Josef iba a abrir su casillero cuando vio que en la puerta de éste un sobre rosado pegado, bastante dudoso lo arrancó y vio qué decía "para: Josef Sandoval".
Rápidamente lo abrió y leyó:
"Querido Josef.
Hace tiempo que he querido decirte esto, pero no tenía las fuerzas suficientes para poder sacar las palabras correctas que te hagan saber lo que estoy sintiendo ahora mismo. Tal vez tú no me conoces, tal vez no sabes de lo que estoy hablando.
Todas las mañanas te veo de lejos con ganas de querer correr y hablarte, pero soy muy tímida y nunca encuentro el valor para hacerlo. Aunque, puedo asegurarte que en este instituto no hay otra niña que te conozca mejor que yo.
Te conozco desde que tengo cinco años, sé que tus padres compraron una casa a dos cuadras del instituto para que, cuando entraras a estudiar se te hiciera fácil ir a clases. Tu mejor amigo Tomás vive al lado de tu casa y todas las noches van a sus clases de natación. Tu color favorito es el morado, tienes una hermana de cinco años llamada Sofía a quien amas y proteges mucho.
Si me pusiera a escribir todo de ti, nunca terminaría, ya que siempre reparo hasta lo más mínimo de ti. Puedo asegurar que en estos momentos tienes que estar revolviendo tu cabello -eso era lo que hacía Josef en ese instante, se sorprendió tanto que volvió a leer aquellas últimas palabras y abrió su boca de la impresión- verás, todo esto solo lo hago por una simple razón, yo... estoy enamorada de ti.
Siempre he soñado con hablar contigo en las meriendas y poder ser una gran amiga tuya, no aspiro a algo como amor porque sé que nunca te enamorarías de mí. Pero si estas palabras causaron algo en ti, no importa si es lástima... ¿podrías cumplir mi único deseo? Siempre he querido hablar contigo en persona.
Att: Keidys Gonzales Pardo. "
A Josef le había encantado aquella carta; empezó a creer que esas palabras llenas de tanta ternura solo pudo haberlas escrito una bella niña dulce. Por lo mismo, mientras caminaba a su casa, no paraba de leerla una y otra vez.
Esa noche fantaseó con lo que haría al día siguiente, la buscaría y le pediría que fuera su novia, seguramente sus amigos se morirían de la envidia al contarle sobre ella.
Al despertarse se arregló bien y se bañó en perfume. Bajó al comedor y sus padres se sorprendieron al verlo tan coqueto.
-¿Y eso? -preguntó su mamá, Tatiana.
-Cuando regrese a casa les contaré -se sentó a la mesa y su madre le sirvió unos huevos revueltos con unas tostadas.
Al salir, le mostró a su amigo Tomás la carta que le habían escrito. Así poco a poco sus amigos se sumaron y se impresionaron de aquellas palabras.
Todo iba muy bien en su día, se sentía enamorado de aquella niña ¡y eso que no la conocía en persona!, pero ya podía verse junto a ella: no dejaba de fantasear con su hermosura.
Toda esa mañana estuvo impaciente porque llegara el primer descanso, y cuando así lo hizo, reunió a todos sus amigos en la cafetería para ponerse en la misión de buscar a aquella niña; lo bueno es que le dejó el nombre con sus apellidos completos.
En el momento en el que Josef les decía a sus amigos por dónde debían empezar a buscar, una niña se acercó.
-Dis-disculpen... -dijo en un hilo de voz.
Todos rodaron a mirarla y vieron a una niña gorda, de cabello corto (que no le lucía para nada bien), tenía su rodilla derecha vendada y una bendita en su frente. Sus dientes estaban separados y algo amarillos; los dedos de sus manos jugaban entre sí.
Todos arrugaron sus rostros al ver lo fea que era.
-Josef... Este... Yo... Yo soy quien te escribió la carta -confesó ella cabizbaja.
Hubo un momento de silencio y sus amigos lo miraron fijamente, muy escépticos.
Josef estaba impactado, "pero qué fea..." pensó.
En ese momento sus amigos soltaron las carcajadas.
-¡Qué fea! -gritaban y la señalaban con sus dedos.
Keidys empezó a asustarse por las burlas de todos y sus lágrimas comenzaron a salir de sus ojos.
Josef solo estaba inmóvil, no dejaba de repararla, además, las burlas de sus amigos lo enfadaron. Se sentía humillado: él era sumamente bello; popular hasta en los profesores; tenía las mejores notas; las niñas siempre se enamoraban de él y sus padres le compraban lo que estuviera a la moda entre los niños de su edad. No le parecía justo que estuviera en esa situación, tenía que detenerla en ese mismo instante.
-¿Quién te crees que eres? -Preguntó repentinamente y ella se asustó por el tono que utilizó-. ¡¿Crees que yo sería novio de algo tan feo como tú?! -Le gritó-, ¡vete, no quiero verte!
Todos los amigos de Josef no dejaban de burlarse. Keidys no podía creer que la estuvieran humillando de esa manera: todo su cuerpo empezó a temblar, su corazón latía con mucha fuerza y además, estaba llorando a chorros.
Los demás niños que estaban en los pasillos empezaron a ver lo que sucedía y poco a poco se iban concentrando alrededor de ella.
Keidys al ya no soportar lo que estaba sucediendo salió corriendo de allí, se dirigió a la entrada del colegio mientras limpiaba sus lágrimas con sus manos. En ese momento empezó a llover y ella se empapó el uniforme con la fuerte lluvia.
-¡Yo no soy tan fea, no soy tan fea, yo puedo ser muy bonita, sé que puedo ser muy bonita...! -se repetía una y otra vez mientras corría por la larga calle.
Seis años después:
Keidys tenía diecisiete años de edad, estudiaba fuera del país en un reconocido colegio de élite, tenía ya varios años viviendo con sus tíos, que eran dueños de una reconocida revista vendida a nivel mundial, además, su madre había creado una marca de ropa que se volvió muy famosa y la chica se convirtió en la imagen de la revista: varias veces modeló en las pasarelas de esta marca.
Esos últimos años la buena fortuna tocó a la puerta de la familia Gonzales.
La joven era muy famosa por su hermosura: alta, delgada y con tallas perfectas; cualquier hombre querría tenerla como novia.
Aunque, también la conocían por ser la adolescente modelo con más años de soltera, los medios de transmisión no podían ganar dinero con ella por aquellos escándalos de amores y esas cosas.
Pero, la verdad era que la joven no tenía novio por algo que nunca se le había olvidado: Josef. Aquel niño que se había burlado de ella cuando pequeña: quería hacerle la vida cuadritos, humillarlo, romperle el corazón.
Solo había esperado todo ese tiempo para poder volver a aquel colegio y ver su rostro de impresión al decirle que ella era aquella niña. Humillarlo frente a todo su grupo. De seguro se había vuelto más arrogante que antes; claro, como ahora el desarrollo tuvo que haberlo puesto más guapo que antes, aunque no era el único.
Keidys se había terminado de bañar, estaba frente al espejo y miraba su nuevo uniforme.
-Este es mi gran día -soltó una sonrisa torcida y puso sus manos en su cintura. Debía asistir a su primer día de clases en aquel colegio donde una vez le había dado la carta a Josef.
Sus padres al enterarse que ella volvía al país soltaron un gran grito, habían gastado una fortuna en su antiguo colegio, era costoso y reconocido, querían que se graduara allí, y ella ahora salía con esas cosas. Sin embargo, aceptaron, ya que les hacía falta tenerla en casa y, además, por más que ellos dijeran que no, Keidys seguiría su plan de volver a su país natal, por más que se lo impidieran; era demasiado obstinada.
Keidys miró de cerca el colegio al bajarse del auto. Había un gran grupo de estudiantes esperando a las afueras del colegio. Ella caminó con paso seguro para entrar al instituto, vio que los estudiantes por las ventanas del colegio miraban y gritaban de la alegría. Keidys había ganado gran fama, y eso le gustaba, porque ya no era aquella niña tímida que alguna vez le lastimaron el corazón: ahora podía mirar a los ojos a Josef y pisotearlo, para eso había vuelto.
Keidys entró al colegio y los profesores ayudaban a que los estudiantes no se acercaran a ella.
Después, ingresó a la oficina del director y vio que lo habían cambiado: ahora era un hombre calvo y bastante amargado.
El director miró a la joven de pies a cabeza.
-Buenos días, señor -saludó ella con una sonrisa bastante forzada; ese hombre no inspiraba buena vibra.
-Semejante revuelo has armado -refunfuñó.
Keidys se sorprendió al escuchar el vozarrón del hombre, sintió que su espina dorsal se erizó por completo.
-Bueno... Me tocará llevarte a tu salón de clases, de seguro todos esperan para verte.
-Sí, señor -dijo ella tragando en seco.
"Este hombre da miedo" pensó Keidys.
Salieron de la oficina y los estudiantes al ver a aquel hombre con aura negra, corrieron dejando el pasillo sin un alma. Keidys ya podía imaginar la reputación que debía tener el director Moreño (ese era su apellido).
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Tomás, (el mejor amigo de Josef), estaba con su amigo Mateo esperando en la puerta del salón a que entrara la modelo que se había transferido al colegio.
-Este es mi gran sueño -decía Tomás en susurro.
-Oye... -dijo una joven cruzada de brazos detrás de él.
-¿Qué quieres, Alejandra? -preguntó Tomás bastante aburrido.
-Vayan a sentarse -pidió.
-Claro que no, quiero estar cerca de ella -Tomás mordió su labio inferior.
-La vas a ver todos los días.
-Ya... Ve a sentarte -soltó Tomás con bastante fastidio.
Alejandra lo tomó de una oreja y le dio un jalón.
-¡Ah...! -gritó Tomás y cayó al suelo-, ¿por qué siempre me molestas? Mateo también está mirando, ¿por qué nunca le dices nada a él y a mí sí?
Alejandra se ruborizó por completo.
-¡Mierda! -gritó Mateo-, ahí viene Oscoreño... -corrió a sentarse. Los dos jóvenes también lo hicieron así.
En ese momento entró Keidys con el director.
-Buenos días, jóvenes -saludó el hombre.
-Buenos días -contestaron todos.
-Bueno... -comenzó a anuncia el director-. Ya todos saben que a la institución se transfirió la señorita Keidys, -los pequeños gritos en el salón fueron evidentes-, ¡pero! -gritó el director: todos hicieron silencio- desde ahora deben verla como una estudiante normal ¡y! No quiero más revuelo de fans en el colegio, ¿entendido?
-¡Sí, señor! -respondieron, se notaba que le temían.
-Por favor, preséntese -pidió el director.
Keidys mostró una sonrisa y después empezó, poniendo su espalda rígida y escondiendo barriga; aunque no tenía nada de grasa en el abdomen: el uniforme que quedaba perfecto.
-Buenos días a todos, como ustedes saben, mi nombre es Keidys Gonzales y seré su nueva compañera de clases.
En ese momento llegó el profesor y el director salió del salón de clases, mientras que el hombre ahora encargado del aula saludó a Keidys bastante emocionado y le pidió que se sentara.
Ella vio que había un puesto libre a mitad del salón, estaba al lado de un chico de lentes (debía ser el nerd de la clase). Éste no se veía interesado en Keidys, aunque a ella no le importó, pero le mostró una sonrisa amable para que no se formara un momento incómodo.
Los estudiantes no dejaban de mirar a la joven, las chicas estaban impresionadas de ver cuán perfecto le quedaba el uniforme. Ella cruzó las piernas y los brazos mientras el profesor explicaba algo sobre la clase.
Mientras, la mente de Keidys estaba analizando la situación: debía empezar su plan, seguramente en ese salón de clases estaría Josef. Por lo mismo empezó a buscar con la mirada a candidatos perfectos que se parecieran a Josef.
Pero el profesor le hizo las cosas más fáciles: empezó a llamar a lista.
"Seguramente dice los nombres, claro, ¿por qué mi inteligente cerebro no me lo dijo antes?" pensaba la joven.
-¡Aragón Alejandra! -empezó a llamar el profesor.
-¡Presente! -contestó una chica. Traía lentes, su cabello era negro liso y le llegaba hasta los hombros, también tenía la piel trigueña con rasgos un poco indígenas. Parecía ser la chica aplicada del salón, pero era bastante agraciada, solo le faltaba algo de arreglo.
"Es una buena aliada para darme la información que necesito" pensaba Keidys, le hacía un tipo de scanner a la chica con sus ojos.
Después del profesor llamar a varios estudiantes, así como a ella también, un nombre hizo tambalear la mente de Keidys.
-¡Robles Tomás!
-Presente -contestó el joven.
Keidys sintió que su corazón se estremeció: era el mejor amigo de Josef ¡estaban estudiando juntos!
Trató de calmarse y mantener la compostura.
Aquel chico la había molestado mucho después de su declaración de amor, los días fueron horribles para ella por culpa de aquel joven. "Él me quitó el poco orgullo que tenía en ese tiempo, siempre que me veía me gritaba gordita llorona y otras cosas horribles, también lo haré pagar por lo que me hizo" pensaba Keidys.
-¡Salazar Mateo!
-¡Presente! -contestó el joven.
Keidys miró al muchacho y le pareció bastante guapo: era blanco, su cabello castaño oscuro, los ojos marrones oscuros y se veía muy amigable.
Mateo vio que la joven tenía su mirada puesta en él y se ruborizó por completo. Keidys le mostró una sonrisa por este acto, sin duda le agradó al instante; debía haber ingresado en el tiempo en el que ella no estuvo.
-¡Sandoval Josef! -llamó el profesor.
El tiempo para Keidys se detuvo en ese instante. Todo se había ordenado para que se vieran después de varios años, él estaba ahí, en ese mismo salón, lo iba a ver después de tanto tiempo. ¿Cómo estaría? ¿Ya sabía que era ella? Keidys no lo podía creer, estaban en el mismo salón.
La verdad es que nunca pensó estudiar junto a Josef (o sea, imaginaba que tal vez pasaría, pero verdaderamente, nunca lo creyó a ciencia cierta), no sabía cómo soportar la tensión de verlo a cada instante, tenía tanto odio por él que no sabía cómo controlarse en ese momento.
Cerró los ojos, después los abrió para ver cuál de todos los jóvenes allí presentes contestaría al llamado del profesor.
-¡Presente! -contestó Josef.
Pero lo más sorprendente fue lo que vio Keidys, Josef era...
Keidys volvió su mirada al joven que estaba a su lado: era quien había contestado, ¡aquel nerd era Josef!
La chica arrugó su rostro y no dejaba de repararlo. El joven, bastante neutral, no le importó que ella lo mirara.
-¿Josef? -preguntó Keidys al muchacho.
-¿Sí? -inquirió él mientras cerraba sus ojos y se cruzaba de brazos. Recostaba su espalda al espaldar de la silla.
-¿No me recuerdas?
-Sí, claro que te recuerdo -respondió Josef bastante tranquilo.
Keidys sintió que su corazón empezó a latir con fuerza y apretó su mandíbula.
Aquel feo nerd seguía siendo arrogante, lo empezaba a odiar cada vez más.
-Eres la hermana de Santiago, ¿no?
-Sí, es mi hermano mayor -respondió Keidys, trataba de calmar su enojo, ¡¿cómo rayos conocía a su hermano?!
-Así que entonces eres aquella niña, no estaba equivocado -soltó de la nada el chico y miró fijamente a Keidys.
-¿De qué hablas?
-La niña que me entregó la carta -contestó.
Keidys sintió que las palabras de Josef fueron un golpe bajo, ¿lo decía así, como si nada? Apretó sus dientes con fuerza y detuvo su respiración por un momento.
-Sí, soy ella -afirmó con firmeza, Keidys.
-Conocí a tu hermano cuando te fuiste del país, te estaba buscando para pedirte una disculpa, pero fue muy tarde -explicó Josef con un tono bastante suave, tanto que empalagó a la muchacha.
Aquellas palabras retumbaron en la mente de la joven, ¿pedirle disculpas?
Cuando la conversación empezaba a volverse cada vez mejor, la clase comenzó y era imposible seguir hablando, a menos que quisieran un regaño de parte del profesor.
Después, al terminar la clase, todos se amontonaron en donde estaba Keidys para invitarla a fiestas y un montón de cosas más. Ella por dentro saltaba de alegría, había comenzado su plan y hasta el momento todo iba bien.
Los papeles se habían invertido: ella era la popular, y él, el feo nerd.
El problema era que todos trataban a Josef como si nada hubiese cambiado: lo elogiaban por ser muy inteligente, el amigo de todos, y el presidente de la clase. Con su actitud amable, cariñosa y muy comprensiva, se ganó a los demás estudiantes, era algo así como la moneda de oro en el instituto. Decían que él al graduarse viajaría al extranjero para convertirse en un gran doctor y por eso estaba tan concentrado en sus estudios, quería ganarse una beca.
A Keidys le sorprendía verlo retirado leyendo libros y acomodando sus lentes negros. Por un momento le pareció chistoso que aquel niño popular que siempre se vestía bien y que todas las niñas volteaban a verlo, se convirtiera en el traga libros del salón.
-¿Esto es un chiste? -le preguntó Keidys a Josef cuando sonó la campana para el primer descanso.
Vio que Josef había abierto un libro que tenía unos garabatos que ella obviamente no entendía.
-¿Cuál chiste? -preguntó Josef.
Después de unos segundos entendió que Keidys hablaba sobre su libro de medicina.
-Cuando yo te conocí eras el joven más popular y guapo. Se notaba que serías un imbécil completo, no un rasga libros -soltó una carcajada.
-¿Hay algo de malo en que yo lea? Me parece más absurdo e ignorante que te burles porque quiera dejar a un lado mi ignorancia. Veo que solo eres un rostro bonito -Josef se levantó de su puesto y salió del salón.
Keidys cortó su carcajada burlona por completo. Su cuerpo se erizó y sintió como su garganta se había secado.
-¿Quién rayos se cree para insultarme? -se preguntó.
Bruta, la había llamado bruta.
Salió del salón de clases y vio que un grupo de chicos la estaban esperando. Entre ellos estaba Mateo.
-Vamos a comprar algunas cosas, si quieres puedes ir con nosotros -convidó Mateo con una gran sonrisa.
Alejandra, un tanto fastidiada, se alejó de los jóvenes y en ese momento Keidys se dio cuenta que no le agradaba a aquella chica.
-Claro, voy con ustedes -aceptó y salieron del salón.
Tomás no dejaba de mirar encantado a la joven, al igual que Mateo, era un tanto incómodo, no se imaginaba el tener que estar todo el año soportando el que las personas la mirasen de esa manera.
Al llegar a la cafetería, se formó a su alrededor un gran tumulto de estudiantes que empezaron a gritar como locos.
Keidys no sabía qué hacer, solo sonreía mientras muchos jóvenes se tomaban foto a su lado.
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-Estar con ella es imposible, todos esos estudiantes la arrebataron de nuestro lado; mi amor nunca será correspondido -decía Mateo sentado en un escalón mientras veía la lluvia caer.
Estaba con su grupo de amigos en un pasillo, era llenado por una tenue luz que dejaba ver aquel pequeño parque bastante gris frente a ellos, allí la lluvia se escuchaba suave y con un fluir delicado.
-¿Y eso qué? -preguntó Alejandra, sentada a su lado.
-Yo estoy enamorado de ella, pero no soy correspondido -respondió Mateo, mirando la lluvia caer.
-Es una famosa, era de esperarse que todos quisieran estar con ella -explicó Tomás, sentándose al lado de Alejandra.
Ella volteó a verlo y le frunció el ceño.
-Lárgate.
-¿Por qué voy a largarme? -Dijo Tomás en un tono seco-. Vete tú, de hecho, no sé qué haces aquí.
-Es mi primo, debo estar con él, quien no debe estar aquí eres tú: vete a buscar a Josef para ser su sirviente, como lo haces siempre -replicó Alejandra
-¡¿De dónde sacas toda esa mierda?! Siempre sales con algo nuevo, Alejandra, estás loca. En serio, busca un psicólogo -Tomás soltó una gran carcajada un tanto sarcástica que enfadó a la joven.
Alejandra se levantó de su puesto y se posó frente a él con las manos en la cintura.
Tomás, junto con Mateo, la observaron confundidos en silencio.
-¿Qué haces? -inquirió Mateo, esperando alguna respuesta de la chica, pero esta nunca llegó.
De la nada, Alejandra salió corriendo en dirección al parque, aunque, al parecer se le había olvidado que había escalones por allí y para su desgracia terminó con el rostro dentro de un gran charco lleno de lodo que había al inicio del parque.
-Qué feo... -soltó Tomás mientras contemplaba aquella escena desde el escalón que había en el pasillo.
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Keidys se estaba escondiendo de un grupo de fans que no la dejaban ni siquiera ir al baño: necesitaba uno urgente, aunque se había perdido en el camino.
-Este edificio no estaba antes aquí -dijo para sí mientras veía por el balcón del tercer piso. Era bastante tranquilo y muy pocos estudiantes se veían cerca.
La lluvia se escuchaba caer en las hojas de los árboles de mango y hacía que la chica se llenara de tranquilidad, "tengo bastante tiempo que no estoy en un espacio tan tranquilo" pensó. Aunque su vejiga pidiendo urgente un baño hacía que su tranquilidad se fuera "¿dónde hay un baño?" pensó.
Siguió caminando por el pasillo, vio que la puerta de un salón estaba abierta, entró y su mirada recorrió el lugar que era iluminado por una luz blanca artificial y un gran ventilador giraba lentamente, era un espacio vacío con piso de madera.
En una esquina estaba Josef sentado en el piso, leyendo un libro bastante gordo con una cubierta marrón de cuero.
-¿Qué haces aquí? -preguntó Keidys, recostándose a una pared blanca en el interior del salón.
-Lo mismo te pregunto -Josef cerró su libro y acomodó sus lentes, subiendo la mirada a ella.
-Apareces en todos los lugares a los que voy. ¿Acaso me estás siguiendo? -soltó Keidys. Después se arrepintió de haberlo dicho: ya imaginaba cual sería la respuesta del muchacho.
-¿Por qué te seguiría? Si quisiera verte solo tendría que esperar a que comiencen las clases, te sientas a mi lado. Además, eres tú quien vino a interrumpirme -se levantó del piso y se acercó a Keidys con su personalidad que lo hacía ver imponente frente a ella-. No te agrado en lo absoluto, ya me di cuenta de eso, ¿pero, por qué aun así me hablas?
Keidys lo observó fijamente: él no era un nerd, solo le gustaba estudiar, pudo ver que seguía siendo serio y bastante seguro de lo que quería. No había cambiado en lo absoluto y tampoco lo hizo en la forma de tratarla.
En ese momento un gran dolor se clavó en el pecho de la joven, a Josef no le importaba cuan linda Keidys estaba, su forma de tratarla era seca, se notaba que le fastidiaba el tenerla a su lado.
-Yo tampoco te agrado, parece que ya es mutuo -dijo Keidys.
-No estoy diciendo que me desagrades, no te conozco aun; -explicó Josef- por eso no puedo sacar una conclusión con respecto a tu personalidad. Pero si sigues molestándome, habrás logrado que tenga una imagen bastante terrible de ti.
-La imagen que tengas de mí no me importa en lo absoluto, Josef. Solo eres otro estudiante más sin importancia alguna para mí -Keidys desplegó una sonrisa retorcida y salió del salón de clases.
Caminó rápidamente por el pasillo, casi corriendo: su vejiga quería explotar.
"¡Necesito un baño urgente!" pensó.
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-...Y entonces yo caí a ese charco y Tomás se burló de mí, siempre que estoy frente a él, yo, yo, yo... termino así, ¡eso me enoja tanto! -Decía Alejandra mientras daba vueltas por todo el cuarto de Josef.
El joven solo lo que hacía era ver a su vieja amiga llorar mientras se desahogaba. Ella limpió su nariz con un pañuelo.
-Después mi primo me ayudó y Tomás no hizo nada, no sé cómo puede un tipo así ser mejor amigo tuyo, en serio, es horrible.
-Pero así te gusta -soltó Josef de la nada y Alejandra sintió que su espina dorsal se erizó por completo. Después soltó nuevamente el llanto y se tiró de espalda en la cama.
-Eso es lo peor -esbozó-, pero yo a él no, su tipo de mujer es una de cuerpo perfecto: así, como Keidys; ella sí que tiene el cuerpo perfecto. La odio.
-Pero tú tienes mejor personalidad que ella -dijo Josef con tristeza y recogió sus piernas, abrazándolas con sus brazos mientras los dedos de sus pies sentían el calor de las sábanas azules.
-¿Por qué dices eso? -preguntó Alejandra.
A la mente de Josef llegó el recuerdo doloroso de la última conversación con Keidys. Nunca creyó que ella llegara a ser tan mala persona. Dejó reposar su barbilla en la manga larga de su abrigo que cubría sus brazos.
-¿No lo has notado? Keidys es bastante engreída y un tanto molesta -explicó Josef.
-Es cierto, te toca compartir puesto con ella, ¿te ha molestado? -dijo Alejandra gateando hasta donde estaba sentado Josef en la cama.
-Digamos que no me ha molestado, solo conversamos un par de veces y no fueron las mejores conversaciones que he tenido -explicó Josef.
No quería contarle a su amiga sobre temas tan delicados como el de Keidys. Menos explicarle el por qué ella era así con él.
-Vaya, así que entonces a esa tipa sí se le ha subido la fama a la cabeza, es una engreída total -criticó Alejandra.
Josef se arrepintió de haberle dicho aquellas cosas a Alejandra, no quería que tuviera una idea equivocada sobre ella. Al final, Keidys era la chica que le gustaba desde que era un niño y solo tenía rabia por la primera impresión que tuvo de la joven ese día.
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Keidys estaba en el patio de su casa haciendo cardio en una elíptica que se encontraba en el enorme patio de su casa, a unos metros de la piscina. Su hermano supuestamente leía un libro en una mesa blanca de vidrio circular que se encontraba en un quiosco de madera cerca de las máquinas, aunque, en realidad miraba a su hermana hacer sus ejercicios.
-¿Cómo te fue en el colegio? -preguntó Santiago (su hermano).
-Bien, aunque un poco molesto el que todos me miraran -dijo ella, terminando sus ejercicios y caminando a donde estaba su hermano.
- ¿Viste a Josef?
-Sí, el muy desgraciado está en mi clase. ¿Por qué no me dijiste que eran amigos? -se cruzó de brazos.
-Porque reaccionarías como lo estás haciendo ahora mismo -respondió sonriente.
-Sabes que él me hizo mucho daño, Santiago; por su culpa me he vuelto en lo que soy ahora -Keidys puso sus manos en sus caderas y trataba de calmar su respiración.
-Eso fue hace años Keidys, y pues ese cambio te ha ayudado mucho, -alegó Santiago- ahora tienes un cuerpo perfecto, eres famosa, tienes toda una carrera de modelo por delante, además, gracias a eso nuestra familia ha salido adelante, ¿qué tiene de malo?, Josef no es una mala persona.
-¡Mentira! -protestó Keidys con el rostro rojísimo de la furia-. Por su culpa yo he sufrido mucho: no quiero que vuelva a poner un pie en esta casa ¿entiendes? No lo voy a permitir.