¡Comencemos desde el inicio!
Me encontraba trabajando en un proyecto de mucha importancia, hablamos de un Centro Comercial lo bastante amplio y de mayor relevancia, constituido en 400.000𝑚2 – Una verdadera maravilla – el cual contaría con espacio para aparcamiento, parque y su punto central: las tiendas, bancos, restaurantes y centros de recreación pequeños como un gimnasio, un bar o una biblioteca. Tenía muchas expectativas a futuro de lo que podría ser mi gran obra, soy Ingeniero Civil, pero me ofrecieron la oportunidad de trabajar diseñando el espacio en el cual se elaboraría la estructura, era la oportunidad de mi vida, un sueño hecho realidad.
Siempre me he desempeño muy bien en lo que hago, para lo cual me prepare, y cada día crezco profesionalmente según lo que siempre he aspirado. Tengo una familia estable económicamente, mi padre es presidente de una Compañía de Seguros, la más importante de la zona, y mi madre trabaja con él como vicepresidenta, mientras que yo, su único hijo, Santiago Castillo, me dedico a evadir los negocios familiares. Una noche muy importante llego a mi vida, la noche de mi compromiso, se suponía que todo debía salir estupendo, me comprometería con mi novia Susana Jones, llevábamos cuatro años juntos y creí que era el momento justo para anunciar un compromiso, para tirar las cartas sobre la mesa.
Había pensado mucho ese asunto sobre nuestra relación y definitivamente estaba haciendo lo correcto, ella era una mujer muy hermosa, una modelo – No esperaba menos de ella – conformábamos la pareja ideal, ¿Qué más se podría pedir?
Llegado el medio día es hora de mi almuerzo, como de costumbre me marcho a casa de mis padres y comparto una hora con ellos, ni más ni menos, mi padre suele ser muy controlador y siempre tiene una oposición rotunda a lo que hago.
- ¿Santiago, cómo marcha el Centro Comercial?
- ¡Formidable! Es un excelente proyecto mamá.
Allí nos encontrábamos, solo mi madre y yo hablando de temas que me convenían, mientras que otros se dedicaban a escuchar y esperar el momento indicado para añadir comentarios de mal gusto.
- Dada la circunstancia de que el majestuoso Centro Comercial abra sus puertas antes de la fecha tope, ¿Qué piensas hacer después?
- Pienso que no trabajaré contigo Miguel, si eso era lo que querías saber.
- Santiago el negocio familiar es importante, ¿No piensas recapacitar?
Mi padre siempre tan evidente y particular, ¡Miguel Castillo! El típico jefe poderoso, incorruptible y admirable, para quien no lo conocía. Nuestro almuerzo lamentablemente fue interrumpido con mi inoportuna partida, era triste por mi madre, pero estimulante para mí. En la construcción me esperaban personas que admiraba, una de ellas era el dueño de dicho Centro Comercial, Daniel Mora, magnate e importante hombre de negocios, esta tarde hablaríamos sobre el futuro nombre y la distribución correcta de las áreas recreativas dentro de la estructura.
- Se llamará Club Real, quiero que su nombre sea visible, distribuye tú ahora el espacio correcto, sé que puedo confiar en ti Santiago.
- No lo defraudaré Señor – Le afirmé con toda seguridad.
Era mucho más que evidente, el C.C. Club Real, quedaría a la historia, lograría ser tan famoso como el "Titanic" pero no por su hundimiento, sino por su majestuoso tamaño y lujosa edificación. Al terminar la reunión con los empresarios y el Señor Daniel, recibí la llamada de mi novia y futura prometida, debo admitir que me encantaba hablar con ella, su voz me calmaba de cualquier angustia o problema. Habíamos acordado reunirnos en la noche, en la cena que cambiaría nuestras vidas. La tarde paso más rápido de lo esperado y la noche llego, todo marchaba estupendamente según el plan, mis padres sentados en el comedor, un anillo al fondo de la copa que le servirían, y una cena espléndida.
- Muchas gracias por invitarme a cenar hoy, señora Isabel, Señor Miguel.
- Siempre serás bienvenida a nuestra casa Susana, mi esposa y yo somos realmente felices con la unión que existe entre ustedes, tú eres la hija que no tuvimos, eres parte de nuestra familia.
Mi padre tenía toda la razón con sus comentarios, Susana era el motivo de mi felicidad, y la felicidad de nuestro hogar, gracias a ella los días más oscuros se convirtieron en claridad y sonrisas indestructibles. El champán se sirvió a las 9:00 pm, me gusta ser puntual, lo cual todo para mí debe hacerse en el momento correcto y pautado, y así se dio todo. Mientras ella sonreía, yo miraba la copa nervioso, me encontraba sudando frío literalmente, esperando ansiosamente el momento en el que ella notara el anillo, y de pronto cuando lo miró, su cara de sonriente cambio a sorprendida.
Mi corazón latía a mil por hora, en realidad esperaba cualquier reacción indiscutiblemente, pero ya pasado los segundos ella sonrió mirándome y regalándome el más caluroso y hermoso beso, – Esa era mi respuesta – no necesitaba más para saber que compartiría mi vida con ella.
Ahora, conozcamos el otro lado de la moneda.
Nunca me llegue a imaginar que mi madre muriera tan pronto, variablemente pensé que compartiría con ella por muchos más años, que mis hijos sentirían el calor de su abuela, pero no fue así, la vida hizo su trabajo y me arrebató lo más hermoso que poseía. Me encontraba en esos momentos de la vida, donde todo se viene cuesta abajo, y el mundo de maravillas se destruye, ¡Realmente incómodo! Pero como toda profesional y Psicóloga debía de tomar en cuenta mis conocimientos, para hacerle creer a mi hermana que por encima de todo, me encontraba bien.
- No intentes hacerte la fuerte cuando no lo eres Bianca, no lo hagas ni por mí.
- ¿Crees que a mamá le gustaría vernos llorar día y noche? – Le pregunté.
- No, pero es lo único que sé hacer desde que se fue – Respondió.
Mi hermana Paola aún era una adolescente, necesitaba descubrir caminos a lo largo de la vida, y yo estaría allí con ella para ayudarla en lo que fuera. Había aplicado en distintas oportunidades el proceso de Abreación con mis pacientes, cuando estos sentían tensión psíquica generada por una experiencia traumática, como una perdida, un accidente, violación, secuestro entre otras... ahora se había presentado las circunstancias necesarias para aplicármelo a mí misma. La casa en la cual habíamos vivido por tantos años ya no sería la misma sin nuestra madre, Paola y yo decidimos venderla para conservar el dinero y de esta manera pagar su carrera universitaria. Esa noche mientras intentábamos dormir, recibimos la llamada de nuestro padre, y luego de largos minutos conversando...
- Bianca hija, considera el hecho de que se muden una temporada con nosotros, con Andrea y conmigo.
- Papá de verdad te lo agradezco, pero no creo que sea buena idea.
- Piénsalo hija, yo me ocuparé de la universidad de Paola, en estos momentos yo soy lo único que les queda.
Por ese entonces mi mayor preocupación era mi hermana, ella comenzaría la universidad y estando consciente de que su carrera era costosa, me importaba si acceder o no, ese era su sueño y no podía negarle la posibilidad de cumplirlo, siempre soñó con ser periodista y ahora que no estaba mamá, me gustaba la idea de ser esa figura materna que necesitaba. Acepte la propuesta de mi padre, luego de haberla pensado mejor, considere la opción de mudarnos con él por Paola, ella tendría mejores condiciones de vida y más oportunidades de brillar y destacar en lo que aun ama.
Esa noche antes de partir no pude dormir, miraba a mi hermana fijamente dormida y es que ella era la copia física de nuestra madre, se parecía tanto que sentía que aún estaba con nosotras físicamente. Comencé a hacer maletas, aliste nuestro equipaje y lo deje junto a la puerta de entrada, tome los objetos que para mí eran de valor, como fotografías, maquillaje y una manta de mamá – Era imposible desprendernos de ella –; de inmediato cuando el sol comenzó a salir empaque lo que había quedado de mi madre, como su ropa, zapatos y accesorios, Paola y yo no queríamos conservar nada de ello, seria mantener un dolor vivo, un motivo por el cual llorar y ninguna de las dos queríamos eso. Todas las cosas restantes fueron donadas a la caridad, a personas que supieran valorarlas tanto como lo hicimos nosotras, y al llegar a casa mi hermana me esperaba ya lista.
- ¿Ahora comienza una nueva vida? – Preguntó.
- Sé que es un poco incómodo, será diferente a lo habitual, pero valdrá la pena – Le respondí.
- Extraño a papá, pero... son tantos años que aún no sé cómo reaccionar.
Mi hermana siempre ha sido la luz de mi vida, cuando papá nos abandonó Paola estaba muy pequeña, aún sostenía la edad de cinco años, no comprendía con exactitud lo que significaba un divorcio, pero nuestra madre se enfrentó sola a la vida y relleno ese vacío que él había dejado – Aunque no del todo –; poco tiempo después el Señor Ricardo Luna, nuestro padre, se había casado con una modelo y dueña de la más grande compañía de moda, Andrea Torres, él en definitiva causaba envidia entre todos los hombres, no solo poseía ahora el dinero, sino a la mujer que todos deseaban.
Se quiso ocupar de nosotras luego de tres años, cuando Paola había cumplido los ocho, él mandó un poco de dinero a casa, pero mi madre no lo recibió, – No era una mujer orgullosa – pero no pretendía obtener limosnas de alguien que se había marchado y no había vuelto a aparecer en el capítulo de nuestras vidas por tantos años. En realidad nunca necesitamos de él, pero con el tiempo comprendí que todos deben ser perdonados, incluso un asesino tiene derecho a redimirse por su víctima.
Durante mis años de estudio, entendí cosas que al principio desconocía, tantas virtudes que como personas poseemos, pero no conocemos, y una de esas, era saber perdonar en el momento justo y a la persona correcta. Mi padre nunca dejaría de ser mi padre, mi madre lo sabía y mi hermana también, así que le dimos la oportunidad de reconstruir una vía de comunicación con nosotras, con sus hijas, que nos conociera a medida que avanza el tiempo y aprendiera junto a nosotras el cómo ser padre y el cómo ser hijas.
¡Ahora solo nos queda él!
- ¿nos mudaremos hoy?
- Él ya debe estar esperándonos – Le respondí.
Nuestras maletas no contenían peso alguno, estaban llenas de recuerdos y segundos de felicidad, de sonrisas incomparables, nos íbamos con esos recuerdos, con esos momentos que para fortuna nuestra, quedarían marcados de por vida en nuestros corazones. El viaje fue algo cansado, mi hermana estuvo dormida durante el mismo, yo manejaba y mantenía la vista firme a cualquier acontecimiento, siempre he sido una persona altruista, me concentro tanto en hacer feliz a los demás que me olvido por completo de mi propia felicidad, y eso no me importa en lo absoluto.
¡Por fin llegamos!
Lo que mis ojos podían detallar se llamaba "Lujo", una casa enorme, –Y si era así de vista, no imaginaba como sería en su interior – allí estaban ellos, Andrea, papá y Raúl, nuestro hermanastro, el hijo único de la famosa modelo.
- Que gusto que se muden con nosotros niñas.
- Muchas gracias Andrea – Contestó mi hermana.
- Bianca cambia esa cara, ahora estás aquí con tu familia, aún tienes motivos para sonreír – Dijo papá.
Nunca dije que Andrea fuera una mujer mala, al contrario me parecía muy educada y bella, ciertamente no tenía ningún motivo por el cual desconfiar de ella. En la noche una de las modelos de Andrea no pudo asistir a su sesión fotográfica por motivos familiares, una cena según había escuchado así que mi padre no dudo en proponerle a Paola ocupar su lugar, él sabía lo importante que era para ella una oportunidad así y estaba más que claro que no la dejaría pasar. Nos encontrábamos ahora en la Compañía Moda de Diosas, un nombre lo bastante particular proviniendo de Andrea; y allí estaba yo, mirando a mi hermana posando para esas fotografías, sintiéndome cada vez más orgullosa de ella.
¡Ella de nuevo sonríe!, Dios nos estaba regalando la oportunidad de nuestras vidas, mi hermana en poco tiempo podría ganar fama mientras que yo por mi parte, solo esperaba apoyarla en todo, y conseguir hacer la maestría que tanto anhelábamos mi madre y yo.
¡Continuemos con Santiago!
Una noche completa sin poder dormir, o por lo menos el comienzo de ella, me sentía tan feliz, tan pleno, tan vivo, que estaba completamente seguro que ni los comentarios mal intencionados de mi padre me arrebatarían la felicidad tan grande que ahora podía demostrar. Susana había aceptado casarse conmigo, solo eso podía pensar e imaginar, recordar ese bello momento de la cena, de la propuesta, y es que en cierto aspecto era solo lo que quería recordar, su sonrisa, su mirada de asombro, de sorpresa pero a la vez de felicidad, de alegría y mucho amor.
¡Ella es mi luz!
Cuando sonríe, cuando calla,
cuando baja su mirada,
cuando me dice que me ama.
Toda ella, entera, me enamora.
Eran con exactitud las tres de la mañana, y yo seguía allí, observando fijamente el techo de mi habitación, sin poder caer en definitiva a los brazos de Morfeo. En vista a que no podía dormir por esa noche no me quedaba de otra que recompensar el tiempo, en ocuparme en algo interesante y de provecho, como el C.C. aún mantenía vivo el pensamiento de poder agrandarlo, contaba con espacio suficiente para hacer algo alucinante, y quería sorprender al señor Daniel Mora.
Toda mi vida he trabajado con planos, como nos enseñaron, solo cálculo y diseño desde una perspectiva distinta, en digital, pero en esa oportunidad quería hacer algo diferente, una maqueta, quería construir el modelo de lo que podía ser el C.C. en físico, cada planta por separado. Las horas pasaban y mi creatividad se elevaba, cuando sonó mi despertador a las 6:00 am, había concluido mi proyecto, no fue fácil debo admitirlo, pero me sentía orgulloso de lo que pude crear, y para ser mi primera vez ¡No me fue tan mal!
Me duche, desayune mucho antes de que mis padres despertaran y partí rumbo a la obra, tuve un pequeño retraso pues casi arroye a una chica, nunca fue mi intensión y soy muy cuidadoso al manejar, pero en esta oportunidad me distraje mirando la maqueta.
- ¿Estás ciego? Casi me matas.
- Lo siento yo no te vi.
- Eso fue muy obvio, ¿y ahora que, te quedaras allí? Por lo menos recompénsame con algo.
No es muy común que una chica te pida recompensa por haberla casi atropellado, pero como no estaba acostumbrado, me pareció quizás cortés llevarla a su destino.
- ¿Quieres dinero? – Le pregunté
- No te estoy pidiendo limosnas, llévame a la universidad
– Mencionó ella.
- ¿Universidad? Bueno, está bien.
Al comienzo pensé que estaba loca, ninguna mujer se subiría al coche de un hombre sin conocerlo, pero ella no tuvo problemas, y además estaba muy molesta.
- ¿no tienes miedo al estar conmigo? Es decir, yo podría ser un violador.
- ¿Y eres un violador? – Preguntó.
- Claro que no – Respondí.
- Entonces asunto arreglado, por cierto mucho gusto me llamo Paola Luna.
¡La vida y sus sorpresas!
Mi ruta culminó, resolví mi asunto con "Paola Luna" y volví a la construcción, me sorprendió lo rápido que trabajan los obreros, estaban haciendo un excelente trabajo, así que me tome la molestia de facilitarles el almuerzo a todos.
- Santiago hermano ¿cómo estás?
- Cristian, que sorpresa, ¿Qué me traes de nuevas?
- Esta noche, en el bar, tenemos que celebrar tu compromiso ¿No lo crees?
Cristian Coronel, no solo es mi mejor amigo, sino mi hermano, maduramos juntos, estudiamos juntos y con suerte en oportunidades trabajamos juntos, lo único que nos diferenciaba, es que yo tenía un futuro planeado, y él no pensaba en su futuro, sino en su presente y el cómo saber vivirlo. No me opongo a la idea de poder disfrutar nuestro presente de la mejor manera, incluso en mi época era igual de extrovertido que Cristian, y me encantaba ser así, pero desde que Susana apareció en mi vida todo cambio, me volví un poco más preocupado y capaz. Una noche en el bar, de copas, no sonaba nada mal, inclusive me caería de maravilla. Luego de haber organizado todo el almuerzo de los obreros, concurrí al restaurante con Cristian, nosotros teníamos muchas cosas de las cuales conversar, y por supuesto uno de esos temas sería mi futura esposa.
- Acabas de dar un gran paso, ¿Estás seguro de lo que hiciste? – Preguntó él.
- Claro, completamente Cristian, Susana es la mujer a la cual amo.
- ¿Te imaginas que luego aparezca otra que te haga cambiar de parecer?
Ese punto no estaba ni en una pequeña muestra de posibilidad en mis planes, según yo, nadie ocuparía el lugar que ahora mantenía Susana.
- ¿Tú no piensas nunca asentar cabeza?
- Santiaguito, yo estoy más cuerdo que tú, por eso no pienso en casarme, no cometería ese suicidio voluntario.
Cuando éramos adolescentes, solíamos contar las novias que habíamos tenido, Cristian siempre me superaba en números, nunca fue estable en una relación, y debo admitir que yo tampoco, en realidad solo aprovechábamos el hecho de que ellas estaban ¡Locas por nosotros! Aunque suene grotesco así era, y es que en la adolescencia muchas de las cosas que hacemos, son sin pensar en las consecuencias, en esos momentos es cuando sientes que te quieres comer el mundo, acuesta de lo que sea, y en nuestro caso, no nos importaba pues teníamos el dinero, la fama, y el físico ideal.
¡Pero todo en esta vida cambia!
Antes de pasar por casa esa tarde, visite a Susana en la compañía para la cual trabajaba, y vaya que me di una sorpresa cuando mire a una de las modelos – Bueno, su fotografía – no era más y nada menos que la grandiosa Paola Luna, la chica a la cual casi arroye.
- Mi amor estás aquí.
- Susana mi amor, ¿conoces de casualidad a esa chica de la fotografía? – Le pregunté.
- Bueno según escuche, es la hijastra de Andrea ¿Por qué?
- Me pareció familiar.
Resulta que la hijastra de Andrea Torres era una modelo, muy joven, pero era modelo, y yo casi termino en la cárcel por ella, gracias a dios las cosas se dieron de otra manera. Compartir cada segundo con mi novia, me hacía sentir vivo, así que no implicaba ningún esfuerzo de mi parte el estar con ella, pero como todo día que tiene que acabar, la deje en casa y continúe a la mía para cambiarme y asistir al bar según lo acordado con Cristian. En el bar la música era estupenda, más resaltante, más bailable, todo lo que necesitaba.
- Santiago, esta noche puedes volver a revivir viejos tiempos, deberías tomártelo como una despedida de soltero.
- ¿Quieres que engañe a Susana?
- No es engaño si ella no se entera.
No les mentiré, muy dentro de mí algo quería, ese viejo Santiago que era antes, quería de nuevo salir a la luz, y ser parte del mundo que ahora estaba viviendo. No ocurrió nada de lo que pudiera arrepentirme, solo unos bailes, unos besos, unas copas de más y listo, volvía a ser el mismo responsable de siempre, y como lo dijo Cristian son aventuras pequeñas, que solo nosotros sabríamos, nadie tenía por qué enterarse.
Mientras tanto en la familia Luna...
Solía levantarme muy temprano para ayudar a mi madre a preparar el desayuno, y como ya era una costumbre muy habitual esa mañana no fue la excepción, la única diferencia era que Andrea contaba con su propia cocinera. No soy el tipo de persona que está acostumbrada a tantos lujos, de este modo insistí en ayudar a preparar el desayuno, después de todo sería la primera vez que cocinaría para mi padre.
- ¡Buenos Días! Les traemos el desayuno.
- Bianca hija, ¿Tú cocinaste?
- Bueno papá ayudé un poco.
Un desayuno familiar después de días, ¡Eso estaba necesitando! Justo estaba por inscribirme para comenzar la maestría, y mi hermana la universidad, solo que antes de eso daría una vuelta por el cementerio donde estaba enterrada mamá, necesitaba hablarle y decirle cuanta falta me hacía, contarle sobre como marchaban las cosas, y lo que aún esperaba que ocurriera.
- Me van a disculpar, pero me tengo que ir ya, que tengan buen provecho – Mencioné.
Como todos los días le di un beso a mi hermana y continúe mi camino, me preocupaba un poco quien acompañaría a Paola a la universidad, pero tenía que aceptar que mi hermana ya estaba lo suficientemente mayor para defenderse sola. La mañana corrió muy rápido, afortunadamente había salido muy temprano de casa y me dio tiempo de hacer lo necesario, justo a la hora del almuerzo como lo había prometido, espere a mi hermana en la universidad, así las dos iríamos juntas a casa y ella me contaría como estuvo su día.
- ¿Papá te trajo a la universidad hoy?
- No Bianca, me vine sola, bueno no exactamente sola.
- ¿Cómo que no exactamente, quien te acompaño?
Mi hermana siempre ha sido la "rebelde" de la familia, siempre tuvo como excusa el que haya crecido sin un padre, claro que luego de cierto tiempo las cosas cambiaron y ella aceptó la realidad de la vida, el cómo son realmente los sucesos y el cómo aprender a vivir con ellos.
- Bueno, es que justo a dos cuadras de casa casi me atropellan, pero no importa porque no me paso nada y me trajo a la universidad.
- ¿Te subiste al auto de un extraño Paola?, pero niña
¿Qué te pasa por la cabeza a ti?
- No te preocupes hermana, no era un extraño, era Santiago Castillo, solo que no me reconoció.
¡Qué sorpresa! Conocí a Santiago muchos años atrás, hasta el momento que sus padres se mudaron a esta zona del país, Santiago era el tipo de persona egoísta y egocéntrica, muy manipulador para la poca edad que sostenía cuando estudiábamos juntos, – Aunque no siempre fue así – mi hermana en ese tiempo estaba aprendiendo a vivir sin padre, estaba muy pequeña pero con una retentiva impresionante. Santiago y yo pasamos nuestros mayores tiempos juntos con insultos y peleas de adolescentes, luego cuando se mudó mi vida cambio, justo ahora es cuando debo decir que al irse él, ya no tenía ningún motivo para discutir con nadie, mi vida se volvió centrada a los estudios, y algo aburrida en el colegio. La vida y sus sorpresas, ahora resulta que en cualquier momento o lugar podría volver a toparme con él, con aquel niño histriónico.
- ¿Sabías que está más guapo? Incluso se ve más maduro.
- Bueno, Paola, algún día debía cambiar.
¿Será cierto? ¿Será verdad que ya no es el mismo? Llegamos a casa a tiempo para el almuerzo, solo que papá y Andrea, no se encontraban presentes, como de costumbre, el trabajo siempre era su prioridad. ¡Qué más da! Ahora estábamos sentados en la mesa del comedor mi hermana, mi hermanastro Raúl, y yo, hipotéticamente nunca había compartido con él y creí que era el momento justo para comenzar a unir lazos familiares.
- ¿Estás estudiando Raúl? – Pregunté.
- ¿Estás en una relación Bianca? – Preguntó él.
- ¿Por qué me preguntas eso?
- Eres la hermana más hermosa que tengo – Está bien, suficiente, ¿Bianca me acompañas? – Interrumpió Paola.
Comentarios fuera de tema, soy consciente que Andrea daría la vida por su hijo, y le facilita lo que pide, en cierto aspecto estimula sus inalcanzables perseverancias a obtener lo que desea – Él está fuera de lugar – mi hermana y yo abandonamos el comedor y nos dirigimos hasta su habitación.
- Raúl es un enfermo, anoche mientras dormías lo observe mirándote como un desquiciado.
- ¿Qué me dices Paola? Raúl es nuestro hermano.
- Hermanastro Bianca, afortunadamente no lleva ni una mínima gota de nuestra sangre, actúa como un enfermo mental.
La actitud de Raúl si era intimidante, pero no podía darme el lujo de recaer en polémicas ni de mi hermana, no podía dar por sentado palabras que no demuestran hechos, no por los momentos. Tampoco digo que no le crea a mi hermana, al contrario Paola siempre ha sido muy sincera conmigo, pero ahora estábamos hablando de un personaje que forma parte en nuestras vidas, en nuestra familia. Al paso que la tarde daba lugar a su puesta de sol, sentí la curiosidad de averiguar sobre el famoso "Santiago Castillo" no perdería nada, y sentía curiosidad en saber que se estaba proyectando en el futuro que nunca llegue a imaginar.
Al parecer su vida estaba rodeada de fama, y según las noticias se iba a casar con una de las modelos de la compañía de Andrea, – El mundo es una diminuta cajita – bien, como dijo mi hermana sus facultades se daban a conocer, y su madurez era evidente y constante ahora en esta nueva etapa de su vida. Había un proceso de reconstrucción en su voluntad como persona, en querer hacer las cosas de una manera positiva y suscitar diferencia a lo inimaginable. Mamá solía decirme que madurar es un proceso trágico, donde nos damos cuenta de que carecemos de inocencia, nunca lo comprendí realmente, yo solía decir que era una etapa de escape al abandono de lo infantil, pero cuando tu vida cambia, y te das cuenta de que ya no eres un niño, quieres provocar una regresión a tu vida, a esa que tuviste durante tu niñez.
Y sonó el teléfono.
- Buenas noches, ¿Quién habla? – Pregunté.
- Buenas noches, por favor con ¿Raúl Torres?
- No se encuentra en casa ¿de parte?
- Dígale que llamo Cristian Coronel, que se comunique conmigo cuando pueda.
Papá llegó a casa con Andrea un poco más tarde de lo imaginado, no estuvieron presentes en la cena, supuse que estaban muy cansados así que me tome la molestia de prepararles el baño.
- ¿Qué haces Bianca?
- Te preparo la bañera.
- No hija por favor, tú eres parte de nuestra familia, no mi criada.
Como lo dije antes, no estoy acostumbrada a no hacer nada, pero si esos eran los deseos de mi padre, no podía decirle que no, después de todo estaba viviendo bajo su techo, luego de unas horas Raúl llego a casa muy ebrio por cierto, y pensé que hablarle sería algo mucho más que incómodo.
- Andrea, disculpa sé que estás cansada, pero llamo un señor... Cristian Coronel me dijo que se llamaba, que necesita comunicarse con tu hijo, pero Raúl...
- No es un señor Bianca, él tiene tu edad, y si gracias yo le informaré a Raúl.
Minutos más tarde me encontraba en mi habitación leyendo, y allí estaba él, observándome a escondidas desde la puerta de la habitación, Raúl en realidad actuaba como decía mi hermana, un psicópata, daba cierto temor el solo mirar cómo me observaba. Así que solo me levante y cerré la puerta con mucha precaución, él tampoco mencionó una palabra a pesar de que aún me miraba – Tal vez fue lo mejor – por ahora solo debía concentrarme en lo que vendría a formar parte de mi futuro y el de mi hermana.
¡Una noche de estudio, de lectura y compresión!
Podríamos camuflarnos en nuestros sueños, esos deseos que se vuelven anhelos y persistencia.
Descubrimos lo posible y lo evidente, insistimos en lo real, lo alcanzable, pero mantenemos debilidad por una ilusión que parece ser una fantasía, entonces ¿Somos niños, aparentando ser adultos?
¡Qué enorme dolor de cabeza sentí, después de una noche de bar!
No recuerdo cuando llegue a casa, tampoco que fue lo que exactamente ocurrió, solo debo decir que estoy al tanto, de que me sentía como si volviera a tener 17 años, pude revivir esos momentos de adolescencia que tanto disfrute, pero que ciertamente ahora me avergüenzan. Cristian había pasado la noche en casa también, al despertar bajé a la cocina por una taza de café, sentía cañonazos en mi cabeza, nunca me había dado una jaqueca tan fuerte como la de ese día.
- ¿Cristian, pasaste la noche aquí? – Pregunté.
- ¡Sí! No pude llegar a casa, me quede en la habitación de huéspedes.
- Yo no soporto esta jaqueca.
- No es para menos, anoche tomaste como si el mundo se acabaría Santiago.
Desde mi adolescencia había sido muy tomador, pero lo había dejado cuando comencé a salir con Susana, y no me parecía extraño, en cierto punto volví a recaer en lo mismo, – Por una noche no pasaría nada – tampoco era para alarmarse.
- Buenos Días, ¿Cristian hijo tú aquí?
- Buenos Días, Señora Isabel, bueno, es que pasamos una noche muy animada en el bar, y no pude manejar hasta casa.
Mamá siempre con sus preocupaciones, aún nos trataba como si fuéramos niños de cuna.
- Me ducharé, debo estar presente en la construcción, hablamos después – Comenté.
Me despedí, siempre he sido el tipo de persona que cumple con sus deberes, y a pesar de que no me sentía físicamente estable para trabajar, me asegure de estar presentable y aparentar mi estado sobrio.
- Santiago disculpa, hoy tengo reunión con dos de mis socios, hijo necesito que estés presente.
- Lo siento Miguel no puedo, ya sabrás que hacer sin mí, como todo este tiempo y el que vendrá.
Mi padre de una y otra manera quería involucrarme dentro de los negocios familiares, él no terminaba de comprender que no me interesaba nada referente a la empresa de seguros, yo por mi parte siempre he estado muy centrado en lo que quiero, mis planos, proyectos, estructuras, la coordinación, el mecanismo, distancia, peso, todo lo referente a construcciones es lo que realmente me importa, es mi mundo. Subí al coche y justo a dos cuadras de casa me encontré a Paola, la hijastra de Andrea Torres, iba caminando de nuevo, me sorprende que fuera caminando a la universidad cuando en su casa contaba con un chofer.
- ¿Quieres que te lleve?
- ¡Santiago Castillo! ¿Otra vez querías chocarme con el auto?
- No digas esas cosas, ven te llevo.
Esta niña tiene un carisma enorme para simpatizar con las personas.
- ¿Tú no me recuerdas Santiago? – Me preguntó.
- Claro, casi te tiré el carro el otro día.
- No hablo de eso, me refiero ¿a qué si no me recuerdas de niños?
De verdad que lo digo con el corazón en mano, que no la recordaba, no sabía quién era, y es que estaba tan cambiada, tan diferente que para cualquier persona sería imposible reconocerla, ahora ella era toda una señorita, y muy hermosa.
- Soy la hermana de Bianca Luna ¿Recuerdas? Tu tormento en el colegio.
- Bianca, ya recuerdo... ¡Sí que era un tormento!
Bianca y yo nunca nos llevamos bien, éramos dos polos totalmente opuestos, una moneda, yo representaba la cara, elegancia y ella era el sello, lo opuesto a mí. Yo en ese lapso de tiempo estaba en una posición económica muy favorable, siempre lo he estado por su puesto, y ella estaba apenas pasando por el abandono de su padre, lo cual la volvió fría, Bianca y yo fuimos los mejores amigos cuando nos conocimos, pero después se volvió odiosa y solitaria.
¡Tal vez por eso deje de tratarla!
Nos habíamos vuelto dos personas repelentes, ella no soportaba mi presencia y ni yo la de ella, así que había cambiado mucho mi manera de actuar y pensar hacia su persona, incluso creo que muchas veces me burle de ella, pero estábamos jóvenes y ahora sé que estuvo mal ¡Aun así no dejaba de ser insoportable! Pero había un detalle, Bianca siempre fue hermosa, ella tenía una mirada tan encantadora, sus ojos eran algo achinados color negro profundo, esa mirada me gustaba más que ninguna otra, pero solo era eso, una mirada que no concordaba con nada en su personalidad.
- ¿Sueñas despierto Santiago?
- ¿Disculpa?, no perdona solo recordaba.
- ¿Recordabas a mi hermana?
- Ya llegamos, anda baja, llegarás tarde.
Paola estaba al tanto de mi situación con su hermana, cuando me mudé ya estábamos en "Guerra" y eso no cambiaría, bueno eso creo. Por otro lado la obra estaba efectivamente avanzada, faltaba muy poco, tal vez, un mes más, luego solo quedarían detalles, como pintura, colocar ventanas, puertas e instalar los ascensores que por los momentos solo serían seis. Supongo que después del señor Daniel Mora, nadie estaba más emocionado que yo por ver la culminación del Centro Comercial, para ser mi primer proyecto de esta magnitud, era excepcional.
...
¡Que despertar tan diferente! Había un Passeri en mi ventana, su canto era el más hermoso que había escuchado, aunque algo tormentoso.
- Buenos Días, papá, Andrea, ¿Y Paola?
- Buenos Días, hija, tu hermana despertó muy temprano para asistir a clases, no desayuno y tampoco quiso que la llevara el chofer, dijo que quería caminar.
- No me sorprende.
Conozco a mi hermana mejor que nadie, sabía que ese deseo infrecuente de caminar tenía un nombre y apellido, Santiago Castillo. Paola nunca ha sido tonta, es una chica muy inteligente lo cual demuestra que quería verificar la ruta diaria de Santiago.
- Yo desayunare fuera papá disculpa, es que también estoy un poco apresurada, me iré en mi coche.
Nunca se me hacía tarde para asistir a un compromiso, incluso estaba sobre la hora pautada para la clase, pero me apetecía desayunar en una cafetería que había observado el día anterior. Como de costumbre tengo planeado, gofres con una taza de café como desayuno, me los imagino y mis ansias por desayunar aumentan, mi apetito crece. Justo en el momento que pretendí aparcar mi coche, otro auto se me adelantó y tomó el lugar que yo pretendía ocupar, no fue muy caballeroso, pero afortunadamente había otro espacio disponible.
- De haber sabido que era una mujer la que manejaba, te hubiese cedido el espacio.
- No importa – Respondí.
- ¡Uy! Que odiosa, vamos disculpa, por lo menos déjame invitarte una taza de café.
No pude decirle que no, de todas formas es lo que pediría para desayunar.
- Está bien, vamos – Le dije.
Estuvimos conversando alrededor de 30 minutos, me dijo que se llama Cristian Coronel, él era el tipo de persona que varía de contexto, él me demostraba un enfoque diferente a lo que normalmente abordaba en esta vida, supo cómo mantenerme cautivada, eso me gusto, eso me demostró.
- Fue un placer conversar contigo Bianca.
- El placer es mío.
- Disculpa nuevamente por lo del aparcamiento.
- No te preocupes, ya quedo en el pasado.
¿Aparcamiento? Ya había olvidado todo ese asunto del auto, y tampoco me importaba porque me encontraba totalmente hipnotizada con él.
- Quiero hacerte una invitación, esta noche iré con un amigo y su novia a bailar, y quiero que seas mi pareja, si aceptas claro.
- ¿Bailar?... Está bien, nos vemos esta noche Cristian.
Nos encontraríamos esa noche en el "NightClub" un bar muy frecuentado por famosos, personas de mucho prestigio y dinero, me sorprendí un poco cuando me dijo el lugar, pero supe disfrazar mi actitud. Nunca he asistido a un bar, o por lo menos no de tan alta categoría, es algo nuevo para mí, otro panorama diferente.
Luego de todos mis deberes, mis clases y compras llegue a casa justo al almuerzo.
- ¿No deberías estar en la empresa Raúl?
- Hoy no, mejor estoy aquí acompañándote.
- No era necesario, gracias, almorzaré en mi habitación – Respondí algo incómoda.
Las sospechas de mi hermana terminaban siendo una tormentosa verdad, y una incómoda situación para mí, ¿Mi hermanastro estaba fantaseando conmigo? – Que asco me da, de solo pensarlo –
Raúl trabajaba administrando la empresa de modas de su madre, de Andrea, pero el rol que debería asumir como administrador, se le escapaba de las manos, y se volvía vulnerable y sensible a sus adicciones y debilidad por el dinero que poseía. Andrea estaba consciente de los hechos y actos que suscitaba su hijo, un cleptómano de primera, le robaba a su propia madre, pero al ser hijo único, los dos actuaban indiferentes ante la realidad.
Estoy comenzando a sentir cierto desagrado ante Raúl, es inevitable no sentirlo, y quiero creer que solo tengo una confusión mental, pues siempre he mantenido el concepto de amar por encima de todo a la familia, aunque hay un detalle ¡Raúl no tiene ni una gota de mi sangre!
¡La noche llego! Y yo estoy lista para bailar.
- ¿Con quién saldrás esta noche?
- No seas curiosa Paola, me encontraré con unos amigos.
- Tú no tienes amigos aquí Bianca, dime ¿con quién saldrás?
Esta vez el chofer me llevaría hasta el bar, no quería asistir en coche propio pues pretendía quedarme hasta muy tarde, luego podría llamar a Kevin nuestro chofer y él iría a recogerme, o a lo mejor Cristian se podría ofrecer. Cristian se hallaba en la entrada, mientras bajaba del auto mis nervios aumentaban, y cada vez que él sonreía yo me sonrojaba.
- Que hermosa luces esta noche, ¿Entramos?
- Gracias, de acuerdo, entremos – Le dije.
Moría de curiosidad por conocer a sus anhelados amigos, y mayor fue mi sorpresa cuando me los presento.
- Bianca Luna, nunca pensé encontrarte en un sitio como este.
- Santiago.
Mi corazón se detuvo, no sé si solo fue producto de una emoción fuerte por este repentino encuentro, o tuvo que ver por revivir en un segundo todos los desprecios y humillaciones que me hizo en la adolescencia.
**Me esperaba todo menos esto, menos encontrármela a ella, y con mi mejor amigo menos, ella lucia muy hermosa, estaba muy cambiada, muy diferente a la Bianca que conocía, pero seguía manteniendo esa misma mirada.
No puedo negar lo guapo y cambiado que estaba, y es que nunca dejo de serlo, pero ahora era más elegante, más formal y apuesto, pero al fin de cuentas terminaba siendo el mismo Santiago de siempre.
- ¿Ya se conocían? – Pregunto Cristian.
- Si hermano, Bianca y yo nos conocemos de hace algún tiempo, por cierto ¿Cómo está tu madre? Supe que se encontraba un poco mal.
- Ella falleció, por eso es que estoy aquí, discúlpame un segundo Cristian yo iré al tocador.
**Nunca fue mi intensión hacerla sentir mal, y en ese preciso corto tiempo pude detallar una mirada de tristeza profunda, no es para menos, nadie mejor que yo, sabía cuánto Bianca amaba a su madre.
Sé que no lo hizo con mala intención, él no estaba al corriente de la situación con mi mamá, así que no podría culparlo de nada en lo absoluto, pero si sentí un gran vacío cuando menciono ese tema, pude recordar su rostro, su sonrisa y me sentí deprimida, por ese motivo fui al tocador, necesitaba poder concentrarme y aislar un poco esos recuerdos.
- ¿Mi amor estás bien? Santiago no quiso causarte un mal momento discúlpelo.
- No te preocupes Cristian, yo lo sé, es solo que necesitaba ir al tocador descuida.
Cristian es muy atento, simpático y carismático, su compañía era reconfortante para mí. Tuve el placer de poder conocer a Susana la prometida de Santiago y modelo de la empresa de Andrea, al parecer ahora estaríamos más cerca todos, tendríamos que aprender a llevarnos bien Santiago y yo, aunque no creo que sea un inconveniente.
- Cristian hermano, ¿cómo es que conociste a Bianca? – Preguntó Santiago.
- Bueno hoy le robe el puesto donde estacionaria el auto, y al verla me quede impresionado es hermosa, así que la invite a un café.
**Él tenía razón, ella estaba hermosa, pero no dejaba de ser la misma Bianca arrogante de siempre.
Ellos continuaban conversando, pero a Cristian se le podía distinguir su mirada, era incómoda y a la vez molesta ¿Y si, Santiago le estaba hablando de mí?, pero ¿Qué podría estarle diciendo?, a veces creo que me precipito a lo que sucede. Susana es muy cariñosa, no me sorprende que Santiago la haya elegido, ella exhala tranquilidad, una maravillosa mujer sin duda, y una gran amiga para quien pudiera alcanzar su amistad. A primera vista podría notarse "pre-juiciosa", pero al conocerla mejor, fomentaba confianza.
- Bianca cuando era una niña era insoportable, no te extrañes si lo continúa siendo.
- No hables así de ella Santiago, te recuerdo que los dos éramos mucho más que insoportables.
**Si no conociera a Cristian tan bien, diría que estaba molesto, pero creo que me quedaba corto, él estaba realmente enfurecido por mi comentario.
¡Pues si! Es como si estuviesen discutiendo, así que pensé que si me acercaba a ellos con Susana, podríamos calmar el panorama.
- ¿Bailamos Cristian? – Le pregunté.
- Bueno... Claro princesa vamos.
Mientras bailábamos las miradas se hacían incómodas, Santiago me observaba más de la cuenta y aunque intentaba disimularlo, creo que no lo lograba, no era nada astuto.
**La miraba bailando con Cristian y no me lo podía creer, Bianca, esa niña pequeña y solitaria que conocía ya no estaba, en la mirada de esta nueva Bianca, se veía humildad, valentía y fuerza, era ahora más decidida, pero estaba bailando con él... ¿Se supone que debe molestarme?
Intentaba nublar mis pensamientos, y creo que Cristian quería mostrar empatía conmigo, nos sentamos por un instante para tomar una copa, él no se cansaba de hacerme cumplidos y yo disfrutaba al escucharlos, Cristian lograba captar mi atención, sabía cómo hacerlo. Alrededor de las tres y cuarto Santiago y Susana se fueron a casa, yo por mi parte compartí una hora más con Cristian, explicándole mis próximas metas, el futuro que aspiro en mi hermana, y él me comentaba de sus sueños, sus proyectos en progreso y posibles obras, luego ya pasadas las horas:
- ¿Te llevo a casa? – Me preguntó.
- Me gustaría.
Una noche larga, un poco cansada pero divertida, con muchas sorpresas y alegrías... Cristian logró regalarme una salida estupenda.
- Nos veremos luego ¿supongo?
- Estaremos en contacto Cristian, gracias por esta noche, me divertí mucho.
Me acuesto en mi cama, y no logro sacarme su imagen de mi cabeza.
**Cierro mis ojos y no logro nublar mis pensamientos, su rostro me invade.
Insisto en acceder al sueño, pero...
**Escudriño en mis ideas para aclarar otras pero...
"¿Qué nos está pasando?"