Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > Eres tú
Eres tú

Eres tú

Autor: : yeniffer
Género: Romance
Dicen que la venganza no lleva a ningún lado, ni trae paz como pensamos. Ángeles no piensa lo mismo. Después de que asesinaran a su hermano, sólo tiene sed, sed de venganza. Y no se detendrá hasta conseguirlo. ¿O sí? Sin saber que muchas cosas más le esperan en el camino... ¿Logrará su objetivo? ¿O morirá en el intento?

Capítulo 1 Prólogo

Grandes gotas de lluvia caen y chocan contra la ventana de mi habitación. Siempre que llueve, me quedo viendo fascinada en como el agua cae sobre la ventana y se escurren las gotas creando competencias entre ellas mismas, o así lo veo yo.

Muy pocas veces gano, siempre escojo mal.

-¿Sigues viendo cómo llueve? -preguntan a mi espalda, y no me hace falta girar para saber quién es.

-Me gusta la lluvia, me siento relajada al ver caer las gotas sin miedo a nada, sólo se estrellan y se escurren.

Camina hacia a mí, hasta sentarse a mi lado.

-Nunca entenderé tú fascinación por esto. -señala hacia la ventana y se ríe, mostrando su perfecta dentadura.

-Ojalá los humanos fuéramos como la lluvia. -suspiro.

-¿Cómo así? -pregunta, confundido.

-La lluvia cae sin miedo a estrellarse con nada, y al hacerlo se escurre, no deja marca, se seca, y desaparece como si nunca hubiera estado ahí.

Centra su mirada en mí.

-¿Me estás diciendo que te gustaría ser como la lluvia, para estrellarte y desaparecer?

-No. -respondo- lo digo porqué me gustaría pensar menos las cosas y actuar de una vez, sin miedo a estrellarme.

Se queda meditando la respuesta unos segundos.

-¿Lo dices por él? ¿No es así? -pregunta, aunque ya sabe la respuesta.

-Sí. -respondo con un poco de tristeza en mi voz.

-Entonces, sé cómo la lluvia, deja de pensar tanto y actúa, cae, si él te hace feliz, ¿Qué esperas? La vida es muy corta para estar pensando mucho las cosas, arriésgate por lo que realmente te hace feliz, Ángeles.

-Tengo miedo... -susurro.

Se gira hacia a mí, y me agarra el mentón para que lo mire a esos ojos cafés.

-Tener miedo es algo que cualquier ser humano experimenta, pero solo él que es inteligente sabe afrontarlo. Tú eres muy inteligente, y sé que sabrás lidiar con ello, -hace una pausa,- ya queda en ti sí enfrentarlo, o huir.

-¿Y si me estrello? -ese es mi miedo, a lastimarme.

-Sólo te escurrirás como las gotas de la lluvia, y al superarlo, te secarás para volver a caer.

Lo miro confundida.

-Es un ciclo, Ángeles.

No sé de qué habla.

-Te explico, -continua,- cuando la lluvia cae, las gotas no desaparecen porque sí, el sol las evapora haciendo que suban y se condensan en forma de nubes. Por eso te digo que es un ciclo, la vida es así, tienes dos opciones: seguir con miedo dejando que te supere y no arriesgarte o, superarlo e ir con todas tus fuerzas por lo que realmente quieres y te hace feliz.

No lo había visto de esa forma.

-¿Y si me arriesgo y pierdo?

-¿Y si te arriesgas y ganas?

-No lo sé...-contesto, insegura.

-Es compresible que tengas miedo, pero no por eso te dejarás ganar por él, ¿De acuerdo? -asiento- y si todo no resulta, aquí estará tú hermano para ti cuando lo necesites.

-Tienes razón, como siempre. Gracias por siempre estar. -lo abrazo, no sé qué haría sin él, es la persona que me ha aguantando desde que nací y me conoce mejor que nadie.

-Siempre estaré para ti, y ya deja de pensar tanto las cosas porqué se te quemarán las neuronas. -bromea.

-Idiota. -le sonrío y le doy un golpe en el hombro.

-¡Ey! -protesta.

-Te quiero, idiota.

-Y yo a ti, princesa. -me vuelve a abrazar- y si ese imbécil te llega a romper el corazón, se las verá conmigo, ya es mucho que lo deje estar con mi pequeña hermanita.

Se me sale una sonrisa, -eres el mejor hermano del mundo, no sé qué haría sin ti.

-Eres lo más importante de mi vida, tengo que protegerte, mi pequeña traviesa.

No digo nada, y lo abrazo más fuerte, si fuera por mí, me quedaría así siempre. Sólo mi hermano y yo, él que me protege, me consiente, y está para mi cuando lo necesito, pase lo que pase.

Ojalá el tiempo se hubiera detenido justo ahí, en ese momento.

Pero no fue así.

Porque días después, ya estaba muerto.

Capítulo 2 El mensaje

Ángeles.

Una semana.

Hace una semana desde su muerte. Y he visto todos los días igual.

Chelsea fue la que me sacó de la cama, no podía dormir, pero tampoco quería pararme.

No quería enfrentar la realidad, y aún me niego a hacerlo.

Me veo en el espejo y parezco un zombie.

Su funeral fue tranquilo, lágrimas y sollozos. Solo estábamos la familia, no queriamos mucha gente, y que todo esto pasara rápido.

No he soltado ni una lágrima desde que lo dieron por muerto.

No sé si es bueno, o es realmente malo.

Pero de algo que si estaba completamente segura, es que iba a averiguar quien fue la persona que hizo esto, y lo haré pagar.

-¿Ya estás lista? -oigo que pregunta una voz a mis espaldas.

Es chelsea, mi mejor amiga. Lleva puesto una falda, con una camisa roja de tirante, con su cabello castaño suelto, y su maquillaje perfecto.

-Sí. -contesto buscando mi bolso.

Aunque no la veo sé que tiene una cara de horror. Llevo unos jeans desgastados, y una camisa que tiene a pato justo en el medio. Sí, el de Gravity Falls.

Mi cabello no está ni peinado, está igual a cuando salí de la cama. Y mi cara está más pálida que una adolescente cuando le llega la menstruación en la calle, y no tiene tampones.

Así de horrible estoy.

-Pero ¡ni te has bañado! -exclama haciendo ruido por toda la habitación.

-¿Y?

-Es el primer día de nuestro ultimo día en el instituto, y no vas a ir como la novia de un brujo -dice como si fuera obvio.

Eso me hace reír un poco.

-¿Me estás llamando bruja?

-Te estoy diciendo que te arregles porque así no vas a llegar conmigo -contesta.

Y como no estoy de ánimos, dejo que me ayude un poco. Me arregla el cabello lo más que puede, y me maquilla cubriendo las grandes ojeras que tengo por no dormir bien estos días. No me cambio de ropa porque ya le dije que no iba a bañarme y tardar más de lo necesario.

Ya hice un esfuerzo porque me maquillara y peinara.

Al verme al espejo, veo que estoy mejor que hace unos minutos, al menos ya no parezco una bruja.

-Así está mejor. -dice Chelsea con una sonrisa admirando su trabajo bien hecho.

De camino a la preparatoria no hablamos mucho, y agradezco eso porque no es que tengas muchas ganas de conversar.

El auto se llena con la canción que está puesta en la radio. Umbrella -Ember Island.

-¡Nuestra canción! -chilla emociona subiendo el volumen mientras la canta.

No canto, pero la observo con una sonrisa.

Esa canción me recuerda a mi amistad con Chelsea, nos conocemos desde que teníamos 13 años, no es tanto, pero siempre ha estado para mí. Ha sido mi ancla en lo momentos donde mi vida ha sido una puta tormenta. Y eso siempre se lo voy a agradecer.

Acaricio mi muñeca por instinto, y observo el tatuaje de mariposa que hay en ella. Me incomoda el tacto cuando siento la cicatriz que llevo justo en ella. Me hice ese tatuaje para cubrir algo más que esa cicatriz, para cubrir mi pasado.

Meneo la cabeza, olvidando lo que estoy pensando. No quiero recordar.

Al llegar, vemos muchas caras conocidas, unas nos saludan, otras nos miran, y otras solo se limitan a ignorarnos. Y así está bien, no es que seamos la mayor sensación de la preparatoria.

-No quería mencionarlo, pero lo tengo que hacer, -dice mi amiga al llegar a nuestros casilleros,- ¿estás preparada?

Saco un libro, y lo abro para recordar quien es el profesor que me da esta materia.

-Sí, Chels. -contesto mientras saco los demás libros- No es la primera vez que veo clases. -bromeo.

Ella frunce el ceño.

-No, no me refiero a eso. -dice más bajito de lo normal viendo a todos lados- ¿estás lista para ver a Brett?

Lo pienso un momento. Brett. Mi ex, el chico con el que perdí mi virginidad el año pasado, y me engañó con Hasna White, la chica popular que me odia e intenta hacer mi vida de cuadritos cada año.

Sí, todo un cliché. Lástima que en ese cliché no llega un príncipe en caballo, con las facciones de Dios griego, rubio, ojos azules con armadura y una espada para sacarme de todo esto y llevarme lejos del sufrimiento interno que cargo ahora.

Estoy a punto de responder cuando una voz me interrumpe:

-Bonita camisa. -dice una voz masculina que desconozco, pero me desconcierta.

Veo Chelsea roja como un tomate, y no entiendo el por qué hasta que me doy vuelta y veo a la razón.

Mi corazón da un vuelco, y empieza a latir más rápido que de costumbre.

-¿Q-qué? -tartamudeo la pregunta.

¿Estoy tartamudeando?

Genial.

-Dije, que bonita camisa. -repite un poco más alto que la ultima vez la misma voz.

¿Qué me pasa?

Es un chico más alto que yo, de piel clara, lleva puesto unos jeans negros, y una camisa blanca con dibujos raros en medio, que son geniales. Tiene el cabello un poco desordenado, que no evita que sea sexy. Tiene varios tatuajes, en el cuello, brazos, creo que veo hasta en los nudillos, pero estoy tan absorta para saber de que se tratan.

Este me observa con atención, y una sonrisa maliciosa.

Dios, esa mirada, tiene los ojos más claros que yo, no había conocido a una persona que tuviera los ojos tan lindos, y eso que los mios son verdes. Pero los de él no, son de un azul cielo con un poco de gris, que no se como hace, pero solo con verlos me traen paz.

Y esa sonrisa, tiene los dientes perfectos, se le hacen unos hoyuelos que hacen que me derritan, pero no lo hago notar.

-¿Gracias? -contesto sin saber si es una pregunta o una respuesta.

Y vuelve a sonreír al escucharme.

Oh, Dios. ¿será este mi ser amado?

-Es un lindo cerdo. -dice mirando mi camisa, y volviendo su mirada hacia a mi.

-Es pato. -digo sin pensar.

-¿Pato? -pregunta con un poco de confusión, pero sin dejar de sonreír.

-Sí.

-Pero es un cerdo, no un pato. Los patos son de color amarillo. -señala mi camisa como si fuera obvio.

-Lo sé, pero se llama pato. -contesto.

-¿Y por qué lo llamas pato y si es un cerdo? -me desafía.

-¡PORQUE ASÍ SE LLAMA! -grito.

-¡PERO ES UN CERDO! -grita más fuerte que yo.

-¡LO SÉ! -intento gritar más que él - ¿NO HAS VISTO GRAVITY FALLS?

Se prepara para gritar más que yo, pero se detiene frunciendo el ceño.

-¿Gravity qué? -pregunta aún confuso.

Y se fue el encanto.

¡¿COMO NO VA A SABER QUE ES GRAVITY FALLS?!

Bufo, -Olvidalo.

Me volteo para terminar de meter los libros porque seguramente ya va a sonar el timbre y no quiero llegar tarde el primer día.

Pero como la suerte no está a mi favor hoy, ni nunca. Se me cae un libro.

Me agacho a recogerlo pero unas manos son más rápidas que yo y lo agarran.

-¿Por qué sigues aquí? -le pregunto al desconocido arrebatandole mi libro.

-En mis tiempos se decía gracias. -dice con sarcasmo. Ruedo los ojos.

Al hacer eso veo como se muerde los labios.

-Oh, disculpe. Reliquia de mil años. Dejame limpiarlo para que no se ensucie, -le sacudo un poco la camisa, y al sentir el tacto hace que mis mejillas se tornen carmesí.

Chelsea me agarra la mano, y aunque sé que le divierte la situación, no evita que sea amable con el desconocido que tenemos al frente.

-Disculpa, mi amiga no ha tenido un buen día. -habla Chels y le extiende la mano- me llamo Chelsea.

Este le sonríe y asiente.

Maldita sonrisa.

-Tranquila, se nota que no es tu mejor día.

-¿Eh? -pregunto sin saber a que se refiere.

-Hasta se nota que no te bañaste. Gran comienzo de día.

-Oh, pensé que no se notaba. -dice Chelsea a mi lado con un puchero.

La veo, y la fulmino con la mirada.

-¡Chels!

¡Me puso en evidencia!

Aunque bueno, si lo dijo, es porque se nota. Pero de igual manera él no puede saber eso con certeza.

Cuando voy a contestarle algo muy grosero, suena el timbre.

Mierda.

Terminamos de recoger todo, y al cerrar el casillero noto que él sigue ahí.

Que pesado.

-Bueno, yo me voy porque no quiero llegar tarde el primer día. -y de paso, piensa igual que yo- Adiós Chelsea, fue un placer. -le da una mirada rápida, y luego me ve a mí- hasta luego, pato.

Se da media vuelta, pero se detiene para hablar una vez más.

-Por cierto. Me llamo Zaid. -con eso se va, y se pierde entre los demás estudiantes.

***

Al terminar la clase nos dirigimos a la cafetería. Me siento perezosa en el asiento mientras Chels me mira con una sonrisa.

-¿Y...? -pregunta.

-¿Qué?

-Ese chico Zaid y tú...-dice y sé a donde quiere llegar con esto.

-Ese chico y yo nada. Ni deberías decir nuestro nombres en una misma oración.

-Oh, vamos. Me vas a decir que no te calentó con solo verlo. -dice levantando y bajando las cejas- además, en su pequeña discusión se sintió la tensión. Hasta yo me puse cachonda.

Arrugo las cejas, -¿la tensión?

-Siiiii. La tensión del sexo. -grita un poco fuerte, y algunas personas que están en la cafetería se voltean a mirarnos.

Les sonrío en modo de "disculpa, ella tiene problemas, yo solo soy la que la cuida".

Y parecen entenderlo porque siguen como si nada.

-Baja la voz. No hubo nada, solo te haces ilusiones. -ni yo me la creo- y no quiero hablar del tema.

Ella solo asiente. Cuando sabe que no quiero hablar de algo, siempre lo respeta.

-Vamos a buscar nuestras comidas, ya está llegando más gente y se está haciendo larga la cola. -digo haciendo un ademán de levantarme, pero ella me jala del brazo haciendo que me siente otra vez.

Ay, mi trasero.

-Nuestra comida ya viene en camino. -me pica el ojo.

No entiendo nada hasta que una voces llegan a nuestra mesa.

-¿Alguien pidió un delivery de hamburguesas con papitas? -aparece mi moreno favorito.

-¡Ben! -exclamo, abrazandolo.

Me devuelve el abrazo con más fuerza, mientras una voz carraspea la garganta.

-¿Y yo estoy pintada o qué? -responde la pelirroja a su lado.

-Obvio no, tonta. -también la abrazo. -los extrañé.

Benjamín y Miranda los conocí casi que al mismo tiempo que a Chels, solo que ellos vinieron en paquete, cuando los conocimos, ya estaban juntos. Sí, desde muy chiquitos, no sé como lo hacen, yo tuve una sola pareja y me puso lo cuernos. Les pediré el tip.

-Y nosotros a ti.

Nos sentamos, empezando a comer, de verdad esto sabe muy bien, o no sé si es que yo tenía demasiada hambre. Mi apetito ha vuelto.

-Todo esto sabe muy pero muy rico. -comenta Chels con papitas en la boca.

-¿Y que tal el viaje? -les pregunto a ambos.

En estas vacaciones se fueron a Hawái, los padres de Ben son adinerados, y trabajan yendo de un lado a otro. Ben está casi siempre solo en su casa, ahí es donde solemos ir para disfrutar, hablar, o bañarnos en la inmensa piscina.

-Fue un sueño. Siempre había querido ir, y bañarme en esas hermosas playas. La vista desde hotel cuando llegaba el atardecer, era...-dice Miranda sacando su teléfono- veanlo ustedes mismas.

Y sí, el atardecer era muy hermoso, sus colores peculiares, como se completan entre sí haciendo arte. Es increíble lo que puede llegar a hacer el cielo, y los colores exactos en el momento justo, provocando un atardecer impecable.

Miranda nos siguió contando emocionada, desde que la conozco siempre había querido ir para Hawái, me alegro mucho por ella, y que ambos estén feliz. Estas 3 personas que están a mi alrededor, son mis personas favoritas en el mundo, y el miedo que tengo de perderlas hace que me de una puntada en el pecho.

-Queríamos decirte que también lo sentimos...-a Miranda le empiezan a salir lágrimas- no sabiamos si ir a tu casa, llamarte, o enviarte un mensaje. Llegamos días antes de que eso pasara y escogimos no hacer nada.

Sé a que se refiere, a la muerte de mi hermano.

-No es culpa de ustedes, yo lo escogí así. Estoy segura que si al funeral no fueran ido solo familia, ustedes fueran estado ahí, a mi lado. -digo con sinceridad.

-Sabemos lo duro que es esto para ti, peque, si necesitas algo no dudes en llamarnos, nosotros también somos tu familia. Y te conocemos, además que Chels nos dijo que querías tu espacio, por eso no fuimos a tu casa, incomodarte es lo último que queremos hacer. -habla Ben con sinceridad en su ojos. Y veo que se le cristalizan un poco.

Ben no es de llorar, nunca lo he visto llorando, y verlo en ese estado, hace que yo quiera llorar.

Pero no puedo, no me sale nada.

Escucho que absorben la nariz a mi lado.

-Joder. Eso estuvo muy bonito. -dice Chels llorando a moco suelto.

-No saben cuando los quiero chicos, y sé que ustedes hasta matarían por mí. -digo con sinceridad- gracias por todo.

Nos abrazamos como podemos intentando no ensusiarnos por la comida.

Ben se no logra sujetarse más, y la cara le cae en la salsa de las papitas haciéndonos reír.

El gruñe, -no es gracioso. -se limpia y veo una pulserita plateada que brilla en su muñeca.

-Qué linda pulsera.

Miranda parece reflexionar y busca como loca en su bolso, logrando conseguir una cajita blanca.

-Casi se me olvida. -saca dos pulseras igual a la que tiene Ben en la muñeca. -le compramos un obsequio. Una para Chels, y otra para Án, -nos ofrece la pulsera que adorna nuestra muñeca- ¡Ahora sí! Nuestra amistad no tiene comparación, son los mejores. -dice elevando la muñeca que tiene la misma prenda que nosotros.

Toco los dos collares de corazón que tengo, y los observo con cierta nostálgia.

Ojalá estuvieras aquí.

Vamos a clases y al salón veo que me falta la mochila.

Buena esa, Ángeles.

-Ya vengo, dejé la mochila en la cafetería. Guardame un puesto. -le aviso a Chelsea, quien asiente mientras va a apartarnos los asientos.

Cuándo llego a la cafetería me dirijo directo a la mesa donde estábamos, por mi mochila.

Pero nada.

Estoy segura que haberla dejado aquí. No solo pudo desaparecer y ya. Alguien se la llevó.

Mientras sigo buscando, mi móvil vibra dentro de uno de mis bolsillos.

Frunzo el ceño. Es raro que me escriban a esta hora.

Y no sólo eso. Es raro que me escriban a mí. Es un mensaje, cuando lo leo se me eriza la piel que llega hasta mi espina dorsal. Y no por quien lo escribió, sino por lo que escribieron.

X: Yo sé quien lo mató.

***

Capítulo 3 Las pruebas

-¿Y bien? -pregunto, observando su laptop, entre otros artefactos haciendo lo que sea que hagan.

-Dame un momento.

-Oh, vamos Lucas. Llevamos ya como una hora en esto. -me quejo.

Me da una mirada cansada, pero no responde y sigue tecleando.

Lucas solía ser el mejor amigo de mi hermano, eran inseparables. Él y la novia de mi hermano fueron las únicas personas que asistieron al funeral sin ser realmente familia, aunque a él si lo considerábamos parte de nosotros.

Apenas me llegó el mensaje acudí a él por ayuda, ya que en estos momentos es en quien confío y sabe manejar mejor que yo la tecnología. Ni asistí a la clase, de igual manera no hubiera podido copiar nada ya que alguien agarró mi mochila sin permiso. Pero eso es lo menos importante ahora.

-Justo como pensé. -habla, como si fuera obvio- no hay rastros de donde provino el mensaje, ni un destinatario, es como si el número no existiera. Es imposible dar con él, o saber a quien le pertenece.

Eso no me gusta.

-¿Es como un número fantasma? -asiente.

-¿No sabes quien podría habértelo mandando o si es una broma de mal gusto? -pregunta, aunque él ya sabe la respuesta.

-Si supiera algo de eso, no te hubiera llamado.

Primero pensé que era una broma. Pero luego la duda entre si era verdad o no, me carcomía.

Y si alguien sabe quien es el asesino, no lo puedo dejar pasar.

-Me tengo que ir, rosita. -guarda todas sus cosas en una mochila mientras se levanta- si te llega otro mensaje, o pasa algo más, no dudes en llamarme.

Tenia tiempo sin escuchar ese apodo. Rosita. Me llama así desde que en la secundaria teníamos que disfrazarnos de una rosa haciendo honor a la rosa de la bella y la bestia, y yo llegué vestida con una sabana que le robé a mi mamá de color rosa.

Sí, fui la sensación. Cuando mi hermano y él se enteraron no dejaron de burlarse, era claro que no lo iban a dejar pasar y me quedé con ese apodo.

-Algún día lo tendrás que superar. -digo, rodando los ojos, acompañándolo a la puerta.

-Sabes que no, ese día es insuperable, rosita. -se burla- nos vemos.

Mientras se aleja observo lo atractivo que es Lucas, con ese aire de confianza, y su ojos café brillantes, desde que tengo me memoria siempre ha sido atractivo. Fue mi segundo crush, aunque él nunca no lo supo, yo era tan solo una niña y él inalcanzable. Aunque... Él ahorita tiene 22 años y yo ya voy a cumplir los 18...

Meneo la cabeza alejando esos pensamientos. Sonrío por solo pensarlo.

-¿Y tú de que te ríes? -aparece mi madre de la nada, y doy un brinco del susto.

-¿Quieres matarme? -me agarro el pecho dramáticamente.

-Deja el drama y ayudame con las bolsas. -me da unas bolsas y sé que viene de hacer mercado.

Sacamos la comida, poniendo todo en su respectivo lugar en la cocina.

-¿Cómo te fue en tu primer día? -habla mamá mientras se sirve un vaso de agua.

-Bien, supongo. -respondo sin muchas ganas.

-¿Segura?

Sí, mamá. Sólo no me bañé, hice el ridículo delante de un desconocido muy guapo, me robaron mi mochila, y para ponerle la cereza al pastel, un anónimo me dijo que sabe quien mató a tu hijo. Muy normal mi día.

-Segura. -es lo que respondo.

No se ve muy convencida ante mi respuesta, pero lo deja pasar.

-¿Y papá como le va? -pregunto para cambiar de tema.

Mi padre, es policía de una rama muy especial, y se la pasa viajando cuando le salen casos importantes, es muy reconocido por hacer muy bien su trabajo, podría decirse que es de los mejores, así que todo el mundo lo busca. Es raro verlo aquí en la casa, pero hace un esfuerzo para pasar los fines semana con nosotras.

-Bien. Hace rato llamó, está en un nuevo caso.

Con la muerte de mi hermano, tuvo que rechazar algunos casos, y eso lo atrasó, así que no creo verlo muy pronto. Me prometió que mientras trabajaba, investigaría quien había sido el responsable, pero algo en su voz me hizo dudar, no parecía honesto, y no sé por qué.

Así que decidí trabajar por mi cuenta, y ver quien llega primero a la verdad.

-Hoy haré lasaña. -habla mi mamá, y es como escuchar a un ángel.

-Genial, muero de hambre.

En eso tocan la puerta.

-Yo voy. -me levanto, y la abro.

No hay nadie. No doy ni un solo paso cuando me tropiezo con algo.

Mi mochila.

Al abrirla para asegurarme que está todo bien, veo un trozo de papel que antes no estaba ahí.

Cuidado con tus cosas. Cualquiera podría querer robarte.

***

Odio pararme temprano.

No entiendo como somos obligados a levantarnos a tal hora que el cielo apenas está despertando mostrando el resplandor del sol. No es nuestra culpa que no haya querido seguir durmiendo solo porque se haya cansado de la luna, no entiendo.

Me arrastro perezosamente al baño. Sí, hoy si me daré una ducha.

Al salir me visto lo más rápido que puedo, y al decir rápido, es al paso de una tortuga con diez rocas sobre su caparazón.

No pude dormir pensando en esa nota, ¿será que la persona que envió ese mensaje y la que me dejó la nota son la misma?

El sonido del móvil me saca de mis pensamientos.

Chelsea: ¿te paso buscando?

Tecleo rápidamente.

Yo: Por favor, sí.

Chelsea: Ayer desapareciste, ¿quieres hablarlo?

Yo: Mejor te cuento al vernos.

Chelsea: Uyy. Te escapaste para ver a alguien. Esa es mi chica mala.

En teoría sí, pero no como ella piensa.

Yo: Ojalá.

Chelsea: ¿Eso es un no?

Yo: Es un rotundo no.

Chelsea: :(

Yo: Deja el chisme.

Chelsea: :p

Yo: te estoy esperando.

Chelsea: llego en 15 minutos, besooosss.

No respondo y llega antes de los esperado.

La clase es más aburrida de lo normal, siguen haciendo un introductorio de lo que ya vimos y veremos, ya que es la primera semana de clases.

-¿Están listas para las pruebas? -nos pregunta Miranda mientras caminamos por los pasillos.

-¿Pruebas? ¿qué pruebas? -pregunto, sin saber de que habla.

-Oh, mierda. -dice Chels- se me había olvidado decir. Es que ayer te fuiste y nos dijeron que hoy serian las pruebas para entrar al equipo de fútbol.

-¿Y por qué tan rápido? Siempre son la segunda semana de empezar.

-Ya va a empezar la temporada. Y necesitan que el equipo esté entrenando para tener más probabilidades de ganar. El año pasado no nos fue muy bien. -deposita todos sus libros en el casillero.

Y es verdad, el año pasado no quedamos ni en semifinales. Para resumirlo, fuimos el mejor equipo perdedor. Literalmente. Nos dieron hasta un trofeo.

-Hola, cosita. -dice, esa voz que ahora si conozco.

Al darme la vuelta compruebo que si es él.

-Cosita es la que tu tienes. -señalo sus pantalones.

Eso no parece ofenderle, sino al contrario.

-Si quieres probamos. -dice, subiendo y bajando las cejas.

-Alguien amaneció muy arrogante hoy.

-Y alguien amaneció muy amargada. -contraataca- aunque se ve que si te bañaste.

Ok, eso me ofendió.

Es cierto, pero me ofendió.

Alguien se aclara la garganta, y veo a Ben junto a Miranda.

-¿Interrumpo? -dice con sus ojos en Zaid.

Voy a responder cuando él se me adelanta.

-Para nada. Me llamo Zaid. -le ofrece la mano y Ben la recibe presentándose también- yo ya me voy, tengo que ir a ver las pruebas de las femeninas.

-¿Tú vas? -ahora tengo que aguantar que me vea en las pruebas.

-Es lo que acabo de decir. Nos vemos. -me guiña un ojo y se va.

No lo soporto.

-¿Y quién era ese guapote? -pregunta miranda señalando el camino por donde se fue el arrogante.

Ben se vuelve a aclarar la garganta, mirándola mal.

-No te preocupes, cariño. Nadie es como mi moreno único y favorito. -le dice, y eso parece calmarlo.

-Tenemos que irnos ya. -chelsea mira la hora- las pruebas comienzan en 10 minutos. -me agarra el abrazo llevándome hacia los vestidores.

-¡Nosotros después vamos a hacerles porras! -dice Miranda a nuestras espaldas.

***

El sudor corre por toda mi cara, y ya no siento mis piernas. Miro hacia abajo, y si, efectivamente siguen ahí. Los brazos me pesan, pero no paro.

-¡Más fuerte! ¡no paren! -grita la entrenadora Baker.

Miro a mi alrededor, y solo seguimos 5 jugadoras corriendo por el campo. Ya llevamos casi 1 hora. Las demás están caminado intentando respirar, otras se excusaron diciendo que tenían la menstruación, y otras con que no habían comido.

Suena el pito indicando que ya podemos parar, y oigo a Dios.

-1 minuto para tomar agua, y las quiero a todas aquí. -dice la entrenadora caminando hacía el medio del campo.

Voy lo más rápido que puedo, y no me había dado cuenta de lo seca que tenia mi boca hasta que pruebo el primer sorbo.

Siento una mirada en mí, levanto la cabeza y veo a Zaid sonriendo desde la grada, mientras ve mi sufrimiento.

Arrogante de mierda.

-¡Rápido! -tiro mi pote, y me dirijo a donde está la entrenadora Baker.

Envidio a Chels, está con las otras dos porteras, haciendo otro tipo de entrenamiento. Ellas tienen un entrenador aparte que se especializa en eso. En cambio nosotras tenemos que lidiar con la entrenadora: quiero que corran 10 horas seguidas y no me importa si están muriendo, je, je.

Después de unos cuantos trabajos más de físico, veo que saca chalecos y eso significa que vamos a jugar.

-Quiero que se dividan es dos equipos, haremos un juego de practica. Aquí veré quienes tienen la capacidad de pertenecer a mi grupo. No quiero más perdedoras. -agarra el chaleco azul, y me lo pasa- Jones. Tu serás la capitana del primer equipo. -agarra el chaleco rojo y se lo pasa justo a la que no quería, que buena suerte la mía- White. Tu serás la capitana del segundo equipo.

Hasna White. La persona quien siempre quiere hacer mi vida miserable, y la persona con la que se acostó mi ex. Sé que me odia, pero no entiendo el por qué.

Esta me mira, y me choca el hombro antes de ponerse delante de mi, con la raya que divide la mitad del campo en medio de nosotras.

-Quiero un juego limpio, niñas. -habla la entrenadora- de aquí sacaré a las 15 jugadoras para ganar el campeonato, y ustedes son lo mejor que tengo en el equipo. -dice solo para nosotras- así que vamos a darle. Saca rojo.

-Vas a morder el polvo, Jones. -me dice la rubia.

-Muestrame como se hace, White. -la reto.

Suena el pitido para dar el inicio al juego.

Quisiera decir que mi equipo ganó, que asumí muy bien el liderazgo en mi equipo, y que ya tengo un puesto seguro en mi equipo.

Pero no.

Perdimos 5-0.

Y todos los goles fueron de Hasna.

En mi defensa, quiero decir que la entrenadora Baker me dejó solo a las jugadoras flojas. Y Chelsea fue mi arquera, no me mal entiendan, es mi mejor amiga y todo, pero desde que entramos al equipo, solo ha jugado un juego, y es porque a la otra arquera la habían lesionado y no había más.

Me dirijo frustrada a las duchas. Quiero ducharme e irme cuanto antes. No soporto este olor a derrota.

-Al parecer hoy no ha sido tu día, pato. -habla bajando de las gradas.

No le hago caso y sigo caminando.

-Yo te puedo enseñar a jugar cuando quieras, perdedora.

Me detengo.

-¿Cómo me dijiste? -lo enfrento.

-Como escuchaste. -dice mientras se acerca.

-Dímelo así. De frente. -lo reto.

-P-E-R-D-E-D-O-R-A -se afinca sobre cada letra.

Cuando estoy por responderle sale la otra persona que no quería ver.

-¿Zaid? -pregunta Hasna mientras se acerca a nosotros.

Me alejo unos cuantos pasos atrás de él.

-Sí viniste. -lo abraza dejándome descolocada.

-Te dije que vendría. -y él le devuelve el abrazo.

Al separarse, a Hasna se le puede ver una sonrisa de oreja a oreja.

¿De que me perdí?

-Fue un muy buen juego. Fuiste de las mejores. -le dice el arrogante.

A ella se le iluminan los ojos.

-Sé que fui la mejor, pero como soy tan humilde, le daré crédito a las demás.

Me río sarcásticamente, pero ella no lo nota porque está como una boba viéndolo. Y eso hace que me sienta rara.

-Te dediqué todos mis goles.

-¿Todos? -él le sonríe.

Sé que no lo conozco, pero no me parece una sonrisa genuina.

Quizá esté alucinando.

-Sí, los 5 goles. -le responde, y parece que se da cuenta de mi presencia- suerte para la próxima, espero seas una buena perdedora.

Aprieto mis puños, y siento que estoy por explotar.

Pero una mano suave se coloca sobre mi hombro.

-Vámonos, Án. -dice chels.

Es lo que quiero hacer desde que salí del juego.

La dejo que me guíe, y no le veo la cara a los que tengo al frente. Llegamos a uno de los baños que está más cerca. Por suerte no hay nadie.

-Respira ¿si? Y relajate -coloca las manos sobre mis hombros para calmarme.

-No la soporto. -le doy un golpe a la pared.

-Sabes que no puedes perder la cabeza, ni dejarte llevar por tus emociones. -me vuelve a agarrar los hombros, pero está vez mirándome- no puedes dejar que pase otra vez, no quiero perderte...-dice aún más bajo-hazlo por ella.

Sé que tiene razón. Y al mencionarla hizo que recordara lo que pasó aquella vez, no puedo volver a permitirlo.

-Necesito una ducha con agua bien fría.

-Te acompaño.

Llegamos a las duchas, pero algo está mal, no están las jugadoras de fútbol, ni un rastro.

En otra ocasión me alegraría, porque tendría todo para mí, si no fuera por los gemidos que se escuchan entre las duchas.

Hago un ademán de irme, pero la chismosa de Chelsea me indica que vayamos a ver quienes son, y como yo también lo soy, la sigo. Choco como su espalda cuando se para en seco. No entiendo el por qué hasta que miro también.

No puede ser. Es una jodida broma.

Zaid y Hasna teniendo sexo en las duchas de las mujeres.

***

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022