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Elejida por el Jeque

Elejida por el Jeque

Autor: : isabella16
Género: Urban romance
Amira Awad, joven de 17 años criada desde la niñez por sus abuelos, por ser la procedencia de una relación prohibida que llevó al destierro a su madre, criada en un mundo de tradiciones, deberá defender todo por lo que su madre ha luchado, enfrentándose a un mundo de tradiciones al que su abuelo la somete, comprometiéndola con un desconocido, quien resulta ser el hombre con el que tuvo una disputa la noche anterior, en la que se supone que ella debería estar en su habitación castigada. Dispuesta a ignorar la petición de su familia, ella intenta escapar de su compromiso, sin saber que ese hombre es el más poderoso del emirato, un Jeque que se deslumbró por su belleza y está dispuesto a todo por tenerla, sin saber que Amira no será tan fácil de dominar. En su mente y en su corazón crece un fuego indomable que la hace luchar contra todo en su mundo de secretos, en el que hará lo necesario para hacer valer sus derechos y sus deseos, una tarea que para muchas es imposible cuando está sometida a las leyes que insisten en reprimirte.

Capítulo 1 Capitulo 1. Encuentro

Capítulo 1.

Encuentro.

Agitada, corriendo por las calles, con el tiempo sobre ella y los minutos corriendo, va tarde y su desesperación se vuelve más evidente. ¿Si no llega? Si no llega, será una catástrofe, otro castigo, mucho más encierro. ¿A qué costo? Aunque está cansada, sabe las consecuencias de lo que significa ser descubierto, no solo para ella, para su madre, para su abuela. La ansiedad la ciega, la necesidad de llegar la limita a concentrarse solo en llegar, sin notar el camino o lo que hay a su alrededor. Al intentar pasar una vez más la calle, Amira no nota la caravana de autos que viene hacia ella, rápido, sin detenerse, solo un fuerte estruendo, el solo del rechinar de las ruedas al deslizarse por el asfalto, y la luz cegadora de los faros del auto la detiene.

El corazón de Amira se detiene unos segundos; se ve emboscada por el auto que se detiene frente a sus pies. Agita, asustada, ella, paralizada, se apoya del capó del auto y mira hacia el interior del vehículo. Ahí está él, un hombre de vestir elegante; en el asiento trasero del auto, la mira fijamente. Su expresión es de asombro, en shock. Sus miradas se encuentran ignorando al resto que los rodea, esa conexión, esa sensación eléctrica, el vaivén de su pecho se nivela con el de su corazón, impaciente, ansioso.

Él sale del auto y ella puede verlo con más claridad: hombre de 1,90 cm de alto, tez clara, ojos color café, labios horribles y atractivos, mirada profunda y nariz respingada, vestir elegante, guapo, puede notarlo pese al kufiya que cubre parte de su rostro. Acuerpado, hermoso, dios griego, de labios rojos naturales que la hechiza.

Ella, hermosa, de 1,85 cm de alto, tez clara, de ojos azules como el cielo, una belleza inigualable, de labios finos, mejillas rojas y nariz respingada, cubierta completamente con su Kabyle azul con negro que le da brillo a su rostro que lo hechiza.

Ella lo mira, asustada, notando a los hombres que se aproximan. María retrocede, los ve un poco agitada y corre, corre sin detenerse, sin notar que su turbante se ha caído; la fina tela vuela por el aire, siendo atrapada por Ahmed.

-Búsquenla, quiero saber quién es ella, lo quiero saber todo.

-Sí, señor.

La mirada de Ahmed se profundiza, mientras empuña el hiyab azul en su mano derecha.

*

Flashback, 18 años antes.

-Vamos, Amaya, tú puedes, puja, puja, Amaya.

-¡Aaah! Dachira, ayúdame, no puedo.

-Respira, niña Amaya, ya viene, solo un poco más, puja.

Amaya siente morir y solo se aferra al recuerdo de su amado, a quien lleva en su corazón.

-Felipee... -Ese gritó, y el llanto de un bebé se escucha en la habitación, causando conmoción.

-Eres una deshonra, UNA MUJER BAJA AL NOMBRAR A ESE HOMBRE EN ESTA CASA. -Aminal mira a su hija con la peor sensación de todas, asco; la niña de sus ojos se convirtió en la mujer más repudiada ante sus ojos.

En el emirato, una pequeña niña ha nacido, una hermosa bebé con los ojos azules como el mar, tan hermosa que a los ojos de su madre es toda una gema preciosa que brilla en medio de la noche. Para su madre, una gran bendición, pero para su familia, la evidencia de la deshonra; su familia con principios y costumbres muy estrictas se ve manchada con el nacimiento de una pequeña con la marca de la impureza y la traición, una maldición.

Amaya observa a su pequeña descansar en sus brazos, llenando su mundo de una nueva esperanza y orgullo al ser ante sus ojos el fruto de su amor.

-Tu nombre será Amira, porque eres mi princesa soberana; te bendigo con las estrellas y la luna de testigos, eres la muestra de un amor puro.

Las palabras de Amaya causan inquietud. Este nacimiento representa la muestra de un amor, pero también el pecado más grande del Corán. Amaya mantuvo relaciones con un hombre extranjero del cual se enamoró, un amor como ninguno; con tanta pasión se unieron sin ser aceptados por su padre al pertenecer a mundos diferentes. Amaya fue encerrada como castigo de su falta, siendo buscada por tanto tiempo sin éxito por aquel hombre que la amaba con locura, y quien es ajeno a su existencia y la del fruto de su amor.

Ante los principios de su padre, Amaya fue desterrada de su familia y de su casa después de dar a luz, ya que su presencia en ella representaba la deshora y el pecado; su padre no podría tener esa mancha bajo su mismo techo, así que llegó a un acuerdo con su hija: una vida por vida, arrebatándole a su pequeña de tan solo días de nacida.

Creyendo que su pequeña estaría mejor en casa, Amaya no tuvo más remedio que dejarla; Sin embargo, ella nunca dejó a su pequeña, siempre la veía a escondidas en las montañas. Desde que Amira cumplió 10 años, su madre la ha buscado, volviéndose una madre presente para ella, llevándola a escondidas a las montañas donde bailan al ritmo de la danza que la unió a su amado Felipe, madre e hija en un ritual de amor a la luz de las estrellas con la esperanza de que algún día puedan volver a estar juntas sin restricciones.

Aminal, su abuelo ha descubierto a Amira bailando la danza en su habitación con un atuendo que para sus ojos es vulgar, lo que ha implementado en Amira múltiples castigos, encerrándola, obligándola a leer el Corán 10 veces o más, dejándola sin comida, castigos que para Amira son insignificantes, ante la dicha que le da ver a su madre, encontrando siempre la manera de escapar de casa para poder ir a verla.

-Camina, eres igual a tu madre, una deshora para mi familia... -Aminal lleva a Amira aterrada arrastrada a la habitación del castigo.

-Abuelo, abuelo, por favor, no quiero entrar ahí.

-Pues eso deberías pensarlo antes de irrespetarme, jovencita. Aprenderás a comportarte, por Allah que lo harás, pagarás por los pecados de tu madre.

Fin del flashback.

*

Años después.

Amira, como todas las noches, trata de escapar enfrentándose a una noche fría como ninguna otra; su madre con ansias la espera noche a noche. Tras esperar por varias horas, Amira no logra llegar a la hora acordada. Mientras que Amira toma de la bandeja de comida un cuchillo para mantequilla, lo guarda y, cuando su abuela Dachira se lleva la bandeja, espera por más de dos horas hasta que nota que todos están dormidos.

Amira abre la puerta con gran agilidad, saliendo de su casa con su chaqueta y hiyab; va de prisa al encuentro con su madre. Cuando llega a las montañas, la ve sobre el suelo desmayada, la toma entre sus brazos y la reanima, logrando traerla de vuelta. Al verla, Amira se desploma.

-Huiré de casa madre, ya casi tengo 18 años y no pienso seguir en esa casa donde me considero una deshonra.

-Mi princesa Amira, no tengo un lugar estable a dónde llevarte. Sé que tu abuelo es muy correcto, demandante y te obliga a hacer cosas que no quieres, siempre comparándote con sus otras nietas, pero él nunca te dejará ir, te buscaría hasta en lo más profundo y lejano de los Emiratos. No podemos arriesgarnos a que nos encierren, no es el momento.

-No lo soporto más, madre, tú no hiciste nada malo, ¿Y ellos te juzgan por amar? -exclama frustrada, sintiendo un profundo dolor en cada palabra, como si amar fuera el pecado más grande sobre la tierra misma.

-Las leyes son duras, mi niña, está prohibido casarse con personas fuera del emirato, que no lleven nuestros principios y tradiciones; se respeta cualquier decisión tomada por el monarca, al menos que un alto mando lo apruebe y eso sería un milagro, hija, ningún jeque nos daría su aprobación conociendo las circunstancias de los hechos.

-Madre, ya no quiero verte sufrir; Además, no pienso casarme nunca. Mi abuelo está en busca de esposos para sus nietas, pero no pienso casarme con un hombre al que no amo, no lo haré y no pueden obligarme.

-En los matrimonios arreglados las cosas son diferentes, mi niña, las nuevas leyes te amparan. Ahora puedes conocer a tu prometido, socializar con él, con su familia, conocerse, enamorarse. Tú puedes, mi Amira, te vas a enamorar y cuando lo hagas, todo cambiará.

Amira camina en silencio. Amaya nota la mirada de su hija; Ella enfoca las estrellas, su brillo. Anoche pensé que lo vivido fue un sueño; Ese hombre no sale de su mente, su rostro, su mirada... El corazón tarde muy rápido de solo recordarlo.

-Conocí a alguien, mamá.

Amaya se levanta con una mezcla de asombro e incredulidad.

-¿Cómo? ¿De dónde es?

Amira sonrió levemente.

-Casi me atropella con su auto.

-¿Qué? ¿Estás bien?

-Lo estoy, mamá, iba corriendo sin mirar y no supe de dónde salió, solo apareció de la nada, pero por suerte logró detenerse a tiempo. Sus hombres de seguridad nos rodeaban, parecía alguien importante, su mirada de ojos color café me enfocó de tal manera que podía sentir como mi piel se erizaba, los latidos de mi corazón aumentando, hermoso, como un ángel, como un sueño. No pude quedarme, iba tarde a casa y temía ser descubierto, lo dejé atrás, mi hiyab cayó y estaba expuesta, no podía detenerme, sentí como sus hombres me seguían, tenía miedo de que me atraparan, pero él no sale de mis pensamientos, soñé con él, madre.

-No puede ser, Amira, qué peligro, cariño, debes tener más cuidado. Ese hombre puede ser un peligro, por favor, Amira, cuídate, cariño, debes volver.

-No, mamá, no quiero dejarte sola.

-Debes hacerlo, ya es muy tarde, temo por ti, cariño.

-Mamá, no puedo dejarte, temo por ti.

-No temas, cariño, yo estaré bien, esperando por ti. Por favor, mi niña, vuelve y nos veremos mañana.

Ambas se abrazan. Amaya, llena de preocupación, la enfoca, dándole un corto beso en la frente.

-Corre, Amira, regresa.

Capítulo 2 Capitulo 2. Castigó.

Capítulo 2.

Castigó.

En la colina de Emiratos, Ahmed siente una sensación de que nunca había sentido en su vida con ninguna otra mujer que haya conocido, haciéndole imposible concentración. No logra sacarla de su mente; esos ojos azules como el mar, una ráfaga de emociones cruza por su cuerpo que no le permite notar a su madre entrar al despacho. Jade llega llena de gran preocupación; su hijo no quiso cenar y quería hablar con él un tema que preocupa a la familia. Al entrar, lo ve con inseguridad mientras él observa por la ventana con la mano dentro de los bolsillos de su pantalón, distante, distraído, pensativo, lejos de la realidad a la que ella viene a atraerlo.

-Permiso. -Ella toca, pasando lentamente.- Ahmed, ¿qué te tiene tan distraído, hijo? ¿Por qué no fuiste a cenar?

Ahmed se voltea para verla saliendo de su trance.

-No es nada, madre. -Dice, acercándose a ella para saludarla, dejando un beso suave en su frente.

-Soy tu madre, ¿recuerdas? No creas poder engañarme, te conozco y sé que algo te pasa.

-No tienes de qué preocuparte -dice sentándome en su silla.

-Hijo, mañana viene la familia de Adaya; Solo espero que esta vez sí decidas casarte. Eres el jeque de esta familia y aún no unes lazos con las familias del emirato. Ya no eres tan joven, hijo, y debes saber que ya es tiempo.

-Entiendo, si ella es digna de llevar mi apellido, lo haré -responde indiferente.

-Tu padre está impaciente, tus otros hermanos ya tienen esposas y aún tú no estás casado. Necesitas un heredero a quien dejar tu lugar o tus otros hermanos lo harán por ti. No quiero ponerte tanta presión en tus hombros, pero al solo tenerte a ti he llevado la carga y la presión de tu padre. Él quiere nietos de tu parte; Ayúdame a liberar esta carga de mis hombros. -Dice su madre, sintiéndose culpable de solo haberlo tenido a él y tener que presionarlo tanto.

-Lo haré -responde sin más, Ahmed mirando la ciudad desde su balcón donde espera que sus hombres hayan encontrado a esa mujer que logró cautivarlo.

-Te amo, cariño. -Jade le da un beso a su hijo en la frente y se retira.

-Yo a ti, madre. Descansa.

Por ser el hombre más poderoso del emirato, la presión recae sobre sus hombros. La condición de herencia es clara: el descendiente mayor toma el poder, pero también con esa decisión vienen las responsabilidades, y formar una familia es una de ellas. Todos sus hermanos tienen esposas e hijos, pero él aún no se decide, y es que en el fondo cree en el destino y el amor verdadero, desea alguien que no solo tenga el título de esposa, quiere a alguien con quién entregarse, sintiéndose apoyado, pleno, no quiere a cualquiera, la quiere a ella, pues con solo una mirada caló tan adentro que no puede sacarla de su mente. La quiere a ella, cueste lo que cueste la encontrará y la hará su esposa. Concentrado revisando unos documentos, Ahmed recibe la visita de uno de sus hombres de seguridad, que llega un poco agitado sin tocar.

-Lo siento, señor, no quería molestarlo, pero la hemos encontrado.

-En contrastes? -pregunta levantándose de golpe.

-Tengo su información aquí, señor. -Dice el hombre enseñarle una carpeta.

-Acércate, déjame verla.

*

En el exterior del castillo.

Horas antes.

Amira corre huyendo de los hombres que la siguen, se mete por varias calles hasta llegar a su casa, se acomoda el hiyab en pasos silenciosos; está muy nerviosa, agitada, creyendo que despistó a los hombres que la seguían. Camina a su habitación y cuando abre la puerta, la voz de su abuelo la detiene en seco.

-Definitivamente, eres la deshonra de esta familia.

- Abuelo, puedo... -Aminal se levanta y le da una fuerte bofetada, dejando su mejilla roja.

-Desde que tu madre te dio a luz, te ha vuelto la marcha de la deshora. No quiero ni imaginar qué estás haciendo a estas horas fuera. Eres igual que tu madre, una malagradecida; te hemos acogido y dado techo. Debí echarte con la inmoral de tu madre. No puedo permitir que manches el nombre de mi familia como lo hizo tu madre. Buscaré un esposo para ti y, por tu bien, que no me decepciones porque te juro que, si estás manchada, te encierro en el sótano bajo llave, sin comida y sin agua, hasta que solo queden tus huesos.

-Abuelo, sigo siendo pura, no tenga dudas.

-Por Allah que así sea, Amira, por Allah que tu pureza esté intacta. Ve a leer el Corán 20 veces y, si no te queda grabado, lo repetirás. De aquí no vas a salir hasta que te encuentres un esposo.

-No me casaré.

- ¿Qué dijiste? Insolente. -Le levanta la mano y Amira la sostiene.

- Lo que escucho, no me casaré; si desea casarme, será bajo mis condiciones. Pégeme, gríteme, pero no haré nada que no quiera hacer.

-Insolente, DACHIRA, FÁTIMA... -los gritos de Aminal despiertan a todos.

Sus dos esposas aparecen y él las mira con mucho enojo.

-Aminal? ¿Qué desea, señor?

-Esta niña insolente, me está desafiando. Prepárenla, haré unas llamadas; ella será la primera de mis nietas en casarse.

-Sí, pero bajo mis reglas. -grita Amira mientras su abuela le hace una señal para que guarde silencio. -No bajaré la cabeza, abuela, lo siento, he leído sobre esto y también tengo derechos y los haré valer. Si me quiero casar, lo haré, siempre y cuando sea bajo mis condiciones.

-Alá, Alá, ¿qué pecado cometió, mi señor? Ayúdame a calmar la insolencia de mi nieta, hazla ver la luz, mi Señor. Yala, Yala, a la habitación de castigo, Yala.

Las dos mujeres la toman de los brazos y la llevan atrás. Amira es la burla de sus primas; todas las ven como si estuviera loca, y solo es por envidia, aunque a muchas les cueste aceptar. Ella es la más hermosa de todas; sus ojos color azul, como los de su padre, resaltan con la mezcla de la belleza de su madre, una inigualable y la única nieta con rasgos perfectos y definidos, la única con un color de ojos deslumbrante, como poco se ve en los Emiratos, una belleza misma que causa polémica y envidia ante muchas, ante su familia.

Encerrada una vez más, Amira lucha por intentar escapar, se niega a casarse con cualquiera, sabe que buscarán el peor candidato; solo quieren deshacerse de ella. Sus gritos, sus súplicas no son escuchados; Ahora se reprocha no haber escapado con su madre. Preferiría vivir bajo un puente o en las montañas, si eso le da la libertad que desea, lejos de la opresión que la encadena a la vista que no desea. Quiere la oportunidad de conocer el amor.

*

Amira lee el Corán como su abuelo le dijo; Está bajo la supervisión de su abuela, quien la vigila y la acompaña. El amanecer da su inicio y Amira toma un baño, se cambia y vuelve a sentarse al lado de su abuela, quien rara vez le habla. Siempre se mantiene distante, pero esta vez sabe dónde estaba su nieta y la intriga le gana.

- Amira, ¿cómo está ella? - La pregunta de su abuela causa impacto en Amira, pues su abuela nunca habla de su madre.

-Está bien, a pesar de que está sufriendo, no sé cómo lo pudiste permitir, abuela, es tu hija.

-Amira, tu madre cometió un pecado, un pecado ante los ojos de Allah.

-¿Amar es un pecado, abuela?

-No, cariño, amar no es un pecado, pero entregarse a un hombre sin casarse sí; Tú debes mantenerte pura hasta tu matrimonio. No puedes verte con hombres a solas sin la compañía de tu familia; Las reglas del Corán son exactas y debes seguirlas.

-Es mi madre, jamás justificaré su destierro.

-No debes hablar de ella, no lo hagas frente a tu abuelo y mucho menos delante de tu prometido; Esto te podría costar tu matrimonio.

-No me importaría si con eso no me caso.

-Huyes tanto del matrimonio, Amira, estar casada no es como lo piensas. No te dejes llevar por la ira y date la oportunidad de experimentar algo nuevo, algo muy bonito. Siguiendo las leyes del Corán encontrarás un buen esposo, que sigue las tradiciones de nuestro Corán.

Amira la enfocó con seriedad.

-Abuela, ¿estás feliz?

La mujer se sorprende por su pregunta, a la que sin duda le tiene respuesta.

-Por supuesto, cariño.

-Aunque Abba tiene otra esposa? -Dachira se queda en silencio, dándole la respuesta que Amira ya sabía.

-Sí, ella... -Ambas son interrumpidas por Zoraida, una de las nietas de Aminal.

-Mamá Dachira, en la sala hay varios hombres muy elegantes y Aba se encerró con un hombre en el estudio; ahora salen y de inmediato piden su presencia inmediata en la sala.

-Por Allah, ¿qué estará pasando?

Capítulo 3 Capitulo 3. Seleccion.

Capítulo 3.

Seleccion.

Dachira se coloca su Hiyab y su abaya y sale dejando a Amira en gran agonía, sus pasos son firmes y directos hacia su esposo aunque él corazón insista en salirse de su pecho.

Aminal por su parte la espera, diferente, con un buen ánimo y amplia sonrisa en su rostro. Pero no está solo; junto a él, un hombre elegante que viene en representación del mismísimo jeque de los Emiratos, lo que es para Aminal un honor: tener la dicha de hablar con la mano derecha del hombre más importante de Arabia es la dicha más grande de todas, lo que significa que su racha de mala suerte ha terminado. El hombre está aquí para anunciar que el jeque desea unir sus lazos con su familia y tomar a su primera esposa. Está tan emocionado que permite que él elija a su prometida entre todas sus hijas y nietas; por eso ha llamado a Dachira.

- ¿Señor? -Dice Dachira con la cabeza gacha en forma de respeto.

-Dachira, avisa a las niñas que se preparan, tenemos una visita y quiero que todos lo reciban.

- ¿Cómo ordenare? -Aminal, al verla partir, recuerda algo y de inmediato se alarma.

- Disculpe.- Le dice al hombre, caminando hacia su esposa.- Espera mujer, espera.

Dachira se tiene.

- ¿Sucede algo?

- Sí, avisa a todas mis hija y nietas, menos a Amira, a ella no.

- El señor dijo todas, pensé que...- La interrumpe.

-Haz lo que te digo, Yala, Yala...

Dachira se entristece, su corazón duele al pensar en su nieta en el sótano. Los rumores en la casa se esparcen rápidamente.

- Es un enviado del castillo, el príncipe quiere elegir esposa.

- Allah escucho mis súplicas, me casare con un príncipe, un príncipe Safiro.

- Suuuh...- Dice una de las chicas.

- Eso solo pasará si no la ven a ella...- Todas miran hacia la puerta al final del pasillo.

La tensión que sienten muchas que sienten inquietud y envidia de Amira se tensa; una de las chicas mira a su madre y está sonriendo ampliamente.

- Cálmense, niña, silencio, escucha a Aba decirle a Dachira que solo sus nietas verdaderas y sus hijas, esa revoltosa no estará en la selección, así que no perderán tiempo y arréglense, Yala, Yala...- Fátima mira a su hija con una sonrisa, para asegurar que su hija Zoraida quede seleccionada, trae para ella los mejores atuendos, la ayuda a maquillarse y arreglarse, entre las hijas y nietas, ella es la segunda Más hermosa, así que tienen confianza.

*

Mientras que todas se arreglan emocionadas, Dachira mira con disgusto a la segunda esposa de su esposo, sabiendo que esto es lo que ella quería, que dejaran de lado a Amira para que su hija tuviera más oportunidades, por ello Aminal a tomada la decisión de dejar a Amira por fuera, para ella buscará a alguien menos importante, su carácter y el pasado de su madre lo perjudicaría si llegaran a descubrir el pasado de su nieta respondona delante del emisario, no pasará de nuevo por está vergüenza, por eso se asegura de ello, entregándole la llave a Zoraida, quien baja a la habitación del castigo para encerrar a Amira quien ve por la ventana los autos de lujos con nerviosismo, notando el Clik de la puerta, ella se levanta y camina notando que le han pasado seguro a la puerta, la toca y empuja sin éxito.

- ¿Abuela? Aba... -Llama una vez y espera.

- Ahí te quedas, son órdenes de tu abuelo, si gritas será peor para ti.

La voz de la segunda esposa de su abuelo la hace sentir una pequeña presión en su pecho, sabe que no es de su agrado y duda sobre la situación que está pasando afuera.

*

Al estar todo listos se empiezan a mover por la casa con alegría, reuniéndose en la sala 8 chicas formadas para lo que sería su elección, sin embargo, nadie espera que el mismo jeque haga su aparición en la sala, en cuanto le dan aviso de que las damas están listas, el hombre baja del auto entrando a la casa, lo que alarma a todos ante su presencia.

- Señor. -Dicen todos al unísono, haciendo una reverencia.

- Buenos días, señor Awad, agradezco que aceptará mis condiciones ante esta petición, no amigo que mis intensiones son legítimas y decididas.

- Mi señor, no dudo de su formalidad, me honra que haya venido personalmente, mis nietas e hijas presentes a disposición de usted.- Señala con su mano izquierda apartándose.

Ahmed se mueve elegante, sutil, deslumbrando a las damas presentes; él fija su mirada en cada una de ellas, las observa con determinación, notando que no está la mujer a quien busca. Con eso en la mente, cuenta a las chicas y, según el informe que su hombre de seguridad le entregó, en la familia hay 9 mujeres sin compromiso alguno; aquí solo hay 8 y eso lo hace voltearse en dirección de Aminal, quien ve su clara confusión, como si lo que ve no le gustara, siendo la mayor parte de sus nietas.

-Pensé que el informe que había redactado decía que había 9 damas sin compromiso; aquí solo veo 8. -Su extraña observación deja claramente saber que no está conforme y eso pone nervioso a Aminal.

-Sí, así es, solo que mi nieta menor está indispuesta, ella... -Se mantiene en silencio tras la mirada de Ahmed, quien lo mira muy serio con el ceño fruncido. -Tiene razón, es mi culpa, señor; permítame un momento. Dachira.- Al decir ese nombre, todas voltean a ver a Dachira.

- ¿Señor? - Dice la mujer con alegría ante el giro que ha dado la situación.

-Traela. - Ordena y en la sala una conmoción se siente ante la amenaza que las damas sienten por Amira.

Conmoción que Ahmed nota, lo que lo llena de más curiosidad. Dachira inclina la cabeza ante los hombres presentes y se mueve despacio hacia Zoraida quien llena de impotencia e indignación, le entrega las llaves de mala gana. Dachira las recibe retirándose de la sala hacia el pasillo, para luego correr a la habitación de Amira quien se asusta al verla entrar a la habitación de prisa.

- Vamos, mi niña, levántate, tu abuelo acaba de pedir tu presencia en la sala, por Allah, mis oraciones fueron escuchadas, gracias a ti mi carga será saldada, si ese hombre te elige ante tus tías y primas me librarías del castigo que pesa en mis hombros.

La mujer está tan feliz que se lo hace saber sacando todo del armario en su búsqueda de un hermoso atuendo.

-No saldré abuela.

La palabra de Amira la hace voltear de golpe.

- Por Allah niña, si lo harás, el hombre que está allá fuera no es un juego, si lo ofendes toda la familia pagará el precio.- Amira no se levanta. - Por Allah, Amira, no hagas esto, vamos, vístete, vístete, no sabes cuánto ore por este día, te lo pido, solo sal, si no te elige volverás a tu habitación, por favor Amira por nosotras.

Amira lo piensa por unos segundos, su corazón late rápidamente y la mira, su abuela le entiende el Hiyab. Amira suspira y toma su abaya y se lo coloca, sale caminado al lado de su abuela quién al llegar a la sala le pide que baje la cabeza en señal de reverencia, al hacerlo camina uniéndose a sus primas y tías quien muere de enojo al verla.

- Mi nieta Amira, señor.- dice Aminal con preocupación sabiendo el carácter de Amira.

Al verla Amed siente una fuerte atracción, una sensación como ninguna mientras camina a su encuentro, en ese momento todos se quedan en silencio, en shock, Ahmeb se para frente a Amira quien nota sus finos zapatos cerca de ella y su corazón tarde muy rápido.

- Mírame.- Ordena Ahmed.

Su voz gruesa e imponente le erizan la piel, ella levanta su rostro lentamente, enfocando su mirada, frente a frente, esa mirada, una vez más, silencio total, sus miradas se unen como ante anoche, sus ojos brillan penetrándose en él, sus corazones latiendo con frenesí, su conexión esa electricidad que los domina, les altera el pulso, incluso pasan saliva al mismo tiempo. Ahmed la enfoca serio, sus ojos fijos en los de ella, la a encontrada y por suerte nones casada, no hay nada que les impida unirse, por un instante pensó que sí ella estuviera casada o comprometida no iba a tener más que elegir a alguien más, pero ahora que la tiene de frente no deja de pensar en qué ha sido la voluntad de Allah este encuentro y que ella esté disponible, así que sin más exponen aquellas palabras que deja a todos sin aliento.

-El elijo a ella.

Ahmed se voltea con tranquilidad enfocándose en Aminal con determinación.

- La elijo a ella.- Repite.

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