Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > Empezar de nuevo
Empezar de nuevo

Empezar de nuevo

Autor: : PR
Género: Romance
Eden McBride fue abandonada por su prometido un mes antes de su boda. Con el corazón roto, se encontró con un chico guapo llamado Liam en el club nocturno y tuvo una noche romántica con él. Liam Anderson, heredero de Anderson Logistics, la compañía naviera más grande de Rock Union, es el tipo perfecto para el rebote. Apodado el Príncipe de los Tres Meses por los tabloides porque nunca está con la misma chica por más de tres meses. Cuando se despierta y descubre que ella se ha ido con su camisa de mezclilla favorita, Liam está irritado y curiosamente intrigado. Ninguna mujer se ha levantado jamás de su cama por voluntad propia. Ninguna mujer le ha robado nunca tampoco. Eden ha hecho ambas cosas. Necesita encontrarla y hacer su cuenta. El destino los vuelve a unir dos años después. Eden ya no es la niña ingenua que era cuando saltó a la cama de Liam; ahora tiene un secreto que proteger a toda costa.

Capítulo 1 Capítulo 1

"¿Alguien puede decirme por qué dejé nuestro cálido y confortable sofá para venir aquí a congelarme el trasero?", preguntó Eden McBride, mirando a sus tres amigas, quienes esperaban pacientemente a su lado en la fila.

Había pasado más de una hora, pero la larga cola que serpenteaba alrededor de la cuadra apenas se había movido.

De todos los lugares de Rock Castle, tuvieron que elegir el Crush, uno de los clubes que presentaba más desafíos para ingresar; en especial ese fin de semana que se presentaría el DJ más popular de la ciudad.

"Pues para superar al innombrable", respondió en voz baja Sienna, su mejor amiga desde la primaria. Las cuentas de plástico transparente que colgaban de sus largas trenzas estilo ombre tintinearon cuando ella giró la cabeza para enfrentar la mirada asesina de su amiga.

En sus días malos, podía considerarse que Sienna era linda, pero en ocasiones como la de esa noche, ella se veía increíblemente sexi. Por eso, los tipos que se arremolinaban a su alrededor tratando de entrar, sin duda también lo pensaban ya que a duras penas podían dejar de mirarla.

"Sí, ya te dimos suficiente tiempo para estar deprimida", intervino Lydia, mientras aprovechaba para tomarse una rápida selfi y publicarla en Instagram. Bastaron unos pocos segundos para que su teléfono comenzara a sonar de manera incesante con las notificaciones de sus millones de admiradores que la adoraban. Lydia era una youtuber megaexitosa cuyos videos sobre maquillaje la habían catapultado hasta alcanzar el estatus de diosa de la internet.

"Cuando uno se cae, lo mejor es volverte a montar en la bicicleta lo más pronto posible", agregó Cassandra, sacudiendo su largo cabello rubio que caía espectacularmente sobre sus hombros, al tiempo que se acomodaba el cuello de su distintiva chaqueta de cuero. En los cinco o seis años que Eden llevaba de conocerla, jamás la había visto ponerse un vestido. Ni una sola vez. Aunque, para ser un marimacha autoproclamada, no le costaba ningún esfuerzo verse elegante con ese cuerpo alto y delgado, así como con sus rasgos delicados. Ella podía adaptarse a cualquier estilo.

Eden era la más sencilla de la pandilla y no tenía problemas con eso. Su piel era tan pálida que difícilmente lograba broncearse, sin importar cuánto tiempo permaneciera bajo el sol. Constantemente teñía su largo cabello castaño con vetas de mechones claros, pero los retoques envejecían con rapidez. Su rasgo más prominente eran sus ojos cafés y rasgados, aunque era una lástima que tuviera que ocultarlos tras unas gruesas gafas sin las cuales era casi tan ciega como un murciélago.

"Bueno, él ha seguido adelante con su vida. ¡Tu deberías hacer lo mismo!", intervino Lydia, con su brusquedad característica, ya que la sutileza no era su fuerte.

Edén suspiró poniendo los ojos en blanco. Sabía que sus amigas tenían buenas intenciones, pero ella prefería pasar sus días y sus noches sentada frente al televisor, atracándose de carbohidratos y viendo horribles programas de telerrealidad. Le parecía fenomenal no tener que cepillarse el cabello o cambiarse de ropa durante días. Era feliz llorando hasta quedarse dormida y despertarse con los ojos y el rostro hinchados por el llanto. De hecho, no quería que nadie la apresurara a salir de su período de duelo.

¿Cómo podrían bastar apenas seis semanas para superar toda una vida de recuerdos, cuatro años de momentos felices y sueños esperanzadores, que se habían desvanecido en un instante?

"Si esta estúpida fila no se mueve en los próximo dos minutos me marcharé", dijo mientras cerraba los botones de su gabardina, feliz de haber tenido la previsión de llevarla, incluso cuando sus amigas le habían pedido que se deshiciera de ella porque arruinaba su estética.

Un Lamborghini chirrió al frenar frente a la entrada, seguido de un Ferrari y un Porsche de los que emergieron varios hombres tan altos como las torres de las oficinas circundantes, y tan apuestos que parecían haber salido de las páginas de una revista de moda. Arrojaron sus llaves hacia el valet y se dirigieron hacia la entrada.

Tal vez debido a que la fila no se movía, o al estrés de las últimas semanas, cuando Eden vio que los hombres hacían caso omiso de la fila, perdió toda la paciencia y, sin pensarlo, dejó su lugar y se apresuró hacia la entrada, seguida por sus amigas.

Eden le dio un golpecito en el hombro a un alto pelirrojo, tratando de hacerse camino hacia la entrada. Él se dio la vuelta para mirarla, y sus espesas cejas se fusionaron en un ceño inquisitivo.

Entonces Edén tuvo que hacer una pausa para que sus pulmones siguieran el ritmo acelerado de sus pensamientos y le permitieran tomar pequeños respiros. Con aquella cabellera brillante como una llamarada, ella hubiera esperado que sus ojos fueran verdes y no azules, mientras sentía que tenía que hacer un gran esfuerzo para luchar en contra de su atracción.

"Por favor, no vayas a hacer una escena", advirtió Sienna, apretando los dientes y tirando de su brazo.

Pero Eden no encontró ninguna razón para ser cortés, sobre todo cuando estaba tan congelada que apenas podía sentir su trasero.

Se estiró lo más que pudo, tratando de igualar la altura imponente del hombre, pero, incluso con sus tacones de aguja Jimmy Choo, ella tenía que mirarlo hacia arriba.

"¿Puedo ayudarte en algo?", preguntó el hombre, con una voz capaz de derretir las pantaletas de cualquier mujer en un radio de un kilómetro.

Como si su apariencia no fuera ya suficientemente letal, se le formaban unos lindos hoyuelos en las mejillas. Y como solo aparecían cuando él sonreía, tal y como lo había durante los últimos cincuenta segundos, hacía el asunto más devastador.

"No necesito tu ayuda", respondió Eden con frialdad, odiándolo un poco, pues no tenía derecho a ser tan atractivo.

"Está bien", respondió él encogiéndose de hombros y mostrando dos filas de dientes perfectamente alineados. Eran tan blancos que debían ser carillas dentales. No había otra explicación, ya que no parecía posible que alguien tuviera una dentadura tan perfecta a menos que contara con el mejor de los dentistas.

"Entonces, supongo que has terminado de mirarme con la boca abierta", agregó él sin dejar de sonreír.

Eden levantó la mano, irritada consigo misma por poner tanta atención en todos aquellos detalles y odiándolo un poco más debido a su arrogancia.

"¿Ves a toda esa gente?", dijo ella, señalándole la fila interminable. "Hemos estado aquí, esperando por más de una hora. No puedes venir y simplemente saltarte la cola".

"¿Acaso vas a detenerme, princesa?", preguntó él arqueando sus cejas color óxido. Tenía un brillo de diversión en los ojos, mientras sus amigos, parecidos a los modelos de los anuncios de calzoncillos Calvin Klein se reían por lo bajo. Eden hubiera deseado borrar aquella sonrisa de satisfacción de su rostro con sus pequeños y endebles puños. Pero era una persona educada que no necesitaba usar sus manos para probar que tenía la razón. Sus palabras podían ser igual de poderosas.

"Si tienes un poco de decencia harás lo correcto y esperarás en la fila, como todos los demás", dijo la chica parpadeando furiosamente tras la negra montura de sus gafas.

Un pesado silencio cayó sobre la pequeña multitud que se había reunido alrededor de ellos. Sus amigas siguieron tirando de su brazo con insistencia, pero la chica estaba tan harta de todo, que no se dejó intimidar por la condescendiente mirada del pelirrojo cuando él se inclinó hasta la altura de sus ojos para verla.

"Entonces, supongo que en este momento no soy una persona decente, ¿cierto?", replicó él, insuflándole un delicioso aliento olor a menta en el rostro, al mismo tiempo que encogía los hombros y regresaba su atención hacia el hombre que quitaba la cadena en la entrada del centro nocturno.

Después de mostrarle una tarjeta al corpulento tipo que cuidaba la entrada, el pelirrojo señaló a las amigas de Eden y dijo: "Ellas vienen con nosotros".

Capítulo 2 Capítulo 2

Antes de que Eden pudiera procesar las palabras del pelirrojo, ella y sus amigas ya se encontraban en el interior del centro nocturno, cruzando entre un enjambre de cuerpos sudorosos que se mecían al compás de la música.

Sus ojos tardaron unos minutos en adaptarse a la tenue iluminación del interior y solo entonces pudo ver que el hombre con el que acababa de sostener el altercado se dirigía hacia el área VIP.

¿Qué se suponía que debía hacer? ¿Agradecerle por haberlas ayudado a entrar? '¡De ninguna manera!', pensó ella moviendo la cabeza de un lado a otro. Si bien era cierto que ahora se encontraban adentro y los dedos de sus pies y su trasero ya no se sentían tan entumecidos, no hubiera tenido problema en seguir esperando su turno, como todos los demás.

"¡Oh, santa Eden! Siempre estaremos en deuda contigo. ¡Las bebidas van por nuestra cuenta esta noche!", exclamó Cassandra inclinándose ante ella con las manos levantadas en un gesto de adoración.

Lydia se rio y exclamó con entusiasmo: "¡Sí! ¡Tómate una por el valor que demostraste! Quiero decir. Yo jamás me habría atrevido a acercarme a Liam".

"¿Así se llama?", preguntó Eden, sin prestar mucha atención a la conversación de sus amigas. En su opinión, 'el Pelirrojo' le sentaba mejor.

Acto seguido, ella estiró el cuello para examinar el local en busca de alguna mesa que pudieran ocupar, pero con la excepción de algunos taburetes libres en la barra, no había ningún espacio privado, siendo que ella comía ansias por sentarse. Y pese a lo lindos que eran sus zapatos y a lo bien que combinaban con su vestido negro, sus pies en verdad la estaban matando.

"Debes haber oído hablar de Liam. Es algo así como un miembro de la realeza en esta ciudad", dijo Sienna. "Es piloto de carreras y organiza las fiestas más locas que puedas imaginar. Además, es famoso por observar la regla de los tres meses: nunca sale con nadie durante más tiempo que ese".

"¡Vaya, qué tipo tan encantador!", dijo Eden asintiendo distraídamente, aunque la verdad era que nunca había oído hablar de él. Después de todo, eso no era extraño, ya que ella nunca le había prestado atención a la escena social de Rock Union.

Sus ojos se iluminaron al descubrir varios taburetes vacíos en la barra. Y aunque no era un lugar de primera, en especial porque todos los ebrios gravitaban por ahí, por lo menos tendría una oportunidad para descansar los pies.

"Vamos", dijo tomando de la mano a Sienna y abriéndose paso entre la multitud. En cuanto las vieron irse, sus otras dos amigas las siguieron de prisa.

"¡La primera ronda va por mi cuenta!", gritó Lydia tratando de hacerse escuchar por encima del estruendo de la música, al mismo tiempo que movía las manos para llamar la atención del cantinero.

Iniciaron la velada con una ronda de shots y algunos chismes, para seguir con unos cuantos cocteles rodeados de historias escandalosas. Lydia se estaba acostando con uno de los tipos del equipo encargado de la iluminación en la filmación donde estaba trabajando, y no tuvo el menor reparo en describir sus partes más recónditas y emocionantes a cualquiera que quisiera escucharla.

Cuando estaba a la mitad de su primer cóctel, el estado de ánimo de Eden había mejorado a tal grado, que comenzó a pensar que haber ido a ese club no había sido tan mala idea después de todo.

Cuando el DJ cambió el ritmo de la música para poner una pieza más rápida, Lydia y Cassandra gritaron que era su canción favorita y corrieron brincando como locas hacia la pista de baile. Mientras tanto, Eden se quedó sentada observando cómo se movían al ritmo de la música, mientras mostraban achispadas sonrisas en sus rostros.

"Ay, por Dios!", exclamó Sienna con una mirada llena de horror. "¡Esto no puede estar ocurriendo!".

El corazón de Eden se hizo añicos cuando su mirada chocó con la de Simon, quien se encontraba parado al otro lado del salón, con su antigua amiga Olive colgada de su brazo y ataviada con un ceñido vestido metalizado.

"No sabía que estarían aquí", dijo Sienna. "Estoy bien", replicó Eden.

Pero no lo estaba, pues su corazón seguía sangrando debido a que él había roto su compromiso con ella. Sin embargo, la ruptura en sí no era lo que más le dolía, sino la forma tan cobarde que Simon había elegido para dar por terminado un compromiso que llevaba un año entero. ¡¿Un mensaje de texto?! No solo la dejó destrozada, sino también con la pesada carga que significó el hacerse cargo de la cancelación de la boda y tener que pelear por los reembolsos.

Eden observó a la pareja caminar a través del salón, despreocupados y enamorados, sin importarles que ella estuviera rota y llena de moretones.

Durante las primeras dos semanas después de su ruptura, ella no podía salir de su incredulidad, además de estar demasiado ocupada tratando de explicarle a sus padres y a todos los que la rodeaban cómo era posible que su intuición hubiera estado tan errada con respecto a Simon. Sin embargo, tal vez lo peor de todo fue tener que llamar a sus cien invitados para comunicarles que podían usar sus invitaciones como papel higiénico, porque se cancelaba la boda.

Pasó las cuatro semanas siguientes flotando entre la incredulidad, la rabia y la más aplastante de las tristezas. De hecho, en esas pocas semanas atravesó por todas las etapas del duelo.

Y ahora, mientras observaba reír y divertirse a aquellas dos personas a quienes en cierta forma había confiado su vida, Eden se dio cuenta de que todavía se encontraba en algún lugar entre la ira y la aceptación.

"¿Crees que deberíamos ir a otro lugar?", preguntó Sienna.

La chica negó con la cabeza, ya que sentía que ella no había hecho nada malo; excepto confiarles su corazón a esos dos. Si había alguien que debía irse era Simon y su caprichoso corazón.

"¡Vamos, demostrémosles que no los necesitas!", la consoló Sienna, mientras bebían los tragos que estaban alineados sobre la lisa superficie de mármol de la barra; uno tras otro. "¡Ya te has arrastrado demasiado por él!".

Sienna tenía razón. Seis semanas eran demasiado tiempo para sentarse a llorar por un hombre que no tenía la menor intención de regresar, pensó Eden mientras bebía, en rápida sucesión, una serie de tragos kamikaze.

Su corazón, que había permanecido infernalmente entumecido hasta ahora, estaba agradecido. No así su hígado, que le gritó que se detuviera cuando sintió que el vodka la golpeaba con fuerza.

Sienna intentó advertirle que se tranquilizara, pero Eden había cruzado la línea de la sensatez y lo único que quería era beber hasta perder el sentido.

"Voy a bailar", dijo de repente entre hipos, mientras se dirigía hacia la pista decidida a elegir a un extraño al azar para que fuera su pareja. Ella no era quisquillosa, así que cualquiera estaría bien.

Capítulo 3 Capítulo 3

Casualmente, Liam fue ese extraño elegido al azar.

A Eden no le importó que otra mujer, parecida a una muñeca Barbie, y que iba ataviada con el vestido de látex más corto negro y ajustado que jamás hubiera visto, intentara reclamar la atención del pelirrojo .

"Él está conmigo", balbuceó Eden arrastrando las palabras, mientras se interponía entre los dos.

Barbie la evaluó, lista para asesinarla con su mirada glacial, mientras que torcía con disgusto sus hinchados labios recién inyectados de colágeno.

"Así es", dijo Liam sonriendo. La piel de sus orejas y sus mejillas combinaba perfectamente con la llamarada de su cabello. "¡Estamos juntos!".

"Tú te lo pierdes", replicó Barbie, sacudiendo sus largas extensiones rubias sobre los hombros y desapareciendo entre la manada de zombis de ojos vacíos que se mecían al ritmo de la música.

"Gracias", dijo Liam con una sonrisa. "Me salvaste la vida".

"Supongo que ahora estamos a mano", respondió Eden en voz baja. "Gracias por ayudarnos a entrar".

A pesar de que no planeaba agradecerle nada, la verdad era que él la había salvado del inclemente frío de la calle.

"A veces ayuda ser desvergonzado, ¿no crees?", dijo él riéndose entre dientes y a ella le gustó.

Mientras el DJ cambiaba el ritmo de la música y tocaba una lenta balada, Eden vio por el rabillo del ojo que Simon y Olive se acercaban hacia la pista de baile. En ese momento, ella entró en pánico y de manera instintiva se arrojó a los brazos de Liam.

"Solo finge que eres mi novio, ¿de acuerdo?", dijo ella sonriendo, mientras sus ojos se volvían más brillantes a causa de las lágrimas que se esforzaba por contener. "Actúa como si estuvieras locamente enamorado de mí".

"¡Lo que tú digas, princesa!", respondió Liam, atrayéndola hacia él, mientras sus brazos rodeaban su cintura posesivamente. Eden estaba plenamente consciente de cada uno de sus movimientos, mientras se dejaban llevar por la música y aunque intentó ignorar el cosquilleo que recorría su cuerpo al contacto con el del pelirrojo, no tuvo éxito.

Ella había leído en alguna parte que se podía saber mucho sobre una persona por la forma en que bailaba. En ese momento, le pareció una gran verdad. Y también descubrió que aquello que había tomado por arrogancia, en realidad era la confianza que Liam tenía en sí mismo.

"¿Te parece que soy un buen novio?", preguntó él bajando la cabeza hasta que sus frentes se tocaron ligeramente. El cerebro de Eden le gritó que no se emocionara, cuando ella sintió la barba del chico rozándole la mejilla y provocándole unos deliciosos escalofríos.

"Eres tan bueno que si tu trabajo actual no está funcionando, podrías inscribirte en Rente-Un-Novio", respondió Eden mientras colgaba los brazos alrededor de su cuello, mirándolo fijamente a los ojos.

Con su espeso y ondulado cabello rojo, Liam le recordaba a Will Halstead de Chicago Med, uno de sus programas de televisión favoritos. Era demasiado apuesto como para no fijarse en él y si ella seguía por ese camino, solo sería cuestión de tiempo antes de que saltara directamente desde el sartén hacia las brasas.

"¿Existe tal cosa?", preguntó él, mientras levantaba las cejas y su rostro se iluminaba con curiosidad.

"No lo sé", respondió Eden riéndose, mientras echaba la cabeza hacia atrás. "Nunca había necesitado ese tipo de servicio".

'Hasta hoy', pensó con tristeza.

Permanecieron balanceándose durante cerca de tres minutos y como ella se sentía feliz de estar entre sus brazos, no se dio cuenta de que la canción terminó para dar paso a otra melodía y continuó moviéndose sin que él pareciera tener prisa por soltarla.

"Aparte de bailar con extrañas al azar, ¿por qué estás aquí esta noche?", preguntó ella, con una repentina curiosidad por él.

Ella suponía que el Crush sería un buen centro nocturno para simples mortales como ella, pero imaginó que los dioses asquerosamente ricos como él debían tener clubes privados a los que solo se podía entrar siendo el propietario de una tarjeta negra y saldos bancarios de ocho cifras.

Liam parecía esa clase de hombre, de hecho, todo en él lo decía. Desde su colonia amaderada, teñida con un leve toque de bourbon, pasando por sus ajustados jeans negros que combinaba con una camisa de mezclilla con botones, hasta sus tenis hechos a la medida. Definitivamente los había mandado a hacer, pues nunca había visto unos parecidos.

"Estoy celebrando mi última noche de libertad", murmuró él.

Por supuesto, pensó Eden. Eso explicaba su séquito de modelos de Calvin Klein. ¡Se trataba de su despedida de soltero! De inmediato, se sintió terriblemente mal por haber sido tan grosera con él en la calle. Si ella estuviera celebrando su última noche como mujer soltera tampoco querría desperdiciar la mitad de la noche esperando en una fila.

"¿Estás feliz?", preguntó recostando la cabeza sobre el pecho del pelirrojo. "¿Debo felicitarte?".

Él lanzó una risita y respondió: "No realmente. Pero así son las cosas. ¿Y qué hay de ti?".

"Vine para olvidar", respondió ella levantando la cabeza, mientras su corazón se le subía a la garganta al encontrarse con su intensa mirada. Si él continuaba viéndola de aquella forma, como si fuera la única mujer en el salón, sin duda llegaría el momento en que olvidaría toda su angustia y esa maldita tristeza.

"¿Qué deseas olvidar?", preguntó él buscando su rostro, como si ahí pudiera encontrar lo que escondían sus palabras.

"Todo", respondió Edén sonriendo entre lágrimas. "Ayúdame a olvidar, por favor".

Ella no sabía lo que estaba pidiendo, hasta que él levantó suavemente su barbilla haciendo descender su boca hacia la de ella en un beso ardiente. Durante aquellos minutos sin aliento, ella solo era consciente de aquel momento, de los brazos de Liam alrededor de su cintura y de cómo la estaba abrazando, mientras su lengua y sus labios la llevaban al borde de la locura.

Entonces, ella se entregó a él con avidez, deseando sentir todo el calor de su cuerpo. Tenía la complexión de un nadador, firme y tenso en los lugares correctos. Y eso a ella le gustaba.

Por un momento se visualizó a su lado. Definitivamente, el pelirrojo sería una buena opción si ella deseara establecer una nueva relación, aunque solo fuera por despecho.

Cuando salieron a tomar un poco de aire, Liam preguntó con su voz profunda: "¿Has olvidado?". Entonces ella se dio cuenta de que sus anhelantes ojos eran como un mar tormentoso.

"Casi", respondió Eden, sin aliento. Aunque él la llenaba de una irremediable excitación, ella sentía un miedo atroz, pues sabía que estaba a punto de cometer el que sin duda sería su mayor error hasta el momento. Pero luego de haber pasado los primeros veinticuatro años de su vida coloreando sin salirse de las líneas, lo único que había obtenido era un compromiso roto. Así que, por la única vez en su vida, deseaba ser audaz.

Cuando Liam la cogió de la mano para llevársela del Crush, ella les envió rápidamente un mensaje de texto a sus amigas, mientras esperaban al valet que les entregaría el Lamborghini del pelirrojo.

Y tan pronto llegó su auto, él sostuvo la puerta para que ella se subiera y ajustó su cinturón de seguridad. El cuerpo de Eden zumbaba con anticipación por lo que se avecinaba, aunque estaba muy asustada. La chica distinguió vagamente las calles por las que cruzaron a toda velocidad por Rock Castle, en dirección a una propiedad privada oculta y a salvo de los plebeyos como ella. Un ejército de guardias apostados en casetas de seguridad les abrió el paso sobre las barreras vehiculares que resguardaban esa zona confinada adonde él la estaba llevando.

De tal manera, él condujo a través de un camino largo y sinuoso hasta detenerse frente a un enorme portón negro de acero, que se abrió luego de que él oprimiera el botón de un pequeño control remoto que cargaba en el llavero.

Eden se quedó boquiabierta al contemplar la hermosa casa contemporánea construida en lo alto de la colina e iluminada por luces a ras del suelo que bordeaban el camino de entrada. La estructura, completamente blanca, con sus suaves líneas clásicas y acentos minimalistas, parecía sacada de una revista de arquitectura.

Al verlos llegar, un mayordomo y una fila de sirvientes ataviados con impecables uniformes blancos y negros salieron a recibirlos.

"Buenas noches, señor Anderson. ¿Desea que preparemos la cena?".

"No, gracias, Dave. Pueden tomarse libre el resto de la noche", respondió Liam, despidiéndolo.

Apenas si se había cerrado la puerta principal, cuando él la tomó entre sus brazos.

Sus besos fueron desenfrenados, sin reservas y más apasionados esta vez. Él la cargó y ella envolvió sus piernas alrededor de su cintura, mientras ascendían por la escalera de vidrio y seguían por un largo pasillo, hasta que finalmente él la depositó sobre una gigantesca cama, cubierta por sábanas tan blancas como la nieve y tan suaves como la seda.

"¿Todavía quieres olvidar?", preguntó Liam, estampando ligeros besos en su cuello mientras la desvestía lentamente.

"Sí", respondió ella gimiendo febrilmente mientras le quitaba la ropa con torpeza. Estaba desesperada por olvidar las últimas seis semanas y derretir el hielo alrededor de su corazón.

Y eso fue precisamente lo que Liam hizo durante horas. La hizo olvidar con sus manos, gritar con su lengua y estremecerse al abrazar su cuerpo.

Si él no hubiera sido un extraño al que había conocido en esa noche loca, si no hubiera sido una aventura de una noche por despecho y ella no fuese su última noche de libertad, aquel ardiente encuentro habría sido perfecto para ser su primera vez.

"¿Has olvidado?", preguntó otra vez Liam, mientras yacían extenuados uno en los brazos del otro, con los cuerpos cubiertos de sudor.

"Sí", murmuró ella, dejando caer sus lágrimas sobre su pecho. Hubiera deseado que realmente existiera algo llamado Rente-Un-Novio. Si así fuera, lo pediría a él todo el tiempo.

Él se inclinó sobre ella y la besó con suavidad preparándose para tomarla otra vez, pero ahora utilizando movimientos finos y delicados, haciendo que sus audaces embestidas y sus caricias abrasadoras causaran que el mundo de Eden se derrumbara a su alrededor.

"¡Dios! Realmente eres hermosa, princesa", gruñó Liam, estremeciéndose dentro de ella.

Ella se aferró a él con desesperación cuando una nueva ola de placer la golpeó como un huracán, dejando tras de sí nada más que una devastación total.

"¿Estás bien?", preguntó él, mientras la besaba y la envolvía nuevamente entre sus brazos.

A Eden le tomó un tiempo dejar de temblar, pero él la mantuvo muy cerca de él, dejándola llorar y, cuando ella al fin estuvo segura de que no le quedaban más lágrimas, lo miró.

"Lo estoy ahora", mintió pensando que nunca volvería a estar bien.

No podría estarlo, sabiendo que Liam pronto se casaría. ¿Cómo podría si él se había adueñado de su cuerpo? Y ahora mismo se estaba apoderando de su frágil corazón.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022