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Enamorada de mi Gigolo

Enamorada de mi Gigolo

Autor: : LauraC
Género: Romance
Breda Eslava Mendieta, una médica de profesión, lleva casada en un rutinario matrimonio por más de 10 años con Gerónimo Eslava, un pudiente empresario en el área de transportes, se casaron cuando ella tenía tan solo 18 años, tenían muchas propiedades en común y una fructífera sociedad, hasta que un día simplemente se sumió la relación en la rutina y la soledad, pues él trabaja en otra ciudad, en donde secretamente tiene una vida con otra amante, aunque ella no lo sabe, una tarde decide salir con su mejor amiga para mitigar la soledad, sin contar con que ese día conocería a Thomas Reynolds, un joven que se desempeña como gigoló, y que la seduce encontrando en ella una frágil mujer, que fácilmente podría convertirse en una buena fuente de dinero, pues la lucha de la enfermedad que tiene su madre, hace que él deba invertir en su tratamiento sin importar de qué forma consiga el dinero, Brenda paga por placer y él le da lo que ella quiere, pero con el tiempo se enamoran, convirtiéndose en una tóxica relación, donde comienzan a fluir sentimientos que van más allá de un sexo pago ¿podrán Brenda y Thomas estar juntos a pesar de sus situaciones? ¿tendrán un final feliz? Acompáñame en esta historia controversial, llena de pasión, erotismo y enredos pasionales.

Capítulo 1 La rutina

Capítulo 1 La rutina

-Doctora, dígame, ¿me voy a morir? - la cara de la señora Rosales era de pánico, pero esa imagen ya la había visto antes unas cuantas veces.

- ¡No!, no se va a morir, solo necesita descanso unos cuantos días en casa, no se preocupe, todo saldrá bien-Le ofrezco una sonrisa hipócrita, todos los días la misma situación, en este estado en el que me encuentro me gustaría decirle: si, se va a morir, ¡todos nos vamos a morir!

-Es que me preocupa que no me haga efecto las medicinas. – sus manos temblaban al hablarme

-Si señora Rosales, si le harán efecto las medicinas, ahora váyase confiada y tranquila que a sus 50 años tendrá una vida larga y saludable- La señora Rosales me mira sonriente, ella siempre estaba enferma, casi todos los días iba al consultorio en donde yo trabajaba, hacía las mismas preguntas, pero no era la única, mis pacientes parece que manejaban el mismo perfil, los veía continuamente, siempre tenían lo mismo, y siempre hablaban de lo mismo... de su temor a morir, como si yo fuera una salvadora, simplemente soy una médica, y me pagan muy bien por serlo, pero me desesperan, no viven plenamente por estar preocupados por el temor de perder la vida, ¡que ridículo! si al final del camino todos nos vamos a morir.

Aunque yo no era la persona más indicada para hablar de vivir plenamente, y no justamente por mi temor a morir, al fin y al cabo, ya estaba muerta en vida ...

Despues de doce largas horas de turno, me alisto para irme a casa, allí solo me espera mi perrita Lulú, mi esposo desde que le salió el cargo como gerente de la sucursal de la empresa de transportes de su padre no hace más que viajar, igual ni siquiera tenemos tiempo para vernos.

Estoy más agotada de lo normal, al llegar a casa, me veo al espejo, estoy pálida, mi rostro refleja dos enormes ojeras, mi cabello no está para nada cuidado, y estoy ganando peso, por los malos hábitos de alimentación y mi sedentarismo, ser médica y tener dinero no me servía de nada, si me faltaba algo muy importante: el amor propio. Mi teléfono suena y ahí estaba mi videollamada diaria.

- ¡Hola, cariño! ¿Cómo estás? ¿me extrañaste? - Mi esposo me pregunta, como si le importara.

-Hola Gerö, claro que te extrañe, te extraño todos los días ¿Cuándo regresas a casa?

-Mi linda, aun no lo sé, los negocios aquí están cada vez más complicados, ya sabes cómo es mi padre, todo le gusta que sea perfecto y pues bien, debo quedarme unas semanas más, yo diría que unas dos o tres, ¿espero no te moleste?- mi esposo siempre estaba de viaje, mi matrimonio no tenía sentido, nos veíamos dos veces al mes, yo lo amaba, me case hace diez años con él, bastante joven y enamorada, y no niego que fueron unos años espectaculares, pero ahora no queda más que la rutina entre los dos.

-Si me molesta, creo que es algo que no te importa ¿o sí? – trato de voltear mi mirada de frente a la cámara, mis ojos están a punto de explotar, tenía un gran nudo en la garganta, no solo mi piel estaba marchita, mis ojos también. ¡Sentía unos deseos inmensos de llorar!

-Ay pequeña claro que me importa, pero vas a ver, cuando este allá me quedare contigo unas tres semanas y te hare feliz, programa tus vacaciones para esa fecha, pasaremos una buena temporada juntos, bueno linda, tengo que irme, te quiero- Mi esposo me manda un beso con su mano y ni siquiera deja que yo me despida.

Al otro lado del teléfono

- ¿Cuándo te vas a divorciar Gerónimo? Estoy cansada de esa situación

-Mi amor, es que entiéndeme tengo un gran patrimonio con Brenda, si me llego a divorciar de ella, es posible que se quede con todo, ¿y sabes? Tú y yo no tendríamos nada para disfrutar, debes darme tiempo, debo pensar con claridad que puedo hacer

-Llevas casado con esa simplona diez años, nosotros ya llevamos dos años juntos y aunque sé que trabajas aquí y vives conmigo, no tolero que sigas casado, ¡yo quiero ser tu mujer!

-Ay mi amor, ahora no es tiempo para cantaletas, ven, mejor dame amor, que tengo un buen regalo para ti- Gerónimo saca de su bolsillo un hermoso collar que le había comprado a su amante, la tenía convencida con lujosos detalles, ella era una joven de 22 años, con la que se había conocido en uno de sus viajes y se enamoraron perdidamente, Brenda lejos de imaginar la traición de su esposo, solamente se dedicaba a su trabajo de manera abnegada, siempre anhelaba la hora de que él llegara y la hiciera mujer, pues se conservaba solo para él.

Brenda...

Como mi esposo me dijo que había programado sus vacaciones para dentro de dos semanas, estaba ansiosa por pasar un tiempo de calidad con él, había programado un viaje para una playa, tenía todo listo, de verdad lo extrañaba demasiado y quería estar en sus brazos, hace mucho que no sabía que era sentir el calor humano y poder satisfacer los deseos de mi cuerpo, también para eso era el matrimonio, no solo para mancomunar bienes, era compañía y placer, todo era un complemento.

Pasaron las tan anheladas dos semanas, yo vivía conforme con las pocas videollamadas cortas que me hacia mi esposo, todo era un sacrificio, y sabía que me esperaba una buena recompensa.

-Hola mi amor ¿a qué horas sale tu vuelo mañana? ¡Estoy ansiosa de verte querido! - le digo a mi esposo mientras hacemos nuestro encuentro rutinario por teléfono, Gerónimo se pone las manos en la cabeza, hace unos gestos de manera exagerada que me confunden.

-Amor ¡olvide decírtelo! No pude sacar los tiquetes a tiempo, además un compañero tiene una incapacidad médica, no podré tomarme mis vacaciones por ahora, lo siento cariño, creo que viajaré hasta dentro de dos semanas. -Cuando mi esposo me dice eso, siento como mi rostro se palidece, la presión se me baja y el pulso se me acelera, ¡desgraciado! Tanto que me esforcé, programé mis vacaciones también para estos días, y me sale con esto.

-Pero si lo estuvimos hablando casi todos los días, se suponía que llegabas mañana, ¿Por qué no me habías dicho nada? ¿estás loco?, yo saque mis vacaciones también para este tiempo, y, y...

-Queridita, lo siento mucho, perdóname, amor, te llamo mañana a esta misma hora, te quiero- Gerónimo cuelga la videollamada, él muy descarado me había hecho cara de idiota, me había hecho gestos de compasión fingidos, no le importo ni un solo segundo lo que yo estuviera pensando o sintiendo, le llamó nuevamente, pero ya no tiene conexión, pego un grito de dolor, fundo mi cara contra la almohada y me tiendo a llorar como una niña pequeña, mi marido me había hecho el peor de los desplantes, ahora iba a pasar dos semanas sola, al menos trabajando tenía la señora Rosales, al señor Eder, al señor Parker, la frustración es el peor de los sentimientos.

Capítulo 2 Una amiga mala influencia

Capítulo 2 Una amiga mala influencia

-Ginna, tengo dos semanas de vacaciones, él muy desgraciado de Gerónimo no vendrá, me dejó esperándolo.

- ¿Qué te extrañas de ese? No comprendo como aun puedes seguir casada con ese hombre, ni siquiera es bueno en la cama, además no se la pasa sino de viaje dejándote sola todo el tiempo, es como si te hubieras casado con él solo en la imaginación, no puedo creer su descaro. -Ginna era mi mejor amiga desde la universidad, ella era soltera y se la pasaba de fiesta en fiesta, viajaba seguido, se había dedicado a ser una masajista corporal, decía que de esa manera se ganaba la vida y era libre, que yo habia escogido la peor carrera, que la medicina iba a acabar conmigo, y por lo visto sí.

-Lo sé, lo sé, ya no tienes que recordármelo cada vez que te llamo, no te hablo para eso, solo necesitaba desahogarme

- ¿te quieres desahogar de verdad?

-Si, eso quiero

-Te tengo la solución, ¿Qué te parece si salimos a beber unas copas de vino en algun bar nocturno de la ciudad, te hace falta diversión amiga, salir de esas 4 paredes que te tienen ahogada- miro alrededor y efectivamente eran 4 paredes, a pesar de que mi casa era grande y hermosa, además de lujosa, ni siquiera salía de mi habitación, solo pedía domicilios, al vivir sola, mi casa permanecía todo el tiempo limpia, la señora que me ayudaba hacia muy bien su trabajo, yo no tenía familia cerca, nada.

-No, no creo que eso sea lo que yo necesite, tal vez debo ir a un spa, a que me hagan unos masajes, ¿tú que piensas de eso?

- ¡que eres una amargada!, para masajes terapéuticos te los doy yo, necesitas otro tipo de diversión, que fluya el alcohol por tus venas.

-No, me rehusó, el alcohol es malo para la salud, no definitivamente no quiero.

-Entonces a mí no me estés llamando a quejarte de la amarga vida que llevas, ve, sal a un spa que te hagan un masaje, te quiten los nudos de la espalda, te suavicen las piernas, te calienten y tengas que llegar a casa a utilizar un consolador, ¡claro eso es vida! -Ginna era una mujer muy cruda para hablar y para ver la realidad. Aunque su propuesta sonaba descabellada, y era una mala influencia, me estaba tentando.

-Está bien, que puedo perder, simplemente no bebo y ya

- ¿Entonces paso por ti esta noche?

-Si, claro que sí. - cuelgo la llamada, simplemente tomo una ducha rápida, me arreglo un poco el cabello, me coloco un vaquero holgado, una blusita que dejaba ver un poco mis atributos, unos zapatos de tacón brillantes y pinto mis labios con un suave brillo, algo de rubor para las mejillas y listo estaba perfecta.

Al llegar la noche, Ginna llega a recogerme, estaba vestida demasiado sensual e insinuante, tenía un vestido bastante ceñido al cuerpo, con un escote que dejaba muy poco a la imaginación, y unos tacos, que la hacían ver 20 centímetros más alta y ni hablar de su maquillaje y su cabello, parecía que fuera a un desfile de modas.

-Nena ¿y tú qué? Vas para una fiesta de cumpleaños de un niño ¿o qué? Ugg que ropa la tuya -Ginna me mira despectiva de arriba hacia abajo.

-Yo me visto así Ginna, increíble más bien tu como vas vestida

-No mi amor, si lo que vamos es a tener diversión, si quisiera ser una amargada que estuviera cubierta de la cabeza hasta los pies, simplemente me iría para un convento, regula tus chacras querida.

Las palabras de mi amiga no me sorprendían, ella siempre había sido extrovertida, yo más bien había sido una mojigata cumple deseos... ¡que termina la secundaria sin errores!, que vístete así, que estudia esto, que cásate con aquello, vivir plenamente no era mi estilo.

Ambas tomamos un taxi, el hombre que conducía no hacía más que mirarla con deseo, pasaba su lengua por sus labios haciendo sugestivos movimientos, a mí me causaba repulsión, mientras que Ginna solo veía diversión, al llegar al bar, ella le pasa el billete y le toma la mano.

-esto será lo único que podrás tener de mí- le arroja un beso al aire, el hombre casi que se le chorrean las babas.

- ¿Aquí es donde vamos a estar esta noche? - le pregunto boquiabierta al ver la fachada del bar, "Erotics men"

-Claro, aquí es donde están los mejores hombres de la ciudad, unos chicos, ay no amiga, colágeno puro y diversión asegurada, ¿has traído buen dinero verdad?

-Si, pues lo normal para unas copas, sabes que tengo mancomunadas las cuenta con mi esposo, manejo solo el efectivo de mi salario

-Ay que exagerada eres, tampoco vas a pagarle al chico VIP de la noche, vamos amiga ¡vamos! - Ginna y su ansiedad me desesperaban, pero ya estaba ahí, ya que podía pasar.

Capítulo 3 el gigolo

Capítulo 3 el gigoló

La sigo hasta el fondo del lugar, había un montón de luces rojas y unos tubos de baile, mientras que unos hombres que apenas se cubrían su entrepierna hacían exóticos bailes, había jaulas, había tarimas, y muchas mujeres, unas de mi edad y otras mucha mayor. No lo podía creer ¡se trataba de un bar de mala reputación, pero para mujeres! sorprendida por todo lo que veía, mis ojos estaban bailando al vaivén de las caderas de esos hombres, me sentía avergonzada, ¿Como una mujer casada y de buena reputación como yo, estaba asistiendo a un sitio como estos? pero... es llamativo, es espectacular, es seductor, es erótico, y me atrae.

Ginna llega con un par de tragos, tomo el vaso y le doy un trago largo, mi cabeza no dejaba de dar vueltas, no sabía si salir corriendo o quedarme a disfrutar de algo a lo que no estaba acostumbrada, sentía que estaba violando todos mis valores y principios.

-Amiga, mira, aprovecha el espectáculo que están dando, son preciosos ¿verdad?- Ginna no hacía más que sonreír encantada

- ¿A qué te refieres?

-A todos los chicos que están bailando, esas curvas, ay no, esos pectorales, esos músculos de sus piernas, ¡ah y ni hablar de su entrepierna! Picante, picante...-Ginna me hace sentir vergüenza ajena, hablaba como si fuera una mujer demasiado libertina, no comprendía como podía dirigirse así a un hombre.

-Ginna, contrólate de verdad, estas hablando horrible- la miró con un poco de desprecio

-Mira Brenda, no sé qué es para ti diversión, pero deja de actuar como una mojigata que la noche es joven, ven vamos hacia esa barra, mira que bombones ahí allí- le doy otro largo sorbo a mi bebida y tímidamente salgo para allá, yo no era una chica muy joven pero tampoco era una anciana con necesidades especiales fisiológicas. Podría aprovechar aún la vista.

Llegamos a la barra y hay dos jóvenes, no creo que sean muy menores que yo, a decir verdad, eran demasiado guapos, comienza a sonar una canción específica para hacer striptease y eso hace que la piel se me enchine.

Mi amiga había logrado obtener dos puestos espectaculares frente al par de hombres, ambos estaban con un tipo de disfraz de vaquero, tenían sombrero y pantalones, también chalecos de cuero, y comienzan a bailar para nosotras.

Uno de ellos se queda viéndome directo a los ojos, y con su baile hipnótico de caderas comienza a ser insinuante, casi me desmayo al verlo, mis piernas me tiemblan y por poco dejo caer mi vaso.

Él joven comienza a mover su cadera muy frente a mi cara, podía sentir su olor a sudor, pero era un sudor delicioso, de hombre alfa, combinado con su perfume amaderado inundaba mis fosas nasales, a medida que iba sonando la canción se iba quitando una de sus prendas- mi amiga me codea

-Nena, está bailando para ti, ponle un billete, así amiga así- ella se lanza sobre el otro muchacho y de una forma muy atrevida le pone un billete de 50 en medio de sus tangas, y otras mujeres hacían lo mismo, ay, mi Dios, que nervios siento, saco como puedo un billete de mi cartera y sin darme cuenta le pongo uno de cien. El joven reacciona con un grito de vaquero - ¡¡yi ja!!!, yo apenas doy un sobre salto y me quedo bloqueada, (cien menos, pienso) mientras que él comienza a quitarse cada una de sus prendas.

No sé qué me pasa, pero no puedo quitar mis ojos de su cadera, de sus movimientos sensuales de un lado hacia otro, tenía la piel color canela, sus abdominales bien marcados, sus pectorales perfectos, y su trasero desorbitante, se notaba que era un apasionado por cuidar su cuerpo.

La canción se acabó para mi felicidad, siento un alivio recorrer mi cuerpo, el hombre se acerca y me da un beso apasionado en la mejilla, yo andaba como boba, ni siquiera me inmutaba ante tal espectáculo, me sentía una amoral, pero en el fondo me gustaba.

- ¿Te gusto el show? - su voz varonil hizo eco en mis oídos, mientras que trataba de recobrar su respiración que estaba entrecortada debido al baile.

-He... he... - me quedo sin poderle responder, por fortuna para mi estaba Ginna.

-Si lindo, si le gusto, es más, le fascinó la has dejado sin palabras, si necesitamos de tus servicios, te busco- ella le guiña un ojo y el hombre se va de frente de nosotras

-Al menos me hubieras dejado responder a mi- le doy el último sorbo a mi vaso.

- ¿No viste como te pusiste? Casi ni respiras, eso es fantasía mi amor, y lo que nos falta

-No, ¿Cómo se te ocurre?, no podemos hacer eso, me tengo que ir lulú está sola y yo, ya di cien dólares, no me alcanzo a imaginar si me quedo más aquí, me quedo en la quiebra- le digo soltando una carcajada

-esa es la idea mi amor que disfrutes de la noche- mi amiga me pasa otra copa llena de alcohol, me tomo un sorbo, y otro más y otro más, ahí empiezo a sentirme más relajada, más abierta, más feliz, la muy desgraciada parece que me habia drogado, yo estaba en pleno éxtasis.

- ¿Cómo te sientes? – Ginna me pregunta mientras estamos las dos bailando a saltos en medio de la pista, con un montón de empleados del lugar y claro muchas mujeres más que los estaban rodeando.

-Me siento genial, ¡uff me siento feliz amiga! Relajada- y de verdad me sentía en otra onda, mi cuerpo estaba lleno de energía, estaba frenética, lo que hubiera sido que fuera lo que me dio Ginna, se lo agradecia con el alma, eso era lo que realmente necesitaba así fuera por sentirme viva un solo momento, pero algo estaba mal, sentía como mi cuerpo se calentaba, y una leve excitación por ver aquellos hombres danzar, mis pezones de repente estaban rígidos, y sentía unos deseos inmensos de tener relaciones sexuales.

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