Punto de vista de Angélica:
"¿Quién diablos eres tú? ¡Suéltame!".
Mis gritos de horror estaban, de alguna manera, entrelazados con su respiración pesada.
"Oye, ¿qué te pasa? ¿Te duele?".
Tras esas palabras, y con mi espalda apoyada contra el asiento trasero del auto, él levantó mi falda corta, y luego, presionó mucho más su pesado cuerpo contra el mío. Entonces, con su fuerte mano, sostuvo las mías por encima de mi cabeza. Y mientras yo trataba de liberarme de su agarre, me tocó los muslos con rudeza.
Al instante, comenzaron a rodar las lágrimas calientes por mis mejillas y mi cabeza no dejaba de palpitar. Su toque me hacía sentir enferma y todo mi cuerpo temblaba sin cesar. Al ver que no respondí a su pregunta, ejerció más fuerza y me desabrochó la camisa con rudeza.
"Por favor, ya déjame ir. ¡No me hagas esto!", imploré.
"¡Cállate! Simplemente, sé una buena chica. Ahora, contéstame, ¿te gusta?", replicó él.
"Por favor, suéltame, tan solo quiero irme a casa".
"¿Irte a casa? ¡Ja, ja! Ni siquiera pienses en eso. ¡No te irás a ninguna parte!", al pronunciar esas palabras, aquel chico perverso me dedicó una sonrisa maliciosa y luego comenzó a lamer mis pezones.
"¡Basta! Deja de hacer eso. Si no me dejas ir en este momento, yo voy a... ¡Aaah!".
En medio de mi reclamo, tuve que hacer una pausa y grité a todo pulmón, puesto que él acababa de morderme muy fuerte el pezón.
"Si no me detengo, ¿qué es lo que harás? Dime, quiero escucharlo. Pero será mejor que hables más alto", mientras él hablaba en tono burlón, pellizcó mi pezón, lo cual envió un dolor indescriptible directamente a mi cerebro.
"¡Eres un imbécil! ¡Te denunciaré!", exclamé, con todas mis fuerzas.
Entonces, en un abrir y cerrar de ojos, su rostro satírico se oscureció por completo. Luego, me abofeteó en la cara con su enorme mano.
De inmediato, comencé a sentirme muy mareada y no estaba completamente consciente de lo que sucedía a mí alrededor.
Debido a ello, luché todo lo que pude por abrir los ojos. "¡Maldición!", murmuré, molesta. Una vez más, había tenido ese mismo sueño. Durante los últimos cuatro años, esa horrible pesadilla me había perseguido cada noche.
En ese instante, mi despertador comenzó a sonar, por lo que extendí la mano hacia la mesita de noche para silenciarlo. Después, bostezando perezosamente, hice todo lo que pude por abrir los ojos y miré la hora, así, me di cuenta de que casi se me hacía tarde para ir a la universidad..
Por eso me levanté de la cama de prisa y me dirigí directamente al baño para asearme. Al terminar de hacerlo, me puse mi uniforme y me fui a la universidad rápidamente.
Un momento después, y con una brillante sonrisa en mis labios, entré de manera veloz al edificio de clases. Una vez allí, cuando vi que el pasillo todavía estaba lleno de estudiantes, miré mi reloj de pulsera. Resultó que, aunque me había despertado tarde, logré llegar a tiempo, dado que aún quedaban unos quince minutos antes de que comenzara mi primera clase. Por lo tanto, suspirando de alivio, me dirigí hacia mi aula.
"¡Ay, Dios mío! ¡Él es muy apuesto! ¡Nuestros ojos se encontraron hace un momento y pude sentir una descarga eléctrica en todo mi cuerpo!".
"¡Sí, es cierto! Y, en realidad, se ve muy travieso cuando sonríe. Él es totalmente mi tipo. ¡Dios mío! Es un bombón alto y cremoso. ¡Podría comérmelo entero!".
"¡Yuuujuu! ¡Estoy extremadamente emocionada! Es el chico más guapo que he visto en toda mi vida. ¡Necesito conseguir su número de teléfono de inmediato!".
"Hace un momento, pasé junto a él cuando estaba en el vestíbulo. ¡Por Dios! Es como un dios griego, o algo así. Su aura por poco me asfixia. ¡Lo quiero para mí!".
Mientras avanzaba hacia mi salón de clases, escuché a algunas chicas un tanto extasiadas hablando acerca de un chico. Y a juzgar por su conversación, pude notar que se trataba de un estudiante nuevo. Yo simplemente sonreí con desprecio y aceleré el paso.
"Yo lo acabo de ver en la oficina del administrador. Creo que estaba allí para terminar el papeleo con su documentación. Lo importante, es que pude ver su nombre en el archivo. Se llama César. Ah, me encanta su nombre. ¡Es tan hermoso como él!".
"¿César?", repetí de inmediato. Ese nombre envió una onda de conmoción a mi cerebro, nada más con escucharlo. Pese a que mi sueño había estado plagado de pesadillas acerca de aquel horrible incidente, gradualmente se estaba quedando enterrado en la parte más profunda de mi memoria y me sentía a punto de sanar. Sin embargo, aquel nombre de repente logró reavivar todos los malos recuerdos. Debido a ello, me detuve involuntariamente en seco.
"Sí, su nombre es César Hernández", dijo la chica, completamente segura, mientras se volteaba para mirarme.
"Cé... Cé... César... Hernández", repetí el nombre tartamudeando. Al instante, mi frente comenzó a sudar, y mi cuerpo, a temblar.
Aquel nombre me hizo recordar mi terrible pasado.
Escena retrospectiva:
Esa ciudad tan concurrida no era donde solía vivir con mis padres cuatro años atrás. Cuando era tan solo una adolescente en mi antiguo vecindario, experimenté algo por lo que nadie merecía pasar. Ese fue el peor día de toda mi vida.
Comenzó siendo un día completamente normal para mí. Al salir de la escuela, caminé por el callejón solitario por el que solía pasar en el camino de regreso a casa. Pero, sin que yo lo supiera, me estaban siguiendo. Mientras tarareaba tranquilamente una canción, de repente, alguien me cubrió los ojos y la boca. Luego, me llevaron a rastras a un auto. En aquel momento, yo era más joven y muy inocente, así que no sabía absolutamente nada de sexo. Sin embargo, lo que sí sabía era que estaba mal que alguien me arrastrara a su auto.
Y cuando sus enormes manos me quitaron la ropa interior con brusquedad, sentí una humillación sin precedentes. Mis ojos instantáneamente se llenaron de lágrimas y comencé a rogarle, y a luchar con él. No obstante, en lugar de escuchar mis súplicas, siguió tocando mi cuerpo en los lugares más privados. Su toque era digno de vergüenza, por lo que seguí gritando a todo pulmón.
Poco tiempo después, una mujer de limpieza que pasaba casualmente por allí escuchó mis gritos de ayuda, así que ella se detuvo de inmediato para salvarme.
Unos días después de ese terrible incidente, tuve que ir a la corte para enfrentar al chico que había intentado violarme. Su nombre era César Hernández. Después de algunas sesiones de la corte, el juez finalmente lo declaró culpable de intento de violación e iba a pasar un tiempo en una prisión de menores.
Cuando la policía lo esposó y se lo llevó del estrado, él tan solo me dedicó una sonrisa maliciosa. Al verlo, me quedé paralizada en mi asiento y por poco rompo en llanto.
Tras ello, caí en una depresión realmente grave, por lo que en un intento por asegurarme el comienzo de una nueva vida, mi madre me llevó a vivir a la ciudad en la que estábamos desde hacía cuatro años.
La reubicación, en realidad, me ayudó mucho. Y, luego de ser transferida a una nueva escuela, estudié mucho, y me convertí en la mejor de mi clase. Pero ninguno de mis nuevos compañeros sabía absolutamente nada de mi terrible pasado.
Fin de la escena retrospectiva.
Debido a que él había sido enviado a la cárcel cuatro años atrás, yo pensaba que nuestros caminos nunca se volverían a cruzar. Jamás me imaginé que él volvería a aparecer años después, por tal razón, no sabía cómo procesar la noticia. Mi rostro palideció por completo y mis piernas temblaron. También, la mochila que sostenía en la mano, se cayó al piso.
De repente, en ese momento, sonó la campana de la clase. Por ende, los estudiantes que estaban a mí alrededor y en el pasillo instantáneamente comenzaron a correr hacia sus diferentes salones de clases. Mientras yo seguía inmovilizada en medio de las escaleras, mi mente se llenó de una maraña de emociones y horribles recuerdos.
"¡Ahhh!".
Alguien me golpeó en el hombro cuando subía corriendo las escaleras, lo que me hizo caer hacia adelante. Sin embargo, antes de estrellarme boca abajo en las escaleras de cemento y sufrir un dolor inconmensurable, un par de zapatillas blancas aparecieron frente a mí. Entonces, caí en un cálido abrazo.
El olor de aquella persona me resultó muy familiar.
Luego, la imagen pasó por mi mente y, al instante, mi cuerpo se puso totalmente rígido. La sangre en mis venas también parecía haber dejado de fluir.
"Angélica, ¡tenía mucho tiempo sin verte!".
Incluso sin abrir los ojos, supe de quién se trataba. Sí, era él... ¡César Hernández!
En ese momento, la voz en mi cabeza gritó locamente: '¡Ay, Dios mío! Es él, es el violador. ¡Él está aquí de nuevo!'.
Tan solo habían pasado unos años y se suponía que él debía estar cumpliendo su condena en la prisión de menores. Pero, él estaba allí frente a mí, así que no pude evitar preguntarme por qué fue liberado tan pronto.
Por ello, reflexioné profundamente: '¿Qué demonios está haciendo él en esta ciudad y en esta universidad? ¿Será simplemente una coincidencia que haya venido aquí? ¿Acaso contrató a alguien para que me vigilara mientras estaba en prisión y luego creó un plan? ¿Estará aquí para atormentarme después de lo que me hizo?'.
En mi cabeza, sabía muy bien que debía liberarme de su agarre y pedir ayuda, pero tenía tanto miedo que era incapaz de luchar o gritar.
"Oye, no nos hemos visto durante los últimos cuatro años. ¿Desde cuándo eres tan proactiva?".
Tras esas palabras, me ayudó a ponerme de pie y luego me miró. Y, al levantar la cabeza lentamente, vi el rostro familiar que atormentaba mi sueño todas las noches. Aunque, se veía muy diferente a como era cuatro años atrás. Pues, su rostro estaba más perfilado, como el de una perfecta escultura griega. Sus ojos azules parecían tan claros y brillantes como el mar.
Sus labios estaban perfectamente formados y había una leve sonrisa en las comisuras de estos. Sin embargo, su mirada estaba íntegramente llena de odio.
"Hola, César. Soy Clara", de repente, una chica se le acercó y se le presentó.
"Hola", respondió él, con frialdad, y sin apartar los ojos de mí.
Al escucharlo, la chica se sonrojó instantáneamente y se tapó la boca, luego, se fue corriendo con una expresión de incredulidad en su rostro.
En ese punto, yo me estaba mordiendo los labios con fuerza, tanta, que la sangre me entró en la boca y la probé.
Pensaba que la venganza era, probablemente, la razón de su reaparición. Tal parecía que él quería tomar represalias contra mí por haberlo enviado a prisión. Con eso en mente, las lágrimas calientes comenzaron a rodar por mis mejillas y todo mi cuerpo tembló incontrolablemente. Estaba plenamente consciente de que estaba condenada.
"Oye, estudiante número uno, vuelve a la realidad. Vamos a llegar tarde a clase. ¿Quieres que te lleve en brazos hasta allí dentro?".
Con una sonrisa malvada en sus labios, César tomó mi mochila y la puso en mis brazos. Luego, extendió la mano y estaba a punto de poner su brazo sobre mí.
No obstante, pese al miedo que sentía, me las arreglé para reunir valor, lo empujé con todas mis fuerzas y corrí a mi salón de clases.
Una vez allí...
Él entró de inmediato, el maestro lo acompañó hasta la tarima y le pidió que se presentara. Se veía muy guapo y tranquilo con su uniforme blanco de estudiante. Después de ajustarse bien la corbata, se aclaró la garganta, y dijo con voz agradable: "¡Hola a todos! Mi nombre es César Hernández. Soy un viejo amigo de Angélica".
Al instante, todas las chicas de mi clase se quedaron sin aliento después de que él hiciera tal revelación. Todas las miradas estaban fijas sobre mí, y luego cambiaron su atención a César.
"¡Angélica! ¿Realmente lo conoces? ¿Fueron compañeros de clase en la escuela secundaria? ¿O solían ser vecinos? ¡Escuché que César proviene de una familia muy adinerada! Él es muy apuesto. Por favor, dime qué tipo de persona es", me susurró rápidamente Adriana, la animada chica que se encontraba sentada a mi lado.
"¿Angélica? ¡Mírame!", exclamó ella, llamándome por mi nombre de nuevo mientras chasqueaba los dedos después de que yo no respondiera a su pregunta.
"Bueno, en realidad, yo no sé nada acerca de él", le respondí fríamente, sin voltearme a mirarla.
En lugar de eso, mi mirada llena de odio estaba fija en César, mientras caminaba por la tarima. Mientras tanto, él todavía tenía la sonrisa malvada en las comisuras de sus labios y, mirándome directamente, murmuró de manera silenciosa: "Puta".
Punto de vista de Angélica:
Durante la primera clase estuve distraída, de hecho, no escuché ni una palabra de todo lo que dijo el profesor. Y no solo eso, podía sentir a César mirándome todo el rato. Una vez que terminó la clase, me mordí los labios con fuerza, sostuve el dobladillo de mi falda y fijé mi vista en él con valentía.
Estaba rodeado de un grupo de chicas y algunos chicos. Pero, él parecía un dios en medio de ellos. Él estaba sonriendo inocentemente, haciendo que las chicas babearan por ello.
Al notar como todos mis compañeros pensaban que era un buen chico, sentí un pequeño dolor en mi corazón. Yo ya sabía que aquella actitud encantadora era una actuación para poder engañar a personas desprevenidas. César realmente era malvado y cruel por naturaleza, sin duda alguna era la reencarnación del diablo.
Durante esos últimos cuatro años, siempre me pregunté a mí misma por qué él había intentado abusar de mí. Sin embargo, lo que más me angustiaba, era que no se arrepintiera en absoluto. La sonrisa malvada que me había dedicado aquel día en tribunal quedó grabada en mi memoria. Por alguna razón, él había actuado como si me conociera, pero yo no sabía quién era.
Lo conocí ese día tan desafortunado. Yo solo era una chica buena con una vida normal. Nunca me metí con nadie, así que no me imaginé que alguien quisiera vengarse de mí. En ese instante, tenía un dolor de cabeza terrible, por lo tanto, ya no quería pensar más en el pasado.
"Angélica, ¿qué pasó? ¿Por qué llegaste tarde hoy?", preguntó Isabel, mi mejor amiga, mientras caminaba hasta mi asiento con una expresión inquisitiva en su rostro.
"No pasó nada, solo me desperté tarde", respondí con simpleza.
"De acuerdo. ¿Conoces a César?".
Mi corazón dio un vuelco ante la mención de ese nombre, y todo mi cuerpo comenzó a temblar al tiempo que sujetaba mi falda con fuerza.
"¡No, no lo conozco!", negué rápidamente, cerrando inconscientemente mis piernas con fuerza.
"¿Qué? Pero él dijo...".
"Isabel, por favor ayúdame a pedir permiso. No me siento bien". Al terminar de hablar, guardé mis libros y mi material en el bolso.
El miedo que tenía estaba incrementando. No podía olvidar la mirada maligna que tenía César al llamarme "puta" unos momentos atrás. Instantáneamente, un escalofrío recorrió mi columna, y tenía pánico de sofocarme si me quedaba un minuto más.
Después de reunir el valor suficiente, sujeté mi falda y me levanté. ¡Bang! La silla se estrelló contra el piso al levantarme tan rápido; el sonido fue tan fuerte que todos voltearon a verme. Incluso las que estaban babeando por César fijaron su atención en mí.
En seguida, me puse pálida. Algunos comenzaron a murmurar y a mirarme con ojos sospechosos. Todos pensaban que actuaba de manera extraña, así que aparté mis ojos de sus expresiones interrogantes y decidí marcharme. Pues, las cosas se complicarían si me veían entrando en pánico. Así que salí corriendo lo más rápido que mis piernas me permitieron.
Al tiempo que el horrible suceso de aquella noche se repetía en mi cabeza una y otra vez, podía escuchar la voz de ese demonio, la cual me decía que me quedara tranquila. Lloré con fuerza y seguí corriendo, mi vista estaba borrosa debido a las lágrimas. Por fortuna, el pasillo estaba vacío, por lo que no me topé con nadie.
Así que seguí mi camino hasta el estacionamiento. Jadeé intentando tomar aire, y apoyé mi peso sobre un auto que estaba cerca. Mi corazón latía rápido, estaba muy cansada. El estacionamiento no tenía mucha iluminación, y pocas personas iban allí durante el horario escolar. Pero, de repente, comencé a escuchar pasos. Entonces, me agarré el pecho, y contuve la respiración para voltear hacia el sonido.
"César", murmuré asustada.
Él se acercó majestuosamente. La tenue luz hizo reflejos en su cabello negro, pero no podía ver bien su rostro. Sentía que tenía el corazón en la boca mientras más se acercaba él. Era la última persona que quería ver.
'¡Huye!'.
Eso era lo único que pensaba.
Al instante, corrí rápidamente hacia mi auto y abrí la puerta. Y justo cuando me iba a sentar, un par de manos me apartaron para cerrar la puerta de nuevo.
"Estudiante número uno, ¿a dónde crees que vas? ¿Acaso intentas escapar de mí?".
Mientras me hacía esa pregunta en un tono cruel, colocó sus manos al lado de mi cuerpo y me atrapó. Me apoyé contra el frío auto y quedé estática. Hice un sonido de miedo, no quería abrir mis ojos y verlo.
"Ah, ¿quieres subir al auto? Entonces, ¿quieres que continúe lo que inicié hace cuatro años? ¡No te preocupes, haré lo que tú quieres!".
Tras esas palabras, César abrió la puerta del auto, se sentó en el asiento del conductor y me llevó con él. Luego, hizo que me sentara sobre su regazo.
La puerta estaba entreabierta, pero igualmente me costaba respirar, puesto que su aura maligna me ahogaba.
"Quédate tranquila. ¡Déjame ver!".
César usó una de sus manos para sujetarme con fuerza. Se me puso la piel de gallina mientras temblaba.
Él levantó la falda de mi uniforme y metió la mano por mi ropa interior.
"¡No! ¡Por favor, no lo hagas!", grité y supliqué. Sentí mi cuerpo débil mientras las lágrimas caían nuevamente por mi rostro.
En ese instante, haciendo caso omiso de mi súplica, acercó su dedo índice a mi lugar más privado, sin inmutarse. Después, comenzó a frotar mi clítoris con la yema del dedo.
De repente, sentí el bulto de su virilidad en mi trasero. Me encogí debido a su toque mientras seguía temblando.
"Déjame ir. ¡Por favor!".
"¡Uhm! Estás muy mojada. Tu líquido se está deslizando sobre mi dedo. ¡Mira!", dijo César, para luego retirar la mano e intentar mostrarme.
De inmediato, giré la cabeza rápidamente, negándome a ver. Él me obligó a mirarlo, volteando mi cabeza sin piedad. Sin embargo, en un ataque de ira, retorcí mi cuerpo y lo abofeteé.
Su rostro instantáneamente se volvió sombrío y me empujó fuera del auto, haciendo que cayera al piso. No tardé mucho en sentir un dolor fuerte en las rodillas, puesto que estaban raspadas y llenas de sangre.
Él salió del vehículo con una expresión macabra y se puso en cuclillas frente a mí. Luego, señaló su otra mejilla y dijo: "Vamos, pégame en esta también".
Lo miré y no dije nada, preferí no hacerlo.
"¿Qué esperas? ¡Hazlo!", rugió enojado.
Me asusté por su grito y cubrí mis heridas para suplicar como una niña.
"César, por favor, ¿por qué me haces esto?".
"¡Ja, ja! Eso es porque... Eres mi presa", dijo él, para luego sacar su lengua y lamer sus labios lentamente. "Angélica, mi buena chica. Te he echado tanto de menos. No pude sacarte de mi mente durante estos últimos años. ¿Cómo está tu madre? ¿Sigue moviéndose libremente en este mundo?".
Aunque sus palabras habían sonado raras, no les presté mucha atención. Lo único que quería era huir de ese chico malvado antes de que me hiciera más daño.
Sin pensar demasiado, levanté mi mano para abofetearlo de nuevo. Sin embargo, él fue más rápido, y agarró mi muñeca con fuerza. Fue entonces cuando notó las manchas de sangre en mis dedos, luego, fijó su vista en mis rodillas y vio que estaban heridas.
"¡Ay, Dios mío! ¿Te duele?".
Su pregunta me dejó completamente sorprendida. Incluso había sonado un poco preocupado. O, pensándolo bien, quizás solo fue mi imaginación.
Entonces, reuní lo que me quedaba de fuerza y lo aparté. Y debido a mi inesperado movimiento, él cayó al piso. Mientras se retorcía de dolor, aproveché para subir a mi auto y cerré la puerta.
"¡César, pervertido! ¡Eres el diablo en persona!", exclamé, llorando de manera desconsolada.
Y aunque estaba un poco a salvo, no me atreví a verle la cara, puesto que su expresión tal solo me asustaría más.
Así que sin esperar más, puse el motor en marcha y pisé el acelerador. Manejé rápidamente fuera del estacionamiento sin mirar atrás.
"¡Mamá!", grité con tristeza tan pronto abrí la puerta de la casa.
Pero, aunque llamé varias veces, nadie me respondió. La sala también se encontraba vacía, parecía que ella no estaba. Encontré eso raro ya que mi madre debería haber salido del trabajo en ese momento. Una extraña sensación se implantó en mi pecho. Algo estaba mal. Me coloqué las pantuflas y entré.
Allí, encontré una nota en la mesa de la sala de estar, justo al lado del florero. Era la letra de mi madre, y decía: "Querida Angélica, tuve que salir a un viaje de negocios de emergencias. Cuídate en mi ausencia. Te llamaré. ¡Te quiero!".
Al terminar de leerla, sentí mi corazón hundirse y dejé la nota sobre la mesa. Estaba tan asustada que simplemente caí sobre el sofá. En esa situación tan difícil, debía quedarme sola. Mi madre tenía un viaje de negocios, por ello no podía contarle mi problema.
Mientras más recordaba los toques de César, más me asustaba. Y después de pensar mucho tiempo en qué hacer, decidí llamar a mi mamá.
"Hola, querida. ¿Regresaste hoy temprano de la universidad?", dijo ella.
"Sí. Mamá, ¿cuándo vuelves a casa?", pregunté.
"Ay, cariño. Lo siento, pero no sé exactamente cuándo terminaré. No te preocupes, te lo diré cuando haya una fecha segura".
"Mamá, yo... Te extraño".
"Mi bebé, yo también lo hago. No suenas muy bien. Además, ¿por qué volviste tan temprano? ¿Pasó algo en la universidad?".
"¡Él volvió!".
"¿Quién?".
"¡César Hernández!", solté con fuerza, mientras apretaba el puño.
"¿Eh? Angélica, no hablemos de eso ahora. Volveré a casa de inmediato cuando termine mi trabajo".
"Mamá, sabes lo que él me hizo, ¿no es así? Todavía estoy intentando recuperarme de ese horrible incidente. Ahora ha venido a arruinar mi vida en esta ciudad. ¿Por qué me hace esto?".
"Escúchame. Hay algunas cosas que no puedes saber, no importa qué tan curiosa seas. Espera a que vuelva. Entonces, lo manejaremos. Te amo. ¡Adiós!".
En ese momento, quería abrirle mi corazón a mi madre, pero ya había colgado.
'¿Qué debo hacer ahora? ¿Cómo puedo alejar a ese demonio? ¡Ah! ¿Y si viene a mi casa? ¿Cómo me defenderé?', al pensar en ello, mi miedo se intensificó. No podía ni imaginar lo que me haría estando sola.
Sostuve el celular en mis manos, estaba aturdida sentada en el sofá. En la mesa junto a este, estaba nuestra foto familiar. La tomé y la sostuve en mis brazos, mientras más lágrimas recorrían mi rostro.
"Papá, cuánto deseo que aún estuvieras aquí conmigo".
Como era alguien indefensa estando sola, decidí llamar a mi novio, Félix.
"Hola, Félix. ¿Puedes venir a mi casa para hacerme compañía?". "Está bien, nena. Voy en camino", respondió él de manera cariñosa.
Treinta minutos después, alguien llamó a la puerta, así que me apresuré a abrir sin mirar quién era. Luego, mis ojos se llenaron de lágrimas al ver a mi novio allí parado y, rápidamente, lo abracé con fuerza.
"Bebé, ¿qué pasa?", preguntó Félix preocupado, mientras palmeaba mi espalda. En ese momento, me di cuenta de su preocupación por su tono de voz.
"Quiero ir a una nueva universidad...".
Él, al ver mi humor, me abrazó con fuerzas mientras seguía con sus caricias.
"¿Qué pasó? ¿Por qué ahora, tan de repente?".
"Ehmm... No es nada". Sacudí mi cabeza y sorbí por la nariz.
"Cariño, ¿has estudiado demasiado estos días? ¿Estás descansando? Creo que necesitas relajarte".
A pesar de saber que Félix estaba genuinamente preocupado, no me atreví a contarle nada acerca de César. Estaba segura de que él se volvería loco si le contaba, y seguramente querría enfrentarlo. Desafortunadamente, César no nos dejaría ir tan fácil. Ese chico era un demonio despiadado.
Tras ello, Félix colocó las manos sobre mis hombros y me llevó a la habitación. De manera gentil me ayudó a acostarme y me metió en la cama.
"Que duermas bien. No pienses en nada. Estaré contigo todo el tiempo. No te preocupes".
Luego, me dio un beso en la frente y sonrió. Al sentirme tan segura, me dormí al cabo de unos minutos. Sin embargo, escuché a lo lejos a Félix hablar con Isabel mientras yo descansaba.
Punto de vista de Félix:
Luego de arropar a Angélica en la cama, vi como se quedaba dormida casi de inmediato. Unos minutos después de eso, recibí una llamada de Isabel. "Oye. ¿Qué tal va todo?".
"Ella acaba de dormirse. Debemos esperar un poco más. Quiero asegurarme de que esté totalmente dormida".
"¡Apresúrate! ¡Puaj! Te he estado esperando durante mucho tiempo. Mi paciencia se está agotando".
"Isabel, por favor, espera un poco más. Prometo ir pronto. Sé buena niña".
Le aseguré en tono dulce.
Una hora después, salí de la casa de Angélica, cuando estuve completamente seguro de que estaba dormida y no notaría mi ausencia. Cuando abrí la puerta de la casa de Isabel, lo primero que vi fue a ella acostada en el sofá de manera provocativa con una copa de vino en su mano.
Llevaba puesta una lencería de encaje y podía ver sus pezones. Su rostro estaba sonrojado, y sus labios estaban más rojos de lo habitual debido al vino. Al mirar todo su cuerpo, tragué saliva y me comenzó a doler la entrepierna debido al deseo.
Isabel me miró con cariño, y comenzó a caminar seductoramente hacia mí. Luego, acercó la copa a mi boca.
"Finalmente llegaste. ¿Esa estúpida está dormida?", preguntó ella, con desprecio.
Ignoré sus palabras y tomé su mano, para luego colocar su dedo índice en mis labios y chuparlo seductoramente.
"¡Cariño, es tan dulce!".
En ese momento, pude sentir a mi virilidad reaccionar ante la belleza que tenía frente a mí. Lo único que quería era explorar su cuerpo.
"Dices que soy tu cariño, pero siempre me haces esperar cuando tenemos una cita...", se quejó Isabel, en tono coqueto.
Sin embargo, en lugar de decir algo para consolarla, preferí tomar su barbilla y besarla. A pesar de que giró su cabeza para evadirme, pude rozar brevemente sus húmedos labios.
"¿Sabes la manera tan estúpida en que actuó esa perra hoy? Incluso intentó seducir al nuevo...".
Mientras ella hablaba, yo tan solo podía sentir el impulso de mi cuerpo intensificarse. No podía esperar para besarla de nuevo. Así que a mitad de su habladuría, capturé sus labios y la besé apasionadamente. Hice un recorrido desde su cuello hasta el escote.
"Pequeña sirena. Déjala tranquila. No hablemos de algo tan insignificante. ¡Divirtámonos esta noche!".
Sin avisar, la sostuve en mis brazos mientras continuaba con el beso, luego, la llevé lentamente hacia el balcón. Una vez allí, presioné su cuerpo contra la barandilla y besé lentamente su cuello tan blanco como la nieve. En eso, bajé mi mano hasta la ropa interior y la toqué hábilmente. ¡Ella estaba empapada! Al instante, Isabel no pudo evitar gemir de placer. Al ver que reaccionó tan bien, la coloqué de espaldas e introduje mi dura erección. Me quedé quieto unos segundos, para luego comenzar a moverme hacia adelante y atrás en su húmedo interior. Ella estaba tan apretada y mojada que no pude evitar ir más rápido. Isabel colocó sus manos en la barandilla y dejó escapar suaves gemidos.
Su espalda estaba completamente arqueada, abrumada por las sensaciones. Pero, de repente se tensó, y sujetó mi mano con miedo. "Para. Alguien... Nos está viendo...".
Gemí de placer, y sostuve su delgada cintura con una mano para apretar su pecho en la otra. Eché un rápido vistazo hacia abajo y no vi a nadie allí.
"Cariño, no veo nada", intenté hablar para convencerla, y le di un beso en el lóbulo de la oreja.
En ese momento, ella perdió el control de nuevo. Y gimió suavemente.
Punto de vista de César:
Con un cigarrillo entre mis dedos, fijé mi vista en los dos cuerpos que estaban enredados en el piso de arriba. Fruncí el ceño disgustado y me volteé para ver la habitación con la cálida luz amarilla de al lado. Después de terminar mi cigarrillo, toqué mis labios y me burlé. Dejé de mirar a aquellas dos personas y me fui.
Cuando llegué a casa, busqué el interruptor de la luz con mis dedos. Y antes de que pudiera presionarlo, una mujer me abrazó y puso sus brazos alrededor de mi cuello.
"Bebé, ¿por qué volviste tan tarde? ¿No te gusta tu nueva universidad?".
En lugar de responder, tan solo encendí la luz y entré lentamente.
"¿Qué ocurre? ¿Por qué no me respondes y me ignoras?".
Uno de los tirantes de su camisón se deslizó por su hombro, dejando al descubierto su escote mientras hablaba. De repente, se inclinó hacia adelante y besó mis labios.
"¡Vete a la mierda!", dije disgustado, para luego empujarla en el sofá más cercano.
En ese momento, su presencia solo hacía que mi ira creciera. Desaté mi corbata y la arrojé al suelo. Sin siquiera mirarla, me acerqué a la barra del bar y me serví un vaso de whisky, del cual tomé la mitad. El alcohol me calmó al chocar con mi garganta.
Sin embargo, Vitoria no se dio por vencida a pesar de mi trato. Ella se puso de pie y se quitó el camisón, exponiendo ante mí sus pechos blancos y grandes. Luego, caminó hacia mí con sus caderas balanceándose de un lado a otro.
"Cariño, ¿estás de mal humor? Puedes descargar tu ira sobre mí en la cama. Además, es aburrido beber solo".
Con esas palabras, tomó lo que quedaba de mi vaso de whisky y lamió el borde con su lengua.
De inmediato, entrecerré mis ojos con disgusto y la sujeté de las muñecas para sacarla fuera de la habitación.
"¡No quiero verte esta noche!".
Cerré la puerta con fuerza luego de gritarle, y apreté el puño para golpear la pared. "¡Maldita sea!", murmuré, frustrado. Mi mente estaba nublada debido a esa estúpida mujer.
Punto de vista de Angélica:
"Hay mucho ruido. ¿Quién arruinó mi sueño? ¿Por qué la gente no puede ser civilizada?".
Giré en la cama para tomar una almohada y tapé mis oídos en un intento por reducir el sonido. Debido a la aparición de ese demonio de ayer, se me había dificultado volver a dormir, y sentía un par de ojos feroces mirándome toda la noche. ¡Humph! Todo era su culpa. ¡Ese bastardo!
Después de restregar mi rostro, me obligué a abrir los ojos, bostecé con cansancio y me pasé los dedos por el cabello mientras salía de la habitación. Mi vista estaba un poco borrosa debido al mareo. Cuando llegué a la sala de estar, vi a Félix sentado en uno de los sofás. Me froté los ojos y de manera natural caminé hacia él y me senté a su lado. Con los ojos cerrados, coloqué mis brazos alrededor de su cuello y lo acaricié con cariño.
"Buenos días. Hay mucho ruido. ¿También te despertaste por eso?".
"¡Sí!".
Al escuchar su respuesta, me acerqué más a él, apoyé mi cabeza en su hombro y traté de conseguir una posición cómoda, ya que seguía cansada.
"No sé por qué la gente no puede hacer sus cosas sin ocasionar tanto ruido. No pude dormir bien. ¡Mira mis ojeras!".
Él tocó mi cara lentamente luego de escuchar mis quejas. A diferencia de cómo las tenía antes, sus manos se sentían un poco ásperas. Él masajeó las bolsas debajo de mis ojos por un tiempo, haciéndome sentir cómoda. Además, yo tenía sueño otra vez.
"¿No dormiste bien? Entonces deberías descansar un poco más", mientras me decía eso, él colocó sus manos en mi cintura.
En ese instante, una alarma sonó en mi cabeza, esa familiar y terrible voz me hizo despertarme de inmediato. En seguida, mis ojos se abrieron y vi el rostro de la persona frente a mí. No pude evitar jadear sorprendida.
¡Era César, el diablo!
Cerré los ojos y comencé a negar con la cabeza. No, no. Eso era imposible. ¿Cómo podría estar allí? ¡Simplemente era un sueño! No podía creer lo que acababa de ver. En ese momento, concluí que era mi imaginación, ya que no había dormido bien. Así que respiré profundo y volví a abrir los ojos lentamente, pero lo único que vi fue su rostro sonriente.
Me puse pálida al instante y me estremecí. Rápidamente, me levanté y salí corriendo.
César me jaló hacia atrás cuando solo había dado unos pasos. Luego, sostuvo la parte de atrás de mi cabeza y me dio un beso sin piedad.
Lo golpeé repetidas veces en el pecho y luché con gritos ahogados, pero eso solo empeoró las cosas. Ese bastardo siguió con el beso e incluso metió su lengua en mi boca. En un ataque de ira, le mordí el labio inferior con todas mis fuerzas.
Y con una sonrisa malvada, César se tocó el labio y limpió la sangre con su lengua. Después, me tomó de las muñecas y me llevó al sofá, presionando su cuerpo contra el mío. Él me besó de manera ruda, su larga lengua se movía dentro mi boca. Parecía que quería dejarme sin oxígeno. En ese momento, él apretó más mi cuerpo y me hundí en el sofá, podía sentir un ligero bulto en sus pantalones. Como yo no podía moverme de aquella incómoda posición, lo único que podía hacer era quedarme tranquila bajo su cuerpo.
De repente, levantó la cabeza, me miró y dijo: "¡Buenos días, hermosa!".
Escucharlo decir eso solo me molestó más, así que lo observé y levanté mi mano para abofetearlo, pero me detuvo.
"¿No fue suficiente ayer? ¿Quieres continuar dónde lo dejaste?". En seguida, César tomó mi mano y la colocó en la mejilla que había abofeteado. "Todavía me duele. No debiste pegarme así, cariño".
Al notar la burla en sus ojos, luché por apartar mi mano, y en ese momento, la voz de Félix sonó desde la cocina: "Cariño, ¿estás despierta?".
A decir verdad, escucharlo me sorprendió. Fue entonces cuando entendí que mi novio también estaba en la casa.
"Sí, ya desperté. ¡Buenos días!", respondí rápidamente. El ruido era muy fuerte y temí que no me escuchara, así que tuve que gritar.
"¡Maldita sea! La campana extractora se descompuso esta mañana, y no deja de hacer ruido. La estoy arreglando. Disculpa todo el escándalo. Por cierto, el presidente de tu club vino a verte. Por favor, atiende a tu visita primero. ¡De verdad no puedo irme de aquí hasta arreglarlo!".
Al escucharlo, abrí los ojos sorprendida y miré al hombre que se encontraba frente a mí. Intenté digerir lo que había dicho Félix.
¿Presidente? ¿Qué presidente?
César, al ver mi confusión, levantó las cejas y me dio un beso en la nariz. Luego, susurró: "Querida Angélica, es un honor para mí ser tu presidente. Espero que podamos construir y mantener una relación cordial. Por favor, coopera conmigo de ahora en adelante".
Sabía que él había hecho hincapié a propósito en la palabra: "cooperar". Mi instinto me decía que me encontraba en un grave peligro. Al ver aquel destello maligno en sus ojos, comencé a temblar como una hoja. Apreté los puños con fuerza y mis uñas afiladas se hundieron en mi palma. Sin embargo, no sentí ningún dolor.