Comienzo el día con alegría, siento que hoy todo va fluir positivamente. Salgo del baño envuelta en mi toalla color naranja, con el cabello mojado y cuándo paso por delante del espejo me tiro un beso. Sí, lo sé, es muy egocéntrico de mi parte. Peino mi cabello corto y decido ponerme un top blanco, chaqueta negra, jeans negros y unos convers del mismo color. Siempre me ha gustado el color negro, aparte de que me queda genial, hace resaltar mis ojos verdes.
Salgo de ma habitación, camino hasta la sala, tiro la mochila en el sofá y voy directo hacia el comedor para sentarme a desayunar con mis padres.
-Buenos días mamá y papá.- digo dándoles un beso en la frente a cada uno.
-Buenos días princesa- contestan al mismo tiempo.
-¿Cómo durmieron las personitas que más amo aparte de mí?
-Bien cielito- responde mamá.- ¿Algún día dejarás de ser tan egocéntrica?
Me llevo un pedazo de pan a la boca y río antes de soltar un comentario que sé que va a hacer enrojecer a mamá.
-Sí, ya lo creo. Los escuché anoche dale que te pego.- río a carcajadas mientras ella me lanza una tostada y papá me pega con el períodico.
-Vale, vale sin violencia y mami, nunca dejaré de ser egocéntrica, viene en la sangre.- le guiño un ojo y miro el reloj de la pared para darme cuenta de que me queda poco tiempo- No quiero un hermanito, ¿si?, usen preservativos, los quiero.
Me despido entre risas de ellos y salgo en busca de mi moto para dirigirme a la escuela.
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No tengo amigos en la escuela, solo conocidos por lo que siempre estoy sola y no es nada incómodo, al contrario la soledad es una compañía buenísima, creo que todos deberíamos de amar la soledad y aprender a convivir con ella, al final del día, cuando cae la noche, cuando ves tu propia oscuridad, solo te tienes a ti mismo.
Camino por los pasillos jugando con las llaves de mi moto y no me doy cuenta de que tropiezo con alguien y caigo encima d él.
Cuando levanto la cabeza veo al imbécil de mi vecino. Oh no!, ¿justo hoy tengo que topármelo?. Juro que lo odio tanto como él me odia a mí, nunca nos hemos llevado bien, creo que desde que ambos estábamos en la barriga de nuestros padres nos odiamos.
-Piensas quedarte encima de mí, quieres una foto o tengo que empujarte para que te quites?- dice con esa voz arrogante y ronca que tanto detesto.
¿Quién mierda se cree qué es?
Un imbécil con complejos de superioridad.
Me levanto con rapidez y antes de que pueda decir algo doy la espalda y me pierdo entre los pasillos.
En vez de ir para el aula decidí ir a sentarme en las gradas y de paso comerme unos chocolates que traigo en la mochila desde ayer.
¿Desde ayer Hela?
Sí, no le veo problema.
En cuanto me siento reproduzco "One kiss" de Dua Lipa, y me recuesto un poco mientras saboreo el chocolate y me dejo llevar por la suave brisa. Cierro los ojos para relajarme un poco y disfrutar de la voz de una de mis cantantes favoritas.
Sí, definitivamente el día va a ser maravillo...
De repente siento agua fría en mi rostro y abro los ojos abruptamente y me encuentro con el espécimen de ojos verdes con el que me tropecé esta mañana con un pomo en su mano y riendo a carcajadas.
Me levanto enfadada y él no me toma en cuenta.
-¿Crees que es gracioso espécimen?- grito frustrada.
-Sí, la verdad es que sí- ríe con más fuerza y empiezan a salirle lágrimas de tanto reírse.- Tenías que ver tu cara Hela.
Ah qué es gracioso verdad?, te vas a cagar. Veremos si esto te da risa.
Le solté una cacheta que resonó en todo el campo y él paró de reír de inmediato.
-Eres un imbécil Owen, ¿ cómo mierda me tiras agua así por así?. Seguro que me extrañabas demasiado. ¿Quieres que te vuelva a hacer tragar bichitos de la luz?
-Vamos Hela María, no me digas que no te gustó mi pequeña muestra de cariño.
-Te odio Owen, no sabes cuánto.
-Tranquila Helita, el odio es mutuo.
-¿Recuerdas cuando te hice lamerme el zapato?- no responde por lo que le doy una sonrisa macabra y sigo hablando- Ahora estamos más grandes, por lo que no te voy a hacer esa simple cosita, ni te voy a hacerte tragar bichitos de la luz, pero créeme que te vas a arrepentir de lo que acabas de hacer espécimen maldito.
-Te recuerdo que no eres la única que sabe jugar rudo Hela María.- dice mirándome a los ojos con una cara de arrogancia increíble.
Me está empezando a poner de los nervios el niñito de los cojones y le voy a soltar un puñetazo, lo juro
-Te recuerdo que siempre salgo victoriosa.- dije con aires de superioridad.
Esoo, tú lúcete pa' no ignorarte.
-¿Me permites reírme?
-Sí, seguro que lo quieres hacer para no llorar. Tranquilo bebé, no le diré a nadie que estuviste a punto de llorar por una simple advertencia. Espera, ¿por qué coño estoy hablando contigo?, no sé que hago hablando contigo. Lárgate o me pego un puñetazo y le digo a tus padres que me pegaste.
-No serías capaz Hela.- me miró fijamente.
-Sabes que soy capaz de muchas cosas, desde que éramos niños te lo he demostrado Owensito.
-No me llames así María, no me gusta.
-¿Cómo?,¿ Owensito?- reí fuertemente y antes de dar la espalda lo miré a los ojos y le dije:
-Acabas de desatar una guerra imbécil.
Di media vuelta y me marché. Este no sabe en que lío se ha metido. Hacía mucho que no me metía en su camino, no lo miraba, no le hacía maldades, pero ahora me voy dando cuenta de que lo bueno dura poco y al parecer mi paz terminó, aunque si la mía terminó imagínense la de él.
Llego a casa enojada por lo que pasó hace unas horas. Él estaba buscándome hace mucho y juro que me va a encontrar. Ahora tengo que pensar que hacerle. Sé que parezco una niñata inmadura, (parezco no, lo soy) pero esto no puede quedarse así, él me las va a pagar sea como sea. Voy a llevar esta guerra hasta el final.
Me bajo de mi moto y entro a casa, al parecer no hay nadie ya que hay mucho silencio y mis padres son algo escandalosos, solo un tilín. Voy directo a mi habitación para darme una ducha de agua caliente.
Cuando termino me pongo un pijama porque sé que no voy a salir a ningún lado, recojo mi cabello en una mini coleta y me acuesto. Sí señores esta es mi triste y pobre vida. Agarro el mando y prendo el televisor para ver Scooby-Doo, ¿infantil?, na, no creo. Puedo tener cincuenta años y aún así seguiría viendo esos muñes. Al cabo de unos minutos siento mis ojos pesados y caigo rendida en los brazos de morfeo.
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Me despierto de un salto por una horrorosa música que viene de afuera y al pararme por la ventana veo al espécimen de mi vecino con una maldita fiesta montada en su casa, pero lo lindo es que solo son él y dos de sus amigas, vamos lo que me faltaba: fiestecita privada. Ya esto es el colmo, son las 12:00am y...esperen, ¿ por qué dormí tanto?, nada en fin, detalles que no vienen al caso. ¿Cómo mis padres no se han quejado?.
Bajo las escaleras a ver si encuentro a mis padres abajo y no están, ¿dónde se habrán metido estos señores?.
No sé qué hacer, quiero seguir durmiendo pero el espécimen no me lo va a permitir, con su fiesta privada y música horrible, es que a eso que él esta escuchado no se le puede llamar música.
Por inercia salgo y camino en dirección al patio de su casa y al llegar busco los alta voces y los desconecto, al fin siento que mis oídos están en paz. Doy la vuelta para irme y siento que me agarran del brazo.
-¿Quién mierda te crees qué eres para venir a mi casa, desconectar mi equipo e inturrumpir mi fiesta?
-Emm deja lo pienso- cierro los ojos y me pongo la mano en la cien.- Ah ya sé!, soy Hela María Benett la vecina que estaba placidamente durmiendo hasta que pusiste esa horrorosa música, mucho gusto.- estiro mi mano para que la tome y la aparta de un manotazo.
-No te hagas la listilla conmigo Hela.
-No me hago Owensito, yo soy, y, ¿por favor me puedes soltar?- hago un puchero.
-No- me dijo y apretó el agarre, por tercera vez en mucho tiempo me vuelvo a fijar en esos ojos verdes que se parecen tanto a los míos y me pregunto como alguien tan ostinado y arrogante puede tener unos ojos tan hermosos y cautivadores.
¿Te gustan sus ojos?
No, nunca dije eso. Te encanta sacar las cosas de contexto hija mía.
-Vamos Owen deja a esa perra aburrida y ven a divertirte- exclamó una rubia oxigenada.
-¿Qué dijiste?- rompí el contacto visual con Owen, lo aparté y quedé de frente a la rubia oxigenada con complejos de modelo de revista.
-Que eres una perra aburrida, ¿lo repito?
Y se queda tan ancha, pégale.
Iba a agarrarla del cabello y darle una paliza pero Owen me cargó como si fuese un costal de papas y me sacó de su patio.
-¿Qué escenita fue esa María?, ya no eres una niña para estar queriendo pegarle a todo el que te diga algo o te mire feo. Se supone que tienes diecinueve años, lo que significa que tienes que ser madura Hela.
-Déjame en paz, que esto fue por tu culpa, además yo le pego a quien quiera y cuando quiera- digo encogiéndome de hombros y haciendo muecas extrañas.
-Madura de una vez Hela.
-Habló de putas la tacones.
-¿Por qué eres así Hela?
-Porque así me parieron, no sé digo yo.
-Cada día te aguanto menos Hela.
-¿Dime algo que no sepa?. No sabes el placer que me causa escucharte decir eso, es como música para mis oídos Owensito divino.
-Y aquí vamos otra vez con el "Owensito", te puedes ganar un pasaje con destino a casa de la mierda.
-¿Lo pagas tú?
-Hela, Hela. Me estás colmando la paciencia y te voy a matar, lo juro.
-Hijo solo preguntaba, quería saber si ibas a ser todo caballeroso como demuestras por ahí.
-¿Quieres qué sea caballeroso contigo Helita?
-No Owen. Fue sarcasmo.
-Lo mío también genia.
-Ayyy gracias, no me había dado cuenta.
-Dios eres tan ostinada.
-Dios eres tan imbécil e inmaduro.
-Oigan quién habla.
-En mi defensa, madurar es para frutas Owen y pues yo, soy un bombóm.
-Narcisista de mierda.
-Cabrón inmaduro.
-Niñata de los cojones
-Espécimen
-Hela...
-Owen..
Nos quedamos en silencio por un momento. ¿Qué acaba de pasar?, ¿a dónde tan tontos e inmaduros mis señores?. Él decidió romper el silencio:
-Mejor ve a dormir Hela, esta conversación no va a terminar bien.
-Sí, es lo mejor que puedo hacer, por cierto Owi te vas a cagar, porque ya apunté esta también.
Caminé hacia la puerta de mi casa y escuché que Owen gritó: -Voy a estar encantado de devolverte lo que me hagas. - Y eso me encendió por dentro, pero al mismo tiempo me gustó, ¿me gustó?, no, no puede ser.
Sí que te gustó bandida.
Sí, pero en el sentido de que voy a tener un buen rival, o eso parece.
Ya verá mañana en la universidad.
Entré a casa, me tomé un vaso de chocolate caliente, cerré todo y subí a mi habitación. Encendí las luces y miré por la ventana. Todavía estaban ahí pero no tenían la música puesta. Dios te amo, gracias por cumplir mis peticiones. Cerré las cortinas para evitar otra discusión y para evitar romperle la cara a uno de ellos. Me acuesto y me duermo enseguida. Mañana va a ser un día de diversión.
Paso una plancha por mi flequillo para que quede tal y como quiero, termino de aplicarme rimel y brillo labial para salir de casa e ir a la universidad.
A veces quisiera no sé, tener a una amiga a la cual pasar a buscar para ir juntas a la uni, salir de fiesta, maquillarnos, compartir pulseritas, resumen: esas cosas que hacen las amigas, pero creo que nunca la tendré. Cuando estaba en la secundaria le pegaba a todos y todas, creo que por eso nadie se acercaba a mí, supongo que ni yo me acercaría a alguien así tan agresivo. Siempre he tratado de controlar mis ataques de ira pero me es imposible y no he buscado ayuda porque simplemente no me interesa buscarla, prefiero jugar a que me sé controlar y ya está.
Aprieto el acelerador, porque no quiero pensar más en eso de tener amigas, ni en mis ataques de ira. Siento como el aire me da en la cara y despeina mi cabello.
Llego a la universidad minutos después y aparco la moto donde siempre. Agarro las llaves, miro al cielo, suspiro y me doy ánimos para entrar a clase.
-Buenos días profesor.
-Buenos días señorita María, le quería preguntar algo, ¿puedo?
-Sí, aunque ya me está preguntando algo- murmuro y una risita amenaza con salir.
-Bueno a lo que iba: ¿por qué no asistió ayer a clase?
-Ah, eso- aprieto los labios y sujeto el asa de mi mochila- Me sentía un poco mal, por lo que decidí coger algo de aire en las gradas.
-¿Segura?
-Sí profesor, gracias por la preocupación- él asiente y yo me dirijo a mi puesto.
Saco el cuaderno de apuntes y tomo algunas notas que me servirán para el seminario que orientarán dentro de unas semanas.
Media hora después toca el timbre y voy al comedor en busca de un jugo y un sandwich. Muero de hambre madre mía. Cuando voy llegando veo al espécimen sentado con la rubia oxigenada de ayer y paso por su lado sin mirarlo y con la cabeza en alto. Justo ahora no estoy para inmadureces, ni pleitos.
Mi estado de ánimo cambia en cuestión de segundos, supongo que soy bipolar o algo así. De repente estoy súper feliz y de la nada empiezo a sobrepensar las cosas y me deprimo. Me he dado cuenta de que no tengo término medio, o estoy muy feliz o estoy muy deprimida. Mamá me dijo que siempre que cambiara de humor pensara en algo que me gustara mucho, en algo que me hiciera sonreír o que cantara. A veces me funciona y a veces no.
Voy y pido un jugo de manzana y me siento en la mesa que está en frente del espécimen y no le presto atención. No había otra maldita mesa, no hombre esto es una cosa pero bárbara. Me quedo mirando un punto fijo hasta que siento un grito y me alarmo.
Cuando veo de donde proviene el grito me paro y me dirijo hasta el espécimen y la rubia oxigenada para chismosear, porque sí señores soy doña chisme.com, el chisme es mi pasión. Al llegar veo que esta cabeza de chorlito está gritando porque un conejito pequeño que no tengo ni la menor idea de donde salió, se durmió en sus pies, me quedo mirando la escena por unos segundos hasta que me doy cuenta de sus inteciones de pisar al inocente conejito y rápidamente corro hacia ella y la empujo.
La rubia cae sentada en el piso y yo me agacho a recoger al hermoso conejito blanco de ojos grises que está asustado e indefenso. Lo estrecho entre mis brazos y paso mi nariz por su pequeña cabecita, me voy a girar pero siento que la rubia me empuja y me desestabilizo por unos segundos, logro ubicarme en tiempo y espacio y miro a la asquerosa rubia oxigenada con rabia.
Pongo al conejito en mi mochila y me dirijo hacia donde está la rubia mirandome con una sonrisa burlona en su rostro.
Tranquila muñeca que esa sonrisa te la voy a borrar de un putazo justo ahora.
Llego hasta ella y la agarro del cuello.
-¿Qué te hace creer que puedes tocarme?- escupo mirando como se tensa.
-Lo hiciste primero perra.
-Sí, lo hice primero, pero fue porque ese pobre animalito al que ibas a pisar vale más que tú y todos los que te rodean.
-¿En serio crees que esa mierda vale más que yo?, que equivocada estás, es una simple rata, n
¿no ves?, es un animal asqueroso y sucio.- agarra mi mano y la aparta de su cuello para luego darme una cachetada que me deja atónita.
Ya colmó mi paciencia. Odio que maltraten a los animales y además me acaba de tocar.
Sí, definitavamente me acaba de dar una cacheta.
La miro con rabia y le pego un puñetazo en la nariz que la hace retroceder, entonces aprovecho para arremeter contra ella y darle la paliza del siglo, uno, dos, tres, cuatro ...perdí la cuenta de cuantos golpes le he dado. Intento contenerme pero no puedo y sigo golpeando hasta que siento que me zafan de ella y me llevan a la fuerza hacia el estacionamiento.
Camino enrabiada y me doy cuenta de que estoy llorando, perdí el control nuevamente . A mis padres no les va a gustar, se van a enojar y a decepcionar. Me duele un poco la mano derecha y me quedo mirándola fijamente.
Pasan unos minutos y levanto la mirada para encontrarme con los ojos verdes de Owen. Tiene el cabello negro desordenado. Lleva una camisa negra y jeans ajustados.
-Esto se te quedaba- dice casi en un murmuro estendiendo mi mochila.
-Gracias- la agarro y saco al lindo conejito para pasarle la mano.
-Hela...
-Owen no quiero escucharte.
-Solo quería acercarte a casa.- lo miré confundida ya que según el me odia, entonces si me odia tanto porque quiere acercarme a casa?, bueno lo dejaré pasar por hoy.
-Vale- él asiente y caminamos hasta mi moto en silencio.