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Entre copas

Entre copas

Autor: : patris23
Género: Romance
Marcus se marchó pensando que así Mía mejoraría, pero nada más lejos de la realidad. Después de volver a encontrarse sola, se derrumbó. Tardó cerca de un año en volver a encaminar su vida, se trasladó a un pequeño pueblo costero para trabajar de lo que más le apasionaba, pero allí se encontró con la última persona del mundo que pensaba que volvería a ver; su marido.

Capítulo 1 Un años antes

EPÍLOGO

Desde que Marcus se fue todo me cuesta muchísimo.

Levantarme de la cama y asearme para seguir con mi día a día se ha convertido en todo un reto, pero no quiero causar más problemas.

Todos en el castillo son muy simpáticos conmigo, demasiado como para que me sienta cómoda, hasta Killian ha empezado a mirarme con pena, así que llevo unos días esquivándolos a todos.

Paso mucho tiempo en el bosque, justo en el claro donde Marcus me sorprendió con el picnic y donde decidí comenzar a confiar en él.

Llevo tantos días llorando a escondidas que ya he perdido la cuenta, creo que hace cuatro o cinco semanas que se fue, o tal vez hace mas, no estoy muy segura. Pero en el fondo de mi corazón entiendo que se alejara de mi, al fin y al cabo soy la mujer que decidió ponerse delante de dos balas y matar a su hijo ¿quién querría estar conmigo?

Me levanto de la hierba, me acomodo el chal sobre los hombros y camino de regreso al castillo. El otoño amenaza con llegar y los días son más fríos y cortos.

Lea está sentada en una de las tumbonas hablando con Dante. Ya es oficial su relación. Me alegro muchísimo por ellos, son personas maravillosas que se merecen ser felices.

Levanto la mano y los saludo. Se han acostumbrado a mis silencios, así que levantan la mano y me saludan con una triste sonrisa. Odio ver la pena pintada en el rostro de los demás.

Subo las escaleras hasta la planta donde se encuentran todas las habitaciones. Killian sale de la suya.

- ¿Cómo estás? - Pregunta acercándose.

Destrozada, rota, no creo que pueda volver a ser la misma que era antes de todo esto, pero las personas no quieren escuchar la verdad y dudo que Killian se preocupe realmente por mi.

- Bien, gracias.

En lugar de entrar en mi habitación para descansar un rato, decido subir a uno de los torreones. Me gustan las vistas y escuchar como el viento choca contra los muros de piedra y tiene que desviar su camino para poder pasar.

Coloco las manos sobre la barandilla de piedra maciza. Una idea fugaz pasa por mi cabeza. Jamás se me había ocurrido, pero tal vez es la solución a todos mi problemas, al dolor que siento desde que me levanto hasta que me acuesto.

Los demás no pueden entenderme, saben que estoy triste, pero no comprenden que llega un punto en el que el dolor sale del corazón y envuelve todo tu cuerpo, las articulaciones, los músculos, se convierte en un dolor real y que llegas a un punto crítico en el que sólo quieres que se termine, da igual como, pero que se acabe.

Me agarro a la pared y coloco un pie sobre la barandilla, me impulso y coloco el otro. De pie sobre la piedra de diez centímetros es la primera vez que puedo sonreír.

Respiro profundo un par de veces antes de hacer lo que quiero hacer. La puerta a mi espalda se abre de golpe.

- Mía - Dice tranquilamente Killian - Baja de ahí, venga, vamos a hablar.

Giro la cabeza y veo como se acerca despacio a mi. Cuando quería vivir, él solo pensaba en acabar conmigo y ahora que quiero morir tampoco me deja.

- No te acerques - Ordeno - déjame sola.

- Sabes que no puedo hacer eso.

Da otro paso hacia mi con las manos levantadas intentando calmarme.

- ¿Por qué? Tu siempre has querido que esto pasara y mi padre y mi hermano también - Mi ojos se anegan de lágrimas una vez más. Cada vez que lo digo en voz alto soy consciente de lo sola que estoy - Y ahora seguramente también Marcus.

Dejo de mirarle para ver la vista impresionante que hay delante de mí. Solo tengo que adelantar un pie y dejarme caer, es fácil. Un segundo y todo se terminará.

Hago lo que mi cerebro me pide a gritos. Levanto un pie y lo adelanto, dejándolo flotando en el aire, me inclino hacia delante y me dejo caer.

La calma que por fin me había envuelto solo dura un segundo, el tiempo que tarda Killian en correr hacia mi y rodear mi cintura con sus manos. Tira de nosotros hacia atrás y caigo encima de él.

- ¡Estas loca! Podrías haberte matado.

No me dejan vivir y tampoco morir ¿qué narices quieren?

- ¡SUÉLTAME! ¡DEJADME TODOS EN PAZ! - Me revuelvo entre sus brazos para que afloje su agarre.

Killian no me suelta y la rabia que siento da paso a la tristeza. Dejo de golpearle y termino enterrando la cabeza en su pecho y llorando.

- Tienes que ser fuerte - Susurra acariciándome la cabeza.

- No puedo, no puedo seguir así. He matado a mi hijo por eso Marcus se fue - Admito llorando - Ya está Killian, ya no tengo más fuerzas.

Escucho un suspiro largo. Cierro los ojos dejando que mis lágrimas sigan rodando por mis mejillas.

- Voy a ayudarte.

Me coge en brazos y me lleva a mi habitación, me deja sobre la cama y hago como todas las veces anteriores al acostarme, me tumbo de lado y me acurruco.

Killian saca su teléfono y escribe algo, pero no se va, se sienta sobre la butaca a esperar, no se el que y tampoco me interesa.

Un par de horas más tarde la puerta se vuelve a abrir y aparece mi hermano, Paul camina hasta la cama.

- Voy a prepararlo - Dice Killian justo antes de salir de la habitación.

Mi hermano se sienta en el borde de la cama y acaricia mi cabeza.

-Siento que te hayamos destrozado.

Se le quiebra la voz, si fuera otro momento saltaría sobre sus brazos contenta porque por fin se haya terminado la venganza, pero no puedo sentir nada, así que me quedo tumbada como estoy mirando fijamente la pared. A quien le importa lo que haya pasado.

- Vas a mejorar, vamos a cuidarte - Continúa hablando.

Pasan las horas y en ningún momento me dejan sola. Cuando comienza a anochecer vuelve Killian con unos papeles en las manos. Mi hermano se aleja de mi cama y camina hacia él. Intercambian algunas palabras y finalmente los dos se vuelven a acercar a la cama.

Killian se agacha hasta quedar a mi altura.

- Esta noche vas a ingresar en un centro, queremos ayudarte y que mejores ¿vale?

El hombre que dijo que Marcus había puesto mi tumba en el panteón familiar para bailar sobre ella dice que quiere ayudarme.

- Vale - Es lo único que puedo decir. Cada palabra pesa como una losa.

Mi hermano me coge en brazos y me saca de la habitación. Bajamos las escaleras y me encuentro con las tristes miradas de Dante y Lea que me sonríen por última vez. Killian abre la puerta trasera del coche y mi hermano me acomoda sobre el asiento, me ata el cinturón y cierra la puerta. Da la vuelta al coche y se acomoda a mi lado. No se que puede temer que haga dentro de un coche como para pegarse a mi como una lapa.

Killian conduce durante lo que parece una eternidad, pero finalmente llegamos a un edificio enorme, rodeado de árboles y con el ruido de un riachuelo por algún lugar.

Otro hombre sale a recibirnos para indicarnos el camino. Entramos a un despacho donde un hombre mayor con gafas nos espera. Le explican a mi hermano y a Killian más o menos lo que van a hacer, yo dejo de escuchar al momento.

Después de firmar un montón de pepeleo nos indica donde está mi habitación. Es grande, con todo tipo de comodidades, y es una jaula, pero ¿a quién le importa?

Llaman a la puerta, que está abierta. Un hombre joven espera para pasar.

- Tu debes de ser Mía - Dice entrando por fin.

Asiento.

- Soy Tom, voy a ser tu psiquiatra, pero por encima de eso espero que seamos amigos.

¿Este Tom sabe mi historia? ¿Cree que tengo solución? ¿Piensa que puede llegar aquí con todos sus títulos y volver a poner en orden mi vida?

Los tres hombres me observan con emoción, es una lástima que no se hayan dado cuenta que no hay una salida para mi.

Capítulo 2 Nueva vida

Mía

Después de meses y meses de terapia puedo decir que he comenzado oficialmente mi recuperación. Todavía no me siento como la antigua Mía, aunque me han dejado claro muchas veces que no debo insistir en volver a ser la misma, todos cambiamos, evolucionamos, y las circunstancias nos convierten en lo que somos.

Ahora soy una Mía nueva, más seria y sensata, más tranquila y con menos expectativas, pero convencida de que la vida merece la pena.

Salí del centro hace un par de meses, y aunque decidí no volver al castillo, Killian me ha ayudado muchísimo, me buscó un apartamento y se encarga de la nómina de Tom, mi psiquiatra, que se ha convertido en mi familia y me alegra tenerlo siempre cerca.

Estoy terminando de hacer las maletas. Necesito salir de Verona, necesito empezar una nueva vida lejos de todo lo que me recuerda lo desgraciada que fuí.

Una tarde Tom y yo abrimos un mapa y empezamos a investigar sobre que lugar sería el ideal, después de pasar toda la tarde aprendiendo lugares que no conocía, los dos coincidimos en qe queríamos un lugar tranquilo y relajado y de esta forma llegamos a Obbeggio, un pequeño pueblo con menos de mil habitantes en la parte norte de Italia, está bañado por el lago Maggiore, y más al norte linda con Suiza.

Estoy deseando salir de aquí, dejar todo atrás y comenzar de nuevo. Suena el timbre. Camino hacia la puerta, pero estoy segura de que es Killian, todos los días viene tres o cuatro veces a vernos. Ha cambiado muchísimo, al principio no me fiaba de él, estaba convencida de que en cualquier momento me haría daño de alguna manera, pero los meses fueron pasando y siguió cuidándome, y ahora se ha convertido en mi familia también. Mi familia es rara; un hermano que intentó matarme, mi cuñado que me odiaba a muerte y mi psiquiatra, somos bastante pintorescos, pero me encanta y supongo que con eso es suficiente.

Abro la puerta y lo abrazo.

- Lo tengo todo casi listo.

Deja un beso sobre mi cabeza y entra en la casa con su brazo todavía rodeando mi espalda.

- Tengo una sorpresa para ti.

Me giro con la cara iluminada. Siempre me han gustado las sorpresas.

- ¿Qué es?

- Pregunta equivocada, la pregunta sería ¿dónde es? - Dice consiguiendo intrigarme aún más - te he conseguido un trabajo de enfermera en el pueblo de al lado, en Cannero Riviera.

Me tapo la boca emocionada. Estaba segura de que no volvería a cuidar a nadie. No me he sentido preparada para buscar un trabajo y volver a lo que hacía por más que Tom me intentaba convencer, y una vez más Killian me ha dado el empujón que necesitaba.

- ¿Hablas en serio?

- A ver, es una pequeña consulta. No es como los hospitales a los que estas acostumbrada.

Salto sobre él y rodeo su cuello quedándome colgada literalmente, ya que es bastante más alto que yo. Killian ríe conmigo.

Me suelto y me pongo sería. Pasan tantos pensamientos por mi cabeza, tengo tantas cosas que decirle. Mi hermano ha estado a mi lado tambien, pero Killian se volcó completamente para que me recuperara. Le debo la vida. Evitó que saltara del castillo ( no se como pude hacer algo tan drástico) , me buscó ayuda, me ha encontrado una casa en Obbeggio que según dice me voy a enamorar en cuanto la vea y ahora me ayuda a retomar mi trabajo.

- Ni en mil vida podré compensarte por todo lo que has hecho.

Me revuelve el pelo como si fuera un niña pequeña.

- Déjate de dramas pequeñaja y termina la maleta o llegareis tarde.

Terminamos de preparar las maletas. Tom levanta su copa y brinda con Killian, yo lo hago con fanta, sigo tomando medicación y no me dejan beber alcohol. Aunque ya estoy bien casi a todas horas aún hay momentos que pienso en todo lo que pasó, en mi hijo, en Marcus, en mi padre, incluso en lo roto que está mi hermano. Cuando eso ocurre me cuesta controlarme, es como si una parte de mi se rompiera una y otra vez. La medicación me ayuda a mantener la calma y alivia parte de la depresión que me acompaña desde aquel día...

- Iré a veros antes de que os deis cuenta - Killian nos da un abrazo y recoge mi maleta para ayudarme a meterla en el coche.

- Más te vale si no quieres que vuelva a Verona y te patee el culo.

Tom se monta en el coche mientras me despido de Killian, me da mucha pena irme, pero sé que es lo que tengo que hacer.

- Te quiero mucho - digo conteniendo la emoción.

- ... Y yo a ti pequeñaja.

Me rodea con sus brazos y me pega a su pecho.

- Venga vete ya - Dice soltándome - La semana que viene iré a veros.

Me monto en el asiento del copiloto y me despido sacando el brazo por la ventanilla mientras me alejo de todo lo que poco a poco me destrozó hace ya una eternidad.

Casi cuatro horas después llegamos a nuestro destino. El pueblo es exactamente lo que habíamos pensado, tranquilo y rodeado de bosque con infinidad de rutas para hacer senderismo.

Tom saca el mapa y con sus gafas de sol puestas en pleno noviembre, parecemos forasteros a punto de perderse. Llegamos a la entrada de una casa enorme, rodeado por un jardín bien recortado. Después de cruzarlo llegamos a una pequeña puerta de madera que da acceso a unas escaleras que terminan en una pequeña playa privada, solo compartida por un vecino que no tengo ni idea de quien es.

- ¿Tu sabías que esta era nuestra casa? - Pregunto impresionada.

- Yo que voy a saber. ¡Mira! Tenemos hasta puerto privado.

Veo un pequeño muelle. Lástima que no tengamos un barco para atracarlo ahí. Saco el móvil para mandarle un mensaje y regañar a Killian, pero en el último momento me arrepiento y pulso el botón de llamada.

- ¿Ya habéis llegado?

- ¿Te has vuelto loco? Nos has alquilado una mansión con playa privada, solo nos falta el barco - Bromeo.

Es un exagerado. Podría haber buscado un pequeña casita en medio del bosque y disfrutaría de ella y estaría eternamente agradecida.

- El coche de la entrada es para ti, para que vayas a trabajar y el barco está en camino - ríe.

- Estás de broma ¿verdad? Todo esto debe ser carísimo...

Dejo la alegría a un lado para empezar a sentirme un poco mal. No me gusta ser una carga, yo antes era muy independiente, por lo menos era capaz de pagarme mis propios gastos. No se cuanto puede costar esta casa, pero mi sueldo de enfermera no me va a llegar para pagar ni la luz.

- Lo que cuesta el alquiler lo gano en media hora en una de mis locales así que deja el drama y disfruta un poco.

- Vale, vale, tienes razón, perdona.

Estoy intentando ser positiva, pero por algún extraño motivo siempre veo la parte negativa de las cosas y eso no me deja disfrutar del todo, así que es nuestro trabajo de la semana en la que Tom me ayuda a ver lo positivo hasta de lo más oscuro que me pueda encontrar.

Vuelvo a la entrada después de colgar el teléfono para admirar mi nuevo coche, ni me había fijado en él cuando he llegado. Hay un mini en uno de los laterales de la entrada. Los hay de todos los colores, y Killian ha tenido que elegir el amarillo, el más llamativo y estrambótico.

Por la parte de atrás estamos rodeados de bosque y tranquilidad, no se que va a pensar mi vecino cuando vea el amarillo pollo de mi coche y a Tom en una de sus sesiones de yoga en el jardín, seguro que es un viejo de esos amargados que no soportan a la gente.

Entro en la casa en busca de mi amigo - psiquiatra. Lo encuentro abriendo las puertas de la planta de arriba para decidir la habitación que se queda.

- Tom, voy a ir a Cannero Riviera para ver si soy capaz de encontrar la consulta ¿vienes?

Se vuelve despacio, termina de abrir la puerta y levanta la mano para enseñármela. Es impresionante. Es tan grande como el Salón y la cocina del piso donde nos mudamos hace unos meses. Tiene baño propio con jacuzzi y una cristalera que al abrirla da a un balcón con vistas al río.

- ¿Estás de coña? Pienso disfrutar de cada segundo aquí. El mapa está en la entrada y te he marcado el camino. Buenas suerte.

Le hago burla antes de cerrar la puerta. Cojo el mapa y lo miro antes de arrancar mi nuevo coche. Tiene razón, el camino está tirado. Tienes que ir por una carretera que bordea el río durante cinco kilómetros. Lo dejo doblado en el asiento del copiloto y salgo decidida a volver a tomar las riendas de mi vida.

Capítulo 3 Flor de Loto

Mía

Llego a la consulta donde voy a trabajar. Es más bien una casa de estilo Victoriano que ha sido adaptada y convertido en una consulta médica. Llamo a la puerta revisando el mapa por si me he equivocado de lugar.

Un hombre de unos cuarenta años la abre. Tiene el pelo corto y negro y los ojos verdes, algo más oscuros que los míos.

- ¿En qué puedo ayudarte?

Extiendo la mano para presentarme.

- Buenas. Soy Mía Carussi. Creo que estabais buscando una enfermera ¿no?

Se aparta a un lado invitándome a entrar. Le sonrío y acepto su invitación.

- Pasa, por favor, te estaba esperando - Llegamos a una habitación con varios sillones y una mesa de cristal llena de revistas en el centro - Esta es la sala de espera aunque nunca se usa, somos muy pocos y no suele haber cola esperando.

Las paredes son de color crema adornadas con varios cuadros de paisajes montañosos. Después aparta una puerta corredera marrón y me enseña la consulta.

- Es muy bonito - Digo sinceramente.

- Gracias. Aquí atendemos a los pacientes. Tengo que viajar a los pueblos de alrededor varios días en semana y por eso necesito a alguien aquí mientras yo no estoy.

Salimos de la consulta y me lleva a través de un pasillo que termina en una puerta. Al abrirla descubro una cocina.

- Perdona, no te he dicho mi nombre - Dice golpeándose la frente con la palma de la mano- Me llamo Lucca.

Camina hasta la máquina de café y comienza a prepararlo.

- Puedes usar la cocina siempre que lo necesites. Suele haber café, té y alguna galleta, pero puedes traer lo que quieras si eso no te gusta - Abre algunos armarios para enseñarme lo que contiene.

- Eres muy amable.

Unos minutos después el aroma a café envuelve toda la casa. La paz y la tranquilidad que se respira aquí es contagiosa. Decido desde el minuto uno que me encanta esta nueva vida y mi nuevo trabajo.

Un par de horas después estoy saliendo por la puerta. Empiezo mañana a trabajar. Estoy muy emocionada. Gracias a Killian vuelvo a tener todo lo que perdí... Bueno, todo no, pero si una parte importante.

Me acerco al coche, pero en el último momento decido dar una vuelta por las estrechas calles para conocer un poco como es. El casco antiguo está formado por pequeñas casas señoriales enredadas en un laberinto de callejuelas estrechas. Es precioso e íntimo.

Paso delante de un bar con grandes cristaleras que te enseña cómo es por dentro, pego la cara al cristal y veo el interior, hay una zona llena de mesas, una gran barra al fondo y una pequeña pista de baile. Se parece mucho al local de Marcus al que fuimos una vez.

Desde que me volvió a dejar no me he permitido pensar mucho en él. El dolor físico sigue ahí cuando lo hago, es como si el estómago quisiera salirse y diera un respingo. Me Alejo del cristal y levanto la vista hasta el letrero para leer su nombre, M&M. Es muy enigmático y atractivo.

Sigo caminando sin saber muy bien que rumbo seguir y de este modo tan tonto termino delante de una tienda de tatuajes. Dentro una muchacha está sentada detrás de un mostrador pintando algo en un papel.

Abro la puerta un poco, y en cuanto suena la campanita entro del todo.

- Buenas - Saluda la chica con una gran sonrisa.

Me acerco hasta el mostrador.

- Hola, estaba pensando en hacerme un tatuaje, quería tapar esta cicatriz - Se la enseño como si nada.

Verla cada día me recuerda los horrores de mi padre. Llevo tiempo queriendo ocultarla de alguna manera, quiero ir tapando las cicatrices que tengo en mi corazón poco a poco, paso a paso, y eso es lo que voy a hacer.

- Claro, no hay problema ¿Sabes que tatuaje quieres?

Se lo que quiero. Cuando estaba ingresada nos contaron a mi grupo y a mi en una de las sesiones que nosotros nos parecíamos a las flores de loto. Viven en el fango, entre el lodo y aún así sobreviven, son flores sumamente fuertes y hermosas que logran salir a flote, algunas están hundidas, otras cerradas y sólo puedes ver las puntas de sus pétalos, pero las más fuertes, la que logran sobrevivir a la adversidad flotan señoriales, grandiosas como solo ellas saben ser. Y eso es lo que hacemos todos al fin y al cabo, sobrevivir.

- Una flor de loto.

- No hay problema. Tengo unas pocas por aquí para que elijas.

Saca un par de libros y va pasando páginas hasta que encuentra lo que busca. Hay lotos de todos los colores, pero la mía tiene que ser blanca.

- Esta - Digo señalándola.

Me siento sobre una silla y coloco el brazo encima de una mesa adornada con una lámpara. Veinte minutos después salgo con una cicatriz menos, casi no se nota y la flor tatuada es preciosa.

Vuelvo al coche después de dar vueltas entre el intrincado de calles. Es difícil orientarse cuando todas parecen iguales.

Suena la melodía de mi móvil. Lo saco del bolsillo del pantalón. Se me dibuja una sonrisa en la cara al ver el número de mi hermano en la pantalla.

- ¿Si?

- ¿Ya habéis llegado?

Killian y mi hermano han cambiado muchísimo desde aquel día... Creo que abrieron los ojos o vieron la luz, no lo se... En realidad da igual, pero por primera en mucho tiempo siento que tengo una familia, aunque seamos un poco raros.

- Si, hace algunas horas. Ahora voy a conducir antes de que anochezca. Te llamo cuando llegue ¿vale?

- Está bien. Ten cuidado hermanita.

Conduzco durante los cinco kilómetros que separan los dos pueblos. Desde lejos se pueden ver las dos grandes casas iluminadas. Tal vez uno de estos días vaya a casa del vecino con una cesta de frutas o algo por el estilo para presentarme. Es mejor comenzar con buen pie.

Tom está en la cocina haciendo la cena. No sólo es un psiquiatra fantástico con el que he congeniado desde el principio, si no es que el mejor cocinero. Tiene varios fogones encendidos y una botella de vino abierta.

- Tus medicinas - dice señalando tres botes sobre la encimera.

Odio tomarlas. Cada vez que abro los botes y las coloco sobre la palma de mi mano siento que aunque esté mucho mejor, no estoy recuperada del todo. A veces pienso que jamás lo estaré, pero supongo que puedo vivir tal y como me siento ahora.

Me las meto de una en una en la boca y trago dando un buche de agua.

- ¿Qué vamos a cenar? Madre mía como huele.

Levanto una de las tapas de las sartenes. Hay un revuelto de verduras especiales que huele de maravilla. Tom es vegetariano y si él pudiera nos convertiría a todos también. Levanto la tapa de la otra sartén cruzando los dedos para que no sean más verduras y que haya pensado en mi. Tengo suerte esta vez, un pescado a la plancha se va haciendo a fuego lento.

- Algo sano, como siempre ¿has visto a nuestro vecino?

Niego con la cabeza mientras pincho con el tenedor algunas verduras de la sartén y me las meto en la boca. Tom me pega en la mano para que deje de hacerlo. Siempre le ha molestado el picoteo antes de la cena.

- A mi tampoco me ha dado tiempo a conocerlo, pero tiene un cochazo - Agarra mi mano y extiende la muñeca delante de su cara - ¿qué es esto?

Aparto con cuidado el film transparente para que vea la flor de loto blanca que esconde la fea cicatriz que tenía hace apenas unas horas.

- Es muy bonita, pero ¿qué habíamos hablado sobre tomar decisiones de forma impulsiva?

Tiene razón. Siempre me lo está repitiendo, pero es que yo siempre he sido un poco cabeza loca. Me casé con Marcus a escondidas, hice creer a todos que había muerto y tiré mi coche a uno de los canales de Venecia. Soy impulsiva y normalmente pienso después de hacer algo.

- Tienes razón - Admito - Pero no he podido evitarlo.

Retira del fuego la comida y la aparta en los platos. Salimos al jardín a cenar. Es noviembre y hace frío, pero me agobia pasar mucho tiempo encerrada así que paso todo el tiempo que puedo siempre al aire libre y estoy en uno de los mejores sitios del mundo para hacerlo. Nos colocamos la chaqueta y salimos.

- He pensado que mañana podríamos darle al vecino una cesta con frutas o algo parecido, para presentarnos, ya sabes...

- Vale, ¿cómo te ha ido en tu nuevo trabajo? - Pregunta cortando un trozo de pescado.

- Muy bien, es genial. Tendrías que haber venido, hay una cocina para hacer café o comer algo. El médico es muy simpático.

Tom sonríe alegrándose por mi. A partir de mañana comienzo oficialmente a trabajar después de un año en stand by. Solo espero que la gente que vive por aquí sea simpática con los forasteros y no se parezca en nada a las películas en las que están todos medios locos por vivir en un pueblo aislado y pequeño.

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