Corro por toda mi casa tratando de huir de aquel hombre, mi corazón martillea con fiereza contra mi pecho, cada vez que tomo aire, siento que mis pulmones me arden, mi mente está hecha un caos y por más que trato de aclararme, no puedo, estoy tan aterrada que mi cuerpo no deja de temblar y más cuando escucho sus fuertes pisadas resonando por todas partes.
Llego hasta el comedor y lo atravieso como si fuera un alma en pena, mientras corro por el lugar, tiro las sillas a mi paso para tratar de obstaculizarle el paso y espero que esto me dé tiempo para poder escapar. De forma breve, miro por encima de mi hombro y veo como esos ojos negros se posan en mí con intensidad haciendo que me ponga peor.
Giro la esquina lo más rápido que puedo, mi pecho sube y baja con desesperación, a la distancia veo las escaleras que van al segundo piso, en ese momento, recuerdo que tengo mi celular en mi cuarto ya que se me olvidó llevarlo cuando fui al trabajo, así que sin dudarlo ni un segundo me voy escaleras arriba, trato de no tropezarme en el camino.
Cuando llego al último escalón, siento un gran alivio, pero todo eso se esfuma en un suspiro cuando escucho los pasos del hombre provenientes de la planta de abajo, cuando creía que la situación no podía ponerse peor él grita como si fuera una bestia ardiendo en cólera, rápidamente giro mi cabeza en dirección a mi cuarto y por inercia mi cuerpo lo hace, mis piernas no tardan en reaccionar y corro hacia allá.
Apenas abro la puerta de mi cuarto, cierro de un fuerte portazo y me giro sobre mis talones, con la mirada busco mi teléfono y cuando lo veo me tiro sobre él, tengo las palmas de las manos tan sudadas que apenas puedo desbloquear mi celular, las cosas se ponen peor cuando escucho que él llega al último escalón, lentamente me dirijo hacia mi armario y me meto con cuidado, escondiéndome en una de la esquina. Seco mis manos con mi ropa y bajo el brillo del celular al igual que el timbre. Reviso mis contactos y llamo a la policía, pego la bocina a mi oído y espero a que alguien conteste, en voz baja me pongo a rezarle a Dios.
Algunas lágrimas caen por mis mejillas, ahora que estoy aquí encerrada, una pregunta me atormenta ¿Qué le hice a ese hombre para que me haga esto? No le he hecho nada a nadie ni tampoco me meto con otras personas, mi vida es la escuela, el trabajo y mi casa, nada más, incluso mi lista de amigos es bastante limitada y casi no salgo de mi casa. Tomo grandes bocanadas de aire y poco a poco empiezo a tranquilizarme, el tono de llamada sigue sonando, nadie me contesta y esto hace que pierda un poco el control, pero sé que debo mantenerme serena, no debo dejar que este hombre me encuentre.
Siendo de noche, además de que las nubes cubren las estrellas porque parece que se va a soltar una lluvia bastante fuerte y no dejan que la poca luz de los faros de la calle alumbren como se debe el interior de mi habitación, incluso se podría decir que la noche está jugando a favor del intruso y eso me aterra, observo por las rejillas de mi armario y veo que todo está quieto, los pasos de él se escuchan a la distancia, cuando escucho que sus pasos se detienen frente a la puerta de mi cuarto mi respiración se vuelve más agitada y para evitar perder el control me tapo la boca, sin previo aviso un rayo cae haciendo que salte en mi lugar, la poca luz que ha entrado me permite ver como la puerta de mi habitación se abre de forma escalofriante, revelando una figura imponente y gigantesca.
-Quinn... vamos cariño, no hagas esto más difícil.
Me tapo la boca al saber que este hombre sabe mi nombre, esto significa una cosa, me ha estado vigilando ¿Por cuánto tiempo? No estoy segura, pero espero que no por mucho tiempo, otro rayo ilumina el cuarto y veo como él se detiene a los pies de mi cama, pese a que el rayo ha traído algo de luz, no distingo ninguna de sus facciones. Me hago más para atrás con suavidad procurando no hacer ruido, del miedo que siento, cierro los ojos y los aprieto con fuerza del terror que tengo, he bajado la bocina del teléfono, pero luego alcanzo a escuchar una voz al otro lado diciendo "Número de emergencia ¿Cuál es su emergencia?" enseguida pego el teléfono otra vez a mi oído, pero antes de que pueda decir algo, la puerta de mi armario se abre repentinamente haciendo que suelte un grito de susto seguido de un chillido, una enorme mano se posa sobre mi brazo y me saca de mi escondite de un fuerte tirón.
Abro los ojos de par en par, topándome con esa mirada llena de lujuria y maldad, me arrebata el teléfono y el hombre solo dice "Alexis Di Marco" para después colgar y tirar mi celular a algún lugar de mi habitación, luego acaricia con brusquedad mi rostro para después tirarme al suelo, me levanta la falda y tira de mi licra con fuerza, desgarrándola en el proceso.
- ¡Para! - Es lo único que alcanzo a gritar mientras forcejeo con él.
Una vez que me despoja de mi prenda, me abre de piernas con brusquedad y empieza a subirse encima de mí, pongo mis manos sobre sus hombros y trato de apartarlo con todas mis fuerzas, gritándole que se detenga, que no me haga daño, le ruego que me deje tranquila, que no le he hecho nada malo para que me haga esto y que no le conozco de nada.
-Cariño ¿Quién dice que hago esto por desquite? - Acerca sus labios a mi oído izquierdo, una de sus manos se dirige a mi intimidad y abre los pliegues, uno de sus dedos juega por mi entrada. -Te quiero Quinn... incluso podría decirse que estoy obsesionado contigo- Besa me cuello para después morderlo con brusquedad. -Te deseo, nena.... Cada vez que te veo caminar y como contoneas las caderas... haces que mi polla se ponga dura.
Un gemido ronco se le escapa, jugando con más brusquedad mi vagina, haciendo que suelte pequeños alaridos de dolor, todavía trato de sacármelo de encima, pero supera con creces mi fuerza, debo buscar una forma ingeniosa de quitármelo de encima, porque a la fuerza no va a ser. El tipo va bajando su rostro hasta mi entrepierna para luego pasar su lengua por ella.
- ¡Para, por favor, para! - Grito a todo pulmón mientras trato de cerrar las piernas al tiempo que pongo mis manos sobre su cabeza y lo trato de empujar con todas mis fuerzas. -Detente por favor.... Me haces daño.
Levanta la mirada en mi dirección y vuelve a subirse encima de mí, tiene la respiración agitada, luego presiona su entrepierna contra mí, haciendo que pueda sentir su falo duro, aparto la mirada enseguida, asqueada por lo que está ocurriendo, pero él me toma del rostro y me obliga a mirarlo.
- ¿Por qué no te quieres entregar a mí? Te prometo que lo vas a disfrutar mucho, tanto que me pedirás más.
- Te lo repito, no te conozco de nada, no quiero estar con alguien que se ha metido a mi casa a la fuerza y me trata de violar- Le respondo entre sollozos y pena, aprieto los dientes para no soltarme a llorar.
-No te quiero violar, Quinn... quiero que te entregues a mí.... - Me planta un beso forzado y brusco, luego se separa mí. - ¿Qué quieres que haga para que me dejes estar entre tus piernas?
-Primero que te quites de encima, hoy no me voy a entregar a ti por voluntad propia- Lo miro directo a los ojos, me da mucho miedo lo que estos reflejan. -Tendría que quererte para entregarme a ti.
-Bien- Se levanta y camina hacia la puerta. -Ya estas marcada, nena, eres mía y es mejor que no le entregues ese coño a otro, porque me pertenece, todo en ti me pertenece, no lo olvides.
Se va sin decir nada más, escucho como va escaleras abajo y luego la puerta principal se abre para después cerrarse. No entiendo que acaba de ocurrir, ni de porque se ha ido, así como así, estoy demasiado confundida, agradecida y perturbada, lentamente me voy sentando en el suelo para luego recargar mi espalda contra mi cama, pego mis rodillas contra mi pecho y me quedo pensando en que acaba de pasar. No he podido dejar de temblar por más que trato de hacerlo.
Ha pasado un rato para que pudiera tranquilizarme y apenas deje de temblar, me levante de mi lugar, tome un cambio de ropa y me fui al baño a darme una ducha. Cuando estoy lavando mi vulva, siento un ligero dolor, pero nada que no pueda soportar.
Estando ya duchada y cambiada, reviso mi teléfono y veo que tengo varias llamadas perdidas de mis papás, quiero devolverles la llamada, pero no me atrevo, seguramente me soltaría a llorar y no quiero preocuparlos ya que deben estar en carretera, tuvieron que ir a ver a mi abuela que se encuentra mal de salud y me dejaron sola en casa ya que se llevaron a mi hermana mayor con ellos.
Para no alterarlos, les mando un mensaje diciéndoles que estaba durmiendo y que lamento no haber contestado, mi madre enseguida contesta que es verdad, que se la había olvidado que mañana trabajo temprano, me deseo las buenas noches y dejo de escribir. Me quedo observando a la nada por un largo rato y luego parpadeo varias veces para salir de mi trance, sé que debo ir abajo para cerrar la puerta y acomodar las cosas de la sala, pero de tan solo recordar esos ojos negros tan penetrantes me da mucho miedo.
Respiro repetidas veces, camino por mi cuarto dándome ánimos, relajo los hombros y me digo a mi misma que tengo que bajar a poner seguro a la puerta y que tengo que levantar mi desastre porque mañana no me va a dar tiempo. Sacudo todo el cuerpo para alejar el miedo, todavía me tiemblan las piernas, pero por fin salgo de mi cuarto y enseguida enciendo las luces del pasillo, luego camino hacia las escaleras y ver la oscuridad hace que mi piel se erice.
Como si fuera una niña pequeña, me pego a la pared y cuando estoy abajo, corro hacia el interruptor y enciendo las luces de la sala, luego la del comedor, al ver el desastre que he dejado, suelto un chillido de fastidio, curvo levemente los labios y me pongo a levantar el desastre, una vez que termino, me voy a la sala y cierro la entrada principal, un rayo cae con fuerza haciendo que se vaya la luz, enseguida corro hacia mi cuarto y me encierro, no tengo ganas de seguir abajo por más tiempo.
Al día siguiente, me despierto con mucha dificultad, no pude dormir mucho anoche ya que me dejo muy intranquila, no solo el ataque, sino que la policía no hizo acto de presencia en ningún momento, pese a que la operadora me escucho gritar, le bastó con escuchar el nombre de Alexis Di Marco para no hacer nada ¿Quién será ese tipo? Espero que no vuelva a encontrármelo nunca más.
Me doy una ducha algo rápida, luego me pongo el uniforme del trabajo y me voy escaleras abajo una vez que me he puesto el bolso sobre mi hombro, llego a la entrada principal y quito los seguros, cuando abro la puerta, me encuentro con un enorme ramo de rosas, me hago un poco para atrás por la sorpresa que me ha causado encontrar eso en mi entrada, salgo un poco al porche y miro en todas direcciones, buscando a alguien, pero no hay nadie, regreso la vista a la vasija con el ramo y decido dejarlo ahí, no se quien lo puso en ese lugar, pero es mejor dejarlo quieto. Cerré con todos los seguros la puerta y me fui a mi trabajo.
En el camino no puedo dejar de pensar en lo que me dijo ese tipo anoche, esto hace que me ponga paranoica y no puedo dejar de mirar por encima de mi hombro a cada rato y cada vez que un auto pasa a mi lado, mi cuerpo se tensa y me aferro con todas mis fuerzas a mi bolso. Para cuando llego a mi trabajo, estoy echa un manojo de nervios y no dejo de temblar, me aterra la sola idea de que alguien me esté vigilando al punto que sabía que iba a estar sola anoche.
Durante mi trabajo, me toca atender a varias mesas, yendo y viniendo de un lugar a otro, ya me duelen los pies de tanto caminar y me siento bastante aliviada cuando la gente disminuye, haciendo que pueda darme un respiro mientras mi compañera atiende las dos mesas que están ocupadas.
Me estoy por sentar en una de las sillas cuando escuchó la campana de la puerta suena, resoplo con fuerza y vuelvo a pararme, como si fuera una anciana, me sobo las rodillas, me dirijo hacia la barra en donde están los menús y cuando me giro hacia el nuevo comensal, abro los ojos de par en par al ver un tipo moreno de cabello oscuro, es la primera vez en mi vida que veo un hombre así de guapo.
Aprieto el menú contra mi pecho, estoy bastante nerviosa como para poder acercarme a él, pero mi amiga me da un codazo y me susurra que debo atender la mesa, que está ocupada, asentí con la cabeza repetidas veces, pero todavía estoy estática en mi posición. Sacudo un poco el cuerpo, tomo aire y me aproximo al hombre, estoy bastante nerviosa.
Estando a su lado, le pongo el menú sobre la mesa y lo deslizo enfrente de él, luego le doy la bienvenida al restaurante y le comento de forma breve las promociones que tenemos con las comidas, él se limita a observar su celular, parece que me ignora, pero puedo notar que está escuchando lo que le estoy diciendo.
Una vez que termina de enviar mensajes, guarda su teléfono en el bolsillo de su pantalón para después posar su mirada en mí, cuando sus ojos se posan en mi persona, siento un increíble escalofrío recorriendo cada parte de mi ser y por alguna razón recuerdo los que vi anoche, del miedo que siento, retrocedo un poco, pero.... Es obvio que no es la misma persona, ya que él no parece ser una mala persona.
-Le dejo para que pueda elegir que quiere comer- Le dedico una pequeña sonrisa y me empiezo a alejar de él.
Ni si quiera alcanzo a dar un paso cuando siento su mano posarse en mi muñeca, dándome cuenta de que me abarca por completo, lentamente me giro hacia él y le pregunto si se le ofrece algo, la media sonrisa que me dedica hace que casi me derrita ahí mismo, creo que me he ruborizado.
- ¿Te importaría platicar conmigo un momento?
Su sonrisa y su expresión son tan cautivadoras que me es imposible negarme a su petición, así que tomo asiento en la silla que está enfrente de él, recarga su espalda contra el respaldo, mirándome de forma analítica, como si tratara de entenderme o analizarme, es curioso.
-Sabes, quería darte las gracias por lo de hace un año.
Ladeo levemente la cabeza y trato de entender lo que me está diciendo, ya que, hace un año hice varias cosas y me es un poco difícil seguirle el juego, de forma nerviosa y entre risas algo histéricas le dije que no había ningún problema y que... ¿me alegro? De haber ayudado.
-Sé que no te acuerdas, pero no te preocupes, yo nunca olvido y menos esos favores.
Me siento muy, pero muy avergonzada al no recordar a que se refiere, ya que... he ayudado a muchas personas y para ser honesta, no recuerdo ni siquiera los rostros de las personas a las que les he dado una mano, aun así, me alegra que él se acuerde. Espero que esto pueda ser el inicio de algo bonito.
-Por cierto ¿Cómo te llamas? Yo me llamo Quinn Revain.
Abre un poco la boca para después cerrarla, niega levemente con la cabeza y me dice que no me dirá su nombre, que lo sabré en su momento, esto hace que me sienta mucho más intrigada por saber quién es este hombre, le he dicho entre pequeñas risas que dudo mucho que nos volvamos a ver después de esto, él no dijo nada, simplemente me dedicó una amplia sonrisa. Con la breve conversación terminada, me paré de mi asiento y le dije que regresaba en un momento mientras elegía que pedir, pero enseguida me dice que lo que va a querer, haciendo que saque rápido mi libreta junto con mi pluma, anotando enseguida todo lo que me dijo, antes de irme le repetí su orden y me dijo que estaba correcto, para luego irme a entregar el pedido.
Mi compañera me pregunta quién es ese hombre tan guapo, le dije que no tenía idea y que justo cuando estaba por decirme su nombre, me dijo que lo sabría en su momento, mi amiga me dio varios codazos para después hacerme un baile de cejas muy divertido, pero el momento se ve interrumpido cuando la gerente le dice que debe ir a limpiar las mesas desocupadas. Lili puso los ojos en blanco, tomo un trapo limpio y se fue.
Noté como la gerente se puso a mi lado, la mire de reojo y vi que estaba observando al chico guapo, alcé un poco la mirada, la expresión en su rostro lo dice todo, tiene ganas de llevárselo a la cama y no me impresiona, espero que no me haga pedirle su número, sería demasiado vergonzoso hacer algo como eso.
-Vi que estabas hablando con ese hombre ¿Lo conoces?
Dirigí mi mirada hacia él y vi como bebía su refresco, luego volví a posar la mirada en mi jefa y le dije que no, que él me había confundido con alguien, pero cuando las cosas se aclararon, me pidió disculpas. Me alejo un poco de ella para ir a buscar otro trapo limpio, pero antes de irme, ella me dice que le ayude a conseguir su número y que, si no lo hago, me va hacer quedarme hasta tarde trabajando, estaba por reprocharle, pero no quería armar un escándalo y quedar como una loca frente a ese chico guapo, así que me limite a asentir con la cabeza e irme a buscar el trapo.
Una vez que ha terminado de comer, me hace la seña de que le lleve la cuenta y enseguida se la entrego, le dije que esperaba que haya disfrutado de su comida y que ojalá vuelva pronto, veo que saca su cartera y enseguida me alejo, no quiero incomodarlo.
Desde la distancia veo que está pagando para después irse, casi enseguida me acerco y no puedo evitar soltar un ligero chillido de sorpresa al ver que me dejó trescientos dólares de propina, tomo entre mis manos los billetes y los observo como si fueran la cosa más extraña del mundo. Sacudo la cabeza para salir de mi trance y empiezo a recoger todo.
Regreso a la caja registradora y me pregunta mi amiga cuanto me dejó de propina el chico guapo, miré a nuestro alrededor y se lo enseñé, al igual que yo hace unos momentos, suelta un chillido ahogado, se acerca más a mí y me susurra con secretismo.