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Encantado por mi engañosa esposa

Encantado por mi engañosa esposa

Autor: : Fresh Start
Género: Moderno
A pesar de ser hija ilegítima, Lena tenía un parecido asombroso con la señorita de la familia Evans. Ante sus amenazas, se vio obligada a ocupar el lugar de su media hermana y casarse con Dylan. Como acto de rebeldía, Lena sedujo a Dylan noche tras noche, hasta tenerlo completamente atrapado. Aprovechando su afecto, se propuso socavar la familia Evans. Con el tiempo, Dylan empezó a notar algo extraño en su amada esposa...

Capítulo 1 Aguas termales

En Termas Glory de Camont, la superficie de la piscina estaba cubierta de delicados pétalos de rosa, rozando la piel de Lena Evans. Su figura era elegante, cada curva se veía cautivadora.

Una leve niebla cubría su mirada, dándole un brillo etéreo a sus rasgos, una mezcla de fragilidad y fortaleza silenciosa.

Era una hija ilegítima, ella y su hermano menor habían sido criada por su madre sola. Tuvieron que apoyarse mutuamente para soportar las dificultades de la vida.

Hacía una semana, la familia de su padre la llamó inesperadamente con una sorprendente demanda: ocupar el lugar de su media hermana, Alana Evans, y cumplir una obligación marital con Dylan Harvey, el director ejecutivo del Grupo Harvey.

Su unión era un conveniente acuerdo comercial. Como no tenía ningún vínculo emocional con su esposa, Dylan se fue del país inmediatamente después de su boda y permaneció en el extranjero durante tres años.

Ahora que su familia lo estaba presionando, había regresado bajo la orden de reunirse con su esposa esta noche.

Los Evans le propusieron a Lena un trato: si reemplazaba a Alana y se acostaba con Dylan, liberarían a su madre y a su hermano, incluso le proporcionarían tratamiento para la enfermedad crónica de su hermano.

Lena conocía el inmenso poder de los Evans. Podrían aplastarla a ella y a sus seres queridos con suma facilidad.

Su sorprendente parecido con Alana era la única razón por la que la consideraron para esa farsa.

Aunque sus rostros y voces eran parecidos, sus figuras mostraban sutiles diferencias.

Aunque Dylan nunca había estado físicamente cerca de Alana, los Evans evitaban que los descubrieran. Por eso organizaron la reunión en las apartadas aguas termales.

"El señor Harvey llegará pronto. Ya sabes lo que se espera de ti, así que ten cuidado con lo que dices y cumple con tu parte", siseó una mujer mayor.

Algunos miembros del personal habían sido sobornados, por lo que estaban al tanto del engaño.

Lena asintió. "Entendido".

Durante la última semana, había estudiado cada detalle sobre la información de Dylan hasta que todo estuviera grabado en su mente.

Al borde del manantial, Alana se agazapó y la fulminó con la mirada. A pesar de su parecido físico, sus personalidades eran polos opuestos.

Con los dientes apretados, la mujer gruñó: "No olvides tu lugar. Incluso si terminas en la cama de mi esposo, ¡solo eres una sustituta, una simple bastarda!".

Dylan era su esposo, a quien había esperado volver a ver durante tres largos años.

Esta noche debería haber sido suya. Pero la familia Harvey había exigido que la novia fuera virgen, por lo que no tuvo más opción que involucrar a Lena.

Esta última bajó la cabeza y contuvo las lágrimas. "Liberen a mi madre y a mi hermano mañana temprano".

"Lo haré, ellos no significan nada para mí", resopló Alana, agitando la mano. "Solo asegúrate de hacer tu parte".

Luego, hizo un gesto hacia la mujer mayor y ordenó: "Vigílala de cerca".

De repente, esta susurró con urgencia: "El señor Harvey ha llegado".

Alana se retiró rápido a un rincón oculto.

Lena se estabilizó y tomó un profundo respiro. Después de unos momentos, un sirviente condujo a un hombre alto, vestido con una bata suelta, a la habitación. Sus pasos eran ligeramente inestables debido al alcohol.

"Señor Harvey, usted y su esposa pueden relajarse en las aguas termales. Lo dejaremos aquí". El sirviente se fue a toda prisa.

Dylan recorrió a la mujer con la mirada. Era sensual, delicada, tranquila e inexplicablemente hipnótica.

Llevaba un seductor traje de baño, y parecía que los tirantes de sus hombros se romperían si les daba un tirón.

Era extraño, porque ese mismo día había sentido una vaga antipatía hacia Alana. Pero esta versión de ella parecía diferente. Era más suave y cálida, intrigantemente irresistible.

Cuando él retrocedió un paso, Lena agarró desesperadamente su bata. No podía dejarlo marcharse, ya que el destino de sus seres queridos dependía de ella.

Dylan confundió su urgencia con miedo a que la abandonara de nuevo.

"¿No me deseas, cariño?", susurró ella con vacilación.

Su delicada súplica provocó un escalofrío en la columna del hombre.

Lena salió del agua y se aferró a él, rozando su pierna con dedos temblorosos.

Abrumado por el deseo, Dylan apartó su mano y entró en las aguas termales.

Después de todo, ya estaban casados. Era hora de consumar su matrimonio.

"¿Aún recuerdas que soy tu esposo?", murmuró con voz ronca.

"Sí, yo...".

La respuesta de Lena fue interrumpida cuando él agarró su barbilla y le dio un ferviente beso.

Lena se tensó ante la desconocida intimidad, pero las manos del hombre no le permitieron alejarse.

Había un ligero olor a alcohol en sus labios.

La mujer no se atrevió a cerrar los ojos y vio el revoloteo de sus largas pestañas, dándole una sorprendente sensualidad a sus rasgos cincelados.

Era exactamente el hombre descrito en su expediente: ojos hundidos e ilegibles, y una mandíbula afilada que parecía haber sido tallada a la perfección.

Los tirantes de su traje de baño se deslizaron bajo las caricias de Dylan mientras sus besos dejaban un rastro ardiente sobre su piel.

La tenue iluminación y el vapor de las aguas terminales hicieron que el momento fuera más encantador.

Mientras las ondas bailaban sobre el agua, Lena se rindió y abrazó su cuello. En el calor de esa noche, se desarrolló un torbellino de pasión y placer.

Capítulo 2 Rompiendo sus propias reglas

Lena estaba sorprendida por la resistencia de Dylan. Su energía había sido ilimitada desde la piscina humeante hasta la cama.

Al amanecer, la luz del sol se filtró a través de las cortinas, despertándola de un sobresalto.

Se sentó de golpe y se protegió instintivamente el pecho, luego vio el hombre que todavía dormía profundamente a su lado.

Tenía que irse de inmediato.

Pero cuando se estaba deslizando con cuidado de la cama, el brazo de Dylan se enroscó alrededor de su cintura.

"¿A dónde vas?", murmuró, apoyando su cabeza contra ella.

Lena sintió su pulso acelerarse. "Solo iré al baño un momento...".

El hombre se sentó y agarró su rostro para encontrarse con su mirada.

Lena se cubrió la boca instintivamente. "Aún no me he lavado los dientes".

En el tenue resplandor de la noche anterior, su parecido con Alana había sido sorprendente. Pero ahora, a la luz del día y sin maquillaje, sus rasgos revelaban sutiles distinciones.

Dylan se rio entre dientes, le alborotó el cabello y le dio un beso en la mejilla. "Puedes ir".

Con el corazón acelerado, Lena se puso la bata de la noche anterior y lo miró de reojo mientras entraba al baño.

Al salir, Dylan ya se había lavado en la habitación contigua. Estaba abrochándose la camisa frente al espejo.

La miró y dijo: "Cariño, ayúdame con la corbata".

Lena tragó saliva con miedo, se acercó y ajustó la tela hábilmente con sus dedos, una habilidad perfeccionada durante su estadía laboral en una boutique masculina.

Los intensos ojos del hombre la atravesaron. Al ver que ella no alzaba la mirada, él le levantó la barbilla y la sorprendió cuando sus labios reclamaron los de ella una vez más.

Solo cuando el lazo estuvo asegurado, Lena logró escabullirse con nerviosismo.

Rápidamente volvió al sótano donde habían acordado encontrarse. Alana la estaba esperando con una expresión sombría.

"¡Perra!", bramó. "Se suponía que debías irte antes del amanecer, ¡pero te quedaste más tiempo! ¿Estás intentando revelar tu identidad?".

Lena agitó la cabeza. "No, para nada".

La otra hizo una mueca despectiva. "Déjame aclararte algo, Dylan no se divorciará de mí, incluso si descubre la verdad. Es un matrimonio por negocios, no por amor, así que no te hagas ilusiones. Lo más prudente es que olvides cualquier pequeño plan que tengas".

"Después de todo, la hija de una amante nunca será aceptada por la alta sociedad", agregó gélidamente.

Lena entrecerró los ojos. "Alana, puedes insultarme como quieras, pero no menciones a mi madre".

Si Owen Evans, su padre, no hubiera ocultado su verdadera identidad y el hecho de que estaba casado, su madre jamás se habría involucrado con él.

"Solo digo la verdad", se burló Alana.

Danna Sutton, la ama de llaves de los Evans, intervino: "Señorita Evans, debería subir antes de que el señor Harvey sospeche".

Alana le lanzó una mirada mordaz a Lena. "Recuerda que, siempre y cuando hagas lo que te digan, tus seres queridos estarán a salvo. Pero no seré tan amable si me haces enojar".

Luego, subió las escaleras con arrogancia.

Lena la observó marcharse con odio intenso en los ojos.

... ...

Alana subió las escaleras y encontró a Dylan sentado en la mesa del comedor, listo para empezar a comer.

Era alto y de hombros anchos, resultado de un entrenamiento disciplinado. Sus rasgos atractivos y su encanto natural cautivaban a innumerables mujeres. Pero era Lena quien había pasado la noche anterior en su cama. ¡Qué horrible!

Alana se tragó su frustración, se acercó y puso una mano sobre su hombro. "Lamento hacerte esperar".

Dylan frunció el ceño cuando un olor sofocante le llegó a la nariz. "¿Qué perfume usaste?".

El sutil aroma que llevaba ese mismo día había sido mucho más seductor.

Alana no se dio cuenta de su rechazo y sonrió alegremente. "Es la nueva edición limitada de Chanel. ¿No es maravilloso?".

"Lávate", respondió él sin rodeos.

Su esposa había sido dulce y cautivadora la noche anterior, despertando sus instintos protectores. En cambio, ahora parecía petulante y con mal gusto.

No entendía cómo una persona podía sentirse completamente diferente.

"Bueno...", murmuró Alana, sorprendida por su franqueza.

Dylan volvió a mirarla y cambió de opinión, luego dijo con gentileza: "Olvídalo, anoche estabas agotada. Si te gusta ese perfume, no hay problema".

Alana abrió mucho los ojos. Dylan era conocido por sus principios inquebrantables y su comportamiento gélido, pero acababa de romper sus propias reglas.

Sin embargo, no lo hacía por ella. ¡Era por Lena, la mujer que había tenido en sus brazos!

Ella reprimió sus celos y forzó una sonrisa. "Gracias, cariño".

El aborto le había costado todo lo que ahora estaba pasando. Le había robado la oportunidad de hacer el amor con Dylan, por lo que tuvo que abrirle la puerta a Lena.

La imagen de los dos siendo íntimos en las aguas termales despertó una tormenta de envidia en ella.

En ese momento, lo único que quería era arruinarle la vida a Lena.

Capítulo 3 Estás debajo de mí

Lena regresó a casa en cuanto salió del complejo de aguas termales.

Pero se encontró con una escena caótica. Las herramientas para su puesto de comida estaban destruidas. Su hermano, Leroy Evans, no estaba a la vista, y su madre, Kamila Jonson, estaba llorando en el suelo.

"Mamá, ¿qué pasó? ¿Dónde está Leroy?", preguntó la joven con preocupación.

Se arrodilló para ayudar a su madre, quien tenía la mejilla hinchada por un golpe.

Entre sollozos, Kamila respondió: "La familia Evans no lo dejó marcharse. Me echaron y me advirtieron que no les dijera nada a los Harvey. Y que si causábamos problemas..., ellos...".

Con voz quebrada, terminó: "Le harían daño a Leroy".

"¡Esto es indignante!". Lena apretó fuertemente los puños. La furia se apoderó de ella cuando se dio cuenta de que estaban a merced de la familia Evans.

Kamila estaba limpiando los escombros mientras las lágrimas corrían por su rostro. "Leroy ha sido débil desde que era un bebé. Si lo lastiman, es posible que no sobreviva".

"No te preocupes, mamá. Yo lo recuperaré", respondió Lena decisivamente.

Aunque aún no entendía por qué Alana no podía tener intimidad con Dylan, era consciente de que la familia Evans estaba ocultando un secreto.

Estaba decidida en liberar a Leroy ileso de sus garras.

Debido a años de tiranía por parte de Juliet Evans, la madre de Alana, la familia de Lena tuvo que sobrevivir vendiendo bocadillos en la calle. Después de terminar su carrera, Lena intentó encontrar un empleo estable, pero siempre era rechazada después de sus prácticas.

Los Evans no tenían intención de permitirle un momento de paz.

Si no actuaba ahora para contraatacar, la destruirían una vez que ya no les sirviera.

Después de atender a su madre herida, se dirigió a la mansión de los Evans.

En la sala de estar, Alana estaba revisando una colección de bolsos y ropa. A pesar de notar la presencia de Lena, fingió no verla y siguió admirando sus nuevos artículos.

Esta última apretó los labios y se tragó su angustia. "Alana, te ruego que dejes de atormentar a mi madre".

A pesar de haber accedido a su demanda, su madre y su hermano seguían siendo cruelmente maltratados.

"¿Atormentar?". Alana soltó una risa, como si hubiera escuchado una broma ridícula. Se acercó a Lena y la agarró del cuello. "No olvides que tu familia no significa nada para nosotros. Unas vidas insignificantes como las suyas no merecen el esfuerzo de atormentarlas".

Solo cuando el rostro de Lena se puso rojo, Alana la soltó y se limpió los dedos con un pañuelo húmedo. "Si quieres que nos detengamos, hay una solución sencilla".

Con una sonrisa, ordenó: "Trae un teclado de computadora".

Un sirviente obedeció a toda prisa.

"Ponlo en el piso", señaló Alana, todavía sonriendo.

Lena palideció completamente.

"Todo lo que tienes que hacer es arrodillarte ahí, darte una bofetada y gritar, 'soy basura, y mi madre también'. Si haces eso, tal vez considere perdonar a tu familia", declaró Alana.

Lena apretó los puños con tanta fuerza que sus uñas se clavaron en su piel. Su media hermana siempre se esforzaba por afirmar su poder.

Alana ladeó la cabeza y cruzó los brazos. "¿Qué pasa? ¿No sabes arrodillarte? ¿Quieres que te ayude?".

La otra bajó la cabeza para ocultar su rabia y murmuró: "Si me arrodillo, mis rodillas podrían lastimarse. Al señor Harvey no le gustaría eso si tengo que acompañarlo esta noche...".

Al instante, la expresión de Alana se ensombreció y le dio una fuerte bofetada. "De tal madre, tal hija. ¡Solo saben seducir a los hombres!".

"¿No te satisfizo anoche?", preguntó venenosamente. "¿Esperas más hoy? ¡Pues qué pena! ¡Esta noche es mío! ¡Ahora arrodíllate!".

Reprimiendo la humillación, Lena bajó la mirada y comenzó a arrodillarse.

Su piel había sido suavizada por una semana de baño de leche, así que estaba más delicada que antes. Ahora las duras teclas se clavaban en sus rodillas, causándole un dolor punzante.

Alana se echó a reír cruelmente. "Ya te lo he dicho, estás por debajo de mí, no eres más que un juguete a mis pies. ¿Por qué personas como tú piensan que pueden estar relacionados con mi familia? ¡Ahora empieza a abofetearte!".

Lena se mantuvo inmóvil.

Al ver su vacilación, Alana resopló: "¿Qué pasa? ¿No te animas a hacerlo? Tal vez debería llamar al centro de atención y pedirles que le den un medicamento adicional a tu hermano".

Unas lágrimas se deslizaron por el rostro de la pobre chica mientras levantaba su mano temblorosa para golpearse a sí misma.

Sin embargo, antes de que pudiera hacerlo, se escuchó desde afuera la voz del mayordomo: "Los Harvey están aquí".

Alana se sorprendió ante su repentina visita.

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