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Entrelazados Por Equivocacion Una Casamentera Para El Ceo

Entrelazados Por Equivocacion Una Casamentera Para El Ceo

Autor: : Escritorapalacio
Género: Romance
Maximus Livingston, el CEO más cotizado y arrogante de Nueva York, está a punto de perderlo todo: su imperio en Livingston Aurea Fashions y su libertad de hombre soltero, el gran playboy. Su abuela, la implacable matriarca que lo crió, le da un ultimátum: cásate en un mes o adiós a la herencia. Desesperado, Maximus contrata a la mejor casamentera de la ciudad: Rosie Harper. Sin embargo, Rosie esconde un doloroso secreto: años atrás, ella fue la "patito feo" humillada públicamente por el propio Maximus en el baile de graduación, y ahora alberga un profundo resentimiento hacia él. Rosie necesita desesperadamente el trabajo y el ascenso para pagar sus abrumadoras deudas. El caos se desata cuando la abuela de Maximus aparece de improviso y, al ver a Rosie, ¡la declara inmediatamente como la candidata perfecta y futura señora Livingston! ¿Aceptará Rosie ser la esposa del millonario? ¿Cómo tomará Maximus la orden de la matriarca? No te pierdas esta historia de amor, llena de romance, lujuria y algo de comedia atractiva. Recuerda agregarla a tu biblioteca, ¡ahora sí a disfrutar!

Capítulo 1

El Livingston más cotizado de Nueva York está en su mejor momento como CEO en la empresa que heredó de sus padres: «Livingston Aurea Fashion». Sin embargo, su abuela, quien lo crió desde que tiene nueve años, ya que sus padres murieron en un accidente, le ha puesto un alto a su desorden 'amoroso-sexual' (así le llama la patriarca para que no suene tan vulgar lo que su querido nieto hace con las mujeres, incluso con las modelos de la empresa).

Su estatura de 1.80 m es atrayente para las mujeres. Es musculoso, viste a la perfección y sí... es perfecto en todos sus aspectos. Todas se rinden a sus pies, humillándose y cumpliendo todos sus caprichos con tal de pasar tan solo una noche, ya que el guapo hombre tallado por los dioses no repite; como dice él: «un solo polvo y adiós».

Justo cuando iba a pasar un momento demasiado agradable para él junto a una de las nuevas modelos que le hizo ojitos desde que la vio, abren la puerta de par en par. -¡Otra vez!- exclamó la patriarca, golpeando el fino suelo con su bastón y demostrando su disgusto.

-Abuela, te he dicho que toques la puerta -se abotona el pantalón con obstinación.

-Señora Livingston, es un placer conocerla... -la chica se acomoda rápido el vestido.

-¡Fuera de aquí!- La patriarca lanza una mirada asesina sobre su único nieto, a quien parece no importarle absolutamente nada.

-Pero yo... he venido para la entrevista -intenta explicar.

-¡Fuera!- volvió a exclamar con dureza. La chica volteó a mirar a Maximus Livingston, pensando que el hombre la defendería o que quizá sus preciosos ojos azules intensos la mirarían con piedad. Lo único que encontró fue un rechazo que la hizo sentirse pequeña entre los dos, así que salió corriendo de la elegante y refinada oficina. -¿¡Hasta cuándo?!- La señora lo mira con desdén. -¿¡Dime cuándo diablos vas a sentar cabeza!? Tienes 26 años, Maximus. Tienes una lista de mujeres de alta sociedad interesadas en ti.

-En mi dinero, en mi poder, abuela -se acerca al minibar para servirse un trago.

-¿Y qué? Nadie de nuestra familia se ha casado por amor, y como no piensas tomarte en serio algo tan importante como dar herederos a la familia, ¡entonces tendré que tomar cartas en el asunto! -habla con determinación. No obstante, Maximus toma asiento en su gran silla de jefe. Se ve despreocupado, y eso es algo que enfada aún más a la patriarca: -Desde que tus padres...

-No quiero hablar de mis padres -dijo, pues es una herida que no ha sanado. Era el día de su cumpleaños cuando tuvieron ese accidente que le arrebató la vida. Fue un tiempo muy difícil.

-¡Tendremos que hablar, te guste o no!- La patriarca golpea el suelo con su bastón, demostrando su autoridad: -Les prometí a tus padres que me haría cargo de ti, que te cuidaría y que iba a hacer de ti un hombre de bien.

-¡Soy un CEO exitoso! ¡Eso debería bastarte!

-¡¡Debes entender, Maximus, que si no te casas, muere nuestro apellido! ¡Necesitamos continuar con nuestro legado!!

-¡Pero aún estoy joven!

-¡¡Suficiente!!- gritó, ya harta de que él no lo entendiera: -Todos en esta familia hemos sacrificado nuestra vida amorosa y, de una vez te digo, que yo no acepto como esposa a esa novia que tienes, a esa tal Ariel...

-Aria, abuela, se llama Aria.

-¡Como sea! ¡No la acepto! Debes tener una esposa normal, una mujer que no sea «puro plástico», que se vea la nobleza en su mirada. Una mujer hermosa para que tus hijos tengan buen linaje.

-Es absurdo -Maximus se bebió el trago a fondo; su abuela lleva dos años con el mismo tema.

-He sido paciente contigo, pero eso se ha acabado.

-¿A qué te refieres?

-Pensarás que soy una bruja, pero todo lo hago por tu bien y por cumplirle a mi hijo y a tu madre. Si no te casas en menos de un mes, quedas fuera de mi herencia.

-No puedes hacer eso... -sonríe, pues como es el único heredero, no cree que su abuela haga eso.

-Aunque eres mayor de edad, aún no tienes posesión de todos los bienes Livingston. Todo está en mi poder, y aunque seas el único nieto, prefiero dejarte fuera de la herencia y donar todo a fundaciones que sé que harán algo productivo con el dinero y no lo gastarán en fiestas y mujeres.

-Abuela... tú no me harías eso. Como único heredero, todo pasa a mis manos.

-¡Pues yo te digo, Maximus Livingston, que si no te casas en menos de un mes, quedarás en la ruina total! ¡A ver si una de esas mujeres seguirán a tus pies!- La patriarca se dio la vuelta y salió de la oficina donde la esperaba su fiel mayordomo, Mariano.

Maximus se sintió estresado con la exigencia de su abuela. Tener que casarse y tener un hijo por obligación le irrita. Así que lanza el vaso vacío a la pared más cercana para desahogar un poco su furia. Piensa una y otra vez: ¿dónde conseguirá una mujer como la exige su abuela?

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¡Felicidades, Rosie! -Su jefa, Scarlett, la abraza.

-¿A qué se debe esta celebración repentina? -Mira algo nerviosa a sus compañeras.

-¡Que has logrado unir oficialmente a otra pareja! ¡Ya es tu número 30! -dice emocionada. Rosie sonríe, aunque por dentro... se ilusionó sola. Pensó que por fin sería su ascenso, ese que necesita para ganar más dinero y así pagar una deuda que la tiene con la soga al cuello.

-¡Genial! -sonríe forzosamente.

-Vamos a mi oficina. Hay algo de lo que quiero hablarte y será muy importante en tu carrera como Cupido, como la casamentera más popular de mi empresa. ¡Chicas, ya se pueden ir! ¡Hasta mañana! -se despide del grupo de mujeres que hacen parte de su equipo.

Rosie se deja guiar hacia la oficina de su jefa y, lamentablemente, se vuelve a ilusionar con el ascenso que tanto anhela y necesita. -Cierra la puerta, querida. Lo que te diré es confidencial.

-¡Oh, claro! -procede a cerrar la puerta.

-Toma asiento porque esta noticia te dejará sin aliento.

-Claro... -la chica hermosa de ojos «verde joya» toma asiento. Sus manos empezaron a sudar. Al tomar asiento, pasa saliva y su corazón palpita con fuerza: -¿Qué es eso tan importante?

-Rosie, esto será importante para ti. Eres de las mejores casamenteras que tengo en mi empresa, así que cuando recibí esa llamada importante, pensé primeramente en ti porque mereces ese puesto -Rosie sonríe. Las palabras de su jefa le están brindando la seguridad de que es lo que piensa.

-Por favor, jefa, me tienes con los nervios de punta. Dime qué es eso tan importante.

-Bien -la jefa retoma aire y luego, con gran emoción, dijo: -¡Serás el Cupido, la casamentera de nada más y nada menos que de Maximus Livingston! -Lo dijo tan emocionada que la expresión de Rosie le bajó el ánimo. -Pensé que eso te iba a emocionar, querida... cualquiera quisiera tu puesto.

-Lo siento, pero me niego a ser parte de ello. Maximus Livingston y yo somos agua y aceite, somos FUEGO Y AGUA. Además, no tolero su presencia; es un presumido, engreído, es egoísta y no tiene nada de humildad... es, es... -Ella hace silencio, por lo que su jefa continúa.

-Es guapo, guapísimo, y debes admitirlo, además de multimillonario. Él está dispuesto a pagar una gran suma de dinero por conseguirle la esposa perfecta, Rosie.

-Lo siento, jefa, pero me niego a trabajar con ese hombre -tocan la puerta y Rosie se pone de pie.

-Lo siento, pero no hay marcha atrás. El señor Livingston acaba de llegar -Rosie, al oír eso por parte de su jefa, siente su cuerpo temblar. Su peor pesadilla está por hacerse realidad: volver a toparse con el CEO frío luego de tanto tiempo.

Capítulo 2

-¡ESTO ES UNA MALDITA LOCURA! -espetó Maximus acomodando su corbata y luego observó la hora en su reloj altamente costoso.

-Baja la voz, Maximus, es lo mejor que conseguí. Muchos de mis conocidos han estado en la misma situación que tú -dijo su mejor amigo y asistente Héctor, quien es su cómplice en todo. Se conocían desde que tenían 10 años de edad-. Verás que en pocos días tendrás a una esposa sumisa, hermosa, con grandes curvas y pechos. Tendrás un hijo, te divorcias dejándole una gran suma de dinero y listo, todos satisfechos. Debes sacrificarte por la familia, no puedes perder tu posición por algo que es tan simple.

-¡Eso crees! -Maximus iba a decir algo más cuando la jefa abrió la puerta, así que los hombres callaron. Mientras tanto, Rosie sintió que le faltaba el aire; sentía que volvía al tiempo pasado, a aquel amargo recuerdo que la cambió por completo.

-¿¡Rosie, Rosie!? -la mencionó su jefa, y la chica salió de sus pensamientos. Estaba de espaldas, así que tragó grueso. Llevaba años evadiendo estar frente a Maximus porque quedó dolida y con una espina en el corazón llena de resentimiento por sus palabras de rechazo en aquel entonces.

-¿Sí? -preguntó y tensó la mandíbula.

-Te presento al señor Livingston, el CEO de la empresa Livingston Aurea Fashion, el empresario más cotizado de Nueva York. Requiere de nuestros servicios, lo cual es un gran honor para mí, señor, tenerlo en mi empresa Hadas del Amor. Rosie es la mejor, por esa razón se la asigno. Ella cumplirá con todo lo que usted busca en una esposa.

Cuando Rosie escuchó eso arqueó una ceja. Literalmente se negaba a mirarlo. Era como volver al pasado. Lo único que deseaba era darle con su tacón en la cabeza por grosero, por esa humillación y rechazo. Pero pensó que quizás él no la recordaba; después de todo, siempre pasó desapercibida ante los demás.

-Rossie... -la mencionó su jefa entre dientes, así que la chica de ojos verdes joya no tuvo más opción que voltear a mirar con seriedad, tomándose las cosas muy en serio después de todo era su trabajo.

En cuanto lo vio, su corazón se aceleró. Era él, guapo y bien vestido como siempre, aunque con ese mismo temple frío. Mientras tanto, Maximus frunció algo el ceño; el color de ojos de Rosie era atrapante.

-Un gusto, señor Livingston -no extendió su mano para saludar-. Le prometo que tendrá a la esposa de sus sueños -habló con sarcasmo, uno que Maximus percibió al instante, pues él era el rey del sarcasmo.

-Bien... los dejamos a solas -dijo Héctor para irse con Scarlett. Ellos se conocían hacía mucho y querían estar a solas.

Rosie se dispuso a sacar su agenda y su bolígrafo color lila.

-Señor Livingston, quiero que sepa que me tomo mi trabajo en serio. Mi jefa me dijo que la paga será buena, así que siento que este trabajo es simple para mí.

-¿Sabes a quién te diriges con esa actitud? -Maximus aprovechó para mirarla de pies a cabeza. Rosie mide 1.65, su cabello es rubio natural y sus labios son gruesos y provocativos; sin embargo, su vestimenta era algo repugnante para un hombre como él, para quien la moda era todo su mundo.

-¡Por supuesto! ¡El más cotizado de Nueva York por el que todas las chicas suspiran! -habló con cierta burla y se dispuso a mirar su libreta. La mirada de Maximus la ponía nerviosa aunque ella lo ocultara a la perfección-. ¿Algún detalle importante que quiera en su futura esposa?

Maximus le lanzó una mirada fulminante. Ella no lo miraba como las demás mujeres; de ser otro el caso, debería estar feliz y derretida por trabajar para él. Pero parecía que no le importaba quién era Maximus Livingston.

-¿Tienes algún maldito problema? -preguntó él seriamente.

-Para nada, señor -le respondió haciendo anotaciones falsas en su libreta.

-Tu actitud da mucho de que hablar. Podría decir con certeza que deseas decirme algo más... -achicó un poco los ojos, la estaba analizando.

-Lo único que tengo por decir -alzó su mirada para verlo a los ojos y el ambiente se puso algo tenso entre ambos, siendo sumamente extraño- es que es evidente... que buscas una esposa con grandes curvas, pechos talla grande, cabello perfecto y que vista a la moda, ¿no es así? Descuide, señor Livingston, mañana le tendré opciones. ¿Algo más? -le sostuvo la mirada, literalmente lo estaba desafiando.

Maximus tensó su mandíbula. Primera mujer en su existencia que se dirigía a él como si no fuera nadie. Le causaba enojo la forma en que ella lo miraba, le hablaba y quería tener el control.

-¿Crees conocerme para decir eso? -se cruzó de brazos.

-Soy una casamentera profesional y siempre que me asignan a un cliente lo estudio. Aunque usted... Su fama habla por sí sola por las mujeres con las que frecuenta salir y que los paparazzi captan como el momento más importante.

-Déjeme decirle, señorita...

-Harper -agregó al verlo vacilar.

-Eso, Harper. Usted puede ser casamentera y profesional todo lo que usted diga, pero no tolero su comportamiento, así que está despedida -al decir eso, se dio la vuelta para marcharse.

Rosie abrió los ojos de par en par. Estaba a punto de dejar ir al hombre que se burló de ella años atrás, pero también a su salvación económica y quizás ese ascenso que tanto deseaba.

Capítulo 3

Rossie muerde la punta de su lengua. Tiene un gran debate interno: tragarse su orgullo y ser astuta para aprovechar la oportunidad, o dejarlo ir con su arrogancia y grandeza. Pero literalmente las deudas la tienen ahogada. Suelta un largo suspiro y se apresuró a alcanzarlo. Al verlo caminar hacia el ascensor, se acerca rápidamente.

-¡Señor Livingston! -lo menciona con una sonrisa maliciosa-. ¡Usted no puede despedirme! En general eso lo haría mi jefa, pero usted no puede hacerlo.

-El que paga soy yo, así que no tolero tu presencia. Mantén la distancia -dijo presionando el botón y las puertas del ascensor se abren e ingresa. Se da la vuelta para mirarla con desdén.

-No puede despedirme porque soy la mejor opción que tiene, señor Livingston. Si le asignan otra casamentera, seguramente terminará entre sus sábanas.

Ella, al ver que las puertas del ascensor se iban a cerrar, interviene colocando su mano para detenerlas.

-¿Qué tan segura estás de que no terminarás en mi cama? -Su pregunta la sonroja, literalmente hasta las orejas-. No hay mujer que se resista, pero descuide, usted no está en mi lista de deseos. Ahora hágase a un lado, tengo cosas importantes que hacer en vez de estar hablando con una mujer como tú.

-¡Usted no causa ningún impacto en mí, señor Livingston! A cambio, mis compañeras se volverían locas. Yo me tomo mi trabajo en serio. Prometo darle la esposa que necesita. Empecemos de cero.

Lo mira y, de cierta forma, eso es exactamente lo que Maximus necesita en este momento: que la casamentera sea seria y no se relacione con él. Necesita esa esposa con urgencia para no perder su posición de millonario.

-Tomaré su silencio y mirada fulminante como un sí -ella se hace hacia atrás y las puertas del ascensor se cierran lentamente. Maximus aprovecha para recorrer su intensa mirada sobre Rosie, preguntándose una y otra vez: ¿Por qué ella no se vuelve loca por él?

-¡Seguramente le gustan las mujeres! -dijo-. Esa forma de vestir es patética, es horrenda. Es increíble que esté haciendo esta mierda. A esta hora tendría a la modelo más hermosa esperándome en una habitación suite, dispuesta a complacerme. ¡Joder! Jodida la hora en que mi abuela se encaprichó con que tenga que casarme para recibir la herencia. Espeta furioso, pues su sangre hierve cada vez que lo piensa.

Por otro lado, la pobre Rosie soltó el aire retenido y aquella sonrisa maliciosa que mostraba seguridad se esfumó. Estar frente a Maximus es como si le faltara literalmente el aire, como si su mundo se hiciera pequeño. No entiende por qué, después de tantos años, ese hombre aún le sigue gustando.

-Definitivamente necesito un novio -dijo y se dirigió a su oficina-. Debo cumplir con mi trabajo y tener ese ascenso. Necesito este puesto. ¿Qué tan malo es ser la casamentera de Maximus Livingston? Sé sus gustos físicos y de eso tengo una larga lista. Será pan comido, será como en un abrir y cerrar de ojos: me gano mi gran comisión y listo, se termina la tortura. No lo vuelvo a ver en mi vida.

Eso pensó Rosie para darse ánimos. Y es que no durmió en toda la noche; la pobre chica tenía pesadillas con su horrible recuerdo en el baile de graduación. Eso dejó en ella un pánico que no ha podido superar.

Al sonar su alarma se dispuso a ponerle buena vibra al día.

-Iré a su empresa, le muestro mi lista y él elegirá seguramente a la más pechugona. Y esto terminará. Tú puedes, Rosie. Debes ser tan dura como una roca.

Se organiza lo mejor posible, aunque... optó por un vestido que según ella se ve muy bien, cuando realmente fue un total rechazo en cuanto Maximus Livingston la ve entrar a su oficina.

-¡Creo haberte dicho que estabas despedida!

-Después de todo me dejó pasar. Si no le hubieras dicho a tu secretaria que me fuera... Hagamos esto rápido, sin tantos problemas, señor Livingston.

Coloca una lista con fotografías y descripciones de cada chica.

-¡Estas mujeres están dentro de sus gustos!

-¿Dónde diablos compraste ese vestido? -Maximus no se pudo aguantar. Claramente lleva tiempo sin diseñar, pues su inspiración se esfumó de un momento a otro. Solo le exige a los diseñadores obras únicas y llamativas. Su papel es ser un CEO impecable y que las sesiones de modelaje siempre sean las mejores, por eso es tan, pero tan exigente.

-¿Yo le muestro a su futura esposa y usted se fija en mi vestido?

-Es horroroso. Debería darte vergüenza vestir así. Si vas a ser mi casamentera, debes vestir bien. Es inaceptable que un CEO como yo se vea con una mujer que viste así.

-¡Usted es muy grosero! Yo podré vestir mal como usted diga, pero me siento cómoda y eso es más que suficiente. No todos en esta vida tenemos las mismas oportunidades como otros que nacen en cuna de oro -se cruza de brazos con el ceño fruncido.

-¿Acaso crees que ser lo que soy es sentarme aquí y dar órdenes? ¡Tonterías! Como sea que te llames...

-¡Harper! ¡Soy Rosie Harper! -soltó ella con enojo-. Definitivamente intento hacer mi trabajo, pero usted todo lo complica, señor Livingston. ¡Suerte con encontrar una esposa!

Al darse la vuelta, el vestido quedó enredado con el borde de la silla y, como su enojo le causó un arrebato, se le rompió al ejercer fuerza para soltarlo e irse. Su vergüenza la hace querer que la tierra se abra y se la trague.

-¿Esa es su forma de seducirme? ¿No era que usted no cae a mis pies? -Maximus logra admirar cierta desnudez de Rosie y aunque su vestido es horrible y de pésima calidad, las bragas que trae puestas llaman su atención.

-¡No ve que es un accidente! ¡Sea un caballero en vez de estar mirando lo que no se le ha perdido, señor Livingston! -ella intenta cubrirse, intenta unir la tela rota.

-¿Mirarla a usted? Créame que no me interesa. Le diré a mi secretaria que traiga algo para usted y espero que con eso se vaya y no tener que volverla a ver. Créame que es la mujer más desesperante que he conocido -se dispone a llamar a su secretaria.

-¡Maximus, hijo! -le saluda la patriarca, quien lo tomó por sorpresa con su visita.

Rosie al verla sabe perfectamente quién es. La patriarca en sus años fue una famosa modelo.

-Abuela, ¿qué haces aquí? Estoy ocupado.

-Jefe, a sus órdenes -llega la secretaria.

-Trae un vestido para ella, talla M -ordena y Rosie se sonroja. ¿Cómo dio con su talla? Siente que le falta el aire.

La señora Livingston posa su mirada sobre Rosie.

-Ay... no me digas, Maximus, que por fin... -la abuela sonríe ampliamente-. Has elegido muy bien, hijo. Ella es la indicada. No es como esas mujeres con las que has salido. Es linda, mira esos ojos, su piel es perfecta.

Rosie mira a Maximus intentando saber lo que sucede.

-Será una excelente esposa.

-¡¿Esposa?! -exclamó Rosie y luego se atragantó con la saliva, empezó a toser.

-Abuela, aquí hay un er... -intentó explicar, pero la señora Livingston lo interrumpió.

-¡Ningún error! Esta es la candidata perfecta para que sea tu esposa, la futura señora Livingston.

Rosie abre los ojos de par en par y siente que el suelo tiembla bajo sus pies.

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