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Esa chica será mía.

Esa chica será mía.

Autor: : PH. MUÑOZ
Género: Romance
Sinopsis Christian O'Connor, el menor de la estirpe de esos irlandeses que llegaron a conquistar Nueva York y el más loco de los hermanos se encuentra en una disyuntiva del porte de una catedral. Años atrás, después de enterarse que su novia lo engañaba con su mejor amigo decidió vivir la vida loca y desenfrenada. Disfrutó del sexo, las drogas y la bebida hasta que un día se dio cuenta que eso no lo llenaba. En ese momento, su padre agradeció a todos los cielos y a cada santo al que le había hecho una manda que su hijo por fin se enrielara y terminara su carrera de constructor civil. Con el pasar del tiempo y en su "estado contemplativo", como él decía, decidió seguir los pasos de su padre y hermano y viajar a Nueva York para ampliar su imperio y demostrar lo bueno que es en su trabajo. Es un chico alegre y desinhibido, que le gustan las series de detectives y aprovechar el tiempo echado en su sofá favorito comiendo palomitas y bebiendo Coca cola, eso lo mantenía entretenido. Además, ya no le importaba salir de fiesta o tener mujeres para sacarse ese mal sabor de la boca, disfrutaba la vida día con día y se mantenía célibe, hasta el nivel que se transforma en un monje tibetano. Las relaciones no le interesan, pues, después de su epifanía, está buscando a la indicada y con esa idea toma sus maletas y deja su tranquila vida en Dublín. Pero ¿qué pasa cuando llega a Nueva York? Sin quererlo conoce a una Española más desinhibida que él y que le pone el mundo patas arriba. Ella no lo toma en cuenta. Ella lo ningunea. Ella lo ve como el hijito de papá que es. Ella es la única que no cae bajo sus encantos. Ella... Ella... Joder! Ella debe ser mía... Esa chica será suya a como de lugar. Nadie rechaza a un O'Connor. O eso es lo que él cree. Bienvenidos a la cuarta historia de los O'Connor, una que tendrá de todo un poco. Seducción, traiciones, secretos, intrigas, mentiras y sospechas, entre giros y más giros, es lo que puedes esperar de una original, divertida y un poquito, solo un poquito de comedia negra en esta historia de amor en la que nada es lo que parece.

Capítulo 1 Juro que me las pagarás Arismendi

Salimos corriendo de la fiesta de los chicos. No sabía lo que hacía, pero la forma alocada en que esa mujer me llevaba de la mano era la que me tenía a mil la revoluciones.

- ¡Esto es una locura! Ni que fuéramos los novios.

- La vida es una sola ¿no? Y ya bastante había esperado por esto- de la nada, se lanza a mis brazos y me besa con pasión, una desenfrenada que había nacido meses atrás, donde ella era el enemigo a vencer o eso pensaba.

- No sabes cuánto había deseado esto, Rocío.

- Pues vamos y me lo demuestras.

Seguimos en nuestro escape y nos subimos a su convertible blanco, dios cuanto deseaba estar entre las piernas de esta mujer.

Cuando cualquier pronóstico podría estar en mi contra, ella por fin estaba aceptando los sentimientos que habíamos forjado en todo este tiempo y después de todo lo que habíamos pasado juntos estaba demasiado feliz porque ella me aceptara. Yo no era un santo, ni tampoco un mal nacido, pero tenía mi historia y creo que eso era lo que a ella la detenía y, bueno, también el hecho de que nos tratábamos como perros y gatos.

Con un suave movimiento del volante, Rocío detiene el auto en un costado de la carretera, suelta su cinturón de seguridad y se abalanza nuevamente hacia mis labios.

- No aguantaré llegar a la ciudad, ¡Quítate la ropa!

Y qué hace el muy imbécil crédulo de mí, pues le hace caso y comienzo a desvestirme como un animal deseoso de esas curvas que todos los días me volvían más y más loco.

Mientras ella miraba el espectáculo y mordía su labio inferior al ver mi torso desnudo yo buscaba la manera de sacarme los pantalones, quedando solo con mis calzoncillos y mis zapatos puestos.

- Listo ¿Y tú?

- Ya voy, solo déjame admirarte.

Levanta el techo del auto y el frío de la noche neoyorquina nos recibe, ella se levanta su hermoso vestido color lavanda y se deja caer sobre mí, sentándose a horcajadas. Nuestros sexos se encuentra por sobre la tela de nuestra ropa interior y comienza a moverse sobre mí colocándome más duro que roca.

- Te he deseado tanto, Rocío, no sabes cómo quería que pasara esto entre nosotros.

Nuestros cuerpos vibraban de placer, con mis manos amasaba sus pechos, mientras mi lengua jugaba con la suya y, en un acto verdaderamente animal, ella sacó mi miembro y me hizo ver las estrellas cuando levantó un poco su cuerpo para dejarme paso entre medio de su ropa y sus pliegues.

- Ah...

Sus gemidos junto a los míos eran música para mis oídos y comenzamos esa danza maravillosa que me haría llegar pronto al éxtasis.

No nos importaba nada y una mierda si nos descubrían, estaba dispuesto a ir a la cárcel con tal de seguir dentro de ella y disfrutarla hasta el final.

Su cuerpo comenzó a moverse rápido y eso me señalaba que mi bella española estaba por llegar, moví una de mis manos hasta abajo y comencé a pellizcar su clítoris.

- Dámelo, fiera. Quiero oír como llegas con mi miembro dentro de ti.

- Oh, Chris, me corro- levanté mis caderas y recibí su orgasmos para dar unas cuantas estocadas más y liberar todo lo que tenía para darle en ese momento, sus ojos me miraban con una intensidad que jamás había visto y mis labios se fundieron con los de ella, nuestras respiraciones eran irregulares y juro que estaba a punto de caer muerto de un infarto por toda la experiencia que estábamos teniendo.

Con cuidado, ella se bajó de mí y sentí de inmediato la necesidad de volver a estar dentro de ella, pero su rostro había cambiado, su sonrisa había desaparecido y de la nada...

- Ahora, ¡Bájate! Ya lograste lo que querías y yo también.

- ¿De qué mierdas estás hablando, Rocío?

- Querías sexo, lo obtuviste, ahora ¡sal de aquí! - de la nada baja su mano debajo de su asiento y saca una nueve milímetros, le quita el seguro y me apunta entre los ojos.

- Ro... Rocío, para, me estás asustando.

- Si no sales a la cuenta de tres mi pobre auto quedará absolutamente sucio con tus sesos, Christian.

- Ro...

- Tres... dos...

Como puedo me bajo del auto subiéndome los calzoncillos y ella esboza nuevamente esa sonrisa matadora que tanto me gusta.

- Rocío, ¿Qué te pasa?

- Esta fue la última vez que te aprovechas de una mujer, disfruta de lo que se te viene por delante.

Enciende el auto y comienza a moverse, no sé porqué pero corro tras ella gritando como un imbécil y de un momento a otro veo mi celular que sale disparado por la ventana.

- No, no, no - corro para alcanzarlo y en una maniobra casi a lo Jason Statham lo alcanzo cayendo estrepitosamente al asfalto, el dolor es inmenso, siento que me he quebrado cada parte de mi cuerpo, pero lo peor es que siento que se ha quebrado nuevamente mi corazón.

Dos malditos años célibe, dos putos y malditos años célibe, buscando por ahí a la que me llene el alma y el cuerpo, pero justo hoy y ahora... ¡Ahora! Estoy en calzoncillos en medio de la autopista central.

- ¡Rocío Arismendi, te juro por mi vida que me las vas a pagar, esto no se quedará así!

Como puedo me levanto y camino hacia los matorrales, desbloqueo el teléfono y llamo a la única persona que se me ocurre en estos momentos.

Mi cuñado...

- ¿Dónde te metiste? te hemos estado buscando y...

- Necesito que vengas a la autopista y me traigas algo de ropa, Jex.

- ¿Qué?

- ¡Apresúrate si quieres saberlo! Te mando mi ubicación.

Hago lo que le dije y me escondo lo más que puedo entre unos matorrales, son pocos los vehículos que pasan en estos momentos y el frio me está calando hasta las bolas. Estoy que me muero de la hipotermia y de las ganas de asesinar a esa mujer. Los minutos pasan y nada que aparece Jex, estoy casi congelado y para peor se ha puesto a nevar. Mis ojos se están cerrando, cuando escucho el ruido de un auto al detenerse.

- Chris ¿Dónde estás? - genial, este idiota trajo a mi prima y todo se me viene encima, los recuerdos me ataca y siento que mi cabeza va a explotar cayendo en un pozo sin fondo.

Hace un año atrás...

- ¡La encontré, Christian, la encontré! Necesito que viajen ya a Nueva York, su prima está frente a mis ojos y aún no me lo puedo creer- me dice al teléfono mi padre y a mí se me cae la cara de la impresión.

- Pero papá ¿Estás seguro que es ella? ¿No sea que nos pase lo de la otra vez con ese investigador.

- ¡Qué no! Te lo aseguro, Christian, es ella. Deja que te envíe una foto y me entenderás.

A los pocos segundos, llega un mensaje de WhatsApp y abro la imagen y lo que aparece en mi pantalla me deja de una pieza.

- ¡Me cago en dios!- salgo como poseído de mi estudio y corro al de mi hermano, abro la puerta sin pedir permiso y mi hermano me ve con cara de odio porque lo he interrumpido.

- ¿Qué quieres Christian?

- ¡Hermano, la encontraron!

Los hermanos O'Connor no podían creer lo que estaban viendo, por fin su única familia aparecía frente a sus narices y nada más ni nada menos que en las oficinas del amigo de su padre.

Sin mediar nada, tomaron sus maletas y volaron a Nueva York, esa ciudad que les traería más de una sorpresa y sobre todo un cambio radical a la vida de paz y tranquilidad que tenían en su amada Dublín.

Al momento de su llegada tuvieron que escuchar lo que su padre les contaba de su prima y aguantar, sí, aguantar el no poder decirle quiénes eran, pero Christian era un tozudo y cada vez que podía se acercaba a ella, era como un maldito imán al verla tan parecida a su madre.

Christian, tuvo que aguantar las burlas y las molestias de la familia que la acogió, pero sobre todo, tuvo que aguantarla a ella, a esa castaña de ojos de avellana que se presentó frente a ellos como su nueva asistente.

Ella sería su verdadero talón de Aquiles y aunque cayó deslumbrado por la belleza de aquella madrileña ese día que la conoció, se negó a mirarla de otra forma más que como la reemplazante de su prima. Lo que no sabía es que amaría estar cerca de ella y a la vez lo odiaría de la misma manera.

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Capítulo 2 Es una delicia.

Madrid, España. Hace ocho años atrás.

- Odio estas malditas excursiones estudiantiles, el arte no es lo mío.

- Es necesario que aprendas de todo, querido amigo. Las construcciones de la antigua Madrid son de las más vanguardistas para la época de su creación y por eso se mantienen en pie, a pesar del tiempo transcurrido.

- Ay, Mateo. Yo lo que quiero son unas birras, unas papas bravas y suficiente sexo para volverme loco.

- ¡Idiota! Tienes que aprender, no puedo creerlo, lo tienes todo, dinero, una familia que te respalda y haces lo que te venga en gana, no sabes como te envidio, hermano.

Esa frase dicha por su amigo, años después la entendería, por ahora, el joven Christian no escucha más allá de lo que le importa y eso es pasarla bien.

- Ya va, idiota, será mejor que terminemos con esto y luego te invito a comer y beber.

La tarde pintaba bien para los amigos, así que recorrieron los lugares asignados por su tutor, se pasearon por las calles de Madrid y fueron descubriendo con su guía lo maravilloso de la arquitectura de la ciudad.

Su primera parada fue en el Edificio Metrópolis.

- Uno de los más conocidos y fotografiados de la ciudad, y que es testigo de dos de las arterias más importantes de Madrid, la Gran Vía y la calle Alcalá. Su arquitectura es de estilo francés y fue de los edificios más altos de Madrid durante muchos años, con sus 45 metros de altura - les señala el guía y por primera vez en su vida, Chris deseó ser su hermano James.

Al medio día llegaron a las Torres Blancas, la que se ubica entre el número 2 de la calle Corazón de María con el 37 de la Avenida América. Estas imponentes torres son uno de los mayores iconos de la arquitectura organicista en España, que, en su momento, fue una de las construcciones de hormigón más innovadoras de la época. El edificio está pensado para ser como un árbol, que crece hasta los 80 metros, creando un conjunto de formas circulares que sin duda llamarán tu atención.

- Este edificio ganó la primera edición del premio del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid y también el Premio a la Excelencia Europea.

- Aburrido.

- Ya cállate, O'Connor que quiero escuchar.

- Hey, Alonso ¿A qué hora comeremos?

- Aprovecharemos el último lugar para la comida, joven O'Connor, espero que ese lugar si le guste - responde un tanto molesto el guía turístico. Siguieron disfrutando de la tarde, aunque Christian con un hambre a morir, al parecer el maldito guía turístico la había agarrado con todos por culpa de él y los ha hecho caminar el doble

- Antes de terminar nuestro recorrido los llevaré a las Las Cuatro Torres.

Esta se encuentra justo al lado del paseo de la Castellana, en el barrio de La Paz. En ella se sostiene la zona empresarial que forma parte del skyline de la ciudad. A este conjunto arquitectónico también se le conoce Cuatro Torres Business Area. Este conjunto lo forman la Torre de Cristal, la Torre Foster, la Torre Emperador Castellana (antes Torre Espacio) y la Torre PwC. En 2021 se inauguró, además, un quinto edificio: Torre Caleido. Entre estas cinco torres hay dos de los rascacielos más altos de España. El primero, la Torre de Cristal, con más de 249 metros de altura y 52 pisos, y la Torre Foster, que ocupa el segundo lugar, con 248 metros de altura y 45 pisos.

- Wow, todo esto es tan hermoso, mira los cimientos, Chris - le dice un Mateo absolutamente embobado por lo que ve.

- Si, claro, claro, amigo, están perfectos. Una maravilla arquitectónica.

- Por último, los llevaré a la Serrería Belga, ahí podrán disfrutar de...

- Por fin, muero de hambre.

- Chris, por favor, baja el volumen.

- Bueno, como les decía, antes de ser interrumpido por el joven O'Connor. Iremos a la Serrería Belga. Este edificio se encuentra ubicado entre el paseo del Arte y el Barrio de las Letras. Este singular edificio industrial de principios del siglo XX forma parte del 'Paisaje de la Luz', reconocido como Patrimonio Mundial por la UNESCO. Su estructura de forjados, vigas y pilares, junto con su fachada clasicista, mantiene un fuerte carácter industrial y es además uno de los primeros edificios madrileños en los que se empleó el hormigón armado visto. Actualmente es un espacio cultural municipal que ofrece una amplia oferta de actividades en torno al arte, la música, el diseño, la imagen y la gastronomía.

Como verán el edificio es el lugar especial para terminar con nuestro recorrido de hoy y aprovechar de que puedan comer algo.

- ¡Aleluya!

Nos paseamos por el lugar y debo de decir que el guía tenía razón, todo a nuestro alrededor grita belleza y majestuosidad.

Ese día lo terminé disfrutando, estaba con mi mejor amigo y las cosas se estaban poniendo interesantes.

Al día siguiente, seguimos recorriendo las calles de Madrid, la idea era terminar temprano porque nos iríamos de Tapas y birras, como nos comentó el guía turístico, eso sería interesante, pues no podía negarlo, en todas partes donde habíamos recorrido las mujeres eran realmente guapísimas.

Llegamos a nuestro hotel y luego de una ducha reponedora me arreglo para salir de fiesta. Salgo al mismo momento que Mateo y ambos nos miramos con una risa jocosa.

- Creo que hoy te desvirgan mi amigo - me dice, muerto de la risa y yo lo miro molesto.

- Pues creo que al que le quitaran hasta la conciencia será a ti, hermano.

Nos reunimos con Manolo, el otro guía turístico y el nos indica el lugar al que nos va a llevar.

- Espero y les guste, muchachos, es el mejor lugar para pasar un buen rato en la ciudad de Madrid.

- Eso espero, Manolo, porque ya estoy aburrido de tanto jaleo de edificio en edificio-reclama Mateo y yo asiento, nos debemos un descanso.

Llegamos al lugar y se veía que era como decía Manolo, en lo arquitectónico era un galpón simple por fuera, pero por dentro estaba la magia. Quedé impresionado por las vigas al aire y la sencillez de las mesas, eran barriles que se deben haber utilizado en alguna de las tantas cavas de vino, las sillas eran simples taburetes y el ambiente estaba completo con una barra hecha en madera natural que le daba el toque casi rural en medio del concreto a la vista de las paredes.

- ¡Esto me encanta! - nos sentamos en una mesa y un chico nos extendió la carta y Manolo nos indicó cuales eran las mejores tapas.

Pedimos camarones al ajillo, croquetas de jamón serrano, unos chipirones, papas bravas y la especialidad de la casa la tortilla de papas. Para beber partimos con una sangría, el trago oficial del lugar, así estuvimos comiendo y conversando por un buen rato hasta que el espectáculo de la casa comenzó.

- Esperen a ver a las chicas bailar y cantar, son unas verdaderas diosas.

Empezaron a sonar los acordea de "Volare" de los Gipsy King y aparecieron cuatro hermosas chicas vestidas con trajes de Zarzuela, pero una de ellas llamó mi atención, era una muchacha de cabellera castaña y ojos negros seductores que se plantó en el centro del local con sus castañuelas y mientras la música sonaba movía sus curvas como si se transportara a ese cielo infinito pintado de azul que señalaba la canción.

Todo el mundo empezó a aplaudir al son de la música y obviamente les seguimos, yo estaba hipnotizado viéndola moverse, era una verdadera diosa de las tablas y ya quería ser yo una de esas castañuelas y ser tocado de esa forma. Era la primera vez que me pasaba eso con una mujer y debo decir que me sorprendió el estar con las revoluciones a mil por aquella castaña.

Cuando la música terminó, los vítores de la audiencia no dejaron de sonar y una nueva canción comenzó a sonar, la chica de mis sueños tomó el micrófono y comenzó a cantar alrededor de las mesas y en un momento se paró frente a mí...

- He llenado tu tiempo vacío de aventuras más...

Y mi mente ha parido nostalgias por no verte ya.

Y haciendo el amor, te he nombrado sin quererlo yo.

Porque en todos busco lo salvaje de tu sexo, amor...

Hasta en sueños he creído tenerte devorándome.

Y he mojado mis sábanas blancas recordándote...

Mientras me cantaba, delineaba mi rostro con su delicada mano y dios, juro que estaba a punto de correrme de solo escucharla y verla seduciéndome , pero se dio la media vuelta y siguió hacia otra mesa donde se sentó en las piernas de otro tipo.

- Uy, hermano, esa mujer si que es una verdadera diosa.

- Y canta maravilloso, pero es intocable chicos, la Madrileña es la mejor cantante del lugar y siempre hace esto mismo, los seduce con esas curvas y su voz de sirena y luego te deja sin siquiera dejarte hablar.

- Es hermosa...

- Una delicia para el ojo y el paladar, como les dije.

Tenía que conocerla, ella era todo lo que me había recetado el doctor y como que me llamo Christian O'Connor hoy sabría el nombre de la Madrileña.

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Capítulo 3 La Madrileña

Mateo y Manolo se habían doblado como cubas de tanto alcohol que tenían en el cuerpo, fue por eso que los mandé en un taxi directo al hotel, mientras tanto yo me quedé esperando a aquella castaña saliera del bar.

Ya eran cerca de las tres de la madrugada y estaba a punto de tirar la esponja cuando la vi salir con sus compañeras.

- Hola - fue lo único que se me ocurrió decir y las cuatro chicas me miraron al plantarme frente a la castaña.

- Hola, extraño ¿necesitas algo? - «a ti» , pensé, pero veía que las otras tres no se despegaban de ellas, mientras me miraban sonriendo.

- No, solo quería decirte que me encantó tu espectáculo, bailas y cantas muy bonito.

- Gracias.

- Maca, llegó nuestro transporte - le dice una y ella asiente.

- Fue un gusto y nuevamente gracias por tu cumplido, espero y nos volvamos a ver- se dio la media vuelta y enfiló sus pasos hacia la minivan que las esperaba y yo me había quedado como un bruto mirándola.

- Espera... - grité antes de que subiera - ¿ Me darías tu número?

- Eres osado gringuito.

- Soy irlandés, no gringo - dije un tanto molesto, me cargaba que pensara que era americano.

- Oh, perdón su majestad - me dijo esbozando una sonrisa cautivadora -. Dame acá tu teléfono.

Marcó su número y luego hizo una llamada, su teléfono sonó y me entregó el mío.

» Un gusto, joven irlandés, ahí nos vemos.

- Ten por seguro que te llamaré.

Y eso hice al siguiente día y al siguiente y al siguiente hasta que ella me contestó.

- Tal parece que eres un tanto persistente.

- Por supuesto, ¿Qué tienes que hacer hoy? - dije apresurado.

- Nada muy importante, solo ver que la loca de mi hermana haga sus deberes y dejarla en el colegio.

- ¿Te gustaría ir a tomar un helado?

- Me encantaría, pero tendría que ser a eso de las ocho, cuando deje a la tozuda de mi hermanita en el colegio, puede ser demasiado temprano.

- Dame la dirección y yo te busco.

- Perfecto.

Tomé nota de la dirección en dónde nos encontraríamos y me levanté como bólido para estar listo. Me duché y coloqué ropa cómoda, hoy no tendríamos nada del otro mundo con los guías y nos habían dado el día libre, por lo que sabía Mateo se quedó de juntar con Manolo y yo había decidido probar pir última vez.

Salí del hotel y busqué un taxi, le di la dirección y fui rumbo al encuentro de Macarena.

Al llegar, noté que era un colegio. De arquitectura gótica y se notaba que era de señoritas, pues todas las que ingresaban eran mujeres, pagué la tarifa y salí del auto para esperarla. No pasaron más de dies minutos y la vi llegar con una chica de no más de quince años, eran como dos gotas de agua lo que me hizo esbozar una sonrisa al saber que lo más probable es que fuera su pequeña hermana. Me ubiqué bajo la sombra de un árbol y esperé a que ellas se despidieran. Macarena ya me había visto y al parecer la chiquilla también, pues me miró con cara de pocos amigos.

Ambas hermanas se despidieron y mi bella Madrileña se acercó con ese caminar candente hasta mí.

- Hola, irlandés.

- Christian - dije, pues nunca le di mi nombre - Christian O'Connor.

-Pues Christian O'Connor es un gusto conocerte. Macarena Aris... Aristegui.

- Bello nombre, Macarena Aris... Aristegui ¿Vamos?

- Vamos.

Tomé su mano y debo decir que sentí maripositas en el estómago, fuimos a una heladería y nos sentamos a tomar un rico helado, ella de pistacho y yo de pasas al ron.

El día pintaba maravilloso y entre risas y helado robado nos contamos toda nuestra vida.

Macarena era la hija del medio de tres hermanas. Sus padres eran contables y ella estaba estudiando diseño de modas, la mayor de sus hermanas ya estaba casada y la más pequeña, que tenía dieciséis, estaba por terminar la escuela.

- O sea que todos los trajes que usas en tus presentaciones son tuyos-afirmé más que preguntar y ella asintió.

- Así es, pero no solo los míos, también los de las chicas.

- Son preciosos, igual que tú.

- No seas zalamero, si ya me caes bien.

- No lo soy, es que me encanta como te vez vestida para bailar.

- Pues, se agradece. En el mundo de la moda no siempre se tiene todo y la competencia es feroz.

Seguimos conversando por un buen rato, hasta que Macarena notó la hora y se preocupó.

- Me cago en dios, tengo que ir a buscar a mi hermana al colegio.

- Deja que te lleve, es por mi culpa que no llegarás a tiempo.

- Está bien, llamaré a mi ardillita y le avisaré que voy en camino.

Y eso hizo, pues escuché los gritos de la chiquilla que estaba molesta porque la había dejado botada en el colegio.

Cuando llegamos, nos despedimos de dos besos, como lo hacían acá, pero me atreví a más y le robé un pequeño piquito.

- Espero volver a verte.

- Yo también, Christian O'Connor. Te llamo.

- Esperaré tu llamada.

La quedé mirando, mientras se acercaba a su hermanita y luego que las vi partir me fui rumbo al hotel, aproveché de caminar un rato por las calles de la ciudad, admirando el paisaje cuando de repente mi teléfono vibró.

"Te espero en el bar a las diez, es una cita"

Con el ánimo más que elevado llegué al hotel, pedí algo de comer a la habitación y me preparé para salir.

- ¿A dónde vas tan arreglado Chris?- me pregunta Mateo, saliendo de la suya.

- Tengo una cita con el destino. Nos vemos idiota.

- ¡Qué te la pasen bien, insulso!

Ambos salimos por caminos diferentes y al llegar al bar la vi, estaba esperando fuera, se veía preciosa en un vestido rojo sangre que apenas y le cubría los muslos.

- Perdón por la demora.

- Oh, no, no, recién he llegado ¿Te apetece que entremos?

- Si, claro. Las damas primero.

Pedimos sangría y unas papas bravas para compartir y nuevamente conversamos como si nos conociéramos de toda la vida, entre conversación y alguno que otro beso se nos pasó la noche y no quería que este día terminara.

Para la media noche decidimos salir del lugar y caminamos por las calles de Madrid.

- Llévame a tu hotel- me quedé de una pieza al escuchar su pedido, pero si ella lo pedía quién era yo para negárselo.

Llegamos a mi hotel y entre besos y toqueteos entramos en mi habitación.

- Eres perfecta, mi Madrileña.

Abrí la puerta de mi habitación y luego de cerrar la puerta asalté su cuerpo curvilíneo pegándola a la muralla, ella, por su parte, comenzó a quitarme la chaqueta y la camisa. Con más ansías que práctica la levanté y ella colocó sus piernas en mis caderas.

Nos llevé a la cama y la posé delicadamente en ella, estaba que explotaba por adentrarme en su cuerpo, pero quise hacerlo lento y mientras nos besábamos bajé los tirantes de su vestido, me maravillé de ver su torso desnudo y ataqué esos pechos que estaban deseosos de mí. Con cuidado me quité los pantalones y los zapatos y ella hizo lo mismo sacando su precioso vestido bajándolo por sus caderas.

- Me encantas, Macarena.

- Y tú a mí, Chris.

Volvimos a besarnos y mis manos bajaron desde el valle de sus pechos hasta su monte de Venus y mierda, sus precioso coño estaba absolutamente mojado, metí uno de mis dedos entre sus pliegues y comencé a moverlo para darle placer.

Sus gemidos eran ahogados por mis besos y cuando la sentí explotar en mi mano corrí la pantaleta que llevaba y acomodé mi miembro entre sus pliegues.

- Oh, dios mío.

- Si, mi Madrileña, soy todo tuyo - dije y ella esbozó una risita que fue ahogada por el primer embiste.

- Ah... Sí, sigue así, por favor.

Nuestros cuerpos chocaban en una maravillosa danza que era perfecta. Su cuerpo se movía al ritmo del mío como si fuéramos uno solo y nuestros gemidos eran el fiel reflejo de como lo estábamos disfrutando.

- Dámelo, mi Madrileña, quiero que te corras con mi pene dentro de ti - le dije al sentir como su dulce coño se estremecía con mis embestidas, su cuerpo se arqueó y sus uñas se clavaron en mi espalda cuando su orgasmo, mi cuerpo vibró y la seguí casi de inmediato. Salí justo antes y dejé todo mi semen esparcido en su vientre.

Ambos respirábamos de forma irregular y nos reímos como chiquillos. Me acosté a su lado y la aferré a mí.

Me había enamorado de esa castaña y la quería solo para mí.

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