteo esos pensamientos negativos de su cabeza, no podía permitir que las palabras de esa mujer la afectara... Libre del trabajo extra, ya solo le quedaba hacer su verdadero trabajo, la chica encendió el ordenador y antes de poder teclear alguna letra, una figura masculina se situó delante de ella. Lentamente Abby levanto la mirada para encontrarse con su sexy jefe.

Si el corazón pudiera emerger por la boca, desde hace mucho que el suyo estaría viviendo fuera de su cuerpo. Por los nervios que la abrumaban la rubia solo pudo sonreírle a Callan, quien pareció divertirle aquel gesto tan ridículo.

-¿Estas ocupada?

-Yo... yo, acabo de llegar - Pestañea como procesando lo que estaba pasando.

-Alguien me dijo que sabes algo de ordenadores, y resulta que yo tengo un problema con el mío.

-Yo... yo... no sé tanto, señor Meison - Tartamudea.

Y justo en ese momento cuando ella nota ese ceño fruncido, y es cuando esa voz en su interior le dice... ¿qué estás haciendo, estúpida?, claro que si sabes. Ayúdalo, perderás una oportunidad única de estar a solas con él.

-¡Oh! Pensé que sabias, Julia me ha contado que has acomodado su laptop - Le dice un poco decepcionado.

-No, si... - se pone en pie muy rápido -Sí, es cierto. Yo, yo sé - Sonríe como bobalicona.

-¡Perfecto! Entonces ven conmigo.

Callan da la vuelta encaminándose hasta su oficina. Seguido de la rubia quien se moría de los nervios. Solo esperaba que pudiera resolver el problema del ordenador. Mordiendo sus labios al punto de dolerles, Abby entro en la oficina de Callan. Se podría decir que era la segunda vez que lo hacía ya que cuando le dieron el trabajo su jefe le había dado una pequeña charla. Y desde entonces quedo prendada del apuesto empresario.

-Bueno, aquí esta. Ve que puedes hacer por ella.

Abby quedo en pie en medio de la oficina con las manos juntas. Las apretaba con gran fuerza, la verdad es que los nervios estaban haciendo mella en ella. Sabía que parecía idiota estando de pie sin moverse, y mucho menos sin decir una maldita palabra.

-¿Harás algo? - Este alza una ceja –Puedes tomar mi asiento, si gustas.

-¡Eh sí! Lo siento mucho, señor Meison.

Rápidamente se sienta en el sillón de cuero de Callan, quedando fascinada con la comodidad. La rubia aparto esos pensamientos que no venían al caso para enfocarse en lo que tenía que hacer. Comenzó a revisar el ordenador buscando el problema, requería resolverlo, si quería quedar bien con Callan era preciso que dejara la laptop como nueva.

Medio levanto la mirada de la pantalla, chocando con los potentes ojos de su seductor jefe. ¡Por dios! Sus bragas nadaban en un mar de sus propios fluidos. Sus mejillas ardían, y sospechaba que Callan la había pillado.

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