Era de noche, era nuestro 3er aniversario, sabía que no llegaría, pero aún tenía la esperanza que todo el amor que le había entregado estos años ablandara su corazón. Pero no fue así.
Lo había esperado con una cena, su favorita que se helaba en el horno, como aún sentía que quizás llegaría subí a mi habitación, me puse una lencería sexy de color rojo, su color favorito, esperaba que esta noche por lo menos me tocara.
Mi nombre es Lissandra, llevo casada 3 años con el que soñé era el amor de mi vida, pero se convirtió en mi dolor más grande.
Cuando iba en secundaria, unos chicos aventaron un balón mientras jugaban, me sentí mareada, solo escuchaba voces, uno de esos muchachos me tomó en sus brazos.
- Hey, Liss, mantente despierta, llegaremos a la enfermería, no te desmayes, mantente conmigo.
Su voz era tan dulce, pero no pude evitarlo y me desmayé en sus brazos, al despertar ahí estaba mi héroe, tenía un plato de comida en sus manos, era Marcus, mi vecino. Él me trajo a enfermería en sus brazos, estaba preocupado por mí.
- Hola Liss, ¿cómo te sientes? fue un duro golpe.
- Bien, solo un poco mareada.
- Tranquila no te muevas, la enfermera volverá de inmediato.
Marcus era un chico muy guapo, pelo Rubio, ojos verdes, alto, era un deportista, yo siempre lo esperaba a que saliera de su casa y salía detrás de él como si fuera una casualidad y llegar juntos a la preparatoria.
Cuando mi día se tornaba más feliz, era cuando él iba a pedir ayuda con matemáticas, yo siempre fui buena en matemáticas y a él le costaba mucho así que yo era feliz ayudándolo. Nuestros padres eran amigos así que su padre siempre lo enviaba a mi casa a pedir ayuda, yo amaba enseñarle, y me perdía en su perfil y sus ojos verdes, y la manera que fruncía el ceño y mordía el lápiz, podía explicarle mil veces los ejercicios de matemáticas con tal que pasara tiempo conmigo.
Verlo allí de pie sosteniendo una bandeja de comida y un jugo, mientras esperaba por mí en la enfermería, me hizo sentir la mujer más feliz del mundo.
- Toma Liss, bebe algo. - Lo miré y era mi jugo favorito, ¿cómo sabía que era mi jugo favorito? Eso me llenó de ilusiones.
Él fue tan dulce, abrió el jugo y me dio a beber, desde ese día nos volvimos cercanos, nuestros padres estaban felices, pasaron los años y fuimos amigos inseparables, sabía que Marcus tenía una novia, pero se fue cuando él tenía 19 años, dicen los rumores que se fue con otro hombre, con más dinero que Marcus.
Después de casarnos, me esforcé al máximo en ser una buena esposa, lo amaba, a pesar de que él no me quería, le cocinaba su comida favorita, sin condimentos porque sufría del estómago, siempre le tenía sus medicamentos, y no solo eso, era su asistente.
Pronto se volvió Ceo de su compañía y yo le manejaba todos los proyectos, le quitamos 5 proyecto millonarios de las manos a su competencia, el frio Ashton Gardner, todos le temían, era un hombre frío y sin sentimientos, odiaba a Marcus y trataba que quitarle todos los clientes y proyectos que él tenía.
Pero yo siempre lograba quitarle los proyectos más millonarios de las manos, yo era una eminencia en números y cálculos, además de exponer los proyectos para que fueran atractivos para nuestros clientes.
A pesar de que todos me admiraban, Marcus siempre me miraba con desprecio.
La pesadilla se hizo mayor al año de matrimonio, el abuelo le exigía un heredero a Marcus, él llegaba a mi habitación, no me dejaba tocarlo, ni besarlo, solo el acto en sí y se iba asqueado, mientras yo me quedaba llorando.
Después de meses de intentos no pude quedar embarazada, eso hubiera sido un consuelo, por lo menos tener un bebé del amor de mi vida, pero no lo logré.
Una noche Marcus llegó enojado después de hablar con el abuelo y me tomó de los brazos con fuerza, sus ojos irradiaban odio.
- ¡¡¿Que le dijiste al abuelo?!!, ahora no quiere herederos porque eres estéril, ni siquiera para eso sirves.
- Solo te quité la obligación de estar conmigo a la fuerza Marcus, lo he intentado de todas las formas, pero sé que solo sientes odio por mí, no importa lo que haga, jamás seré agradable a tus ojos.
- Por supuesto que no, solo me das asco, cada vez que tenía que estar contigo debía tomarme una tableta para poder hacerlo, no me causas nada Lissandra, nada, de cierta manera me siento aliviado, ya no tendré que tocarte otra vez.
Sus palabras se clavaron como mil dagas en mi corazón, me sentí horrible, no deseada, mi amor como mujer se fue al suelo, no pude evitar que mis lágrimas cayeran al mirar sus ojos llenos de desprecio.
- ¿Por qué me odias tanto? Yo jamás te hice nada.
- ¿Nada? Sé que le mandaste un mensaje a Caroline, le dijiste que nos casaríamos, ella iba a volver conmigo, pero ese día le rompiste el corazón y jamás volvió.
Mi corazón se congeló, yo jamás había contactado a su novia, ni siquiera sabía cómo se llamaba, ¿de donde sacó eso?
- Marcus, yo jamás hice eso, ni siquiera sé cómo contactarla o donde está.
- ¡No mientas! Ella me envió el correo con la imagen de tu mensaje, por tu culpa el amor de mi vida me dejó.
- Marcus te juro que eso no es cierto - Yo le lloraba tratando de que me creyera, pero eso no pasó. Solo se fue dejándome sola, desde ese día jamás me volvió a tocar.
Yo seguía siendo al señora Black, Marcus actuaba muy bien en las fiestas y reuniones, todos me alagaban por mi belleza e inteligencia, muchas veces me encontré con Ashton Gardner en esas fiesta, sus ojos fríos siempre se clavaban en mí, con una mirada indescifrable, sabía que de cierta manera debería odiarme por quitarle tantos proyectos millonarios.
Al año siguiente el abuelo murió, dejando un testamento, la mitad de la compañía sería mía, eso hizo que Marcus hirviera en rabia, estuvo a punto de golpearme.
Han pasado 6 meses de la muerte del abuelo, lo extraño tanto, decidí devolverle la empresa a Marcus, ya no puedo seguir engañándome, él no me ama y no me amará jamás, hoy es nuestra última noche juntos, me he preparado para él, solo quiero despedirme del amor de mi vida y dejarlo libre en nuestro tercer aniversario.
Tengo los papeles firmados del divorcio y además del traspaso de su empresa, los tengo en la pequeña mesita, se los entregaré una vez que pueda sentirlo, solo quiero una vez, solo una con el amor de mi vida, Solo quiero sentir sus labios besándome, solo eso, un beso sería suficiente.
Eran las 12 de la noche y sentí su auto, bajé las escaleras ansiosa, al entrar dejó su abrigo y me lanzó la misma mirada despectiva de siempre. Yo usaba una bata negra trasparente y el babydoll rojo de encaje.
- Hola Marc
- Que haces vestida así, te ves ridícula.
- Hoy es nuestro aniversario, quería...
- ¿Aniversario? ¿Querías? Que querías Lissandra, ¿qué me ablandara y te tocara?
- Te preparé una cena.
- Ya comí.
- Marcus... - Me acerqué a él, dejando todo mi orgullo de lado, suplicando un beso, una caricia, pero él me tomó de los brazos y me tiró al sofá
- Entiende Lissandra, me das asco, no podría tocarte, eres fea, eres asquerosa, no puedes compararte a Carolina, ella si es una verdadera hembra.
Mi corazón terminó de romperse esa noche, él terminó con todo el amor propio que algún día pude tener, pude ver en sus ojos solo odio, asco y desprecio.
- Está bien Marcus, esta fue la última vez que te ruego - tomé la carpeta con los papeles de la mesita y se la puse en su pecho con fuerza - estos son los papeles del divorcio y el traspaso de la empresa, no quiero nada, solo firma, ya no está el abuelo así que no hay razón para que sigas encadenado a una mujer tan asquerosa como yo.
Tomé mi abrigo dejándolo helado, me lo puse, tomé las llaves de mi auto y me fui, conduje por horas mientras lágrimas mojaban mis mejillas, por qué Marcus no me amaba, le había entregado todo, por qué me tuvo que ayudar ese día en la preparatoria, por qué tuve que enamorarme de él, no podía parar de llorar, estacioné el auto en la orilla de la carretera y dejé salir mis gritos de dolor, sentía que el alma se me estaba partiendo en mil pedazos, yo lo amaba, solo quería que me diera un poco de su amor, no aspiraba tanto, solo un poco.
Recordé cuando el abuelo de Marcus me adoraba, yo era una genio en matemáticas, pronto me pidió que trabajara en la empresa junto a Marcus, pero mi felicidad fue enorme cuando le dijo a Marcus que me tomara como esposa, ese día algo cambió, Marcus dejó de ser ese joven dulce y atento para transformarse en un hombre frio que no perdía la oportunidad en humillarme... ese dia...
- Fue tu idea ¿cierto? Tú le pediste al abuelo que me casara contigo.
- Marcus, no, te juro que no fue mi idea, pero si tanto te molesta casarte conmigo, rompamos el compromiso, yo no te obligaré a estar conmigo. - Marcus me tomó de los brazos en su mirada solo había odio y desprecio.
- No te hagas la inocente Lissandra, no finjas, sabes que mi abuelo me amenazó con quitarme la empresa si no me casaba contigo, ganaste, pero créeme, tu capricho se convertirá en tu castigo.
Ese día quedó grabado en mi mente, pensé que con todo el amor que le tenía a Marcus sería suficiente, haría que me amara, que tonta fui.
En nuestra noche de bodas, me preparé, compré un conjunto blanco, le entregaría todo mi ser, le daría mi virginidad como mi muestra de amor y devoción, pero él fue una bestia, me dejó adolorida en la cama, me tomó con rabia sin siquiera prepararme, sin siquiera dejar que lo besara o tocara, estuve adolorida por dos días enteros, esa noche después de tomarme se fue y desde ahí dormimos en habitaciones separadas.
Jamás debí creer que con todo mi amor él me llegaría a amar, él nunca me amó y nunca lo hará, y aquí estoy llorando sola, él dolor es tan grande.
Después de llorar por más de una hora, conduje a un bar de señoritas, donde puedes alquilar a un amante, todos los muchachos usan antifaz, así que no sabes quién es, solo eliges su cuerpo, entré y me senté en el bar.
- Que le sirvo señorita.
- Whisky doble - El barman me entregó mi trago y lo bebí al seco. - Otro. - El obedeció y me dio otro.
- Que hace una chica linda como usted bebiendo sola a estas horas.
- Chica linda - sonreí - yo no soy linda cariño, soy fea y asquerosa.
- No digas eso, mírate, tu cabello es rojo como el atardecer y tienes unos hermosos ojos verdes.
- Pero aun soy asquerosa, imposible de ser deseada, ningún hombre me desearía. - Di una sonrisa triste.
- Yo no diría eso... - Un hombre alto, cabello negro me tomó de la cintura y me volteó hacia él, usaba un antifaz, era uno de los chicos que se rentaban.
- Eso no es válido, a ti te pagan para hacer sentir a las mujeres deseadas. Aunque con mi suerte, es a lo único que puedo aspirar, dime guapo, cuál es tu tarifa.
- Para ti, gratis - Su voz era tan varonil, su cuerpo se veía trabajado debajo de esa camisa blanca desabotonada en los dos primeros botones, trataba de mirar sus ojos, pero la oscuridad del bar me lo impedía.
- Hazme olvidar. - Le dije y en ese momento sentí sus labios devorar los míos, una pasión que jamás había sentido, ese era mi primer beso, la única vez que me besó Marcus fue en el altar y solo fue un beso fugaz sin contacto.
Pero este hombre, me devoraba con una pasión que me dejaba sin aliento, me abracé de su cuello mientras él me tomaba en sus brazos y me llevaba a una de las habitaciones que usaban para esto, sacó una llave que sonó con un pitido abriendo la puerta.
Me dejó en el piso, la luz era tenue, había una cama en el centro y un pequeño bar en la esquina, un mueble con juguetes sexuales para intensificar la experiencia, él me volteó y abrió mi abrigo dejándolo caer, me había olvidado que debajo solo traía un pequeño babydoll transparente rojo, y unas bragas de encaje, él dejó salir el aliento.
- Malditamente Sexy, no sé quién te hizo creer que no eras hermosa pequeña, pero eres sexy y muero por perderme entre tus piernas.
El hombre se sacó la camisa, y dejó caer su pantalón solo quedando en ropa interior, su hombría se marcaba, tenía un cuerpo trabajado, sus músculos se marcaban perfecto, sus brazos fuertes me hacían desear estar entre ellos, se acercó y me besó, tomó mi mano y la llevó a su entrepierna y estaba tan dura, era la primera vez que tocaba a un hombre y se sintió tan bien.
- esto es lo que provocas pequeña, eres deliciosa y te lo demostraré esta noche.
El hombre me levantó en sus brazos y me llevó a la cama, me acariciaba con hambre sus manos recorrían mi cuerpo encendiéndolo, jamás había sentido esta pasión, jamás me había sentido deseada, mis manos recorrían su espalda, su pecho mientras él besaba mis labios, mi cuello y devoraba mis pechos, en poco tiempo me tenía desnuda aplastada por su cuerpo, empezó a bajar por mi vientre, separó mis piernas.
- ¡Que haces! - Exclamé, jamás nadie había llegado ahí.
- Saborearte pequeña, que más. - Sentí su lengua perderse en mi pliegues haciéndome gritar y retorcerme, las sensaciones me golpeaban con fuerza, jamás había sentido tanto placer, se notaba que era un maestro con la experiencia de atender tantas mujeres.
En poco tiempo sentí como mi cuerpo temblaba y una sensación de electricidad me consumía llevándome a el primer orgasmo de mi vida, si la habitación no fuera insonorizada, apostaría que mis gritos se habrían escuchado por toda la ciudad.
Al terminar conmigo subió devorando mi piel pude sentir su miembro rozar mi entrada.
- Mi turno pequeña - Dio un empujón entrando en mí sin piedad, era mucho más grande que Marcus, sentía como si estuviera perdiendo mi virginidad una vez más, lancé un gemido.
- Mmm Diooos.
- Estás tan apretada cariño, dime desde cuándo que nadie te toca. - Yo jadeaba mientras él me embestía moviéndome completa.
- Años - Logré balbucear.
Podía sentir su respiración agitada, sus gruñidos en cada embestida, sus besos electrificaban mi piel, estaba tan sensible, el placer me consumía, una vez más llegue a mi orgasmo, mientras él se dejaba ir dentro de mí.
Cuando pensé que había terminado, volvía cambiándome de posición, ahora estaba boca abajo mientras el mordía mi cuello y se metía dentro de mí profundamente, sus grandes manos apretaban las mías mientras yo gemía contra la almohada.
Después de 4 orgasmos al fin se calmó, me acurruqué en su pecho, me sentía abrumada por todo el placer que había sentido, acaricié su pecho dejando algunos besos y pasando la yema de mis dedos por sus abdominales.
- ¿Me dirías tu nombre?
- Erick
- Gracias Erick
- Gracias por qué pequeña.
- Por hacerme sentir deseada, por devolverme la vida.
- Quien te hizo tanto daño cariño, eres hermosa.
- Mi esposo, o mejor dicho mi ex esposo, me enamoré de él en la secundaria, un día unos chicos me dieron un pelotazo tan fuerte que perdí el conocimiento, y él me llevó en sus brazos a enfermería, ese día me enamoré de él, era mi vecino y me dediqué a amarlo en silencio, hasta que lo obligaron a casarse conmigo.
Antes era dulce, pero cuando lo comprometieron conmigo, él empezó a odiarme, hace poco supe que su Ex le dijo que iba a volver con él, pero como yo le había enviado un mensaje que nos íbamos a casar, se sintió traicionada y no volvió.
- ¿tú enviaste el mensaje?
- Jamás. Yo ni siquiera sabía dónde estaba ella.
- Dijiste ex esposo, ¿te divorciarás?
- Así es, le dejé los papeles para que los firmara, además de los derechos de su empresa, que su abuelo me heredó.
- Pero eso te corresponde.
- No quiero nada de él Erick, si mantengo la empresa tendré que verlo a diario y no quiero, quiero irme lejos, donde nadie me conozca y empezar desde cero.
- Entiendo, una chica linda y lista como tú sin duda lo logrará. - Me levanté y pude ver sus ojos, eran azules llenos de una dulzura que jamás había visto, eran del mismo color que el cielo.
- ¿De verdad crees que soy linda? - él sonrió y acarició mi mejilla.
- Eres hermosa, totalmente deseable - se acercó y me besó, con la misma pasión con la que habíamos empezado, nuevamente empezamos a hacer el amor, porque eso era, este hombre enmascarado me hacía el amor, no era sexo, era hacer el amor, me hacía sentir deseada, amada, aunque fuera una mentira, lo actuaba muy bien.
No sé a qué hora me quedé dormida, cuando desperté había una rosa en la almohada, su mascara y una nota.
«Gracias por una noche inolvidable, eres la mujer más hermosa que he visto en mi vida, Erick»
No pude evitar sonreír, nadie había sido tan dulce conmigo jamás, miré y en la mesita de noche había un vaso de jugo un sándwich y un chocolate, con otra notita.
«Come, debes recuperar energías»
No pude evitar emocionarme, este hombre me había hecho la mujer más feliz, aunque fuera por una noche, comí y me puse mi abrigo, no encontré mis bragas así que ajusté bien mi abrigo y Salí, había un silencio como si todas las habitaciones estuvieran vacías, en el primer piso estaba el barman de la noche anterior.
- Señorita, espero que lo haya pasado bien.
- Demaciado gracias.
- Déjeme acompañarla.
- Gracias.
El hombre me acompaño a mi auto, subí y conduje a mi casa, iba derecho a recoger mis cosas, pero en el sofá estaba Marcus, con una mirada sombría con más odio que el normal, podía sentir su mirada clavándose en todo mi cuerpo, aunque yo estaba con una sonrisa llena de placer.
- Dónde estabas.
- Salí, no es de tu incumbencia, espero que firmaras los papeles, como habrás leído la empresa volvió a tus manos, yo no quiero verte nunca más en mi vida.
- Así de fácil, viví un infierno estos últimos 3 años a tu lado, y te vas así de fácil.
- Que más quieres Marcus, te estoy dando tu tan ansiada libertad para que corras donde tu exnovia, ve por ella, hazla tu esposa y se feliz, lamento haberte robado 3 años de tu vida, iré por mis cosas, ya no tendrás que ver la cara de esta asquerosa mujer que solo te causa asco. - empecé a subir la escalera, pero él se levantó furioso -
-¡Lissandra! – Me tomó del brazo y me giró hacia él abriendo mi abrigo.
- ¡Oye!
- Donde Mierda pasaste la noche.
- Ya te lo dije no es tu asunto, firma los papeles, todo lo que tenga que ver conmigo ya no es tu problema.
Me solté de su brazo y subí a mi habitación, pude sentir como subía las escaleras e iba a su habitación dando un portazo, yo me encerré en la mía y me metí al baño, al dejar caer mi abrigo y mi Lencería pude ver marcas de chupetones por todo mi cuerpo, no pude evitar sonreír al recordar esa noche tan apasionada que me dio ese gigoló.
... Erick... Susurré, me metí a la ducha, después de un buen baño tomé mi maleta y la llené con mis cosas más importantes, bajé con dos maletas, Marcus estaba sentado en el sofá con la mirada perdida y los papeles en su mano.
- Me voy Marcus, dejé un poco de ropa que no uso, por favor bótalo o quémalo, todas las joyas que me regaló el abuelo y que te hizo comprarme están en la mesita de noche, no me llevo nada, solo mi ropa que compré con mi sueldo ¿me podrías entregar los papeles firmados por favor? - Marcus estiró su mano con la carpeta, los revisé y ahí estaba su firma.
- No pides nada en compensación por estos 3 años. Te vas sin nada.
- Así es, no quiero nada, suficiente fue con el daño que te hice, ya no me volverás a ver, lamento haberte destrozado la vida Marcus, solo quiero que sepas algo, yo jamás envié ningún mensaje, porque jamás supe ni siquiera el nombre de la mujer que amabas, eso era solo tu secreto, traté de que me amaras, de verdad que traté que me amaras, ojalá jamás me hubieras ayudado en preparatoria, así jamás me hubiera enamorado de ti Marcus, te deseo suerte, búscala y se feliz. Hasta nunca Marcus.
Salí de la que fue mi casa los últimos 3 años, sentí un nudo en mi garganta, saber que hice todo lo posible para que sintiera, aunque fuera un poquito de amor por mí y solo recibí desprecio de su parte, me di vuelta, la miré una última vez después de subir mis maletas.
Adiós Marcus – Tomé mi auto y me fui.
Pasaron 3 meses, no había podido encontrar empleo, supe que las acciones de la empresa de Marcus bajaron y que el poderoso Ashton Gardner se había ensañado con él quitándole clientes y proyectos importantes, ya no estaba yo para defender esos proyectos, así que Ashton se los quitó sin problemas.
Me había sentido muy mal del estómago la última semana así que ahora estaba frente al médico que me había visto crecer, me atendía con él desde que tenía 14 años, él leía mis exámenes frunciendo el ceño luego dio un sonrisa.
- Bueno Liss, felicidades.
- ¿Felicidades? ¿Por qué Felicidades?
- Vas a ser madre.
- ¡QUE! – Sentí mi corazón subir hasta mi garganta.
- Así es, tienes 12 semanas de embarazo, más menos 3 meses
No lo podía creer, una sola noche con ese gigoló y quedé embarazada, por supuesto que yo era muy fértil si el infértil era Marcus, después de un año intentándolo, jamás quedé embarazada de él, yo ya lo sabía pero jamás pensé que sería tan fértil.
- Doctor ¿está seguro?
- Muy seguro dame un momento - Mi doctor tomó el teléfono
«Aló Mary, ¿tengo más pacientes? Ya veo, gracias. - él luego tomó su teléfono y envió un mensaje, el mensaje sonó a los segundos y él sonrió.
- Acompáñame Liss
- ¿Dónde Vamos?
- Donde un Colega que es Ginecólogo.
Seguí a mi doctor, él iba con una sonrisa mientras yo lo seguía con una tormenta en mi mente, como contactaría a Erick, ¿sería bueno avisarle o le arruinaría la vida?, era mejor solo tener a mi bebé sola, ¿o debía buscarlo? Una puerta se abrió dejando salir a un médico de unos 40 años
- Así que ella es tu paciente, pasen -Entramos y me senté mientras mi doctor le mostraba mis exámenes a su amigo.
- Bueno Liss, sácate todo lo de abajo y recuéstate en esa camilla - Me dijo pasándome una pequeña sábana, obedecí y me envolví en la sábana que me pasó y me recosté en la camilla.
- ¿Crees que se pueda ver a las 12 semanas? - Le preguntó mi doctor que estaba tan emocionado como yo.
- Sí, a ver Liss separa las piernas y puja un poquito. - Sentí que el doctor introducía una pequeña varita mientras miraba la pantalla, una sonrisa apareció en los dos al ver algo - Escucha...
De repente un sonido como bombeo llenó la habitación, el doctor dio vuelta la pantalla y pude ver, ahí una pequeña manchita y el sonido de su corazoncito, lágrimas cayeron por mis mejillas.
- ¿Ese es mi bebé?
- Sí, por lo que veo viene sanito y tiene buen tamaño además de un corazón fuerte.
- Seré madre. - Susurré sin poder parar mis lágrimas, el doctor imprimió una pequeña fotito de mi bebé y me mandó a vestir, una vez que terminé me senté frente a él.
- Bueno Liss, felicidades, serás madre, aquí hay una receta de suplementos para que tomes, además de algunos exámenes, debes volver en un mes para los controles.
- Gracias doctor.
Salí de la consulta feliz, directo al bar donde me encontré con el gigoló, al ver que el barman no era el mismo me decepcionó, pero me acerqué de todas maneras.
- Señorita en que la puedo ayudar.
- Busco al otro barman, ¿a qué hora entra en su turno?
- Yo soy el único barman aquí señorita.
- Hace tres meses vine y había otro barman.
- Oh ya veo, no él ya no trabaja aquí.
- Sabe que busco a un hombre que trabaja aquí, se llama Erick
- Mmm, no, aquí no trabaja ningún Erick
- Sí, es un hombre alto, pelo negro, ojos azules.
- Mmm, no, no hay nadie con esa descripción aquí.
- Entiendo, gracias.
Salí del bar y una suave lluvia se dejó caer sobre mí, cerré los ojos y miré al cielo, toqué mi vientre.
Bienvenido al mundo cariño, solo seremos tú y yo, pero mientras esté yo, nunca nadie te hará daño. Me subí al auto y me fui al departamento.