La diferencia de edad no es tan importante, es decir, ¿Que tanto pueden importar dos o tres años? Pues un obstáculo de diferencia de 16 años.
Yo era una chica que no solía salir con chicos y no creía en el amor. Hasta que me enamoré de uno imposible.
Tengo solo 17 años y me enamoré de uno de 33. Una locura, lo se.
Oh, aún no me he presentado. Me llamo Maya Black y vivo en Inglaterra, en Wolverhampton para ser exactos, en una casita con mi padre, ya que mi madre murió, como la de mi mejor amiga, Darcy.
Darcy Sadler. Es morena de pelo largo un poco mas abajo de los hombros y ojos marrones. Paso la mayor parte del tiempo en su casa o ella en la mía, pero normalmente voy yo a la suya ya que es mas grande.
Nos conocimos hace 11 años y desde entonces somos mejores amigas. La amo mas que a nada, es como una hermana para mi... Pero llegará el día en el que las cosas cambiarán.
Vida, fiestas, diversión, amistades... Todo era perfecto hasta que nos enamoramos.
Novela Romance/Comedia (HUMOR)
¡¡¡ Lo siento si hay errores ortográficos, la novela está en edición !!!
Maya
¡Viernes! ¡Por fin viernes! He estado esperando este día toda la semana. Faltaba solo una hora para que la última clase acabara y nos pudiéramos ir a casa.
Me iba a pasar el fin de semana a casa de Darcy, mi mejor amiga, ya que el sábado nos habían invitado a una fiesta, y obviamente no podíamos faltar.
Por fin el timbre sonó, dando a entender que ya habían acabado las clases y por fin éramos libres.
- ¿Preparada para el mejor fin de semana que puedas imaginar? - pregunta Darcy toda ilusionada mientras nos dirigíamos a las taquillas a coger los libros que necesitábamos para hacer los deberes.
- Súper preparada - hablé de vuelta contenta. Cogí mi libro de matemáticas y de biología, y me los guardé en mi bolso para luego cerrarlo y volvérmelo a acomodar en el hombro.
Luego, nos dirigimos a mi casa, que era donde tenía ya la maleta hecha, aunque me faltaban algunas cosas por poner.
- Mi padre nos vendrá a buscar en media hora - informó y asentí nerviosa.
Desde hacía varios meses me había sentido atraída por su padre. Ya sé que es una cosa muy extraña y rara, porque ¿Cómo te va a gustar una persona que te saca veinte años de diferencia? Pero su padre era tan atento, tan gentil, y sobre todo tan guapo, que me provocaba sentimientos encontrados.
Su padre se cuidaba mucho, es por eso que se veía más joven. Parecía que tuviera veinticinco años.
Yo lo conocía de años atrás, siempre con trato formal y educado, pero cada vez que lo veía me volvía más adicta a él. Al principio no me sentía así, era el padre de mi amiga, pero un día sucedió un contratiempo, y a partir de ahí todo cambio por mi parte sin yo quererlo.
Siempre que lo veía me ponía nerviosa, no podía ni formular palabra. Todo el tiempo pensaba en él y cuando venía a buscar a Darcy al instituto me quedaba embobada mirándolo. Este hombre me superaba. No sabía qué hacer, ni con quién hablar.
Pero una cosa tenía clara, maldito sea ese día.
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Me levanté de la cama tratando de no despertar a Darcy. Estaba durmiendo plácidamente y lo último que quería era despertarla por mi torpeza y que se levantara enfadada.
Necesitaba beber algo. Me estaba muriendo de sed, y no tenía más remedio que ir a la cocina a buscar un vaso de agua o algo que pudiera encontrar.
En mi casa siempre me llevo una pequeña botella de agua y la dejo en la mesita para que esto no me ocurra, pero ayer se me olvidó.
Antes de bajar, me miré el outfit que llevaba puesto. Un camisón grande que me llegaba un poco más arriba de las rodillas y mis preciados calcetines. Nada más. Tampoco estaba tan mal. Además, nadie me tenía que ver.
Miré la hora del móvil, y marcaba las 8:00 de la mañana, así que supuse que no habría nadie en el comedor. ¿Quién se levanta tan temprano? Nadie de la familia Sadler madruga, que yo sepa.
Bajé rápidamente y me encaminé hacia la cocina. Sin rodeos, abrí el armario para coger un vaso, pero estaba demasiado alto. No lo alcanzaba. Me puse de puntillas, incluso me impulsé un poco con el mármol, pero nada.
- Oh, Maya - oigo una voz ronca detrás mío y en un susto me doy la vuelta, desconcertada.
Era el señor Sadler. Mierda.
En una mirada rápida pero disimulada lo observo: llevaba unos pantalones largos de chándal gris y una camiseta de tirantes blanca, dejando ver a través de esta algunos tatuajes por su abdomen, aparte de en los brazos.
«No sabía que tenía tantos tatuajes» pensé.
Nunca lo había visto así, me extrañaba. Casi siempre vestía con trajes, y los días que no, siempre llevaba vaqueros y camiseta. Pero verlo así me dejó loca, no me lo esperaba.
- Se-señor Sadler... Me ha asustado - expongo asustada y me llevo la mano en el corazón.
- Henry - me corrige amigablemente - Y siento haberte asustado. ¿Qué haces levantada a estas horas? - cuestiona ahora acercándose un poco a mí y cogiendo un plátano de la encimera.
- Pues, tenía sed - musito vergonzosa y me encojo de hombros - Siempre me llevo una botellita de agua a la cama, pero ayer se me olvidó - Mierda. ¿Cómo se me ocurre decir eso? Ahora se va a pensar que soy una niña o algo.
- Oh, tranquila - manifiesta despreocupadamente y nos quedamos callados los dos.
¿Y ahora qué hago? Mierda, mierda, mierda.
Me daba vergüenza decirle que me alcanzara un vaso, igual creería que era una enana, pero no, era solo que estaban muy altos. ¿Porque todo es tan difícil? Además, me pone nerviosa, mucho.
Estaba ahí de pie, sin decir nada, viendo cómo se comía el plátano, y por alguna extraña razón me parecía sexy.
- ¿No bebes? - pregunta burlón enarcando una ceja, esperando respuesta, a la vez que tuerce una sonrisa.
- Oh, sí, pues claro - balbuceo como una tonta y me volteo para coger el vaso, pero no me acordaba de que llevaba el maldito camisón así que cuando me estiré para alcanzarlo, le dejé una muy buena vista de mi parte trasera.
¿Pero qué haces?, me digo a mí misma.
Reacciono al instante, abochornada y muerta de vergüenza, aunque ahora ya era demasiado tarde ya que probablemente ya me haya visto, así que decido hacerlo rápido e irme cuanto antes mejor.
Estiro más el brazo, pero al igual que antes, no lo alcanzo. Joder, ¿enserio?
- Trae, ya te ayudo - habla con humor y suelta una pequeña carcajada. Observo cómo deja el plátano en el mármol y se acerca velozmente a mí. En un movimiento rápido, se coloca detrás mío para coger el vaso.
Espera, ¿Qué coño hace? Este hombre me está confundiendo bastante, ¿Por qué se comporta así conmigo? Me sobresalto de nuevo al notar ahora algo en mi cadera. Era su mano. Madre mía.
Espera. Estoy notando algo más en mi... culo. Santa mierda.
«Ay, Dios», habla mi subconsciente automáticamente.
Se apretó tanto a mí que su miembro quedó pegado totalmente en mi trasero. Me estaba poniendo muy nerviosa, por Dios. Llego a saberlo y me pongo unos pantalones. ¿Como se me ocurrió bajar así?
Ágilmente agarra el vaso, se separa de mí, y me lo tiende.
- Gracias - agradecí roja como un tomate, cogiendo el vaso.
- No hay de qué - expresa sonriéndome de vuelta.
Me serví el vaso con agua, bebí, y cuando acabé, lo dejé en el fregadero.
«Quiero irme para arriba ya»
- Bueno, yo ya me voy para arriba de nuevo - expreso sofocada por lo que acaba de ocurrir, a la vez que con los brazos intento alargar un poco el camisón que llevo, disimuladamente, para que no se me vea nada. No me salían ni las palabras, joder - Adiós - logro balbucear y me doy la vuelta.
- ¿Te vuelves a la cama? - formula confuso y me hace voltearme.
- Sí - afirmé segura - Solo tenía sed. Nunca me levanto tan temprano.
-Oh, en ese caso, ¿Buenas mañanas? - dudó riendo.
- Sí, buenas mañanas - dije y sonreí también para después subir las escaleras y volver a la cama.
Una vez arriba, empecé a asimilar todo lo que acababa de pasar ¡El padre de mi amiga me ha pegado su miembro en mi trasero! ¡Pero qué grosero! Al principio me daba bastante respeto que él hubiera podido hacer eso, pero lo que me sorprendió es que no me desagradó tanto.
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- Maya... ¡Maya! - me chilló mi amiga desconcertándome de mis pensamientos y volviendo a la realidad.
- Oh, perdona, dime - me disculpé - Estaba pensando en mis cosas.
- He dicho que faltan veinte minutos, así que nos quedan diez.
En estos minutos que nos sobraban, me metí al baño y me arreglé un poco el maquillaje, a lo que Darcy revisaba su móvil. No quería que el señor Sadler me viera fea.
- Mi padre ya ha llegado - me aviso Darcy y los nervios empezaron a notarse en mi cuerpo al oír eso.
«Bien, ha llegado la hora de verlo de nuevo»
- Ya he terminado - avisé saliendo del baño. Guardé mi neceser en la mochila que había traído y la cerré.
Le envié un mensaje a mi padre, ya que estaba en el bar trabajando, que decía: "Papá, ya me voy a casa de Darcy. Cuando llegue te aviso. Te quiero". Él me respondió con otro mensaje y luego salimos de mi casa.
Divise el BMV negro del padre de Darcy a lo lejos y a él apoyado en el borde del coche esperándonos. Se veía... elegante, guapo, en definitiva, un pedazo de hombretón que de seguro tenía a todas las mujeres locas.
Llevaba una camisa roja a cuadrados, pantalones negros pitillos y unas gafas de sol negras también. No le quedaba para nada mal.
Cuando nos vio, se le formó una sonrisa, dejando ver esos hoyuelos y esos dientes blancos perfectamente delineados, y se quitó las gafas.
- Hola papá - le saludó Darcy como una hija saludaría a su padre. Le dio un beso en la mejilla - Ya estamos.
- Hola Darcy - musita hacia su hija y la abraza. Después de unos segundos se separa - Y hola, Maya - expresa ahora hacia mí mostrándome una gran sonrisa. Agh, de verdad, este hombre es precioso.
- H-hola, señor Sadler - respondo de los nervios. Se acerca a mí y me planta dos besos. Puedo percibir su rico olor.
- Ya sabes que, para ti, soy Henry, no señor Sadler -me corrigió amablemente. Siempre me decía lo mismo. Yo encontraba más adecuado decir Señor Sadler que Henry, realmente - Venga, subid - ordenó Henry y entró en el coche. Nosotras nos miramos e hicimos lo mismo.
Darcy se puso detrás conmigo, mientras hablábamos de chicos.
Yo me estaba muriendo. ¿Como voy a hablar de chicos delante del señor Sadler? Yo nunca hablaría sobre chicos delante de mis padres.
- ¿A ti no te pasa, que cuando miras a Luke te quedas perpleja? - me preguntó Darcy levantando las cejas.
Luke era el chico que me gustaba, y solo ella lo sabía. Bueno, ahora también su padre.
- Em... - me quedé pensando a ver que decía. Henry lo estaba oyendo todo - Sí, bueno, sí.
- ¡Pues claro que sí! No me engañes, que no paras de hablar de él - exclamó mi amiga y me pegó un codazo - "Que si Luke hoy me ha mirado, que si Luke me ha sonreído... " - balbuceaba y yo me encogí de hombros.
- ¿Así que te gusta un chico, Maya? - habló hacia mí el señor Sadler, quiero decir, Henry, mirándome a través del espejito.
- B-bueno... - tartamudeé nerviosa desviando la mirada.
- Sí, le encanta - añadió Darcy.
Puta Darcy.
{...}
Llegamos a su casa y Darcy y yo subimos directas a su habitación. Dejé la mochila a un lado de la cama y me quité los zapatos.
- ¿Y Brandon? - pregunté extrañada.
Brandon era su hermano mayor. Tenía 2 años más que nosotras. Era guapísimo. Bueno, toda la familia Sadler eran guapísimos.
Lamentablemente su madre, la cual era amiga de la mía, había muerto hacía unos tres años, así que no tenía, igual que yo.
Nuestras madres murieron juntas. Fue debido a un accidente de coche. Se dirigían a un centro comercial situado un poco a las afueras, cuando de repente se les cruzó un jabalí por la autopista y mi madre tubo que girar bruscamente.
Por eso estamos tan unidas nuestras familias.
- ¿Qué tanta curiosidad ahora por saber dónde está mi hermano? - habló Darcy y me miró con media sonrisa.
- Solo pregunto - me defendí levantando las manos - Hace días que no lo veo.
- Pues no sé, debe estar con algún amigo - explica sin importancia y asentí - ¿Qué quieres hacer?
-No sé, es tu casa, lo que quieras - hablé indiferente.
- ¿Hora? - me preguntó. La miré en mi móvil.
- Ocho y media.
- Vale, pues si quieres podemos ha- iba a decir algo, pero el padre de Darcy entró en la habitación, interrumpiéndonos.
- Darcy, ¿Te has acabado la leche? - balbucea su padre irrumpiendo nuestra preciada conversación.
- No - responde ella.
- Has sido tú, así que necesito que vayas a comprar más - ordena mirando fijamente a su hija, la cual está rodando los ojos.
- ¡Papá! - se quejó ella, alzando un poco el tono de voz - Ahora no, luego.
- Luego será tarde y cerrarán - expone suspirando - Si te acabas la leche, vas a comprar más. Y no me dejes la leche vacía de nuevo en la nevera - al oír eso suelto una pequeña risa, y Henry automáticamente clava su penetrante mirada en mí. Mejor me callo.
- Ya, claro - escupió Darcy enfadada - Ha sido Brandon, ya lo sabes - habla, pero creo que está mintiendo.
- Eres la única que cuando se acaba la leche la vuelve a dejar en la nevera vacía - repitió su padre - Entonces luego llego yo con sed y cuando la cojo veo que no queda.
- La dejo ahí para recordarte que hay que comprar leche - expresa neutral Darcy.
- Mira Darcy, fin de la discusión- concluye más furioso su padre - Luego ir a comprar leche. La necesito para la cena - añade y se va sin decir nada más.
- Ay, vale - se quejó Darcy hacia mi - Que pesado que es, joder - se levanta de la cama en la cual estamos sentadas y se dirige a su armario - ¿Vamos al supermercado?
- Sí, claro - dijo y me levanto también para ponerme mi abrigo.
Bajamos a bajo y Henry estaba mirando la televisión. Se veía realmente guapo, para que mentir.
- Papá, ya nos vamos ¿Contento? - le vaciló Darcy.
- Mucho - contestó él con su voz ronca. Se levantó y se acercó a mi - Ya la puedes vigilar, eh Maya, que es toda una caprichosa - dijo él señalándola y yo me reí - A la que te descuidas se está comprando todo el supermercado entero.
- No te preocupes, yo ya la vigilo - dije siguiéndole el juego. Sonrió dejando ver esos hoyuelos tan bonitos.
«Maya, por favor. ¡Contrólate!»
{...}
Salimos del supermercado ya con la leche que su padre necesitaba dentro de una bolsa.
- Oh mira, ahí esta Brandon - anuncia Darcy señalando a su hermano a lo lejos el cual iba andando por la otra calle.
Observo a dónde ella me indica, y efectivamente logro divisar a Brandon. Cruzamos velozmente la carretera con cuidado y nos acercamos a él por sus espaldas sigilosamente. Darcy me hace una seña de que me esté callada y esta, sin pensárselo, le da un susto por detrás a su hermano, el cual se sobresalta y pega un grito.
- ¡Joder Darcy! - le grita él enfadado dándose la vuelta.
- Perdón, perdón... Solo quería hacerte un susto - rió su hermana maliciosamente. Brandon desvió la mirada y cuando hizo contacto visual conmigo, su expresión cambió a una sonriente.
- Hola, Maya - saluda gentilmente y me abraza - Ya me ha dicho Darcy que venías a pasar el fin de semana a casa - cuenta y asiento.
- Sí - añadí sonriendo.
- Qué bien, ya hacía días que no nos veíamos - formula y nos separamos.
- Buenos, nosotras nos vamos a casa - interrumpe Darcy y me coge del brazo con intención de tirarme.
- Voy con vosotras - habla Brandon antes de que nos fuéramos, metiéndose las manos en los bolsillos, y me alegro de que venga con nosotras.
Caminamos las tres calles que había hasta casa de Darcy. No se me hicieron muy largas ya que Brandon no paraba de explicar chistes. Me lo paso muy bien con él. Es muy gracioso.
Una vez llegamos, le dimos la leche a Henry.
- Toma papá - Darcy le dio la leche.
- Gracias - le besó la frente - Brandon - lo llamó y este lo miró.
- ¿Que? - respondió.
-¿Dónde has estado? - preguntó dejando la leche dentro de la nevera.
-He quedado con los amigos - habló despreocupado.
- Okey - berreó y se fue de la cocina y nos quedamos los tres solos.
{...}
- ¿Y qué te dijo? - me preguntó mi amiga dejando el cigarro en el cenicero.
Nos encontrábamos fumando en la habitación de Darcy. Yo no suelo fumar mucho, muy de vez en cuando, pero Darcy sí y lo mejor es que su padre no lo sabía, así que tenía que guardar el secreto. Tenía un balcón en su habitación así que lo teníamos abierto para ventilar.
- Me dijo que si quería que nos viéramos un rato mañana en la fiesta - hablé normal escondiendo toda la felicidad que tenía. Hice una calada pequeña y solté el humo.
- Dios, ¿Me estás diciendo que Luke quiere... algo contigo? - interroga Darcy ansiosa, esperando respuesta.
- ¿Qué? No, claro que no - corregí al instante - No quiere nada conmigo, solo quiere hablar. Supongo para conocernos un poco más - dije e hice otra calada.
- ¡Aaaah! - exclamó de emoción - Ya verás como acabáis juntos - me animó - ¿Y se puede saber cuándo te lo ha dicho? - se cruzó de brazos no sin antes hacer una calada grande.
- Antes, me lo ha preguntado por mensaje - dije con una gran sonrisa.
- Que suerte tienes, enserio. Daría lo que fuera para que Newt me hablara - expuso refiriéndose al chico que me gustaba desde hacía años.
- Tu no te desanimes, ni pierdas la esperanza, todo pasa cuando menos te lo esperas - la tranquilicé.
- ¡Chicas a cenar! - oímos a Henry chillar desde abajo.
- Ve bajando tu, ahora voy - avisó Darcy levantándose de la cama - Tengo que ordenar un poco esto, porque como suba y lo vea, o solo lo huela, me muero - se levantó de la cama.
- Ya te ayudo. Hemos fumado las dos - me ofrecí, pero se negó.
- Que no, que bajes a bajo con mi hermano. Es un momento - habló rociando el cenicero con colonia.
«¿Qué coño?»
- ¿Que estás haciendo, tía? - le pregunté extrañada mirando curiosa lo que estaba haciendo.
- Le echo colonia al cenicero, ¿No lo ves? - respondió seria - Para que no huela. No quiero dejar ninguna prueba de nada, que se me cae el pelo.
- Pero haciendo eso ¿No ves que huele a tu perfume? - cuestioné - Tu padre sabrá que le has echado algo. Un cenicero no huele así porque sí.
- Ay Maya, vale - soltó y paró de hacer lo que estaba haciendo - Ves bajando, enserio.
Y así hice.
- Me voy - dije un poco confusa y me fui.
Bajé al comedor y la mesa ya estaba puesta. Henry estaba cocinando algo y Brandon estaba viendo la tele. Me senté a su lado.
- ¿Qué miras? - le pregunté curiosa y tímida.
- Anuncios - respondió y reí.
- Bien, bien - hablé.
De repente paró la televisión y se levantó vagamente.
- Vamos a cenar - me dijo y asentí. Lo seguí hasta la cocina.
- Hombre, ya era hora que vinieseis - musita Henry dejando los platos en la mesa con la comida ya servida.
Observo la mesa y distingo patatas al horno. Qué buenas. Apuesto a que estaban exquisitas, Henry siempre cocina de en sueño.
- ¿Dónde me siento? - interpelo tímida, ya que Brandon tenía ganas de sentarse.
- Dónde quieras - anunció Henry y me señala los dos sitios libres que quedan - ¿Y Darcy? - inquiere con sus ojos intimidantes.
- Está arriba, me ha dicho que ahora viene - aviso y este asiente.
Empezamos a comer los tres ya que la comida se estaba enfriando y Darcy no bajaba de su cuarto. El caso es que estaba un poco incómoda sin mi amiga, pero era lo que tenía que hacer.
- Yo flipo con Darcy - susurra Henry para él dejando el cuchillo en la mesa - ¡Darcy! - vocea desde la mesa - ¡Baja ya!
- ¡Que ya voy, pesado! - grito ella de vuelta, ahora su voz se oía más cerca. Al cabo de varios segundos apareció por la puerta - No hace falta chillar, eh. No estoy sorda - dijo secamente ella.
- Háblame bien - expresó su padre con un tono fuerte acompañado de una mirada asesina.
- Ya te estoy hablando bien, pero eres muy insistente - escupe mi amiga de malas formas sentándose en la silla.
- Ya estamos otra vez... - murmura en un susurro Henry antes de empezar a cabrearse.
- Ahora viene lo bueno - me avisa Brandon gracioso cerca del oído.
- Eres un idiota - expresa Darcy hacia su padre.
- ¿Quieres que te castigue sin móvil? ¿Eh? - amenazó su padre y Darcy bufó para finalmente callarse - Eso pensaba - concluye con los puños tensos - Y tu Brandon a callar también - le regañó ahora a su hijo y siguió comiendo un poco más de sus patatas al horno.
- ¿Ahora que he dicho? - se quejó Brandon.
- Tú ya lo sabes - responde Henry rudamente.
- ¿Pero a ti que te pasa? - le gritó Darcy de nuevo a Henry.
- ¡No! ¿Qué os pasa a vosotros? - chilló Henry - Os comportáis de una manera... ¡Soy vuestro padre! ¡Un poco de respeto! - golpeó la mesa y se levantó. Yo me asusté.
- ¡Desde que murió mamá estás más estúpido y gilipollas! - le chilló Darcy muy enfadada.
- ¡A TU HABITACIÓN!, ¡AHORA! ¡Y TÚ BRANDON TAMBIÉN!, ¡NO OS QUIERO VER!
- Pues adiós - expuso Brandon tirando los cubiertos encima de la mesa y se fue para arriba.
Darcy se levantó de la silla también, dispuesta a seguir a su hermano.
- Vamos, Maya - me avisó y me cogió del brazo. Me levanté.
- Maya aún no ha acabado de cenar - berreó Henry después de beber agua - Te vas sola para arriba. Adiós.
Darcy bufó y nos miramos.
¿Me tengo que quedar aquí sola? Qué vergüenza.
- Te espero arriba. No tardes o mi padre te comerá la olla - me dijo Darcy y subió a grandes zancadas para luego dar un portazo.
Y ahí me quedé, sola en la mesa, con el padre de mi amiga.
Henry
Este fin de semana venía Maya a casa. Era la amiga de mi hija. La chica era mona, y estaba desarrollada. Se notaba que salió a su madre. En parte me gustaba que viniera. Me gusta que mi hija se lo pase bien, que esté entretenida.
Maya era muy atractiva: morena, pelo largo, ojos verdes, curvas...
Yo estaba casado, pero trágicamente mi mujer falleció hacía tres años debido a un accidente, junto con la madre de Maya. La quería muchísimo, y ella se marchó.
Cuando vi a Maya salir por la puerta de su casa, se me formó una buena sonrisa. Ya la conocía de hacia mucho, incluso era íntimo amigo de su padre.
Con esta chica me pasaba algo raro, ya qué me intimidaba mucho, y eso me gustaba. Sentía que teníamos una atracción "especial".
Mientras iba conduciendo, de vez en cuando la iba mirando desde el espejito del coche y cuando se daba cuenta, se ponía un poco roja.
Cuando llegamos a casa, le dije a Darcy que fuera a buscar leche al super, ya que no había, y la necesitaba. Las dos se fueron y luego volvieron con Brandon, que no sabía dónde había estado.
Llegó la hora de la cena, llevaba como una hora entera haciendo la cena. Cuando ya estaba, las llamé.
- ¡Chicas a cenar! - chillé desde la cocina. Al rato vi que Brandon y Maya entraban en la cocina y no pude evitar mirar su culo (el de Maya) y seguía igual que la última vez que lo vi casi al descubierto, que ya hacia como dos meses mas o menos.
Fue ese día que Maya se quedó a dormir y me levanté muy temprano ya que iba al gimnasio, y cuando entré a la cocina me la encontré con solo una camisa que le iba grande, ahí dejando ver su parte trasera. Las hormonas se me pusieron a mil, no entiendo porque, pero me pude controlar.
Luego a la hora de cenar, Darcy y Brandon la liaron muchísimo así que no pude hacer otra cosa que castigarlos. ¿Por qué se comportan así? Según ellos desde que Amy - mi mujer - murió, estoy más "gilipollas", y no es verdad.
- Vamos Maya - dijo Darcy extendiéndole la mano para que la cogiera y se fuera con ella a la habitación después de que la hubiera reñido. Maya se disponía a levantarse, pero la paré.
- Maya aún no ha acabado - dije secamente acercándome una patata asada a la boca.
Darcy bufó.
- Te espero arriba - dijo ya cansada mi hija y se fue hacia arriba para después dar un portazo.
Cuando ya estuve más calmado, di un trago a mi vaso de agua y me relajé.
Maya
Esto era muy incómodo. Estábamos los dos acabando nuestros platos, allí solos, sin hablar.
- Maya, siento lo que has visto - se disculpó - Mis hijos... Han salido a mi mujer - hizo una carcajada triste.
- Oh, no pasa nada. Yo también tengo estas broncas con mi padre - conté tímida y torció una sonrisa.
- Bueno, supongo que todos los que tienen hijos adolescentes tienen estos problemas. Es la época - habló y asentí - Cambiemos de tema... - se quedó pensativo unos segundos - ¿Tienes novio? - alzó las cejas esperando una respuesta.
¿Que? ¿Por qué me pregunta eso?
- N-no - dije avergonzada. Mis mejillas se tiñeron de color rojo carmín.
- No pasa nada, ya llegará el especial - sonreí falsamente - ¿Y algún chico al que me moles? Digo, eres guapa y tienes buen cuerpo, no veo porque no te tienen que mirar, y además eso las chicas lo notan ¿verdad? - habló como si nada, y por poco me atraganto con la patata - Seguro que algunos te miran, y tu no lo sabes. Estoy segurísimo - siguió y se metió una patata en la boca.
- No creas - hice una carcajada - Todos los chicos del instituto son muy... estúpidos - conté con mucha vergüenza.
- Bueno, eso no te lo niego - dijo y reímos - Pero Darcy ha dicho que te gustaba alguien ¿no? - preguntó.
«Vaya, sí que tiene buena memoria»
- S-sí, bueno, sí - respondí intentando tragar - Aunque bueno, eso lo ha dicho Darcy.
- Si...Darcy es una bocazas cuando quiere.
- Estoy de acuerdo con eso - dije y sonrió.
- Bueno, yo ya estoy - anunció dejando los cubiertos encima el plato.
- Sí, yo también - hice lo mismo y me levanté para dejar el plato en el fregadero.
- Maya ¿Qué haces? - me preguntó Henry frunciendo el ceño al verme levantarme.
-Uhmm... Dejar el plato - dije tímidamente.
- Eso lo tengo que hacer yo - se levantó y me quitó el plato de las manos - Tu eres la invitada - sonrió y yo hice lo mismo.
- Me voy arriba con Darcy - hablé y me di la vuelta.
- Está bien - dijo para luego poner los platos al lavavajillas.
Henry
Oh dios, ¡Pero que culo tenía! Se que no debería pensar así, pero es que la tenía enfrente y tenía un culo...ni mi hija tiene ese culo.
Maya se fue, y dejé los platos en el lavavajillas para que se fueran lavando. De mientras aproveché que estaba solo para ir al baño.
Una vez ahí dentro, me cerré con pestillo y me bajé los pantalones y los calzoncillos.
Me cogí todo mi miembro con la mano derecha y de ahí la fui moviendo de arriba abajo. Mientras lo hacía, iba pensando en el culo de Maya y como se vería su cuerpo desnudo. Si, creo que me gusta un poco.
Se me escapaban algunos gemidos, pero intentaba controlarme, aunque no pudieran oírme ya que todos estaban en el piso de arriba.
Gemía su nombre. Me imaginaba que esa era su mano.
Soy joven, tengo 33 años, no 50. Aún tengo que vivir la vida, aunque sea con mis dos hijos.
Tuve a Brandon a los 16 años, era muy "mujeriego", siempre iba con chicas diferentes y ligaba mucho. Hasta que a los 16 me enamoré de verdad y tuvimos a Brandon muy jóvenes – claramente era un embarazo no deseado – pero mi mujer no quería abortar ya que decía que si se había quedado embarazada era por algo, así que dejó que el bebé creciera dentro de ella, hasta que lo tuvo, y fue una de las mejores cosas que pude hacer. Dos años más tarde llegó Darcy y nos casamos.
Seguía con el asunto hasta que por fin acabé.
Intentando controlar mi respiración, llamaron por teléfono.
«Mierda»
Limpié todo muy rápido y me volví a subir los calzoncillos y los pantalones y fui a cogerlo.
- ¿Sí? - contesté con la respiración agitada.
- ¡Hey Henry, soy David! - dijo esa voz tan conocida.
- ¡Que pasa, tío! ¿Qué tal todo? - exclamé contento.
Era David, el padre de Maya.
Me caía genial. Los dos éramos íntimos amigos, nos veíamos muy a menudo.
- Bien, bien ¿Y tú?
- Vamos haciendo - reí - Haber cuando nos echamos otras cervezas de esas, eh.
- Hombre colega, la de cervezas que nos quedan - bromeó David y nos reímos al unísono - ¿Qué tal está Maya?
- Maya está muy bien, ahora está con Darcy en su habitación. ¿Quieres hablar con ella?
- Sí, por favor.
- Vale, tío. Espera - dije.
Subí las escaleras con el teléfono en la mano y mi amiguito aún seguía erecto, así que me rozaba y me molestaba bastante con el pantalón, pero como pude, me apresuré a subir lo más rápido posible. Piqué tres veces a la puerta y luego abrí. No dejé que se me viera el cuerpo entero, así que solo me asomé de los hombros para arriba.
- Maya, tu padre quiere hablar contigo - le dije señalándole el teléfono.
Se levantó y cogió el teléfono y volvió a sentarse en la cama, y pude verle de nuevo ese bonito culo a través de los leggins grises que llevaba.
- Papá - me llamó mi hija y la miré - Adiós, vete - soltó. Me guardé los comentarios y me fui hacia abajo.
Me metí en mi habitación, y me puse cómodo. Me quité los pantalones y me puse unos de chándal más sueltos, que dejaban respirar a mi amiguito. La camisa también me la cambié y luego me fui a ver la tele al comedor.
{...}
Al día siguiente, me levanté de buen humor. Me hice un café con unas tostadas y al rato llegó Brandon. Pasó de mí como si no estuviera y se fue a abrir la nevera.
- Buenos días - dije yo para ver si me contestaba. Me miró y le dio igual.
- Hola - dijo seco. Se sentó en frente mío y se sirvió un poco de leche.
Estuvimos unos minutos en silencio, pero su expresión decía que quería decirme algo. Me senté en la silla de delante suyo mientras devoraba una manzana.
- Papá - me llamó.
- Dime - respondí y lo miré.
- Lo siento. Lo de anoche... - empezó y lo interrumpí.
- No pasa nada, Brandon. Pero que no se vuelva a repetir.
- ¿Seguro, papá? No quiero estar mal contigo...
- Tranquilo Brandon, te he dicho que no pasa nada. Pero que sea la última vez - informé y él asintió. Me alegró que se disculpara.
Después de estar hablando, miré el reloj y vi que ya eran las 10:30 am, y las chicas aún no se habían levantado, así que las fui a despertar.
Maya
Ayer nos acostamos a las dos y media de la noche, ya que Darcy y yo estuvimos hablando toda la noche sobre la fiesta que se celebraba hoy. Hacía tiempo que no iba a una fiesta, y el hecho de ir a una hoy, me ponía nerviosa.
- Chicas arriba - nos despertó la voz de su padre, llamando a la puerta desde fuera - Son las diez y media y tenéis mucho que hacer. Venga - habló y yo no lo oímos más.
Me removí en la cama, un poco molesta ya que quería dormir más.
Dormía en una cama que Darcy tenía debajo de la suya, y era realmente cómoda, lo que era un poco más baja.
En un movimiento rápido, Darcy se estiró y sin querer cayó en la mía, es decir, encima mío.
- ¡Darcy! - le chillé al sentir su peso encima de mi - ¡Sal! - Me clavó todo el codo en el estómago.
- Joder, que me he caído. Perdona - musitó ella confusa y se levantó de encima mío - No estoy acostumbrada a que esta cama esté abierta- dijo refiriéndose a la mía.
- Vale, vale - respondí dejándolo pasar.
- Buenos días - me dijo ella con la sonrisa más falsa que podía imaginar, una vez se puso de pie.
- Malos días - dije con sarcasmo ya que me hizo daño y ella se rió.
- Vamos, que ha sido sin querer - me dijo tranquilamente.
- Sí, sí, pero me has chafado el estómago. ¡Ahora me saldrá algo! - exclamé fingiendo.
- Pero qué dices, anda - habló y se rió. Le pegué en el hombro - Vamos a desayunar, que me muero de hambre - avisó y encaminamos para ahí.
Llevábamos los pijamas puestos, a lo que me daba un poco de vergüenza que me vieran los dos hombres de la casa con eso puesto.
- Espera, tía - le avisé - Me quiero cambiar antes, no voy a bajar así - le señalé mi pijama rosa que llevaba.
- Como quieras, yo bajaré tal cual - dijo - Venga, que te espero, cámbiate.
Cogí mi ropa y me cambié delante suyo lo más rápido que pude, ya que tenía hambre y quería comer algo ya. Me puse unos jeans tejamos largos y un croptop color azul claro.
- Ya estoy lista - avisé y bajamos.
En el comedor pude divisar a su padre en la cocina y Brandon con el móvil en la mesa.
- Buenos días, bellas durmientes - nos dijo Henry. Iba con chándal. Pude notar como me miró de arriba abajo muy descaradamente.
«¿Que?»
Darcy y yo nos sentamos en la mesa donde ya estaba Brandon sentado, ahora mirando un punto fijo en la pared. Creo que se estaba durmiendo.
- ¿Qué has preparado para desayunar papá? - le preguntó Darcy con un tono de voz normal. Parecía que los recuerdos de la discusión de ayer ya se habían esfumado.
- Ja, que te lo crees tú - empezó Henry sirviéndose un café - Ya sois mayores para haceros vosotras el desayuno, por eso os he levantado - habló y sin más se fue, dejándonos solos en la cocina.
- ¡Brandon! - exclamé hacia él, con humor, al ver que se estaba quedando dormido.
- ¡Ah! - dio un brinco y chilló asustado.
Su hermana y yo nos reímos a carcajadas.
- Brandon, tío, ¿te fuiste a dormir muy tarde o qué? - le cuestionó su hermana comiéndose una magdalena.
- Sí, claro que sí - dijo arrastrando las palabras y bostezó - Me estuve viendo un programa nuevo que empezó hace unos días.
- ¿El de las citas? - le dije yo, sospechando.
- Sí, ese - respondió él - No me digas que lo ves.
- ¡Pues claro que sí! ¿Ayer lo hicieron? - pregunté confusa. No sabía que lo hacían, me lo perdí entonces.
- Sí, estuvo muy guapo el de ayer - dijo bebiendo un vaso de leche.
- Joder Brandon, haberme avisado, tío - me quejé yo y ahora cogí una magdalena para mí. Que hambre.
- Y yo que sabía que lo veías - se defendió él sonriendo - Si tienes digital, lo puedes ver repetido.
- Menos mal - añadí - ¿Tu Darcy lo ves?
- ¿Yo? Ni de coña. A mí estos programas de cotilleos no me interesan en lo más mínimo - balbuceó - Nunca me verás viendo estas cosas, Maya. No sé como mi hermano puede ver eso.
- Pues porque es interesante, luego vas al instituto y todos están hablando de eso y tú eres el raro - habló él hacia Darcy - Además, te lo ves fumándote un porro y mola aún más. Todo fluye.
- ¿Te hiciste ayer un porro y no me avisaste? - le cuestiona ahora su hermana, ofendida.
¿Brandon fuma porros? Dato nuevo que no sabía, aunque me lo podía esperar, viendo que Darcy sí que fuma.
- Sí, ¿qué pasa? ¿No puedo fumar solo o qué? - manifestó él y se levantó de la silla.
- Pues claro que sí, pero ayer se me acabó a mí y esperaba que me dieras un poco.
- Pues no te puedo dar porque me lo acabé también - expresó como si nada - Esta tarde iré a pillar un poco.
- Pues cógeme, ya te lo pago - le dijo su hermana.
- Vale - respondió este - Dame cinco pavos y te cojo.
- Luego te los doy, tengo el monedero arriba - le dijo su hermana.
- Luego me los das, me tengo que ir que he quedado - habló Brandon y se fue de la cocina.
- Bueno, ¿Quieres ir al Starbucks? - me preguntó mi amiga - Me apetece un café latte.
- Vale, me parece bien - contesté.
- Brandon, nos iremos al Starbucks ¿Vienes? - le preguntó Darcy desde la cocina
- Ah, venga, vale, pero- Darcy lo interrumpió.
- Pues me voy a cambiar - anunció. Subió para arriba como un rayo y me dejó sola con Brandon.
- ¿No has quedado? - le pregunté.
- Sí, pero no me viene de diez minutos. Que se espere - habló refiriéndose a su amigo.
Reí.
Al cabo de cinco minutos, Darcy bajó ya arreglada.
- Lista - anunció - ¿Vamos? - declaró hacia nosotros.
- Sí - dijimos. Abrió la puerta y nos fuimos.
- ¡Adiós papá, luego volvemos! - chilló Daisy hacia su padre, el cual no sabía dónde estaba.
Nos disponíamos a cerrar la puerta, cuando la voz de Henry se oyó desde dentro de la casa.
- Brandon - dijo este hacia su hijo, y Darcy volvió a abrir la puerta de la entrada para encarar a su padre - Vigílalas.
- Como si tuvieran cuatro años... - se quejó Brandon - Pero vale, tranquilo - se puso la chaqueta y salimos de casa.