Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > Envío Exprés al Corazón (Parte 2)
Envío Exprés al Corazón (Parte 2)

Envío Exprés al Corazón (Parte 2)

Autor: : Eva Alejandra
Género: Romance
¿Qué harías si descubres que la persona que amas tiene un secreto oscuro que podría destruir todo lo que creías saber sobre él? Mei Ling nunca imaginó que su vida perfecta se desmoronaría por un simple paquete. Un día, en su oficina, encuentra un paquete con un envoltorio adornado con corazones, dirigido a su novio, Jian Wei. Lo que parecía un detalle inofensivo pronto se convierte en la chispa que enciende la tormenta. Al investigar, descubre que proviene de una mujer en España, una desconocida llamada Sofía, y la duda se apodera de su corazón. Los celos y la desconfianza la acosan, pero Jian Wei insiste en que no hay nada entre él y Sofía. Sin embargo, las palabras de él no parecen suficientes cuando Sofía aparece en Singapur, desbordando confianza y dejando claro que aún tiene un lugar en el corazón de Jian Wei. Mei Ling se ve arrastrada a un juego peligroso, donde la verdad parece desvanecerse con cada mentira y cada sonrisa oculta. ¿Es Jian Wei realmente el hombre que ella pensó, o está atrapada en una red de manipulaciones y secretos? ¿Está Jian Wei realmente atrapado en una mentira, o será Mei Ling quien pague el precio de no saber la verdad a tiempo? En esta historia de amores rotos, engaños y decisiones imposibles, cada página está cargada de misterio, pasión y un giro final que te dejará sin aliento. En "Envío Exprés al Corazón 2", los celos se convierten en un veneno, y la desconfianza se transforma en un laberinto sin salida. Un paquete misterioso, una mujer del pasado y una verdad que amenaza con destruirlo todo... Mei Ling debe decidir si su amor es más fuerte que la traición, o si la mentira la llevará a la ruina.

Capítulo 1 Un paquete sospechoso

El zumbido del escáner de envíos llenaba la pequeña oficina de Mei Ling mientras clasificaba los paquetes de la mañana. Era una rutina automática: recibir, revisar, etiquetar. Pero sus manos se detuvieron en seco cuando uno de los paquetes llamó su atención.

Era mediano, envuelto en un papel blanco adornado con corazones rojos. Diferente a los demás. Algo dentro de ella se revolvió con incomodidad. Era demasiado llamativo, demasiado personal.

Con el ceño fruncido, bajó la vista hacia la etiqueta de destino.

Jian Wei.

Su estómago se encogió.

Bajó la mirada al remitente, y su pecho se llenó de una sensación que iba desde la sorpresa hasta el más puro enojo.

Sofía Rodríguez – Madrid, España.

Mei Ling sintió un latigazo de ira en la sangre.

La oficina desapareció. El zumbido del escáner, las voces de los clientes, el murmullo de sus compañeros. Solo existía ese nombre.

Sofía.

¿Quién era esta mujer? La confusión y el enojo se apoderaron de ella. Nunca había escuchado ese nombre en la vida. Y, sin embargo, allí estaba, escrita con un aire de cercanía en el paquete. ¿Cómo podía ser posible que Jian Wei estuviera recibiendo un paquete de una desconocida?

¿Acaso había algo más que él le ocultaba? La rabia creció como una ola. ¿Por qué una persona desconocida le enviaba un paquete con corazones? ¿Y qué significaba todo eso?

Su respiración se aceleró, y el agarre en el paquete se volvió más fuerte, al punto de arrugar el envoltorio. Algo no encajaba. Mei Ling sentía que algo estaba ocurriendo y no lograba entender qué.

-¿Mei Ling? -La voz de Yuki, su compañera, sonó a la distancia-. ¿Estás bien?

No. No estaba bien.

Sin responder, tomó el paquete con una fuerza desmedida y lo estampó sobre la mesa con un golpe seco. Algunos clientes voltearon a mirarla, pero no le importó.

Su mente iba a mil por hora.

Jian Wei le había dicho que no tenía contacto con nadie de su pasado, que no había mujeres importantes en su vida. Pero ¿qué era esto?

¿Por qué Sofía le mandaba un paquete con corazones?

El pensamiento le ardió como fuego en el pecho.

Sin dudarlo, sacó su teléfono y marcó el número de Jian Wei.

Él contestó al segundo tono.

-¿Amor? ¿Qué pasa?

-¡¿Qué pasa?! -Mei Ling sintió cómo su voz temblaba entre el enojo y la desesperación-. ¡Acabo de recibir un paquete para ti! Un paquete de Sofía. ¡De España!

Un silencio tenso se apoderó de la línea.

-¿Sofía? -Jian Wei sonaba confundido-. ¿Quién es Sofía?

-¡Eso mismo quiero saber yo! -Mei Ling apretó los dientes, sintiendo la rabia apretarle la garganta-. ¡Dime ahora mismo qué significa esto!

-Mei Ling, cálmate, por favor. Yo no sabía nada de-

-¡No me pidas que me calme! -gritó sin importarle el lugar donde estaba-. ¡Dijiste que no tenías contacto con nadie de tu pasado! ¡Nunca mencionaste a nadie llamada Sofía!

El murmullo en la oficina disminuyó. Todos la estaban mirando.

Le daba igual.

-Amor, escúchame-

-¡No quiero escucharte! ¡Voy para allá ahora mismo! Y más te vale tener una explicación que no me haga romperte la cara.

Colgó sin esperar respuesta.

Mei Ling tomó el paquete y salió de la oficina con pasos furiosos.

El camino hacia la empresa de Jian Wei fue un borrón. Cada latido de su corazón golpeaba con fuerza en sus sienes.

Cuando llegó, los guardias la dejaron entrar sin preguntar. Ya la conocían. Sabían que era la novia de Jian Wei. Pero en ese momento, Mei Ling no se sentía su novia. Se sentía una estúpida.

Una estúpida engañada.

El ascensor parecía ir demasiado lento. Mei Ling apretó los puños, sintiendo cómo la impaciencia la carcomía.

Cuando las puertas se abrieron en el piso de la oficina de Jian Wei, irrumpió como una tormenta.

-¡Jian Wei! -exclamó con furia, sosteniendo el paquete en alto como si fuera la prueba de un crimen.

Jian Wei salió de su oficina con el ceño fruncido. Su expresión era una mezcla de sorpresa y preocupación.

-Mei Ling, ¿qué-?

-¡Explícame qué significa esto! -gritó, arrojando el paquete sobre su escritorio.

Los empleados se quedaron en completo silencio. Algunas miradas furtivas se cruzaban entre ellos, pero Mei Ling no les prestó atención.

Solo veía a Jian Wei.

Él bajó la mirada al paquete y su rostro se tensó.

-¿Mei Ling, qué-?

-¡No te hagas el sorprendido! -lo interrumpió ella, su voz vibrando de ira-. ¡¿Por qué Sofía te está enviando esto?!

Jian Wei tomó aire.

-No tengo idea. No sabía que ella me había mandado algo.

-¡¿Cómo quieres que te crea?! -sus ojos se llenaron de lágrimas de furia-. ¡¿Qué más me estás ocultando, Jian Wei?!

Él extendió la mano hacia ella, pero Mei Ling la apartó con un manotazo.

-¡No me toques!

Jian Wei frunció el ceño.

-De acuerdo. Abrámoslo juntos.

Mei Ling parpadeó, desconcertada.

-¿Qué?

-Si no confías en mí, entonces abre el paquete ahora mismo -dijo él con voz firme-. Veamos qué hay dentro.

Mei Ling dudó. Cada fibra de su ser gritaba que no lo hiciera.

Pero también quería respuestas.

Con manos temblorosas, arrancó el envoltorio.

Dentro había una caja de terciopelo roja.

Encima, una nota escrita a mano.

"Para Jian Wei, con cariño. Nunca olvidaré lo que compartimos. Siempre tuya, Sofía."

El mundo de Mei Ling se desmoronó en un instante.

El aire le faltó. Su visión se nubló.

Y entonces, sin pensarlo, levantó la mano y abofeteó a Jian Wei.

El sonido resonó en la oficina.

Un jadeo colectivo se escuchó entre los empleados.

Jian Wei la miró sorprendido.

Pero Mei Ling no dijo nada.

Simplemente se dio la vuelta y salió de la oficina, con los ojos llenos de lágrimas y el corazón hecho pedazos.

Capítulo 2 Enfrentamiento con Jian Wei

Mei Ling caminaba a toda prisa por las calles, su respiración agitada y su corazón acelerado. Las imágenes del paquete, la nota escrita por Sofía, todo eso se repetía una y otra vez en su mente. ¿Por qué Jian Wei no le había contado nada de esta mujer? La rabia la consumía por dentro.

No notó el sonido de los pasos tras ella hasta que, al girar una esquina, Jian Wei la alcanzó.

-¡Mei Ling! -exclamó él, respirando con dificultad. Había corrido detrás de ella, sin importarle nada más.

Mei Ling no se detuvo. No quería mirarlo. La furia era tal que le dolía el pecho. No estaba dispuesta a escuchar sus explicaciones. Pero Jian Wei la tomó del brazo, obligándola a pararse.

-¡Suéltame! -gritó Mei Ling, apartándose de su agarre.

-¡No! -Jian Wei la miró con desesperación-. ¡Mei Ling, por favor! Tienes que escucharme.

-¿Escucharte? -Mei Ling giró hacia él, sus ojos brillando de rabia-. ¿Para qué? ¿Para que me sigas mintiendo? ¿Para que me digas que todo esto no significa nada?

-No es lo que piensas. -Jian Wei parecía tan frustrado como ella-. Por favor, déjame explicarte.

-¿Qué me vas a explicar? -Mei Ling lo miró con incredulidad-. ¿Por qué una mujer a la que ni siquiera conocías te manda un paquete con corazones y te escribe como si fueras más que un conocido?

La sangre de Jian Wei se heló por un momento. No había forma de que Mei Ling pudiera comprender lo que realmente había ocurrido sin explicarle todo, aunque sabía que no sería fácil.

-¡Dime ahora mismo quién es ella! -Mei Ling levantó el tono, su voz temblando de rabia.

-Mei Ling, escúchame... -Jian Wei respiró profundamente-. Sofía es alguien de mi pasado, pero no lo que crees.

Mei Ling lo miró fijamente. No quería escuchar más excusas.

-¡Tu pasado! -rió con amargura-. ¿Eso es todo lo que tienes que decir? ¿Que es parte de tu pasado? -El sarcasmo en su voz era evidente-. ¿No te das cuenta de lo que me estás diciendo? Esto no es un simple "pasado". Esto es algo reciente. Ella te sigue escribiendo, te manda paquetes... ¡Y tú me dices que no pasó nada!

Jian Wei sintió cómo su pecho se oprimía. No podía perderla, no podía dejar que esta confusión se llevara lo que tanto había costado.

-Mei Ling, escucha bien. Sofía no significa nada para mí. Cuando estuve en España, conocí a muchas personas, y ella fue una de ellas. Tuvimos momentos juntos, sí, pero nada más. No hubo amor, no hubo nada. Ella insistió mucho, pero yo siempre le dejé claro que no estaba interesado.

-¡Entonces por qué sigue enviándote cosas! -Mei Ling lo interrumpió, los ojos llenos de lágrimas de furia. ¿Por qué ella te manda un paquete con una nota tan... personal?

Jian Wei se acercó un paso más, mirando a Mei Ling con un dolor que ni él mismo podía ocultar.

-Porque no entendió que no quería nada con ella -suspiró, buscando las palabras correctas-. Me mandó ese paquete para "recordarme" lo que supuestamente compartimos, pero te lo juro, Mei Ling, no pasó nada. Nada de lo que ella cree.

Mei Ling lo miró con incredulidad. No sabía si creer en sus palabras, pero algo en su tono parecía sincero.

-Entonces ¿por qué nunca me lo dijiste? -preguntó, su voz temblando.

Jian Wei bajó la mirada, avergonzado.

-Nunca pensé que tendría que hablar de ella -su voz era baja, casi inaudible-. Pensé que si dejaba todo en el pasado, sería mejor. No sabía que iba a volver a aparecer de esta forma, especialmente no con un paquete tan extraño.

Mei Ling lo observó en silencio, sus emociones mezcladas, desconcertadas. El dolor que sentía seguía allí, pero las explicaciones de Jian Wei parecían sinceras.

-No sé si puedo creer en todo lo que me estás diciendo... -susurró, bajando la mirada. -Pero... ¿qué quieres que haga, Jian Wei? ¿Que olvide esto?

Jian Wei dio un paso más cerca de ella, la desesperación y el dolor reflejados en su rostro.

-Solo te pido una oportunidad -Extendió su mano, con la esperanza de que Mei Ling la tomara-. Créeme, por favor. No tengo nada que ver con Sofía más allá de lo que te he contado. Lo que realmente quiero, lo que siempre he querido, es estar contigo.

El silencio entre ellos se hizo pesado. Mei Ling miró su mano extendida y, por un segundo, dudó. ¿Podría confiar en él después de todo esto?

Finalmente, tomó su mano. No sabía qué iba a pasar después, pero estaba dispuesta a escuchar.

-Te lo prometo, Mei Ling -Jian Wei la miró a los ojos, su voz firme-. No hay nada entre Sofía y yo. Y no quiero perderte.

Mei Ling no dijo nada más. Solo se quedó ahí, en silencio, tomando su mano mientras el viento frío acariciaba sus rostros.

Capítulo 3 La aparición de Sofía

El ambiente en el departamento de Jian Wei era denso. Mei Ling sentía que el aire le pesaba, como si cada palabra de Jian Wei, cada explicación, aumentara la presión en su pecho. A pesar de la sinceridad que había intentado transmitirle, algo seguía sin encajar en su cabeza. Había algo más que no le estaba contando.

-¿Cómo puedes estar tan seguro de que ella no significa nada para ti? -Mei Ling preguntó con un suspiro, su voz llena de frustración y un rastro de duda.

Jian Wei se pasó la mano por el cabello, buscando la forma correcta de expresarse.

-Te lo juro, Mei Ling. Nada más pasó entre nosotros -su tono era firme, pero su mirada indicaba que, incluso él, no estaba completamente seguro de cómo convencerla.

La conversación había dado vueltas por horas. Ninguna de las palabras de Jian Wei lograba disipar las dudas en la mente de Mei Ling. ¿Y si realmente había algo más entre ellos? ¿Qué pasaba si Sofía estaba mintiendo para separarlos?

En medio del tenso silencio que se había instaurado entre ellos, el sonido de un teléfono interrumpió la quietud. El teléfono de Jian Wei.

Mei Ling lo miró fijamente, observando cómo su rostro se tensaba al ver el nombre en la pantalla. Sofía. La mujer que lo había dejado sin aliento al enviarle aquel paquete. La mujer que había puesto en peligro todo lo que creía saber.

-¿Vas a contestar? -Mei Ling lo miró con los ojos entrecerrados, su tono desafiante.

Jian Wei dudó, pero al final, levantó el teléfono con una expresión tensa. Sabía que era inevitable. Contestar la llamada significaba dar un paso hacia la verdad, pero también podría agravar la situación.

-No te preocupes, Mei Ling. No tengo nada que ocultar -dijo, intentando sonar tranquilo, pero la preocupación era evidente en su voz.

-¡Pon el altavoz! -Mei Ling lo exigió de inmediato, cruzando los brazos. No iba a dejar que Jian Wei intentara ocultar más.

Con un suspiro, Jian Wei aceptó y activó el altavoz, sintiendo la presión de la situación. El tono de la llamada cambió inmediatamente. La voz de Sofía resonó a través del altavoz, clara y segura, como si estuviera en su propia casa.

-¡Hola, Jian Wei! -su voz era suave, melodiosa, y al mismo tiempo cálida y familiar-. Estaba esperando tu llamada, ¿te llegó mi paquete?

Mei Ling se tensó al instante. Esa voz. El tono tan relajado, tan cercano. ¿Cómo podía ella hablarle de esa manera? ¿Cuál era la verdad? Su ira volvió a subir como una marea.

Jian Wei se frotó la frente, como si intentara calmarse antes de hablar.

-Sofía... sí, el paquete llegó -respondió, intentando sonar indiferente, pero la incomodidad era palpable-. Mei Ling y yo estamos hablando sobre todo esto.

La respuesta de Sofía llegó rápido, casi como si estuviera disfrutando de la situación.

-Ah, claro, claro. Lo entiendo perfectamente -Sofía dejó escapar una pequeña risa, como si lo que estaba diciendo fuera una broma-. ¿No puedes hablar? Solo quería enviarte algo que recordara lo bonito de aquellos tiempos, ¿sabes? Como solíamos hacer...

Mei Ling apretó los dientes. ¿Qué quería decir con "lo bonito de aquellos tiempos"? Cada palabra de Sofía parecía un clavo más en el ataúd de su confianza. ¿Por qué tenía que ser tan encantadora, tan segura de sí misma?

-¿Sabes qué, Sofía? -Mei Ling no pudo más y, casi sin pensarlo, interrumpió la conversación. Su voz, llena de furia, atravesó el aire como una daga-. ¿De qué te crees que va esto? ¿Por qué estás jugando con las emociones de Jian Wei? ¿Por qué sigues metiéndote en nuestras vidas?

Sofía, al otro lado de la línea, no pareció sorprendida en absoluto. Al contrario. Su tono se mantuvo tranquilo, como si ya hubiera esperado este tipo de confrontación.

-Mei Ling, querida, no estoy jugando con nadie -dijo Sofía con dulzura, como si estuviera calmando a un niño -. Solo estoy siendo amable, enviando un pequeño recordatorio de todo lo que viví con Jian Wei. No tienes que preocuparte, no hay nada entre nosotros.

Mei Ling sintió un nudo en el estómago. ¿Cómo podía ser tan... encantadora? Sus palabras sonaban tan sinceras, pero algo en su tono le resultaba excesivamente confiado.

-Eso es lo que tú dices, pero... -Mei Ling inhaló profundamente, forzándose a calmarse-. ¿Y por qué te empeñas en hacer todo esto, Sofía? ¿Por qué no dejas que Jian Wei siga adelante con su vida?

La voz de Sofía se volvió aún más suave, como si estuviera jugando con los nervios de Mei Ling.

-Oh, cariño, no te preocupes. Jian Wei siempre será una parte especial de mi vida, y de vez en cuando me gusta recordarle lo bien que lo pasamos juntos -La seguridad en su voz era inquietante-. No es nada personal.

Eso fue lo que detonó la furia de Mei Ling.

-¡No! -gritó, el odio y la desesperación reflejados en su mirada-. ¡Tú estás inventando todo esto! ¡Eres tú quien está intentando separarnos!

La risa de Sofía resonó al otro lado de la línea, suave y llena de satisfacción. Parecía estar disfrutando de cada palabra que Mei Ling decía.

-Mei Ling, querida, si quieres vivir en la mentira, está bien. Pero no puedes impedir que lo que pasó en el pasado siga siendo parte de nuestra historia -La frialdad en su tono se hizo evidente-. Jian Wei y yo compartimos cosas que tú nunca entenderás.

Mei Ling apretó los dientes, su corazón latiendo con fuerza. Cada palabra de Sofía la estaba destrozando aún más, pero algo en su interior le decía que algo no estaba bien.

-Jian Wei... -dijo, su voz temblando, mirando al hombre junto a ella-. Dime que no es cierto. Dime que no hay nada entre ustedes.

Jian Wei, mirando a Mei Ling, abrió la boca para responder, pero en ese momento, Sofía intervino nuevamente.

-Jian Wei, sabes que siempre podrás contar conmigo para lo que necesites -La voz de Sofía se suavizó, casi de manera posesiva-. Y si alguna vez te sientes solo, aquí estaré. No lo olvides.

Mei Ling sintió cómo sus manos empezaban a temblar. El sonido de la llamada colgando en el aire le resultaba insoportable. ¿Por qué Sofía no podía desaparecer de sus vidas?

Finalmente, Jian Wei cortó la llamada con un gesto brusco, pero el daño ya estaba hecho. El ambiente entre ellos era más denso que nunca. El silencio estaba cargado de dudas y miedo.

-No quiero que ella se vuelva a meter en lo nuestro, Jian Wei -Mei Ling murmuró, con la voz quebrada, mirando al hombre que tenía frente a ella-. Dime que todo lo que me has dicho es cierto.

Jian Wei la miró a los ojos, con la garganta cerrada por la tensión.

-Te lo juro, Mei Ling. No hay nada entre nosotros. Pero... -suspiró-. No sé cómo convercerte.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022