Viernes por la tarde, recostada en mi cama mirando al techo. Mi mente divagaba en sí asistir o no.
Por una parte, quería verlo, quería saber que estaba bien y estar más tranquila; por otro lado, mi orgullo me decía, no seas tonta, no te quiere, no le importas.
Ya eran las 7 de la tarde, la cita era a las 9, mi celular sonó en tono de mensaje, era él... "¿Vendrás?"
Había quedado con mi novio para cenar. No sabía qué contestar, no quería mostrar interés.
Me metí a la ducha, sabía que mis deseos de verlo eran mayores a mi orgullo, al salir del baño le contesté el mensaje diciendo un simple... "si, ahí nos vemos"
Me arreglé un poco, maquillé mis mejillas y mis pestañas, puse un poco de lápiz labial, algo sencillo, escogí ropa interior negra y de encaje, sabía que lo volvía loco. "Es solo por si acaso" me decía a mí misma, me puse un capri color negro y una blusa blanca con escote en redondo que resaltaba mis pech0s. Es verano, así que no necesito nada de abrigos.
Salí de casa hasta llegar a mi coche, me quedé pensando con las manos en el volante, por un rato, aún estaba indecisa, recargue mi cabeza en el asiento, respiré profundamente y lo pensé un poco, al fin encendí el auto y salí con rumbo a mi restaurante favorito, un restaurante de comida italiana. Si no llegaba otra vez por lo menos comería rico.
Llegué al estacionamiento y busqué entre los coches, el suyo no estaba. Bajé y me dirigí al interior, elegí una mesa junto a la gran ventana de cristal que daba a la calle, el mesero se acercó y me dio la carta, le dije que esperaba a alguien y ordenaría hasta que llegara, él solo asintió y me preguntó si no se me ofrecía nada.
Yo solo negué y le di las gracias. Pasó un poco más de media hora y recibí su mensaje...
-"¿Ya estás en el lugar?"
Un suspiro salió de mi interior, esto no pintaba a algo bueno, respondí de inmediato.
- "Si ya hace un rato llegué" -llamé al mesero y le pedí una botella de vino para acompañar mi pasta.
-Un Pinot Blanc por favor.
-Muy bien, ¿solo eso, señorita? -preguntó.
-Por el momento si, gracias -respondí sin mirarlo.
-Ahora vuelvo -me dijo y dio media vuelta para traer mi encargo.
Tomé mi celular y le envié un nuevo mensaje "solo dime si vendrás o no, no quiero esperar demasiado, como la última vez"
El mesero volvió con el vino y me sirvió una copa, solo agradecí aún sin siquiera voltear a verlo.
La notificación del mensaje me distrajo de darle el primer sorbo a mi copa, la puse de vuelta en la mesa y miré la pantalla, no lo podía creer o tal vez sí, !Lo volvió a hacer!
"Perdóname, de verdad quería llegar, pero tuve un imprevisto en la oficina y tengo que quedarme más, tengo que entregar el proyecto el lunes y aun no estoy ni a la mitad"
De verdad no lo podía creer, él fue quien insistió, quien me rogó venir, yo ya no quería seguir ilusionándome en vano y como tonta volví a caer.
Tomé mi copa y me bebí todo de un jalón, tomé la botella, llené mi copa y llamé al mesero.
-Estoy lista para ordenar.
-Perfecto, la escucho.
-Quiero una pasta Alfredo con camarón y brócoli -tomé mi copa nuevamente y bebí el contenido, me disponía a tomar la botella nuevamente, pero volteé a verlo cuando sentí su mano sobre la mía intentando tomarla y hacerlo él.
Retiré mi mano de la botella, no se si era lo frío de ésta, el tacto del chico o qué demoni0s, pero sentía la mano cosquillear. Rellenó mi copa y solo quedó un poquito en la botella.
-¿Solo será la pasta? -me preguntó al tiempo que me veía directo a los ojos, después de colocar la botella en la mesa nuevamente. Me sentí un poco confundida, no sé si por lo que ya había tomado y a la velocidad en que lo hice, o por la profundidad de sus ojos negros mirándome con algo de... como decirlo... ¿curiosidad?
- ¿Perdón? -le dije algo confundida.
-Solo le pregunto, por si no va a esperar a su acompañante.
-No, solo será eso -bajé la mirada a mi copa con nostalgia y él se fue.
Volteé la vista hacia la calle por la gran ventana, la vista era muy bonita, las luces de la ciudad le daban un toque romántico a aquel lugar, era un segundo piso donde se encontraba mi mesa.
Pero aun con eso, también le daba un toque nostálgico, o solo era la manera en que me sentía, un sentimiento que no era nuevo en mí.
La relación que tenía con Óscar... bueno si se le puede llamar relación, ya que él solo tenía tiempo para su trabajo, siempre tenía cosas que hacer en torno a su profesión y aunque yo también trabajo, no entendía que sólo viviera para trabajar y siempre era yo quien ocupaba el segundo lugar.
Ya teníamos casi dos años de salir, a los cuatro meses de comenzar con nuestras citas, me pidió ser su novia. Yo estaba feliz, ese hombre me gustaba mucho, de estatura mediana y delgado, ojos verdes, bastante guapo a la vista, inteligente y responsable, creo que eso último era lo que estaba echando a la basura nuestra relación.
Era demasiada la obsesión con el trabajo, no podía llamarlo de otra manera, eran escasas o casi nulas las veces que salíamos, ni a su familia visitaba, su madre sabía de él por medio de mí, esta situación sinceramente me tenía harta. Me daba tristeza por la señora, ninguna madre se merece eso.
Pensaba en todo eso con la mirada perdida en las luces de la ciudad y con mi copa en mano dando sorbos de vez en cuando.
-Aquí está su orden -su voz salió con precaución como si no quisiera interrumpir mis pensamientos.
-Gracias -le contesté mirándolo otra vez en esos ojos negros que resaltaban en su rostro varonil de tez morena, con una barba corta y cuidada.
-¿Alguna otra cosa que le pueda ayudar? -me preguntó como si supiera que necesitaba consuelo o por lo menos hablar con alguien, por cómo me sentía.
-Todo bien, gracias -traté de sonreír.
Se retiró y me dispuse a devorar mi cena, "está deliciosa" pensé al mismo tiempo en que cerraba los ojos para disfrutar más profundamente el sabor de esa exquisitez.
Comí y bebí despacio, saboreando mi cena al tiempo que me perdía en la vista que me daba la ciudad.
Termine mi pasta y continúe con lo que quedaba en la botella, reflexionando en lo que haría.
Sí, ya lo venía pensando varias semanas atrás y hoy lo había decidido, terminaría con Óscar.
Pedí la cuenta para irme, un mesero diferente terminó por atenderme, la pagué y salí del lugar. El vino si me paso factura, me sentía algo animada, pero no como hubiera querido para no sentir mi orgullo pisoteado.
Busqué en mi bolso las llaves de mi coche, primero a la derecha y nada, luego más abajo, ¡no estaban! "¡¿dónde están?!" Me pregunté internamente. No podía ser, no las encontraba.
No quería ver en el interior del coche, no quería ver lo que era ya un hecho y tener que ir en taxi a casa. Al fin lo hice, solo para confirmar que efectivamente las dejé pegadas al interior.
Solo eso me faltaba, ya eran casi las once de la noche. El sitio estaba escueto, muy pocos autos estaban en el estacionamiento al frente del lugar, creo que fui casi la última persona en salir de aquel restaurante.
"Bueno, no queda más que llamar un taxi" trataba de darme ánimos, saqué mi teléfono y al intentar desbloquearlo, "¡nooo! esto no me puede estar pasando" ¿sin batería? Es el colmo. Estaba en el límite de la desesperación.
-¿Todo bien? -escuché una voz detrás de mí.
Con la mirada al suelo y el dedo índice en la sien, di la vuelta para ver quien me estaba hablando, estaba al borde de gritar y maldecir mi suerte. Si tan solo me hubiera quedado en mi casa viendo una película.
Levante la mirada al dueño de esa voz, "¡hay no puede ser!" Pensé, "es el mesero que me atendió, debe estar pensado en lo patética que me veo después de darse cuenta de que mi cita no llegó y que estoy como loca en el estacionamiento"
Estaba ahí parado, vestía unos jeans azules y una playera manga larga color negr0, ya no llevaba el uniforme de su trabajo, se veía un poco más fornido, era alto, ya en ese outfit parecía más un chico malo que un mesero.
-¿Te puedo ayudar en algo? -Me dijo al ver que yo no contesté a su primera pregunta sacándome de mis locos pensamientos.
-Este... no... gracias -no sonó muy convincente.
-¿Segura? -insistió.
- Bueno, sí. Resulta que dejé las llaves dentro de mi coche -le dije con algo de amargura y vergüenza -. Creo que si puedes ayudarme -agregué.
-Claro, dime.
-¿Podrías pedir un taxi para mí, por favor? -lo miré con ojos suplicantes.
-Tengo una mejor idea, podría llevarte -me dijo embolsado una sonrisa que se le veía jo0didamente Sex1.
¿Pero qué me pasa? ¿Cómo podía estar pensando eso en este momento? Creo que ya no volveré a beber de ese vino.
-Oh, no, no quiero causar problemas, solo el taxi, lo que pasa es que mi teléfono se quedó sin batería -le dije mientras sacudía mi celular muert0 con mi mano.
-No es problema, de verdad, déjame ayudarte -me dijo mirándome con esos ojos negro profundo y un poco más serio -. No me sentiría tranquilo si te vas en taxi siendo ya tan tarde.
No estaba segura, una vez más en este día donde no sabía qué hacer y la primera vez no tomé la mejor decisión.
-Está bien -le dije un poco apenada y dudosa de lo que había decidido -¿Dónde está tu coche?
-Este... no traigo coche, soy más... ¿Cómo decirlo...? de dos ruedas -me dijo encogiéndose de hombros.
Ahí estaba yo, de noche, sin coche, con un extraño dispuesto a llevarme a casa ¡¡¡en una motocicleta!!!
-¿Es en serio? -la pregunta más tonta para el momento, limosnera y con garrote.
-¿Apoco te da miedo? -me dijo socarronamente, con una sonrisita de medio lado.
-Eh... no.... para nada. ¿Dónde está? -Balbuceé envalentonada por las copas que traía encima.
-Está por allá al fondo, pero espérame aquí, tengo que entrar nuevamente -me dijo y se dio media vuelta, creo que ya se arrepintió -No tardo, no te muevas de aquí.
No tardó mucho, al salir traía un casco en la mano y no dejaba de sonreír.
-¡Listo!, ahora sí vamos -me cedió el paso -. Ah, toma esto es para ti -me tendió el casco que traía en la mano.
-Gracias ¿Y tú que usarás? -le dije mientras caminaba y miraba el casco que me dio.
-No te preocupes, mi casco está en la moto, este es de un compañero que no lo necesita hoy -me comentó mientras avanzaba hasta nuestro... ¿Vehículo?
Le quitó el candado que ataba el casco a la moto y se lo colocó, enseguida se montó en ella, volteó a verme y me hizo la seña que era mi turno de subir. Se veía tan sex1 sobre la motocicleta.
La verdad estaba algo dudosa aún, hoy he tomado muchas decisiones no tan buenas, pero va, "la vida es un riesgo", me decía a mí misma animándome ante la situación.
Me coloqué el casco y me monte detrás de él, con mis manos busqué de donde sostenerme detrás de mí, al fin encontré la orilla del asiento, la verdad no me sentía muy segura al sostenerme de ahí.
-Si solo te sujetas de ahí te vas a caer -me dijo, mientras volteaba a verme, solo sus ojos se asomaban por el casco, se veían divertidos, la verdad yo me sentía apenada, sabía a lo que se refería así que lo tomé ligeramente de la cintura.
-¿A dónde te llevo? -me preguntó al tiempo que encendía aquel motor que rugía con fuerza, creo que me estoy arrepintiendo. Por fin, le di la dirección y cerré los ojos.
Arrancó despacio, pareciera que era para darme seguridad, pero cuando salió a la calle, aceleró un poco más haciendo que ahora, si lo abrazara totalmente de la cintura pegando un gritito de susto, pienso que lo hizo a propósito.
No tardamos en llegar a mi casa, además de que no estaba lejos, no había mucho tráfico.
Bajé despacio, aún sentía las piernas vibrar por el movimiento del motor, me quite el casco y se lo entregue mientras él se bajaba y se quitaba el suyo.
-¿Qué te pareció? Porque por lo que veo es tu primer paseo en moto -su rostro se veía divertido al decirlo.
-Estuvo bien y si es la primera vez -mentí en lo primero, la verdad me había asustado bastante, lo que por alguna razón no me molestaba para nada, era de dónde venía sujeta -pues bueno, te agradezco infinitamente por esto, ya estoy en casa gracias a ti.
-No agradezcas, solo esperaré a que entres y me iré -me sorprendí con sus palabras, de verdad que es atento, otro no hubiera perdido la oportunidad de tratar de entrar y tener una buena sesión del delicioso. Pero tampoco soy de ese tipo, no lo hubiera dejado entrar, estaba agradecida pero no a ese punto de agradecimiento.
-Gracias -dí dos pasos hacia la puerta, pero me giré de nuevo hacia él -. ¿Y a quién le estoy agradeciendo este detalle? -ni siquiera sabía su nombre.
-Fabio -me dijo con esa sonrisa sex1 que tiene -. ¿Y el tuyo? -Preguntó.
-Andrea, mucho gusto Fabio -le contesté y regresé al tiempo que le di la mano en forma de saludo.
Sentí un chispazo cuando toqué su mano, fue una sensación extraña, lo solté casi de inmediato.
-Andrea... es un nombre italiano y normalmente lo usan en hombres, pero te queda bien, un gusto, espero volver a verte - comentó mientras se colocaba el casco y se subía a su moto, no dije nada y solo avancé hacia la puerta, se quedó ahí como lo dijo, hasta que entré a mi casa.
POV FABIO
Hoy llegué temprano al restaurante, era viernes y nos esperaba un día largo, benditos fines de semana, en toda la semana no había asistido una de las meseras, así que yo cubría su lugar cuando se necesitaba.
En realidad, no me molestaba nada de lo que tuviera que ver con el negocio, de verdad me gustaba muchísimo mi profesión, desde que era niño soñaba ser chef al ver a mi padre en esa inmensa cocina dentro de su restaurante, él me animaba a serlo, siempre me apoyó y me decía que algún día yo estaría en su lugar en lo que fuera el negocio familiar.
Abrimos normalmente, teníamos dos turnos de empleados, ya que abríamos desde las 9 de la mañana y cerramos hasta las 11 de la noche, creo que el horario era la única cosa que no me convencía del todo, pero estaba establecido así desde que mi padre lo inauguró.
Yo llegué desde la apertura, por la mañana todo estuvo muy tranquilo, no necesité cubrir mesas, ya que el turno matutino estaba completo, no fue hasta las 4 de la tarde cuando se acumuló el trabajo, esta tarde hubo bastante afluencia de comensales.
Al principio estaba en la cocina preparando los platillos del menú, pero al pasar del día tuve que cubrir a Verónica, supongo que ya no regresará, mañana colocaré un anuncio solicitando mesera "responsable".
Había avanzado en algunas cosas durante el día, mi sous chef (subchef o suchef) era excelente en su trabajo, además de que siempre me apoyaba, él tenía ese puesto desde que mi padre vivía, sí, mi padre murió hace 3 años de un paro cardiaco en esta cocina, tal vez sea un tonto consuelo, pero por lo menos pasó haciendo lo que le gustaba.
Alonso era un hombre de 38 años, de estatura mediana, pero de gran corazón, no habría podido mantener el negocio si él no hubiera estado al pendiente mientras pasaba mi duelo tras la muerte de mi padre. Incluso, sufriendo su propio duelo por él.
A eso de las 8 de la noche tuvimos cupo lleno, los comensales llegaban y se iban, pero ya había personas esperando lugar, el trabajo iba súper bien.
Para esto tuve que salir a cubrir cada cierto tiempo algunas mesas, la verdad tenía un gran equipo de trabajo y me apoyaban en todo.
Estaba saliendo de la cocina para verificar que no faltara nada, cuando vi entrar a una chica, me quedé parado junto a la puerta, observándola.
Era una mujer demasiado atractiva, alta, con el cuerpo perfecto, tez blanca y cabello castaño y unos grandes ojos café claro, ¡wow!! ¡Qué ojos!!, me quedé mirándola un par de segundos hasta que la vi sentarse en la mesa frente a la ventana, al salir Isaac (uno de los meseros) de la cocina, tropezó un poco con mi cuerpo inerte mirando a esa mujer.
Al reaccionar, me dirigí hacia ella, traía puesta mi filipina, pero sobre esta me coloque un delantal como los meseros, me acerque a ella para tomar su orden.
-Buenas noches, señorita, bienvenida al "Bianchi", aquí está la carta o ¿ya sabe lo que quiere ordenar? -Le pregunté siendo exageradamente amable, pero al parecer ni atención puso a las palabras que le dije, solo tomo la carta y me dijo que ordenaría cuando su acompañante llegara.
"¡Claro! Alguien como ella no podría estar sola, seguro estaba esperando a su enamorado" pensé. Salí de ahí a la cocina para seguir ayudando a Alonso, ya no había mucha gente cenando, salí nuevamente y al verme ella me llamó.
-Un Pinot Blanc por favor.
"Excelente decisión", pensé, al instante le contesté amable y salí en busca de la botella requerida.
Al regresar estaba sumida en su celular, yo le serví una copa y la dejé en la mesa, me dio las gracias, pero siguió clavada en la pantalla con el ceño fruncido, al parecer no estaba recibiendo buenas noticias.
Me retiré un poco, pero quedé al pendiente de ella, se bebió la copa completa y puso más en su copa, creo que, si está molesta. Ya las personas estaban saliendo y ya no llegaban más, el día laboral estaba llegando a su fin.
Ella me volvió a llamar, hizo su orden y volvió a beber todo lo que tenía su copa, por instinto quise tomar la botella para servirle más, pero ella también lo intentó, al tocar su mano sentí algo extraño, como si me quemara al tacto, en ese instante colocó su mirada sobre la mía. ¿Sentiría lo mismo que yo? Desde que llegó y que por primera vez que me miró, noté que sus ojos transmitían tristeza, al final ella cedió y yo le serví su copa nuevamente.
-¿Solo será la pasta? Le pregunté.
-¿Perdón? -al parecer no estaba poniendo mucha atención, se le veía distraída. -solo le pregunto por si ya no esperará a su acompañante -. Al parecer la dejaron plantada, ¿qué 1mbecil dejaría plantada a alguien como ella?
Fui rumbo a la cocina, yo le prepararía su orden, quería todo perfecto, así lo hice y salí personalmente a entregársela, ella estaba perdida con la vista que ofrecía el lugar, no quería ni molestarla, se veía más relajada que hace un momento
-Aquí está su orden -le dije y ella atendió de inmediato.
-Gracias -me contestó con amabilidad.
-¿Alguna otra cosa que necesite? -me miró directo a los ojos cuando me contestó, volví a ver esos ojos hermosos, sinceramente deseaba que me pidiera quedarme junto a ella, o me pidiera alguna otra cosa para regresar a verla.
La dejé degustando su platillo, se veía que lo disfrutaba. Regresé a la cocina, ya debíamos comenzar a dejar todo ordenado y limpio para el día siguiente.
Ya no pude regresar a despedir a la chica de los ojos bellos, pidió la cuenta y cómo ya no había comensales, Isaac terminó con el servicio de esa mesa.
Ya todos tenían casi listos sus deberes -Alonso, ¿podría pedirte que cierres hoy? Quisiera pasar rápido a casa de mi mamá, hoy ni la llame durante el día y quisiera saber cómo está.
-Claro, sabes que puedes pedirme lo que sea, salúdame a tu madre de mi parte. -me contestó amablemente.
-¡Gracias! No sé qué haría sin ti.
-Regresar a tu país muchacho -me dijo en tono burlón, yo solo sonreí a su broma.
-Este es mi país, no olvides que yo nací aquí -él solo sonrió y me hizo la seña de que me retirara.
Al salir no creí lo que veía, ahí estaba ella, con cara de estrés, hasta así se veía guapa.
-¿Todo bien? -le dije, aunque era evidente de que no estaba nada bien.
-¿Te puedo ayudar en algo? -insistí al ver que estaba estresada de verdad y pensando que responderme.
Me explicó la situación, no podía desaprovechar esta oportunidad de acercarme más a ella, le ofrecí mi ayuda, la cual titubeo pensándolo, pero terminó aceptando.
-¿Y tu coche? -preguntó después de explicarme todo y aceptar mi ayuda.
-Este... no traje coche... soy más... ¿Cómo decirlo?... de dos ruedas -le dije esperando que no se arrepintiera al saber en qué la llevaría a su casa.
Cruzamos un par de palabras y entré por el casco de Isaac. Les explique la situación -Amigo, te debo una de verdad, lo necesito. Alonso, ¿Puedes llevarlo a su casa? -le dije con las manos juntas a modo de súplica y ojos de perrito regañado.
-Sí, sí, anda, ya vete que no llegarás a tiempo con tu madre, ya estará dormida para cuando te dignes a llegar -me contestó Alonso.
Salí y le di el casco de mi amigo, nos montamos en la bestia, así llamo a mi moto, lo sé es infantil, pero le tengo aprecio, la compré ahorrando cuando comencé a trabajar. Salimos del estacionamiento, ella es algo tímida no me quería tocar, acelere un poco a la bestia para que me sujetara con más fuerza y funciono.
Se sentía muy bien tenerla pegada a mi espalda, sentía su corazón acelerado, pero sentía su calor y se sentía jo0didamente bien.
Llegamos a su casa, se veía sencilla, con un barandal de acero al frente color blanco, había plantas en el pequeño jardín, tenía un porche con una banca, parecía muy acogedora.
Ella agradeció sinceramente, se le veía en la mirada.
-¿Y a quién debo agradecer el detalle? -me pregunto, no me había percatado que no nos habíamos presentado -. Fabio -le respondí al tiempo que le preguntaba el de ella.
-Andrea -me respondió, no pude evitar trasladarme a mi infancia cuando íbamos a visitar a los abuelos a Italia y me divertía horas con mi amigo Andrea, él era vecino de mis abuelos, hijo de un joven matrimonio que eran muy amables. -Es un nombre italiano y normalmente se usa en hombres, pero te queda bien, sonrió y se adentró en su casa.
Solo esperé a que entrara y partí rumbo a con mi madre, solo espero de verdad volver a verla.
Salí rumbo a la casa de mi madre, ya era tarde, pero necesitaba verla, no tardé más que quince minutos en llegar, aún las luces estaban encendidas en la sala de estar.
Entré hasta quedar frente a la casa, me estacioné y bajé, estoy seguro de que ya está por abrirme, debió escuchar a mi bebe rugir.
-¡Fabio! ¡Hijo! ¡¿Cómo estás?!, hoy extrañé tu llamada, ¿está todo bien? -me dijo al abrir la puerta justo como lo había predicho.
-¡Mamá! Estoy bien, ¿y tú? -le dije al abrazarla y darle un beso en la mejilla -. No pude llamarte, hoy estuvo bastante abarrotado el negocio.
-Qué bueno, hijo, tu padre estaría tan orgulloso de ti -dijo con un toque de tristeza en sus ojos, sé que lo extraña tanto como yo -. Pero pasa, no te quedes ahí.
Entré hasta la sala, platicamos un poco más, ya era bastante tarde y mañana será un día de trabajo bastante pesado, los fines de semana así son, a las personas no les gusta cocinar en casa, pero eso es bueno para mí.
-Me tengo que ir má -le dije levantándome de mi lugar.
-Ya es tarde, quédate esta noche aquí, sabes que tu habitación está disponible cada vez que quieras -me comentó con ojos de súplica.
Me quedé meditando la invitación de mi madre, hacía mucho que no me quedaba, creo que tiene razón, ya es tarde, mejor me voy temprano directo al gym, después a mi departamento y luego al trabajo.
Ella estaba feliz cuando acepté su invitación, nos dirigimos cada uno a sus aposentos a dormir, entré a mi habitación, aún parece la habitación de un adolescente, mamá no ha cambiado nada, posters de bandas de Rock pegados en la pared, torres de discos en la mesa de la computadora, hasta mi patineta estaba en su sitio a un lado de la cama.
Desde que me fui a la universidad a estudiar gastronomía, eran pocas las veces que he dormido aquí, pero en fin es hora de dormir.
Mientras estaba recostado en la cama, no dejaba de pensar en Andrea, de verdad que es hermosa, hacía mucho que no me sentía interesado en una mujer, entre la escuela, luego el trabajo junto a papá y después... después cuando él faltó, ya no tuve tiempo ni de pensar en nada.
Creo que debería hacerle caso a mi madre y tomar unas pequeñas vacaciones, de verdad me hacen falta, hacía mucho tiempo que me lo venía diciendo.
Tomé mi teléfono y comencé a ver mis redes sociales, de pronto me cruzó la idea de buscarla en fb, soy un enfermo, ¿cómo puedo pensar en eso? Además, ni siquiera me dijo su apellido, simplemente su nombre, ¿Cuántas Andreas existirán en esa red social?
De cualquier manera, lo hice, tal vez tendría suerte, pero no, ya demasiada suerte había tenido al encontrarla en el estacionamiento y tener una segunda oportunidad de verla y saber más sobre ella. Como decía mi abuela materna... A dormir que la noche es corta.
Biiip!!! Biiip! Biip!
Sonaba mi alarma a las 6:00 a.m. Yo aún tenía sueño, no me quería levantar, pero sabía que, si no lo hacía ahora, llegaría tarde a todas mis actividades de hoy.
Me levanté, me vestí y salí de casa de mamá directo al gym, que, aunque no me da mucho tiempo el trabajo, también me gusta cuidar mi apariencia, además que solo lo hacía 3 o 4 veces a la semana.
Comencé con mi rutina, a lo lejos estaban dos chicas bastante guapas mirándome y platicando entre ellas, me incomodan un poco, no me gusta que me acechen.
-Hola, mi nombre es Paola, ¿puedo acompañarte en tu rutina? Y después no sé... podríamos salir a... desayunar algo -se acercó una de ellas y me dijo mientras no disimulaba la manera pervertida de mirarme, ni las claras insinuaciones de que lo que se quería comer después, en realidad era a mí.
-Hola Paola, soy Fabio, claro que puedes acompañarme, hay suficiente espacio para ambos, lo de la invitación a desayunar, lamento decirte que no puedo, después de aquí salgo para mi trabajo, en otra ocasión será -le dije, tratando de ser lo más amable posible.
Hizo una mueca de disgusto, creo que no está acostumbrada a que la rechacen, y respecto a rechazar, ¿estaba yo haciendo a un lado sex0 fácil? No tenía demasiada acción, pero tampoco me faltaba ¿De cuándo para acá yo era así? No le presté mucha atención y seguí en lo mío.
Después de hacer algo de ejercicio, salí rumbo a mi departamento para tomar un baño y alistarme para el trabajo.
Al llegar al "Bianchi" ya estaba Alonso abriendo junto a los meseros de ese turno, había olvidado por completo el auto en el estacionamiento, era el de Andrea, eso quería decir que aún no iba por él y que tengo otra oportunidad de verla.
Una sonrisa tonta se formó en mi rostro y Alonso lo notó. -Sí que te gusto la chica, ¡¿eh?! -me dijo entrecerrando los ojos a modo de interrogatorio.
-¿De qué hablas? -respondí haciéndome el desentendido.
-¿Cómo si no lo supieras? -me dijo ya avanzando hacia la cocina y riendo a carcajadas.
Debo admitir que sí, que, sí me gustó bastante, tenía que saber más de ella, pero no me queda esperar a qué venga por su auto y que yo me dé cuenta cuando lo haga.
POV ANDREA
Los rayos del sol comenzaron a entrar por la ventana hasta llegar a mi rostro, aún no quiero levantarme, es sábado, hoy no trabajo.
Trabajo en un hospital como recepcionista y solo lo hago de lunes a viernes, los sábados normalmente los utilizo para mis clases en línea, estudio administración de empresas a distancia, pero tengo 4 fines de semana libres, así que hoy tengo el día libre para realizar mis labores domésticas o hacer mis pendientes personales.
Tengo que ir por mi coche, me regañé a mí misma, además de que debía ir al supermercado por la despensa de la semana, creo que mejor me voy a bañar, ya eran las nueve de la mañana y yo aún quería seguir en los brazos de Morfeo.
Al salir del baño escuche mi teléfono sonar, mire la pantalla, era Emily, mi mejor amiga. La conocí en el hospital donde trabajo, ella estuvo al cuidado de su madre por mucho tiempo, hasta que ella falleció hace 1 año.
Estaba ahí a diario, congeniamos mucho, yo no soy muy sociable, pero la forma de ser de Emily es especial, te hace hablar, aunque no quieras, es muy parlanchina, ¡está loca!
-¡Hola! -contesté y la puse en altavoz para poder buscar mi ropa y vestirme.
-¡Me tienes abandonada! -Me dijo en un tono acusador.
-Pero si el jueves estuvimos juntas y ayer con mensajes de texto, o acaso ¿ya quieres vivir conmigo o qué? -le respondí y solo obtuve una mega carcajada de regreso.
-Ya, pues no, ¿Cómo te fue ayer? ¿Estás desvelada?
-Un poco sí -quisiera decir que sí y que fue por la razón que ella piensa, pero tristemente, no.
-Huy debió ser una noche de mucho sex0 desenfrenado entre tú y el ratón de biblioteca que tienes por novio.
Yo solo solté un suspiro que ella claramente escuchó a través de la llamada.
-¡Hay, no puede ser! ¡¿Lo volvió a hacer?! -me dijo encolerizada por lo clara que fue mi expresión.
-Aja -solo eso le respondí.
-Pero ¡qué idi0ta!! ¿Cómo se atreve? Ya deberías de mandarlo, pero si a la mismísima ¡vee... necia! -gruñó.
-Terminaré con él, hoy -le dije seria y sin ningún tipo de expresión, ella se mantuvo en silencio por unos segundos, verdaderamente eso si que es un logro.
-¿De verdad? -dijo con mucha duda.
-Sip, la verdad ya lo he venido pensando desde hace tiempo, creo que el estar con él solo para decir que tengo novio no me gusta, él está ausente, en ocasiones siento que hasta le estorbo porque hablo de cosas a futuro que a él no le gustan, así que será lo mejor, ayer fue la gota que derramó el vaso y aunque yo lo quiero, ya no soporto esta situación. -le dije con mucha seguridad.
-Creí que nunca te animarías a hacerlo, y... ¿Cómo se lo dirás? -me cuestionó con mucha curiosidad.
-Iré por mi coche y pasaré a su oficina para hablar con él, no quiero decírselo por teléfono.
-¿Tu coche? ¿Pues donde lo tienes? -se me había olvidado comentarle del pequeño percance que tuve al dejar las llaves en el interior de mi auto.
Le conté lo que me pasó y que Fabio me trajo hasta aquí en su motocicleta, todo lo que sentí al subirme por primera vez en aquello, ella solo se carcajeaba de mí, no disimulaba la diversión que le causaban mis desgracias.
-¿Y ese tal Fabio, está bueno? -¡hay! no puede ser, ¿cómo puede preguntar eso? Pero me puso a pensar en esos ojos negros como la noche y en cómo me aferré a él como una chinche para no caerme de la moto. -¿sigues ahí? -me preguntó sacándome de mis pensamientos.
-Sí, es guapo -le dije lo más normal que pude, de verdad que era muuuuy atractivo.
-Tienes que llevarme a ese lugar algún día.
-Lo haré, te llevaré, la comida es verdaderamente deliciosa, pero será otro día, hoy tengo varios pendientes en mi vida que debo solucionar.
Nos despedimos y colgamos la llamada, continúe arreglándome, busqué algo para ponerme, elegí unos jeans azules, una camiseta casual color lila y mis zapatos deportivos, quería algo cómodo, no sabía si hoy también el destino se ensañaría conmigo y tendría que regresar a pie de algún lugar lejano.
Primero iré por mi coche y después a la oficina de Óscar, por ahora prepararé un desayuno para salir sin pendientes y no entretenerme por ahí.
Fui a la cocina y preparé unos huevos revueltos acompañados de pan tostado y jugo de naranja, delicioso, aunque no tanto como la pasta de ayer, esa es comida parece hecha por los dioses.
Después de desayunar, asee un poco la casa para tener la tarde libre y poder ir con Emily. Alrededor de medio día, tomé mis llaves de repuesto y llamé un taxi, ya me van a cobrar estacionamiento por dejarlo hasta tan tarde ahí, me reía a mis adentros.
Tras unos minutos, escuché el claxon del taxi afuera, así que salí y lo abordé. -¿A dónde la llevo, señorita? -me dijo amable el taxista, un hombre de unos 50 años, moreno y de ojos saltones -. Al "Bianchi" por favor -le contesté y avanzamos.
-Muy buena comida, ¡eh! -me dijo, a lo que yo solo asentí.
-Creí que después de la muerte del dueño se iría a la quiebra, pero al parecer dejó en muy buenas manos el lugar -no le había puesto mucha atención en la plática hasta que tocó ese punto, no lo sabía, prácticamente conocí el lugar a la par de comenzar la relación con Óscar.
-¿Hace cuánto pasó eso? -le pregunté con morbo.
-Hace poco más de tres años, fue algo muy repentino, sabe, los taxistas nos enteramos de muchas cosas. -me sonreí al pensar que, así como se enteraban de muchas cosas, también las transmitían a los pasajeros. Es por eso que no lo sabía, eso pasó antes de saber de la existencia del lugar.
-Que mal -contesté y me di cuenta de que habíamos llegado, pagué el viaje y me desplace hacia mi coche, me monté en él y me fui de aquel sitio. Giré el rostro por instinto hacia aquella gran ventana en el segundo piso, no sé, tal vez buscaba a mi héroe de ayer, pero no estaba.
Tomé el rumbo hacia el trabajo de Óscar, trabaja en una empresa de arquitectura, según él por eso está muy ocupado siempre, es la más importante en la ciudad.
A lo que me comentó ayer, pasará todo el fin de semana trabajando en su nuevo proyecto, así que no me molesté en llamar para confirmar, aparqué el auto y fui hacia el elevador, él trabaja en el tercer piso.
Escuché el sonido del elevador indicando que había llegado a mi destino, me dirigí a recepción, pero todo estaba vacío, claro, es sábado, solo los obsesionados trabajan cuando es su día libre.
Estaba por irme cuando desvié la mirada a la oficina que ocupa Óscar, estaba entre abierta, me pareció escuchar voces, creo que si está. Agarré una buena bocanada de aire para tomar valor y decir lo que necesitaba.
Al acercarme cada vez más, me di cuenta de que no era una plática ¿Acaso? .... ¿Esos eran gemidos? Me acerqué hasta quedar frente a la puerta y la terminé de abrir lentamente.
La imagen que me recibió era algo increíble, ahora entendía por qué no había nadie en recepción.
Estaba ella recostada sobre el sillón que estaba en la oficina con el rostro de Óscar metido en sus pantaletas, no, ya no traía pantaletas.
Al sentirse observados, los dos voltearon en mi dirección y clavaron sus miradas en mí. Ambos tenían el rostro descompuesto al saberse descubiertos, yo no podía articular palabra alguna, solo me di media vuelta y salí de ahí a toda prisa.