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En busca de mi nombre.

En busca de mi nombre.

Autor: : AriamSelegna
Género: Romance
Bianka decide regresar a su país, creyendo que supero todas las cosas por las cuales un día se marchó de él. Pero tan pronto pisa tierras Venezolanas, se da cuenta que no, y mientras pasan los minutos y horas la cosa empeora, generando emociones y situaciones que la llevan a replantearse la decisión que escogió. Por otro lado, los gemelos Meyer, deciden tomarse unas pequeñas vacaciones y también regresar al país que los vio crecer. Acompáñame a leer, como este trio se vuelve a tropezar cinco años después, desatando sentimientos que creyeron, estaban muchos metros bajo el suelo.

Capítulo 1 Prólogo.

-Te quedas aquí, Bianka.

Asiento tras la advertencia, ignorando la mala mirada que me dedica la rubia que tengo al lado. Se quita el cinturón de seguridad y baja del auto. Si pensaba hacerle caso tras la discusión que tuvimos para que me dejara venir con ella a buscar a su hermano el cual se podría decir, es mi novio, pero los minutos pasan y Anyela no vuelve empujándome a una mina de preguntas.

¿Y si les pasó algo? ¿Si An, en vez de resolver empeoró todo? ¿Si necesitan que yo haga algo?

La falta de información me juega en contra llevándome a salir del auto y hacer el mismo recorrido que hizo mi mejor amiga.

Entro por donde desapareció ella. Todo está en silencio y por instinto sigo por el primer pasillo que veo, divisando una luz al final de este.

Camino despacio hacia la luz, no sin antes pedirle a Dios, que estén bien y que esto no sea una casa embrujada. Llego al final del pasillo en donde hay una puerta. Suspiro antes de tomar la manilla y girarla, abro la puerta lentamente y lo primero que veo es una escalera.

-Nos vamos, alguien lo encontrará y ya, se pudo tratar de un asalto, una pelea o cualquier otra cosa.

Reconozco la voz de Anyela y antes de que el raciocinio llegue a mí, empiezo a bajar lento los escalones.

Me quedo inmóvil cuando llego al final y me encuentro con una escena que no esperaba.

- ¡Su madre! -se queja rubio- ¿Trajiste a Bianka aquí?

Le reclama Anyelo a la rubia dándole un empujón. Mi amiga voltea hacia mí comiéndome con la mirada y por más que intento intervenir no puedo ni si quiera balbucear una palabra.

-Me obligó- Suelta la rubia intentando defenderse, pero el que suba y baje los hombros me deja ver lo despreocupada que esta.

- ¿Sí? -Le pregunta él con sarcasmo- ¿Y dónde esta la pistola que te puso en el pecho? ¡Su madre An! -Anyelo golpea la mesa de metal que está a su lado poniéndome a espabilar. Camino a su lado.

-Bueno, era eso o que hablara con tus padres -sigue mi amiga justificándose-. ¿Qué hubieras hecho tú? -Le pregunta con cierto fastidio en su voz-. Además, yo le dije que se quedara en el auto.

Me recalca con voz amarga cuando llego a su altura. La ignoro tomando al rubio de la cara para que me mire. Este niega sin dejar de mirarla. Odio cuando Anyelo y Anyela compiten por ver quién es el más obstinado. Es en lo único que se parecen a pesar de ser gemelos, bueno físicamente también son idénticos.

- ¿Estás bien? -Le pregunto al rubio tratando de ocultar mi angustia. Logro que me mire cuando le toco la zona del pecho donde se acentúa mas el rojo carmesí.

-Estoy bien -me asegura en tono suave-. Ahora ve al auto y espera ahí ¿sí?

A pesar de la confusión que siento y de estar intrigada con lo que pasó en esa habitación, asiento. Anyelo está cubierto de sangre y al frente hay un tipo amarrado en una silla, totalmente golpeado y sangrando.

Seguramente algo malo debió hacer. Esa es la versión que decido creer, así que doy media vuelta y empiezo a caminar para salir de ahí.

-A-yu-da-me.

La voz del desconocido se riega por la habitación deteniéndome los pasos al pie de la escalera. A pesar de que es casi inaudible logro procesarla y reconocerla.

¿Simón?

El cuerpo se me entumece cuando todo engrana en mi mente. Me obligo a reaccionar, giro y me echo a correr al sitio dónde está el chico amarrado, levanto su cabeza con mis manos. Obviamente las maldiciones de los gemelos no tarden en aparecer metiéndolos en una discusión, en la cual no pienso intervenir.

- ¿Simón? -Pregunto en un hilo de voz, la tristeza que siento me llena los ojos de lágrimas y me pongo peor al recordar mis pensamientos. Estoy a nada de convertirme en lo mismo que ellos.

- ¡Ayúdame por favor!

La suplica el hombre me comprime el pecho . Él no merecía eso. Mi abuela siempre me decía: es de ignorantes asegurar que conoces a alguien, solo falta romperse para desconocerse hasta uno mismo. Nunca le di la razón hasta ahora.

Me volteo enardecida contra el causante de semejante barbaridad porque no es justo, él no puede andar por la vida haciendo este tipo de cosas. Lo empujo cuando llego a su altura ganándome la atención de ambos, Anyela como siempre solo bufa y voltea los ojos fastidiada.

-Y aquí vamos -dice con fastidio, me causa rabia, pero la ignoro.

- ¿Qué fue lo que hiciste? -Le pregunto al rubio reteniendo las lágrimas, muy en el fondo quiero que se excuse, que me explique, que me dé algo de dónde agarrarme para justificarlo. Las heridas del chico son graves. Sin embargo en vez de justificarse, solo se queda callado mirándome con esa arrogancia que se gasta.

Lo hizo porque sí. La rabia me explota con la conclusión, así que me le voy encima golpeándolo.

-Eres un bruto, un animal, un salvaje, un abusador, eso es lo que eres -Le grito sin dejar de golpearle el pecho y me sacudo estérica cuando me toman por detrás y de un jalón me quitan de encima.

- ¡Cállate! -Me grita Anyela y con otro jalón me da la vuelta dejándome frente a ella, intento soltarme pero las sacudidas que me da me dejan quieta.

-Escúchame bien -Intenta enfocarme, pero me niego. Anyelo se mueve y...

-Tú, te quedas ahí. -Le ordena dejándolo quieto-. Alguien debe pensar con cabeza fría y como siempre esa soy yo -vuelve a poner su atención en mí.

-Tienes dos opciones Bianka, una, nos apoyas, dos, nos juzgas, pero ya de nada sirve darse golpes de pecho.

- ¿Qué? -Pregunto desorientada sin poder creer lo que dice.

-Es fácil lo dejamos aquí llamamos a la policía para que lo encuentren y ya, nadie sale perjudicado.

La empujo y busco donde sentarme porque presiento que de un momento a otro me voy a desmayar, vuelve a tomarme de los brazos, pero la empujo nuevamente. No quiero me toque.

- ¿Estás loca? Se puede morir -intento que razone.

-Mejor, así no corremos riesgos que nos delate.

Me llevo las manos a la cara frotándomela. ¿A caso no asimila lo mal que suena eso? Camino y me siento al pie de la escalera, estoy algo mareada.

-Es inhumano An -Susurro-. ¿Acaso son unos asesinos? -Ambos niegan, Anyela se jala los cabellos hacia atrás soltando el aire retenido en sus pulmones.

-Ok. Entonces esta te parecerá mejor, toma -me ofrece su teléfono-. Llamarás a la policía y les dirás que tu novio golpeo a tu pretendiente, que vengan y se lo lleven a la cárcel por intento u homicidio.

La punzada que me cruza la cabeza me hace llevar las manos a ella. Eso está peor.

-Está fácil ¿no? -Se me burla- vamos, es hora de decidir de qué lado estas. -Vuelve a ofrecerme el teléfono, miro al hermano en busca de ayuda pero este, no dice nada.

-Es simple -vuelve a hablar An- es él -señala al hermano- o él -esta vez señala a Simón metiéndome en un bendito dilema.

-Debe haber otra solución -pienso en voz alta.

-No, no la hay -determina An.

Niego intentando pensar en otra solución. -Ya sé -me levanto- llevémoslo al hospital.

-No Bi, eso sería muy... delicado, si alguien nos reconoce no podremos zafarnos, quizás a ti no te salpique, pero a nosotros nos embarra, hay que dejarlo aquí.

Me levanto y camino en busca de que Anyelo, necesito que reaccione. Es imposible dejarlo aquí.

-An, tiene razón -concluye el rubio deteniendo mis pasos. -Si nos ven, nos jodemos Bianka.

-Óyeme -le tomo el rostro. No puedo darme por vencida- Anyelo, tú prometiste hacer las cosas bien.

- ¡Ay por favor! no seas manipuladora -se queja An.

- ¿Manipuladora? Me habla la reina del chantaje y la manipulación ¿O cómo se llama lo que estás haciendo conmigo?

Anyela suspira pesado -eso lo podemos hablar luego. Si no vas a llamar a la policía, entonces quítate y vete al auto que yo me encargo del resto.

Sacudo la cabeza. An es caso perdido.

-Llevémoslo a un hospital -vuelvo a intentarlo con el rubio- lo dejamos ahí y ya, nos vamos. ¡por favor! -suplico y An, sacude la cabeza. ¿Cómo puede ser tan insensible?

Me le acerco mas a Anyelo y lo miro a los ojos suplicándole porque haga las cosas bien. Hace muecas con el rostro sin dejar de mirarme fijamente.

-¡Su madre Heulsuse! -susurra, llenándome de alivio.

- ¿Qué? -se queja Anyela y ni yo me la creo.

- ¿Eres estúpido? -Se va contra el- sí, sí que lo eres, bueno, te volvieron. -Concluye mirándome mal, hace su berrinche, pero no intenta darle reversa. Bueno, es que cuando el rubio toma una decisión ya no hay nada que hacer.

- ¿Estás seguro? -Le pregunta parándose en frente.

-Si. Yo le prometí a Bianka que cambiaría y así lo hare. Vamos las dejo en casa y lo llevo al hospital.

- ¿Verdad? -Se le burla mi amiga- ¿Y qué dijiste? Le vi la cara de pendeja, pues no Rey, si algo sale mal yo estaré ahí.

Se devuelve al puesto de Simón y empieza a untarse con sangre. -Si nos descubren la paliza fue cortesía de ambos -concluye terminando de embarrarse.

-No será necesario todo estará bien -intento ser positiva.

-Es eso o le quiebro el cuello -amenaza. Me es difícil de creer lo que dice, pero la cara de Anyelo claramente dice, que no está bromeando.

-Así como yo sé que tú no cambiarás de opinión, tú sabes que yo tampoco lo hare, así que camina -le ordena.

Después de suspirar, ambos desatan a Simón y lo arrastran hasta el auto. Se ve realmente mal.

-Y yo que pensé que quien te dañaría era él, hasta le advertí que no pusiera sus ojos en ti. -Me confiesa Anyela tan pronto se sube al auto. -Serás su desgracia, pero es necesario tengas claro que yo seré la tuya -me amenaza.

-Bueno ya basta. -Me defiende el rubio mirándome por el retrovisor guiñándome el ojo. Como si lo que hizo no fuera la gran cosa. Empezamos el recorrido y nadie dice nada, cada uno está sumido en quien sabe que pensamientos.

-Cambiaremos de auto.

La voz de An me hace levantar la vista dando con par de autos parados al frente, los cuales tienen los vidrios completamente polarizados. Anyelo la mira confundido, pero ella como siempre solo sube y baja los hombros restándole importancia.

-No tenemos todo el día -nos apura antes se bajarse y caminar hacia donde están estacionados los dos autos.

Después de mirarnos bajamos rápidamente, al mismo tiempo que cuatro hombres bajan del primer auto que nos señalo An, nosotros caminamos hacia ellos y ellos hacia nosotros. La rubia se detiene al frente de la ventanilla del segundo vehiculó conversando con no se quien. Los hombres bajan a Simón y lo suben al auto donde nos encontramos nosotros.

Luego de unos minutos An abre la puerta del auto, me inclino para ver quien baja, pero Simón me distrae tomándome de la mano, cuando vuelvo a mirar solo alcanzo a ver un reflejo montándose al auto de donde bajamos nosotros. Cuando Anyela sube el rubio arranca como alma que lleva el diablo.

- ¿Lo llamaste? -pregunta Anyelo en un tono bastante serio, el que apriete el manubrio y la mandíbula se le tense me preocupa, pero Anyela solo medio voltea a verlo antes de frotarse la nariz y suspirar largo. clara señal de estrés.

-Siempre me tiras la culpa, sin embargo deberías pensar un poquito mas. Tu nunca me dejas opción. Y relájate que la llamada no fue tan lejos.

Ambos se miran por el retrovisor y ya, se acabo la conversación. Y como siempre yo quede en la nada.

Varios minutos después nos detenemos en la entrada de emergencia del hospital. En el camino se cambiaron la ropa, el que los ayudo debe ser alguien de confianza porque dejo de todo en el auto.

-Yo lo bajo -indica Anyela guiñándole el ojo al hermano, le sonríe, pero no sé porqué no logró conectar su sonrisa con su mirada.

-Oído, en la siguiente entrada hay un auto negro, dejan este y suben a ese, con disimulo ¡por favor! Yo dejo el paquete en emergencia y los alcanzo en 10 minutos. Vamos nene.

Se ajusta la gorra y la capucha antes de bajar, Simón se apoya en ella, baja y empiezan a caminar. Tan pronto se alejan mi compañero arranca.

- ¡Detente! -Grito y Anyelo pisa el freno, no le doy tiempo de preguntar nada ya que me bajo del auto corriendo hacia la entrada, en donde está mi papá parado con las manos en la cabeza. El nombre de mi abuela es lo único que me pasa por la mente. Le paso por un lado a An, quien al mirarme se voltea.

- ¡Vete! -Grita desesperada, pero yo continuó.

Varias camionetas negras se toman el lugar cuando llego a la altura de mi papá, quien levanta la cabeza mirándome de arriba abajo con el ceño fruncido. No puedo ignorar el que tenga los ojos llorosos.

- ¿Qué pasó?

Me toman del brazo intentando que me devuelva y me sacudo, es Anyelo. Anyela suelta a Simón en una silla de ruedas que le ofrecen, tampoco puedo ignorar la mala cara que me pone, pero no me importa. Repito lo único que pasa por mi cabeza es el nombre de mi abuela.

- ¿Qué pasó? -Repito la pregunta con las lágrimas amontonadas. El corazón se me aprieta cuando la mirada de mi papá se empaña.

-Es tu abuelita... -Suelta la noticia desestabilizándome el suelo.

Capítulo 2 Capitulo I

20/12/2019

¡Lo siento! Pero... yo... solo quiero... solo quiero una vida tranquila.

Abro los ojos parpadeando repetidas veces intentando aclarar mi vista. Solo fue un sueño, me recuerdo mentalmente soltando el aire que siento atascado y que está obstruyendo mi respirar regular. Miro el techo e Inhalo y exhalo para normalizar mi respiración.

Una pregunta llega a mi mente como un disparo certero.

¿Hasta cuándo me pensará perseguir dicho... sueño?

Suspiro apartando la pregunta a las malas, porqué sé muy bien lo que le procede a esto son recuerdos incómodos e innecesarios.

Mi mente domina mi cuerpo, pensamientos y emociones no es al contrario.

Repito en mi mente la oración que según un video que miré en YouTube alineará mis emociones.

Ya completamente despierta doy varias vueltas en la cama y estiro la mano para darle la vuelta al reloj que está sobre la mesita de noche. Me sorprendo cuando veo la hora. 11:00am.

Mi sorpresa se debe a que había perdido la cuenta de los días que llevaba sin poder conciliar el sueño. Me ruedo hasta llegar a la orilla de la cama para sentarme y estirar mi cuerpo para desperezarlo. Al abrir los ojos no puedo evitar mirar mí alrededor y está vez no puedo bloquear mis pensamiento.

Varios recuerdos me arropan generándome una sensación nostálgica. Al final obtuve en todo el sentido de la palabra lo que tanto pedí, tranquilidad. El detalle fue el precio, todo es tan gris.

¿A qué viene el tema? ¡Detente! Me regaño a mí misma al no poder controlar mis pensamientos. Odio no saber de qué lado se colocan a veces. Reprimo la respuesta y todo lo que vendría luego, levantándome a las malas de la cama.

No quiero otro día dañado, me niego a semejante barbaridad y como no me da la gana de seguir por ese camino de pérdidas de sueño por tonterías, hoy la haré caso a Vivían me compraré las pastillas para dormir y punto. No aceptaré más recuerdos de cosas que ya pasaron, no, ya no tengo 16 años y esto de sentir cosas que sé muy bien ya no vienen al caso, es ridículo, se acabó.

Mis emociones no me controlan. Es la determinación que usaré de hoy en adelante, porque todo está en la mente yo ordeno y mi cuerpo obedece, punto. En un último intento por controlar mi mente y despojarme de pensamientos y perezas inútiles me voy directo al baño, entrando a la ducha convencida de que no hay nada que un baño de agua fría no resuelva.

24/12/2019

El crujir de una silla se mete en mi sistema auditivo informándome que alguien se ha sentado a mi lado. Sacudo la cabeza. Me volví a quedar dormida. Abro los ojos enderezándome.

Las horas que llevo sin poder dormir me están pasando factura. Las pastillas no me sirvieron de nada y seguí perdiendo sueños, agotándome tanto qué no puedo sentarme y no quedarme dormida.

Me toco las cienes masajeándolas un poco expulsando el aire que le sobra a mis pulmones. Esto lo hago con la esperanza de poder desaparecer el repiqueo que tengo en el pecho, pero... no pasa. Suspiro derrotada.

Creo se llegó la hora de admitir que estoy llena de emociones. Me vuelvo a recargar del espaldar de la silla sonriendo como loca estúpida al sentirme extraña por eso.

Es increíble como puedes pasar años sin ver a otras personas hasta el punto de convencerte de que al verlas nuevamente no pasará nada. Incluso llegas a creer que las superaste por el simple hecho de que las emociones no te abruman por su recuerdo, no siempre es así. He comprendido, que la prueba de fuego llega cuando las ves o sabes que las verás. Es ahí, porque todo eso que arrinconaste se revoluciona, viene y ¡bum! Te explota en la cara.

¿Cómo lo sé? Bueno, porque justo eso, me está pasando ahora.

Hace cinco años aproximadamente, salí de mi país, por diferentes razones. Razones de las cuales no es que quiera extenderme a hablar ahorita. Porque, son largas, dolorosas y lo más importante son pasado. Resumiré, que la solución de una, terminó arrastrando las otras. Irme.

El día que salí de mi casa estaba realmente mal, pasé no se cuantos días llorando y extrañando las cosas y personas que dejé. Hasta que me acostumbré a recordarlas y que no pasara nada. Cero llanto, cero aceleraciones, cero suspiros, cero reclamos, no pasaba nada.

Cuando hablaba por teléfono con mi padre, me arrugaba un poco, pero, al cabo de unas horas estaba bien de nuevo. Podía hablar con otra persona sin estar pensando en ello, podía concentrarme en lo que sea estuviera haciendo, sin terminar dañándolo porque me descuidé pensando en otra cosa. En fin, podía sentir que estaba libre de ese peso emocional. Es por eso la ironía de ahora, porque, en este preciso momento siento que el corazón se me va a salir del pecho, al saber que mi regreso está muy cercano y...

Suspiro, porque en el fondo sé, mi temor no es por las emociones, si no por lo que me encontraré y desataré con mi vuelta. Y no hablo de terceros si no de mí, porque son cosas, pensé ya había arrinconado, personas por las cuales pensé había olvidado cuanto aprecié.

Sacudo la cabeza, cuando los recuerdos pasados me quieren violentar los pensamientos.

¡Esta superado!

Me recuerdo. Las palabras de mi padre, la última vez que hablamos de mi regreso, remplazan el tema.

¡Cariño! Ya no es necesario que vuelvas. ¡Cuídate! Y recuerda, siempre serás mi pequeña bolita y siempre te querré de manera exorbitante.

Sí, es curioso. Claramente las palabras no son las más alentadoras en volver, de hecho muy transparente se ve, que no me quiere de vuelta. Es por esto mismo que decidí volver, sé, algo malo debe estar ocurriendo para que él, no me quiera de regreso. Solo espero, no sea nada que no tenga solución.

Desde el primer día que llegué a mi nueva vida, mi padre nunca paró en pedirme que volviera. Día tras día, era lo mismo. Yo pensé, retrasé, pospuse, no hubo cosa que no hiciera para evitar volver, pero, ese cambio que hubo la última vez que hablamos, me pellizcó mentalmente; ya que pude darme cuenta de qué algo malo podía suceder y yo, bien gracias. Así que como dicen por ahí, todo tiene su final, heme aquí, apunto de subirme al avión que me llevará de vuelta a mi país, tras todo este tiempo fuera en otro continente.

Espabilo de repente, cuando siento un ligero tirón en el hombro. No sé cuándo me quedé dormida en el asiento nuevamente. El llamado para abordar el avión se expande por la sala, poniéndome a buscar con la mirada, la puerta con el letrero que indica mi vuelo. Me levanto de inmediato cuando estoy más orientada.

Mi nombre es Bianka Rull. Vengo a contar una historia, mi versión de la historia.

Salí de mi hermoso país, Venezuela, con diecisiete años de edad, cuando a las malas terminé dándome cuenta de qué, ciertas personas no me estaban haciendo bien. Quizás si yo hubiese sido la afectada, sigo sin notarlo pero, no; resulta, que terminé afectando a otros, y aunque no fue mi intención, el resultado fue tan desastroso, que me puso a reaccionar.

Entonces, convencida de que la distancia acabaría con todos los problemas, ya que no podía solo quitar a esas personas del camino y ya, decidí hacerme a un lado yo. Los últimos días fueron terriblemente mal. Un día antes de partir, las desgracias como que se levantaron esa mañana y decidieron joderme con todas las letras en mayúsculas.

En la vida hay personas bastante tóxicas, como le dicen ahora. A mí, me tocó conocer varias, pero, hubo una en especial que se encargó de llenarme la vida de inseguridades, miedos, traumas, sufrimientos y pare usted de contar.

Esa es la parte mala que me empujó a irme. Pero también he de admitir qué, el que me admitieran con una beca en la mejor universidad de esa época, no fue poca cosa.

¿Resultó el plan que tenía cuando salí de mi casa?

En parte resultó. Digo en parte porque, aunque si pude ponerle fin a ciertas relaciones y también me gradué con honores; hubieron cosas que no cambiaron. Por ejemplo terminé graduada en lo último que mis padres querían. Eso me generará un problema súper grande con ellos, pero bueno, ya el mal está hecho, así que ahí voy. Luego está, el que sigo siendo la misma ingenua, tonta e insegura solo que con un poco más de edad. Y aunque vengo dispuesta a cerrar brechas. Ruego a Dios no sea necesaria.

Tras varias horas de sueño y no sé cuántas escalas por fin llego a la capital de mi estado Anzoátegui. Barcelona. Aquí debo abordar el último bus, el cual me llevara hasta mi hermoso pueblito, San Andrés, ubicado al sur del estado. Agilizo todos los trámites agradeciendo no tener contratiempos, a pesar de que mi vuelo se había retrasado. Supongo, la aerolínea realizó todos los trámites. Me parece perfecto, es lo menos que podían hacer, ya que debí llegar a las 6 de la mañana y no a las 3 de la tarde que es la hora actual.

20 minutos después ya estoy abordando el bus. Llego a mi puesto alegrándome de qué el asiento a mi lado este vacío. Será más cómodo para mí, me siento suspirando largo cuando el repiqueo vuelve a golpearme el pecho. Son tres horas de viaje y no quiero torturarme en ese tiempo pensando en cosas, que son parte del pasado y por ende no deben interesarme ya. Así que a las malas me obligare a dormir.

Que el bus se detenga de golpe me hace abrir los ojos. Me enderezo rápidamente para mirar por la ventanilla a ver qué sucede, pero, no veo nada así que vuelvo a mi antigua posición, mirando la hora antes. Todavía faltan 45 minutos para llegar. No pensé había dormido tanto aun así, me preparo para seguir durmiendo, cierro los ojos...

- ¡Disculpa! ¿Está ocupado? -Mientras abro los ojos, ruego porque la pregunta no sea conmigo, pero no, sí es conmigo. Un chico está frente a mí, con un bolso a su espalda.

-Creo ese es mi puesto. -Explica el chico, logrando que espabile. Rápidamente recojo todo lo que había dejado en el puesto, que ahora tenía dueño. Resignada, me preparo para intentar dormir otra vez...

- ¡Disculpa! Pero... necesito hablar con alguien. -Habla rápido, giro el rostro para verlo, ganándome una sonrisa, puedo detallar que se le hacen hoyuelos en las mejillas.

-Es que, llevo no sé cuántas horas subiéndome y bajándome de cuanto avión, bus, carro y todo transporte que te puedas imaginar y nunca pude hablar con nadie, porque, no me entendían o estaban ocupados. -Le sonrió enderezándome. Total, yo también necesito distraerme.

- ¡Gracias! Mi nombre es Esteban. -Estira la mano ofreciéndomela. Le miro por un momento a los ojos antes de corresponderle.

-Me llamo...

Eleva la mano, pidiéndome me detenga. -Déjame adivinar. ¿Bianka?

El asombro por la pregunta no me deja responder, solo alcanzo a asentir con la cabeza, desatando su risa.

-Tranquila. No soy ningún psicópata que viene persiguiéndote, solo me encontré esto aquí. -Señala el piso antes de entregarme algo. Al darle vuelta veo que, es un documento de identidad el cual, me pertenece. Rápidamente escarbo en mi bolso, Encontrándome con que efectivamente no está mi cédula. Recuerdo que al subir me la entregaron, seguro pensé meterla en el bolso, pero, se me cayó y no me di cuenta. La guardo asegurándola bien esta vez.

-Debes estar más pendiente, que se te pierda eso, sería una locura. -Susurra y yo asiento, mirando a través de la ventanilla.

- ¿De vacaciones? -Indaga. Volteo a mirarlo de nuevo, permitiéndome detallarlo un poco más al tenerlo mas cerca. Tiene bonito rostro y cuando sonríe se le forman esos hoyuelos que le dan mucha más simpatía, su nariz es puntiaguda, su tez es de color canela y su cabello negro le cae en la frente, tiene una dentadura perfecta, también los ojos son muy lindos.

Es muy guapo. Concluyo en mis pensamientos sin dejar de mirarlo. Intuyo que no paso desapercibido mi escáner ya que me sonríe, humedeciendo sus labios.

-Tú también eres muy guapa. -Dice, logrando que sonría. Por un momento logra hacer que me olvide a donde voy. Termino sacudiendo la cabeza ocultando mi sonrisa.

-Voy a San Andrés. Pero, hablemos mejor de ti. -Le pido amablemente.

Sonríe ladeando la cabeza, al momento se endereza. -Soy hijo único, estudiante de medicina y voy a San Andrés a realizar mi labor comunitaria, la cual es necesaria para graduarme.

Levanto las cejas ya que no lo imaginé, se ve bastante joven para estar a punto de graduarse. Estudiamos...

-También me gusta la aventura -Continúa alejando mis pensamientos-. Los deportes extremos son mi delirio, amo a mi madre y mis abuelos, no me gustan los estigmas, los tabús, juzgar a la primera, los estereotipos son fatales, soy bastante ligero.

Asiento convencida de que es muy ligero.

-También estoy soltero, vivo solo y, tengo un loro, una araña, un sapo y un ratón de mascota.

Vuelvo a reírme sin poder creer lo fácil que está siendo la conversación. - ¿En serio son tus de mascotas?

Asiente. -En serio, mira. -Del bolsillo del suéter que lleva puesto saca un teléfono celular yendo a galería, empezando a mostrarme fotos donde aparece él, con cada animal que mencionó.

-También tenía un murciélago, pero... se murió hace un mes, no sé cómo mi respiración boca a boca no funcionó -Suspira triste.

-Todavía lo extraño.

No puedo retener la risa al pensar que le huía a estar loco cuando ya lo está.

- ¿Piensas que estoy loco, cierto? -Niego para que me crea pero, el que intente ocultar mi risa no ayuda en la tarea.

-Yo sé que sí, pero, no importa.

-En serio no, solo que generalmente un murciélago, como que no se ajusta a una mascota doméstica.

- ¿Ves? Me estás juzgando por no seguir un estereotipo. -Se hace el ofendido.

Niego y el asiente pareciendo tonto.

-Parada San Antonio. -El grito del hombre nos saca de la conversación. El bus se hace a un lado deteniéndose. Entonces, varias personas empiezan a levantarse. San Antonio queda a 30 minutos de San Andrés.

-Ok, hagamos esto. -Me ofrece su teléfono lo miro confundida.

-Estoy convencido, y creo que tu también, de que esta conversación no se puede quedar así. Nos faltan tantas cosas por saber. Entonces, haremos esto. Anotarás tu número ahí, yo te llamaré cuando tenga unos minutos libres y nos iremos a tomar un café.

Sigo mirándolo raro, mirando de reojo como los pasajeros empiezan a bajar.

-Debo bajarme aquí -Continúa explicando, sin embargo eso no evita que siga con el ceño fruncido, sin entenderlo ni un poquito.

-Necesito buscar unas cosas donde mis abuelos.

No reacciono.

-Si no me crees, me puedes acompañar. Luego seguimos. Te caerán bien, ya verás.

-Niego cayendo en cuenta. Me pone cara de tristeza, entonces, tomo el teléfono y anoto el número de mi casa, antes de devolvérselo. Sonríe triunfante tomando el móvil desapareciéndolo en su bolsillo.

-Bueno, fue un placer. - Se despide. Estira la mano y yo le correspondo estrechándosela.

-Un gus...

- ¡Ah! -Me interrumpe. -No hablar de tus problemas no los hará desaparecer, al contrario los agrandará tanto que cuando quieras abordarlos será tarde, así que te daré un consejo. Enfócate en las soluciones, que créeme sí las hay, el problema está en que a veces uno se empeña en que las soluciones sean las que uno quiere y no, así no es. Cuídate guapa y piensa mucho en mí, hasta que nos volvamos a ver.

Se levanta y se va, dejándome con la palabra en la boca. Tiro la cabeza hacia atrás cuando sus palabras me remueven algo por dentro. Obviamente me niego a ponerle atención, cerrando los ojos de nuevo. Es estúpido lo sé, pero, por los momentos es la única solución que hayo. Dormir, para no pensar.

Capítulo 3 Capitulo II

Despierto de repente. Llegue. Me enderezo en el asiento frotando mis brazos para entrar en calor. Me quedo sentada esperando bajen los demás. No es que este tan apurada.

A San Andrés no llegan vuelos, a menos que tengas tu propio hangar, y ese no es mí caso. Quizás, el de mis progenitores sí. Según lo que sé, tienen algo de dinero, el cual por cierto, no sé de dónde provino, porque cuando me fui éramos unos ciudadanos de clase baja con inicios a clase media.

La cuestión es, que ya sea por suerte o no sé qué, ahora el dinero no es problema. Eso decía mi padre cada que le preguntaba por las operaciones de mi madre, la cual por cierto, a de estar muy feliz. Con solo verla puedo deducir, que ya podría morir en paz, por alcanzar su mayor anhelo. Entrar en el circuló.

Volviendo al tema. No es mi caso el tener dinero. Yo solo soy una simple recién graduada abriéndome camino, a ver si en par de años tengo un departamento propio, por lo menos. No es que esté discriminando mi profesión, no, pero, hay que ser sinceros. Con tan corta edad, no serán muchos los pacientes que pondrán su vida en tus manos. Tristemente la mayoría piensa, que la edad te da experiencia. Ok, puede ser que en algunas cosas puede ser así, pero, definitivamente hay otras en las cuales esto no es así.

Tengo claro qué... se podría decir yo me boicoteé el futuro. En mi trabajo anterior ganaba bien sí, pero, nada se compara si hubiese estudiado administración de empresas, y me hubiese hecho cargo de las empresas que me ofreció contabilizar mi padre. Seguir su legado decía.

Sacudo la cabeza al notar que ya no puedo retrasar más mi llegada. Ya todos los pasajeros se han bajado y hay un chico enfrente con los brazos cruzados mirándome raro. Me levanto y camino hacia la salida del autobús, bajo de inmediato.

Al salir del terminal alzo la vista encontrándome el auto de mi padre estacionado en frente. Una emoción cruza mi pecho poniéndome a correr hacia él, las lágrimas se me acumulan en los ojos cuando veo que la puerta se abre. No sabía cuánto me hacía falta hasta que vi ese auto, sonrió apurando el paso... No tengo una explicación exacta, pero al levantar la vista de nuevo...

La alegría se me derrumba al ver que quien baja del auto, no es mi padre si no Karla. Me detengo en seco, sin embargo rápidamente intento controlar el hermetismo de mi cuerpo en avanzar, obligándome a andar.

Ciertos recuerdos me aturden, me llegan de repente recordándome porqué es qué me niego a caminar. Una de las personas por quien debí poner distancia fue ella, no teníamos la mejor relación.

Sacudo la cabeza y me obligo andar, repitiéndome que debo estar feliz; pero... mientras camino puedo sentir los pasos más lentos y el cuerpo pesado. No voy a negar que me da un poco de decepción conmigo, ese comportamiento. Firmemente pensaba que con el tiempo todo había quedado atrás, duele ver que no es del todo así, que de mi parte, algo sigue rechazándola.

Ajusto mi bolso de espalda soltando un suspiro largo. Repito en voz alta que está superado.

Levanto la cabeza de nuevo y el ánimo se me revoluciona al ver que detrás de ella, baja, Yello con su alboroto particular.

Yello, es un perrito de raza pekinés, quien fue mi fiel compañero después de un evento que viví en mi adolescencia. Viví tanto junto a él, que no puedo evitar írmele encima cuando llego a su altura, lo cargo y lleno de muchos besos y arrumacos. Giro con él entre mis manos. No me sorprende lo emocionada que estoy, lo amo.

Me es inevitable recordar en honor a quien le coloqué el nombre, por ende, quien me lo regaló. La nostalgia me cruza de repente deteniendo mis giros. Paso saliva y vuelvo a repetir la oración principal de mi rosario.

Esta superado. Esta superado, que no te afecte y todo estará bien. Son las palabras que convertí en mi rosario, desde que me enteré volvería.

Vuelvo a mirarlo a los ojitos y él solo menea la colita inquieto, intentando lamerme la cara. Es hermoso.

- ¡Bianka!

Me tenso con el grito que me pega la señora que tengo al lado. No es un grito a viva voz, fue entre dientes, pero eso me basta para quitarme el buen ánimo.

Bajo el animal al suelo, suspirando antes de enderezarme de nuevo para mirarla. La sonrisa se me dibuja sola al verla sonriéndome. A pesar de que sé, no es del todo autentica mis labios no vuelven a su lugar.

Sacudo la cabeza para alejar los pensamientos que me quieren tomar la mente.

Con Karla es así, si ella sonríe tú sonríes. Como siempre está bien perfumada, muy bien vestida y estilizada. Puedo notar desde mi lugar que se operó la nariz. De la señora que me despedí hace años no queda mucho. La recuerdo por las fotos que me enviaba mi padre, sí no, estoy segura no sabría a quién tengo en frente, parece mi hermana. Me repasa con la mirada antes de tomarme de las mejillas, sin dejar de sonreírme.

-Pudiste saludarme a mi primero -me habla entre los dientes acariciándome la cara. Sigue teniendo la misma mirada de...- pareces loca con ese animal.

Medio giro a ver quién está cerca, en efecto hay cuatro hombres alrededor nuestro. Nos están mirando fijamente. Típico, quiere aparentar que todo está bien y somos felices, pero su postura me deja muy en claro, que está incómoda tirando más al enojo. Me es difícil pasar por alto el pensamiento de qué al igual que yo, ella también me sigue rechazando.

La incomodidad que siento, se ve reflejada en como se me acelera la respiración. Sé que lo nota por la manera en que clava su mirada en mí.

Termino bajando la cabeza al sentir como se me acojona el alma, doy un paso atrás, pero ella da uno hacia delante volviendo a tomar mis mejillas, y esta vez no es sutil, es mas, ni siquiera intenta serlo, ya que clava sus perfectas uñas en mi piel. El corazón se me comprime y las lágrimas se me amontonan en los ojos al igual que el llanto en la garganta.

-Escúchame bien, me haces el favor y te comportas, que nos están observando -empieza con las demandas. Sacudo la cabeza ligeramente, para que afloje el agarre, ya que me está lastimando. Me pregunto. ¿Para qué trajo al perro?

A las malas me obliga a mirarla de nuevo, pero sabe disimular muy bien, que no es a la fuerza.

Que no te afecte. Empiezo a repetir en mi cabeza, pero...

-Ya sabía yo, que eras tiempo y dinero perdido. No sabes la vergüenza que me da el que solo hayas crecido en edad, sigues siendo una inmadura. Siempre se lo dije a tu padre tan inteligente para tenerlo todo, pero tan ingenua y cobarde para cogerlo.

Puedo jurar que no llegué predispuesta, sin embargo me es inevitable no captar ciertos aires de desprecio en su mirada y en su voz. Suspiro intentando no dramatizar las cosas ya que apenas estoy llegando.

Después de unos segundos le sonrió asintiendo, logrando que me suelte. Vuelvo a fijarme en Yello. Frunzo el ceño al recordar lo que dijo Karla cuándo me fui.

Lo voy a sacrificar porque es horrible.

¿Por qué lo conservaría? Dejo el tema a un lado, cuando me fijo en qué Karla no deja de mirarme. Suelto un suspiro, antes de hablar.

-Tan delicada y sensible como siempre. -También le hablo entre los dientes antes de alzar la voz para darle el show que quiere.

-La bendición. -Intento sonar entusiasmada, sonrió como si todo estuviera muy bien, como le gusta a ella que actué, que me comporte. Me sonríe hipócrita al captarme el sarcasmo y me voltea los ojos antes de dar unos pasos atrás. Reprimo las ganas de salir huyendo, bajo la mirada observando al perro quien no deja de moverse y menear la cola.

Por más que intento, no logro entender el comportamiento de Karla, llevábamos años sin vernos. ¿No podía solo abrazarme y ya? Tenía que hacer el berrinche, porque tomé un momento al perro.

Me parece absurdo, pero estoy segura que muchos se preguntarán. ¿Por qué soportas eso Bianka? La respuesta es sencilla. A parte de porque mi papá la ama, es mi madre.

Tras mi partida vi como la cosa empeoraba, mi padre día tras día me recalcaba su idolatría por ella. Dejándome con la esperanza, de no tener que convivir con ella siempre, más allá de tres cuadras después del infierno; estando lejos no es mucho lo que, pude, puedo y podría hacer en un futuro para librarme de su carácter. Bueno, en el pasado le encontré la solución, irme. Pero, como vemos solo funcionó por un tiempo. Ahora, es muy triste ver como todo empeoró.

Sacudo la cabeza intentando espantar los malos pensamientos, pero es que verle la cara de fastidio a mi madre, los arrastra hacia la superficie con una facilidad que abruma.

Aclaro. No es que yo no sienta nada por mi madre. De hecho, de niña tengo muy buenos recuerdos con ella. Era tan dulce, fue en mi adolescencia cuando todo cambió y mucho, sin embargo yo me tragué cada cosa, pero eso no evitó zanjar esta brecha entre nosotras.

Evoco la visión que traigo de como quiero sean las cosas y a pesar de ir tan diferente a como las imagino. No pierdo la esperanza. Tiempo para acoplarnos nos sobrará. Estoy muy decidida a limar las asperezas. Es por eso que si para estar bien debo comportarme como ella, lo hare.

-A ver Karla. -Le doy un abrazo luego de suspirar pero me lo corresponde a medias. Claramente ya le dañé el ánimo. Llamarla por su nombre es el acto más fastidioso que le hago siempre y aun así se enoja.

Se aleja y camina hacia el auto, deteniéndose en la puerta. Gira mirándome de arriba abajo, haciendo una mueca de reprobación.

- ¿Es lo único que traes de equipaje?

Asiento, descolgando el bolso de mi espalda para poder subir al auto. Le muestro también el bandolero. Un bandolero, es un bolso más pequeño que te puedes cruzar por todo el cuerpo. Me gustó mucho cuando lo vi, porque es cómodo y sencillo.

Uno de los tipos que nos siguen, me quita el bolso grande y lo mete en la maletera del coche.

- ¡Gracias a Dios! -Se toca el pecho- vistes horroroso y quítate eso, que pareces verdulera de barrio. -obviamente no podía faltar el comentario desubicado.

-Otra cosa -se gira antes de subir- debes ponerte a dieta, ya basta de esa mentalidad de gorda.

Suspiro viendo como sube al auto con su cuerpo totalmente perfecto. Bendita oración que odio tanto. Reparo el bolsito sin encontrarle nada malo.

Me apresuro a subir tras ella, quedando acomodadas de extremo a extremo. Quito el bolso de su vista.

- ¿Y mi papá? -La pregunta me sale automática cuando el auto se pone en marcha.

-Julián, tenía algo importante que hacer y Ernesto, debía acompañarlo.

Lo único que absorbe mi sistema es el primer nombre que pronuncia mi madre y lo empieza a repetir como disco rayado, removiendo ciertas emociones. Sacudo la cabeza. Lo último que quiero y necesito es... Yello me distrae cuando ladra en mi dirección. Me trago la pregunta ¿Qué hacen ellos juntos? La cual lucha por salir de mis labios. Intento relajarme, recargando la cabeza en el asiento, pero...

-Vale. -mi cerebro evitando una pregunta incomoda echa un comentario peor. - ¿Así que venir a recibir a su hija no califica como importante? -Abro mucho los ojos al notar que reflexione en voz alta. Nunca antes le había respondido a mi madre y menos así. Siento como el calor se concentra en mis mejillas.

Caigo en cuenta de que estos cinco años sin Doña perfecta a mi lado, diciéndome: eso no se dice, yo respondo las preguntas, debes ser educada, las malas palabras te hacen una vulgar y te condenan un minuto más en el infierno; me afectaron. En todo este tiempo que estuve sola sin nadie reprimiéndome, cree ese mal hábito de pensar en voz alta.

Anoto en mi libreta mental que debo intentar controlar esa lengua o terminaré en problemas. Para bajarle dos tono al tenso ambiente que se formó, bajo la cabeza en espera de la reprenda, pero mi madre solo suspira largo.

-No empieces. -Advierte de repente, no sé qué me dio, pero yo sigo sin poder controlarme e ignoro la orden.

-Solo es que, fueron cinco años más o menos sin vernos, me pareció interesante el que no esté aquí. -Voltea a mirarme comiéndome con los ojos.

- ¡Silencio! ¡Es que...!

Calla el grito cuando uno de los hombres levanta la mirada para mirar por el retrovisor. Se endereza antes de volver a sonreír de esa manera que no me gusta, se desliza hasta terminar con el espacio que nos separa. Nunca he podido descifrar como es que aun estando con las peores emociones nunca se sale del papel. Su sonrisa nunca se borra.

-Debes de tener algo claro, digo, para que no te lleves una decepción luego. -Ladea el rostro ampliando mas la sonrisa mostrándome su dentadura perfecta.

-Como te decía, las prioridades de tu padre han cambiado - Aun sin entender el contexto de sus palabras, el susurro me da escalofríos.

-Cariño, estoy yo aquí, y no tienes una idea cómo desee esté momento llegara. -Ahora habla en voz alta, con una dulzura que me pone a picar la garganta, me toca la cara antes de suspirar para continuar.

-Cuando supe que vendrías cancele todo mis compromisos, así que no seas mal agradecida, sabes que tenemos muchas responsabilidades y más en esta época.

Los hombres pierden el interés en nosotras enfrascándose en su propia conversación. Su sonrisa hipócrita se vuelve auténtica al notar que triunfó.

-De malas para ti sino llegó quién esperabas y no te gustó verme. -Vuelve a susurrar y odio que me duela el comentario y su actitud. Decido no mostrarle lo que todavía me afecta su frialdad, sonriéndole, pero mi lengua no puede quedarse quieta.

-Aprecio su sacrificio, y me disculpo por quitarle tan valioso tiempo, pero yo me sabía el camino, si estaba tan ocupada pudo llamarme y me vengo sola. -El que use el mismo tono que ella, le achica los ojos y le tensa la mandíbula es tanta la presión que ejerce que temo se le quiebre. Se queda mirándome unos segundos, después sonríe como siempre, falsa.

-Cuidadito con esa boquita, Bianka. -Me advierte en susurros. Algo me dice que la línea de aguante que lleva ahora, es mucho más delgada, así que opto por no decir más.

Es mi madre. Me recuerdo mentalmente. Pero...

-El que tengas más edad no quiere decir que no te pueda dar una que otra bofetada, cariño, recuerda que soy tu madre y me debes respeto, ya que tengo la potestad para reprenderte sin fecha de vencimiento. Mantiene la sonrisa mientras me acaricia la cabeza. Cualquiera que la miraría, diría que me está consintiendo.

-Claro -Continúa después de cerciorarse que los hombres siguen sin prestarnos atención.

-No te voy a negar qué, el que haya muchas personas pendiente de mí, me hacen calmar, esperar y calarme el numerito. Porque, si sé llegase a filtrar que mi única hija volvía al país, después de años fuera y nadie la esperó, no me beneficiaría en nada, tampoco a tu padre, créeme. Así que, de hoy en adelante quiero recuerdes y tengas en claro lo siguiente: la imagen que tenemos que cuidar ahora, vale mucho, así que te comportas, y mucho cuidado con lo que haces y dices -Me suelta enderezándose por completo en su asiento.

-Y obvio no estoy nada contenta con tu regreso, también te llame pero como siempre.

Reviso el bolso, y efectivamente el aparato está apagado. Consigo al fin ponerme un cierre mágico en la boca y no digo más. Discutir después de tanto tiempo sin verla es ilógico. Vuelvo anotar en mi lista mental de quehaceres, poner de mi parte para no mostrarle el mal carácter que no sé de dónde adquirí a la señora que traigo al lado, porque en efecto es mi madre y le debo respeto.

Mi madre tiene un carácter fuerte y siempre lo deja claro, le gusta el control, el orden, lo correcto, los lujos, las apariencias, entre tantas cosas superficiales, es por eso que chocamos. Ya que yo soy más sencilla e humilde, sin embargo el respeto que se ganó fue tanto que llegué al punto de tenerle miedo. Si, la quiero, pero no sé porqué hay algo en mí que la rechaza. Nunca entendí, como encaja con mi padre, el es tan diferente.

Otra de las cosas por las que no había vuelto, era que sentía que no haría nada aquí, ya que lo único que valía la pena, había muerto aquel día que fui arropada por aquella bola de desgracias, la cual no me dejó otra alternativa, mas que irme. Cierro los ojos cuando los recuerdos me quieren jugar sucio, metiéndose a mi mente.

Esta superado. Empiezo a repetir, hasta que logro calmarme.

Hacemos el recorrido desde el terminal, el cual queda a las afueras del pueblo, en total silencio. Yello se sube en mis piernas y ahí se queda recibiendo mis caricias. Karla, nos mira mal de vez en cuando, pero no dice nada, lo que sea que ve en el móvil es más interesante. Por la hora no hay mucho tráfico así que llegaremos rápido.

Pasan 10 minutos antes de entrar al pueblo. Para llegar a casa debemos atravesar el centro del mismo. Me enderezo viendo por donde pasamos, todo sigue igual. Bueno, la verdad es que no notaría cambios ya que a pesar de vivir 17 años aquí, solo recorría el camino de la casa a la escuela. Pasados 10 minutos más, empezamos el recorrido por la carretera de piedra rodeada de árboles. Esto es lo que me encanta de mi pueblo el aire fresco que se respira. Vivimos en una de las urbanizaciones mas lindas, es la más retirada y tiene de todo. Es como un mini pueblo. Por esto es que no salía, ya que hasta la escuela queda aquí.

Después de identificar el auto entramos a la urbanización la cual desde la entrada está repleta de lado y lado de árboles de Araguaney, el árbol nacional del país, pero, por la época no podre disfrutar de la belleza de los mismos ya que florecen en época de febrero a junio.

El auto se detiene informándome que al fin llegamos. Suspiro y luego de unos minutos bajo, teniendo que esperar cuando intento abrir la puerta y esta no cede. Karla me quita de en medio de un empujón. Frunzo el ceño cuando la puerta se abre sin que la toque si quiera.

-Hay cambios -Se pavonea entrando. Entro tras de ella mirando a ver si fue mi padre quien abrió, pero no, no hay nadie.

-En tu cuarto está el atuendo que lucirás. -Me informa mi madre. Espabilo cuando una chica, la cual no tengo idea quién es, me quita el perro y se lo lleva.

Sí que hay cambios, hasta una empleada tienen. Me enderezo observando lo diferente que se ve toda la casa, cualquiera que entra diría que somos millonarios, es lujo por donde se le mire.

-Hicimos una que otra remodelación, cariño, te encantara. -Explica mi madre con emoción al notar mi sorpresa. Me da risa porqué debió decir: dejé una que otra cosa. La casa no es ni la sombra de lo que recuerdo.

-Fabiano, es perfecto te hizo el traje con anticipación y quedo hermoso. -Se emociona de nuevo juntando las palmas repetidas veces.

Tampoco sé, quién es Fabiano. De repente su sonrisa se transforma al recorrerme con la mirada.

-Ruega a quien sea en que crees porque entres en él. Otra cosa, el traje es muy delicado así que... trátalo con cuidado. Tienes quince minutos para salir y alcanzarnos en la peluquería. Raúl te llevará. A Raúl, si lo conozco, era el jardinero, pero yo le decía el indispensable porque realizaba de todo.

-Te estoy hablando -golpea mi cabeza descolgándome. -Así que préstame atención. Yo me voy necesito terminar otras cosas, pero, te esperaré para realizar nuestra llegada juntas. No creo tener que recordarte, cómo odio me hagan perder el tiempo ¿cierto?

Ni si quiera me deja responder, bueno, tampoco debía hacerlo para que obtuviera mi afirmación.

-La hora de llegada es las 9:50pm, Bianka. Grábate esto puedes llegar los minutos que quieras antes, pero ni un minuto tarde. -Se da la vuelta.

- ¿A dónde iremos? -La pregunta la detiene en seco. Se gira lentamente sacudiendo la cabeza, veo como voltea los ojos, antes de mirarme fijamente.

-Nunca prestas atención... iremos... -Me recorre con la mirada humedeciendo sus labios, achico los ojos al presentir que está disfrutando mi desorientación, por un segundo creo ver cierta sonrisa.

-Iremos, a la casa de los Meyer.

Reanuda su caminar, sin importarle el vuelco que sabe sus palabras provocarán en mí. No logro reaccionar al momento, solo la veo caminar hacia la escalera. Inicio una lucha conmigo misma para soltar las palabras...

-No quiero ir. -Digo al fin, haciéndola detenerse de nuevo, pero esta vez regresa a mi altura en un abrir y cerrar de ojos.

- ¿Qué dijiste? -Me pregunta cuando a pocos centímetros de mi rostro. Que se lleve el dedo al oído y me mire con esa mirada que ya conozco, desata una bola de recuerdos que me minimizan.

-Repítelo. Es que no escuché bien lo que dijiste. -La respiración se me acelera poniéndome a escuchar mis propios latidos.

No quiero desatar lo que sigue.

El pensamiento me pone a mover la lengua automáticamente, bajo la cabeza. -Nada.

Es todo lo que digo. No la veo, pero puedo escuchar como sonríe victoriosa devolviéndose.

Suelto el suspiro cuando empieza a subir las escaleras por la parte derecha. Recojo aire buscando la parte izquierda de las mismas.

En los últimos 5 minutos, mi madre se puso bastante conversadora, informándome acerca de una fulana cena, pero nunca dijo donde era. Inhalo y exhalo controlando mis emociones o por lo menos intentándolo.

Esta superado. Repito, mirando la hora en el gran reloj que está en medio de la pared, 6:55pm. Me lleno de rabia al sentirme como me siento. Pareciera que no hubiese estado fuera ni un día, tengo una cantidad de emociones que me abruman. Llego a mi antigua habitación y sin pensarlo mucho entro cerrándole la puerta en la cara a la chica que me seguía y no lo había notado.

Hasta mal educada me he vuelto. Estoy tan cansada, emocionada, estresada y todo lo que le sigue que no doy para disculparme.

Después le hablo.

La cena es a las 10pm. Que llegue un poquito tarde a la peluquería no querrá decir nada. Lo único que hago después de despegarme de la puerta es colocarlo a cargar el teléfono. Luego me voy directo a los brazos de la cama que no deja de llamarme. Medio ojeo mi alrededor sacudiendo la cabeza cuando no reconozco donde estoy.

Las remodelaciones también llegaron aquí. Me quedo dormida tan pronto mi cabeza toca la almohada, con un solo pensamiento rodando en mi cabeza.

Solo serán 5 minutos.

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