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Entre las sombras y el deseo

Entre las sombras y el deseo

Autor: : Lea Faes
Género: Romance
¿De la vista nace el amor? Dos hombres obsesionados por la misma chica. Ava es una chica muy bella e inocente, perdió la vista después del accidente en el que murieron sus padres, quedó bajo la custodia del sobrino de su padre, un hombre sin escrúpulos que la mantuvo encerrada durante años, ella ha logrado escapar ahora que sabe que quiere obligarla a ser su esposa, si lo logra podrá quedarse con la herencia que le han dejado sus padres, además de que está obsesionado con poseerla. Mateo Licciardi es un poderoso hombre de negocios que no gusta de las relaciones convencionales, ¿Amor? Eso para él no existe, hasta que el destino lo pone frente a un ángel, está decidido a todo por ella, intentara mostrarle su mundo, solo espera que lo comprenda y no se aleje de su lado, no dejará que Teodoro Miller le haga daño, los dos se enfrentaran en una lucha de poder por tenerla.

Capítulo 1 Huyendo

Un hombre se encontraba sentado en un sillón, dos chicas paradas frente a él, con movimientos suaves, acariciaban sus cuerpos, él tenía puesto un antifaz que ocultaba su rostro al igual que las dos chicas, sobre su regazo llamaba la atención un pequeño fuete.

Una de las chicas se acercó a él e intentó besarlo, el hombre la detuvo bruscamente, se levantó de prisa, y sin poder ocultar su molestia, se alejó del lugar inmediatamente.

-Eres una tonta, ¿Qué has hecho? Te explique bien cómo serían las cosas.

-Lo siento, no pude evitarlo, me atrae demasiado, es un hombre realmente guapo.

-Toma tus cosas y vete, ya sabes que no puedes decir a nadie lo que aquí sucede, has firmado un acuerdo de confidencialidad y más vale que lo respetes.

La mujer salió de ahí tratando de contener las lágrimas que amenazaban con traicionarla, mientras tanto no muy lejos de ahí, una joven chica se sentía desesperada.

Ava corría de prisa, su corazón acelerado amenazaba con salirse de su pecho, corría en medio de una terrible oscuridad, aunque la oscuridad para ella no era nada nuevo.

Temía por su vida, por lo que tenía que alejarse lo más rápido posible, para una persona como ella, hacerlo era muy difícil, y más cuando tenía tiempo sin salir de la mansión familiar, estaba terriblemente asustada, los arbustos con los que se encontraba rasgaban su blanca y delicada piel.

En su mente solo había un pensamiento, escapar, de pronto escuchó el fuerte sonido de un claxon, después sintió que algo la golpeaba fuertemente, enseguida la invadió la inconsciencia.

Cuando despertó, tuvo la impresión de que estaba en un lugar extraño, el aroma en el ambiente era diferente, desconocido para ella, se dio cuenta de que no estaba en la mansión de su familia, y daba gracias por que así fuera.

Suspiró profundamente para mantener la calma, pero el no saber dónde estaba la empezó a desesperar, intentó bajarse de la cama, en ese momento alguien la tomó suavemente por el brazo para detenerla, notó una deliciosa fragancia, se concentró en ese aroma, pero una ronca voz la volvió a la realidad.

-¡Espera! -Dijo con desesperación el hombre al pensar que la chica estaría aún débil y podría caer, él la sintió temblar.

-¿Dónde estoy? -preguntó completamente desconcertada.

-Has tenido un accidente.

El hombre notó que la chica mantenía fija la mirada en algún punto de la habitación, pasó su mano una y otra vez al frente de ella sin obtener respuesta, quizás era algún efecto secundario por el golpe del auto.

-Me llamo, Mateo Licciardi -se presentó con ella, pensaba que al saber su nombre tal vez se tranquilizaría - ¿Cómo te llamas?

-Ava Miller, ¿Quién me ha traído aquí? - Preguntó con desconfianza.

-¿En verdad no recuerdas lo sucedido?

-No, lo siento. -Contestó a punto del llanto.

-Venía de regreso a casa en mi auto, justo en el cruce del camino con la propiedad de los Miller, saliste corriendo hacia el auto, lo siento, frene de inmediato, pero aún así no logre evitar golpearte, quedaste inconsciente, así que te traje a casa, eso fue hace dos días, hasta ahora despertaste, ya te ha revisado el médico, pronto te recuperarás completamente.

-Gracias, qué pena, no escuché su auto. -Se sorprendió al saber que había estado inconsciente durante dos días.

- No te preocupes, afortunadamente no pasó nada más, puedes quedarte aquí el tiempo que sea necesario hasta que te recuperes ¿Deseas que llame a algún familiar? -preguntó preocupado por aquella chica.

-No, por favor, no lo hagas, mi vida corre peligro, es mejor que no me localicen. - Ava se alteró terriblemente ante la idea de tener que regresar a la mansión Miller nuevamente.

-Tranquila, por ahora descansa, ya habrá tiempo para hablar sobre lo que te ha ocurrido, aquí estarás a salvo. -Sintió el instinto de proteger a aquella chica aunque era una completa desconocida, se sentía terriblemente culpable por atropellarla.

Mateo era un gran empresario italiano, heredero del imperio Licciardi, uno de los más poderosos de Italia, reconocido en varios países por sus empresas dedicadas a fabricar cruceros y yates de lujo, amaba los deportes extremos, eso les había ocasionado grandes dolores de cabeza a su abuelo y a su madre.

Su padre Alessio y su abuela Andrea Licciardi, murieron en un accidente aéreo, cuando Mateo tenía 10 años, Guido su abuelo y Aurora su madre, supieron sacar adelante las empresas que había fundado su padre.

Las empresas ahora estaban a cargo de Mateo, cuando cumplió 20 años las dejaron en su poder, era demasiada responsabilidad para alguien tan joven, pero después de todo para eso fue educado desde pequeño, por lo que poco después las posicionó como las mejores de Europa y sus productos adquirieron fama a nivel mundial.

Ava perdió a sus padres Franco y Alice Miller cuando tenía también 10 años de edad, ese fatídico día salieron de paseo como lo hacían cada mes, el auto en el que viajaban se quedó sin frenos, por lo que perecieron instantáneamente, fue un verdadero milagro que Ava lograra sobrevivir después de ese accidente.

Ava se llevó un fuerte golpe en la cabeza al girar el auto, por lo que días después empezó a perder la vista.

Los médicos que la revisaron dijeron que el golpe en su cabeza no había sido tan fuerte como para perder la visión, puesto que llevaba puesto el cinturón de seguridad.

Pensaban que podría ser producto del shock psicológico que sufrió al enterarse de la muerte de sus padres, pero necesitaban hacerle diversos estudios para saber la verdadera causa, mientras tanto solo eran especulaciones.

Quedó bajo la tutela de su único familiar, Teodoro Miller, primo de su padre, un hombre ambicioso y apostador que no se había casado debido a que amaba la soltería para poder así disfrutar de varias mujeres, evitando todo compromiso, el hombre se mudo a vivir a la mansión Miller, se negó a llevarla al médico, sabía que si recuperaba la vista, llegaría el día en que tendría que entregarle la herencia de su padre.

Ava fue la heredera universal de la fortuna de sus padres, fortuna que recibiría al cumplir los dieciocho años, los había cumplido una semana atrás, la chica no estaba enterada de la existencia de esa herencia, su tío no tenía la intención de cumplir la última voluntad de los padres de Ava.

El día que decidió escapar, lo escuchó hablar con su abogado en el despacho, estaban planeando su boda con la chica, el hombre la deseaba, no le había permitido salir de la mansión desde la muerte de sus padres, le decía que era por su seguridad, que podría lastimarse.

Su tío reía y contaba como esa noche al regresar de una cena, entraría a su habitación para hacerla suya, si iba a ser su esposa, no tenía por qué esperar más tiempo.

El abogado se reía al escucharlo, los dos hombres eran realmente perversos, a Ava no le quedó duda de ello.

Asustada, buscó de inmediato a su nana, sabía que era la única persona que podría ayudarla, estaba desesperada.

Esa noche, la nana se acercó a los guardias para distraerlos mientras ella escapaba, preparó deliciosos platillos para que cenarán, no sospecharon en lo absoluto, pues otras veces ya lo había hecho.

La nana dejó la reja del jardín abierta para que la chica saliera, sabía que era un gran riesgo que la chica caminara sola fuera de la mansión, pero si ella la acompañaba, los guardias se darían cuenta enseguida de que las dos no estaban.

Hizo lo posible por comportarse tranquila delante de los guardias, cuando se dieron cuenta de que la chica no estaba, ya habían pasado un par de horas, salieron apresurados a buscarla sin encontrarla.

Mateo regresaba a la mansión Licciardi, cuando la chica se atravesó en el camino y no pudo evitar golpearla, justo era ese camino el que dividía las dos propiedades, se llevó el susto de su vida al verla ahí tirada, después de revisarla, se dio cuenta de que aún respiraba, en el colegio militar había aprendido primeros auxilios, así que tomó las precauciones debidas antes de levantarla.

La llevó con él a su mansión, esperando que despertara pronto y así saber quién era, estuvo cuidándola por dos días, la chica no reaccionaba, cuando por fin despertó, pudo notar que era invidente, pues sus ojos no se posaban en él cuando le hablaba, se dio cuenta de su desesperación cuando él sugirió llamar a sus familiares, trató de tranquilizarla prometiendo mantenerla a salvo.

Era una joven muy hermosa, sus facciones perfectas, angelicales, su piel era muy blanca, su pelo castaño, largo, sus ojos eran de un color azul profundo, en ellos se reflejaba una mirada perdida, vacía, era terrible que una chica tan bella estuviera inmersa en una terrible oscuridad.

Se veía tan frágil, tan indefensa, de inmediato Mateo contrató una persona para que se hiciera cargo de ella, pensaba que necesitaba cuidados cuando menos hasta su recuperación, después ya vería que hacer, todo dependía de lo que le contara, y del motivo por el cual no quería que avisara a su familia lo sucedido.

Capítulo 2 La familia de Mateo

Había pasado una semana desde que Ava llegó a la mansión Licciardi, Mateo no había vuelto a hablar con ella, era un hombre demasiado ocupado, a sus 30 años había logrado llegar muy alto, pero sacrificando gran parte de su libertad a cambio.

Continuamente viajaba por negocios, se dio cuenta de que no podía sacar de su cabeza lo que le había ocurrido al estar frente a esa chica, tenía que saber qué era lo que en realidad pasaba con ella.

Por la noche había regresado de Venecia, una reunión de inversionistas se había llevado a cabo y no tuvo otra opción más que acudir.

A la mañana siguiente, decidió que era tiempo de hablar con Ava, el médico le comunicó que ya se encontraba mejor, necesitaba saber porque huía.

No entendía cómo alguien sería capaz de intentar dañar a un ángel como ella, sin saber porque, sentía la imperiosa necesidad de protegerla, la chica le hacía sentir una extraña calidez cuando estaba junto a ella.

Desde el primer día que la vio, se quedó grabada en él su mirada, estaba confundido, intentaba encontrar una explicación lógica para lo qué le pasaba con esa chica, quizás era que la veía desprotegida, él no era del tipo de hombres que se enamoraban.

Nunca lo había sido, el amor no era para él, al menos eso creía hasta ese momento, el amor volvía a los hombres débiles, dependientes, y él no pensaba ser uno de ellos.

Ava se sentía asustada, nerviosa, era un lugar completamente desconocido, los primeros días necesitó ayuda para ubicar las cosas, pronto logró aprenderse la distribución de la habitación, no sin antes darse unos cuantos golpes con las esquinas de los muebles, para ella hacer lo simple, lo cotidiano en un lugar desconocido era todo un reto.

Esa mañana, salió a la pequeña terraza fuera de su habitación, se sentó en un cómodo sillón, dedujo que la mansión debía tener un hermoso jardín, pudo distinguir el aroma de las de las flores, entre todas, pudo reconocer la fragancia de las rosas y el de las peonías que eran sus flores favoritas, así que podía distinguir su aroma sobre cualquier otro.

Estaba por levantarse para entrar de nuevo en la habitación, cuando sintió esa suave fragancia, la misma que había sentido cuando despertó después del accidente, así que de inmediato se dio cuenta de que Mateo se acercaba.

-Hola -preguntó mientras la observaba, esa mañana se veía especialmente hermosa, parecía casi un ángel

-¿Cómo te sientes?

-Hola, estoy mucho mejor, gracias. -Contestó tímidamente.

- Me gustaría hablar contigo.

-Claro, adelante.

Ava imaginaba lo que Mateo quería decirle, sentía pena de pedirle ayuda, no contaba con nadie más a quien recurrir.

- Necesito que me digas lo que ocurrió esa noche, me pareció que huías de alguien, no quiero que en ningún momento pienses que no quiero que estés aquí, por el contrario, necesito saberlo para poder ayudarte.

- Es una larga historia, solo le puedo decir que mi tío, Teodoro Miller, quiere obligarme a casarme con él, mi nana me ayudó a escapar, estoy muy preocupada, necesito saber como está.

-Mateo se quedó pensando por un rato, conocía muy bien la fama que tenía Teodoro, pues se movían en el mismo círculo.

-No entiendo porque tu tío quiere obligarte algo así, si es tu familiar no debería hacerlo, puedes quedarte aquí el tiempo que gustes, desde ahora estás bajo mi protección y la de mi madre y mi abuelo, los conocerás está noche durante la cena, ellos también viven aquí, están por llegar de su viaje.

-Muchas gracias, me apena ser una molestia, pero en este momento no se que hacer, no tengo a donde ir, la única persona en quién confío es mi nana.

Ava no sabía porque aquel desconocido le inspiraba tanta confianza, le contó toda su historia, la muerte de sus padres, como su tío se había adueñado de su herencia de la cual ella no sabía hasta la noche que lo escuchó hablar con el abogado, también le contó la razón por la cuál perdió la vista, lo acababa de conocer, pero había algo en su voz que la tranquilizaba.

-Siento mucho que a tu corta edad hayas pasado por tanto, intentaré investigar cómo se encuentra tu nana, el próximo fin de semana asistiré a un evento en el que estará presente tu tío, nos han invitado a varios posibles inversionistas, desea ampliar su empresa, estará ahí uno de mis mejores amigos, le pediré me ayude a distraerlos, así podré escaparme para entrar en la mansión, y buscar a tu nana, estoy seguro que no se negara, le encanta la adrenalina.

- Mi nana se llama Lola, su habitación es la última a la derecha subiendo las escaleras.

- El rostro de la chica se iluminó al pensar que quizá pronto estaría su nana con ella.

-¿Necesitas que tome algo de la mansión para traerte?

-Sería mucho riesgo, la mansión está vigilada por varios guardaespaldas, a las dos de la mañana hacen cambio de turno, en realidad sí hay algo que me gustaría recuperar, mi habitación es justo antes de la de mi nana, en el vestidor, en la parte de abajo, hay una pequeña caja fuerte color oscuro, dentro está una caja color rosa con incrustaciones de brillantes, es muy importante para mí su contenido.

Mateo no sabía porque no podía dejar de verla, era preciosa, hacía ciertos gestos cuando hablaba que la hacían ver adorable, se daba cuenta de que estaba muy mal lo que sentía, junto a ella se sentía muy viejo.

Doce años eran una gran diferencia, sin embargo no podía evitarlo, tampoco quería parecer un aprovechado, intentó ordenar y calmar sus pensamientos, Ava le dio la combinación de la caja fuerte, notó que en su muñeca traía puesta una hermosa pulsera de la que colgaba una pequeña llave.

Ella le explicó que por cada número que marcará, tenía que regresar dos números, una vez a la derecha, la siguiente a la izquierda, así hasta terminar de marcarlos todos, y al escuchar el clic de la cerradura, tenía que oprimir dos veces el botón que se encontraba a un lado para que no se activará la alarma.

Mateo pensó que tenía que ser muy importante el contenido de esa caja para que la protegiera de esa manera, y la chica debía de estar muy desesperada para confiar en un hombre que era casi un desconocido para ella.

Ava por su parte, sentía que quizás él no debería tomar ese riesgo por una mujer a la que apenas conocía, si lo hacía por lástima sería algo que ella no soportaría, no le agradaba que la vieran de esa manera.

-He contratado a una persona que será la encargada de apoyarte hasta que te adaptes a la casa, puedes pedirle con confianza lo que necesites, me he tomado la libertad de mandar a traer algunas cosas para ti, como ropa y cosas de uso personal, si algo te hace falta no tienes más que pedirlo.

-Muchas gracias, me apena ocasionar tantas molestias, espero pronto poder pagarle.

-No es molestia alguna, lo hago con gusto -si al menos Ava hubiera podido ver la manera en la que la miraba Mateo, o si él hubiera podido verse al espejo, estaba totalmente embobado observándola

-Dime, ¿Qué es lo que acostumbras hacer para distraerte?

-Me gusta hacer todo aquello que pueda despertar mi imaginación, leer, escuchar la radio o la televisión.

-La mente de Mateo se desvió hacia otros pensamientos, a él también le gustaba hacer cosas que despertarán su imaginación, se reprendió mentalmente por pensar en eso en aquel momento.

- ¡Genial! Hay una televisión en tu habitación, he comprado algunos libros en braille, Loren ya debe haberlos colocado en el mueble junto a la cama, espero te guste mi elección, si no es así, dime cuales te gustaría leer.

- No debe preocuparse por eso, ya demasiadas molestias he ocasionado.

- Como te he dicho, no es molestia alguna. -De hecho pensaba que nada que viniera de esa chica podría molestarle.

- Gracias. -Ava agradeció mientras en su cara se dibujaba una hermosa sonrisa, Mateo suspiró al observarla.

- La cena será a las nueve, Loren subirá para ayudarte en lo que necesites.

Mateo se despidió, retirándose de inmediato, la compañía de esa chica le gustaba demasiado.

La madre y el abuelo de Mateo llegaron más tarde, Aurora quería subir enseguida para conocer a Ava, Mateo la detuvo antes de que lo hiciera, no quería que la chica se sintiera incómoda, su madre solía ser excesivamente cariñosa.

Guido era más desconfiado, pidió a Mateo explicar minuciosamente lo que había pasado, se encargaría de asegurarse de que la chica no estuviera mintiendo, si es que en realidad era invidente.

Y si lo era, eso no aseguraba que fuera buena persona, pensaba que quizás podría ser una cazafortunas que deseaba atrapar a su nieto, en cambio si la historia que contaba fuera real, ayudaría a su nieto a protegerla en contra de lo que sea, si mentía se encargaría de destruirla.

Capítulo 3 Bajo el agua fría

La asistente Loren, acomodó en la habitación todo lo que Mateo había comprado para la chica, pensaba que de cierta manera era triste que la chica no pudiera ver toda esa hermosa ropa.

-Señorita, el señor Licciardi me ha pedido que esté a su disposición, en el buró encontrará todos los libros que el señor trajo, frente a su cama se encuentra el televisor, se ha instalado un sistema para encenderlo por voz, así podrá poner sus programas o videos favoritos, el señor grabó su número celular en el celular que le ha traído, así podrá llamarlo cuando necesite algo.

- Gracias, podrías ayudarme a elegir un vestido para la cena de favor.

-Con gusto, hay un vestido rojo, es hermoso, me parece ideal para esta noche, no se si es demasiado atrevimiento de mi parte, pero si gusta puedo ayudarla a maquillarse y peinarse para la ocasión.

-Estaría muy bien, mi nana es quien me ayuda a arreglarme para ocasiones especiales, para mi arreglo diario solo necesito me muestre donde está colocada la ropa informal, ahora es un poco difícil porque no conozco el lugar, necesito reconocer dónde se encuentra cada cosa para poderme adaptar.

- Del lado izquierdo del vestidor se colocó la ropa formal, del lado derecho la informal, así como zapatos y accesorios.

-En verdad muchas gracias, me apena llegar a ser una molestia.

-No es molestia, lo hago con gusto. -Loren sonrió, aquella chica le parecía tan indefensa que despertaba ternura.

Ava se dio cuenta de que todos estaban esforzándose por hacerla sentir bien, estaba acostumbrada a valerse por sí misma, el problema que tenía era que no conocía el lugar y eso le dificultaba el poder encontrar las cosas.

Loren la ayudó a arreglarse, le pareció que la chica se veía hermosa con ese vestido, era en color rojo de cuello alto, ajustado hasta la cintura, de cuello alto sin mangas, una falda semicircular llegaba un poco más arriba de las rodillas, tenía un toque elegante, se puso unas zapatillas del mismo color de tacón bajo, era una lástima que no pudiera ver cómo se veía.

Loren la maquilló ligeramente, después la peinó, su largo cabello caía sobre su espalda en suaves ondas, la asistente sonrió con dulzura al verla, le parecía una bella muñeca.

Más tarde bajó al comedor, Loren la guió tomándola por la mano para evitar que fuera a caer por la escalera, Mateo, su abuelo y su madre, ya la esperaban ahí,al verla se asombraron pues se veía muy bella.

Mateo hizo un esfuerzo por ocultar lo que Ava despertaba en él, si su familia lo descubriera, se sentiría muy avergonzado, se acercó enseguida a ella para guiarla hasta donde estaba su familia, Aurora se acercó para saludarla efusivamente con un abrazó y un beso en la mejilla.

Guido la saludó con caballerosidad, después Mateo la llevó hasta la silla que se encontraba junto a él, Ava se dio cuenta de que estaba nerviosa sin razón, el abuelo y la madre de Mateo eran muy agradables.

Ava por un momento se sintió extraña, aquel era el calor de hogar que tanto necesitaba, las palabras de aquellas personas la hicieron sentirse protegida, aunque en el tono de voz de Guido pudo sentir que algo pasaba.

Guido estuvo tentado durante toda la cena de interrogar a la chica, sentía una gran curiosidad, al verla, le dio la impresión que era una chica inocente, sin malicia, pero no podía confiarse, se aseguraría que todo aquello no fuera un plan tramado por

Ava, se detuvo al reconocer que no era el momento oportuno, no quería asustarla ni hacerla sentir incómoda, había notado a Mateo diferente, el brillo en sus ojos cuando la veía se notaba claramente, esa muchachita había cambiado algo en él y eso le agradaba.

Aunque Mateo era ya mayor, y podía protegerse por sí mismo, era su único nieto y sentía la imperiosa necesidad de protegerlo.

Mateo era un hombre que sabía cuidarse las espaldas, en los negocios mostraba un temperamento fuerte e implacable, a donde iba, su presencia se notaba, sus adversarios le temían, sabían perfectamente que era capaz de destruirlos, pues no se tocaba el corazón si alguien intentaba hacerle daño.

Al terminar la cena, Ava se despidió para subir a descansar, a Mateo le hubiera gustado pasar un rato más con ella, pero entendía que quisiera subir, aún eran unos completos extraños para ella, Loren la tomó por el brazo para guiarla hasta su habitación, Ava subió despacio las escaleras para no tropezarse con ellas, pensaba que en unos cuantos días más ya no necesitaría ayuda, pues se estaba adaptando a los espacios de la casa.

Más tarde, al pasar por la habitación de la chica, Mateo escuchó un ruido extraño, llamó a la puerta, al no obtener respuesta, decidió entrar, la chica dejaba la puerta sin llave, por si Loren necesitaba entrar.

Cuando entró, Mateo se sorprendió enormemente, frente a él se encontraba la chica, al pasar hacía el baño, Ava había chocado con un mueble, algunos libros cayeron causando un enorme ruido, todo hubiera estado bien, de no ser que se encontraba en ropa interior, desesperada intentaba cubrirse en vano con sus manos.

-Lo siento, no fue mi intención, pasaba por aquí y escuche un fuerte ruido, llamé a la puerta, como no recibí respuesta, decidí entrar, pensé que podrías haberte lastimado. -Dijo mientras con la mirada la recorría de arriba a abajo, hizo un gran esfuerzo por voltear hacia otro lado, pero era imposible, el cuerpo de la chica era como un imán que lo atraía fuertemente.

-Estoy bien, solo tropecé, al hacerlo se cayeron algunos libros. -Dijo con voz tímida mientras sentía que moría de la vergüenza.

Mateo no contestó, salió prácticamente corriendo de la habitación, minutos después se encontraba en el baño bajo el agua fría.

-¡Demonios! es hermosa, tengo que controlarme, esa chica me está desequilibrando enormemente.

Ava se sentía terriblemente avergonzada, y la situación no era para menos, no acostumbraba poner llave a su puerta, sentía que era más fácil así, por si alguien tocaba.

Los siguientes días, Mateo la esquivó todo el tiempo, se sentía avergonzado, al querer ayudarla la había hecho pasar un mal momento.

El día de la fiesta de inversionistas había llegado, Guido estaba muy molesto, consideraba que su nieto no debía arriesgarse para salvar a la nana de la chica, podrían haber contratado a otras personas que pudieran hacerlo.

Mateo estaba por salir hacía el lugar donde se reuniría con los demás inversores, aunque su abuelo le había hecho saber lo que pensaba, él no hizo caso, sabía muy bien cuidarse las espaldas, ese día se vistió con un traje negro hecho a la medida, decidió subir a despedirse de Ava.

Había evitado verla desde el día que la vio prácticamente desnuda, cuando estuvo frente a su habitación, llamó a la puerta, esta vez lo hizo fuertemente para asegurarse de que lo escuchara, instantes después la chica estaba frente a él, como siempre que la veía, Mateo se atontaba viendo su hermoso rostro.

-Voy de salida hacia la reunión dónde estará tu tío, mi amigo y su esposa están dispuestos a ayudarme a distraerlo mientras yo me dirijo hacía la mansión Miller, afortunadamente queda muy cerca de dónde será el evento, así que caminando llegaré para no mover mi auto, es mejor que no se den cuenta de que saldré de la reunión por un momento, algunos de mis hombres me estarán esperando cerca.

-Estoy muy apenada, desde que llegue solo he causado una molestia tras otra, siento que se ponga en riesgo por ayudarme, señor Licciardi.

-No es molestia, lo hago con gusto, y por favor llámame Mateo, si me dices señor me haces sentir que ya estoy muy viejo. -Ava sonrió ante lo que le decía.

-Está bien Mateo, gracias por ayudarme, pero no puedo evitar sentirme apenada.

Mateo se acercó a ella. Incapaz de resistirse, tomó suavemente su barbilla y la miró a los ojos. Eran de un hermoso tono de azul marino. En ese momento, sintió algo extraño. ¿Qué le estaba sucediendo con esta chica? Su corazón comenzó a latir más rápido.

-Escucha con atención, no sé por qué, pero algo dentro de mí quiere ayudarte, quiero que te sientas segura a mi lado, que no temas, lo que tu tío te ha hecho es simplemente un abuso en todas sus formas, no tiene derecho a forzarte a casarte, y la herencia que tus padres te dejaron solo te pertenece a ti, no permitiré que tenga éxito, espero que tu nana esté a salvo, y la traeré hoy mismo.

Ava se quedó paralizada por su cercanía, nunca había sentido lo que sentía ahora, hizo un esfuerzo para contestar, pero justo cuando estaba a punto de hablar, Mateo la besó rápidamente en la frente y se dio la vuelta para salir apresuradamente, no quería que Ava se diera cuenta de lo que había despertado en él, tenerla tan cerca le había dejado la respiración agitada.

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