Su cuerpo se movía con sensualidad en el centro de la pista, los ojos de casi toda la discoteca estaban en ella, mujeres la envidiaban, mujeres querían unirse a ella; hombres querían tomar su pequeña cintura entre sus manos, hombres querían frotar su entrepierna en su trasero pronunciado, pero ninguno se atrevía hacerlo, porque nadie en la vida era tan valiente; como yo.
Mis ojos estaban puestos en ella, pero sabía que me podía ver ridícula mirándola de esa forma, mi mirada gritaba: ¡Quiero ser como tú!
Mi cuerpo se levantó y caminé hasta el chico que me había invitado, bueno, que había invitado a mis dos amigas; yo había sido el arrastre. Al llegar hasta la mesa en la que nos habíamos puesto noté que no estaban allí por lo que mi vista examinó el lugar completo, pero fue imposible captar sus cabelleras rojas fuego.
-¿Dónde estarán? -Pronuncié bajito. Aquello no fue audible siquiera para mí, dado que la música a tan alto volumen evitaba que pudiese oír algo. Caminé con un poco más de prisa en dirección a un lugar que estaba a oscuras y al parecer ajeno al sonido.
Al entrar al lugar me percaté de que eran habitaciones, el espacio más bien parecía un lugar de descanso dado que había pequeños lugares con camas y con cortinas finas, tan finas que se podía ver a través de ella.
Mientras avanzaba miré hacia atrás, las luces LED daban contra la pared de salida de aquél espacio y supe así que me estaba alejando de dónde estaba el bullicio. La voz de una de mis amigas llegó a mis oídos, está gritaba, cosas muy indecentes...
"Oh sí... Mhmm, dame más, por favor"
Un sonrojo se instaló en mis mejillas al ver la escena frente a mí, vi a mis amigas en una posición un tanto comprometedora con el chico que nos había invitado junto a uno más, mis labios se entreabrieron ante la sorpresa y jadeé sorprendida; de forma inconsciente mi zona empezó a palpitar haciendo que deseara estar ahí, recibiendo por lo menos unos pequeños toques en zona.
Mi cuerpo se echó para atrás de forma rápida a una de las habitaciones que estaban abiertas, tropecé y di una estúpida vuelta cayendo de rodillas.
-¡Auch! -No pude evitar exclamar.
Al intentar levantarme me percaté de unos zapatos negros frente a mí, eras finos, estaban tan limpios que sentía que podía comer sobre ellos.
Mi cabeza se elevó con lentitud y mis ojos divisaron a una persona frente a mí, una persona no, más bien a un maldito hombre diseñados por los dioses; sus ojos grises, su nariz perfilada, sus labios en forma corazón llenos de un rosa parecido a un rico néctar de fresas, su mirada arrebatadora, su... -¿Se te ha perdido un orgasmo por aquí? -preguntó, por la forma intensa en la que me miraban sus ojos supuse que era para mí.
-No, yo solo... -La forma en que su pierna derecha cruzó a la izquierda hizo que le prestara atención a su postura, él quitó el botón de su saco y extendió sus manos por la parte superior del mueble.
-Es que tus ojos me están gritando que te tome.
Me levanté tratando de huir, pero choqué contra un pecho, un duro, fuerte y amplio pecho, al mirar hacia arriba mis labios se entreabrieron encontrándome con unos ojos café que me miraban con intensidad, sentí la presencia de alguien tras de mí, y la tensión del ambiente empezó a subir de tono, el chico delante de mí bajó un poco la cabeza sonriendo de lado y diciendo: -¿Por qué nos miras así? ¿Quieres que te tomemos y te hagamos saber que dos siempre será mejor que uno?
Mis pies se movían con lentitud, estaba aburrida y agotada, el día había sido de lo más pesado y para rematar la situación me tocaba estudiar hasta tarde, no lo hacía por mí, lo hacía por mi hermana pequeña a la cual ayudaba en casi todo; digamos que mientras yo estudio y hago su tarea ella sale a ser adolescente, pero no la culpaba, me gustaba estudiar de más a veces, aunque ella solía ser antipática y alejada conmigo.
Seguro tendrá sus razones.
Mientras ella tiene diecisiete, yo tengo diecinueve. Terminé la escuela hace dos años y en mis planes no estaba entrar a la universidad; de hecho, no podía, mis fuerzas y el poco entusiasmo que tenía por vivir no daban para más.
Mis amigas me habían invitado nuevamente a ir hacia la discoteca de hacía cinco meses, pero me negaba. No les había contado lo ocurrido ni tampoco me atrevería hacerlo, yo quería mantener eso para mí, como un pequeño momento valioso de mi vida que no volverá a pasar.
Aunque muero porque suceda de nuevo.
El momento había sido tan íntimo para mí, sus cercanías, el susurro del dicho de ojos grises en mi oído, el beso en el cuello del chico de ojos marrones, el sonrojo de mis mejillas, mi zona latente, la calentura del momento, todo... Todo eso lo guardaría para mí.
Algunas veces sentía que los veía o que era vista por ellos, pero era solo mi imaginación o el deseo de verlos de nuevo.
-Hola mamá, ya llegué. -Dije al entrar a la casa, no era muy grande, era un cajón con dos habitaciones y un baño. La sala, comedor y cocina estaban en un mismo lugar, por lo que no tuve que gritar tan fuerte.
Vi a mi madre saliendo de la habitación y sonreí para ella, esta me miró como si estuviese loca y al estar cerca de mí me extendió un sobre.
-Ha llegado el recibo de la luz. -Yo solo asentí con una sonrisa ligera en mis labios, pero no era felicidad, era un: si sabes lo que pasará, ¿Por qué continúas sonriendo?
-Gracias, mamá. No sé qué haría sin ti.
Vivir mejor tal vez.
Mis pies se movieron en dirección a mi habitación, solté el bulto que llevaba encima, quité el pantalón desgastado y la blusa, mi cuerpo quedó en ropa interior y mi pelo castaño corto cayó sobre mi espalda en libertad, suspiré cansada al verme al espejo.
Estaba demasiado delgada. Mi piel morena, aunque no del todo no tenía mancha alguna sobre ella, ninguna cicatriz, pero las internas... esas estaban podridas.
El sonido de mi teléfono sonando hizo que mirara a todas partes buscando donde estaba, no fue hasta que tomé el pantalón del suelo que pude encontrarlo, mis amigas me estaban haciendo un vídeo llamada por medio de WhatsApp y la tomé de inmediato recibiéndolas con una sonrisa.
«-¡Miren esos limones! -» El grito de su mejor amiga Melody la hizo sonreír, se percató de que Nataly, su otra mejor amiga estaba con ella.
«-¿Que hacen? ¿Dónde están? -» Pregunté curiosa, antes de responder se miraron entre sí, yo por mi parte esperé con paciencia la respuesta.
«-Estamos en casa de Owen -» Aquella respuesta hizo que mis cejas se elevaran por sorpresa, asentí restándole importancia. «-Tienes que venir, podemos disfrutar un poco la noche del viernes. Mañana no trabajas así que no tienes excusas -» Era cierto, pero...
«-Hace mucho no nos reunimos, así que no trates de poner una maldita excusa ¿Bien? Báñate y limpia esos limones, ¡Hoy te sacan todo el jugo! -» Agregó Nataly a lo que yo asentí. Sí, estaba cansada, pero eran mis mejores amigas y podía divertirme de vez en cuando. Tenía derecho, podía. Después de unos segundos la llamada se cortó, pero logré escuchar el "Aquí te esperamos Mad"
Fui hasta el baño no sin antes tomar la ropa que me iba poner, mientras caminaba al baño la puerta de la casa fue abierta y por ella entró mi hermana menor Madison, sonreí para ella y esta solo me miró de lado. Ella no era muy expresiva, pero sabía que no me odiaba... Al menos eso era lo que quería creer.
Mi cuerpo recibió una rica agua fría al igual que mi pelo, el baño fue rápido, no duré mucho dentro. Al salir me puse una crema para el cabello dado que estaba mojado, en el camino se podía secar, también podría abrazar de manera más hermosa su forma rizada. Me coloqué el vestido suelto y puse labial en mis labios, me veía simple y bonita.
Espero que Owen note como me he puesto para él.
El pensamiento inundó mi mente y no pude evitarlo, yo no estaba enamorada de él, no lo amaba, pero en serio me gustaba.
Cuando salí del baño corrí a mi habitación y me encontré a mi hermana rebuscando entre mis cosas.
-¿Qué crees que estás haciendo? -Ella me miró con obviedad.
-Dame dinero, Maddox. -Yo negué y la aparte para cruzar, tomé mi cartera y el sobre pequeño que estaba entre uno de mis libros favoritos, lo entré en mi cartera, tomé una abrigo y salí de la habitación con ella siguiéndome detrás.
-Deja de seguirme, Madison. -Dije cansada.
-¡Mami! Maddox no quiere darme mi dinero. -La miré con incrédula, ¿Mi? ¿Desde cuándo?
-No es tuyo, es mi dinero. No trabajo para darte gustos a ti, ya estás grande para saber que el dinero no cae de los árboles. -Mi madre entró en mi campo de visión y pensé que me apoyaría, al contrario, lo que hizo me dejó en shock.
Mi mejilla derecha ardía a causa de un golpe y mi mano derecha se frotaba en ella tratando de calmar la picazón que dejó.
-¡Dale el dinero a tu hermana! -El grito hizo que levantara mi cabeza de inmediato, no dije una palabra, solamente las miré, en silencio, como siempre.
Saqué un billete de mi cartera y se lo extendí, seguido de eso salí de la casa, trataría de sentirme mejor, porque si no... No sabía que haría, era una tortura; una que no estaba dispuesta a vivir eternamente.
×🦋×
A veces olvidaba cuan rico era Owen, el residencial en el que vivía solo tenía tres casas, dos de ellas vacías. Parecía ser que pocas personas podían costear una casa tan grande, era simplemente fascinante.
Entré a la casa, no sé cómo, pero lo logré. Había muchísima gente, gente que ni siquiera era reconocida por mí. Después de terminar la escuela mantuvimos el contacto y de hecho, algunos habían ido hasta la misma universidad solo para no alejarse, pocos se habían ido al extranjero.
Busqué a mis amigas entre la multitud del piso de abajo, pero no las encontré por lo que tuve que subir las escaleras.
Un ligero deja vú abrazó mi memoria y un sonrojo inundó mi rostro, ellos dos. ¿Dónde están ellos dos? El solo imaginarme siendo tomada por ambos me hacía sentir una cualquiera, pero si estar con ellos era el premio con gusto podría recibir insultos.
Sonreí ante mis pensamientos y la sonrisa que se había dibujado en mis labios se borró inmediatamente, el recuerdo de la áspera mano de mi madre en mi mejilla hizo que todos mis ánimos se fuesen al suelo.
-Oh, disculpa. -Oí la voz de alguien frente a mi, había chocado con él, lo reconocí al instante, pero no me sentía lista para este momento, para ver sus ojos, para hablarle de nuevo...
-Yo lo siento más, Owen... No fue mi intención. -Le di una sonrisa al subir el rostro. Él... Estaba más hermoso que antes, su sonrisa perfecta, sus ojos perfectos, todo de él era perfecto.
-Disculpa, ¿Cómo sabes mi nombre? ¿Te conozco? -La sonrisa que había en mis labios se borró al instante, un bajón dentro de mí hizo que el nudo en mi garganta se formara.
Como odio el sentimiento de no sentirme lo suficiente para que alguien me recuerde.
-Yo, me llamo...
-¡Owen! Te esperamos. -Oí que alguien le gritaba, él miró a alguien detrás de mi a causa de ello.
-Bueno, realmente hice una pregunta estúpida. Todos me conocen, pero no conozco a toda clase de gente, nos vemos luego amiga. -Mi boca se abrió en una gran 'o' no puedo creer que dijo algo como eso, Owen...
-¡Mad! -La voz de Nataly y Melody hizo que viese hasta donde me dirigía antes de chocar con Owen.
-Hola chicas. -Les sonreí. Había algo extraño en ellas, me miraban nerviosas. -¿Ha pasado algo?
-Sí bueno... Maddi, lo siento, no quise, pero él... -La miré con duda, ellas sabían lo de Owen por lo que pensé inmediato en él.
-¿Tuviste sexo con Owen? -Nataly me miró con asco.
-¡Wey la tiene del tamaño de una tiza! La única que está muerta de amor por él eres tú. -Me respondió mientras caminaba hacía mi rodeando mis hombros con sus brazos.
-Me acosté con Gabriel. -La sorpresa se instaló dentro de mí. Melody simplemente mirando el suelo.
-¡Qué me estás contando! ¿Es serio? -Grité yendo hasta ella.
-No lo sé, es tu mejor amigo ¿No? Deberías saberlo.
Mi querido y mujeriego mejor amigo Gabriel, con él no podía hablar mucho porque cada que lo hacíamos terminamos en una discusión, siempre le recriminaba que metía su tesoro en todas partes, él no se detenía a preguntar edad, vivía por y para el sexo, era estresante. Demasiado. Podía parecer una mejor amiga celosa, pero no lo era, solamente cuidaba que no se enfermara; pero él no lo veía así.
Cada que le decía el respondía: Estás celosa porque no has tenido de la gabriconda.
Era un niño grande.
-Bueno, solo te digo que no tomes las cosas tan en serio con él, ¿Vale? No... No te ilusiones. -Mis palabras podrían parecer duras, pero eran una realidad.
-Creo que no conoces bien a tu mejor amigo, Maddox, me invitó a un auto cine, me ha mandando flores, él está más comprometido que yo en esto. -Mi mano derecha fue hasta mi boca evitando hablar más, pero es que ella parecía no saber y el que no sabe es como el que no ve, lo intenté, no diré más.
-De acuerdo Melody.
-Iré al baño, vengo en un momento. -Pronunció esto, por lo que Nataly y yo nos quedamos en el mismo lugar esperando a por ella. Cuando se fue mi mejor amiga restante me miró.
-No le digas nada, déjala que viva su sueño que en realidad es una pesadilla disfrazada de mentiras. -Nataly lo sabía perfectamente, no había estado con él, pero éramos las más cercanas de algún modo.
-Sí bueno, ella es testaruda. -Dije bajito y esta asintió.
-Hay un chico que quiere conocerte, he subido una captura de la llamada a mi estado y él dice conocerte, ¿Quieres que le pase tu número? -Yo negué. -¡Vamos! Deja de ser una monja. -Yo sonreí ligero.
Melody llegó a nosotras y preguntó qué pasaba, yo de inmediato le di una respuesta.
-Si ella no lo quiere dámelo a mí. -dijo Melody mirando a Nataly. No me sorprendió aquello, no era la primera vez que pasaba. En algunas ocasiones cuando no quería estar con un chico Melody se lo terminaba cogiendo por mí.
-No, es a ella. La quieren a ella.
Mis ojos fueron hasta Nataly.
-¿Quieren? ¿Cómo? -Ella sonrió nerviosa mirando el suelo, como si la estupidez que había dicho estuviese en el suelo.
-Dije quiere. Él te quiere a ti. -Melody bufó cruzando sus brazos.
-¿Cómo para que o qué? -Preguntó, yo le dí una ligera mirada y luego miré a quien sabía de qué trataría la conversación en ese momento.
-Para quitarle lo extra virgen. -Me reí por lo que dijo, pero rápidamente mi rostro volvió a la realidad elevando una de mis cejas pesadas.
-No es para nada divertido, Nat. No me da risa. -Pero mis ganas de partirme de risa me delataban en ese momento.
-¡Ay por favor! Te urge que te cojan, por eso estás siempre con ese amargue en tu rostro. -Me respondió Nataly.
-Ella es una aburrida, ¿Que esperabas? -Soltó Melody, me removí incómoda sobre mis pies, quise decirle algo, pero lo guardé para mí.
-¿Nos quedaremos aquí o iremos a la fiesta? -Agregué, pero era obvio que ya quería irme a mi casa, lo que había pasado con Owen había hecho que me desanimara y que decir de ir a casa... No quería ir a ningún lado.
-¿Estás bien? -Me preguntó Nataly poniendo una de sus manos en mi hombro, yo asentí para ella y seguido de eso las tres bajamos las escaleras. La atención recayó en nosotras de alguna forma y mientras yo trataba de ocultarme, mis amigas lo disfrutaban, al llegar al final de las escaleras ví a Melody ser observada por Owen.
Lo siguiente que vieron mis ojos hicieron que mi corazón latiera fuerte, pero no emoción, era traición, dolor. Los labios del chico que me había querido toda la vida habían besado los de una de mis mejores amigas, yo...
Y cuando nos volvemos fríos nos tachan de insensibles, sin saber, sin conocer, sin haber estado en nuestras vidas cuando los seres que más queríamos enfriaron nuestra alma.
Ella no tiene la culpa, él no me vió de la misma forma nunca, pero... Era mi amiga, ella lo sabía, ¿No se suponía que eso era intocable? ¿Los amores de las amigas?
Un bullicio comenzó, la música se elevó, Nataly la miraba con enojo, pero le sonrió justo como yo lo hice cuando volteó. Ví como ella caminó hacia mi y se acercó a mi oído.
-Nunca se iba a fijar en ti, te ahorré la humillación.
Esa pe... No, no.
Mi cuerpo se movió entre la multitud, choque con varias personas, pero logré salir del lugar, tenía ganas de llorar, de subirme a la torre más alta y tirarme de ella.
¿Nunca podré ser suficiente y feliz? Con uno me sería suficiente.
Ví la luz de una de las mansiones y la forma del jardín me llamó la atención. Estaba un poco lejos por lo que mientras avanzaba el sonido de la música era menos.
El estruendoso sonido de un claxon hizo que de mis labios saliera un grito y que me quedase estática en mi lugar, ví hacia donde ahora se encontraba detenida y no me sorprendió en lo absoluto ver a una camioneta negra con los cristales del mismo color, me hice a un lado para que pudiese pasar, pero lo que noté fue una puerta siendo abierta.
Este es el momento de mi vida donde me secuestran, me matan y me hacen ir hasta Diosito.
Mis labios se entreabrieron y mi corazón latió con rapidez, sentí esa misma sensación cuando los ví por primera vez a ellos, cuando me dejé tocar por ellos, cuando sentí cosas inimaginables con ellos.
El cuerpo de un hombre alto se acercó hacia mí, tenían de hecho la misma estatura, el pelo negro, se veía tan bien, pero no... No era ninguno de ellos.
-¿Se encuentra bien, joven? -El hombre de unos años mayor que yo me preguntó, yo sonreí asintiendo.
-Sí, gracias... -Vi como miraba hacia la casa donde se encontraba la fiesta, en su rostro había desagrado junto a desaprobación.
-Los jóvenes de hoy en día no piensan más que fiestas... En mis tiempos eso no estaba permitido, era casi imposible poder salir a divertirse y caer desmayados a causa del alcohol.
Yo lo miré con atención. -Sí bueno, hay muchos estudiantes que salen a distraerse una vez a la semana de esa forma, no veo nada de malo. -La mirada que me dio hizo que deseara que la tierra me tragase.
-Lo bueno es que los señores compraron este recinto. -Aquello hizo que mi curiosidad creciera.
-¿Señores? ¿Quiénes son esos? -Indagué interesada.
-Los hermanos Ayers. -Asentí, ya sabía...
-¿Los de empresas Ayers? -El señor asintió afirmando lo que había pensado, yo por mi parte miré mis pies.
-Me sorprende que no los conozca, pero bueno, los jóvenes de ahora piensan solo en sexo, drogas y alcohol; que ni se dan cuenta de las cosas que pasan a sus alrededores. -Seguido de eso mi quijada se desencajó. ¿Aquello fue un insulto?
El hombre se subió a su camioneta y arrancó de inmediato, yo solo suspiré empezando a caminar, me esperaba un lugar camino a casa.
×
Había pasado una semana, una semana en la que no había visto a mi hermana, en la que solo iba trabajar, volvía a casa y dormía.
Actualmente estaba en su trabajo atendiendo algunos pedidos. Trabajaba en un pequeño restaurante chino, no le pagaban mucho, pero era suficiente para sus gastos. La hacía muy feliz dado que todas las cosas que había obtenido habían sido por esfuerzo propio; su alma dolía, sí, pero estaría dispuesta a todo por salir adelante.
Fui hasta la conocía y entregué el pedido, habían pasado ya cinco minutos desde mi salida y solamente estaba esperando terminar esa orden para salir. El sonido de mi teléfono en el bolsillo trasero de mi pantalón hizo que lo tomara de inmediato, ví el nombre "Mi Nat" y lo tomé enseguida.
-¿Sí?
«-Su pureza Maddox, necesito un favor de usted -» Le dije que me dijera que necesitaba y pude escuchar como suspiró. «-No sé si sabías, pero Owen se mudó hace casi tres días, la cosa es que dejé en su casa una pulsera muy importante, necesito que vayas a la casa y la busques por mí-»
-¿Qué? Ha pasado mucho tiempo y si limpiaron eso ya no debe estar ahí, creo que deberías darte por vencida, Nat. -Oí como ella sollozaba a través del teléfono. -¿Naty? ¿Qué sucede?
«-Es de mi abuela, es importante. No puedo oír ahora, sé que puedes, por favor. Solo es ir. -»
-De acuerdo. Iré, pero te juro que si la vuelves a perder no te ayudaré a recuperarlo. -Nos dijimos algunas cosas más y colgamos.
Suspiré de forma pesada, la tarifa del Uber hasta aquel lugar era muy alta, no podía darme el lujo de gastar todo ese dinero, de hecho, no podía darme el lujo para gastar dinero, por lo que opté a tomar el autobús y quedarme en la parada más cercana.
Actualmente me encontraba caminando en dirección hacia la casa, tenía casi alrededor de veinte minutos en camino; minutos en los que hacía sumas en su cabeza sobre las cuentas, me estresaba todo lo mínimo que podía desarmar cada pago.
-¡Ah, Dios! -El sonido de un estruendoso trueno hizo que mi corazón latiera con rapidez, caminé con más rapidez, pero eso no evitó que sobre mi cuerpo empezaran a caer pequeñas gotas de agua. -Esto debe ser una broma de...
Pero el trueno que sonó opacó la palabrota, empecé a correr con más rapidez, en eso duré casi diez minutos, hasta que a lo lejos pude lograr ver las rejas del residencial. El color que había en aquellas rejas había cambiado a un dorado intenso, y me sorprendió ver qué estas estaban abiertas.
Como si supieran que yo iba venir.
Agité la cabeza tratando de disipar aquellos pensamientos.
Al llegar a la puerta de la mansión en la que antes vivía Owen toqué el timbre con las manos temblorosas, tenía un frío intenso, toda mi ropa se había empapado de agua y el bulto que había puesto bajo mi blusa me había empezado a molestar, mis dientes tiritaron y mis labios se sellaron en una línea tratando de evitar temblar.
Mi mano cerrada chocó con la puerta una y otra vez, tratando de que alguien me oyera, una sonrisa se dibujó en mis labios cuándo vi que la puerta se abrió, pero segundos después...
¡La madre que me parió!
-Es bueno verte de nuevo, muñeca.
El cuerpo de uno de los chico que había visto hace cinco meses atrás estaba frente a mí, me encontraba en shock por lo que cuando él tomó mi mano llevándome hacía dentro no pude protestar, mi mirada estaba en él, no podía evitarlo, yo... ¡Carajo!
-Yo tengo que irme de aquí... -Sus ojos grises estaban sobre mí de forma intensa, su sonrisa lujuriosamente atractiva, todo lo que había en él hacía que mi cuerpo empezara a calentarse a pesar de estar completamente mojada. Él se acercó más a mi pegando mi cuerpo a la puerta. -Aléjese.
Su rostro se acercó al mío sin pedir permiso, mi cuerpo se tensó de inmediato y su mano que se había colado en mi cuello empeoró la situación.
-El agua hizo lo que yo quiero hacer, -Nuestros ojos se encontraron -Mojarte completa y no justamente en zonas que están visibles a la vista.