Por Evangelina
Estábamos en el colegio, en una reunión con todos los padres de los niños que comenzaban primer grado.
En general somos las madres las que vamos a ese tipo de reuniones, al menos dentro del colegio, porque esta institución, muchas veces nos citaban en el campo de deportes del colegio, los días domingo, para que participe toda la familia.
A veces eso es engorroso, sobre todo cuando los padres tenemos que trabajar en esos días, yo misma hice mil veces malabares cuando organizaban ese tipo de encuentros para el grado de Candela, mi hija mayor.
Nos vamos presentando los padres, muchos venimos de compartir el sector de jardín de infantes, por lo que nos conocemos bastante.
Hay quienes comienzan en primer grado porque vienen de otras instituciones.
-Buenas tardes, soy nueva en el colegio, me llamo Jimena y soy la mamá de Alejandro.
Dijo una chica muy simpática.
Le dimos la bienvenida.
-Hola soy Evangelina, me dicen Evi y soy la mamá de Leandro.
Dije yo.
-Hola soy Ingrid, la mamá de Pablo.
Se siguieron presentando las madres en general y en algunos casos también los padres.
Hicimos una actividad junto con nuestros hijos y luego ellos pasaron a su aula.
Solo faltaba una hora para que salgan del colegio, el primer día de clases salían una hora antes y entre las presentaciones y la actividad compartida, ya había pasado bastante tiempo.
-¿Vamos a tomar un café?
Me dijo Ingrid, éramos muy amigas, cómo hermanas y nuestros hijos también lo eran.
La conozco desde que éramos adolescentes, es más, ella eligió ese colegio para su hijo, por recomendación mía, ya que allí iba mi hija Candela.
Nuestra amistad siguió creciendo con los años.
Sin contestarle, pero siguiendo sus pasos, entramos ambas a un bar que estaba próximo al colegio.
Nos estábamos acomodando cuando entró la chica que se presentó como Jimena, madre de uno de los chiquitos nuevos.
Antes que se acomode en otra mesa, le hicimos una seña para que se acerque a nosotras, ella lo hizo con gusto.
Charlamos un rato, de temas triviales.
-También comenzó mi hija el en jardín de infantes, mi marido no quería que la cambie de jardín de infantes, porque hizo salita de tres años en otra institución, pero es una locura correr de un lugar a otro.
-Tenés razón, en general las que corremos somos nosotras y eso nos lleva a simplificar las cosas, a veces los hombres son más irracionales.
Digo yo, que sé bastante sobre eso, sobre todo últimamente, porque estoy pasando un momento bastante delicado con mi marido...con mi ex marido.
Nos separamos hace unos meses y venimos mal desde hacía algo más de un año, según él.
Él, en un principio no lo quiso reconocer, pero la realidad es que se le cruzó otra mujer y cuándo me quiso hacer cargo a mí de su situación, me enojé bastante.
No digo que sea un mal hombre, al contrario, siempre se comportó excelente conmigo y sé que me amó, tal vez demasiado, si soy sincera, creo que me amó más de lo que yo lo amé a él.
Tal vez fue eso lo que nos separó.
Yo lo quiero, le tengo un inmenso cariño y al estar alejados, me doy cuenta de lo que me duele su traición y de que lo amo mucho más de lo que creía.
Hubiera estado toda la vida a su lado.
Es caballero, dulce, amable...pero todo se extingue, es como la lluvia que borra todas las huellas que hay en el suelo.
Edgardo es un gran hombre, hizo de todo para enamorarme y aunque se merecía ser dueño de todo mi amor y toda mi pasión, no lo logró del todo, al menos eso pensaba cuando estábamos juntos.
Lo quiero, sí, pero nunca lo pude amar como él se merecía, siempre creí que todo lo que yo le brindaba era poco, que él se merecía más.
Me doy cuenta que estuve equivocada al pensar así, porque desde que nos separamos, me siento morir.
Por otro lado, nunca nos llevamos mal, no solíamos discutir, es un excelente padre, es un hombre maravilloso.
Pero a veces el corazón manda por sobre la razón.
Mi vida es complicada, o tal vez no tanto.
Tenía 17 años cuando conocí a un chico que me sacó el aliento, moría por él.
Me enamoré profundamente, era el sueño de mi vida.
Claro, era adolescente y me dejé llevar por el muchacho que me decía bellas palabras de amor y que físicamente era el hombre perfecto.
Pasé unos meses muy felices a su lado.
Hasta que descubrí que tenía un retraso y suponía que estaba embarazada, tuve mucho miedo y lo hablé con mi amiga Ingrid.
Ella me acompañó hasta una farmacia lejana, para comprar una prueba de embarazo.
Fuimos lejos por si nos cruzábamos con alguien en la farmacia del barrio o por si el farmacéutico le contaba a alguien lo que fui a comprar.
Recuerdo que tomamos un colectivo cuando salimos del colegio, ella le dijo a mi madre que venía a mi casa y yo le dije a la mía que iba a su casa.
Con eso ganamos tiempo y pudimos ir hasta otro centro comercial.
Escondí la prueba en mi mochila, mi madre no me revisaba lo que tenía dentro, se suponía que eran carpetas y libros del colegio.
Mi amiga fue a su casa y yo llegué a la mía.
Sentía que todos se iban a dar cuenta de lo que tenía guardado y que iban a descubrir mi secreto.
No fue así, cuando llegué, estaba mi hermano Darío con sus dos amigos, Edgardo y Franco.
Siempre sentía que la mirada de Edgardo me recorría el cuerpo, eran muchas las veces que lo descubría mirándome, pero él desviaba la mirada.
Esa tarde no fue la excepción.
Ellos estaban en el living de mi casa, en una mesa había un montón de apuntes, estaban preparando un examen, se estaban por recibir, los tres se hicieron muy amigos en la facultad, aunque Edgardo era del barrio, pero el colegio secundario al que fue era distinto al que fueron mi hermano y Franco, si bien iba al mismo colegio secundario que mi hermano, estaba en otra división, creo que en la escuela primaria sí iban al mismo grado.
No estoy muy segura, porque Darío me lleva 9 años y no recuerdo mucho de su colegio, pero sé que eran muy amigos.
-Hola hermanita, llegaste tarde.
Creo que me ruboricé.
-Pasé por la casa de Ingrid.
Le contesté con premura, mientras le daba un beso en la mejilla y lo despeinaba con mi mano.
Mi hermano se reía cuando hacía eso.
También saludé a sus amigos.
Sentí nuevamente la mirada de Edgardo sobre mí.
Pero él sólo me saludó.
Darío me hizo un chiste y siguió estudiando.
Yo me alejé, solo quería llevar la mochila hasta mi dormitorio.
No tenía baño dentro de mi habitación, por lo cuál tendría que ir con la prueba al baño que estaba en el pasillo.
Ese baño lo usábamos mis hermanos y yo.
Mi otro hermano no estaba, debía estar en la facultad, tenía 21 años y estaba estudiando abogacía, Yo me llevaba mejor con Dario, con Hugo, mi otro hermano, solíamos discutir bastante, me controlaba más que mi madre.
Por suerte en ese momento tenía novia y no se enteró que yo estaba saliendo con Sergio.
No sé si lo podría llamar mi novio, aunque yo lo sentía así.
Es que solo lo veía en la discoteca donde íbamos a bailar.
Lo veía casi todos los viernes y algunos domingos, solo dentro de la discoteca.
El tema es que los viernes estaban habilitados los reservados que permitían más intimidad, es decir que muchas parejas, aunque disimuladamente, porque los reservados no eran para ese fin, terminaban teniendo sexo allí.
Con Sergio no fuimos la excepción.
Yo era virgen, pero no me pude negarme a sus caricias cada vez más profundas y terminamos teniendo sexo allí, lo hicimos varias veces y muchas de ellas sin cuidarnos.
No era ni siquiera higiénico, porque entre ronda y ronda de sexo, ni nos enjuagábamos, pero era esa la oportunidad que teníamos de hacerlo.
Los domingos, en general, el promedio de edad que acudía a esa discoteca, era entre 16 y 20 años.
Los viernes se suponía que era a partir de los 18 años y la mayoría de los chicos no pasaban los 22 o 23 años.
En cambio los sábados por la noche el promedio de la gente que asistía, era entre los 25 a 30 años, por eso es que nosotras no íbamos los sábados.
Recuerdo como nos gustaba bailar solas con mis amigas, nos subíamos a una especie de tarima y bailábamos desde allí.
Hasta que esa prueba me dio positiva...
Entré al baño con la muestra, el prospecto lo había leído en mi dormitorio, mi madre estaba cocinando y mis hermanos no entraban a mi dormitorio.
Miré por unos minutos la prueba, hasta que me animé a hacerla.
No dejé de observar hasta que aparecieron las dos famosas rayitas.
No sabía qué pensar ni qué hacer.
Llamé a Ingrid.
Le hablé muy bajito, ella compartía su habitación con su hermana menor, Lola, que tenía 12 años, para nuestros 17 años, era una bebé.
Recién estábamos a martes, por lo que tenía que esperar hasta el viernes para ver a Sergio, no tenía agendado ni su número de teléfono.
Él nunca me pidió mi número yo no me animé a pedirle el suyo.
Cuándo bajé a cenar, ya había llegado Hugo y los amigos de mi otro hermano se habían ido.
Estaba ansiosa y muy nerviosa, comí poco, tenía un nudo en el estómago y un terror que me carcomía entera.
Con la excusa de que tenía un examen y tenía que estudiar, me encerré en cuanto pude, en mi dormitorio.
Esa noche casi no dormí.
Ingrid me acompañó mucho esos días.
No podía dejar de hablar de lo que me estaba sucediendo.
Por Evangelina
Llegó por fin el viernes y cuando me acerqué al sector en donde solía estar Sergio con sus amigos, no lo vi.
-Fue al baño.
Me dijo Fabián, uno de los chicos del grupo.
Estuve dando vueltas cerca del grupo y como tardaba decidí ir al baño de damas, no sabía porqué, pero tenía ganas a cada rato de hacer pis, creo que era psicológico, solo quería fijarme si por obra y gracia del señor, me había indispuesto.
Volví del baño y no vi a Sergio, tampoco veía a Ingrid, me pareció que había ido hacia el lado de los reservados con su novio.
Me dirijo hacia allá y cuando la veo en uno de los sillones, los que estaban a la vista, no los que solían usarse cuando tenías relaciones, esos estaban atrás, donde apenas llegaba la luz y había más espacio entre sillón y sillón, mi mirada se desvió hacía ese lugar...
No estaba segura, pero me pareció que allí estaba Sergio, besándose o teniendo relaciones con otra chica.
Mi corazón latía a mil...
Me acerqué hasta esa pareja, rogando equivocarme.
Ingrid me vio pasar y dejó de besarse con su novio, venía detrás mío, sin saber porque me dirigía sola, hacia esos reservados.
No me equivoqué...allí estaba él, y la chica, que tenía una pollera amplia...estaba sentada sobre él...
Estaban teniendo sexo.
Cuando él me vió, desvió la mirada y siguió en lo suyo.
Me acerqué furiosa.
-¡Pedazo de hijo de puta!
Le grité.
-¿Qué te pasa loca de mierda?
-Soy tu novia.
Le digo, dándome cuenta que para él nunca lo fuí.
-No, no lo sos.
La chica se acomodó la ropa y se sentó correctamente.
Él tenía su miembro al aire y se lo guardó enseguida.
-¡SOS UNA MIERDA!
Le grité furiosa.
Le di un cachetazo, donde descargué parte de mi odio.
La chica que estaba con él se había ido, no creyó cuando él le dijo que yo no era su novia.
Yo también me alejé de él, sin decirle que estaba embarazada.
Fui al baño, lloraba a mares, él no me consideraba su novia, a pesar que desde hacía más de tres meses que estábamos juntos y yo lo amaba.
Para mí era todo mi universo, hubiera caminado descalza sobre espinas, si él me lo pedía y era más o menos lo que estaba haciendo en ese momento.
Me hizo pedazos.
No podía callar mi llanto y no solo por el dolor de encontrarlo con otra, de palpar su traición, sino porque tenía a su hijo en mi vientre.
Si hubiera disimulado, si me hubiera pedido perdón...
Ni siquiera hizo eso, yo había caído en su red, me había convencido de tener relaciones sexuales...
Cuando se cansó de mí, me cambió por otra, ni siquiera tuvo la decencia de decir que nosotros ya no seguiríamos juntos.
A pesar de todo yo lo hubiera perdonado, si él me hubiera pedido perdón, pero me siguió humillando y me dijo que no teníamos nada.
Me clavó mil espadas en mi corazón.
Suspiro mirando a Ingrid.
Me dejé llevar por mis recuerdos y no tengo idea qué estaban hablando mi amiga y la mamá del nuevo chiquito del grado de mi hijo.
-Definitivamente es un colegio maravilloso, no me arrepiento, por ahora, de haberlos cambiado de institución.
Dijo Jimena.
Estarían hablando del colegio.
-Chicas, me voy, que mi niña sale en cinco minutos, gracias por permitirme unirme a ustedes.
-Bienvenida a bordo.
Le dije con una sonrisa.
Cuándo se fue nos quedamos charlando 10 minutos más con mi amiga y luego fuimos a buscar a nuestros niños.
Salieron bastante eufóricos.
Era toda una revolución para ellos, ya eran grandes, había quedado atrás el jardín de infantes, al menos así lo expresaron y creo que tenía que ver con lo que habían hablado con la docente.
Al llegar a casa nos estaba esperando mi ex marido.
Mis hijos saltaron sobre él.
Debo decir que si bien lo extrañaban mucho, sobre todo por las noches, él no dejaba de verlos casi todos los días.
Nosotros nos seguíamos llevando bien.
Creo que la única vez que discutimos fue cuándo decidimos separarnos, toda esa semana fue catastrófica.
Muchas veces me da la sensación que está arrepentido, pero nunca me dijo que quería volver, a lo mejor su orgullo no le permitía regresar.
Él sabía perfectamente que yo tenía en claro que me había sido infiel, a pesar de todo el amor que siempre juró tenerme.
No sé si sigue saliendo con la mujer por la cual nos separamos.
Hacía dos semanas que teníamos que hablar sobre los papeles de divorcio y ambos estamos postergando hablar del tema.
Supongo que es doloroso para los dos.
Es que en ese momento creí que a pesar de no amarlo con locura, lo quería muchísimo y sobre todo, lo respetaba.
Mi cariño por él era inmenso.
También le estaba agradecida, aunque no sé si esa era la palabra.
De todos modos, hace meses que todo cambió.
Él decidió separarse.
Al principio fueron muchas las excusas, es que comenzó a llegar tarde, a tener partidos de fútbol con amigos imaginarios o reuniones de trabajo que eran inventadas.
Creo que todo comenzó cuando decidimos comprar la casa quinta en donde vivimos con hijos.
No estamos alejados, es otro sector del barrio, donde todas las casas son enormes, más bien sus terrenos lo son.
Yo trabaja en la administración de un shopping bastante importante, pero perdió un juicio, ya que el terreno en donde se hallaba no era de su propiedad, creo que había sido expropiado en cierta época oscura de nuestro país y luego de tres décadas, volvió a sus antiguos propietarios, que era una entidad importante.
El tema es que hacía casi 10 años que yo trabajaba allí y al ser despedida, por la categoría y la antigüedad que tenía, cobré una excelente indemnización, como la mayoría de los empleados eligieron hacerles juicio, a los que nos fuimos por nuestra voluntad, nos duplicaron la indemnización.
Yo no lo pensé dos veces.
Era una pequeña fortuna lo que tuve en mis manos.
Fue allí cuando compramos la casa quinta.
Era bastante grande, con piscina, vestidores, una cancha de fútbol cinco y una de básquet, no profesional, se entiende, aparte tenía un quincho enorme.
La vivienda estaba apta para mudarse inmediatamente.
De todos modos cuando la compramos decidimos hacerlo como una inversión, a mí se me ocurrió que podíamos alquilarla para eventos.
Hicimos unas reformas y comenzamos a alquilarla, no el sector de la casa, que hasta tenía otra entrada, inclusive la entrada era por otra calle.
El predio era un cuarto de manzana, o tal vez un poco más.
Estaba ubicada en una esquina y llegaba por ambos lados pasando la mitad de cuadra.
El acceso para llegar allí era inmejorable.
Compramos muebles, vajillas y todo lo necesario para brindar un excelente servicio y se transformó en un lugar de eventos bastante solicitado.
Mi ex marido es ingeniero en sistemas y en realidad yo ni siquiera hubiese tenido la necesidad de trabajar, pero no me iba a quedar cruzada de brazos en mi casa.
Pronto, los viernes, sábados y domingos teníamos que trasladarnos a la quinta porque estaba alquilada, aunque contábamos con bastante personal para cubrir cada evento que allí se festejaba.
Comodidades en la casa había, muchas, solo que los niños cuándo estaba alquilado el predio, no podían mezclarse con la gente que asistía a dichos eventos, pero ese no era un problema.
La casa estaba aislada del resto del parque y nadie tenía acceso a ella.
Nosotros estábamos acostumbrados a cenar afuera y muchas veces dejamos eso de lado por estar al cuidado de los eventos.
Eso comenzó a desgastar nuestro matrimonio, o tal vez ya veníamos mal, no lo sé.
La quinta, del colegio de mis hijos estaba a 20 minutos de viaje en auto, no era tanto.
De todos modos, nosotros vivíamos en la casa que había sido de mis suegros, que estaba ubicada, también a unos 20 minutos del colegió, pero hacia el otro lado, es decir que de la quinta, vivíamos a 40 minutos en auto, no era una distancia muy larga.
La empresa en donde mi ex marido era uno de los gerentes, estaba un poco más lejos de la quinta, pero no más a una hora de viaje, siempre que el recorrido fuera en auto.
Un viernes, que había un evento, él me dijo que tenía una cena, que iba a casa, porque estaba cansado, ya que nosotros nos quedamos a dormir en la casa que estaba en la quinta.
Otro sábado me dijo que justo se encontraba con unos amigos a jugar un partido de fútbol, luego me llamó para decirme que se quedaba a tomar unas cervezas con sus amigos y que por eso no quería manejar hasta la quinta.
Hasta allí todo bien.
Luego se hizo rutina cuando había un evento que él se quedara en casa.
Un día en que se suspendió un evento a último momento, volví con los niños a mi casa.
No le avisé nada, él me había dicho que se quedaba trabajando, cerrando un proyecto, que estaba cansado y que en cuanto terminara de trabajar, iba a casa.
Lo cierto es que esa noche, ya de madrugada, llegó cerca de las 4 de la madrugada, con olor a perfume de mujer.
Yo estaba levantada y muy preocupada.
No lo quise llamar por si estaba manejando, aunque le había dejado varios mensajes, pero habían pasado varias horas de lo normal cuando él llegó.
Se puso histérico cuando me vio.
Los niños dormían.
Discutimos por primera vez y terminó por confesar que estaba viendo a alguien.
Me dolió muchísimo.
Nunca esperé esa traición de él.
Es verdad que jamás llegué a delirar hasta morir, eso pensaba hasta que dejé de dormir todas las noches en sus brazos, pero eso no tenía nada que ver, éramos una familia.
Nunca habíamos tenido problemas en nuestro matrimonio.
Yo contaba con él como él lo hacía conmigo.
A mí nunca se me hubiera ocurrido serle infiel.
Fue cuando pretendió decirme que por estar solo, se le cruzó otra mujer.
No estaba solo, más bien buscó estarlo cuándo dejó acompañarme con respecto a los eventos de la quinta.
Yo confiaba plenamente en él.
Fue uno de los peores días de mi vida, ese día recordé mucho el día que fui a decirle al padre de Candela que estaba embarazada y lo encontré con otra.
Discutimos bastante durante unos días.
Hasta que decidí ir a vivir con mis hijos a la quinta y él se quedó a vivir en la que había sido la casa de sus padres.
Por Evangelina.
-Hola Evi.
Me dice dándome un beso en la coronilla.
-Hola Edgardo ¿Cómo estás?
Porque sí, mi ex marido terminó siendo el amigo de mi hermano, ese que me comía con los ojos cuando era adolescente.
En esa época yo estaba mal, faltaban casi dos meses para que yo terminara el colegio secundario cuando me enteré que estaba embarazada.
Recuerdo que no podía más con mi alma, sufría porque sabía que cuándo se enterasen mis padres, me iban a colgar del poste más alto que encontrasen.
Pensaba que me esperaban tiempos muy duros.
Pasaron unas pocas semanas y yo pude guardar hasta ese momento mi secreto.
Mi hermano Darío se recibió en esos días, sus amigos también lo hicieron.
Todo era felicidad en mi casa y yo me sentía culpable, porque sabía que en cualquier momento arruinaba toda la armonía que existía, no solo eso, todo iba a ser un caos.
No tenía esperanza que Sergio, el padre de mi bebé se hiciera cargo, es que esa noche, la que le di el cachetazo en la discoteca, lo volví a ver cuándo estábamos
saliendo del lugar, no habíamos llegado a la puerta del lugar, cuándo nos vimos y él me dijo que jamás le volvería a dar un cachetazo, que aunque yo fuera una mujer, me lo iba a devolver y que esperaba no verme nunca más.
La seguridad del lugar lo escuchó y le dijo no muy amablemente que él no vuelva a poner un pie en esa discoteca.
No entendí, porqué de repente estaba tan enojado conmigo, porqué me cambió por otra chica y porqué, si yo me entregué con alma y vida y lo amaba como una loca, él no sentía lo mismo por mí.
Fui algunas veces más a bailar a ese lugar, luego ya dejé de ir a bailar.
Mi hermano hizo una reunión en casa, con los familiares más cercanos, luego fuimos todos a bailar, me refiero a mis hermanos y yo, en esa discoteca, no era la que yo solía ir, estaban también sus amigos.
En una de las pistas del lugar, pasaban lentos, yo estaba recorriendo el lugar porque no lo conocía, la mayoría de las personas que estaban allí, pasaban los 25 años y si bien eran jóvenes, no eran muy atractivos para mis 17 años.
Hasta hubo un show con unas bailarinas, que era demasiado desinhibido, es que terminaron bailando con sus pechos al aire.
Yo miraba todo y hasta tenía vergüenza, ellas estaban en un escenario.
Mi amiga Ingrid no estaba, por lo que yo no me terminaba de hallar.
De pronto alguien me agarra de la mano.
Era Edgardo.
Me llevó al medio de la pista, me acercó a su cuerpo.
Bailamos dos temas sin hablar.
Cada vez estábamos más cerca, más juntos.
-Sos hermosa.
Me dijo en el oído.
Noto que mira mi boca y sé que moría de ganas por besarme.
Pero no lo hace, al menos en ese momento.
Entre nosotros no cabía ni una hoja y comienzo a sentir en mi estómago su miembro caliente y de a poco siento que va cambiando su...anatomía.
-Muero por besarte.
Me dice.
Yo estaba temblando, pensando que era un chico divino y que me gustaba sentir que me deseaba.
Me estaba dejando llevar por su cuerpo.
Él comenzó a darme pequeños besos cerca de mi oído y con sus manos me recorría la espalda.
Sergio nunca había sido tan dulce conmigo.
Creo que fui yo quién se pegó más a él.
Fue cuando me besó, lo hizo con hambre.
Yo le devolví el beso.
Un gemido suyo murió en mi boca.
Estaba agitado y otro gemido salió de su garganta.
-Dios, sos menor y me estoy quemando por vos.
Se separó bastante de mí.
De la mano fuimos hasta un costado de la pista, pero luego él se alejó.
En ese momento me di cuenta que se había arrepentido por besarme.
Yo también caí en la cuenta que ni siquiera tendría que estar ahí, estaba embarazada...
Volví a casa con mis hermanos.
No se me ocurrió decirles que Edgardo me había besado.
Pensé que si no me hubiese enamorado de Sergio y sobre todo si no estaría embarazada, me hubiese encantado que Edgardo sea mi hombre, es que me habían gustado sus besos y me gustaba sentir su mirada en mi cuerpo.
Habían pasado unos días y yo no sabía cómo decirles a mis padres que estaba embarazada.
Se terminaron las clases y todos mis compañeros estaban eufóricos.
Yo tenía encima tantos problemas que ni siquiera sentía la tristeza o la amargura de no ver más a la mayoría de los chicos con los cuáles compartí los últimos seis años de mi vida, con algunos de ellos, incluso también habíamos estado juntos toda la escuela primaria.
Algunos éramos más amigos que otros, pero mi vida a partir de ese momento iba a ser muy distinta a la de la mayoría, por lo cuál ya no íbamos a compartir casi nada, solo lo iba a hacer con Ingrid, es que era mi mejor amiga y a ella la iba a seguir viendo.
Estaba sentada en el sillón, mirando la nada y pensando cómo le podría decir a mis padres que estaba embarazada, cuándo llegó Ingrid.
Sin hablar, se sentó en el sillón frente al mío.
Yo cada día estaba más asustada, ya tenía dos meses y medio de embarazo.
Ni siquiera escuché la puerta de calle, me sobresalté cuando entró mi hermano, lo hizo acompañado por su amigo, yo no lo había vuelto a ver desde el día en que me besó, en este momento tampoco reparé que estaba detrás de mi hermano.
-¡Chicas, que caritas!
Dice Darío.
Yo lo miré y mis lágrimas comenzaron a salir.
-Cielo ¿Qué pasa?
Dijo, sentándose a mi lado, mientras me abrazaba.
Yo lloraba, mientras lo abrazaba fuerte.
-¿Qué pasa?
Me volvió a preguntar.
-Perdón...
-¿Por qué?
Entre lágrimas, y con voz muy baja, cerca de su oído, se lo confesé.
-Estoy embarazada.
Se separó un poco, mirándome asombrado.
-¿Qué?
-Eso...estoy embarazada.
Dije llorando.
-Evangelina ¿De qué estás hablando? ¿Estás segura?
-Sí.
-¿Quién es el padre?
-Un chico con el que salía.
-¿Ya no salís con él?¿Lo sabe?
Niego con la cabeza.
-No lo sabe y no salgo con él.
Yo no dejaba de llorar, por lo que habló Ingrid.
-Cuando se lo fue a decir, lo encontramos con otra chica...teniendo relaciones en la discoteca en donde íbamos a bailar.
-¿Qué? ¿Dentro de la discoteca?
-Sí, solamente le di un cachetazo y no le dije nada.
-Voy a hablar con él.
Dijo muy firme mi hermano.
Cuando alcé la vista y vi a Edgardo, sentí mucha vergüenza.
-Es que...ese día lo volví a ver a la salida y...discutimos, lo echaron del lugar, más bien le pidieron que no vuelva nunca más por ahí...nunca volvió.
-Dame su número de celular.
-No lo tengo.
Mi hermano suspira con mucha bronca.
-Decime el nombre y el apellido, lo voy a rastrear de alguna manera.
-No sé el apellido.
-¿Sos tonta?
Me preguntó muy serio, nunca lo había visto tan enojado conmigo.
-¿En donde lo conociste?
Me pregunta al rato.
-En la disco donde vamos siempre.
Le contesta Ingrid.
-¿En donde más lo viste? Lo voy a rastrear.
-Nunca lo vi fuera de esa discoteca.
Le dije muy avergonzada.
Mi hermano estaba que trinaba.
Se levantó porque si no, me daba un cachetazo, creo que ganas no le faltaban.
Fue a la cocina, creo que a buscar algo para tomar.
Yo seguía llorando.
Edgardo se sentó a mi lado mientras me abrazaba.
Yo terminé abrazándolo muy fuerte y él me daba besos en la cien.
La madre de Ingrid la llamó por teléfono para decirle que no tarde, por lo que ella se fue y nos quedamos solo el amigo de mi hermano y yo.
-¿Lo querés?
-Sí.
Le dije con seguridad.
-¿Entendés que él no te quiere?
-Sí y me duele mucho, se cansó de mí y me negó como su novia.
-¿Cuántos años tiene?
-Creo que 22.
-Vos tenés 17, sos menor.
-Ya lo sé...
-¿Cómo se llama?
-Sergio.
-A partir de ahora es el nombre que más odio.
-No entiendo porqué vos odiarías ese nombre.
-Por vos...
En ese momento no supe por qué lo decía.
Se fue al rato.
Llegó mi otro hermano y también mi padre.
Mi mamá estaba cocinando y no se había enterado de nada.
Cenamos casi en silencio.
Darío estaba muy serio.
Cuándo ya habíamos terminado de cenar y antes de que se levanten los platos de la mesa, mi hermano comenzó a hablar.
-Ya que mi hermana no habla, voy a hacerlo yo, hoy me enteré de un asunto bastante grave que la señorita está ocultando desde hace dos meses y medio, al parecer no importa cuánto se le habló y cuánto la hemos cuidado.
-¿Qué querés decir, Darío?
Preguntó mi mamá.
-¿Lo decís vos o lo hago yo?
Me pregunta muy enojado.
-Lo digo yo.
-¿Qué sucede?
Pregunta Hugo y antes que comience a hablar, ya me está mirando con ojos acusadores.
Es insoportable.
-Estoy embarazada.
Confesé al fin.
Otra vez mil preguntas y mil retos.
Mi mamá lloraba, mi papá estaba mal, Hugo no dejaba de gritarme.
Ni sé en qué momento pude irme a mi cuarto.