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Encuentro con mi Novio en La Boda de Mi Amiga

Encuentro con mi Novio en La Boda de Mi Amiga

Autor: : Autumn Breeze
Género: Urban romance
El aire de Sevilla olía a azahar y a traición. Era el día de la boda de mi mejor amiga, Isabel. Y él era el novio. Javier, el hombre que desapareció hace tres años, llevándose mi vida con él, estaba allí, casándose con mi "mejor amiga". Mi copa de vino casi se cae; el mundo se detuvo. Isabel me lo presentó con una sonrisa radiante, mientras él me miraba como a una total extraña. Luego, soltó la bomba: "Lo rescaté de la quiebra. Tuvo que alejarse de todo, especialmente de una exnovia que lo acosaba sin piedad. Una obsesiva, pobre hombre. Esa era yo." La amiga que secó mis lágrimas, que me consoló durante tres años, era la misma que me había mentido y complotado a mis espaldas. Sentí que el suelo se abría, mientras Javier pasaba a mi lado con indiferencia, como si yo fuera un mueble. Detrás de una columna, lo escuché decir: "Sí, es ella. La loca. Sigue obsesionada. Rota. ¿Quién querría estar con alguien así?" La humillación me quemó por dentro. Mis muñecas, con las cicatrices de una noche de desesperación de hace un año, ardían. Un año, mientras yo luchaba por respirar, ellos planeaban su boda en España en secreto. ¿Cómo pude ser tan ciega? ¿Cómo mi mejor amiga pudo traicionarme así, mientras yo llegaba al hospital por intentar apagar el dolor de su ausencia, de SU silencio? No pude más. Esa noche, marqué un número que no usaba en años. "Quiero volver a casa. Dile a papá que acepto el compromiso. Conoceré a ese hombre." Bloqueé a Javier y a cada falso amigo, dejé las llaves y tomé el último tren lejos de la tumba de mi amor. Se acabó la espera, se acabaron las mentiras.

Introducción

El aire de Sevilla olía a azahar y a traición.

Era el día de la boda de mi mejor amiga, Isabel.

Y él era el novio.

Javier, el hombre que desapareció hace tres años, llevándose mi vida con él, estaba allí, casándose con mi "mejor amiga".

Mi copa de vino casi se cae; el mundo se detuvo.

Isabel me lo presentó con una sonrisa radiante, mientras él me miraba como a una total extraña.

Luego, soltó la bomba: "Lo rescaté de la quiebra. Tuvo que alejarse de todo, especialmente de una exnovia que lo acosaba sin piedad. Una obsesiva, pobre hombre. Esa era yo."

La amiga que secó mis lágrimas, que me consoló durante tres años, era la misma que me había mentido y complotado a mis espaldas.

Sentí que el suelo se abría, mientras Javier pasaba a mi lado con indiferencia, como si yo fuera un mueble.

Detrás de una columna, lo escuché decir: "Sí, es ella. La loca. Sigue obsesionada. Rota. ¿Quién querría estar con alguien así?"

La humillación me quemó por dentro.

Mis muñecas, con las cicatrices de una noche de desesperación de hace un año, ardían.

Un año, mientras yo luchaba por respirar, ellos planeaban su boda en España en secreto.

¿Cómo pude ser tan ciega?

¿Cómo mi mejor amiga pudo traicionarme así, mientras yo llegaba al hospital por intentar apagar el dolor de su ausencia, de SU silencio?

No pude más.

Esa noche, marqué un número que no usaba en años.

"Quiero volver a casa. Dile a papá que acepto el compromiso. Conoceré a ese hombre."

Bloqueé a Javier y a cada falso amigo, dejé las llaves y tomé el último tren lejos de la tumba de mi amor.

Se acabó la espera, se acabaron las mentiras.

Capítulo 1

El día que volví a ver a Javier, el aire de Sevilla olía a azahar y a traición.

Habían pasado tres años. Tres años, dos meses y catorce días desde que desapareció sin dejar rastro, llevándose mi vida con él.

Y ahora estaba aquí, en la boda de mi mejor amiga, Isabel.

Él era el novio.

El mundo se detuvo. Mi copa de vino se tambaleó en mi mano, pero no cayó. El ruido de la fiesta, las risas, la música, todo se convirtió en un zumbido sordo y lejano.

Isabel, radiante en su vestido blanco, se acercó a mí, agarrándome del brazo con una alegría que ahora me parecía monstruosa.

"Sofía, ¿no es increíble? ¡Por fin lo conoces!"

No apartaba la vista de Javier. Él me miraba, pero sus ojos estaban vacíos, como si viera a una extraña.

"Te lo he contado todo, ¿recuerdas?", continuó Isabel, su voz un torrente de felicidad ignorante. "Lo encontré en su peor momento, al borde del abismo por la quiebra de su empresa. Un hombre roto. Lo rescaté, lo llevé a Argentina conmigo y lo ayudé a levantarse de nuevo."

Hizo una pausa dramática, apretando la mano de Javier.

"Tuvo que alejarse de todo, especialmente de una exnovia que lo acosaba sin piedad. Una obsesiva, pobre hombre. Pero míralo ahora, es un triunfador."

La exnovia obsesiva.

Esa era yo.

La amiga que la había consolado durante tres años, que secó mis lágrimas, que me animó a no perder la esperanza, era la misma que me lo había ocultado todo este tiempo.

Sentí que el suelo se abría bajo mis pies. Un sudor frío me recorrió la espalda. Las cicatrices de mis muñecas, recuerdo de una noche de desesperación un año atrás, parecieron arder bajo la manga de mi vestido.

Esa noche, cuando creí que no podía más con la incertidumbre, cuando la ausencia de noticias me ahogaba.

Un amigo de la familia, uno de los que antes me llamaba "cuñada", me dio una palmada torpe en el hombro.

"Sofía, tienes que pasar página. La vida sigue."

Sus palabras eran huecas, inútiles. Justo en ese momento, Javier se acercó. No a mí. Pasó a mi lado como si fuera un mueble más en la sala.

Su mirada era fría, distante. El hombre que me había prometido amor eterno en el Rocío, el que conocía cada rincón de mi alma, ahora me miraba con la indiferencia que se reserva para un desconocido.

Lo vi acercarse a Isabel, besarla con una ternura que una vez fue mía. La forma en que su mano se posaba en su cintura, la sonrisa que le dedicaba. Todo era un puñal directo a mi corazón.

Me sentí invisible, un fantasma en la fiesta de la vida de los demás.

Me escondí detrás de una columna, intentando respirar. Fue entonces cuando lo oí hablar con un amigo.

"Sí, es ella. La loca. Sigue obsesionada. Rota. ¿Quién querría estar con alguien así?"

La humillación me quemó por dentro. La rabia y el dolor luchaban por salir.

Llegó el momento del "sí, quiero". Se besaron. Todos aplaudieron.

Y yo también aplaudí.

Fue un aplauso lento, sonoro, desafiante. Mis ojos se encontraron con los suyos a través de la multitud. Por un instante, vi un destello de algo en su mirada, ¿culpa?, ¿sorpresa? Pero desapareció tan rápido como llegó, reemplazado por una fría advertencia.

Saqué mi teléfono, mis dedos temblaban.

"Te maldigo a no encontrar nunca el amor verdadero."

Envié el mensaje. Una estupidez, lo sé. Un grito desesperado en el vacío.

Me fui de allí sin despedirme de nadie. Caminé por las calles de Sevilla, la ciudad que había sido nuestro nido de amor y que ahora se sentía como una tumba.

Recordé su desaparición. La quiebra de su estudio de arquitectura. Su nota, diciendo que necesitaba espacio, que volvería. Recordé a su madre, pidiéndome que lo esperara, que yo era la única que podía salvarlo.

Y yo la creí. Esperé.

Mi teléfono vibró en mi mano. Era él.

Una sola frase, cortante y definitiva.

"Déjame en paz."

Llegué a mi apartamento, el que decoramos juntos, cada objeto elegido por él. Fui directa a mi joyero y saqué la medalla del Rocío. La tiré a la basura sin pensarlo dos veces.

El amor eterno se había acabado.

Capítulo 2

A la mañana siguiente, el timbre sonó con insistencia.

Eran ellos. Isabel y Javier.

"Sofía, cariño, no te fuiste ayer sin despedirte, ¿verdad? ¡Y no me has felicitado!", dijo Isabel, entrando como si nada.

Javier entró detrás, su presencia llenando el pequeño apartamento. Sus ojos recorrieron el espacio, deteniéndose en cada detalle que él había elegido. Su expresión era una mezcla de desdén y fastidio.

"Sigues viviendo aquí", dijo, no como una pregunta, sino como una acusación. "Rodeada de mis cosas. ¿No te cansas de tu propia obsesión?"

"¿Obsesión?", respondí, mi voz temblorosa de ira. "Esperé tres años. Tres años de mi vida buscándote, preocupada, pensando que te había pasado lo peor."

"Fue una autocompasión patética", espetó él, su crueldad me golpeó como una bofetada. "Yo seguí con mi vida. Tú deberías haber hecho lo mismo. Ahora, por favor, desaparece de la nuestra. Isabel no necesita este drama."

Isabel, que hasta entonces había permanecido en silencio, intervino.

"Javier, no seas tan duro. Sofía, tienes que entenderlo. Él necesitaba empezar de cero."

Entonces, ella soltó la bomba final, con una naturalidad escalofriante.

"Además, llevamos en España un año organizando la boda. Ha sido una locura."

Un año.

Había vuelto hacía un año.

El mismo año en que yo toqué fondo. El mismo año en que terminé en un hospital después de intentar quitarme la vida porque no podía más con la ausencia, con el silencio.

Mientras él elegía flores y trajes con mi "mejor amiga", yo luchaba por encontrar una razón para seguir respirando.

La revelación me dejó sin aire. El último vestigio de amor, la última excusa que mi mente podía inventar para su comportamiento, se hizo añicos.

No hubo más palabras. Los miré a los dos, a la pareja feliz, a los arquitectos de mi destrucción.

"Fuera", dije, mi voz apenas un susurro. "Fuera de mi casa."

Cuando se fueron, me quedé de pie en medio del salón, sintiendo el peso de cada mentira, de cada traición. Esta vida en Sevilla, construida sobre un amor falso y una amistad podrida, ya no era mía.

Cogí el teléfono y marqué un número que no había usado en años.

"Alejandro", dije cuando mi hermano contestó. "Soy yo."

Hubo un silencio al otro lado.

"Sofía... ¿estás bien?"

"Quiero volver a casa", dije, las palabras saliendo con una determinación que no sabía que tenía. "Acepto. Dile a papá que acepto el compromiso. Conoceré a ese hombre."

Esa misma noche, empaqué una sola maleta. Bloqueé a Javier, a Isabel y a cada uno de nuestros "amigos" en común. Dejé las llaves del apartamento en el buzón del casero.

Tomé el último tren a Jerez de la Frontera, dejando atrás tres años de espera y una vida de mentiras.

No fui a la fiesta de cumpleaños que Isabel había organizado para mí esa noche.

Que celebraran solos.

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