- Vamos Miranda, ya han pasado cuatro años desde que ese idiota te dejo, debes buscar a otro hombre que te sacuda el piso, que te coja de la melena y te estampe contra la pared mientras te de como a control sin baterías.
El trago que le había dado a mi vaso de agua casi sale disparado gracias a el gran comentario de mi mejor amiga, miro a mi alrededor y noto que varios hombres escucharon el comentario de Alicia, nunca entendí cómo es que esta chica nunca puede reservar algo para ella sola.
- ¡Alicia! - la reprendo. - baja la maldita voz.
- ¿Qué? de pronto así alguno se anima a hablarte .
- Escúchame bien. - me inclino hacia adelante. - prefiero ser la loca de los gatos, antes de volver a estar con otro hombre.
En el pasado estuve con un hombre el cual abusó de mí de formas que ni siquiera yo conocía como psicóloga, diría que es uno de los hombres más inteligentes, porque pudo evadir y penetrar a alguien que alguna vez fue fuerte e independiente.
Y no solamente eso, mi codependencia hacia él era tanta que si no lo tenía a mi lado sentía que iba a desfallecer, cuando ya me quise dar cuenta del daño que había hecho en mi era muy tarde. Me aleje de mis padres por todo el tiempo que estuve en aquella relación tan tóxica... mi madre falleció y tiempo después mi padre murió de soledad, todos los días me culpo de sus muertes, así que no me permito ser feliz.
- No lo creo, leí las cartas por ti y me apareció un hombre tan guapo que muchas van a querer robartelo.
- Sabes lo que pienso de eso. - colocó los ojos en blanco. - y deja de hacer eso, un dia de estos le vas a vender mi alma al diablo.
Alicia me queda viendo, no sé qué es lo que pasa por su caótica mente. Ella y yo nos conocimos en la universidad, fue mi compañera de habitación, ella estudiaba filología y es una de las personas más inteligentes que he conocido en esta vida, tiempo después estudió historia y ahora tiene un doctorado.
Conocí a toda su familia y puedo decir que son los más extraños, una de sus hermanas práctica el vudú y tiene otra hermana que es completamente gótica, y su hermana menor aparentemente es la más normal entre todos ellos, actualmente la doctora enfrente de mí trabaja como una tarotista en el viejo bazar de la calle Waller.
- Aquí tienen su cuenta.
El mesero interrumpe mis pensamientos colocando la cuenta sobre la mesa, su mirada queda fija sobre mi y luego en su rostro se va dibujando una sonrisa, escuche a Alicia intentar no reirse, así que a regañadientes colocó un billete de 20 sobre la mesa.
- La propina puede ser su número. - se atrevió el muchacho.
- Muchacho atrevido, yo podría ser tu madre. - Respondo abochornada. -Ves lo que ocasionas. - miro a mi amiga.
- Pero no lo soy señorita. - El mesero insistía.
- Vamos Miranda, cumplele el sueño al niño. - Alicia insistió jugando.
- Será mejor que levantes tu culo de la silla, ya debo volver al trabajo.
Más indignada que nunca me levanto tomando mi bolso y mi bata blanca de trabajo. Ambas salimos del restaurante bajo la mirada de varios hombres y de aquel joven mesero, me sentí un poco halagada, afortunadamente a mis 30 años me sigo conservando bien... o eso creo.
El calor de la mañana impacta sobre mi cuerpo y de inmediato comienza la comezón por todo el cuerpo, eso ocurre cuando se cambia de clima bruscamente, Alicia saca su paragua de color negro y lo coloca sobre nuestras cabezas.
- Pero ya hablando muy enserio, tú como psicóloga sabes que todo lo que estás haciendo está mal, no puede recluirte emocionalmente ¿Como harías si una paciente sufrió lo mismo que tú?
- Es diferente, porque este es mi trabajo.
- Eso es ser hipócrita y lo sabes.
Claro que Alicia tenía razón, pero dársela sería una larga sesión de limpieza para liberar mi alma del estado de negación en el que me encuentro desde hace ya cuatro años.
- Mira la cantidad de hombres que hay a tu alrededor. - Alice señala con su mano libre todo nuestro alrededor, hombres y mujeres caminaban de un lado a otro. - Mira ese. - señala a un moreno que justo cruzaba la calle, todo su brazos se encontraba tatuado y llevaba un estilo muy bueno.
- Sabes, a veces no entiendo cómo es que estas casada si a toda hora y en todo momentos estas viendo otros hombres.
- ¿Crees que Simon no ve a otras chicas? Aquí nadie es santo para rezarle. - Alicia bufa.
giramos en una esquina y ya nos encontrábamos en pleno centro de la ciudad, donde mi amiga daba sus sesiones de espiritismo, lectura de cartas, lectura de palmas y limpiezas con huevo. Aún me costaba creer que una de las mejores mentes del siglo 21 está aquí, claro... respeto a todas las personas que hacen esto, increíblemente cuando Alice lo hace, todo lo que dice se cumple. pero aun soy un poco escéptica.
Entramos por el arco principal de la plaza donde trabaja, allí había otros puestos y restaurantes donde los turistas comían y probaban nuestra gastronomía, y también compraban recuerdos para llevar a sus casas. La ciudad de Loubrook es la combinación perfecta entre Louisiana y la arquitectura de Cartagena. Fue una de las ciudades donde la eclavitud y las mezclas de culturas se arraigo echando raíces hasta el último punto de la ciudad.
Inclusive hay una atracción atrapa turistas donde inventan que fue esta tierra donde los primero vampiros, también el famoso aquelarre de las hermanas Richardson, cuatro hermanas muy poderosas, ellas le enseñaron todo lo que sabían a sus seguidoras durante la época colonial, se dice que durante muchos años lograron embrujar a muchos aristocráticos hasta que se dio la masacre de las brujas.
Según los Lester, padres de Alicia, ellos son descendientes de Marie Richardson, la mayor de las hermanas y por eso en aquella familia el ocultismo y la magia eran un pilar.
Alicia abre la puerta de su local y comienza a sacar una mesa y dos sillas, me ubico en una y dejo que la corriente de aire me refresque, el día estaba lo suficientemente caluroso como para derretirse.
- Hola. - Susie, mesera de un restaurante al lado del local de Alicia. Sale con una bandeja vacía en su mano.
- Hola Su. - respondo.
- ¿Y Al?
- Seguramente está encendiendo el aire acondicionado, aquí hace un calor del infierno.
- Le puedes entregar esto. - Del bolsillo de su pantalón saca un sobre perfectamente sellado. - Lo trajo un repartidor.
- Su, la mesa 8 está solicitando un pedido. - Otra mesera se acerca a ella.
- Ok, ya voy, hasta luego Miranda.
Susie se aleja dejándome nuevamente sola, pero no por mucho tiempo, mi mejor amiga sale junto a dos té frío.
- ¿Con quién hablabas?
- con Su, te trajeron esto. - le entregó la carta a mi amiga, ella lo analiza y coloca los ojos en blanco. - ¿Qué sucede?
- La universidad me quiere como docente a tiempo completo, dicen que soy el mejor prospecto para dar la cátedra en historia.
- Eso suena bien Al ¿Porque no lo tomas?
- Me gusta mi vida tal como está, no quiero estar lidiando con un montón de chicos, calificar exámenes, tener reuniones con directivos y blah, blah, blah, aquí soy mi propia jefa.
- Sabes, no vamos a tener esta conversación otra vez, así que tu eres la que sabes.
Le doy un trago a mi té y dejar que el frío me refresque un poco.
- Compre una botella de vino para esta noche. - dice Alicia.
- Cuando llegue a casa comprare la pizza, veremos Magic Mike y nos emborracharemos hasta el culo.
- Eso suena muy bien, pero te compre un regalo.
Alicia se levanta de su asiento y corre nuevamente a su local, me preparo mentalmente para lo que sea que me compro, me puedo esperar cualquier cosa de esta chica y siempre será algo que me volara la cabeza.
Sale y entre sus manos llevaba un libro, lo coloca sobre la mesa y sonríe en grande.
El libro era de pasta dura cubierta por una piel de cuero roja, no tenía ninguna inscripción grabada ni mucho menos dibujos que mostraran de que se trataba.
- Espero que no sea el libro maldito del que me contaron tus padres.
- ¿El codex? - asiento con mi cabeza. - ¡No! tú solo abrelo.
con desconfianza poco a poco lo voy abriendo, el primer título estaba escrito en lo que parecía ser griego antiguo. Estando con Alicia aprendí a identificar muchas cosas, sin embargo no sabía que decía.
- ¿Qué dice? - le pregunto.
- El que tenga en su poder este manuscrito podrá invoc...
- No pienso invocar al diablo, íncubo, súcubo, genio, elfo, hada o lo que sea.
- Déjame terminar. - Alicia coloca los ojos en blanco. - "El que tenga en su poder este manuscrito podrá invocar al esclavo sexual aquí descansa"
- Al, hay veces en las que creo que no eres de este planeta. Igualmente no pienso invocar a nadie.
- Oh vamos Mirando, debemos intentarlo, tú debes intentarlo. Para que te quites lo virginal que te has vuelto.
- Me voy. - Cierro el libro. Una fuerte corriente de aire pasó por todo el pasillo, increíblemente la tapa dura del libro se levantó y las hojas comenzaron a moverse hasta detenerse en una imagen.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza y sentí como mis mejillas comenzaron a calentarse, aquella imagen era tan perfecta en todos los detalles que lo adornaban, un hombre completamente desnudo yacía allí mirándome fijamente, a pesar de que la imagen era a blanco y negro podia predecir que sus ojos eran de un verde parecido a una esmeralda, su tonificado cuerpo lucia impecable sin ninguna imperfección que lo dañase. Justo en la parte de arriba decía: Jason de macedonia.
- ¿Te excitaste? - La voz de mi mejor amiga me sacó por completo de aquel trance.
- ¿De que se trata todo esto Alicia? - pregunto confundida.
- Daniel me regaló este libro, lo encontró en la librería y como estaba en griego creía que lo podía necesitar, cuando lo lei y vi esa imagen sentí una vibra muy fuerte a... sexo duro, Segun los pasajes Jasón de Macedonia fue un antiguo general el cual desaparecio misteriosamente y más nadie volvio a saber de él, pero alguien se encargo de escribir su historia y todas las batallas en las que estuvo. pero segun la especulación del mismo autor, Jasón fue maldecido por una diosa, se cree que fue Hestia, la esposa de Zeus, la madlción de Jasón es estar encerrado en un pergamino y la unica forma de salir de allí es que una mujer lo haga y él debera cumplir todos los deseos que esta tenga.
- O sea que es un genio.
- No, es un esclavo sexual.
- Lo que sea Alicia, no vamos a hacer este tipo de cosas. - me levanto de mi asiento. - Ya debo volver al trabajo, nos vemos en la noche .
Estaba dispuesta a irme, pero Alicia me detiene.
- Espera, llévate tú regalo. - Toma el libro y me lo entrega.
- Al, no quiero tener esto en casa, sabes que yo no creo en nada de esto. - se lo devuelvo.
- ¡Ash! Está bien. - coloca los ojos en blanco. - eres una aguafiesta ¿Sabías?
- Yo prefiero no tener una posesión demoníaca. - le recalco.
- Pero lo que te va a poseer es un antiguo dios griego.
- Ya olvídalo Alicia. Llegaré tarde a mi turno, nos vemos en la noche y que no se te olvide el vino. - me fui alejando paso a paso.
- ¡Si, si como tú digas!
...
Doy un fuerte suspiro al entrar en mi departamento, me deshago de mi bata y mi bolso, ordenadamente lo guardo dentro del armario cerca de mi puerta, me estiró por completo, suelto mi coleta y me dirijo a mi habitación dispuesta a darme una ducha muy larga relajante.
al llegar al baño me despojo de toda mi ropa y quedó desnuda frente al espejo, allí pude ver todas mis imperfecciones, mis senos estaban un poco caídos, tengo estrias en mi estómago, celulitis en mi trasero y mis piernas, me deshago de mi maquillaje y allí aparecieron esas horrendas pecas que tanto odio... o bueno que me hicieron odiar. Para mi es inevitable no pensar en todas esas palabras que alguna vez él me dijo, me hizo sentir la peor mujer del mundo y la menos deseada para otros hombres, él cambió todo de mi y me hizo la mujer insegura que ahora soy.
Doy un largo suspiro y abro la regadera, me meto y dejó que el agua caliente recorra cada rincón de mi cuerpo, esta es mi rutina cada vez que llego del trabajo, sin faltar, después de tan tantas sesiones las malas energías quedan impregnadas y no necesito más problemas en mi vida.
Al salir de la ducha enrollo una toalla en mi cabello y otra alrededor de mi cuerpo, me dirijo a mi closet y de allí saco un vestido bastante amplio, no quería estar apretada estando en casa y sobre todo porque Alicia vendría y solamente íbamos a beber y comer pizza.
me deshago de la toalla en mi cabeza y pasó el cepillo por mi cabello hasta estar desenredado, bajó hasta el primer piso y tomó el teléfono para pedir dos cajas de pizza.
El timbre suena en repetidas ocasiones y de inmediato supe que era Alicia por lo intensa que es.
- Casi que no me abres mujer. - es lo primero que dice cuando abro la puerta.
- O quizás estás desesperada.
- En realidad si, ya necesito que comience esta noche de chicas. - Entra al departamento. - ¿pediste la pizza?
- Justo hace unos segundos. - respondo. - ¿Tregiste el vino?
- Claro que sí mujer. - de su bolso saca una botella de vino. - y otra por si acaso. - golpea ligeramente su bolso.
- bien, porque las necesitaremos. - me fui hasta la sala y me tiré sobre el sillón. - Hoy fue un día muy ajetreado, por lo menos mañana descanso, eso es lo bueno de ser tu propio jefe.
- Entonces comencemos desde ya. - Alicia desaparece al entrar a la cocina, pero regresa segundos después con dos copas de vino. - Sabes, estuve hablando con Simon acerca de tu situación...
- ¡Alicia! - la reprendo mientras la miro mal. - Simon no debe saber de mis problemas.
- ¡Oh, vamos! él también es tu amigo.
- Sí pero... soy más amiga tuya que de él, después de todo es tu esposo. - me cruzo de brazos.
- Pues él me dijo que tenía un amigo super guapisimo y está dispuesto a conocerte.
- Eso no va a suceder. - colocó los ojos en blanco. - Mejor sírveme la copa llena, esta noche será muy larga. - Alicia niega con su cabeza y destapa la botella, se sienta a mi lado. - Feliz cumpleaños a mi. - llevó la copa a mis labios y le doy un trago grande, hoy realmente quería perder hasta la conciencia.
Al poco tiempo llegaron las dos cajas de pizza, Alicia y yo veíamos Magic Mike disfrutando de los hombres deliciosos que actuaban, sobre todo a Channing Tatum, ese hombre es simplemente perfecto.
La primera botellas de vino ya se había acabado y la segunda se encontraba a la mitad, solamente nos habíamos terminado una caja de pizza, definitivamente el mejor cumpleaños de todo este mundo, estar borrachas viendo hombres bailar y a mi mejor amiga, sin embargo la nostalgia era algo que siempre iba a estar presente en mi vida, mis padres siempre me levantaban la mañana de mi cumpleaños con un rico bizcocho de chocolate preparado por mi madre, mi padre junto a su cámara capturaba el momento de la mordida del bizcocho.
Como me gustaría que el tiempo retrocediera para volverlos a ver y nunca dejarlos. Limpio las lágrimas que bajaban por mis mejillas y Alicia lo noto, pasó su brazo por encima de mi hombro y me dejó llorar, esa ausencia de mis padres jamás iba a desaparecer.
- Fui la peor hija de todo el mundo. - hablo. - no sé cómo pude dejar a mis padres por ese... hijo de perra de William.
- Desafortunadamente estabas enamorada de él. - mi amiga acariciaba mi cabello.
- Ellos nunca me perdonarán, de seguro deben estar odiándome.
- De hecho no, los he visto protegiéndote una y otra vez, siempre me dicen que eres su bebe, su linda Miri.
Mi llanto aumenta.
- Ellos me decían Miri.
- Ya, ya, ya calma linda abejita, todo va a estar bien, deja de llorar. - Alicia me toma del rostro y me mira a los ojos. Ojos que por alguna extraña razón siempre me consuelan.
- ¿Acaso me vas a besar? - bromeó y ella estalló en carcajadas.
- Oye, te tengo una propuesta.
- ¡Por dios Alicia no vamos a tener sexo!
- ¡Dejame hablar mujer!
- Ok. - definitivamente el alcohol me tenía de mil humores hoy.
- Te traje un regalo. - Alicia tambaleante se acerca a su bolso y de allí saca nuevamente el libro que me dio por la mañana. - Se que me dijiste que no, pero yo nunca acepto un no por respuesta.
- A veces no entiendo cómo es que tú y yo somos amigas. - niego con mi cabeza. - No voy a invocar al esclavo sexual.
- Por favorcito Miri, mi yo de bruja me lo pide a gritos.
- Entonces invócalo tú. - me cruzo de brazos.
- No puedo, tengo esposo y no me hace falta el sexo, encambio a ti si...
- Hija de perra. - Llevo mi mano al pecho ofendida.
- Luego te arreglas con mi madre, pero en serio hagamos esto, te prometo que si no funciona más nunca te obligaré a nada.
Alicia coloca los ojos como el gato con botas, ella sabía perfectamente que no podía negarme a su mirada, así que tomó un cojín del sofá y lo colocó sobre mi rostro para evitar verla, pero ella se tira sobre tratando de quitarme la almohada, hasta que lo logró.
- ¡Está bien, está bien! - Alicia sale de encima de mí y hace su danza de la victoria. - ¿Qué es lo que tenemos que hacer?
- Lo bueno de hacer la invocación hoy es que es luna llena.
- Siento que después de esto me voy a arrepentir.
- No seas pesimista. - me tomó de la mano y me tira de ella para levantarme del sofá.
Salimos del departamento hasta ir al patio trasero, afortunadamente mi departamento quedaba en una planta baja y tenía acceso a un pequeño patio, perfectamente ambientado para hacer una noche de fogata el malvaviscos. Miro a la luna y tal cual estaba llena como Alicia lo había dicho, una corriente fría recorre todo mi cuerpo e instintivamente trato de cubrirme con mis brazos.
- Ten. - Alicia me tiende el libro, lo tomo y miro con total recelo la portada roja.
Pero las ganas locas de abrir el libro y ver a aquel hombre hecho por los mismos dioses me invadió y así lo hice, justo en aquella imagen tan hipnótica.
Acaricie las hojas amarillentas y las finas líneas que trazaban aquel tonificado cuerpo.
- Es hipnotico. - Alicia habla enfrente de mí. Cierro el libro de golpe.
- Hagamos esto rápido. - me sacudo gracias al frío. - ¿Tenemos que matar alguna gallina?
- Iidota. - Alicia me empuja. - Es fácil, porque es como si estuvieras manifestando, vas a repetir tres veces el nombre del esclavo sexual y dejaremos que el resto se haga solo.
- ¿En serio? ¿Y la letra menuda?
- No hay, eso es lo bueno.
- Ok, espero que Dios me perdone por esto.
- Lleva el libro primero. - me indica. - y repite el nombre de Jason de Macedonia.
Pego el libro a mi pecho, por alguna extraña razón sentí un fuerte corrientazo que atravesó mi corazón, mis manos comenzaron a sudar y mis piernas a temblar, me concentré, coloque la poca energía buena que tenía de mí y lo solté:
- Jason de Macedônia, Jason de Macedônia, Jason de Macedônia.
Cuando estuve segura abrí los ojos y Alice me estaba viendo como si fuera un experimento de laboratorio.
- ¿Te sientes bien? ¿Notas algo raro? ¿Ves doble?
- No. - respondo sin más. - Al no creo que esto haya funcionado, debe haber algo que omi...
Un sonido de entre los matorrales llamó nuestra atención, instintivamente me coloco detrás de Alicia, si llega a ser un demonio ella me protegerá. El matorral se seguía moviendo y de forma brusca.
- ¿Jason? - habló Al. - Jason si eres tú, sal, nosotras no te haremos daño.
Con la sacudida de los matorrales algunas de sus hojas se comenzaron a caer, se ve claramente bajo la luz de la luna, de inmediato me arrepentí de haber hecho lo que Alicia me pidió, claramente era una persona asustadiza e insegura.
- Vamos Jason no tengas miedo de salir, nosotras somos tus amigas. - vuelve a hablar mi amiga. - ¿Jas...?
- ¡Ah! - gritamos Alicia y yo cuando algo salió disparado en nuestra dirección, entre nuestras piernas pasaron dos gatos negros peleandose como locos, cuando desaparecieron del panorama Alicia y yo nos vemos y estallamos en carcajadas, tanto que termino de rodillas en el suelo.
- ¡Dios! - colocó las manos sobre mi estómago. - hace mucho que no reía de esta forma.
- Fui timada. - Alicia después de reírse se cruza de brazos muy pensante.
- Mejor volvamos adentro brujita. - me levanto del suelo y la tomó del brazo.
al entrar escuchamos su teléfono sonar desde la sala, dejó el libro sobre el meso de la cocina y la acompañó, allí tomó mi copa de vino mientras que ella hablaba con alguien.
- Ok, voy en camino. - cuelga.
- ¿Quién era? - pregunto.
- Un amigo de Simon, hoy tenían un partido de basquetbol y se lastimó el tobillo, ahora están en urgencias.
- ¿Quieres que te acompañe? ¿Está bien Simon?
- No, está bien, tu pasa tu resaca aquí tranquila, luego te informo como está Simón.
- Si tú insistes.
- Nos vemos.
Rápidamente Alicia recoge todas sus cosas y sale disparada de mi departamento dejándome nuevamente sola
Me dedico a recoger todo el desastre que hicimos , las copas, para hacer un solo viaje acomoda las copas, las dos botellas vacías y las dos cajas de pizza, me dirijo hasta la cocina y me detengo en seco cuando noto que el libro rojo donde el antiguo dios griego se encontraba cautivo.
- De pronto Alicia se lo llevó. - Me dije encogiéndome de hombros.
Coloco todo con cuidado sobre el meso y de repente, todo comienza a temblar, mi departamento comenzó a estremecerse de tal forma, que creo que me caería encima si no me muevo rápidamente, con cada paso que daba la casa se estremecía aún más, así que debía ir con mucho cuidado, platos y vasos se estrellaban contra el suelo, en la sala escuche como algo caía al suelo y explota, literalmente este es el fin de todos los tiempos, vi el cuadro de mis padres estrellarse contra el piso y rompiéndose en miles de pedazos.
De repente... todo se calmó, miró a mi alrededor todo estaba intacto, veo el cuadro de mis padres y sigue colgado en la pared tal cual como lo puse el primer día, mi corazón está latiendo con, la adrenalina corre por todo mi cuerpo y las miles de preguntas se instalaron en mi cabeza, Camino hacia la sala donde había escuchado el estruendo, una estela de humo blanco inundaba la sala como si fuera una discoteca.
- ¿Pero que carajos? - murmuró. No estaba dispuesta a entrar en la sala y que de repente me salte un demonio para matarme o poseerme.
Poco a poco la estela de humo fue bajando su intensidad, entrecierro los ojos para ver con más claridad y en medio de la sala pude ver una silueta negra, no se movía para absolutamente nada, solo estaba de pie. Intenté moverme pero era casi imposible, era como si... se me pegaran los pies al piso.
- Camina hacia la luz. - hablo con una voz temblorosa. - no te quedes en este plano, camina hacia la luz.
La neblina era ya casi inexistente y fue cuando pude ver claramente un cuerpo desnudo de pie en medio de mi sala de estar, su es grande y su trasero un poco pequeño, su cabello es largo y llega a mitad de su espalda, el calor aumentó dentro de la habitación y la excitación se instaló en mi vientre bajo.
- ¿Jason? - hable con suavidad.
Él hombre se gira lentamente y por fin pude ver su rostro, tome las rienda de mis controles y di dos pasos atrás, sin embargo mi torpeza fue tal que tropecé con mi propio pie para caer de culo al suelo.
- ¿Estás bien? - ni siquiera me había percatado que se había acercado a mi. Su voz era varonil suave, mi piel se erizo tanto que ya lucía como la piel de una gallina desplumada.
- Sí. - Mi voz sale más aguda de lo normal.
Sus facciones son simplemente magníficas, sus cejas pobladas, su nariz respingada, sus labios gruesos y rosados y por supuesto sus ojos verdes como la esmeralda... tengo enfrente a Jason de Macedônia un antiguo guerrero griego condenado a satisfacer todas las necesidades de una mujer enfrente de mí. Alicia tenía razón, la invocación si funciono... si funciono... si funciono.
Repetí esas mismas palabras una y otra vez.
- ¿Segura que estas bien? - Su voz gruesa me trae de regreso a la realidad.
- ¿Jason?
- ¿Miranda?
- ¿Cómo sabes mi nombre? - pregunto asustada.
- ¿Cómo sabes tu él mio?
- No me respondas con otra pregunta. - reclamo. - Mejor dime ¿Cómo fue que llegaste aquí...? - Rápidamente me levanto del suelo, ni siquiera llegaba al pecho del guerrero griego, subo mi mirada y allí estaba él sonriendo.
- Tú me invocaste, estoy aquí para cumplir tus más sucios y retorcidos secretos. - Jason me tomó de la cintura y me pegó a su cuerpo desnudo y de pronto siento como algo, o más bien su pene golpea mi estómago.
- Suéltame. - me deshago de su agarre y veo todo su cuerpo desnudo. Me giro para evitar que se me cayera la baba al ver semejante hombre frente de mi. - Estás desnudo.
- ¿Y qué tiene de malo? - Jason se acercó nuevamente a mí y susurró a mi oído. - Tienes un jodido culo apetecible .
Y ¡Zas!
Me giré escandalizada por lo que Jason de Macedônia había hecho, azoto mi culo, de la forma más deliciosa y también dolorosa posible, podía sentir como mi trasero palpitaba y se colocaba caliente.
- ¡Qué te pasa! - lo empujo lejos de mi. - No me vuelvas a tocar ¿Te quedo entendido?
- ¿Entonces para que me invocaste?
Jason frunce el ceño, se notaba bastante confundido y no solamente él, yo sigo en shock por todo este dilema que me dejó Alicia.
- Yo... pensaba que todo era un juego, yo no creo en este tipo de cosas y probablemente esté tan borracha que ahora mismo estoy soñando con este momento.
- Pues si es muy real y yo ya estoy aquí.
Nuevamente paseo mi mirada por su cuerpo, mis mejillas se comienzan a calentar inevitablemente, claro que él hombre enfrente de mí está condenadamente sexy y emanaba esas vibras sexuales que provocan en mí ciertos bochornos que me avergüenzan.
- Voy... Voy a traer un poco de ropa.
Camino a tropezones por el pasillo hacia mi habitación, abro mi closet y allí encuentro pa de él, de William, quizás a Jason no le queden muy bien, ya que mi ex es un poco más bajo que él y menos musculoso, tomó una playera y lo que parece ser un short de baño, salgo y no encuentro a Jason en el mismo lugar donde lo deje, me asomo por la sala de estar y no estaba, me dirijo a la cocina y allí lo encuentro viendo con fascinación todos los aparatos electrodomésticos.
- Te traje esto, no sé si te quede. - habló llamando su atención. Jasón mira los trapos en mis manos y frunce nuevamente el ceño.
- Sabes miranda, eres la primera mujer que quiere que me vista. - se acerca a mí y toma la ropa. - me siento un poco extraño al no follar tu culo, pero de cierto modo estoy aliviado... En realidad no estoy aliviado , estoy malditamente empalmado desde el primer momento en que vi sus piernas.
Con cada palabra que Jason decía podía sentir como mi ropa interior se manchaba de flujos, ¡Estoy malditamente mojada gracias al tipo en frente de mi! Quería que como cojiera tan fuerte que no pueda sentir las piernas a la mañana siguiente, sin embargo quería repuestos.
- Si pudieras verte, estoy seguro que tu también querrías follarte, tus mejillas se sonrojan cada vez que te digo lo que te quiero hacer. - Jason se acerca por detrás y me coloca entre el mesón y su cuerpo tonificado, dejando mi culo muy pegado a su amigo.
Su mano sube desde mis rodillas, se meten debajo de mi vestido hasta quedar en mis caderas, suspiro con cada tacto que me daba, sus palmas eran suaves y su pene erecto me indicaba que estaba dispuesto a hacerme suya. Jason levantó mi vestido dejando a la vista mi tanga.
>> Tienes un culo hermoso. - pude sentir la respiración de Jason sobre mi trasero. - mi mano quedó marcada y luce muy bien estando allí.
- Jason. - Ahogó un gemido.
Sin previo aviso el guerrero de macedonia, abre mi trasero y pasa toda su lengua. Aquella sensación nunca antes la había sentido, es simplemente como estar en la gloria. Jason hizo a un lado mi tanga y ...
- ¡Dios! - gemi al sentir como un dedo se introdujo dentro de mi.
- No es Dios, soy yo quien te está dando placer.
Entonces los miles de recuerdos que tuve junto a William llegaron a mi cabeza, sus malos tratos, sus comentarios hirientes... la primera vez que me golpeo. Rápidamente me separo de Jason y acomodé mi ropa, veo al esclavo y se notaba confundido, él estaba ahí para cumplir con su trabajo y yo no lo estoy dejando.
- Mejor vístete. - hablo con la voz un tanto quebrada.
- ¿Hice algo malo?
- No... solo vístete por favor.
Sin más que hacer Jason se viste, la playera le quedaba apretada y el short de playa le quedaba tal cual como un boxer, pero estaba todo cubierto y era lo que más me importaba.
- Si no me quieres para que te coja sobre este mesón o en cualquier rincón de la casa ¿Para que me invocaste?
- Ya te dije, solamente le seguí el juego a mi mejor amiga creyendo que no funcionaria, pero oye, eres libre ahora ¿No? si quieres puedes salir de mi departamento y hacer tu vida como una persona normal.
- No puedo hacer eso. - responde tajante. - Tengo que estar siempre con la persona que me sacó del libro.
- Oye, créeme, no necesito ningún esclavo sexual, eres completamente libre de irte, te doy todo el permiso que necesitas.
- No funciona como tú lo crees. - habla. - Por cierto ¿En qué año estamos?
- En el 2023. - respondo. - ¿Desde cuándo estás encerrado en el libro?
- Antes no era un libro, era un pergamino y estoy encerrado desde 423
- ¿Antes o después de cristo?
- Antes de cristo.
- Espera... - me senté en uno de los taburetes de la cocina y lo invitó a sentarse. - ¿Cuántas veces has sido invocado?
- Puff... - hace como si estuviera contando con sus manos. - No lo sé, he estado durante muchas épocas, la primera vez que me dejaron salir creo que fue durante el inicio de los mil.
- ¡Mil! - exclamó sorprendida. - Demonios justo ahora que no tengo vino para digerir toda esta información.
- Te seguiré contando si me das de eso que comías junto a Alicia.
- Espera un momento ¿Cómo sabes nuestros nombres?
- Puedo escuchar todo lo que rodea el libro. - Me mira fijamente a los ojos. No podía dejar que aquellas esmeraldas me vieran porque caería nuevamente a sus brazos. - Creo que se llama Pizza, si no me vas a utilizar para follarte, por lo menos dame un poco de comer
- Está bien, deja y caliento algunas porciones.
Me levanto del taburete y abro la caja de las pizzas, tomó tres y las meto dentro del microondas y dejo que comiencen a calentar.
- Sigue contando.
- Tuvieron que haber pasado ya varios siglos, porque recuerdo que mi segunda salida fue durante la época colonial, una elegante y aristocrática mujer me invoco para aliviarse un poco, su marido nunca la ayudó a llegar al orgasmo.
- No te desvíes Jason.
- Durante esa misma época sus amigas me invocaron, fue muy recomendado entre las mujeres, luego pasaron más años en el 1700 durante una revolución, 1800, y la última que recuerdo fue en 1945.
- Vayas, eso debió ser muy difícil. - En aquel momento el pitido del microondas suena. Tomó los trozos de pizza y los colocó en un plato para luego colocarlo en frente a Jason, luego me dirijo al refrigerador y de allí sacó una lata de coca cola para dársela. - ¿Cómo sabías en qué año estamos?
- Cun... do. - Jason ni siquiera podía hablar porque se atascó un trozo de pizza. - Cuando me invocaban preguntaba por la época, y debo decir que esta luce bastante intimidante.
- Si, debo decir que hemos evolucionado mucho actualmente, todo este tipo de electrodomésticos nos han facilitado la vida como no tienes idea.
- Esta comida está muy deliciosa, hacía mucho que no comía y me estaba muriendo de hambre.
- ¿No comes dentro del libro?
- No. - responde sin más.
- Pero... ¿Cómo es que no has muerto?
- Debido a mi maldición no puedo morir. - responde
Aquella situación me apenaba, así que no quise hacerle más preguntas, lo vi comer el resto de las pizzas y acabarse por completo la gaseosa, se notaba satisfecho con lo que había hecho.
Miro el reloj que estaba en la cocina y este marcaba justo la 1:08 de la madrugada.
- Ya es muy tarde, debo ir a dormir.
- Yo no tengo sueño, me he pasado muchos año en la oscuridad me gustaria conocer un poco más.
- Entiendo, pero yo si debo ir a dormir, así que ven, sígueme.
Nos dirigimos a la sala de estar donde antes estaba viendo hombres jodidamentes sexys a tener uno dentro de mi departamento.
- Esto es un televisor. - señalo mi pantalla plana. - y este es el control de mando, con el puedes pasar los canales con estos botones y con los otros subirle el volumen. - le enseño todo lo necesario para que él pueda defenderse solo, mientras que trató de conciliar el sueño
- Entiendo. - asiente con su cabeza.
- Ok, entonces yo me iré a dormir. - me levanté del sofá dispuesta a irme, pero Jason rápidamente me tomó de la mano.
- Espera... no me dejes solo por favor.
al verlo directamente al rostro pude notar que lucía temeroso del lugar que lo rodeaba.
- Ven conmigo entonces.
Jason apaga el televisor tal cual como lo enseñe, y me sigue hasta mi habitación, allí también tenía un televisor para cuando tuviera flojera de ver mis series y películas en la sala lo hiciera en la comodidad de mi cama.
- Puedes encenderlo tal cual como te explique. - Jason lo enciende y me mira un tanto feliz. Me acuesto en la cama sin importar nada, sin embargo ver a Jason embelesado viendo pasar los canales me dejaba un tanto incómoda. - Puedes acostarte a mi lado.
El no lo pensó dos veces cuando ya estaba metido debajo de mis sabas, después de eso ya no recuerdo nada.