Sandra
De un tiempo para acá he tenido la sensación que me observan.
Quizás sí.
Quizás no.
Quizás sea paranoia mía.
Pero tengo esa sensación, nadie sabe lo que se siente. Nadie sabe lo incómodo que es. Y lo feo que se siente despertar de esas horribles pesadillas.
Cuando voy en la calle, tengo que voltear a todos lados y cuando estoy en la escuela tengo que buscar disimuladamente, pero nunca me funciona. Pero lo peor es cuando estoy sola en casa, no puedo estar quieta. Cierro las puertas con seguro, cierro las ventanas y me aseguro de siempre tener el bate de mi hermano a la mano.
Es irritante no saber cómo ni porqué ni para qué, sólo tienes que quedarte como que si no pasara nada, disimular, porque tal ves si le cuentas a alguien te tacharan de loca. Y no quiero que eso me pase.
No estoy loca...
El timbre suena indicando la hora del recreo y sacándome de mis pensamientos.
Me pasé toda la clase de matemáticas pensado en esos momentos en los que siento que me observan, que no me di cuenta que ya había escrito todo lo que el profesor había copiado en la pizarra, fue casi automático.
Me levanto rápidamente, guardo mis libros en mi mochila y me aseguro de tenerlo todo.
-Bien clase, -habla el profesor Lake, dando instrucciones, pero su voz la escucha lejana-, para la siguiente clase quiero estos ejercicios resueltos en hojas...
De ahí no escuché más.
Voy rumbo a la cafetería, el trayecto era algo largo, destacando el hecho de que el profesor eligió el aula que está más alejadas de las demás, alegando que "es por nuestro propio bien".
¡Tonterías! El trayecto era más largo, tenías que bajar más escaleras de las que bajaba normalmente. Por eso odiaba los martes, odiaba las matemáticas -pero era una de la mejores-, y odiaba al profesor Lake.
Aprovecho que estoy en el tercer piso -los cuales son cuatro-, para ir al aula de informática y tecnología y ver a Alex, mi mejor amigo.
Me acerco a la puerta, que está abierta, y lo veo, ahí sentado alrededor de una mesa con otros compañeros. Puedo ver que en la mesa había varios artefactos, parecidos a lo de las computadoras. Recordé que Alex me había comentado de que hoy les enseñarían las partes de las computadoras, pero olvidó mencionar que las dañarían de esa manera para ver -lo que yo llamé- anatomía.
Sí, es ridículo. Pero es válido, porque están viendo su interior y composición general.
Él repara en mi presencia, sus ojos se abrieron casi a su límite. Él pensó que yo no vendría, por el malestar que tenía la noche anterior.
-¿Qué haces aquí? -articula con sus labios.
-Estoy esperándote -articulo también.
-Bien. -articula en respuesta, y lleva su vista hacia el lado opuesto de donde yo me encuentro, seguramente prestándole atención al profesor-, ya voy a salir.
Me hace señas para que me aleje de la puerta, yo le obedezco.
Me acerco al balcón a esperarlo. Desde allí se ve todo el campus de la escuela, es como sentirte como un dios o diosa del mundo. La vista es realmente perfecta. Como de película.
No estoy segura de cuánto tiempo pasó, me quedé embelesada viendo el panorama escolar. Sentí la presencia de alguien. Sí, es raro. Pero desarrollé esa ¿virtud?. No sé cómo llamarle. Tenía miedo de mirar. ¿Y si de verdad hay alguien detrás de mi? ¿Estará vigilándome? ¿O simplemente, estará allí parado?
El miedo comenzaba a apoderarse de mí. Mi respiración entrecortada. Mis manos sudaban.
¡Angelito de mi guarda, si estás allí, ayúdame!
Lentamente, me volteo, intentando en vano de parecer tranquila.
Un chico, está a unos cuantos metros de mí. Alto, muy alto, de contextura delgada, cabello color caoba, su piel un poco pálida. Estaba vestido con pantalones, zapatos, franela y chaqueta negros. Lo que más me llama la atención fue que: tenía puesta la capucha de la chaqueta, por lo tanto su rostro no lo distinguía muy bien.
Es raro. Nunca lo había visto por aquí... Pero eso no es lo que importa ahora. Está allí parado, viéndome fijamente.
-No quiero asustarte. -murmura, suficiente como que yo pueda escucharlo.- Tu eres Sandy, perdón, Sandra, ¿cierto?
Por un momento, me asustó que supiera mi nombre, pero era de esperarse: casi toda la escuela sabe mi nombre por los retos académicos en los que he participado y por ser la estudiante estrella. Me relajé.
-S-sí. -digo en un hilo de voz, con pequeño asentimiento de cabeza.
Él no dice nada. También asiente. Aparta la mirada y noto que empuña las manos. Noté que tenía pequeñas cortadas en las manos.
El chico se queda allí parado, inmóvil. Se empezaron a escuchar pasos y el griterío de los estudiantes muy cerca. El pasillo se comienza a llenar de gente y de un momento a otro, cuando decido ver si el chico seguía allí, él se esfumó. Como si fuera posible, algo brillante estaba en el lugar donde él se había quedado inmóvil.
La curiosidad me ganó, y en un pestañeo ya estaba agachándome para recoger el objeto del suelo. Me pareció raro el hecho de que un chico tuviera ésta clase de cosas: un collar.
Era un cadena color plateada, y pequeños cristales colgaban de él; uno de ellos, el del centro, un poco más grande, en forma de corazón.
Muy bonito, debía admitir.
¿Qué estará haciendo un chico con un prenda de este tipo? Digo, es muy elegante como para que a una alumna se le haya caído. Y muy costosa además: una colegiala no tendría suficiente dinero como para costearla.
Me hice mil suposiciones en mi cabeza. Tantas que podría escribo un libro, hasta hacer una película.
«Que absurdo». Nada de eso tenía sentido. Nada tenía sentido desde...
-Sandy, logré escaparme de la clase de Maddox, -Alex llega a mi lado, jadeando con su pelo rubio un poco despeinado, y con su lentes torcidos, probablemente viniera corriendo a través del largo pasillo-, fue lo peor. Odio esa aula, hace mucho calor ahí.
Todavía me encuentro en shock, con el collar en la mano y mi mirada perdida, fingiendo escuchar las quejas de mi mejor amigo sobre su clase de hoy.
No entiendo como un completo extraño viniera y se quedara a pasos de mí, me preguntara una cosa tan trivial como mi nombre, y luego solo desapareciera cuando los estudiantes empezaron a llenar los pasillos.
«¡Basta!». Decido no darle vueltas al asunto. Tengo que concentrarme en mis clases del resto del día. Tengo que comenzar con buen pie el año, que sería mi último año en el colegio.
Me da nostalgia pensar que será mi último año. Ya pronto me graduaré. Iré a la universidad. Demonios, ¿como se supone que tengo que sentirme con respecto a eso? Estoy emocionada, mucho. Pero a su vez, me siento mal. Dejaré el Instituto, a mis amigos, a mi familia, y me mudaré lejos para estar cerca de la universidad.
Mi mente está hecha un desastre. Una maraña de pensamientos que se entretejen y forman una enredadera de lo que parece ser nada en realidad. Mis pensamientos no son lo suficientemente claros como para formar una idea clara.
«Demonios, estoy loca. Lo sé, no estoy para nada cuerda».
Sin darme cuenta, Alex y yo ya estamos en la cafetería abarrotada de gente. Nos sentamos en una de la mesas redondas. Ambos dejamos nuestras mochilas en el asiento de al lado. Un pequeño hábito que se nos ha pegado ambos del otro.
La cola para la comida es interminable, y casi todas las mesas están ocupadas por estudiantes.
-Voy a buscar algo de comer de la máquina dispensadora, -me informa Alex levantándose- Ahora vuelvo. -Asegura.
Echo un vistazo a la cafetería completa y sus ocupantes. La mayoría de los chicos están sentados en grupos grandes; otros son grupos más pequeños. Pero todos en grupos. Hay sólo dos mesas con menos personas que las demás: la mía y de Alex, y otra sólo ocupada por una persona.
Por un chico, en realidad. Tengo buena retentiva con respecto a los detalles, así que cuando observo al extraño sentado solo en aquella mesa de cafetería escolar, me doy cuenta que va vestido similar al chico con el que me encontré en el tercer piso del edificio. Podría decir que usaban la misma ropa.
El chico de aquella mesa también usa la capucha de la chaqueta.
¿Será el chico con el que me encontré minutos antes? ¿Cuál será su motivo para usar la capucha? ¿Tendrá alguna cicatriz? ¿Alguna marca que le atraviesa el rostro como para que lo esconda tanto? ¿Por qué se viste sólo de negro? ¿Querrá pasar desapercibido? ¿O querrá llamar la atención?
Tantas preguntas y tan pocas respuestas.
Me percato de que me quedo mirando hacia esa mesa mucho tiempo, entonces me volteo a la mía. Es mucho más complicado de lo que pensé. Tal vez y sólo tal vez, cuando sentía que me observaban era cierto. Y es él quien me observa.
«¿Qué demonios?» No puedo sacar conclusiones tan apresuradas. ¿Y sólo fue mera coincidencia que me lo encontrara? ¿Y sólo quería saber cómo me llamaba? Si, exacto. No sé cuál es su motivo de usar su capucha. ¿Intimidar? ¿Esconderse?. No puedo confundir una casualidad. Me da miedo creer que se trata de un acosador. A simple vista, tiene pocas características de un acosador.
Pero no puedo. No puedo sacar este tipo de conclusiones sin saber nada. Ya es suficiente todo lo que me está pasando, como para sumarle esto.
Alex vuelve de su viaje a encontrar una merienda de la máquina dispensadora con dos bolsas de Doritos -que sabe muy bien que sin mis favoritos.
-Doritos para la princesa Sandy -dice al sentarse. Siempre me dice este tipo de cosas.
Creo que le gusto, pero sabe que nuestra amistad, que es más una hermandad, no puede ir más allá.
-¿Estas bien? -pregunta preocupado.
-Si, -salgo de mi trance, que hasta ahora no me había dado cuenta que estaba dentro de uno. -No te preocupes.
Me di una cachetada mental. ¿Como puedo ser tan estúpida? Al decirle que no preocupe, se preocupa más. Su expresión incrédula lo dice todo.
-Alex, dejalo, ¿si? -suplico- No tiene importancia.
Suspira. Va a venir otra vez con el cuento de "soy tu mejor amigo y puedes contarme lo que sea". Bah, si le digo le parecerá una tontería. Hasta pensará que estoy loca.
-Sandy, sabes que puedes confiar en mí... -otra vez con discurso.
Puse los ojos en blanco y me dispuse a interrumpirlo.
-Alex, estoy bien de verdad.
Busco su mirada, y por alguna extraña razón, se ve un pequeño brillo en ellos. Pero no un brillo de felicidad, un brillo triste. Es extraño.
-Sandy... -empieza a decir.
Noto que se ha acercado a mi rostro unos cuantos centímetros.
«¡Ay no, por favor, no! ¡Esto no!»
-Alex... No.
Está muy cerca. Casi puedo ver el gris en sus ojos verdes grisáceo.
-Te dijo que no -interrumpe una voz grave, que al instante se me hace familiar.
Alex y yo volteamos al mismo tiempo. El chico de la capucha está a tan sólo unos centímetros de donde nos encontramos. Y si las miradas mataran, Alex ya estaría cantando con los personajes de Coco.
Alex tiene plasmado en su rostro una expresión de confusión y frustración, cuando lo mira.
Estas cosas sólo me pasan a mí.
El chico de la capucha tiene su semblante serio e inescrutable. Sin expresión alguna. Pero puedo ver el destello de furia en sus ojos, que son oscuros como la noche, casi negros.
Miro a los dos chicos frente a mi y la escena no me agrada: parecen dos perros peleando por un pedazo de carne. Les falta que boten espuma por la boca de la rabia.
Si, mi analogías no son las mejores.
Alex se levanta desafiando al chico de la capucha. Quisiera saber su nombre para no llamarlo así.
Lo que hace la testosterona en el cuerpo de un hombre.
Necesito ayuda.
Esto va a terminar mal, muy mal.
★★★
Sandra
Mierda.
Mierda..
Mierda...
Tengo a dos chicos frente a mi, enfrentándose. ¿Y que hago yo? Quedarme sentada como una estúpida. Pero tengo miedo. Mucho miedo.
Además estoy nerviosa.
Esto no puede ser nada bueno.
¡Respira, Sandra!
Ok, tengo que calmarme.
Cuando reacciono, Alex le está hablando al chico.
-¿Quien te dio permiso de interrumpir? -Alex casi grita- Ah, si, ¡nadie! Así que te puedes ir. Aquí sobras.
Nunca lo había visto tan enojado.
El chico se ríe, sus hombros se mueven ligeramente, pero su risa no es para nada ligera.
-Ella te dijo que no. -el chico se acerca a un poco más a Alex, el cual no se lo esperaba.- Claramente, alguien tenía que intervenir. Y ese alguien soy yo.
Se retan entre sí.
-La cosa es así, imbécil -continúa Alex, ignorando el comentario del chico.-Esta es un situación entre ella y yo, la cual debemos resolver nosotros...
-¡Basta! -interrumpo- Dejen de hablar como si yo no estuviera aquí. -suspiro- Vámonos.
Recojo mi mochila, que no sé en qué momento se cayó al suelo, y me encamino a la puerta doble de la cafetería, pasando por su lado.
Todos los chicos se han dado cuenta del pequeño escándalo. Mañana seré el hazmerreír del Instituto.
Empujo la pesada puerta y salgo. Apoyo la espalda en la pared a un lado, calmándome.
Vaya mierda.
Cierro los ojos y me dispongo a esperar a los cavernícolas que estaban a punto de cometer un gran error. Pasan unos minutos cuando oigo el sonido de la puerta abriéndose, enseguida me despego de la pared.
Ambos chicos salen, y no están muy contentos que digamos. Alex tiene la mandíbula apretada, eso lo hace cuando está molesto. El chico tiene el rostro rojo de ira y contraído en un ademán de rabia pura.
Después de observar sus aspectos, para nada normales, camino por el pasillo con ellos detrás de mi, para salir por la puerta principal.
¿Qué haré con estos dos?
Uno es mi mejor amigo y estuvo a centímetros de besarme hace unos minutos. El otro me dio un gran susto hace ya una eternidad e incluso interrumpió el intento de Alex en besarme. Agregando el hecho de que ambos estuvieron por darse tremenda golpiza.
Ya en el parking, me volteo de golpe. Ellos, por su parte, frenan de golpe. No se lo esperaban.
-¿Son conscientes de la idiotez que iban a cometer? -mi voz sale chillona por los nervios, pero firme- La violencia no es la solución a todo.
Paso mis dedos por mi cabello despeinado, buscando una manera de calmarme.
Me siento mal.
-En mi defensa, -habla el chico capucha- yo solo estaba cumpliendo con mi deber de buen samaritano. Tu claramente dijiste que no, él de manera egoísta, quiso seguir, lo cual aplicaría como: Invasión a la privacidad y, en algunos casos, violación y abuso sexual.
Me sorprendió que supiera tanto sobre cargos y esas cosas.
-¡No seas ridículo! -espeta Alex-, no hables de cargos cuando tú eres el que sobra. Además, el que debería estar molesto soy yo por...
Lo interrumpo.
-¿Y que hay de mi? ¿Acaso soy invisible?
-Lo siento, Sandy -el chico capucha se disculpa conmigo, y en ese instante me parece el gesto más dulce que he recibido en mi vida.
Su mirada también el dulce. Se nota que no tenía la intención de hacerme rabiar. Y él mismo lo ha dicho: estaba cumpliendo su deber como buen samaritano.
Claro, ayudando al pródigo.
Y le creo.
Por alguna desconocida razón, le creo.
-Acepto tus disculpas.
-¡Oh, vaya mierda! -se queja mi mejor amigo, pasándose la mano su cabello, despeinándolo- ¡Ni más faltaba!
Un momento, ¿él está...?
-Hermano, estás celoso. -el chico me leyó la mente.
-¡No estoy celoso, maldita sea! -grita Alex.
Yo me sorprendo por su impulso, lo cual me hace dar una pasó atrás y soltar un jadeo de sorpresa. Este ve lo que causó en mí, enseguida su semblante cambia, sabe que no me gusta que haga eso: molestarse y gritar como un idiota impulsivo.
-Sandy, lo siento, yo... -no lo dejo acabar, haciendo un gesto con mi mano para que se caye.
-No, Alex, ahora no.
Y sé que está mal. Esto me va a carcomer por dentro los próximos días. Pero, ¿qué tenía que hacer? ¿Dejar que gritase como un desquiciado? O peor aún, ¿dejar que me cele como un maldito egoísta?
No. Eso no pasará.
Él sabe lo que siento por él. Y sinceramente, no me parece bien que en menos de media hora haya querido besarme, casi golpear a un chico por hacerme un favor y encima de todo molestarse y celarme. Joder, es como mi hermano.
Mi mirada dice más que lo que tengo que decir, él lo nota y sólo se aleja, dándome una mirada que interpreto como:
Esto no ha acabado
Y sé que es enserio.
Pasan unos segundos de silencio entre el chico capucha y yo en los que me dedico a buscar las palabras adecuadas para agradecerle. Pero ese no parece ser su plan cuando me dice:
-Eh, Sandy, tengo que irme y otra vez lo siento por lo del enfrentamiento con el otro chico. Sólo quería ayudarte.
Sus palabras me sorprenden. Yo soy la que debería disculparme... No, no, debería ser Alex.
-Oye, no te disculpes -le doy la mirada más dulce que puedo ofrecer- es como tu dices solo querías ayudarme. La verdad es que no se que habría pasado si no hubieras aparecido. Agradezco que lo hicieras, no sabes cuánto.
Este se ríe un poco, bajando la vista al suelo de asfalto del parking y quitándose la capucha.
El cabello lo tiene largo, casi como Zed el de la película AFTER. Sólo que esté tiene el color de cabello caoba, casi rubio oscuro.
Cuando levanta la vista nuevamente, veo sus ojos color caramelo, que hacen que me quedé estática en mi sitio.
-Tranquila, algo me dice que nos volveremos a ver y que será para salvarte de nuevo. -su voz sale ronca, y por supuesto, me parece sexy.
-Oh, tenemos un psíquico entre nosotros -bromeo. Aunque por su voz puedo jurar que lo dice en serio.
Él sólo ríe por lo bajo, sus hombros se mueven ligeramente.
-No tienes ni idea -lo dice casi inaudible, sin embargo lo escuché. -Me voy, adiós Sandy. -hace ademán de irse, pero se voltea y dice: por cierto, lo de los cargos no es verdad, sólo quería asustarlo.
Se coloca la capucha nuevamente, mete sus manos en sus bolsillos, dando vuelta sobre sus talones y alejándose de mí. Dejándome con una extraña sensación.
Me quedo en mi sitio, procesando lo que acaba de pasar. Me siento en una ridícula película de suspenso.
En eso, escucho el sonido de un carro frenando. Es Sofía, mi otra mejor amiga, en su carro azul cielo.
-Mujer, ¿qué haces ahí parada? -me pregunta desde el carro.
Y esa fue la cachetada mental que necesitaba para salir del revuelo que es mi mente ahora mismo
-Hola, Sofi. -la saludo.
-¿Qué esperas? ¿La foto? Sube ya.
Rodeo el carro y subo. De inmediato mis oídos se llenan de la horrible melodía de «Yo perreo sola» de Bad Bunny, que tiene puesta en el reproductor del su carro. Ella adora a Bad Bunny, en cambio yo no. Por ella lo soporto.
Lleva su cabello negro y rizado, suelto. Es increíble ver cómo este mantiene su forma después de haber pasado medio dia en el colegio.
-Chica, parece que viste un fastama. -afirma con cierto desagrado- Estás pálida -me asegura.
Y arranca el carro.
-No pasa nada, tranquila. -la intento calmar. En esto, frena de golpe.
Agradezco a los dioses que el parking esté totalmente vacío. De no ser así, habría herido a alguien. Y también por hacer que faltara el profesor de biología. Por lo que sea que haya faltado, nos ha dejado la última hora de clases libre.
-No tenemos tiempo para un interrogatorio, -contesta en forma de amenaza-, porque tenemos que irnos ya -no sé a donde diablos quiere ir, pero la dejó continuar-, pero me lo vas a decir. No me obligues a sobornarte.
Oh, «sobornarme».
Lo que ella no sabe es que me encantan sus sobornos.
Siempre los hace. Y cuando suceden este tipo de situaciones, pretende intercambiar información por chocolate.
A mi no me molestaba en lo absoluto, pero hacerme la dura en estos momentos me traía grandes beneficios.
Y menos cuando mi gran amor es el chocolate.
Me mira amenazante y procede a prender el vehículo y llevarnos hasta muestro destino, el cual para mí aún es desconocido.
Pasaron unos cuántos minutos, en los que sólo me dediqué a conectar el bluetooh de mi teléfono al del reproductor del carro para algo de música decente.
Mientras que Sofi buscaba algún lugar para estacionar, yo miraba los alrededores intentado reconocer la calle. Con «Falling» de Trevor Daniel de fondo lo único que reconocí fue una pequeña tienda de tatuajes al otro lado de la calle a donde una vez fui con mi hermano Danny.
Sí, nuestros padres nos pusieron los nombre de los protagonistas de su película favorita, Grease. Mi hermano como Danny, interpretado por John Tarvolta, y yo por Sandy, interpretada por Olivia Newton-Jonh.
La verdad ni Danny ni yo tenia parecido alguno con los personajes. En ciertas cosas sí, pero no todo.
Danny es atleta, juega fútbol en la Universidad, por lo que tiene ese cuerpo esculpido y su cabello negro como el de Jonh Tarvolta, sólo que rizado. Mientras que yo solo tengo de la antecesora de mi nombre el don de ser ingenua y totalmente mensa e inocente con el cabello castaño hasta la espalda baja sin ningún tipo de forma; un día podría estar listo y manejable y al otro rizado y rebelde.
Mi mejor amiga apaga el reproductor junto con el motor de su carro, sacándome de mis pensamientos.
Ambas bajamos y nos dirigimos a lo que me pareció un pequeño Starbucks.
No tardamos en entrar y conseguir una mesa, ya que el lugar no estaba tan lleno.
Una mesera de traje azul claro y delantal blanco nos trajo los menús y cuando estábamos defiendo que pediremos, la mesera se fue.
Me pareció extraño. Pero no le di importancia, quizás tiene que atender las otras mesas.
Pero mis pensamientos sobre lo que pediría se viendo interrumpidos por un trozo de pastel en un plato rectangular.
-No hemos pedido nada aún-le hice saber a la mesera.
-Lo mandó especialmente el chico que está en la barra...-me explicó señalando a la barra, pero lo había nadie, salvo la chica que atiende la caja registradora.
Extraño...
-Oh, que raro, estaba allí hace unos minutos pidiendo esto para ti. -habla la chica desconcertada.
-No lo quiero, gracias. -me niego rotundamente a aceptar algo de un extraño.
-Yo si -sentencia mi mejor amiga atacando el pastel.
Yo termino de darle mi orden a la mesera rubia, ella lo anota en su libreta y se va, asegurando que traerá mi pedido en unos minutos.
-Oye, está bueno -Sofi se dirige a mi con la boca llena-Todavía no entiendo porqué no lo aceptaste.
-Sabes que no me gusta mucho la idea de aceptar algo de origen desconocido.-respondo tajante.
-Bah, por lo menos deberías probarlo, está buenisimo. Sabe a gratis.
Me río de su comentario. Cuando es comida, Sofi no piensa en nada más. Ni siquiera en sus palabras.
-S-sandy -me llama ella, tartamudeando nerviosa.
-¿Qué? -le respondo tranquila, tal vez quiere asustarme.
-V-ve esto -su voz sale temblorosa y no me da buena espina.
Alzo la cabeza de mi teléfono, al tiempo que volteo hacía ella.
¿Que...?
El pastel iba dirigido a mí.
La mesera dijo que un chico lo había pedido especialmente para mí.
Pero...¿por qué tiene escrito con algún tipo de crema de chocolate, algo que para mí todavía es imposible leer ya que está al contrario a mí y las letras están algo borradas?
Sofi pasa el plato a mi lado de la mesa y lo acomoda de tal forma que yo pueda leer.
Y lo que leo no me da buena espina y causa que un escalofrío me recorra la espalda.
Miro hacía todas partes, con la respiración acelerada, con el corazón palpitándone de manera brusca contra mí caja torácica y el cuerpo templando de los nervios, buscando alguna pista que me pueda decir si esto es una broma.
Y no, no lo es.
Vuelvo la vista al plato con el mensaje, dejándome sin aliento de nuevo.
«Serás sólo mía, Sandra A.
-E.
★★★
Desconocido.
Siempre me han atraído las chicas inocentes, de esas que se les nota a leguas que no rompen ni un plato ni matan a una mosca.
Sandy, Oh Sandy, ella emana inocencia, exhala dulzura y comparte ternura.
Por eso la escogí para ser mi próxima presa. Es tan ingenua.
No se da cuenta que tengo varias semanas espiándola, vigilándola.
Aún no me convence del todo. Si voy a tenerla el tiempo que planeo mantenerla secuestrada para que sea sólo mía, debe ser perfecta.
Pero es que ya es perfecta.
Su cuerpo de porcelana, su rostro tallado por los mismísimos ángeles, su cabello que parece una larga e infinita cascada de oro castaño, esas pequitas que tiene esparcidas en la mejillas y en la nariz que sólo se ven cuando estás muy cerca, sus ojos que parecen dos estelas mieles que te atrapan con solo mirarlos.
Estoy tan embriagado de ella.
Pero tengo que vigilarla un poco más, hasta darme cuenta de que es la presa correcta.
Estoy desquiciado, lo sé. Pero es que cuando me gusta mucho algo no me detengo hasta tenerlo en mis manos. En este caso, en mis garras, porque soy un monstruo.
Ese monstruo que no deja dormir a los niños, ese monstruo que tienes miedo a que se aparezca para caerte encima y despedazarte en cuestión de segundos, soy ese monstruo que se esconde en el interior de todos y cada uno de los seres que habitan este mundo.
Sólo que yo no me escondo.
Soy ese monstruo.
La reacción de mí Sandy, fue perfecta casi gloriosa.
Desde hace tiempo, quería verla muerta de miedo, asustada e indefensa. Y todo por mi.
Y todo eso lo he conseguido hoy.
Es extraño, ya que me encanta verla sonreír y ver esas bolsitas debajo de sus ojos cuando lo hace. Me encanta verla feliz, deslumbrante. Me encanta verla brillar a su manera, ese brillo que te contagia.
Pero verla así hoy me hizo sentir algo tan satisfactorio, que tuve que irme de mi escondite para no brincarle encima y llevarmela por las greñas para que sólo me viera a mí con esa expresión de sorpresa y terror.
Porque yo seré su monstruo.
Y ella será mía.
Por siempre.
El plan que he hecho sólo para tenerla conmigo ha empezado.
Y no será en vano todo lo que haré para que sea mía.
Lo de hoy, sólo es el comienzo. No pienso dejar cabos sueltos, por eso cuando camino a la casa del imbécil de mi cómplice, quien me suministra herramientas para mis locuras, me doy cuenta de que Sandy es la chica con la que quiero pasar el resto de mi vida.
Así tenga que matar para que sea mía.
Así tenga que secuestrarla para que me quiera.
Así tenga que volverme más loco de lo que ya estoy para enloquecerla a ella también.
Así tenga que arriesgarme a que me desprecie para poder amarla completamente.
Así tenga ella tenga que odiarme para así lograr objetivo.
Toco la puerta del viejo edificio con el número 12, donde vive Diablo, mi cómplice.
Y no es en vano que le dicen así.
Abre la puerta y lo primero que veo es su cicatriz que atraviesa en diagonal todo su rostro y sus ojos inyectados de sangre.
Entro al espeluznante y asqueroso departamento, y me siento en el sofá de cuero viejo. No hace falta saludarnos ni esas cosas. Él sabe todos las locuras y delitos que he cometido.
Huele a tabaco y parece que no le interesa si quiera ordenar.
-Monster ¿ya atrapaste a la chica? -pregunta Diablo volviendo de la cocina con una lata de cerveza.
Monster = Monstruo. Así me dicen. Porque lo soy.
-No aún no, -respondo frustrado.-Necesito tiempo. Ella es perfecta pero todavía no es el momento.
Da un trago largo a su bebida y me mira.
-Se te nota que quieres matar la frustración con algo -asegura. luego sin rodeos agrega:-Tengo a una chica en el sótano, tiene las misma características que tu chica. Yo no la quiero, es muy... rara. Pero si quieres la usas tú.
Me sorprendo ante sus palabras. Diablo nunca comparte sus presas con nadie. Y también que tuviera en mente raptar a una chica parecida a Sandy.
-Lo único que te advierto... -su tono es serio, por lo que puedo jurar que tengo que hacerle caso- no puedes matarla.
-¡Y una mierda! -bufo- ¿como quieres que mate mi frustración, si no me dejas matar a la chica?
Maldito egoísta.
-Cálmate, viejo. Puedes azotarla, lastimarla, cualquier puta cosa que quieras hacerle. Pero no matarla.
¡Santa madre de los idiotas!
-Es hermana de mi compañero de selda cuando estuve en prisión. Le debo un favor al imbécil.
-¿Que favor? -inquirí.
-No quieres saberlo pero -dio un trago- le compro droga y a cambio me deja salir con su hermana. Básicamente, la chica es una auténtica zorra.
Vaya...
-Esta en la habitación de huéspedes -informa.
Yo no tardo en levantarme e ir a donde se encuentra la muchacha.
La puerta está abierta, por lo que entro sin mediar palabra.
Ella está esposada a la cama. No me imagino que estuvo haciendo con Diablo. Ella me observa, seguramente preguntándose quien soy.
-¿Quie... -la interrumpo.
-Llámame monstruo. -le informo sacándome la chaqueta de cuero.
-¿Y Diablo? -demanda con su voz firme.
-Afuera -le hice saber-me dejó jugar contigo.
-¿Jugar, eh? -una sonrisa maliciosa aparece en su rostro.
Se reacomoda en la cama, el sonido de las cadenas viaja por la habitación de poca iluminación. Con las piernas, baja la sabana que la cubre. La examino mientras lo hace.
La tela desciende, quedando a mi merced sus pechos cubiertos por un brasier de lencería.
-Puedes jugar conmigo todo lo que quieras, monstruo-y dice mi apodo con tanta sensualidad que mi pequeño amigo se activa de inmediato.
La chica es linda, lo admito. Pero no es Sandy. La quiero a ella, no a esta copia barata.
Pero aunque quiera mentirme a mi mismo que no necesito desahogar mis impulsos, esa chica que se encuentra esposada a la cama con solo lencería puesta, no es Sandy.
Después de unos segundos donde intento con todas mis fuerzas calmarme y repetirme mentalmente que sólo será un juego, un manera de ahuyentar a mi demonios por un rato.
Imagina que es Sandy, se parece mucho.
Esa voz...
Esa voz en mi cabeza me dice que lo haga...
¡Ahg! ¡A la mierda todo!
Me acerco a la cama, la chica se remueve en ella. No tengo intenciones de ser gentil y ella lo nota.
-Jugaremos sucio -le digo antes de despojarla de las escasas prendas y desquitarme con ella todas mi frustraciones.
†††