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Ella arrasa con estilo tras deshacerse del canalla

Ella arrasa con estilo tras deshacerse del canalla

Autor: : Rabbit
Género: Urban romance
La última vez que Stefan Palmer abandonó a Verena Oliver por su "mejor amiga", ella supo que era el momento de poner fin a su relación. No podía aceptar ser ignorada y traicionada una y otra vez. Así que cambió de trabajo y se mudó a una nueva ciudad. Allí, inició una nueva etapa profesional de su vida, conociendo también a un nuevo amor. Sin embargo, después de que Verena se fue, Stefan comenzó a arrepentirse. Finalmente comprendió que ella era la única mujer que siempre había amado. Así que decidió seguirla hasta la ciudad donde ella vivía, buscando una oportunidad para acercarse y reconciliarse con ella. Pero para entonces, Verena ya estaba devastada por él y había dejado de amarlo. Stefan, triste, se marchó, y tiempo después, incluso murió al intentar salvar a la hija de esta. Antes de que muriera, ella le dijo: "Nunca me he arrepentido de haberte amado, ni de haberte dejado. Ya no te odio". Solo después de esto, él cerró los ojos en paz.

Capítulo 1

Stefan Palmer una vez le regaló a Verena Oliver un frasco de vidrio y le dijo: "Cada vez que me hagas feliz, pondré un frijol rojo dentro. Cuando el frasco esté lleno, me casaré contigo".

Pero cuando Stefan volvió a dejarla sola por otra mujer, Verena se desilusionó por completo.

Vertió todos los frijoles rojos y preparó un buen guiso con ellos.

Aunque después de comérselos fue hospitalizada durante tres días debido a una gastroenteritis aguda, se dio cuenta de algo importante. Así como no se debe guardar la comida en mal estado, uno tampoco debe aferrarse a un amor que ya no funciona.

Sabía que era el momento de terminar su relación con Stefan.

...

Verena estaba en el salón de llegadas del aeropuerto. Incluso antes de salir, podía sentir el viento helado colándose por las rendijas de la puerta.

Una semana antes, cuando se fue de viaje de negocios, la temperatura aún estaba en los veinte grados.

Pero ese día, cuando regresó, toda la ciudad estaba cubierta de nieve.

Antes de abordar el avión, Verena había llamado a Stefan y le había dicho su hora de llegada. Le pidió que le llevara ropa gruesa al aeropuerto.

El hombre le había prometido: "Llegaré a tiempo. No dejaré que mi amorcito se resfríe".

El eco de su promesa aún resonaba en sus oídos, pero en aquel momento, mientras todos los demás pasajeros del mismo vuelo ya se habían dispersado, él no aparecía por ningún lado.

Lo llamó, pero no estaba disponible. Le envió mensajes por WhatsApp, pero no obtuvo respuesta alguna.

A medida que avanzaba la noche, el aeropuerto se iba vaciando. Sin querer darse por vencida, Verena sacó su teléfono una vez más y encontró el nombre de Stefan en la lista de contactos.

La misma voz femenina mecánica respondió: "El número marcado no está disponible en este momento. Por favor, intente más tarde...".

No era la primera vez que pasaba algo así y la razón siempre era la misma.

Aunque se resistía a creerlo, Verena buscó en sus contactos un nombre que conocía demasiado bien: Noreen Patel.

Esa persona, no era otra que la "complicación" inevitable que siempre rondaba su relación con Stefan.

Al otro lado de la línea, respondieron la llamada casi de inmediato y se escuchó la voz deliberadamente suave de Noreen. "Estás buscando a Stefan, ¿verdad? Él ciertamente está aquí conmigo. Hace tanto frío, nuestro calentador se rompió de repente y me estaba congelando. Stefan estaba preocupado por mí e insistió en hacerme compañía".

Verena respiró hondo e intentó calmarse. "Déjame hablar con Stefan", dijo.

Pronto se escuchó la voz del hombre. "Estoy en casa de Noreen. El calentador tiene una pieza rota, y es una reparación difícil. Me temo que no podré ir a recogerte. Tendrás que tomar un taxi tú misma".

Verena replicó enojada: "¿Ese no es el trabajo de los técnicos? Tú no sabes arreglar calentadores, ¿qué estás haciendo allí?".

Stefan respondió con convicción: "El técnico es un hombre. No me siento cómodo dejando a Noreen a solas con otro hombre. Es demasiado arriesgado".

"Solo llevo una falda". La voz de Verena era áspera, como un chirrido de metal sobre una superficie seca.

"Aguanta un poco", dijo Stefan con indiferencia. "Solo son unos cientos de metros desde la salida hasta la parada de taxis. No tendrás frío después de subir al taxi".

De fondo, se podía escuchar débilmente la voz de Noreen: "Mejor ve a recoger a tu novia. No puedo estarte molestando con todo".

Stefan la consoló suavemente, diciendo: "No me digas eso. Si algo llegara a pasarte, me sentiría culpable para siempre".

Verena cerró los ojos, y los recuerdos olvidados, como un cuchillo afilado, volvieron a clavarse en su corazón.

En su cumpleaños, Stefan le había prometido acompañarla a una cena a la luz de las velas.

Pero tan pronto como fue servido el primer aperitivo, Noreen lo llamó. Le dijo que estaba atrapada en su baño porque la cerradura de la puerta estaba rota.

Él tomó su abrigo y se fue de inmediato, dejando a Verena viendo cómo los platos meticulosamente preparados se enfriaban.

El invierno pasado, Noreen tenía un vuelo temprano, y Stefan estaba preocupado de que fuera difícil conseguir un taxi a esa hora, así que se levantó a las tres de la mañana.

Cuando su novia le preguntó a dónde iba, ni siquiera tuvo tiempo de responder antes de salir por la puerta.

Ella permaneció despierta hasta el amanecer, sintiendo un vacío por dentro.

Esa puerta cerrada parecía haber dejado fuera el último rastro de calidez entre ella y Stefan.

Ese pasado Día de Año Nuevo, Stefan había prometido acompañar a Verena de regreso a su ciudad natal. Pero en el camino, recibió una llamada de Noreen. Le dijo que se había cortado la mano mientras picaba verduras.

Stefan dejó a Verena varada en una parada en la carretera y se apresuró a regresar.

Esta se quedó bajo el viento frío y vio cómo el carro de Stefan desaparecía. Se sintió como una niña que había sido abandonada.

Una y otra vez, Noreen encontraba alguna excusa trivial, y Stefan siempre dejaba a su novia para ir tras ella.

Verena había peleado, gritado y lamentado, pero Stefan siempre decía: "Noreen tuvo un pasado difícil. Sufrió violencia doméstica cuando estaba con su exmarido. Como su amigo, tengo que ayudarla si está a mi alcance".

Stefan parecía ajeno al hecho de que una cerradura rota podía ser reparada por jefe del condominio, un vuelo temprano podía arreglarse pidiéndole un taxi, y un dedo cortado podía vendarse o tratarse con una llamada a los servicios de emergencia.

Pero Noreen siempre recurría a Stefan, y él siempre la abandonaba para ir a buscar a esa mujer.

Verena no era ingenua. Entendía claramente que Noreen estaba usando esos asuntos triviales para insinuar su poder.

Esta le estaba recordando a Verena que siempre estaría bajo sus pies.

Verena respiró hondo y reprimió la amargura y la ira en su corazón.

Arrastró su maleta y salió del salón de llegadas.

Las puertas de vidrio se deslizaron y abrieron, mientras el viento frío, cargado de copos de nieve, la golpeó, haciéndola temblar.

Los copos de nieve caían sobre ella y se derretían en gotas frías al instante.

El viento hacía que sus dientes castañetearan. Cada paso que daba se sentía como si estuviera caminando sobre el hielo quebrado.

Sin embargo, Verena sentía que su corazón estaba aún más frío de lo que podía sentir físicamente.

Cuando finalmente consiguió un taxi, el conductor notó que su atuendo era inadecuado y le dijo sorprendido: "Hoy hace tanto frío. ¿Por qué no le pidió a un familiar o amigo que le trajera algo de ropa?".

Verena simplemente sonrió y giró su rostro hacia la ventana.

La nieve caía más intensamente, desdibujando las luces de neón de la ciudad y los restos de esperanza en su corazón.

Capítulo 2

Cuando Verena regresó a su apartamento alquilado, ya eran las once de la noche.

Ella había usado su celular para encender la calefacción de antemano, así que al entrar en la habitación la envolvió el ambiente acogedor. Suspiró con comodidad.

No podía evitar maravillarse de lo confiable que era la tecnología moderna en comparación con su novio.

La calefacción podía hacerla sentir calidez, pero Stefan, al cual había amado durante más de cinco años, la había dejado esperando en el frío cuando más lo necesitaba.

Verena se sentó en el sofá y miró fijamente el frasco de vidrio en la mesa de centro durante un buen rato.

Stefan se lo había dado en su segundo año juntos.

Él había dicho en ese entonces: "Cada vez que me hagas feliz, pondré un frijol aquí. Cuando esté lleno, me casaré contigo".

En aquel tiempo, Verena sostenía el frasco riendo alegremente.

Para poder llenarlo rápidamente, solía meter frijoles dentro cuando Stefan no se daba cuenta.

Cuando él lo descubría, solo sonreía y le revolvía el cabello, sin nunca revelar su secreto.

Ella pensaba que era una aprobación tácita, indulgencia y amor profundo.

Pero ya se daba cuenta de que solo se estaba engañando a sí misma.

Si Stefan realmente la amara, ¿por qué la dejaría atrás en repetidas ocasiones, obligándola a soportar innumerables momentos de soledad y a lidiar sola con la amargura en su corazón?

De repente, Verena se levantó y tomó el frasco.

Abrió la tapa y vertió todos los frijoles de una vez.

El sonido de estos al caer, resonó claramente en la silenciosa sala de estar.

Los frijoles rojos se esparcieron sobre la mesa de centro, como un corazón rompiéndose en pedazos.

Uno, dos, tres... Verena contaba los frijoles mientras recordaba su pasado con Stefan.

Cada frijol representaba un momento querido de dulzura o agravios, expectativa o desilusión, surgiendo como mareas en su mente.

Recordaba los primeros días de su relación, cuando Stefan tenía presente su ciclo menstrual y preparaba remedios para calmar su malestar.

Él le entregaba leche caliente y bocadillos nocturnos en silencio cuando trabajaba horas extras.

Torpemente le vendaba las heridas cuando se lastimaba por accidente, y sus ojos se enrojecían por la preocupación.

Pero, ¿cuándo cambió todo? ¿Fue cuando apareció Noreen?

Cuando contó los frijoles por tercera vez, Verena tomó una decisión. Fue a la cocina y puso a hervir agua.

A medida que el agua se calentaba gradualmente, colocó de uno en uno los frijoles rojos que alguna vez fueron símbolos de amor y esperanza en la olla.

Estos eran difíciles de cocinar y requerían una cocción a fuego lento.

Se sentó en un pequeño taburete en la cocina y observó los frijoles bailar en el agua. Se transformaron de duros a blandos, de rojo brillante a rojo oscuro, igual que su amor, que había consumido su energía, pasando del fervor a la decadencia.

Para cuando los frijoles estuvieron completamente cocidos, ya había amanecido.

Verena sirvió un poco de guiso de frijoles en un plato. El espeso caldo humeante se deslizó suavemente por su garganta, llenándola de una calidez incómoda.

Se lo tomó lentamente. Parecía estar tragándose los cinco años de amor, agravios y descontento junto con aquel guiso.

Después de terminar de comer, ella se sintió agotada, fue al dormitorio y se acostó a dormir.

Sin embargo, no había dormido mucho antes de que un dolor agudo en el estómago la despertara.

Era un dolor sumamente intenso. Luego vomitó y tuvo diarrea, dejándola demasiado débil como para levantarse.

Hizo un esfuerzo enorme y se arrastró hasta el hospital. El médico vio su rostro pálido y frunció el ceño, diciendo: "Esto es gastroenteritis aguda. ¿Comiste algo en mal estado?".

Verena respondió: "Hice un guiso con frijoles que han estado almacenados por años. ¿Está en mal estado?".

El médico dijo en un tono serio: "Eso no es aconsejable. Aunque los frijoles pueden almacenarse, no se recomienda consumir frijoles viejos".

Ella se sentía terrible, pero su mente estaba inusualmente clara.

A través de ese incidente, entendió una razón.

Los alimentos echados a perder no deben comerse, y las relaciones insalubres deben terminarse.

Se dio cuenta de que era hora de terminar su relación con Stefan.

Capítulo 3

El día siguiente a la hospitalización de Verena, Stefan la llamó: "¿Dónde te has metido? Compré tu pastel favorito, pero no te vi cuando llegué a tu casa".

Ella respondió con indiferencia: "Estoy enferma y en el hospital".

Después de preguntar por la dirección, Stefan se apresuró a ir.

Llegó con un recipiente térmico, luciendo tan amable como siempre. "Compré esta sopa especialmente para ti. Es buena para el estómago".

Ella miró la sopa que Stefan le ofrecía y le pareció ridículo.

Era como una pequeña consolación tras una gran decepción, como tratar de domesticar a un animal salvaje.

Durante tantos años, la había alimentado con falsas promesas que habían hecho que ella se perdiera y perdonara su negligencia y traición una y otra vez.

Stefan siempre la hería y luego usaba un poco de amabilidad insignificante para compensarlo. Así que siempre tenía ilusiones hasta que volvía a salir herida.

No quería continuar así.

Verena levantó la cabeza y se encontró con la mirada de del hombre frente a ella.

Su voz era suave pero inusualmente firme. "Stefan, rompamos".

La mano de Stefan se congeló en el aire y frunció el ceño con incredulidad. "¿Por qué? ¿Solo porque no fui a recogerte al aeropuerto ayer?".

En realidad, Verena tenía muchas cosas que quería compartir con él. Quería contarle lo desesperada que se sintió cuando temblaba en el aeropuerto, lo sola que estuvo cuando la dejó el día de su cumpleaños, y lo desamparada que se encontró cuando él la abandonó en una estación de servicio durante las fiestas navideñas.

Pero había expresado sus quejas innumerables veces, solo para encontrarse con discusiones interminables.

Por última vez, quería mantener algo de dignidad y evitar otra pelea.

Así que asintió y dijo con calma: "Así es. Es porque no me recogiste en el aeropuerto".

La expresión de Stefan se volvió sombría. "Verena, ¿cómo puedes ser tan desconsiderada? Tenía cosas importantes que hacer. No me negué deliberadamente a recogerte. Olvídalo. Ahora estás molesta y no quiero discutir contigo. Ven a verme cuando lo hayas pensado bien".

Tras una pausa, Stefan agregó: "Espero que no te tardes mucho".

Dicho esto, se dio la vuelta y se marchó.

Verena gritó: "Lo digo en serio".

Pero el hombre no miró atrás y salió directamente de la habitación del hospital.

Poco después de que él se fuera, el jefe de Verena, James Norris, la llamó. "Verena, escuché que estás en el hospital. ¿Es grave? No te preocupes por el trabajo. Ahora concéntrate en recuperarte".

Ella respondió: "Gracias por su preocupación, señor Norris. El médico dice que es una infección estomacal, y solo necesitaré unos días con suero".

Luego preguntó tentativamente: "Señor Norris, ¿todavía puedo solicitar el trabajo en el extranjero que mencionó antes?".

James, al otro lado de la línea sonaba claramente sorprendido. "¿Por qué cambiaste de decisión? Recuerdo que dijiste la última vez que había alguien a quien querías aquí y por eso no querías irte".

Verena respondió suavemente: "Había alguien a quien no podía dejar, pero ahora la situación ha cambiado".

El hombre percibió su tristeza y también la determinación en su voz, así que le dijo: "Es genial que hayas llegado a esta decisión. El puesto es un nivel superior al que tienes ahora, y el salario es el doble de lo que ganas ahora. Es una oportunidad que muchos empleados pelearían por conseguir. Te ayudaré a comenzar el proceso de inmediato. Prepárate para que te vayas en un mes".

Verena dijo sinceramente: "Gracias, señor Norris".

Después de colgar, ella sintió una claridad mental.

Comenzar una nueva vida no fue tan difícil como había imaginado.

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