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Encuentro Amor Verdadero en Mi Segunda Vida

Encuentro Amor Verdadero en Mi Segunda Vida

Autor: : Xiao Ye Ai Zhuo Yao
Género: Romance
Estaba a punto de casarme con Máximo Castillo, el hombre que creí que me había salvado y a quien amaba ciegamente, ignorando todas las advertencias. En la notaría, justo antes de firmar nuestros papeles, él recibió una llamada. Era Sasha, la hija del ama de llaves, que supuestamente intentó suicidarse; Máximo salió corriendo, dejándome sola con mi acta de matrimonio sin firmar. Esa misma noche, su mensaje llegó: "Sasha me necesita, me casaré con ella. Tú puedes ser mi amante, la segunda". La humillación me invadió como un veneno frío al darme cuenta de que mi amor por él había muerto. Un mes después, en una gala benéfica, Máximo y Sasha nos exhibieron su descarada pasión y me intentaron humillar públicamente. Su clímax fue cuando Máximo me abofeteó frente a toda la élite de Bogotá, una bofetada que paradójicamente, me liberó de una deuda falsa. Pero la humillación no terminó ahí: destruyeron mi anillo de bodas y la última creación de mi madre, mi vestido de novia. No entendía por qué, después de cinco años, la verdad era un acto tan cruel, tan lleno de avaricia y desprecio que iba más allá de la traición personal. Justo cuando Máximo planeaba anunciar su compromiso y tomar mi herencia en mi fiesta de cumpleaños, la "niña rica mimada" se transformó. Esa noche, subí al escenario y anuncié mi boda secreta con Ivan Lawrence, mi amigo de la infancia, y revelé la verdad de cómo Máximo me había usurpado el mérito de mi "salvación". ¿Qué sucede cuando el hombre que creí que te salvó es el mismo que te condena, y el héroe real se mantuvo en silencio hasta el momento justo? Esto es la historia de cómo una mujer destrozada por el amor y la traición encuentra la fuerza para reclamar su vida, su verdad y su destino.

Introducción

Estaba a punto de casarme con Máximo Castillo, el hombre que creí que me había salvado y a quien amaba ciegamente, ignorando todas las advertencias.

En la notaría, justo antes de firmar nuestros papeles, él recibió una llamada.

Era Sasha, la hija del ama de llaves, que supuestamente intentó suicidarse; Máximo salió corriendo, dejándome sola con mi acta de matrimonio sin firmar.

Esa misma noche, su mensaje llegó: "Sasha me necesita, me casaré con ella. Tú puedes ser mi amante, la segunda".

La humillación me invadió como un veneno frío al darme cuenta de que mi amor por él había muerto.

Un mes después, en una gala benéfica, Máximo y Sasha nos exhibieron su descarada pasión y me intentaron humillar públicamente.

Su clímax fue cuando Máximo me abofeteó frente a toda la élite de Bogotá, una bofetada que paradójicamente, me liberó de una deuda falsa.

Pero la humillación no terminó ahí: destruyeron mi anillo de bodas y la última creación de mi madre, mi vestido de novia.

No entendía por qué, después de cinco años, la verdad era un acto tan cruel, tan lleno de avaricia y desprecio que iba más allá de la traición personal.

Justo cuando Máximo planeaba anunciar su compromiso y tomar mi herencia en mi fiesta de cumpleaños, la "niña rica mimada" se transformó.

Esa noche, subí al escenario y anuncié mi boda secreta con Ivan Lawrence, mi amigo de la infancia, y revelé la verdad de cómo Máximo me había usurpado el mérito de mi "salvación".

¿Qué sucede cuando el hombre que creí que te salvó es el mismo que te condena, y el héroe real se mantuvo en silencio hasta el momento justo?

Esto es la historia de cómo una mujer destrozada por el amor y la traición encuentra la fuerza para reclamar su vida, su verdad y su destino.

Capítulo 1

El día que mi amor por Máximo Castillo murió, el cielo de Bogotá estaba despejado, casi burlonamente brillante. Estaba sentada en la fría silla de cuero de la oficina del notario, con los papeles de nuestro matrimonio civil extendidos sobre la mesa de caoba. Llevaba cinco años esperando este momento, cinco años creyendo que él era mi salvador, el hombre que me rescató de un secuestro en mi adolescencia.

Mi padre, el dueño de un imperio de café y esmeraldas, me había advertido. Mis amigos me habían suplicado. Pero yo estaba ciega, sorda a todo menos a la devoción que sentía por él.

Máximo estaba a mi lado, impaciente, revisando su reloj. Su familia, unos "nuevos ricos", dependían por completo del favor de los Salazar. Su estatus, su coche, su ropa, todo lo pagaba mi apellido.

Justo cuando el notario nos pidió las firmas, su teléfono sonó.

Vi el nombre en la pantalla: Sasha.

La hija de la ama de llaves de su familia. La chica "pura" e "independiente" que él admiraba en secreto, mientras a mí me despreciaba por ser una "niña rica mimada".

Máximo contestó, su rostro se transformó en una máscara de pánico.

"¿Qué? ¿Sasha? ¿Qué dices? ¡No hagas ninguna tontería! ¡Voy para allá ahora mismo!"

Colgó y me miró, sin una pizca de disculpa en sus ojos.

"Sasha intentó suicidarse. Tengo que ir."

No esperó mi respuesta. Salió corriendo de la notaría, dejándome sola con los papeles sin firmar y la mirada compasiva del notario.

El amor no muere con un estallido, muere con el silencio. El mío se desvaneció en el eco de sus pasos apresurados.

Esa noche, no hubo llamadas, no hubo mensajes. Solo el vacío. Hasta que una notificación iluminó mi teléfono. Era una publicación de Sasha en Instagram. Una foto de ella, en la cama de un hospital, con una sonrisa triunfante y la mano de Máximo sosteniendo la suya.

Minutos después, llegó su mensaje.

"Luciana, sé comprensiva. Sasha me necesita ahora. Me casaré con ella, pero no te preocupes. Puedes ser la segunda, mi amante. Una vez que tome el control de los negocios de tu padre, prometo que iré a visitarte a menudo."

Leí el mensaje una, dos, tres veces. La humillación era un veneno frío que se extendía por mis venas. El amor, la devoción, todo se convirtió en cenizas.

Con una calma que me sorprendió a mí misma, borré su número. Luego, busqué en mis contactos un nombre que no había marcado en años.

Ivan Lawrence.

Mi amigo de la infancia. El heredero de otra de las grandes familias de Bogotá. El hombre que siempre me había amado en silencio.

Contestó al primer tono.

"¿Luciana?"

"Ivan", dije, mi voz firme, "necesito un favor. ¿Estás libre para casarte conmigo?"

Hubo un silencio. Luego, una respuesta simple y sólida como una roca.

"Siempre."

Esa misma noche, en secreto, firmé los papeles de matrimonio con Ivan Lawrence.

Capítulo 2

Un mes después, el Country Club de Bogotá celebraba su gala benéfica anual. Era el evento social del año, un mar de vestidos de diseñador y joyas deslumbrantes. Yo llegué sola, con un vestido sencillo y una determinación de hierro.

No tardé en verlos. Máximo y Sasha, en el centro de la pista de baile, besándose con una pasión descarada, como si quisieran que todo el mundo los viera. Los amigos de Máximo, los mismos que antes me adulaban, ahora me miraban con burla.

"Ahí está la perrita faldera", susurró uno.

"Pensé que se escondería para siempre", dijo otro.

Máximo me vio. Se separó de Sasha y se acercó a mí, con una sonrisa arrogante.

"Vaya, vaya. Así que decidiste salir de tu cueva. ¿Estás jugando a hacerte la difícil? No te queda bien."

Me agarró del brazo, su toque me produjo un asco profundo.

"Pórtate bien esta noche. Quédate aquí de pie y paga por todo lo que Sasha quiera en la subasta. Demuéstrame que todavía sabes cuál es tu lugar."

Sasha se acercó, envuelta en un vestido de alta costura que yo sabía que había sido pagado con el dinero de mi familia. Me miró con falsa compasión.

"Luciana, querida. Deberías aprender a ser más independiente, a trabajar duro por lo que quieres, como yo. No puedes depender siempre de tu apellido."

La ironía era tan espesa que casi podía tocarla. Me solté del agarre de Máximo con un movimiento brusco.

"No, gracias."

Los ignoré y me senté en una mesa apartada, en un rincón oscuro. La confusión en el rostro de Máximo fue mi primera pequeña victoria. Esperaba lágrimas, súplicas. No obtuvo nada.

La subasta comenzó. Máximo, decidido a humillarme, pujó de forma extravagante. Un collar de diamantes para Sasha. Unos pendientes de zafiros. Un brazalete de platino. Cada vez que el martillo caía, él me miraba, esperando mi reacción.

Yo permanecí impasible, bebiendo mi agua con gas.

Solo pujé una vez. Por un reloj de lujo para hombre, una pieza clásica y elegante de Patek Philippe.

"¡Vendido a la señorita Salazar!", anunció el subastador.

Máximo sonrió, creyendo que el reloj era para él, una ofrenda de paz.

Pero el reloj no era para él. Era un regalo para mi esposo, Ivan.

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