Genial, le había arruinado el traje al dueño de la empresa, bien hecho Olivia, te has ganado el premio a la Idiota del año.
-¿Eres ciega?
-No pero... -me interrumpió.
-¿Entonces porque no te fijas por donde vas? -se estaba limpiando el saco que seguramente vale mas que mi casa.
-Fue un accidente ¿de acuerdo? Todos cometemos accidentes alguna ves, ¿usted jamás tuvo algún accidente?
-Has dicho accidente tres veces en una oración -cerró sus ojos con fuerza- mejor dime ¿Cómo vas a pagar mi traje?
-¿Pagarlo?
-¿Eres sorda también? -soltó un bufido- tienes que pagar mi traje.
No puedo pagar esa cosa, eso cuesta mas que toda mi vida, bien tengo que buscar la forma de huir lejos de aquí, si eso hare.
-Y ni pienses huir -se cruzó de brazos.
-Escuche señor Don presidente, no puedo pagarle el traje, ¿sabe porque? Tengo deudas ¿si? Muchas deudas que pagar -recalque la palabra "muchas"-, además, usted puede comprarse la tienda de trajes si lo desea. Esta siendo muy caprichoso.
-¿Caprichoso? ¿Me estas diciendo caprichoso a mi?
-Pues si usted... -me volvió a interrumpir.
-¡Es el colmo! -exclamó- una... persona común me ha llamado caprichoso.
-Hey espere... ¿Cómo que persona común? -puse mis manos en mi cintura- yo soy una persona al igual que usted.
-No claro que no -negó- tu eres una... empleada más, yo -se señaló- soy el dueño de esta empresa y te exijo que me pagues el traje que tu -me señaló- arruinaste.
-No pienso pagar nada fíjese -sonreí, luego tomé mis flores-, usted es muy mal educado.
-Y tu una niña insolente -me señaló- no puedo creer que me hayas dañado un traje carísimo.
-Cómprese otro -empecé a caminar de forma rápida, no vaya a ser que me agarre y me encarcele por el traje- es un tonto mimado.
Espero no volver a topármelo en el camino. Odio a las personas como el.
Olivia:
Coloque los lirios donde debían estar, en el mostrador, sonreí al verlos tan hermosos y frescos, como debían estar. Luego voltee el letrero de la tienda a "Abierto".
-Oli -Maya estaba cantando en su puesto- ¿el pedido esta listo?
-Si, vendrán por ellos en dos horas -ella asintió.
Miré el pedido por milésima vez desde que entre a la floristería, tenia que estar perfecto para hoy, es un pedido importante.
Me senté en mi lugar de trabajo como todos los días, mirando el pasar de las personas desde mi lugar, es aburrido algunas veces estar encerrada en la floristería mirando nada mas que flores y mas flores, a este punto mi olfato se perdería. Tampoco puedo mentir, me gusta la floristería, no por el amor al arte si no porque pertenecía a mi mamá.
Después de ella fallecer cuando tenia diecisiete años, el lugar quedó a mi cargo, no ha sido nada sencillo mantenerlo en pie debido a que mamá debía dinero y teníamos que sostenernos para poder vivir y la floristería era lo único que teníamos y ahora lo que me queda de ella.
Mi amiga Maya es la única persona que trabaja aquí conmigo, lo hace cuando sale de la universidad, Maya esta en su ultimo año de veterinaria y viene a echarme una mano con las flores y los pedidos, ella es una gran ayuda para mi.
A diario vienen personas a comprar flores, hacer pedidos para fiestas, compromisos y funerales, porque si, hacemos coronas para los velorios cosa que es incomoda pero es mi trabajo, nada que hacer.
A parte de la floristería, tengo un pequeño puesto de pastelitos en la calle ya que eso me da para pagar el alquiler de mi pequeño departamento y reducir la cuenta del banco para que no me quiten el local. Muchas veces me he tenido que mover de lugar ya que a algunas personas les parece de mal gusto que una persona venda pastelitos o dulces en la calle, ya que en la zona en la que estoy vendiendo es de los ricos.
Hay algunos que si me compran que son algunos clientes fijos y otros desagradables que a veces han llamado a la policía para que me saquen del lugar, hay veces en las que me han tirado mi carrito y pierdo muchos pastelitos.
A pesar de las circunstancias, no me rindo, sigo trabajando para poder mantenerme y mantener en pie el local que me dejó mamá.
-Olivia -salí de mis pensamientos al escuchar a Maya ¿en que piensas?
-En mamá.. que la extraño mucho -solté un suspiró.
-Me hubiese gustado conocerla -sonrió un poco- si te crio así, debió ser una buena madre.
No pudo conocer a mi madre ya que somos amigas desde que tengo veinte años.
-Lo era aunque yo si salí me dio torpe.
-¿Medio torpe? -ella empezó a reír.
-Buueno, torpe a tiempo completo -rodó los ojos-, después que vengan por las flores, me iré al puesto, hoy no podre abrir la floristería en la tarde.
-No te preocupes -sonrió-, tu ve al puesto, yo me quedo a atender aquí.
-¿Segura? -asintió- eres la mejor.
-Lo se mi querida amiga -rodé los ojos-, un cliente -sonrió y se fue hacia el señor.
Maya es de esas chicas que son coquetas de la cabeza los pies, es de piel morena totalmente hermosa y mucho mas alta que yo. Le gustan las fiestas, algo totalmente distinto a mi, yo soy mas reservada, pero no quiere decir que no sepa divertirme, claro que voy a una que otra fiesta siempre y cuando mi cuerpo y mente me lo permitan ya que no es sencillo para mi salir teniendo traumas.
El teléfono de la Floristería empezó a sonar así que lo tomé.
-Floristería Harrison ¿Qué podemos hacer por usted?
-Necesito un ramo de Rosas blancas para hoy -hablaba una mujer-, tiene que ser un arreglo de al menos veinte rosas, con papel del mismo color.
-Bien -anoté lo que me pidió- ¿para cuando las necesitaría?
-Para esta misma tarde -anoté la fecha de hoy.
-¿A que hora? y me da la dirección por favor.
-Solo tráigalas al edificio Hoffmann a las cinco de la tarde, si puede llegar antes se lo agradecería.
-Bien, el arreglo estará hoy mismo.
-Gracias -colgó, yo miré el teléfono.
-Al menos fue educada -puse el teléfono en su lugar- no -me golpee la frente- a esa hora debo estar en el puesto, si falto esta vez el señor Gordon va a molestarse.
No podía faltar, el señor Gordon es muy puntual para esperar su pastel de chocolate, es mi mejor cliente, esperen ¿dijo Hoffmann?
-Joder no -busqué mi teléfono para buscar el edificio Hoffmann, suspiré de alivio al saber que estaba justo al lado que el del señor Gordon- bueno, solo tengo que llevar las flores junto con el pastel, dárselo al señor Gordon y luego llevar el ramo ¡Listo! -sonreí- problema resuelto.
Un arreglo de rosas es el mas costoso después de las hortensias, que son mis flores favoritas, eso quiere decir que alguien del edificio Hoffmann adquirió un ramo costoso, eso seria bueno para el local.
-Maya ¿a que no adivinas?
-Me rindo -reí al verla pasar su cabello por su hombro.
-No hiciste el esfuerzo -rodó los ojos- el caso es que alguien que trabaja en el edificio Hoffmann pidió un arreglo de rosas blancas para hoy a las cinco -ella se acerco más al mostrador- eso quiere decir que tendremos buena publicidad si hacemos el arreglo mas bonito que ha habido.
La corporativa Hoffmann son los mas famosos del pais por ensamblar autos de modelos modernos y todas esas cosas sobre autos, seria mas que genial tener una buena reseña de ellos en linea y en redes sociales, nos ayudaría en las ventas.
-Lo harás bien nena -chocó los cinco conmigo- ya el pedido esta por ser recogido, tu haz el ramo mas hermoso de rosas para esa gente, suerte.
-Gracias -le sonreí.
Las personas vinieron a buscar unos arreglos para una boda pequeña. Yo por mi parte me dispuse a hacer el arreglo de rosas blancas para más tarde, tenia que hacer el mas hermoso del mundo para que a la persona que le se lo den quede encantada. Esta es una buena oportunidad para obtener un buen dinero.
(...)
Ya estaba por ser la hora acordada y ya tenia el plan hecho, lo repase tres veces más para que nada fuese a salir mal. Me despedí de Maya y salí de la floristería con el enorme ramo de Rosas, con mucho cuidado lo puse en la canasta de mi pequeña motocicleta, lo aseguré bien al igual que el pastel de chocolate para el señor Gordon.
Me puse el bolso y luego el casco para subir a ella y encenderla. Le pedí a Diosito que me enviara con bien y no cometer un error que podía costarme el esfuerzo de mamá.
Vivir en New York no es sencillo, hay que ser un experto para hacer maniobras y desviarte del trafico porque todos los días era un caos. Suele ser caótica pero es una ciudad que tiene sus encantos además de las luces y tiendas, todo en si, es hermoso.
Vivo en Long Island, en el condado de Queens, en uno de los vecindarios mas concurridos de New York, donde hay mucha diversidad de culturas y personas. Del otro lado de la cuidad estaban los ricos, las personas que no tienen ni idea que hay del otro lado de sus lujosas casas.
Estuve considerando mudarme de aquí, pero yo crecí en este lugar, las calles, las personas, los lugares, me hacen sentir en casa a pesar de no tener familia.
Mi mamá murió cuando era adolescente, mi padre se fue cuando tenia dos años así que éramos solo ella y yo contra el mundo, ya después que ella falleció hubieron muchas personas que me ayudaron a superar su muerte, algunas personas me cuidaron y otras no fueron tan buenas conmigo.
Básicamente aprendí a sobrevivir por mi cuenta. A pesar de todo siempre me he mantenido positiva y alegre, nada ni nadie ha podido quitarme eso, mamá me pidió como su ultimo deseo es que jamás me dejara derrumbar por nada ni nadie y hasta ahora he mantenido esa promesa, ella lo fue por mi así que me toca hacerlo por ella así no esté a mi lado.
Después de un largo recorrido, revise mi reloj y celebre por dentro al saber que llegue a tiempo, deje mi motocicleta estacionada y con cuidado saqué el pastel y el ramo, no podía dejar ambas cosas aquí así que me toca llevarlos.
-Bien ¿a donde debería ir primero? -ambos edificios estaban frente a mi-, las rosas, son importantes.
Tomé aire e ingresé al edificio, no se como sucedió pero casi me caigo así que me sostuve como pude de algo, caí de rodillas salvando el ramo. Frente a mi cayó el pastel hecho pedazos.
-Señor Hoffmann ¿esta bien?
Me puse de pie y joder, era el jefe. Estoy perdida.
Genial, le había arruinado el traje al dueño de la empresa, bien hecho Olivia, te has ganado el premio a la Idiota del año.
-¿Eres ciega?
-No pero... -me interrumpió.
-¿Entonces porque no te fijas por donde vas? -se estaba limpiando el saco que seguramente vale mas que mi casa.
-Fue un accidente ¿de acuerdo? Todos cometemos accidentes alguna vez, ¿usted jamás tuvo algún accidente?
-Has dicho accidente tres veces en una oración -cerró sus ojos con fuerza- mejor dime ¿Cómo vas a pagar mi traje?
-¿Pagarlo?
-¿Eres sorda también? -soltó un bufido- tienes que pagar mi traje.
No puedo pagar esa cosa, eso cuesta mas que toda mi vida, bien tengo que buscar la forma de huir lejos de aquí, si eso hare.
-Y ni pienses huir -se cruzó de brazos.
-Escuche señor Don presidente, no puedo pagarle el traje, ¿sabe porque? Tengo deudas ¿si? Muchas deudas que pagar -recalque la palabra "muchas"-, además, usted puede comprarse la tienda de trajes si lo desea. Esta siendo muy caprichoso.
-¿Caprichoso? ¿Me estas diciendo caprichoso a mi?
-Pues si usted... -me volvió a interrumpir.
-¡Es el colmo! -exclamó- una... persona común me ha llamado caprichoso.
-Hey espere... ¿Cómo que persona común? -puse mis manos en mi cintura- yo soy una persona al igual que usted.
-No claro que no -negó- tu eres una... empleada más, yo -se señaló- soy el dueño de esta empresa y te exijo que me pagues el traje que tu -me señaló- arruinaste.
-No pienso pagar nada fíjese -sonreí, luego tomé mis flores-, usted es muy mal educado.
-Y tu una niña insolente -me señaló- no puedo creer que me hayas dañado un traje carísimo.
-Cómprese otro -empecé a caminar de forma rápida, no vaya a ser que me agarre y me encarcele por el traje- es un tonto mimado.
Espero no volver a topármelo en el camino. Odio a las personas como el.
-¡Espere! -me detuve al escuchar a la mujer de la llamada- el ramo.
-Ah si tenga -se lo di- son cien dólares.
-¿Ella lo trajo? -el volvió a aparecer, le preguntó a la mujer y ella asintió- no te vamos a pagar.
-¿Que? ¿Porque?
-Porque el ramo lo ordené yo, por lo que hiciste no te voy a pagar el ramo, al menos que me pagues el traje, míralo, esta lleno de chocolate.
-¡Eso no es justo! -exclamé molesta- usted no puede hacer eso.
-Claro que si puedo y lo hice -dijo serio-, tu floristería mediocre tendrá una muy mala reseña en linea por tu actitud grosera para conmigo.
Este imbécil se esta ganando mi odio en una sola tarde.
-En ningún momento fui grosera -negué- yo solo estaba tratando de calmarlo y explicarle que fue un accidente.
-Como digas -se metió las manos en los bolsillos- tienes que pagarme el traje. Si lo haces, olvidaré lo que sucedió aquí.
-¿Cuánto cuesta el traje?
-Treinta mil dólares -se encogió de hombros.
-¿Que? -negué- lo lamento pero no voy a pagar nada señor, no tengo esa cantidad.
-No se como lo harás, pero vas a pagarme el traje, tienes que hacerte responsable de lo que hiciste -se acercó a mi- tu decides, es eso, o una reseña pésima a tu floristería. Creo que tu saldrás perdiendo ¿no lo crees?
Su mirada no me intimidaba en lo mas mínimo, me he topado con personas mucho peor que el. No voy a dejarme intimidar por el.
-Se lo voy a pagar, solo deme tiempo.
-Bien, quiero tu dirección y teléfono, quiero asegurarme que no te vas a escapar.
Mierda.
Saqué la tarjeta de la floristería y se la extendí, el le hizo una seña a la mujer y ella la tomó. Voy a tener que ir a donde una bruja para que me saque toda esta mala suerte que tengo encima. Definitivamente no logro pegar una.
-¿Cómo te llamas? -su tono despreocupado y frio me estaba generando dolor de cabeza.
-Olivia, Olivia Harrison.
-Mi secretaria te estará llamando para que vengas mañana a mi oficina -fruncí el ceño, el rodo los ojos- solo atiende el teléfono.
Se quitó el saco y se lo dio a su secretaria, me dio una ultima mirada y se metió al edificio, yo solo quería ser una avestruz en este momento, enterrar la cabeza en la tierra para que nadie me mire como lo están haciendo ahora.
Di un respingo al escuchar mi teléfono, joder, era el numero de la secretaria del señor Gordon.
-¿Diga?
-Olivia, el señor Gordon no podrá recibir el pastel hoy -suspiré de alivio- pero que mañana quiere dos trozos, que te los pagará muy bien.
-Que cuente con ellos, adiós -colgué y guarde mi teléfono.
Volví hacia mi motocicleta y subir a ella para regresar a la floristería, esperaba que ese hombre no tuviera un ataque de aburrimiento y decidiera publicar una mala reseña en linea de la floristería, estaría realmente perdida si eso sucede, la floristería es lo único que me queda de mamá y no puedo perderla.
Olivia:
Odiaba mi mala suerte, en serio que la odiaba.. Quería trabajar en paz y ahora resulta que le termine dañando el traje a un mimado millonario que se nota que no tiene una pizca de buena persona. Definitivamente, odiaba mi mala suerte.
No quería que esto sucediera así, pero me pasó, ahora sabrá Dios que desea que haga, solo espero que no sea de esos millonarios riquillos que tienen fetiches extraños, porque si resulta ser así, no se lo que seria capaz de hacer. A mi nadie me toca sin permiso.
Estaba llegando a mi pequeño departamento, parecia acumiladora compulsiva, habian muchas cajas y cosas que no quería tirar, ya que eran cosas que mamá apreciaba, solo conservé lo que mas amaba y lo demas los vendi en una tienda de garaje, que me sirvió para pagar la cuota de la hipoteca del local. Por suerte todo lo tenia en cajas para que nada se estropeara.
El sonido de mi teléfono interrumpió mis pensamientos deprimentes, fruncí las cejas al ver que era un numero desconocido así que atendi.
-Habla Olivia.
-Entonces si es tu numero -se escuchó una risa.
-¿Quien habla? Escuche señor, no estoy para juegos ahora.. -colgué.
El mes pasado me jugaron una broma de muy mal gusto. No pienso caer en lo mismo. Luego el telefono volvio a sonar.
-No puedo creer que me hayas colgado ¿no sabes quien habla?
-¿Y como porque tendría que saberlo?
-Aparte de torpe, sorda y ciega, olvidadiza... Habla Hoffmann.
Cerré los ojos con fuerza al escucharlo, no creí que me llamaría.
-¿En qué puedo ayudarlo señor Hoffmann?
-En nada, solo quería verificar que no estabas mintiendo -rodé los ojos- , mañana en mi oficina a las ocho de la mañana, mi secretaria te va a esperar en la entrada del edificio, no llegues tarde.
-Pero... -me colgó, mire mi teléfono y efectivamente me había colgado- idiota mimado.
Deje mi teléfono sobre la mesa y fui a la cocina a buscar los ingredientes para preparar los pasteles para el señor Gordon, tendría que hacerle dos, mejor preparo otro por si acaso, conociendome podría tirar uno así que es mejor prevenir. Dios, seria una larga noche.
Es una lastima que no haya podido terminar la universidad, me hubiese gustado estudiar gastronomía ya que siempre me gusto cocinar, especialmente los postres que es lo que mas se hacer. Pero lamentablemente no pude ingresar a la universidad, me tocó cuidar a mi mamá cuando enfermo de cancer de mamá así que mis días de escuela fueron pausados por ello, despues que fallecio, tuve que hacerme cargo de todo sola incluyendo de mi vida.
Puedo decir que si pude ya que siempre aprendí a ser independiente, mi madre me enseñó a hacerlo, supongo porque ya sabia que no estaría conmigo para siempre. Aun así, a veces extraño cuando me hacia de comer, cuando llegaba de la escuela y ella me recibía con un vaso de chocolate frio o caliente, pero eso si, las galletas jamás faltaban.
Eran momentos en los que me sentía amada y protegida. Es difícil no extrañarla.
Me puse manos a la obra, lo más probable es que termine acostándome tarde.
(...)
Desperté a las seis de la mañana como de costumbre, a pesar de que me acosté a media noche haciendo los pasteles pude dormir al menos cinco horas, mas que suficiente para mi. Anoche le deje un mensaje a Maya diciéndole que no abriría la Floristeria hoy. Asi podre saber lo que ese señor quiere de mi.
Lo mas probable es que me ponga a trabajar como su sirvienta sin pagarme, Dios que tonta soy.
Me di un baño rápido y me arregle. Al menos tenia que estar presentable ¿no? Termine de ponerme las botas, metí mi teléfono e identificación en el bolso. Metí los pasteles en sus cajas y salí de mi departamento.
Salude a algunos vecinos del edificio y salí del mismo. Salude al vigilante y me dirigí hacia mi pequeña motocicleta, puse los pasteles e la canasta de atrás y me subí a ella, ya listo el casco la encendí para así emprender el camino hacia la empresa del señor Hoffman.
Tenía que ser honesta, estaba nerviosa por lo que me diria o pediría asi que me encomendé a todos los Dioses existentes para que no fuese algo malo.
Conduje hasta el edificio Hoffmann y joder, es enorme, vaya que si, en el pais son muy conocidos, además de que son super millonarios, una de las familias mas ricas del pais.
-Olivia -el señor Gordon venia hacia mi con una sonrisa tan amable como siempre- ¿como estas?
-Bien señor Gordon -bajé de mi motocicleta-, tenga -les di las dos cajas con los pasteles-, espero que les guste.
-Gracias -sonrió- pero creí que vendrías en la tarde, no te esperaba aqui tan temprano.
-Vine a dejarle un pedido aquí -señalé el edificio y el asintió, luego me dio un billete de cien dólares- no puedo aceptarlos señor Gordon.
-Hazlo -hizo un ademán-, lo que haces es delicioso, tienes unas manos bendecidas muchacha.
-Gracias señor Gordon, lo aprecio mucho.
-No hay de que, te veo la próxima semana.
Asentí, el me dio un apretón de manos para irse hacia su edificio, miré mi reloj y ya era la hora acordada, tomé la caja que me quedaba e ingrese al edificio, la secretaria me estaba esperando, vaya que estas personas son muy puntuales. Quisiera ese superpoder porque yo no soy para nada puntual.
-Llegó señorita Harrison -extendió su mano- soy Elizabeth un placer.
-Igualmente señorita.
-Sígame por favor.
Asentí y empecé a seguirla, el lugar por dentro parecía un hotel cinco estrellas, todo elegante y refinado. Personas yendo de un lado a otro y otras vestidas con trajes de obreros. Elizabeth, que es la secretaria es bonita, alta y esbelta.
La seguí hasta el ascensor, ella presionó el botón veinte y las puertas se cerraron, me di cuenta que no era el ascensor normal, era el que conectaba hacia la oficina del jefe, me pregunto si el señor Hoffmann es un hombre de excentricidades.
Por supuesto que si Olivia, claro que lo es, solo un traje vale treinta mil dólares. Que tonteria.
El ascensor se abrió, ambas salimos y la seguí por un pasillo largo, las paredes eran grises y el piso negro que brillaba más que mi futuro. Ella se poso en una puerta y la abrió, era la oficina del señor Hoffmann.
-Vaya, que puntual -estaba parado mirando por la ventana- Elizabeth, que nadie me interrumpa.
-Si señor.
Ella cerró la puerta. Yo me quede parada como tonta en su oficina. El volteo y camino hacia mi, debía ser honesta, el hombres es apuesto, pero eso no le quita lo idiota que es.
-Siéntate -me sentí intimidada bajo esa mirada fría.
Me señaló donde asi que me sente aun con mi caja en las manos. Me senté frente a el, su escritorio es de vidrio, tiene algunas cosas de oro en ellas o parece oro. La Oficina es enorme pero literalmente vacía, había unos sofás negros a un lado, una mesa para dos en la oficina, una biblioteca, una puerta que supongo que es el baño y por ultimo una mesa que tenia una cafetera y algunas bebidas y encima de ella un refrigerador pequeño.
-¿Que hago aqui?
-¿En serio vas a preguntar? -alzo una ceja incrédulo- tienes que pagarme el traje Harrison.
-Eso ya lo se, pero quiero saber exactamente que hago aquí, pudo haberme enviado cada cuanto tengo que pagarle ¿no lo cree?
-Prefiero hablar de frente, asi me gusta. Estás aquí para decirte lo que harás para pagarme el traje.
-Bien, lo escucho.
-Seré directo, voy a contratarte para que finjas ser mi novia por unos meses.
Fruncí el ceño al escucharlo ¿Acaso dijo lo que creo que escuché? No, no pudo decir semejante estupidez.
-¿Está loco? ¿Ser su novia?
-No estoy encantado con la idea creeme, no eres el tipo de mujer que busco para mi -se arregló el saco-, además, estas por muy lejos de mis estándares.
Idiota.
-Entonces si no soy de su estándar ¿porque me esta pidiendo este trato estupido? Muy bien puede contratar una actriz.
-Las cosas no son tan simples Harrison -dijo serio-, lo que estoy diciendo es serio, es un trato justo, solo serán cuatro meses, diez mil por cada mes, al cuarto mes, recibirás una buena remuneración.
Se puso de pie para mirar de nuevo hacia la ventana.
-Piensalo Harrison, con lo que ganes estando conmigo, puedes pagar la hipoteca de la floristería y te quedará dinero. Es un buen trato.
-Un momento.. ¿Como sabe eso?
-Te investigue -volteo, su rostro relajado me causaba molestia-, tu madre hipotecó la Floristería para no perderla, despues que fallecio quedo con una deuda que jamas podrás pagar, la taza es alta y mientras no canceles, los intereses suben y podrías perder la Floristería ¿quieres eso?
-¿Me esta amenazando?
-Tomalo como quieras, me da igual, para ti es un trato justo.
-Señor Hoffmann -me puse de pie- no pienso hacerlo, no soy una prostituta.
El empezó a reirse.
-¿Quien te dijo que me voy a acostar contigo? -nego- solo vas a fingir que eres mi novia, solo eso, no habrá afecto por mi parte así que no esperes tal cosa.
-No espero nada porque no lo hare, es mi ultima palabra, no se con que tipo de mujeres suele cruzarse pero le aseguro que no soy una de esas -deje la casa sobre la mesa- que tenga un bonito dia.
Sali de la oficina realmente molesta ¿habla en serio? ¿Ser su novia? En serio que esta loco o los millones le afectaron. Primero muerta que aceptar algo como eso, mi integridad esta primero. Prefiero trabajar arduamente hasta la madrugada para pagarle esos treinta mil dólares. Joder, treinta mil.
(...)
Después de salir de ese edificio me dirigí hacia la floristería, al llegar me percate de que había un papel en la puerta, estaba encadenado también. El aviso decía "embargo"
-No, no puede ser -arranqué el papel- esto tiene que ser una broma.
Me subí de nuevo a la motocicleta para ir hacia el banco, tienen que darme una explicación de esto. No pueden cerrar la floristería, todavía no.
Deje la motocicleta estacionada y entre al banco sin quitarme el casco. Fui hasta el gerente a cargo de la hipoteca.
-¿Que es esto? -deje la hoja sobre la mesa.
-Señorita Harrison, esto -tomó el papel- como pudo leer, es un embargo a la propiedad.
-¿Porque?
-Debe tres meses ¿lo olvidó? -sacó una carpeta-, estas son las cuentas, como puede ver, los intereses suben cada mes que falte con el pago.
Quería llorar, había olvidado por completo que debía tres meses, he tenido tantas cosas encima que lo olvidé por completo, les había pedido un plazo hace unos días. Dios mio ¿que hago ahora?
-Ya no podemos darle más oportunidades señorita Harrison, tiene que pagar al menos dos meses por adelantado para darle un plazo de un mes más, ya no podremos hacer mas excepciones.
-Claro.
Me miró con pena, no tuve mas remedio que salir del banco y subirme a mi motocicleta, la encendí y me fui al otro lado de la ciudad donde había un parque, deje la motocicleta en el área de las bicicletas. Con mi casco en mano me senté en el césped.
Todo lo que mi mamá había luchado por años esta en juego, no puedo perder ese lugar, eso es todo lo que me queda de ella, sin poder evitarlo mis lagrimas salieron. De solo pensar en la Floristería siendo vendida a otra persona, o derrumbada hace que el dolor en mi pecho duela aun más. No puedo rendirme, he podido con cosas peores. Ahora tengo el lio del banco junto con el del señor Hoffmann y sinceramente no se que situación era peor.
Saque mi teléfono y busque el numero de donde me llamó anoche. Estaba dudosa si llamarlo y aceptar su oferta, por mas que no me gustaba, no tenía opciones, porque ni siquiera trabajando por meses lograre pagar los tres meses que debo al banco y los treinta mil a Hoffmann.
Tomé valor y marque el numero mientras mis lagrimas caian.
-¿Señor Hoffmann? Acepto su propuesta -cerré mis ojos- mañana iré a su oficina -le colgué.
Ya no había marcha atrás, ya lo había hecho. Hacia esto por ella, no podía perder ese lugar, es lo único que tengo ahora.