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Entre Birras y Chelas II

Entre Birras y Chelas II

Autor: : A.San Martín
Género: Romance
SEGUNDO LIBRO DE ENTRE BIRRAS Y CHELAS Después de haberse conocido en Ibiza, Diego D'Angelo y Valle Sandoval se casaron en Las Vegas en contra de todos los pronósticos de sus familias. Para que Diego pudiese ganarse el favor de la familia de Valle, él llegó a un trato con su padre y debió pasar 6 meses en San Diego viviendo con ella y conociendo a su familia. Sin embargo, ahora es el turno de Valle de pasar 6 meses en Argentina con él, donde tendrá que adaptarse a una nueva rutina, ciudad y ritmo. Además de conocer la cultura, el país y a la familia de Diego, mientras debe aguantar a la fastidiosa de Sam que le trata de hacer la vida imposible. No obstante, Valle y Diego tienen algo muy claro, ya sea en San Diego o en Argentina, no dejarán de amarse y harán todo lo posible por vencer los obstáculos que esta nueva aventura les prepara. ¿Logrará su amor sobrevivir a esta nueva etapa? Registrada en SAFE CREATIVE Bajo el código: 2108118723106 TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS ©

Capítulo 1 PREVIO

ATENCIÓN: Leer primero el libro "Entre birras y chelas" antes de abordar este libro, ya que es la segunda parte.

Pueden encontrar el libro en este mismo perfil. Saludos.

Para más información vayan al IG: @dalsantoftmartinez

SEGUNDA PARTE DE "ENTRE BIRRAS Y CHELAS", CUIDADO SPOILERS PARA QUIÉN NO HA LEÍDO LA PRIMERA PARTE.

[Diego]

En San Diego cambié por completo, allá por 6 cortos meses fui esposo de tiempo completo, compañero, psicólogo, amante, cocinero, apoyo y desgraciadamente padre por un lapso corto de tiempo. Fui todo menos empresario, viticultor o personalidad. Allá era completamente anónimo, una persona normal que pocos conocían. Sin embargo, acá en Mendoza, no puedo salir sin que alguien me reconozca, también voy de reunión en reunión y a veces viajes de negocios que me mantendrán lejos de casa.

Ahora, he regresado a mi Argentina amada, a mí Mendoza, pero, soy un Diego nuevo, uno lleno de experiencias increíbles que han marcado mi vida y que sé jamás olvidaré. También, no regreso solo, lo hago con mi esposa, Valle Sandoval, quién ha venido hasta acá siguiendo mis pasos, tomando mi mano y alegrando mi vida con esa hermosa sonrisa que acompaña mis días desde hace meses atrás. Mi Valle es indispensable en mi vida, mi motor principal y la mujer con la que quiero envejecer.

A veces me parece una fantasía que nos hayamos conocido una noche en Ibiza, que, después de buscarla por meses, la haya encontrado en un restaurante en San Diego llamado "Casa Sandoval", y que hayamos vuelto a sentir esa conexión que sentimos desde el primer día. Valle y yo nos enamoramos, tuvimos citas inolvidables, nos casamos en Las Vegas y sin haberlo esperado logramos ser padres por un tiempo.

Tal vez ese sueño no se hizo realidad, pero, lo importante es que no dejamos de amarnos a pesar de la situación. Recuperé a mi esposa, ella me recuperó a mí y después de cambiar nuestros planes más de una vez, ahora nos encontramos juntos aquí. A punto de vivir los 6 meses más frenéticos de nuestra vida. Se acabó el anonimato, el pasar domingos enteros abrazados a su lado, salir a caminar a la playa, o verla cocinar.

Ahora Diego D'Angelo, el empresario, dueño de una de las marcas de vino más famosas, está de regreso con una agenda llena de viajes, reuniones, lanzamientos y, sobre todo, con ganas de mostrarle a su esposa su mundo, uno muy diferente al que ella vive y que a pesar de toda la luz que este puede tener, también tendrá partes de crueldad que Valle deberá de lidiar. Finalmente, solo puedo decir una cosa, ella me ama y yo la amo a ella, y no recuperé a mi esposa en San Diego, para venir a perderla en Mendoza, eso se los aseguro.

Capítulo 2 Juntos de nuevo

Mendoza, Argentina – Junio

Días después de que Diego viajó de San Diego a Mendoza.

[Valle]

Después de varias horas de viaje, de cerciorarme que mi equipaje esté completo y no haber olvidado nada en San Diego, y de darle a Benito Bodoque un poco de agua después de pasar el viaje encerrado en la transportadora. Por fin salgo por la puerta del aeropuerto para recibir el frío de mi nuevo hogar. Me siento increíblemente cansada y no tengo ni idea si es ayer u hoy, el cambio de horario me ha confundido, así como el cambio de clima; moría de calor en San Diego, ahora muero de frío en Argentina.

El día antes de tomar el avión, me quedé platicando con mis padres hasta tarde, escuchando sus consejos y sobre todo riéndome de todas las cosas que recordamos sobre mí. Parece ser que ellos han aceptado que la Valle que viene a vivir a Mendoza es muy diferente a la que vivía en San Diego hace años atrás, y en parte eso les encantan. Han aceptado que Diego es mi destino y están felices de que sea parte de la familia.

Camino hacia la salida donde los taxis están esperando y busco con la mirada algún letrero que tenga mi nombre o a algún chofer tal como me lo prometió Diego. Me dijo que, si no podía prestarme el avión para traerme de San Diego a Mendoza, al menos un chofer me llevaría hacia el departamento donde nos quedaremos momentáneamente.

Escucho a Beni quejándose amargamente mientras rasca con la pata la puerta, quiere salir, supongo que está cansado de estar encerrado y me pide a maullidos que lo saque de ahí.

⎯Ya Beni⎯ lo consuelo en voz alta⎯ en unos momentos te sacaré de ahí y podrás caminar un poco.

Sigo buscando al chofer pero no veo absolutamente nada, para mi mala suerte todavía no puedo usar mi celular y no puedo comunicarme con Diego para preguntarle dónde está la persona que iba a llevarme al departamento.

Salgo del aeropuerto con el montón de maletas y me quedo de pie sobre la acera, tal vez alguien se dé cuenta que llevo mucho tiempo ahí y se acerque a preguntarme algo. Sin embargo, pasan los minutos y nadie se acerca. Beni se está desesperando más y yo muero de hambre, por ducharme y luego dormir, así en ese orden.

Afortunadamente mi madre me ha enseñado a ser bastante precavida y antes de que Diego se fuera le he pedido la dirección del departamento, por lo que busco en mi bolsa de mano la pequeña libreta que siempre llevo con apuntes importantes y al sacarla la hojeo rápidamente buscando la dirección.

Al encontrarla tomo las maletas, la transportadora de Beni y camino hacia la zona de taxis. Una persona me ayuda a subir la maleta y yo le pido que me lleve a la dirección que está escrita. Comienza el viaje hasta el piso y no puedo evitar sonreír al acordarme de la última vez que vine a esta ciudad y la cual, hoy, me da la bienvenida y me arropa con cariño.

El chofer es bastante platicador, así que me va comentando sobre el frío infernal que está haciendo todo el día y cómo baja un poco más por las noches. Me pregunta de dónde soy y le respondo que de San Diego California, pero no me cree, supongo que es mi acento.

⎯La zona donde va es bastante bonita⎯ me dice mientras me ve por el retrovisor⎯ espero que se sienta bienvenida⎯ me comenta.

⎯ Le juro que ya me siento así⎯ le contesto mientras veo por la ventana ⎯ la agenda de mi marido me dará todo el espacio que necesito.

⎯ ¿Qué hace su marido que está tan ocupado?⎯ pregunta curioso.

Es obvio que no le diré que es Diego D'angelo porque en primera sonará como que estoy loca y en segunda no puedo andar por la vida diciendo eso⎯empresario⎯ me limito a decir y Beni Bodoque maulla, supongo que no le gustó mi respuesta, está demasiado enamorado de Diego como para que lo niegue.

⎯Pues espero que sus negocios no lo mantengan lejos de usted ⎯ me dice, y yo sonrío.

Él lo llama negocio, yo lo llamo Samantha⎯ esperemos⎯ contesto evasiva y continuo viendo por la ventana del auto.

Minutos después llegamos al edificio y le lo agradezco tanto porque un dolor de cabeza me ha llegado ya que muero de hambre y sé que es mucho pedir que Diego tenga aunque sea una papa en el refrigerador, pero estoy feliz de haber llegado.

⎯Disfrute su estancia señora ⎯me dice amable y regresa al taxi dejándome con todas las cosas en la puerta.

Tomo todo de nuevo y entro, tomo el elevador. Espero pacientemente a que suba. Las puertas se abren y salgo por el pasillo hacia la puerta donde vive Diego, o bueno, hacia donde vivo yo ahora. Busco la pequeña llave en el lugar donde él me dijo que estaba y al encontrarla sonrío, se acabó esta trayectoria, ahora a descansar.

Abro la puerta y entro sorprendiéndome de nuevo. El piso está completamente cambiado de la última vez que vine acá. Adiós Diego soltero, hola Diego esperando a Valle, dejo mis cosas sobre el piso de la sala. Me acerco a la cocina y sobre la barra y leo una pequeña nota que me hace sonreír:

Bienvenida Corazón, el shampoo de chile ya puede ocupar el lugar que le corresponde. Te veo después.

Topi.

No sé que me enternece más el hecho de que él se haya autollamado Topi o el hecho de que se acordó del shampoo de la ex que se encontraba en el baño. Estoy sonriendo como idiota cuando escucho la queja de mi acompañante peludo⎯ Sí, sí, ya te escuché⎯ me quejo y regreso a la sala, abro la transportadora y beni sale un poco indeciso.

⎯Bienvenido a tu nuevo hogar beni, si algo no te gusta le puedes reclamar a tu padre ⎯bromeo.

El gato comienza a olfatear por los rincones del lugar y yo me aseguro de que no haya ventanas abiertas donde se pueda escapar y perder en la ciudad. Prendo la calefacción para que el lugar se caliente, después me quito los zapatos y los calcetines, comienzo a caminar descalza por el piso sintiendo el calor y llevo mi maleta hacia la habitación. La cama está perfectamente tendida y al ver uno de los zapatos de Diego junto a la cama sonrió, él estuvo ahí, así que mientras descanso podré oler su colonia.

Dejo la maleta sobre el piso, la abro y busco una de mis nuevas pijamas calientitas que compré hace dos días atrás, entro al baño, abro la ducha y siento el agua caliente caer de inmediato. Al entrar siento como me quita el cansancio un poco y me da fuerzas para ir a prepararme algo de comer. Me doy una ducha rápida, me envuelvo en la toalla y salgo a la habitación, lo primero que veo es a Beni Bodoque acostado sobre la cama⎯ Ni creas que las reglas han cambiado⎯ le digo de broma mientras lo cargo y lo regreso a la sala. Beni en protesta vuelve a meterse a la transportadora.

Cierro la puerta del cuarto, las cortinas y la habitación se calienta. Mi pijama está sobre una de las sillas del cuarto pero de pronto quisiera dormir así desnuda envuelta en las sábanas de lana, creo que mi piel ya no quiere más ropa por el momento. Me acuesto, me cubro, cierro los ojos y me dejo llevar por el cansancio.

No sé en verdad cuántas horas han pasado pero un olor a comida provoca que abra los ojos, muero de hambre y el calor de la habitación me sofoca un poco. Volteo a ver hacia la ventana y la noche ha llegado a Mendoza. Me incorporo y veo en la mesa de noche un vaso con agua y un frasco de advil. No hago más que sonreír.

Me levanto de inmediato, me tomo una píldora y después me pongo la pijama planeada, abro la puerta de la habitación y un delicioso olor a comida agita mis sentidos. Diego se encuentra en la cocina y como si estuviéramos coordinados él voltea a verme mientras yo camino hacia él.

Diego se acerca a mí y me levanta en sus brazos mientras me da un beso en los labios⎯Te extrañé como loco corazón ⎯ me susurra y luego regresa besarme a "fuego lento" como lo dice él.

Me lleva hasta la barra de la cocina y me sienta como lo hacía en San Diego, supongo que el lugar favorito no va a cambiar ⎯¿Estás bien?, ¿Cómo te fue de viaje? ⎯ me pregunta mientras los ojos le brillan⎯¿Tomaste el advil?

⎯¿Cómo adivinaste que me dolía la cabeza?⎯ le pregunto mientras acaricio su rostro. Él besa mis manos y sonríe.

⎯Cuando te duele la cabeza te quejas hasta en sueños, por eso cuando entré hace horas supe que te dolía, corazón.

⎯¿Hace horas? ⎯contesto sorprendida.

⎯Sí, llegué hace unas horas, afortunadamente no hubo retrasos en mi viaje y llegué tal y como lo planee, por cierto ¿por qué no dormías desnuda en San Diego? Te veías hermosa.

⎯ Basta Diego, sólo fue porque mi cuerpo no deseaba más ropa y el cuarto estaba calientito, moría de frío.

⎯No puedo darte gusto, te traigo la primera vez, mueres de calor y ahora de frío⎯bromea.

Le doy un ligero golpe en el hombro y le sonrío. Tomo un poco de las papas que está haciendo junto al pollo y la coma⎯ dame ⎯ me dice y me quita de los labios un pedazo y se lo come⎯entonces ¿llegaste bien?, ¿el chofer te ayudó a subir las maletas?. ⎯ No quiero decirle nada pero mi expresión no miente ⎯ ¡mierda Sam!⎯dice enojado.

⎯Supuse que era ella, no te preocupes, ya estoy aquí. Llegué es lo importante⎯ le consuelo.

⎯No, se supone que debías venir cómoda y... lo siento, no fue mi culpa, sabes que yo hubiera ido por ti pero...

⎯No te tortures topi, mañana será otro día y podremos regañar a Sam a gusto⎯le bromeo.

⎯Podrías decirlo en broma pero yo sí lo haré. No puedo creer que se haya atrevido a hacer algo así sobre todo que ya está advertida⎯ Y sigue con una cara de enojo que me causa un poco de ternura.

⎯ Diego, yo veo a Sam capaz de todo, pero recuerda el trato.

Él me vuelve a besar⎯ mmm papa – dice bromeando y se hunde en mis labios para besarme con todo su ser.

⎯ Mi amor ⎯ le digo entre respiraciones ⎯ Sé que mueres por estar conmigo y yo también muero por hacerlo pero, me estoy cayendo de sueño ¿podríamos comer y te prometo que te recompenso luego?

⎯Vale pero recuerda que...

⎯"A mi no se me olvida nada" ⎯ le imito.

⎯¡Ay mujer! Te amo⎯me dice entre risas para besarme de nuevo.

Capítulo 3 Una nueva rutina

[Diego]

El despertador suena sin parar y abro los ojos inmediatamente para buscarlo y saber dónde está, unos minutos después lo encuentro tirado en el piso, lo tomo con la mano, lo apago y lo regreso sobre la mesa de noche.

Volteo y puedo ver a Valle profundamente dormida y sonrío, al parecer no era un sueño lo que viví en San Diego y en verdad ella se encuentra aquí a mi lado, torturándome con esa pijama tan sexy que se ha comprado.

Pensé que extrañaría mis playeras sobre su cuerpo, pero puedo decir que vale la pena esa pérdida cuando un conjunto rosa gold cubre su cuerpo de manera tan sexy. Me acerco a ella y pegó su espalda contra mi pecho.

⎯Buenos días⎯ le murmuro al oído, y ella reacciona ⎯¿Dormiste bien corazón?

⎯Buenos días⎯ me dice un poco adormilada ⎯Siento que mi cuerpo hizo millones de horas de ejercicio y me duele cada parte.

⎯Es normal, dentro de unos días te acostumbras pero, mientras esperamos ¿qué te parece un masaje?⎯ le propongo.

Me levanto y me arrodillo sobre la cama y la acomodo viendo hacia mí. Valle se tapa la cara mientras sonrié ⎯¿Qué pasa?⎯ comento ⎯¿Unos días que te dejé sola y te da pena que tu esposo te vea al despertar?⎯ y le quito las manos del rostro.

⎯Creo que la vida de empresario te sienta bien ⎯ me dice⎯, te ves guapísimo.

⎯¿Entonces antes era feo?⎯ le pregunto en broma mientras tomo el dije de perla y comienzo a jugar con él.

⎯ Ya te dije que podrías vestir un costal de papas y sería el hombre más sexy del mundo ⎯ me repite, para después sonreír.

⎯¿Tienes algún fetiche con los costales de papas? Porque si es así juro que voy por uno.

Comienzo a besar su cuello mientras escucho la armoniosa risa de Valle que tanto me gusta. De nuevo su olor a lavanda regresa a mí y se lo agradezco porque será el que me mantenga cuerdo el resto del día. Comienzo a llevar mis manos por debajo de su top y acaricio sus pechos, al instante, las risas cambian a gemidos. Sigo acariciándolos y ella hace lo mismo tocando mi torso descubierto, encendiendo todo el deseo que hay en mí.

Retiro mis manos de sus pechos y bajo a la altura de sus labios, la beso y comienzo a retirar esos pantalones de pijama que son la única barrera entre nuestras pieles. Ella comienza a bajar mi bóxer a excitarme cada vez más cuando el timbre del piso suena. Me detengo un momento y ella me ve a los ojos.

⎯Parece ser que esa mujer no tiene límites ¿Cierto?⎯ me dice Valle y yo respiro ⎯Supongo que el sexo no está en tu agenda de hoy⎯ bromea y la miro, sus hermosos ojos verdes me vuelven a dar vida.

⎯Lo siento, le pediré que ya no suba al piso⎯ y volvemos a escuchar el timbre.

⎯Yo abro, tú comienza a vestirte.

⎯Te prometo que te lo recompensaré más tarde⎯ le dejo saber.

⎯Ya sabes Diego...

⎯No promesas, acciones ⎯le repito y me levanto para irme a duchar.

Tiempo después, salgo de la ducha y escucho silencio en el piso. No sé si Valle mató a Sam y ahora tengo que esconder un cuerpo o si pasó algo más. En verdad espero que no sea la primera suposición. Me visto y abro la puerta de la habitación.Valle se encuentra sentada en la cocina mientras espera que el café esté listo.

⎯¿Y Sam?⎯ le pregunto y ella sonríe.

⎯Cuando abrí la puerta se llevo una pequeña sorpresa y decidió esperar cómodamente en el pasillo ⎯ explica coqueta.

⎯¿Sorpresa?⎯ Inquiero sin entender.

⎯Abrí la puerta con Beni entre mis brazos⎯ y sonríe.

Valle sirve una taza de café y me la ofrece. Tomo un sorbo y vuelvo a sentir el calor de hogar, de ese que hemos formado juntos ⎯Corazón, hoy irémos a una cena, es importante. Llegaré como a las 5:00 pm al piso para irnos de aquí juntos. Te llegará una sorpresa en el transcurso del día⎯ y ella sonríe.

El timbre comienza a sonar de nuevo y la veo a los ojos ⎯ Te juro que esto termina hoy ⎯ le susurro al oído.

⎯Hazlo, que si tú no lo haces ya sabes.... ⎯me advierte y sí, sé de lo que es capaz mi mujer.

⎯Lo haré, no quiero que un rayo me caiga mientras tengo reuniones y entrevistas.

Ella sonríe de nuevo y el timbre suena otra vez ⎯¡Por el amor de Dios ya va!⎯ grita, Valle y yo me río.

⎯ Dame un beso corazón – y vuelvo a unirme a sus labios sin importarnos el ruido del timbre. Me separo de ella y le doy un beso en el dije de perla ⎯ 5:oo pm, aquí estaré, espera mi sorpresa⎯y salgo del piso con ganas de quedarme ahí para siempre con ella.

Juro que al ver el rostro de Sam me pongo de mal humor, pero ya no puedo hacer nada. Así que mientras bajo en el elevador con ella al lado, trato de ignorarla viendo mi celular, revisando mis redes sociales y correos electrónicos.

⎯¿Algo nuevo?⎯ me dice Sam tratando de ver mi móvil. Yo me alejo un poco y lo quito de su vista.

⎯ No, lo de siempre⎯contesto sin ganas.

Bajamos al lobby y me acerco a Francisco el portero que cuida la entrada ⎯ Buenos días, Diego⎯ me dice amigable.

- Buenos días. Te quiero pedir de favor que si llega un paquete para mi esposa lo suba de inmediato. ⎯ Le pido.

- ¡Ah claro! Es simpática tu esposa, ayer, mientras le ayuda con la maleta me dijo que esperaba que usted tuviera al menos una patata en el refrigerador⎯ Ambos nos reímos ⎯Me alegra que se haya casado ya, su esposa es del tipo de mujer que ya no se encuentra ⎯me recuerda.

- Diego, vamonos, llegas tarde⎯ escucho la voz de Sam.

- Ya sabe, Valle Sandoval, el paquete es para ella⎯le repito.

- Seguro, yo lo subo. Hasta luego.

Camino hacia la entrada y me subo a la camioneta, afortunadamente no hay nadie esperándome afuera, así que puedo seguir bebiendo el café que me dio Valle antes de salir.

- Sam, te voy a pedir que ya no subas por las mañanas al piso. Cuando llegues sólo envíame un mensaje por móvil⎯ hablo con firmeza.

- Pero, siempre lo hemos hecho así ⎯ se queja.

- Pero ya no es "Siempre", ahora estoy casado, Valle está arriba y la dinámica ha cambiado, y tú no estás en la dinámica⎯ explico.

- Diego, simplemente me interesa que llegues temprano a tus compromisos y que no haya retrasos y quejas luego⎯ se defiende.

- No las habrá. También te voy a pedir que empieces a darle a Valle su lugar ¿entendido? Puede que tú lleves mi agenda pero ella es mi esposa, que no se te olvide.

El silencio se hace en el automóvil y vuelvo a revisar mi móvil. Me pregunto qué hará Valle mientras yo no esté, me preocupa que le he dejado sola desde el día uno que llegó a Mendoza cuando ella se tomó el tiempo para compartir conmigo todo en San Diego.

- No cabe duda que una mujer te puede cambiar tanto Diego – comenta Sam en un tono que no me agrada y volteo a verla.

- Sam, recuerda que estás aquí porque debes estar aquí y no es porque yo lo deseo. Limítate a llevar mi agenda, si Valle me cambia o no eso lo decido yo.⎯ Sentencio.

Llegamos al lugar donde será la reunión e inmediatamente veo a varias personas que me están esperando. Es algo extraño volver a tener este tipo de encuentros, cuando en San Diego básicamente nadie me hacía caso, y ahora, aquí estoy de nuevo.

Me tomo el café que falta de un sorbo y bajo del auto para empezar a saludar hasta que me doy cuenta de que alguien tiene una cámara de fotos y empieza a capturar el momento, Sam me sigue los pasos, en uno de los intentos me toma del brazo y entre las miles de fotos sé que una saldrá en redes sociales. Camino con ella hasta que entramos al lugar y luego con toda la educación que posiblemente pueda tener la suelto, debo tener cuidado con esas fotos.

Me encuentro a alguien de mi equipo en la entrada y la saludo y mientras Sam se queda viendo algunos pendientes, por lo que me acerco y le comento. ⎯ Te pido de favor que empecemos a buscar el remplazo de Sam, es justo y necesario⎯ para después juntos entramos a la entrevista.

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