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Encontrar la luz

Encontrar la luz

Autor: : Rosa130616
Género: Romance
Sumergidos en un mundo de penumbras y desolación, la vida de Luz Milagros se convierte en un lienzo marcado por el dolor y la desesperación. Ha atravesado un océano de tristezas que la han llevado al borde del abismo, donde la sombra de la desesperanza la empuja a desafiar la misma existencia. Sin más alternativa, las circunstancias la llevan a los pasillos fríos y desconcertantes de un hospital psiquiátrico, una prisión invisible donde su alma parece quedar encerrada. Es aquí, en este laberinto de silencios y recuerdos que atormentan, donde emerge un héroe inesperado: Jason Grabel. Su presencia, llena de amor y dedicación, se convierte en el faro que busca iluminar el sendero oscuro por el que transita Luz. Jason, decidido y comprometido, se convierte en el ancla de Luz en medio de la tormenta emocional que la consume. Su lucha por rescatarla del abismo se convierte en un desafío contra el tiempo y la oscuridad que se ciernen sobre ella. Su objetivo es claro: restaurar la esencia dulce y radiante que una vez caracterizó a esta joven marcada por el sufrimiento. El amor como arma, la determinación como escudo; Jason se embarca en una travesía para sanar las heridas invisibles de Luz, desafiando sus propios demonios y las barreras que ella ha levantado contra el mundo. ¿Podrá Jason, con su amor y persistencia, obrar el milagro de devolverle la esperanza a Luz Milagros? En esta historia de redención y coraje, se despliega una batalla emocional que desafía los límites del espíritu humano. Únanse a este viaje lleno de incertidumbre y esperanza mientras Jason se convierte en el guardián de la luz en la oscuridad, luchando para rescatar a Luz Milagros de las garras implacables de la desesperación.

Capítulo 1 Entre la angustia y la oscuridad: Desgarrando el silencio

Narrador Omnisciente

La joven, sumida en un estado de nerviosismo abrumador, mira con ojos empañados por las lágrimas que surcan su rostro. Su labio sangra, una herida física que se convierte en una representación palpable de la violencia que ha sufrido. Se encuentran sentados en el sillón, viendo una película que ella rechaza por completo. La cercanía con él ya no es algo que desee, pero la violencia ejercida contra ella la obliga a ceder, al menos en apariencia.-¿Por qué me haces esto? -pregunta temblorosa, su voz cargada de angustia y confusión, mientras trata de entender la situación en la que se encuentra.

–Deja de hacer preguntas estúpidas y mira la película– responde él, con su tono de voz frío y desinteresado, sin apartar la mirada de la pantalla.

La joven, luchando contra la opresión, intenta reunir valor para enfrentar la situación que la atormenta. –Responde la pregunta, necesito saber por qué piensas que tienes derecho a hacerme esto– La joven insiste, sintiendo la urgencia de entender, de hallar una razón detrás de un comportamiento tan destructivo. Le exige respuestas, intentando encontrar alguna justificación en un abismo de negrura que se ha interpuesto entre ellos.

Luz Milagros nunca fue una ingenua; desde el principio supo que lo que ocurría entre ellos estaba mal, que cada momento compartido solo le traía daño y sufrimiento. Aunque al principio optó por el silencio, conforme crecía la confianza, se encontró atrapada entre el miedo a enfrentarlo y la falsa esperanza de que las cosas cambiaran.

–Luz, deja de actuar como una niña, eso me enerva– ordena él, apagando su celular. –No olvides que fuiste tú quien me atrajo, así que no finjas ser una santa ahora– añade con la misma respuesta que repetía cada vez que el desastre se desataba.

–¡Eres despreciable!– grita ella, con un cóctel de asco y dolor impregnando cada palabra, una declaración de rechazo a la toxicidad de esa relación que había pasado de ser esperanza a ser un callejón sin salida.

-Te he dicho que te calles– espetó él, descargando una fuerte cachetada sobre su rostro, una agresión que resonó con brutalidad.

-Si sigues con tus estupideces, te juro que te dejaré completamente sola– amenazó con voz dura, sujetando bruscamente su barbilla, como si buscara intimidarla aún más.

La joven, sometida y atemorizada, respondió con una sumisión absoluta. –Está bien, me quedaré callada– murmuró, demostrando como la sumisión impregna cada palabra y su miedo palpable en los ojos.

A pesar de odiar la presencia constante de aquel individuo en su vida, Luz Milagros se hallaba completamente dominada por el terror a la soledad. Era este miedo a la falta de compañía lo que la hacía soportar las humillaciones, los golpes, los insultos, y toda forma de maltrato que él le infligía. Cada día se convertía en una batalla interna entre la dignidad y el miedo.

Pasaron meses antes de que la joven finalmente alcanzara su límite. Incapaz de soportar más violencia, decidió confrontar al miserable que la trataba como si fuera basura. Esperó pacientemente hasta que estuvieran solos para tomar un cuchillo carnicero y confrontarlo.

–No permitiré que te aproveches de mí ni me golpees más– afirmó con valentía, por fin dispuesta a enfrentarlo. –Si vuelves a tocarme, te denunciaré – amenazó, sus palabras cargadas de firmeza y determinación.

–Haz lo que quieras, pero prepárate para las consecuencias que pueda sufrir tu querida hermana menor– advirtió él, sin el menor rastro de vergüenza en sus palabras.

–¿Cómo es posible que una persona de solo dieciocho años albergue tanta maldad?– inquirió la joven, atemorizada por la oscuridad del alma que veía en él.

–Eres la única culpable de lo que soy – aseguró el muchacho, echando la culpa sobre ella con descaro.

– Jamás te pedí que me hicieras daño– respondió ella, con una certeza dolorosa en sus palabras, intentando hacerlo reflexionar sobre la brutalidad de sus acciones.

–Luz, tú eras la que siempre insistía en tenerme a tu lado, la que no permitía que ninguna otra chica se acercara a mí. No finjas ahora que eres una víctima, porque no lo eres– replicó el muchacho, sus palabras cargadas de un resentimiento acumulado.

La joven, en su afán por defenderse, no se amedrentó. –Eres un mentiroso. Si sigues comportándote así, te advierto que, cuando menos lo esperes, enfrentarás una denuncia por mi parte– amenazó con firmeza, decidida a hacer valer sus derechos y poner fin al maltrato.

–¿Crees que alguien va a creerte? – respondió él con cinismo. – ¿Quién confiaría en una persona como tú?. Has cambiado tanto que ya nadie quiere estar cerca de ti. Incluso tu propio padre te rechaza– agregó con una risa burlona, su intento de desestabilizarla evidente en sus palabras.

–¡Cállate de una vez!– ordenó, interrumpiéndola con brusquedad. – Ya no soporto escuchar tu voz horrenda– continuó, haciendo caso omiso a cualquier argumento o intento de defensa por parte de ella.

La joven, herida no solo por las palabras hirientes, sino también por los golpes físicos que sentía en su rostro, decidió guardar silencio. Era un silencio forzado, impuesto por la crueldad de su agresor, aunque cada palabra no dicha resonaba con un grito de impotencia en su interior.

Esa noche, mientras el silencio llenaba la habitación, la joven comprendió que no solo se enfrentaba a golpes físicos, sino también a un abuso verbal que intentaba hundirla en la oscuridad más profunda. La promesa de levantarse y ponerle fin a aquel ciclo de violencia empezaba a tomar forma en su mente, a pesar del miedo y la desesperación que la envolvían.

NARRA LUZ MILAGROS

¿Existe algo más complejo que enfrentarse a una realidad que te destroza por completo? ¿Cómo lograr olvidar un pasado que se aferra a ti? ¿Dónde encontrar la motivación para seguir adelante? Estas preguntas retumban constantemente en mi mente, envuelta en una tristeza abrumadora que parece devorar mi alma.

Sigo el consejo de mi madre, quien solía decir que hay que vivir cada día como si fuera el último. Sin embargo, para mí, la idea de un mañana se convierte en un peso insoportable. Por eso, me refugio en mi propio encierro, ocultándome del mundo para escapar de mi propio pasado.

Me llamo Luz Milagros Lacar, aunque todos me conocen como Milagros. Irónicamente, a diferencia de mi nombre, me siento completamente apagada. A mis veintiún años, mi figura es delgada, marcada por los estragos de un trastorno que me impide ingerir alimentos. Mi estatura alcanza los 1,65 metros y tengo unos ojos avellana, aunque su brillo se ha opacado por la sombra que me persigue. Mi cabello es de un tono marrón claro, pero no hay luz en él, como no la hay en mi vida.

Después de terminar la secundaria, a pesar de mi falta de deseos, mi padre me presionó para que iniciara una carrera universitaria. Actualmente, me encuentro cursando Administración de Empresas en la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard. Este lugar se ha convertido en un refugio solitario, un sitio donde mis compañeros evitan acercarse a mí. Mi vestimenta refleja mi estado interno: colores oscuros que reflejan el abismo en el que me encuentro.

Intento día tras día superar el dolor que me carcome por dentro, pero resulta una tarea imposible. Mi ser está marcado por fantasmas del pasado, espectros que me atormentan y me susurran que toda la culpa recae únicamente en mis hombros.

La carga del pasado es un peso aplastante que se aferra a cada paso que doy, sin permitirme encontrar la paz que tanto anhelo. Es un eco constante de culpabilidad que oscurece mi existencia, haciéndome creer que soy responsable de cada sombra que se proyecta sobre mi vida.

Durante un tiempo, intenté desviar mi atención de los recuerdos, de superar todo lo que había sucedido. Lo logré por un tiempo. Pero hace unos meses, esos recuerdos desagradables regresaron, azotándome con una crudeza que se siente como un martirio constante para mi mente, mi cuerpo y mi corazón. Vivo sumergida en un dolor y repulsión que parecen consumir mi ser día a día. Enfrentar esta situación se convierte en un desafío sin fin, un laberinto sin salida que me sume en la desesperación. No sé cómo seguir adelante después de lo que viví. No quiero continuar con este dolor, esta carga que me arrastra hacia la oscuridad sin una pizca de alivio.

Es incomprensible para mí cómo alguien tan despreciable, tan horrendo y repugnante, puede seguir adelante como si sus manos no estuvieran manchadas de la peor maldad. Me doy cuenta de que, aunque yo vea su verdadera naturaleza, hay quienes saben manipular a otros tan hábilmente que logran proyectar una imagen de ángeles, aunque sean lo contrario. Mientras tanto, aquí estoy, odiando cada parte de mi ser, porque él me arrebató todo: mis fuerzas, mi valentía y mis ganas de luchar. Ya no soy la joven soñadora que aspiraba a ser una excelente abogada, ni anhelaba formar una familia con un esposo e hijos. En el pasado, fui una niña dulce que deseaba la felicidad para quienes la rodeaban, llena de amor y dulzura para ofrecer al mundo. Pero esa niña ya no existe.

En el lugar donde estudio, la hostilidad es mi única compañía. Nadie me apoya, todos me juzgan y se burlan de mí, me hieren deliberadamente. Cada paso por los pasillos es una batalla, donde ponen trampas para hacerme caer o arrojan objetos a mi cabeza y mi ropa. Esta crueldad ha oscurecido mi visión del futuro. Siento que ya no tengo uno, que no valgo nada porque él me arrebató lo más preciado: mi vida. Robó mi esencia, mi felicidad y mis ilusiones sin pedir permiso, sin dar opción a resistir.

Esta desolación me lleva a pensar que la mejor solución es dejar de vivir, porque siento que ya estoy muerta por dentro. Recuerdo vívidamente que desde que lo conocí, me cautivó su misterio, su naturaleza diferente y su preferencia por la soledad. Con el tiempo, sin buscarlo, él ganó mi afecto, manipulándome para que confiara plenamente en sus palabras. En mi ceguera por el amor, estaba convencida de que él era mi confidente, mi todo. Ni siquiera creía a las demás chicas que decían que él coqueteaba con ellas o tenía otras relaciones, él siempre tenía una excusa para desacreditarlas y yo, atrapada en su red, no les creía. Me alejé de quienes antes estaban cerca de mí, convencida por sus palabras de que eran malas, que me odiaban y hablaban a mis espaldas.

Incluso logró que me distanciara de Jasón, quien en aquel entonces era mi amigo más cercano. Sus manipulaciones apuntaban a separarnos definitivamente, asegurándome que él era la razón principal para ello. Al principio, rechacé la idea de alejarme de Jasón, pero con el tiempo, su influencia en mí fue tan grande que me aislé por completo. Estaba tan profundamente enamorada que seguí su consejo para no perderlo. Lo amaba con tal intensidad que lo idolatraba más que a Dios mismo. Sin embargo, ese amor ferviente se convirtió en la peor pesadilla cuando él perpetró la más horrenda atrocidad contra mí. Fue el día más tenebroso de mi vida, cuando el individuo que creí ser el amor de mi existencia, desgarró mi ser y me arrebató todo, incluyendo mi felicidad. Pasó de ser la luz que iluminaba mi vida a convertirse en la oscuridad que domina mi alma.

El amor colosal que sentía por él se extinguió abruptamente, transformándose en un odio profundo y desgarrador. Afortunadamente, después de algún tiempo, quizás un año o más tras aquel suceso, desapareció sin dejar rastro, aunque al investigar, descubrí que muchas chicas también habían sido heridas por él, ilusionadas y utilizadas como yo. A pesar de haberles mentido diciendo que no me había sucedido nada, sigo torturándome con los recuerdos de todo lo que me hizo durante aquel tiempo. ¿Por qué sucedió? ¿Por qué yo? ¿Cuándo terminará el dolor que consume mi corazón en este momento? Son preguntas que atormentan mi mente, especialmente después de que cada noche, en mis pesadillas, revivo una y otra vez los horrores que aquel individuo me infligió mientras me tenía a su merced.

Capítulo 2 REFLEJOS DE CRUELDAD:CUCHILLOS COMO PALABRAS

NARRA LUZ

La cotidianidad para algunos es un refugio, pero para ella, cada día en la universidad es un campo minado, un cruel recordatorio de su diferencia. La joven, vestida con la oscuridad de su incomprendida alma, atraviesa los pasillos cargados de miradas hirientes y murmullos mordaces. Sus compañeros, lejos de comprenderla, la juzgan y la ridiculizan por su silencio y su estilo de vestir.

En su universo de desencanto, la academia se convierte en una prisión que ella visita por obligación, escapando apenas de un hogar opresivo que le exige cumplir con estándares que no encajan con su ser. Allí, en medio de la indiferencia y la burla, solo un nombre parece resonar con molestia en su mundo: Jason Grabel. Un antiguo amigo que se evaporó en los momentos más oscuros de su vida, ahora se atreve a acercarse, sembrando la duda en su corazón lastimado.

Cada día es una batalla en la universidad, donde los susurros despiadados la persiguen como sombras malévolas. Las palabras cargadas de crueldad, las risas mordaces, son los cuchillos que se clavan en su piel sensible. Con la fuerza de la rabia y el peso de la soledad, se refugia en el rincón más apartado del aula, donde los bancos traseros se convierten en su único refugio.

–Maldigo el día en que decidi seguir estudiando– murmura con amargura mientras aguanta la mirada inquisitiva de sus compañeros. Cada jornada se convierte en un calvario que soporta en silencio, guardando el final de las clases como el único alivio.

Entre el desdén de sus compañeros y la sombra de sus propios demonios, ella se aferra a la esperanza de encontrar un resquicio de luz en medio de tanta oscuridad. En este relato de dolor y desesperación, ¿podrá la joven encontrar un atisbo de redención, un compañero verdadero que el rescate de este abismo emocional en el que se encuentra atrapada? La universidad se convierte así en el escenario de una lucha silenciosa por la aceptación, la comprensión y el anhelo de pertenencia en un mundo que parece rechazarla a cada paso.

Narra Jason Grabel

Mi nombre es Jason Grabel. Entre los espacios interminables de la Universidad de Harvard, me defino con una estatura de 1,80 metros y una figura delgada, pero no exenta de cierto músculo esculpido por horas dedicadas al ejercicio. Mis cabellos dorados y mis ojos verdes, siempre inquisitivos, son apenas rasgos que se suman a la narrativa de mi vida. A mis veintidós años, estoy inmerso en la incesante búsqueda de comprensión en los entresijos de la psiquiatría, trazando un camino entre las aulas de la facultad de medicina.

Hubo un tiempo en el que la palabra "amigo" estaba intrínsecamente ligada a mi relación con Luz. Desde la infancia, nuestros lazos eran inquebrantables. Sin embargo, las extrañas vueltas del destino nos alejaron. Algo sucedió en su mundo, algo que desconozco por completo, pero en mi constante reflexión, aún me embarga la perplejidad de comprender qué fuerzas misteriosas cambiaron su rumbo. Lucas Daniel se erige en mi mente como el catalizador de esa transformación, aquel que la sumergió en el pasillo más oscuro de su existencia.

¿Qué acontecimiento oscuro o qué torrente de emociones la sumergió en esa melancolía? Cada día, la interrogante reverbera en mi mente sin ceder espacio a respuestas satisfactorias. Anhelo, con la fuerza de un deseo insaciable, recuperar la amistad que compartíamos, reconstruir esa unión que tanto alimentó mi espíritu. Sin embargo, ella, envuelta en su propio enigma, rechaza mi cercanía y reitera con firmeza su deseo de soledad.

Desearía comprender sus motivos, descifrar los enigmas que la atormentan, pero mis esfuerzos parecen chocar contra una muralla de silencio. Persisto en mi empeño, no por terquedad, sino por la convicción de que la conexión que compartíamos merece ser rescatada del abismo en el que se ha sumergido.

En medio de la incertidumbre, aguardo el día en que la distancia se desvanezca, cuando las sombras que la rodean cedan espacio a la luz que alguna vez brilló en su mirada. Mientras tanto, sigo en la búsqueda incansable de respuestas que, quizás, solo ella posea.

Así, entre recuerdos y anhelos, mi existencia se encuentra entrelazada con la esperanza de recuperar lo que una vez fue, pero también con la resignación de respetar los límites que ella misma ha erigido en su universo interior.

Mi deseo en este gran mundo es poder saber qué fue lo que le sucedió, comprender que es lo que esconde en lo más profundo de su ser, que no le permite ser feliz como lo era hasta hace unos años ¿Cómo puedo ayudarla? ¿Cómo sacarla de ese pozo en el que está?. No sé como lo haré, pero juro que lo lograré.

El día de hoy marcó nuestro regreso a clases tras unos días de receso debido a unas fascinantes competencias de natación que llevaron la institución a un frenesí deportivo. El aura de emoción aún flota en el aire, pero es hora de volver al enfoque académico. Antes de sumergirme en mi primera clase, me dirijo a la sala de casilleros, donde diviso a ella, meticulosa guardando sus útiles. Sé que mi saludo probablemente pasará desapercibido, pero aún así, me acerco, deseando romper esa barrera invisible.

Las risas disimuladas de unas chicas rompen el ambiente, burlándose a sus espaldas. Mi instinto me dice que interrumpir este cruel juego podría empeorar las cosas, así que opta por el silencio, observando con impotencia mientras ella se retira, ajena al menosprecio.

–¿Les parece justificable burlarse de alguien solo por ser diferente?– preguntó con furia, intentando desafiar su actitud mezquina.

–Jasón, no te metas– me ordenó Clarisse, una antigua compañera del secundario, como si tuviera autoridad para dictar las reglas de la situación.

–Si la 'loca' no dice nada, tú tampoco lo hagas– dice su amiga con un tono de superioridad que rezuma falta de empatía. La crueldad en sus palabras me provoca un nudo en la garganta.

–¿Acaso sales con esa 'rara'?–inquiere su compañera con malicia en su voz. El desdén y la maldad se mezclan en las palabras que arroja como dardos envenenados hacia Luz

–Es imposible que alguien tan popular quiera salir con ese 'adefesio"–suelta con desprecio, mientras Luz, la víctima de este circo de crueldad, finalmente se aleja de nuestro campo de visión, buscando escapar de esa injusta exposición.

La rabia y la impotencia bullen dentro de mí. Sin embargo, decidió enfrentar la situación con palabras cortantes, una pequeña arma contra la crueldad despiadada. –Al menos ella tiene a alguien enamorado, en cambio, ustedes tienen que andar rogando– respondo con un deje de malicia y desdén, tratando de equilibrar la balanza de la injusticia con palabras punzantes.

–Mejor me voy, no vaya a ser que crean que caí tan bajo como para salir con alguna de ustedes– añado con un tono de desdén final antes de alejarme rápidamente, dejándolas perplejas ante mi desafío a su superioridad superficial.

Capítulo 3 PUNTOS DE QUIEBRE: SILENCIOS HERIDOS

Narra Jasón

El tedio de las horas de clase se disipó lentamente, marcando el final de la jornada cuando el timbre, como un susurro liberador, resonó en los pasillos. Los alumnos se dispersaron, algunos hacia sus hogares y otros hacia las residencias estudiantiles. Reconocí mis pertenencias con el dulce sonido de la música inundando mis oídos a través de los auriculares. Era mi ritual cotidiano, preparándome para el trayecto a casa.

Como de costumbre, me encontraba unos metros detrás de Luz, puesto que mi anhelo silencioso es ser su sombra protectora. Sin embargo, algo alteró la rutina cuando, a varias cuadras de distancia, noté cómo se desviaba hacia un callejón solitario.

Un presentimiento inquietante me llevó a seguir sus pasos, manteniéndome en las sombras para no ser descubierto. Fue entonces cuando presentí algo que sacudió mi percepción de ella. Luz, quien siempre había sido la imagen de la serenidad, prendió un cigarrillo, pero no uno común y corriente.

Perplejo, observo cómo inhalaba algo más que humo. Al examinar más de cerca, mi corazón se hundió al reconocer lo que sostenía entre sus dedos temblorosos: era marihuana.

La sorpresa y el desconcierto se mezclaron en mi mente, provocando un torbellino de emociones. ¿Qué llevó a Luz a este callejón oscuro y a recurrir a la marihuana? ¿Había algo más en su vida que yo no había notado?. Mis pensamientos giraban como una espiral, incapaz de asimilar lo que mis ojos presenciaban.

La imagen de la aparente fragilidad de Luz, envuelta en esa nube tóxica, atormentaba mis pensamientos. ¿Debía confrontarla? ¿O debería respetar su privacidad y la distancia que claramente buscaba? La lucha interna entre la preocupación y el respeto por su espacio personal se agitaba dentro de mí mientras observaba en silencio, atrapado en un dilema moral que parecía no tener una respuesta clara.

Un desgarrador nudo se formó en mi estómago al ver a Luz, el amor de mi vida, sumergirse en ese oscuro mundo de drogas. La incredulidad se mezclaba con la urgencia de actuar, aunque supiera que enfrentarla no sería fácil. Decidí dar ese paso, incluso si sus palabras fueran dardos que atravesaran mi corazón. –¿Luz?– pregunté, con un susurro tembloroso en el aire enrarecido del callejón.

–¿Qué quieres ahora? ¿Por qué me sigues de nuevo? ¿Acaso no entiendes que no me gusta que me molestes?– dijo con furia, elevando el tono de voz, su ira vibraba en el aire y el enojo se reflejaba en sus ojos.

–Luz, solo quiero ayudarte–rogué, cada palabra temblorosa con la sinceridad de mi desesperación. –Por favor, déjalo, no vale la pena– supliqué, con la esperanza de que mi súplica lograra penetrar esa coraza que había erigido alrededor suyo.

–¿Qué demonios sabes tú sobre lo que vale o no?– Indago con su mirada llena de desafío, la cual por lo que siento, parece querer atravesarme. Sus palabras son como cuchillas, hiriendo más allá de lo físico. La amargura se deslizó por sus labios mientras me señala con un gesto de desdén. –Eres simplemente un niño mimado, todo te ha sido entregado en bandeja. ¿Te das cuenta de que abandonas a quienes más te necesitan?– sus palabras golpearon mi conciencia con unas palabras que me hizo tambalear. –Ayudarme... ¿de verdad piensas que voy a creer que eso es lo que buscas?– La ironía baila en sus palabras. –Solo buscas destrozarme– dijo con un tono que retumbó en mi alma, resonando con una amargura que me hizo sentir impotente.

–Luz, por favor, detén esas palabras– Le ruego, aunque se que mi súplica apenas deja una huella en su dolor. La angustia me estruja por dentro, pero ella parece inmersa en una oscuridad que la aleja de mi preocupación.

–¡Exijo que te marches ahora mismo!. No busco ni necesito ayuda, no la merezco– exclama, empujándome hacia atrás con una fuerza que refleja la fragilidad de su espíritu. Me quedo en silencio, aturdido por el aluvión de groserías y maldiciones que brotan de sus labios. La imagen de Luz, ahogada en su propio abatimiento, me perfora el corazón. Nunca la había escuchado pronunciar palabras tan devastadoras sobre sí misma.

–¿Por qué, Luz? ¿Qué te sucede?+ pregunto con desconcierto, luchando por comprender el abismo de dolor en el que se halla sumida. Mis ojos reflejan el desconcierto, mientras el deseo de comprender su tormento late en cada latido.

–Confía en mí, por favor– le ruego con voz quebrada, al borde del llanto. Anhelo desesperadamente ser su apoyo, recuperar esa conexión que una vez nos unió en la alegría y la complicidad. El peso de su sufrimiento me envuelve, mientras mis palabras se convierten en una súplica por acceder a su mundo, por hallar una fisura en su armadura para ofrecerle consuelo. Pero, en medio de su desesperación, Luz parece haberse encerrado en un caparazón impenetrable, uno que me dejaba desolado por mi incapacidad para ayudarla a encontrar la luz que alguna vez brilló en su mirada

Las palabras cortantes de Luz se clavan en el aire, llenas de sarcasmo y desprecio. –¿Confiar en ti... en serio?– Se burla con una risa amarga. –¿Confiar en ti?– repite con un grito, dejando un breve silencio cargado de odio mientras me fulmina con la mirada. –No confío en nadie, mucho menos en alguien como tú– me desafía, dejando que sus palabras resuenen con amargura. La tristeza asoma en su rostro mientras habla de la inutilidad de la confianza, de cómo solo conduce al dolor y al abandono. –Cuando confías, te usan y luego te desechan como si no valieras nada–sentencia con una mezcla de pesar y desesperación. –Escúchame, niñato– arremete con dureza, su voz retumbando con una determinación feroz. –No necesito ayuda, no quiero amigos, no necesito a nadie cerca. Solo deseo estar sola– exclama con frialdad, helando mis intentos por acercarme a ella. Su despedida es una bofetada dolorosa, una puerta cerrada con fuerza que deja el eco de su angustia resonando en el aire.

–Luz, no sigas así+ ruego, aferrándome a su brazo en un intento desesperado de detenerla, de hacerle ver que no está sola en su tormento. Pero su reacción es tajante, liberándose de mi agarre con violencia. Su mirada, cargada de odio, me perfora el alma, dejándome atónito y solo, con la crueldad de sus palabras martilleando mi corazón.

No puedo negar el dolor que esas palabras me causan, pero sé que algo la atormenta profundamente. Comprendo que atraviesa un momento oscuro y desgarrador. Por eso, a pesar de todo, seguiré luchando por su felicidad, porque bajo su armadura de frialdad y rechazo, sé que yace una persona herida que necesita ser sanada.

Narrador Omnisciente

Luz se echa a correr, como si cada zancada fuera un intento desesperado por alejar a Jason, cuyas palabras resuenan en su mente y encienden su ira. No permitirá que él se acerque, fingiendo interés en su bienestar cuando su mera presencia la hiere más de lo que puede soportar.

–Que estúpido... ¿cree que voy a caer en sus juegos?– murmura entre dientes, desahogando su frustración al patear una botella descuidada en el suelo, canalizando su ira en ese objeto inerte. "Está muy equivocado si piensa que voy a permitir que me juzgue todo el tiempo", añade, su voz tintineando con un deje de amargura, mientras desbloquea la puerta de su hogar con manos temblorosas.

Al llegar, ignora cualquier intento de saludo y se dirige directo a su cuarto, su santuario. Se encierra entre las paredes de ese espacio, evitando a toda costa cualquier interacción con el mundo exterior. Su padre, quien la observa llegar, siente el impulso de abordarla, de romper ese muro que ella misma ha construido, pero la sombra de la desesperación que refleja su rostro le detiene. Prefiere guardar silencio, consciente de que ella solo lo ignorará.

Roger, su padre, se sumerge en el laberinto de pensamientos, tratando de desentrañar los nudos de la transformación de su hija. ¿Es acaso la pérdida de su madre en aquel trágico accidente la raíz de este cambio? Es solo una conjetura, una sospecha que lo carcome. Sabe que debe hablar con ella, desenterrar esos dolores enterrados que le pesan tanto, pero el peso emocional lo paraliza. Entonces, opta por refugiarse en el trabajo, escapando momentáneamente de esa tarea pendiente que lo consume, sabiendo que tarde o temprano, tendrá que enfrentar esa conversación ineludible.

La habitación de su hermana resuena con melodías tranquilas, una escena que, paradójicamente, llena de alivio a Luz. Es ese pequeño ser el motivo por el cual ella lucha cada día, una razón para aferrarse a la vida y evitar que la oscuridad la envuelva por completo. No puede soportar la idea de que su sufrimiento afecte a su hermana de alguna manera.

Sin embargo, la oscuridad persiste en su mente, envolviéndola en una sombra constante. A menos de un mes para cumplir veintidós años, sostiene la creencia sombría de que todo cambiará drásticamente. Un plan oscuro y desesperado se cierne sobre ella, una solución trágica que espera poner fin a su agobiante dolor.

Sintiendo la necesidad urgente de liberar ese dolor que la agobia, se encierra en el baño, desenterrando una navaja, su aliada en la lucha contra los tormentos internos. Uno, dos, tres, cuatro, cinco cortes profundizan en su piel, el flujo de sangre parece aliviar el peso de las heridas invisibles que la agobian. –Sal de mi cabeza– susurra, viendo cómo la sangre fluye, anhelando desesperadamente escapar del tormento que la persigue sin tregua.

Cuando finalmente sus brazos dejan de derramar ese líquido rojo, envuelve las heridas con cuidado, cubriéndolas con vendajes para ocultarlas de la mirada de su padre. Se pone un pijama de mangas largas para disimular las marcas y se recuesta en su cama, anhelando descansar aunque sea por unas pocas horas. La oscuridad la consume, ruega por un descanso eterno, sabiendo que el sueño no le concederá tregua y tendrá que enfrentar la rutina de clases a pesar de su agotamiento emocional.

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