Fernando Alcántara es el playboy más cotizado de México, su capacidad para embaucar mujeres y llevarlas a la cama lo hacen el soltero más cotizado y buscado por féminas que desean pasar un buen rato probando suerte con el millonario.
Acostumbrado a derrochar en grande como el desvergonzado que le vale un comino lo que diga su padre, crea un gran alboroto en su propio casino. Su padre cansado de que su heredero no sea capaz de mantener la buena reputación de la familia y siga siendo la comidilla de la alta sociedad y el centro de atención de los paparazzi; le da un ultimátum...: -toma el control de la vicepresidencia de la empresa, o lo deshereda y deja a cargo de esta al jefe corporativo.
Enfadado por la coacción de su progenitor; decide casarse sabiendo que si contraía matrimonio con una mujer de inferior estatus al suyo, la junta directiva no aceptaría que él tomara el liderazgo de la empresa, pero su locura no le salió tan bien como esperaba, ya que la mujer con quien firma un acuerdo es una arpía que lo único que busca es dinero, poder, estatus e influencia.
Todos esos inconvenientes lo conllevan a salir de la ciudad en busca de liberarse, de sus errores y su destino lo lleva a Chihuahua.
Allí conoce a Loreley, esposa de un hombre arrogante y que se piensa lo mejor, al suponerlo inferior, ya que Fernando se convierte en su empleado. Pero Alfonso no sabe la mala decisión que toma al darle empleo a un don juan por naturaleza acabaría con su matrimonio, puesto que desde el momento en que la mirada de su esposa y su empleado se cruzan y sus dedos hacen contacto en un cordial saludo, las alarmas de los dos se encienden, haciéndoles ver que la atracción que sienten no será pasajera.
Cuando Loreley comienza a sospechar de los engaños de su esposo, decide dar rienda suelta a un amor intenso y bonito que jamás haya sentido por nadie.
Con el paso de los días la fuerza de sus sentimientos se hace cada vez más grande y visible, logrando que la tarea de ocultarlos sea casi imposible. Por este hecho, Fernando le pide a Loreley que se escape con él, pero el miedo a ser señalada y repudiada por su familia la obligan a decirle a su amor que no abandonará a su esposo.
El millonario, pensando que ella lo rechaza por creerlo pobre y un simple obrero, deja ese lugar con mucho rencor en su alma. Sin saberlo, su propio acto los delató, ya que Alfonso se enteró de la infidelidad.
-¿Aún lo amas? - ella se tensó al escuchar esa pregunta y su mano temblorosa embarró sus labios con el pintalabios rojo.
-Si lo hago ya no cuenta, e igual no lo volveré a ver más.
-¿Y si lo viera, le diría que lo sigues amando? -. Ella tragó grueso la saliva acumulada en su cavidad bucal y no por temor, sino por la amargura sentida, recordar ese amor le hace doler el alma.
-Ese señor no merece tal declaración de mi parte, acepté que he tomado dos malas decisiones en mi vida; la primera de ellas fue creer ciegamente en mi esposo y la segunda fue elegir a un amante que no valió la pena, pero de cada mal tropiezo se aprende y aprendí que no volveré a confiarle mi corazón a alguien.
Narrador.
Mirándose al espejo estaba Fernando, mientras intentaba poner debidamente su corbata, fastidiado por no lograr contener la impaciencia, soltó un bufido de pura molestia y era que hoy después de un largo tiempo la volvería a ver, y la venganza que ha estado esperando con anhelo ha empezado.
-Loreley ..., te haré pagar con sangre el dolor que he sentido por culpa de tu maldito amor- sentenció con la vista fija al espejo como si ella se encontrara frente a él, pero a la vez muy molesto con su propio reflejo, odiaba verse a sí mismo y pensar en lo estúpido que fue al enamorarse de alguien que no merecía su amor; después de haber tenido a tantas hembras entre sus brazos y no dejarse hechizar de esa manera tan fácil como le fue a Loreley conquistar a un libertino innato como lo es él.
-No volveré a caer en tus juegos, juro que esta vez no lo logrará, ni, aunque me supliques te dejaré entrar en mi corazón- masculló rompiendo el espejo con su puño cerrado antes de que su mente le jugara una broma, haciéndole recordar uno de los momentos que vivió a su lado que solo desea olvidar.
Flashback.
En cuanto la camioneta de Alfonso traspasó el portón de la gran entrada, Fernando sonrió acercándose a la casa y cuando iba subiendo la escalera Antonia lo observó apretando los puños a cada lado de su cuerpo temblando de puro coraje porque tarde entendió que Fernando la había traído a esa hacienda para qué se cansará y renunciara a estar con él, pero ella sabía que si quiere llegar a ser millonaria como siempre ha deseado debe mantenerse firme en su decisión y no entregarle a Fernando ese contrato que guarda con recelo, ya que es lo único que lo mantiene atado a ella; sin embargo, lo que la hace enfurecer es que él está disfrutando mucho de su jueguito al comerse a la patrona mientras ella no le queda de otra que ser la chacha que debe mantener todo limpio.
-¡Ya verás Fernando cómo te quitaré la máscara! - gruñó con los dientes apretados, y él la miró de reojo, mostrando su más maliciosa sonrisa.
Mientras Fernando buscaba el aposento en el que se encontraba, Loreley saboreaba con antelación el aroma de su colonia que estaba impregnado en toda la casa como si la misma fuera parte de ella y no le costó mucho encontrarla, ya que ella iba saliendo cuando se lo encontró de frente y se quedó sin aliento, pálida y muy nerviosa de verlo allí pareciéndole una locura.
-¡¿Qué haces aquí?!, Alfonso debe estar en su despacho si es a él a quién buscas - le habló con indiferencia, pues, él había dejado claro que no debían enamorarse después de lo que sucedió entre ambos y aunque no podía dominar sus emociones y sentimientos que estaban naciendo por él, al menos mantendría sus palabras al hacerle creer que no le afectaba en lo más mínimo.
-Vengo por ti, Loreley no he dejado de pensarte, me cuesta no hacerlo, necesitaba verte-, esos no eran sus planes, pero dejó que saliera lo que tenía dentro y aunque quería jugar con ella reconoce que Loreley le movió el piso.
Un millón de pensamientos cruzaron por la mente de Loreley en ese segundo y no sabía cómo responder a esa declaración que le pareció algo nuevo e incluso raro porque Fernando fue el que pidió que no podían enamorarse y ahora él estaba hablando como un hombre enamorado; sin embargo, la tenía confundida porque quizás todo aquello podría deberse a la calentura o al morbo de follar con la patrona, y no era tonta.
-Lo que sucedió ya fue, y lo mejor es que nos detengamos aquí, tú tienes a tu esposa, creo que nuestro encuentro fue un error- le dijo Loreley mientras reflexionaba en que debía tener su mente clara hasta que Alfonso decida darle su libertad, le costaba creer en las personas y de nada le valía juzgar a Alfonso por infiel donde ella también estaba haciendo lo mismo al dañar el matrimonio de Antonia y Fernando.
«Odio a mi prima y soy incluso peor que ella» pensó antes de darse la vuelta con el fin de encerrarse a llorar por la mala decisión que tomó al dejarse manejar por el deseo.
Antes de que pudiera cerrar la puerta, Fernando introdujo un pie, luego metió la mano y la abrió con fuerza de un empujón que pareció violento - ¿qué coño fue eso?, a mí nadie me rechaza-, Fernando no evitó sacar esa parte ruda que posee y luego notando que había dicho algo indebido se aclaró la garganta y volvió a decir con voz suave-, no escuchaste lo que acabo de decir..., para mí no fue un error-. La acorraló entre sus brazos.
Loreley trago seco, estaba nerviosa, miraba hacia fuera temiendo que Alfonso se apareciera.
- Estás loco, Alfonso podría llegar - musitó sintiendo sus labios tan cerca que le aterraba y el corazón le latía fuertemente.
Quiso alejarse y poner un stop, pero él no se lo permitió pasando una mano suavemente por sus caderas con la cual rodeó su cintura y la pegó con fuerza contra la pared.
-Él salió y no importa si tengo que enfrentarlo, te quiero, esta es la primera vez que me decido a luchar por el amor de una mujer-, le confesó sincero, pero Loreley no dejaba de pensar en Antonia.
-No te creo, hasta ayer me mirabas con odio, ¡qué cambió! - chilló incrédula, ya Alfonso le estaba matando la confianza en los hombres y ver cómo Fernando estaba ahí manifestándole que lucharía por ella, lo hacía ver falso ante sus ojos porque él tiene a su esposa y estaba dispuesto a dejarla por un solo revolcón.
-Cambió que es primera vez que me importa alguien más que no sea yo mismo, eso cambió y no te puedo decir ahora que sucede con Antonia, pero sí puedo asegurarte que ella no me interesa en lo más mínimo, somos un matrimonio de apariencia-, la apretaba más a su cuerpo haciéndole sentir la dureza de su hombría.
Loreley empezó a reír carente de gracia, entonces con ironía le dijo -típico, recuerdo que hace varias noches cuando la poseías cómo animal en celo, no decías lo mismo-, Fernando la silenció mordiendo sin tacto su labio inferior.
-¡¿Estás celosa?!- preguntó y ella negó moviendo la cabeza para los lados, entonces él agregó con dientes apretados: - yo sí, estoy celoso desde que te vi besándolo en esa terraza, y muy diferente a lo mío con Antonia, tú amas a tu esposo y sé que lo vas a dejar por el engaño que has descubierto no por mí, mientras que yo a Antonia nunca la he querido-, Loreley no dejaba de ver sus ojos buscando algún gesto que la hiciera saber que miente.
-No te atrevas a seguir por ese camino. No te diré lo que esperas escuchar, esto fue solo sexo, nada de compromiso, tú lo has dicho y ahora vete que Alfonso puede llegar pronto.
-¡Pero maldita sea!, todo en mí cambió, ya no quiero que sea solo sexo, desmiente que no eres el tipo de mujer que pienso, demuéstrame que aquí - pinchó su lado izquierdo del pecho sobre su seno -, hay un corazón que sintió lo mismo que el mío dentro de aquel manantial, eres a la primera que le digo tantas cursilerías.
-Nunca he hecho nada ni parecido a esto y ya no sé cómo llevarlo, llegaste a mi vida para poner mi mundo de cabeza y aunque sin ti ya era una completa mentira donde todos me veían la cara -, le dijo con voz quebrada, dejando que Fernando la viera llorar; por primera vez mostrándose destruida y olvidando a Alfonso su voz iba subiendo con cada palabra-, cuando estoy contigo, es como si nada más importara. Esto... Esto..., -continuó haciendo un gesto que los incluía a ambos, - ¡no tiene nada que ver conmigo! Es como si me convirtiera en una persona diferente cuando estoy contigo, y lo odio... odio sentirme así porque sé que ante tus ojos no soy más que la jefa arrogante y presuntuosa. Si en plan macho querías conquistarme, lo has logrado, pero estoy acostumbrándome a que me usen solo para lastimarme.
- Sé que es muy rápido para confesarte lo que siento; apenas ayer no creí que me fueras a interesar de esta manera o tal vez me mentí a mí mismo porque desde el primer momento en que te vi me sentí atraído-, pasó una mano por detrás de su nuca y unió sus labios.
- No puedo hacerlo, Fernando. No me gusta la persona en la que me estoy convirtiendo-murmuró sin alejar sus labios, pensando que ahora ella también era la segunda, en plan amante y que no tiene calidad moral para reclamarle a Alfonso, a pesar de que él fue el primero en iniciar con las traiciones.
-Shuss..., - silenció sus labios colocando un dedo sobre ellos- calla Loreley y únicamente sé mía- pidió él con un claro propósito y ese es buscar con más empeño ese contrato, porque sus planes cambiaron y se llevaría a Loreley con él.
Los labios de Fernando eran duros e implacables, y a pesar de que ese beso se tornaba salvaje, Loreley no se apartó, al contrario, apretaba más sus curvas contra él.
Él estaba perdido para todo menos para ella. Se dieron un golpe contra la pared, retorciéndose, tirando el uno del otro en su desesperación. A ella todo lo que estaba sucediendo allí como una vez lo soñó le parecía irreal, mientras que Fernando podía olerla, saborearla y sentirla, pero nada de eso le parecía suficiente, quería más.
Sus besos se hicieron más profundos, a la vez que las caricias se tornaron más salvajes, él le agarró el trasero, fue descendiendo por los muslos, y luego subió lentamente las manos hasta sus pechos y los acarició, necesitando notar con las palmas de sus manos simultáneamente todas y cada una de las partes de su cuerpo.
Loreley sentía como las manos cálidas de Fernando le recorrían todo el cuerpo frenéticamente, tirando de su vestido para sacarlo, mientras que ella tiraba de su camisa con las manos temblorosas. Después de estabilizar un poco los nervios, ella logró desabrochar cada botón, lo hacía con prisa.
- Este vestido te queda hermoso, lástima que quedará como un recuerdo en mi mente-, expresó Fernando, rompiendo con sus manos grandes la suave tela de seda que se acentuaba a cada curva que posee el cuerpo de su patrona, queriéndola para siempre a su lado, aunque aún no sepa con qué propósito. En cambio, ella abrió la boca asombrada y él le rozó los senos con el dorso de la mano, apreciando lo tensos que se encontraban los pezones, puesto que esta vez ella no llevaba sostén.
Entonces Loreley gimió y colocó una mano sobre la de Fernando guiando sus movimientos.
-Dime que me quieres-, la voz de Fernando sonaba ronca por la excitación. - Dime que quiere que te haga mía una vez más, que te posea el alma.
Loreley no respondió nada, únicamente lo miró fijo a los ojos -sabes que si descubren esto ya no podremos vernos.
-Depende, porque quiero que te fugues conmigo, solo que necesito conseguir algo primero.
-No lo sé, es algo loco; apenas ni nos conocemos y si nos vamos tú seguirás atado a Antonia y yo a Alonso- replicó ella en un susurro contra su boca y por más que él quiso decirle la verdad sobre matrimonio falso y de que a su lado podría ayudarla fácilmente a liberarse de su esposo, ya que posee el dinero. Aunque estaba muy consciente que ella no lo había dejado de querer del todo a su esposo sabía que la desilusión que sentía por él empeñaba todo y veía en esa brecha una oportunidad para él, y a pesar de intentar abrir varias veces detenerse para dialogar con ella sobre ese tema no pudo porque tenerla así de cerca le era imposible no devorarle la boca.
También quería decirle que deseaba verla deshaciéndose por él, pero únicamente por él y nadie más, sin embargo, le faltaron las palabras a ese hombre que siempre tenía esa labia seductora. Bajó las manos por los costados y la introdujo de bajo de la tanga a la vez que no le daba tregua con la boca y el sonido de los gemidos eran gloriosos, sentía el calor que emanaba la feminidad de ella contra sus dedos.
Fin del flashback.
- Fernando..., - interrumpió Itziar sacándolo de ese recuerdo que le causa dolor, pero a la vez añora poder devolver el tiempo, para vivir el momento, pero también para no haber aceptado que Loreley entrara en su corazón con la facilidad que lo hizo- ¿estás soñando despierto? - bromeó Itziar sin percatarse de la sangre que se deslizaba por su mano y cuando lo hizo exclamó.
-¡Oh, por Dios Fer! -, entonces fue capaz de ver el espejo cuarteado.
-No te alarme Itziar, no ha pasado nada- le dijo frío como es su costumbre. Se adentró al cuarto de baño, acercándose al lavabo, donde metió la mano debajo del chorro de agua que creaba el grifo para dejar que el agua lavara cada rastro de sangre, y suspiro cuando vio a Itziar buscar, el botiquín de primeros auxilios ayudándole a curar su herida.
«Si tan solo fuera así de simple curar todas las heridas internas que no me dejan avanzar» pensó melancólico, con ese nudo en la garganta que no lo deja desahogarse.
-El día menos indicado para lastimarte, ¿qué creerán los invitados?, que eres un maníaco compulsivo- reclamó ella limpiando la herida como una esposa furiosa lo haría.
-No, si tú le dices, que tengo problemas con el manejo de la ira- le miró fijamente y ella sintió que el aire abandonó sus pulmones.
Él se puso de pie acomodando su traje e Itziar se quedó embelesada observando a Fernando, notando sus ojos verdes profundos, cabello castaño claro, que ahora lleva un poco más largo, pómulos cuadrados, nariz perfilada, barba ligera que le da un toque sexy y encantador, a pesar de su semblante frío e inexpresivo que refleja amargura como si la vida le debiera todo.
«Es cómo si mantuviera un escudo de metal que no deja que nadie atraviese» dijo Itziar en su fuero interno mientras seguía mirando ese hombre que la hace suspirar a pesar de su frialdad.
Él está utilizando un traje negro y camisa blanca que lo hace resaltar sus músculos, corbata negra y unos zapatos del mismo color.
- ¿Qué te pasa?, tan distinto estoy..., bueno, suelo usar trajes a diario-. Él estaba inquieto y a la vez algo ansioso, se tocó la corbata sintiendo que algo no estaba bien con su vestuario, tal vez desalineado, pensó, por la manera en la que ella lo veía, pero en ese momento ella se le acercó saliendo de su ensoñación y manoteo su mano fingiendo que le ayudaba a arreglar su corbata la cual estaba perfecta, no obstante; ella buscaba cualquier pretexto para acercarse a él.
- Este traje te queda endemoniadamente bien, incluso parece más costoso que los trajes que acostumbras a usar, - rió chistosa y acercó su nariz a la tela a la altura de su pecho y peleó con sus propios instintos para alejarse porque el aroma de esa colonia la enloquece.
- Huele a nuevo y a mucho, pero mucho dinero.
El eco de las carcajadas inusuales de Fernando vibró dentro de ella, «¿cuándo dejarás de gustarme tanto?», pensó ella sin dejar de apreciar su risa, ya que nunca lo hace y debe apreciar esos momentos tan únicos.
- Claro que es diferente, este traje fue justamente diseñado para mí, pues es parte de la nueva locura de mi madre. Resulta que se ha dispuesto a diseñar ropa exclusiva para mí, descuidando su colección, parece que se ha cansado de ser una gran diseñadora, y derrochara la fortuna de mi padre - le explicó recordando a su intensa madre, que es un caso, entonces Itziar recordó su reciente conversación con Josefa y sus mejillas se tiñeron de rojo.
Narrador.
Fernando pasó por alto el sonrojo de Itziar y se dedicó a mirar por el gran ventanal de cristal, como siempre sumido en sus más profundos pensamientos.
"Loreley" era lo único para lo que tenía cabeza, a pesar de sus fuertes ocupaciones. Como ahora que debía volver a abrir el casino que su padre en medio de su enfado le había hecho cerrar, por el hecho de que le retiro todo el fondo financiero que tenía para mantenerlo a flote, pero las cosas no suceden para mal porque en esta ocasión ya su mente de joven libertino e inmaduro ha cambiado y en vez de derrochar su fortuna en mujeres, coches y noches de fiestas locas, piensa en hacer crecer su propio negocio sin apegarse al familiar, puesto que de los errores se aprende y tener que ir a fingir ser un empleado a un lugar como esa hacienda lo hizo ver que el mundo no era un cuento de colores como siempre creyó, sino que la vida es real y es bastante difícil para quien no valora lo que tiene.
Itziar vio su espalda ancha y no se limitó más al deseo que la impulsa, se acercó a Fernando y lo abrazó con fuerza desde atrás, provocando que él se tensara.
-Itziar sabes que no me gustan las muestras de afecto, por favor aléjate- pidió con irritación, pero no la alejó con la brusquedad que siempre acostumbra.
- Sabes que te amo, Fer, porque no me das una oportunidad de demostrarte que puedo ser la mujer indicada para ti.
-No Itziar, entiendes que, si hago algo así, solo saldrás herida, te aprecio y no te voy a utilizar como mi desahogo-, le dejó claro, pero ella negó con los ojos brillosos por las lágrimas que se estaban acumulando en las cuencas de sus ojos.
-Déjame a mí correr el riesgo de salir lastimada, por favor, de ese modo me sentiré menos mal que ahora- rogó sabiendo que no es digno de una dama, pero es su primer amor y no sabe de qué otra manera romper ese hielo que no la deja llegar a él.
-No Itziar, no estás consciente de lo que dices; créeme muy pronto me lo vas a agradecer, eres una chica demasiado buena, no me sentiré bien saber que solo perderás tu tiempo y desgastaras tu energía en busca de hacer que te quiera como mujer.
-Nunca dices nada, siempre estás en silencio, ni siquiera sé contra qué debo luchar por tu amor. La señora Josefa me quiere a tu lado, apenas ayer me dijo y me pidió tener en cuenta que debo cuidarte.
» Que eres un hombre muy importante y debes vestir original y lucir mejor que todos, eso solo se lo diría una suegra a su nuera y eso es lo que ya soy para ella, aunque no lo veas, todos me quieren a tu lado -, a Fernando no le extrañaron esas palabras, entonces sé salió de su agarre; dio la vuelta para mirarla a los ojos y sostuvo sus manos.
- No te confundas Itziar, esas no son tus ocupaciones; eres mi amiga, no alguien que se deba ocupar de mi imagen o de mí como persona.
Ella palideció y empezó a jugar con sus dedos, aunque se ilusionó mucho cuando habló con Josefa, debía poner los pies sobre la tierra, entonces con voz débil le respondió:
- Bueno; es que la señora Josefa me dice que debo estar preparada para casarme contigo. No te preocupes, no le pongo caso a sus palabras, bien me dejaste claro que no quieres nada conmigo; sin embargo, lo que me preocupa es que no te veo querer nada más que el trabajo-, le dijo y aunque ciertamente le dolería si apareciera alguien más, no sabe cómo se sentirá en el momento que vea a otra mujer, pero quería saber si Fernando tiene a alguien más en su corazón para que actúe tan misterioso y para que se muestre sin emociones, incluso en una salida a cenar que tuvieron notó que no era a la única a quien no volteaba a mirar porque vio varias mujeres que lo miraban coqueta y era como si a él no le importará nadie a su alrededor y aunque la trata bien no es en plan de amor, sino de amistad, o de hermana, como él lo ha dicho varias veces.
- Mi madre quiere manejar las vidas de las personas, no deje que influya en ti-, le aconsejó y ella asintió, entonces fueron interrumpidos por alguien que se aclaró la garganta. Ambos miraron a la entrada de la habitación y era Joaquin que estaba mirándolos con ojos inquisidores.
Fernando frunció el ceño y movió la cabeza de medio lado como si en ese momento pensara en algo y notando el espacio dijo: - Ahora vienen a mi aposento, es que no tengo privacidad-, Joaquin sonrió y señaló a Itziar.
- Tu amiguita no conoce eso, te persigue a todos lados, parece tu sombra-, así se expresa Joaquin de su amor frustrado Itziar quien no le presta asunto porque siempre está detrás de Fernando: su mejor amigo y contrincante en el amor; sin embargo, prefiere no confesarle que la mujer por la cual suspira no lo mira por su culpa.
- Eres un celoso resentido que no soporta que sea amiga de Fer, eso es, ¡envidioso! - le grito Itziar a Joaquin cabreada por su comentario. Siempre causaba ese efecto en ella, cada que decía una palabra que a ella le desagradaba y es que Itziar no soporta la presencia de Joaquin, aunque ni ella misma sabe por qué.
Media hora después, Alfonso y Loreley iban dentro de la camioneta rumbo al hotel cinco estrellas donde se llevaría a cabo la fiesta y Alfonso llevaba claro su propósito que era acercarse a José Luis Alcántara para pedirle por favor que no le quite sus tierras.
Mientras que Loreley iba pensando en el desagradable momento que tuvo cuando Alfonso prácticamente la quiso obligar a tener relaciones sexuales, puesto que después de haber estado con otro hombre no se siente capaz de corresponderle como su mujer y menos después de que el pisoteara su moral delante de su familia y amigos.
A pesar de que después de la intromisión de Fernando en su vida no fue más que otro fracaso amoroso, se replantea la idea de si verdaderamente lo que sintió en todos estos años por Alfonso fue amor verdadero o simplemente la ilusión de un mundo perfecto al lado del hombre que la conquistó, mostrándose romántico, pintándole un mundo que al final no fueron ciertas, ya que todas las promesas que le hizo se olvidaron en muy poco tiempo y resultó siendo un infiel, vicioso y maltratador que ahora no le causa más que repulsión.
-Bienvenidos, señor y señora Morales, – les dio la bienvenida, un empleado que estaba en la entrada del gran salón de fiesta del hotel cuando miró su invitación.
Con su habitual aire de grandeza y pasándose una mano por su cabello rubio bien peinado, Alfonso, asintió al saludo cordial del hombre y siguió con Loreley de brazo, quien dejaba que él la guiara. Razón que sentía sus pies pesados, antes rogaba por asistir a fiestas y recepciones como esa, pero en esta ocasión no quería estar allí.
Ingresaron al salón, Alfonso notando el espléndido lugar y a ella, por el contrario, le importaba un comino la decoración, o el derroche de extravagancia que había, entendía que no esas personas que habían organizado dicha fiesta solo buscaban mostrarles a los invitados lo adinerado que son.
«Presuntuosos» masculló para sí misma.
- Señor y señora Morales, déjenme guiarlos a su mesa-, pidió una mujer joven vestida con un traje azul que parecía ser enviada por el hombre que los recibió en la puerta. Ella los guió hasta la mesa que les tocaba, todo estaba bien organizado.
«Necesito ver al CEO, solo él me puede ayudar» pensó Alfonso con mucha agitación. Estaba allí con esa razón y no poder ver al único hombre que podía ayudarle le estaba desesperando.
El lugar y el ambiente se tornaba tedioso para Loreley, miraba a su alrededor viendo caras desconocidas, todos vestían despampanante, luciendo sus costosas prendas mientras tomaban de sus copas y las mujeres no paraban de cuchichear unas con otra. Estaban parados en una de las mesas de dos colores, blanca por fuera y con un centro rojo, se aferraba a ella porque ya Alfonso tenía el cuello como una jirafa buscando a José Luis, pero no lo encontraba hasta que vio a unos conocidos y quiso ir a saludar.
- No te muevas de aquí- le advirtió con una sonrisa falsa en los labios y se acercó a ella dejando un beso que, por supuesto no respondió, sino que viró los ojos con fastidio.
Ese parecía su momento de escapar una vez más de las manos de ese troglodita, sin embargo, notó que él no se alejó mucho y regresó tan rápido como pudo, poniendo una sonrisa pésima, e iba a decir algo, pero no logro hacerlo porque en ese instante una mujer empezó a hablar a través de un micrófono anunciando al nuevo CEO del conglomerado.
Aunque Fernando moría por salir antes esperó calmado el momento en que lo anunciaron y cuando salió dejando que sus invitados los vean, Loreley se quedó perpleja y no supo en qué momento dejó de respirar mientras que Alfonso creyó ver a un fantasma.
- Los dejaré con nuestro CEO Fernando Alcántara, heredero universal del conglomerado Alcántara-, anunció la mujer a su lado, dejándole el podium libre para que él pudiera decir algunas palabras, mientras su padre lo observaba con orgullo desde la primera mesa, esa que Alfonso no vio en cuanto llegó por más que lo buscó.
Fernando vio a Loreley entre tantas personas, era inevitable no hacerlo, pues, aunque negara, la esperaba con ansias locas, esa mujer se le había metido en el alma, la odiaba y la amaba con la misma intensidad, de lejos no podía detallar su figura ni su expresión, pero seguido expresó algunas palabras de bienvenida a sus clientes, fue en busca de Itziar, despertando en Loreley un mal sabor de boca.
-No debe importarme-, se dijo Loreley en un tono muy bajo que no era audible, apenas movió los labios al hacerlo y Alfonso seguía mirando fijamente a Fernando; notando sus movimientos, como saludaba a las personas que se le acercaban y tragó seco, sin saber cómo ha sucedido eso que de ser un empleado. Ese hombre pasó a ser el hijo del hombre más acaudalado de ese país, un gran y poderoso empresario que lo aplastará como a una simple mosca si se lo propone.
Lo que más le enfureció fue que los sicarios que había contratado para deshacer de Fernando les mintieron al decirle que él estaba muerto y ahora estaba allí, frente a él muy vivo.
Se preguntó en su fuero interno, "¿qué haré?", estaba perdido en todos los sentidos, porque no sabe si ese hombre ahora quiere vengarse por todas las humillaciones que le hizo pasar cuando él lo creyó su empleado o por el hecho que envió a esos matones a asesinarlo.
«No debo temer» entonces recordó un detalle que estaba olvidando y fue que le pidió a sus hombres que le dijeran que fue Loreley: la persona que los envió a hacerle daño, de modo que sonrió, ya que tiene era un punto a su favor.
Aunque claro tiene que ayudar, no le puede pedir a su enemigo, y menos al hombre que le follo la mujer.
«Me sobra dignidad, prefiero quedar en quiebra» reflexionó y luego apretó los puños a cada lado sintiendo enojo porque ahora Fernando es mucho más poderoso que él y sintió envidia, se acercó a Loreley y la sujeto de la cintura, antes de decirle con malicia, - tal parece que fuiste el experimento sexual de un niño de ciudad rico y presumido que quería divertirse con una señora de pueblo. No dudes que haya hecho una apuesta en tu nombre y justamente la ganó, le abriste las piernas con tanta facilidad que ni una meretriz recibiendo el pago por sus servicios.
Loreley miró a los lados notando que todos los presentes estaban enfocados en el nuevo CEO y tiró su bebida en la cara de su esposo.
-No eres el indicado para darme discursos sobre la moral que eso ni en el apellido te va pedazo de imbécil.