En una tranquila noche de verano en Wragos, Rosalynn Fuller se encontraba sentada en el sofá de su hogar echándole un vistazo a las noticias en su teléfono.
"Brian Hughes, el CEO del Grupo Hughes, asistió a un evento social con la famosa actriz Eleanor Hilton. Más tarde se retiraron a un hotel y se dice que pasaron la noche juntos. A continuación, les mostramos imágenes exclusivas de la pareja...".
Ese artículo en particular estaba en tendencia, por lo que rápidamente se había extendido por todos los rincones de internet.
Allí, Rosalynn se ajustó sus lentes y chequeó con atención las fotos publicadas.
Si bien las imágenes se veían un poco borrosas, se podía distinguir las siluetas de un hombre y una mujer besándose junto a una ventana.
El sujeto era Brian Hughes, su esposo, el heredero de una de las familias más ricas e influyentes de la ciudad.
Brian era un tipo muy poderoso que tenía el control sobre las actividades económicas de toda la ciudad, y por ridículo que sonara para la mayoría de la gente, nunca había puesto un pie en su casa desde que se casaron dos años atrás.
De hecho, ni siquiera se había presentado cuando se registró su matrimonio.
En cambio, envió a su abogado para que completara el proceso por él.
Por supuesto, Rosalynn desde el principio sabía que Brian estaba en contra de su unión, y que la única razón por la que había cedido era por su abuela, Debora Hughes.
Resultó que, por cosas de la vida, el abuelo de Rosalynn había salvado una vez a Debora, de modo que cuando ella expresó su deseo de devolverle el favor, él le pidió casar a sus nietos con la intención de darle una vida cómoda y sin preocupaciones a la propia Rosalynn.
Al inicio la chica había albergado la esperanza de que su matrimonio fuera armonioso.
No obstante, durante los últimos dos años, había visto a Brian salir de forma constante con varias actrices, acto que era más que suficiente para decepcionarla y hacer añicos sus ingenuas ilusiones.
Tras terminar de leer el artículo, la joven llamó por primera vez a Brian desde que estaban casados.
"Hola, soy Rosalynn".
"¿Rosalynn? ¿Cuál Rosalynn?", preguntó él con su profunda voz. A pesar de que su tono era inequívocamente frío, escucharlo era una experiencia bastante agradable.
Claro, el contenido de sus palabras era otro asunto... Esbozando una sonrisa irónica, Rosalynn apretó los dedos con fuerza alrededor de su teléfono.
¡Brian ni siquiera recordaba el nombre de su esposa!
"Tu esposa, al menos en papel".
"Ahh... ¿Qué quieres?", escupió el chico con indiferencia.
"Quiero el divorcio", respondió ella con determinación.
Después de unos segundos de silencio, él consultó: "¿Esa es tu decisión?".
"Sí".
"Bien, ¿cuánto quieres como compensación? Te daré la cantidad que desees".
"No hay necesidad de eso, no me importa tu dinero, así como tampoco me importa compartirte con otras mujeres. Ya he preparado y firmado el acuerdo de divorcio, me voy sin nada", soltó Rosalynn sin detenerse a respirar, e inmediatamente colgó la llamada.
Ciertamente, estaban unidos por la ley, pero eran como extraños, así que con una simple firma ya no tendrían nada que ver el uno con el otro.
Con eso en mente, la bella Rosalynn subió las escaleras para empacar sus pertenencias en una sola maleta, dejó el acuerdo de divorcio sobre la mesa, y salió de la villa sin mirar atrás.
Mientras tanto, en la oficina del director ejecutivo del Grupo Hughes, Brian se recostó en su silla mirando el teléfono con desdén.
Por fin, su supuesta esposa no pudo soportar más su ausencia y ella misma le propuso el divorcio.
En ese momento, alguien llamó a la puerta, y su asistente, Edwin Byrd, entró.
"Señor Hughes, es casi la hora de su cita con el señor Foster".
Asintiendo, Brian se puso de pie, agarrando la chaqueta de su traje que estaba en el respaldo de la silla.
"Edwin, deshazte de todos los artículos que encuentres relacionados conmigo en internet, y pídele a mi abogado que vaya a buscar el documento de divorcio que mi esposa dejó en la villa".
Edwin se entusiasmó al escuchar esas órdenes, pues él sabía mejor que nadie que su jefe realmente no había salido con ninguna mujer en todo ese tiempo. De hecho, los escándalos que lo involucraban habían sido inventados para desacreditarlo y obligar a su esposa a pedirle el divorcio, y parecía que había logrado su objetivo.
Por su parte, Rosalynn tomó un taxi hasta el apartamento que se había comprado.
El lugar estaba ubicado en un punto privilegiado del centro de la ciudad; este tenía tres dormitorios, una amplia sala, y además estaba amueblado y contaba con el sistema de seguridad más avanzado.
Al llegar, la chica guardó su maleta y se acercó al ventanal para observar las brillantes luces de la ciudad. Acto seguido, llamó a su mejor amiga.
"Karina, me he divorciado".
"¿Qué? ¿En serio? ¡Vaya, querida, esas son buenas noticias! ¡Felicidades por tu soltería! ¡Deberíamos salir a celebrar tu libertad!".
"Claro, ¿por qué no?", respondió Rosalynn.
Pasada media hora, Rosalynn llegó al club Royarid, la discoteca más famosa de toda Wragos, un lugar frecuentado por las personas ricas y poderosas de la ciudad.
Adentro, una música ensordecedora sonaba en el primer piso, donde la gente bailaba bajo las luces deslumbrantes del salón con sus cuerpos sudorosos balanceándose de un lado al otro.
Abriéndose paso hasta el segundo piso, los tacones altos de la chica resonaban en el suelo de baldosas. Una vez arriba, se acercó a una mesa que daba a la pista de baile y le dio unas palmaditas a la mujer que ya estaba sentada allí.
"Karina", la saludó.
Karina Glyn, su mejor amiga, era una joven muy bonita que tenía una personalidad entrañable.
"¡Aquí estás, cariño! ¡Déjame darte un beso!", la abrazó Karina con calidez, plantándole un sonoro beso en la mejilla.
Riéndose, Rosalynn tomó asiento y se sirvió una copa de vino.
"¡Amiga, ese tipo debe ser un tonto! ¿Cómo podría ignorar a una mujer tan hermosa y talentosa como tú para salir con todas esas zorras baratas cuyos rostros se ven todos iguales?", se quejó Karina, chocando su copa con la de Rosalynn.
Tomando un sorbo, esta última respondió: "Pues sí, es un idiota".
Por lo que sabía, Brian pensaba que ella era una ignorante sin gracia alguna.
¡Ja! ¡No tenía idea de lo que se estaba perdiendo!
"¡Bah! ¡Olvidémonos de ese imbécil! ¡No es que tengas escasez de admiradores!".
"¡Jajaja! Ahora que estás divorciada, tienes que experimentar la sensación de acostarte con un hombre. Oh, estoy segura de que la gente se reiría de ti si supiera que eres virgen todavía. Pero no importa, considérate afortunada porque tengo una lista completa de chicos guapos que puedo presentarte. Dime, ¿cómo te gustan? Te juntaré con alguien esta noche".
Boquiabierta, Rosalynn miró a su amiga sorprendida y sin palabras.
¿Por qué Karina estaba tan preocupada por su vida sexual?
"Lo siento, pero no estoy interesada. A partir de ahora, me centraré únicamente en mi carrera, nada más. Vamos, solo bebamos y disfrutemos de la noche, ¿de acuerdo?".
"Bien, bien, hazlo a tu manera. Dicen que las mujeres profesionales son las más atractivas en estos días. Tranquila, querida, tú y yo podemos hacernos compañía hasta que seamos unas viejitas arrugadas".
"¡Oh, por favor, perdóname! ¡No quiero que tu interminable lista de amantes apunte hacia mí!".
Con eso, las dos se echaron a reír.
Sintiéndose a gusto, las chicas pasaron la siguiente hora bebiendo mientras se ponían al día, y sin darse cuenta habían tomado mucho más allá de su límite.
En ese instante, Karina persuadió a Rosalynn para que la acompañara a la pista de baile, pero como la recién divorciada necesitaba usar el baño, dejó que su amiga fuera primero.
Para su decepción, un letrero colgado en la puerta del baño decía que las instalaciones estaban en reparación, por lo que no tenía más remedio que subir al del tercer piso.
El mencionado tercer piso era solo de salas VIP reservadas para clientes valiosos.
Era el área más lujosa y exclusiva de todo el club. El piso de madera estaba cubierto con una alfombra gruesa y exuberante que silenciaba los pasos de Rosalynn, cuya cabeza ya estaba zumbando por el alcohol, al punto de que su visión se volvió borrosa. De repente, sus piernas se convirtieron en gelatina y poco a poco se fue derrumbando, hasta que terminó apoyándose contra la puerta de una de las habitaciones privadas.
Dado que su peso la abrió, de pronto se vio dentro de la oscura y silenciosa sala, en donde solo se escuchaba el leve sonido del agua corriendo, proveniente de un pequeño dormitorio.
Allí, haciendo acopio del ingenio que le quedaba, Rosalynn se levantó del suelo y se volteó hacia la puerta, pero justo en ese momento, apareció un hombre que la agarró por detrás y la inmovilizó contra la pared.
"¿Quién eres? ¿Cómo te atreves a tenderme una trampa?", espetó furioso, incluso a través del denso dejo de deseo en su tono.
Apenas Rosalynn hizo contacto con la pared, algo parecido a la razón volvió a ella, y sus sentidos se aclararon.
¡El hombre era Brian!
"¡Yo no hice nada!", exclamó ella.
"Entonces, ¿cómo entraste aquí?".
A esas alturas la respiración de Brian sonaba pesada; era como si estuviera luchando por contener sus emociones.
"Yo... Me tropecé y me equivoqué... Suéltame... Mmm...".
¡Lo siguiente que supo Rosalynn era que él la estaba besando! Asombrada, ella trató de apartarlo golpeando violentamente contra su pecho.
"Échame una mano, ¿sí? Me aseguraré de pagarte bien", declaró él.
Con el pasar de los minutos, Rosalynn dejó de luchar, pensando en que de todas las bromas crueles del universo, jamás se habría imaginado que se acostaría con Brian el mismo día en el que acordaron divorciarse.
A la mañana siguiente, la joven se despertó sintiéndose adolorida por todas partes, lo que era de esperarse considerando la loca noche que acababa de pasar.
La suave brisa sopló que a través de la ventana onduló las persianas, y un fino rayo de luz cayó sobre el rostro dormido de Brian. ¡Se veía tan guapo y pacífico en ese estado!
En silencio, Rosalynn lo observó fijamente durante unos segundos antes de salir de la cama para estirarse.
Seguía sin poder creerse que había tenido relaciones sexuales con el hombre al que le exigió el divorcio hacía tan solo unas horas.
Conociendo a Brian, sabía que supondría que todo eso era parte de un plan para mantenerlo atado a ella.
Y definitivamente, Rosalynn odiaría que él pensara de esa manera.
Por eso, apretó los dientes por el dolor, se volvió a poner la ropa lo más rápido que pudo y salió de la habitación sin hacer ruido.
Unos segundos después, la puerta de la habitación al otro lado del pasillo también se abrió.
Eleanor Hilton miró a un lado y otro del pasillo con una expresión hosca, y luego se ajustó el abrigo mientras salía apresuradamente de la habitación.
En pro de asegurar su participación en un próximo espectáculo, su agente la había llevado a cenar con varios tipos poderosos de la industria del entretenimiento.
En algún punto durante la comida, ella comenzó a sentirse mareada, y cuando se despertó, ya se encontraba en la cama del director.
De solo pensar en todo lo que había sucedido la noche anterior, la joven tembló de indignación; ella había sido descuidada y terminó cayendo en una de las trampas más mortales del medio.
Cerrando los ojos, ella respiró profundo, y trató de consolarse con el hecho de que eso era algo común en ese mundo.
Es decir, si ella de veras quería ese papel principal, tendría que tragarse su dignidad y soportar la humillación.
Lo cierto era que en el fondo ella todavía no había podido tranquilizarse, sin mencionar que el director la había torturado toda la noche, y ahora estaba adolorida por todas partes, de modo que perdió el equilibrio en unos segundos, y no pudo agarrarse a nada antes de que fuera demasiado tarde.
Entonces, se estrelló contra la puerta de la habitación frente a la del director.
Respirando hondo, volvió a ponerse de pie con cautela y se arregló la ropa lo mejor que pudo. Estaba a punto de irse cuando se abrió la misma puerta con la que acababa de tropezarse. Allí estaba parado Brian, vistiendo nada más que una bata de baño blanca y esponjosa.
Ante el brillo de sus fríos ojos, el corazón de Eleanor casi se detuvo, y por alguna razón inexplicable, sintió una punzada de culpa.
"Buenos días, señor Hughes".
Ni siquiera había pasado una semana desde que las noticias de ella y Brian habían sido tendencia en internet, pues hubo innumerables especulaciones sobre su relación, y todos llegaron a la conclusión de que ella era su nueva novia.
No obstante, Eleanor sabía que todo eso había sido gracias a su agente, quien había estado publicando diligentemente noticias falsas en los tabloides para promocionar su popularidad.
La realidad era que Brian siempre había sido frío y distante con ella.
Pero por alguna razón desconocida, él no hizo nada para emitir una declaración oficial y aclarar los rumores.
"¿Estuviste en mi habitación anoche?", preguntó él, mirando a la mujer que tenía adelante, y entrecerró los ojos hacia los chupetones en su cuello.
Él de hecho ya estaba despierto cuando la chica de la noche anterior salió de su cama, pero ella fue tan rápida y resuelta en sus movimientos que él apenas tuvo tiempo de registrar su intención, y mucho menos detenerla.
Para cuando al fin reaccionó, ella ya se había ido, y ahora no había nadie más en el pasillo excepto esa actriz.
Debía haber sido ella, ¿verdad?
Eleanor estaba paralizada en el lugar, y solo pudo parpadear ante el hermoso rostro de Brian, mientras su mente iba a mil por hora.
De inmediato, llegó a la conclusión de que quizás él se había acostado con alguien la noche anterior, pero no tenía idea de quién era.
"Y-yo...".
"Entra primero", la instó él, aunque suavizando su tono al recordar la clara mancha de sangre en sus sábanas.
Eleanor podría saltar de alegría en ese instante, pero reprimió sus verdaderos sentimientos y lo siguió tímidamente al interior de la habitación.
"Anoche dijiste que habías venido a la habitación equivocada".
Recostándose en el sofá, Brian le lanzó una mirada casual a Eleanor.
A pesar de que su recuerdo de la noche anterior era un poco confuso, lo que sí recordaba claramente era que la mujer era virgen.
Si ella no era la que lo había drogado, eso significaba que ella también fue víctima de la trampa.
"Así es. Ayer tenía una cita con el director, John Cohen, para una audición. Entré en su habitación solo por accidente", respondió por fin Eleanor, bajando los ojos para ocultar su emoción.
Brian se quedó en silencio por unos segundos antes de preguntar: "¿Qué tipo de compensación quieres?".
Ella levantó la cabeza de golpe. "No, gracias. Quiero decir, ambos somos adultos, y no quiero darle gran importancia al incidente de anoche".
Brian era prácticamente el hombre más poderoso de la ciudad, y el tipo de persona que podía conseguir lo que quisiera.
Para alguien como él, quien de seguro se había acostado con una horda de mujeres, ¿una noche con una extraña de verdad contaba?
Si pidiera algún tipo de compensación, probablemente él pensaría mal de ella.
"Eres de Entretenimiento Starine, ¿verdad? ¿Qué tal esto? Voy a hacer que siempre recibas los mejores recursos, así como también los proyectos más prometedores. Te puedo convertir en una celebridad de primera dentro de un año", ofreció Brian con indiferencia.
Esta vez, Eleanor no pudo ocultar el brillo en sus ojos, pero de todos modos, mantuvo la compostura. "Gracias, señor".
"Ya puedes irte".
Ella había permanecido tranquila todo ese rato, y él no pudo evitar admirarla por eso.
"Entiendo", pronunció ella, y apretó los labios para evitar sonreír de oreja a oreja. Luego se dio la vuelta y se dirigió a la puerta.
"¡Espera!", exclamó él, con lo que ella casi dejó de respirar.
Dándose de nuevo la vuelta lentamente, encontró a Brian sosteniendo un hermoso colgante de jade. Él lo había encontrado en el suelo antes, al otro lado de la cama.
"¿Esto es tuyo?".