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Embarazada del perverso CEO

Embarazada del perverso CEO

Autor: : Nelsy Díaz
Género: Adulto Joven
Isabella, luego de su divorcio se enfoca solo en buscar un trabajo para no perder la cabeza. Aunque en una fiesta decide dejar que su deseo por un desconocido la descontrole, quiere olvidarla y que eso solo quede en su memoria. Pero eso queda claro que no sucederá cuando reconoce la voz del hombre en ¡su jefe! Para terminar de complicar la tensión entre los dos se entera que producto de esa noche está embarazada. Una equivocación que los llevará a estar juntos al enterarse Aiden de ese bebé. No lo dejará a la deriva por mucho que eso le traiga complicaciones a su vida. Con un hijo de por medio y una atracción que surge para convertirse en una necesidad de estar siempre juntos. Una casualidad única que ambos aprovecharan para confesar sus secretos más íntimos.

Capítulo 1 1

Isabella

Divorcio, palabra que en verdad lástima más de lo esperado. Creí que no me derrumbaría, pero el tener el bolígrafo en la mano a punto de firmar me reiteró que no era tan fuerte como imaginé.

Si tan solo hubiera estado más al pendiente de él nada de esto hubiera ocurrido.

Ese y muchos más pensamientos me torturaban.

Desde nuestra boda hasta ese instante solo fueron tres años. Un inicio lleno de amor que se desmoronó, al menos de su parte porque aún no asimilaba que accedí a divorciarme como lo sugirió.

El nudo en la garganta no me permitió pensar, menos cuando tan solo podía ver su impaciencia porque firmara.

__ Isa...

Tragué grueso deslizando la punta del bolígrafo en el papel, soltandolo con rapidez como si fuera una brasa eterna que dejó una quemadura dolorosa en mi mano. Me eché para atrás, aclaré mi voz y volví a verlo esperando que al menos se viera un poco mal, sin poder creer que su rostro apacible indicaba paz con esa situación.

__ El proceso está finalizado. - nos dijo el hombre frente a los dos. La incomodidad también la sentí cuando me miraron con lástima.

Todos notaron que no quería hacerlo, pues en mi mente aún existía la posibilidad de recuperar lo que quise fuera nuestro hogar.

__ Dustin ¿Podemos hablar? - pedí en un hilo. No quería que me viera llorar, pero necesitaba que la pregunta fuera respondida.

Él asintió con un poco de renuencia en su gesto ya conocido, más no quise indagar más sobre ello.

Al llegar a su auto, se detuvo un segundo mirando el llavero que le regalé en nuestro primer aniversario, sacó sus llaves y me las devolvió.

__ No tiene caso conservar nada de este desastre. - dijo. Con la mano temblando lo agarré y lo miré antes de dejarlo caer. No iba a conservar algo que marcó una etapa en mi vida si a quien se lo obsequié no le importó.

__ ¿Porqué ella? - pregunté con la voz rota. Suspiró con pesadez. Pellizcó su nariz y luego se burló de mi consulta.

__ ¿Ahora? ¿Es en serio, Isabella? Te ofrecí responder las preguntas hace unos meses y me evitaste. - me hizo recordar. - ¿Porque ahora? ¿Por qué no antes?

__ Porque aún no asimilo que no te duela el acabar con la promesa que nos hicimos. - recalqué. Limpié el rabillo del ojo y levanté la mirada. - Creía que el "en las buenas y malas" se iba a cumplir. Pero veo que no vale nada para tí.

__ No hagas eso. - pidió con desaire. - No me vengas a manipular con lágrimas que nada arreglan. Nunca lo hicieron y es lo único que diste en meses. Tu estrés me estresa más. Tu falta de utilidad en la cama. Ni para darme un hijo fuiste suficiente. - aquello golpeó más duro - No me apoyas en gastos. No fuiste ni siquiera capaz de hacerlo económicamente.

__ Te sostuve por un año entero en lo que conseguiste trabajo. Lo dejé por tí. - reclamé ya furiosa. - Dejé mi vida por tí y con unos meses haciendo lo que yo por años me cambias por alguien más. ¿Pero tenía que ser ella, Dustin? Mi mejor amiga.

Miré detrás suyo. Malya estaba ahí, sin acercarse. Aún no podía creer que quien decía ser mi amiga, fue parte de la destrucción de mi matrimonio.

__ No voy hablar de eso contigo. - me cortó de golpe. - Es un asunto privado y contigo ya no tengo más de eso.

Suspiré soltando el aire que me ahogaba. Dolía el solo pensar.

No tenía fuerza, pero aún así conservé la poca estabilidad que tenía en mis manos y me limpié las mejillas dejándolo atrás. El corazón me bombeaba con más rapidez de lo normal. Estaba furiosa. Con todos.

En su mayoría el rencor era conmigo misma. Seguí todos los consejos de mi madre para ser una buena ama de casa y no fue suficiente.

__ Isabella. - detuve mis pies. Malya me detuvo - Suerte.

No podía creer lo que escuchaba. Mi ex amiga yéndose de la mano de mi ex esposo. Tres años de matrimonio. Sus te amo no significaron nada para él en comparación conmigo. Los te quiero de Malya eran falsos, porque no se daña a quien se quiere. Luego de tanto compartido, solo recibía un "suerte" de su parte.

¿Qué tan desdichada podría ser? Estaba sola, eso era lo único que sabía y no podía cambiar.

Llegué a casa con el mismo agujero quemando en mi estómago, me hice un ovillo en la cama y lloré. Lloré con gritos, con ese molesto resquemor en la parte superior de mi garganta hasta quedarme dormida. Solo era un número más en las estadísticas. Un cuarenta o cincuenta por ciento de los matrimonios terminaron en divorcios, ahora lo entendía más porque era parte de ese número.

Recibí la mañana con mi cabeza palpitando de dolor. Un par de aspirinas y pude al fin ponerme de pie para bajar por el periódico en la puerta de la casa.

__ ¡Buenos días, señora Isabella! - saludó Billy, mi vecino en su bicicleta. Haciendo círculos para perder el tiempo de sus vacaciones. Levanté la mano y respondí de esa manera a su saludo.

Cerré la puerta para evitar que el chiquillo hijo de mi vecina llegara a preguntar sobre los videojuegos que me negaba a vender. No estaba de humor para negarme una vez más a ello, quizá esta vez lo haría y me olvidaría el porqué de conservarlos.

Me di ánimos viendo la televisión para perder el tiempo. Un martes por la mañana debería haber sido un poco más movido. Tal vez, lavar la ropa, preparar desayuno, cuidar de la ropa de trabajo de mi esposo, regar plantas o pensar en enviarle el almuerzo a su oficina. Salir con mi amiga para hablar de cosas cotidianas. Sin embargo, nada de eso era necesario ya.

No tenía nada de eso. No tenía un esposo. No tuve nunca una amiga. No me tenía a mí tampoco.

Soy fuerte, me recordé para no echarme a llorar de nuevo. Me daba lastima al mirarme al espejo. Mi aspecto no era el de una joven, ni me esmeraba en verme de mi edad. Perdí mi esencia tratando de conservar el de mi matrimonio.

__ No más. - me dije. No tenía a nadie que me diera palabras de aliento y en lugar de darme tristeza, me aterró.

Debía buscar un trabajo. Con los ahorros que tenía sólo sobreviviría unos meses ¿Y luego qué?

No iba a caer. Necesitaba una distracción que me diera dinero para no darles más motivos para burlarse de mí a aquellos que lo hicieron por tanto tiempo.

Saqué hojas del periódico. Desplacé las que buscaba y marqué con un marcador trabajos que quizá, con suerte, podría ser considerada apta.

Llamé a unos cuantos. Los aspirantes eran tantos que las posibilidades eran por decirlo así, nulas.

Tomé un sorbo de agua y seguí. Las respuestas eran que fuera en la mañana para mi entrevista y eso me animó un poco más. No podía quedarme sin hacer nada, la televisión no me distrajo más, y tomé el periódico una vez más leyendo entre la sección de empleos.

Enfermeras personales, agente de ventas, edecanes, tantas cosas y a ninguna de ellas podía llamar.

Respiré masajeando mi sien leyendo una que sonaba interesante.

Vacante de asistente legal.

Buena presentación. Horario flexible. Entre veinticinco y treinta y cinco años. Bilingüe y conocimiento sobre lo básico en el ámbito legal.

Contaba con muchos de los requisitos. No perdía nada con llamar y preguntar.

__ Si puede venir ahora mismo, demostraría la flexibilidad de horarios. - me dijo la chica que me contestó. - Le aconsejo que lo haga. No hay mucha competencia.

Debería haber preguntado más, pero solo corrí escaleras arriba con el tiempo corriendo en contra para ponerme presentable. Elegí un vestido gris tipo ejecutivo que se amoldaba a mi cuerpo como una fina tela cubriendo otra, usé accesorios a juego y subí al taxi que había pedido anteriormente.

En poco más de quince minutos con poco tráfico llegué al edificio donde rápidamente llegué al ascensor. Las puertas estaban por cerrarse en el momento que corrí pidiendo al hombre que también iba subiendo que lo detuviera.

Al último segundo lo hizo, siendo mi mala suerte el tropezar sin caer ya que unos brazos me sostuvieron para no tocar el suelo. Me fijé en el rostro frente al mío. Me miraba como si le molestara realizar un favor, frío era lo que sentía al ver esos ojos celestes mirarme sin un ápice de emoción. Su altura me hacía ver pequeña a su lado y con solo pasar saliva podía ver su manzana de Adán moverse al ritmo de mi corazón.

Una neblina nos cubrió y por algún motivo me negaba a abandonar ese lugar tan helado y solitario.

Capítulo 2 2

Isabella

__ Lo lamento. Mi zapato se atoró en...

Me soltó de golpe. Las puertas del elevador se abrieron y me dejó atrás sin pensarlo en un desplante que dejaba ver lo poco que le importaba escuchar mis disculpas.

No sabía quien era, pero ya lo odiaba. Podía ser un tema ejecutivo, lo cual se le notaba a leguas, solo que su educación dejaba mucho que desear.

Arreglé mi vestido que se había subido un poco y caminé hasta donde me dijeron en la recepción que debía ir. Una chica embarazada de cabello azabache y piel morena me recibió con una sonrisa cálida. Justo lo que mi corazón agrietado me pedía y no podía darle.

__ Solo hay tres aspirantes. - me dijo con voz profesional. Leyó mi currículum mientras estudiaba mi imagen. - No muchos quieren un trabajo lleno de presión y quienes lo hacen es más por obligación que por saber hacerlo.

No podía ser hipócrita y responder a eso cuando era mi caso.

__ Las tareas son básicas. Organizar su agenda. Ir por sus trajes a la tintorería. Traer sus almuerzos cuando no haya agendado ninguno. Estudiar el avance de sus casos en el momento que lo crea pertinente. No retirarte hasta que lo ordene. - explicó como si se tratase de lo más simple, oyéndose tal cual un esclavo con paga.

__ ¿Y porqué será que nadie quiere el trabajo? - irónica respondí. Solo sonrío de nuevo emparejando los papeles que tenía a la mano. Tomó una pequeña nota y escribió algo en esta antes de entregarla.

__ El salario. - enarqué una ceja buscando la forma de pasar en la noche para descansar un poco e ir a entrevistas en la mañana.

Mis ojos se agrandaron cuando leí el número mentalmente. Eso no podía ser real, o al menos no como creía.

__ ¿Al año? - consulté llena de dudas.

__ Al mes. - aclaró incorporándose cuando una puerta se abrió. - Si quieres el trabajo será mejor que lo digas... Por favor, hazlo. Debo buscar mi reemplazo antes de mi licencia por maternidad que inicia en dos días y ninguno me convence. Eres la mejor calificada de los tres.

Cuando estaba por dar una respuesta, una carpeta me voló el pelo al zumbar a mi lado, luego unos pasos apresurados y un teléfono sonando.

__ ¡Estoy saliendo para allá! - casi era un grito, solo que no rabioso si no angustiado. La mujer frente a mí ni se inmutó como si ya estuviera acostumbrada a ese tipo de salidas. En cuestión de segundos el teléfono en el escritorio sonó y ella lo llevó a su oreja recibiendo órdenes del hombre que acababa de salir y no pude ver por su apresurada salida.

Tardó un poco y luego regresó.

__ Un inconveniente con su familia. Si tomas el puesto, serán muchas salidas como esas y lo único que se debe hacer es seguir sus instrucciones cuando llame. - aseguró consciente que estaba considerando aceptar.

¿Que podía perder que ya no lo hubiera hecho? No tenía nada más que hacer. Esas entrevistas no aseguraban que obtendría un trabajo menos complicado y quizá, cuando estos me rechazaran, ese ya estaría ocupado. La paga también representaba una buena ayuda y mantendría mi mente ocupada. Eso era lo que quería.

__ Acepto. - juraría haber visto un alivio en su rostro cuando esa palabra salió de mi boca. Extendió su mano y volví a tomarla para sellar mi decisión.

__ Firmaremos tu contrato y por favor, léelo..- sugirió. - Incluso las letras pequeñas.

__ ¿Tan malo es? - pregunté temerosa.

__ Oh no. Es solo que así te acostumbras a ver cada palabra en tu trabajo. Eso lo verás mucho y a ningún jefe le gustará que se cometan errores. - manifestó tranquila. - Permíteme unos cuantos minutos.

El tiempo que se tomó para redactar dicho contrato lo usé para ver mi teléfono. Pese a no tener nada fuera de lo normal en el aparato, debería haber sido mi método de distracción porque lo encontré interesante hasta que por accidente me metí a la galería.

Muchas fotos de Dustin y yo en salidas hace meses. Cuando quería tener recuerdos de ambos para hacer un álbum, él ya tenía a alguien más. La única que consideraba era feliz fui yo, y aún así... No estoy preparada para soltar, me dije y apagué el móvil que guardé con las lágrimas nublando mis ojos.

Me distraje con un florero común. Detallé cada línea que lo decoraba para no pensar en cosas que no debía, el azul me agradó en la pieza. Se veía realmente hermoso.

Me convencí de ello.

__ Listo. - la chica me entregó un lápiz y sin pensarlo luego de asegurarme no era para vender mis órganos o firmar mi sentencia laboral, estampé mi nombre en el documento.

Era un gran inicio. Un reinicio necesario para salir de la hondonada a la que había caído.

__ Bienvenida a D'angelo. - estreché su mano y con una sonrisa salí del lugar rumbo a mi casa.

Tal vez no era trabajo lo que necesitaba si no dormir hasta que muriera. Pero me iba a arriesgar. Era vivir o vivir. No podía hacer más que hacerle frente a lo que tenía para dejar de sentirme como una inservible.

__ Le trajeron esto. - escuché a Billy. Una llaves cayeron en mi mano cuando las extendió. - Su esposo dijo que no las necesitaría más.

__ ¿Vino solo? - la pregunta me lastimó al hacerla, pero estaba en modo automático. Salían solas.

__ Entró solo a la casa, pero en el auto había una señorita que esperó hasta que salió con una maleta. - me dijo entendiendo mi situación. - ¿Le puedo decir algo?

Asentí. Iba a escucharlo aún si decía que no.

__ No vale la pena que se sienta mal por alguien que prefirió una aventura de momento a una vida con quién confío su vida y seguridad a él. - declaró serio. - No lo merecía si lo dejó.

__ Billy, a veces es imposible no sentir. - suspiré. - Y espero en verdad que no vivas algo como esto, porque eres un muchacho increíble.

__ Usted también es una persona maravillosa. Sonría. Se ve bonita cuando lo hace. - sonreí sin quererlo. Estiró su mano para indicar que se iría dejándome en una noche fría de pie frente a la casa que me esperaba.

Era mi refugio. El único lugar al que podía acudir sin sentir que no era mío.

__ ¡Oiga! - volvió a llamarme.

__ Dime. - esperé a que continúe.

__ No quiero ser entrometido, ni un aprovechado. Ni mucho menos faltarle el respeto, pero quiero invitarla a la casa de Dolly, harán una fiesta y no hay adultos que me lleven. - expresó. - Usted se quedará en casa esta noche, en lugar de eso le propongo ir conmigo.

Se portó nervioso por algún motivo.

__ No estoy coqueteando. - me hizo reír. - Le pagaré si gusta. Pero es que Dolly me obligó a prometer que iría y no quiero faltar a mi palabra.

__ Eso es bueno. - jugué con mis llaves. - Pero ¿que podría hacer en una fiesta para jóvenes? Además, estoy cansada. Mañana tengo que ir a trabajar.

__ Solo serán tres horas. Es temprano aún, vendrá a tiempo. - prometió seguro de lo que decía. Se veía un poco desesperado en su petición. Me sentí un poco culpable por negarle eso, ya que en mi etapa de adolescente también solía pedir favores.

Debí haberme negado. Olvidar la culpa o ignorar el hecho de que Billy me caía bien.

__ En diez minutos nos vamos, entonces. - aseguré y esbozó una sonrisa gigante que me hizo sentir bien. Estaba cometiendo una locura quizá, más no se sentía tan mal hacer feliz a alguien.

Me apresuré a dejar mis cosas en mi alcoba. Amarré mi cabello con un cintillo decorado con tres perlas blancas y salí con mi bolso de nuevo. Solo para encontrar a Billy esperando ansioso.

El chico me indicó por donde, y aunque no quedaba lejos entendí porqué sus padres no querian que fuera solo. Había muchos chicos, pero me fijé en que no era la única adulta.

Sin embargo; ninguno de los presentes eran conocidos para mí y no me iba a esforzar en congeniar con nadie. En el jardín me ubiqué en una mesa recibiendo la bebida que mi joven acompañante trajo. Al menos tendría la garganta hidratada.

No lo perdí de vista. Como tampoco los murmullos de los demás que vinieron a acompañar a sus hijos y hermanos. Hice oídos sordos y me metí a la misma carpeta del móvil de la mañana. Aunque esta vez me convencí que debía dejar atrás mi vida anterior. Dustin Lions no existía más, y junto a las fotografías que tenía junto a Malya me vi tocando el botón de eliminar antes de arrepentirme.

Tenía que hacerlo ¿no?

No iba a permitir que siguiera doliendo. Los nervios no eran buenos, porque al intentar tomar el vaso este se deslizó cayendo sobre mí vestido. mojando mis piernas causando un desastre en mi vestido.

No quería estropearlo. Era muy lindo y tan solo me lo puse dos veces antes. Corrí hacia adentro de la casa. Busqué con la vista a Billy hasta que lo vi con la chica que mencionó. Fue quien abogó por mí al solicitar un baño.

Dolly me facilitó la de una habitación que tenía para huéspedes, solo que sugirió no hiciera ruido porque había alguien durmiendo en esta. No tenía más opciones, a grandes pasos subí los escalones siguiendo sus indicaciones hasta que abrí la puerta del dormitorio que dijo. Entré a hurtadillas mirando un cuerpo en la cama, se veía cómodo completamente dormido y lo ignoré pasando de l largo.

Tomé agua con un recipiente para luego usar una toalla que encontré para pasarla sobre la tela. La mancha se iba quitando, al menos no sería tan malo al intentar con otra cosa. Seguí hasta que casi desapareció del todo.

La luz se apagó de golpe. Quise encenderla con el interruptor pero no funcionó. Con la molestia de los chicos abajo supe que no era una falla en la bombilla. Debía ir con Billy.

__ Lexi, te dije que no me siguieras aquí también - una voz ronca me interrumpió haciendo que volteara de golpe, con el susto no sentí hasta que el agua salpicó mis pies. Di un respingo violento enredando mis pies al girar y ser atrapada por unos brazos.

Sus labios rozando los míos me dieron escalofríos..Quise alejarme. Retirarme, pero no pude hacerlo cuando su nariz hurgó en mi cabello.

__ No eres Lexi. - declaró sumamente despacio. Olía a alcohol. Su voz sonada pausada y con torpes palabras, sin creer que eso me agradó.

Eso era enfermo.

__ No lo soy. - suspiré. Mi boca se abrió para explicar, pero antes de hacerlo me volví muda al tenerlo tan cerca. Su colonia masculina me dejó entumecida.

__ ¿Te conozco? - preguntó confundido. También sentí que lo hacía, que lo había escuchado en algún lado, solo que en ese momento no llegó la respuesta a mí. - Siento que ya había estado cerca de tí.

Lo sentí así.

__ Tus labios se sienten bien. - eso calentó mis mejillas. - Tu piel es...

Frotó su nariz en mi mejilla, bajó a mi cuello y no supe porqué no me alejé. Por alguna razón, sentí la adrenalina del momento inundar cada poro.

Su mano invadió mi cadera, presionó su cuerpo con el mío, colisionando mis sentidos.

__ Dulzura, hueles a dulzura. - su tono mimado me envolvió. - Quiero...

No esquivé el beso. No lo quité. Solo dejé que sus labios danzaran rítmicamente con los míos. Dejé de escuchar mi razón y me dejé llevar cuando alcanzó mi coleta bajando la liga que soltó mi cabello. Eso me puso peor, pues no sabía cómo detenerlo a él ni como parar de pensar en algo que también estaba deseando.

Por primera vez en meses, me sentí deseada. Excitada por unas manos que no me dieron tregua cuando me subió a sus brazos llevándome consigo.

No lo iba a detener. Quería eso, por muy loco que se viera. Por muy inusual que fuera.

Capítulo 3 3

Aiden

No recordaba cómo había llegado a ese lugar, pero si sé lo que hacía. El placer era tanto que mis dedos se entumecieron sobre su cintura al tenerla en mi regazo donde es quien controlaba el ritmo.

Vi sus labios abrirse mientras sostenía sus caderas que se unían a mi pelvis una y otra vez. Respiré en su cuello, ella se estremeció en tanto la volteé para reclamar la boca que me prendió más.

Su espalda se arqueó al correrse sobre mí, enmedio de gemidos suaves que destrozaron mi autocontrol al sentir esa mata de cabello en mi cara.

No logré ver su rostro, tan solo sentí su fragancia dulce tocar mi nariz como el más dulce jazmín haciéndome explotar en miles de particulas.

No dejé de besarla, ella permitió que lo hiciera. Estaba perdido en ese olor que se impregnó en todos lados de la habitación hasta que se quedó en mi pecho recuperando el aliento.

Mis ojos se cerraron con el mareo que me tomó hasta que de un sobresalto me levanté.

La cabeza me iba a estallar. Mi vista se distorsionó hasta que me sostuve de la esquina de la cama para estabilizarme.

¿Que había pasado?

Caminé hasta el baño con el martilleo en mi sien por lo que había ingerido. Después de tener un altercado por la misma situación con Lexi, fui a un bar, no quise ir a casa de mis padres ni a mi apartamento por lo que vine con...

¿porqué había ido a casa de Dolly?

Lancé agua a mi cara para refrescarla por el intenso calor que sentía. Imágenes de una mujer vinieron a mi mente, pero no recordaba su rostro. Tan solo se trataba de una mata de cabello enredado en mis manos y su boca sobre la mía con desespero. No pude haber estado con alguien si no había salido la casa.

Mi móvil comenzó a timbrar. Lo busqué en mi bolsillo para evitar que siguiera torturando mi cabeza. Cuando lo saqué algo venía enredado con el aparato, un cintillo azul que recuerdo haber tirado de su cabello.

Entonces no sé trató de un sueño. Había sido real.

Me despedí de una burlona Dolly. Mi prima podía ser una molestia cuando se lo proponía, por lo cual no iba a quedarme a verla sacar sus propias conclusiones. Así que opté por ir a casa para tomar un baño e ir al bufete.

Tenía trabajo y por lo que recordaba había alguien nuevo, que quizá no sería como mi asistente real. Esperaba al menos no estorbara.

Vivir entre magnates, hombres de negocios y empresarios reconocidos era similar a estar entre tiburones. Era estar a la defensiva todo el tiempo. Eso me hizo ser exigente y buscar la efectividad en todos.

Así lo veía. Así se me había dicho que sería toda la vida y es como aprendí a vivir.

Revisé algunos casos que llevaría a juicio. No tomaba ninguno si sabía que era culpable. La ética se crea a base de éxitos y no iba a defender a quien no lo merecía.

Miré entrar a la nueva a mi oficina. Al menos su imagen era cuidada.

__ Buenos días, señor. - saludó. Por alguna razón esa voz se me hizo conocida. Mi cabeza retumbó y solo pude masajear mi frente sin dejar de sentir que esa cercanía ya la habia tenido.

__ ¿Issela? - pregunté. No recordé como dijo Camila que se llamaba.

__ Isabella, señor. A sus órdenes. - aludió con postura recta. Medio asentí viendo un rostro angelical verme con gesto neutro.

__ Consigue dos aspirinas. - dije y afirmó con su cabeza. Me llamaba la atención su imagen. Su cabello, era igual a...

Estaba alucinando y no soy de hacerlo. Sacudí mi cabeza y volví la mirada al documento frente a mí. Eso era lo que tenía que hacer, no pensar en algo que no podía deducir completamente. Pasado el dolor de cabeza me concentré en ello

Lo dejé a un lado y continúe con el siguiente. Mis días se basaban en eso. Trabajo todo el tiempo. La diversión quedó de lado y jure nunca más verme envuelto en tonterías que prefería no ver.

El reemplazo de Camila era eficaz. No daba problemas, no hablaba y en las semanas que llevaba en el puesto no había cometido un solo error. Apenas me daba cuenta que existía.

El silencio era su sello. Justo como me gustaba. Pero algo llamaba mi atención, y era que no le gustaba agruparse por mucho que la buscaran. Al igual que conmigo. Entraba, colocaba los papeles en su lugar o el café cerca de mi mano y luego se retiraba. Era un enigma.

__ Venga aquí. - ordené por el intercomunicador. En pocos segundos estuvo frente a mí. Extendí el fólder oscuro buscando el segundo. - Averigüe el avance de este en los juzgados. Priorice una fecha para este otro y llame al cliente del primero para que se reuna conmigo.

__ Como diga, señor. - asintió organizando los fólder en sus manos, apresurada por salir. No era miedo lo que olía. Había algo más y generó dudas en mí.

__ Un momento. - pedí mirando mi taza vacía. - Tráigame otro café. Esta vez sin azúcar y vaya por mí traje a la tintorería a las diez.

Hizo mala cara. No por inconformidad, si no como si odiara el olor de todo. Se veía realmente mal.

__ ¿Se encuentra bien? - pregunté.

Volvió a asentir y se retiró cuando lo indiqué. Eficiente, eso me gustó porque al poco tiempo ya tenía todo lo pedido listo. No descuidó un solo aspecto dificultando así que pusiera peros o reprimendas por fallos.

Con los días me aprendí su nombre dejando de confundirla con Camila. No tenía parecido algunos, solo que no tenía cabeza para nada más que trabajar.

__ Como sabe en un mes regresa Camila. - le dije captando su preocupación por ser despedida. - Defiende su sueldo a la perfección, así que podría considerar el optar por un nuevo cargo que se abrirá en unos días.

__ ¿Un nuevo cargo? No estaba enterada. - su rostro se contrajo. - ¿De que se trata?

__ Se trata de una secretaria. Camila no podrá con todo estando con su hijo y por políticas de la empresa no se puede despedir. Además que es la hija de uno de los socios del bufete. - explico mientras almuerzo. - Si decide hacerlo, debería decirlo. Así lo tomaría automáticamente y no se buscaría más.

__ Tenía otros planes. - masticó sin esperar a que continúe.

__ Como quiera. Era solo una sugerencia. - limpié mi boca con el pañuelo. - De todos modos...

__ Como dije, tenía otros planes pero me gustó trabajar en este lugar. No es tan malo como creí. - contesta. - El ambiente no es tan difícil ni su carácter...

Se calló de golpe al ver su error.

__ Lo lamento. No quise decir eso. - se disculpó. - Tomaré el trabajo así tengo algo antes de...

Me parecía curiosa su actitud. Como si fuese un alivio para ella el tener un trabajo fijo.

Quise preguntar pero me contuve. No debía ser entrometido aunque la curiosidad me ganara por saber lo que estuvo a punto de decir y tuve que morderme la lengua para no hacerlo. Debía mantener mi postura de jefe, no la de un charlatan chismoso que no tenía más que hacer.

Mi trabajo lo era todo para mí. No podía simplemente ignorar mi actitud de un momento a otro cuando me distinguía por ello.

Desde mi niñez fui contemplado para ser de los mejores en mi escuela. Pese a ser solo el gesto de caridad de los D'angelo no pretendía hacerme conocido por el apellido. Tanto mi hermana como yo nos veíamos más allá que solo dos personas cargando un apellido forjado con fama. El talento no se podía negar. Mucho menos el éxito obtenido en tan poco tiempo.

__ Señor, su madre lo busca. - sin pensarlo dos veces di el pase, incorporándome al mismo tiempo para ir con ella. Cristina, una mujer muy intimidante si se lo proponía, pero sobretodo capaz de sacar ese lado que muchos escondemos del resto.

En poco tiempo la mujer de cabello castaño apareció por la puerta, sus brazos me rodearon y su voz acarició mis oídos.

__ Hace semanas que no vas a casa. - reclamó enérgicamente. - Hasta diría que lo evitas.

__ No es por eso. - bajé a su altura por el beso que siempre dejaba en mi frente. Por mucho que sintiera que no estaba en edad para eso, si me negaba no sería carne viva luego de hacerlo. - He tenido mucho trabajo. A duras penas duermo un par de horas.

Estudió mi rostro buscando una mentira, solo que no mentía. Las noches me las pasaba pegado al computador, con las investigaciones de mis clientes y las mías propias para que el fiscal no me tomara por sorpresa. Era simplemente mi escondite perfecto para no pensar en la realidad agobiante de mi vida casi intolerable para el resto.

__ ¿Al menos has comido bien? - volvió a preocuparse. - Te ves demacrado. Un poco bajo de peso diría.

__ No es así y lo sabes. - lo tomé con humor. - Que me quieras ver pesando doscientos kilos es otra cosa.

__ No estoy para bromas. - contrarió - Supongo que es por no verte todo el tiempo. Amor, deberías venir este fin de semana. Edmond regresa, se alegrará de verte.

__ Al fin lo hace ¿eh? - siseé. - No creí que lo hiciera luego de maravillarse con la isla de los conejos.

__ Ya sabes cómo es. A él le gusta todo y en este caso, quiere volver a pasar una temporada con la familia. - tomo mi mano sobre la mesa. - Te estaremos esperando, será de noche.

__ Veré qué puedo hacer. - eso la tranquilizaba. - Pero vine por otro asunto. - repuso. - No quiero presionarte, pero tu padre quiere reafirmar tu compromiso con Lexi.

__ No creo que sea posible.

__ Vamos, cariño. Después de lo ocurrido te alejaste hasta de ella. - insistió.

__ Mamá. - advertí.

Suspiró pesadamente. Me molestaba verla afectada por el pasado, pero no podía hacer más que callar lo que en realidad pasaba. Ella lo sabía, sin embargo; nunca tuvimos una conversación sobre lo que pasó por mi mente en ese instante. Prefería callar, un cierre hermético para no dejar salir lo que me agobiaba.

No la quería, aún cuando me gustaba. Pero eso no implicaba nada más que un gusto.

Su insistencia me tenía hastiado y volvía ese gusto en querer evitarla todo el tiempo.

Me había convertido en un ser pusilánime. Lo que odiaba y ahora era mi escudo.

__ Sabes que tampoco perdono lo que hizo, pero es mejor que lo aclares del todo con tu padre.

__ Lo voy a hacer. - aseguré

Sonrió. Eso me gustaba. Cubría un poco las cicatrices que mi alma había cerrado de a poco. Eso era lo que quedaría de mí.

En cuanto se retiró, me dispuse a seguir con el mismo ritmo de trabajo. No podía perder el tiempo cuando un caso me estaba quebrantando la cabeza.

__ El cliente llegó. - me dijo Isabella. No me miró y por algún motivo sentí eso como un insulto. Igual hice uso de mi profesionalidad.

En lo que buscaba su expediente, el hombre de casi cincuenta entró un tanto asustado.

__ ¿Hay noticias? - preguntó con un tono suave

__ Cuando le pedí que me dijera lo primordial me refería a todo. - reiteré abriendo el expediente.

Lo que la asistente encontró no era favorable para el caso. Al fiscal no le importaría que fuera inocente o no, su trabajo es que se haga justicia condenando a quien cree culpable y yo veía inocente, aún.

Mi reunión se basó en dejar claro la información que esperaba saber desde su versión. Me encargaría de buscar testigos o pruebas que lo respaldaran luego. Solo teniendo todos los datos en las manos aseguraba hacer mi trabajo.

Para la noche terminé con los pendientes, por lo que era hora de irme a casa. Abrí el maletín encontrando el cintillo en una de las esquinas, recordaba eso, solo que ahora tenía un aroma muy conocido. Jazmín, muy agradable.

__ No sé porqué sigues en mis manos - suspiré cansado mirando las tres perlas que lo decoraban.

__ Señor, su chófer... - su voz se apagó. Escaneó lo que tenía en las manos y retrocedió. - ¿Donde encontró eso?

La miré con confusión.

__ ¿Algún problema? - indagué.

__ ¿Dónde la encontró? - insistió - Porque es...

Quise que siguiera, pero no lo hizo. Sus mejillas palidecieron.

__ ¿Dejará su tartamudez? - bajó la guardia. Sus pies se juntaron y tomó valor

__ ¿Era usted? - cuestionó angustiada.

__ Así que no aluciné - afirmé. Su rostro se descompuso

__ Eso... Es mejor olvidar todo. No pasó nada que no se haya hecho antes. - trató de bromear. Al no funcionarle optó por fingir que aún tenía control sobre sus manos. - Solo olvídelo.

Salió disparada de la oficina dejándome solo el perfume que usaba dentro. Como un recuerdo cruel.

Ese aroma me había confundido por días enteros y ahora resultaba que si había sido ella. Era dulce. Brisa deliciosa. Era la asistente. ¿Como pretendía que olvidara tal cosa?

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