Le doy un fuerte golpe a la maldita puerta tras salir furiosa, no entiendo quien cree que es para venir a hablarme de esas maneras y amenazarme como si fuera mi dueño. Ni en esta vida, ni en la que sigue, no existe hombre que pueda controlar mi vida y Bastián a pesar de que tenga los rasgos parecidos a un dios no será la excepción.
Siento como me sujetan del brazo, me detengo en seco y volteo medio cuerpo para encontrarme con la furia reflejada en su perfecto rostro. bufa como pocas veces lo e visto. Entiendo enseguida que esta vez su molestia es verdadera, Bastián no es el tipo de hombre que te gusta ver enojado, ya que de por si tiene una mirada fuerte y su rudeza se ve desde que te paras frente a él.
-No me pongas a prueba Leila, harás que comience una guerra solo por tus juegos -levanta un poco la voz en ese tono autoritario que acostumbra a hablar.
-No eres mi dueño Bastián, creo que te confundiste en el momento que decidí aceptar una noche contigo y -lo miro desafiante, con un toque de picardía y suelto una pequeña sonrisa que le hace fruncir el ceño-. Si tu ahora sientes más por mí, bueno ante eso no tengo mucho que hacer.
-¿Crees que podría enamorarme de una mujer como tu? -se desdibuja la sonrisa que llevo sobre los labios, el me toma por las muñecas y me pega contra la pared-. Te estas confundiendo, no te quiero cerca de Milán por razones completamente distintas a las que están pasando por tu mente y después de todo si quieres ser una mujer fácil ese no es mi asunto.
Presiono mis labios con fuerza, trato de contener mis fuertes deseos por abofetearlo y es que eso sería algo fuera de lo común para él. Bastián está acostumbrado a tener el control sobre todo, está acostumbrado a que las mujeres sigan sus reglas y agachen la cabeza cuando el así lo decide.
Mi sangre esta hirviendo y no logro controlar mis acciones, le doy una bofetada que resuena en el gran pasillo de la mansión. Tomo el cuello de su camisa blanca esta vez soy yo quien lo pega contra la pared y mis labios quedan cerca de su cuello, olfateo su delicioso perfume.
Por momentos al sentirlo así quiero olvidarlo todo y besarlo con esa furia que solo ambos sabemos expresar, pero me contengo por que en estos momentos acaba de herir mi orgullo. Nadie nunca me va a llamar fácil, mucho menos por hacer lo que a mi cuerpo le viene en gana y si quiero follar con veinte tipos al mismo tiempo, lo haré sin pensarlo.
-Si me vuelves a dar otra bofetada Leila -dice entre rugidos en un tono amenazante.
¿Qué harás Bastián? pregunto en mi mente, pero sin dudarlo estampo mi mano contra su mejilla y le demuestro que no tengo ningún miedo de las consecuencias.
-Te lo advertí -gruñe tomando su mejilla.
Me jala por la muñeca, siento como mi cuerpo se pega al suyo duro como una roca y enlaza sus dedos a mi cabello. Abro un poco mis labios y solo sale el aire caliente, me está mirando tan profundo que siento como si pudiera ver a través de sus ojos azules.
-Puedes ir quitando tus manos de ella -escuchó la sexy voz detrás de nosotros y al apenas voltear medio rostro me encuentro con Milán.
-No tienes derecho a entrar a mi casa -sin soltarme me jala y me coloca detrás de él-. Cuando pasa por esa puerta Milán, no tienes derecho de decirme que puedo o no puedo hacer con ella.
-No te la mereces, por esa simple razón no voy a dejarla en tus manos -se para frente a él y lo toma por la camisa-. Bastián, mejor aparta por que me la voy a llevar de este lugar.
Se quita sus manos de encima y entonces me suelta, da media vuelta, me topo con su mirada suplicante. ¿Me llamó hace un rato fácil y ahora me ruega con la mirada que me quede con él? Estoy en medio de un fuerte aprieto, por que se a la perfección que si me voy ahora con Milán el corazón de Bastián se volverá duro.
-Que sea ella quien lo decida, quiero que sea ella quien me mire a los ojos y me diga que prefiere irse contigo.
Milán pasa por su lado y se me para enfrente, sus ojos verdosos están cristalizados. Una vez más no se que debo hacer por que en realidad no quiero lastimar a ninguno de los dos, Bastián por su parte siempre se muestra tajante y frío, es todo lo contrario a Milán. A pesar de que ambos se dedican a lo mismo, que ambos son capaces de destruir todo lo que tocan y que incluso serían capaces de destruir todo lo que los rodea.
Milán siempre se muestra como un chico dulce, que si se enamora es capaz de bajarle la luna y las estrellas a la persona que tiene a su lado. Siempre tiene en cuenta lo que tu quieres, siempre es detallista y todo un caballero lo cual de primeras hace que pongas tu atención en él.
Bastián es todo lo contrario, a pesar de ser un chico super sexy que puede hacer que se te mojen las bragas en cuestión de minutos y que quieras gemir su nombre con tan solo tener sus labios cerca, es un chico con el cual ni siquiera se puede tener una conversación sin salir discutiendo. Es un cabezota, que siempre quiere llevar la razón y que si alguna vez lo ves reír de verdad es que tienes suerte.
Son polos totalmente opuestos, ¿Qué puedo decir en mi defensa? Nada, por que ambos me ponen cachondisima. Me gustan ambos y es por eso que no se que hacer ante esta situación, aun que me toca pensar rápido que hacer.
-Milán -susurro de manera suave y le toco la mejilla-. No puedo irme ahora, se que vas a entenderlo...
-No, no puedo entenderlo, por que sigues eligiendo permanecer al lado de un hombre que todo el tiempo te deja por los suelos -gruñe con las lágrimas a punto de caer por sus mejillas-. No te valora, no te cuida y lo que es aún más absurdo es que dice no amarte, ¿Entonces que eres para un hombre como él?
¿Qué puedo decir ante su razonamiento? Ni una sola palabra por que es que, hace momentos atrás me dijo claramente que no soy una mujer de la que se enamoraría. Quiero decir que me valoro como debería pero, la realidad es que me estoy arrastrando por Bastián más de lo que me debería permitir.
-¿Por qué no dejas de intentar meterle cosas en la cabeza? Eres muy mal perdedor Milán, hay que saber aceptar cuando una mujer no quiere lo mismo contigo que conmigo -sonríe con ese sarcasmo.
Veo como Milán me mira por un momento con decepción y se da la vuelta para irse, me siento furiosa por que pese a todo Bastián no deja de ofenderme. No solo por que me haya dicho fácil, sino que ahora también habla de cosas que no sabe y cree que me tiene como él varias veces me dijo que me tendría, enamorada.
Me armo de valor y doy un paso adelante, le tomo la mano a Milán que rápidamente me mira. No puedo dejar mi orgullo a un lado, por mucho que me guste Bastián no puedo permitir que me trate como quiera, por que se que me merezco mucho más que tener el buen sexo de una noche.
-¿Qué piensas que haces Leila? -veo como su rostro se vuelve perplejo y obligo a que Milán se detenga junto a mi, para mirar a Bastián por unos momentos.
-Dijiste hace un rato que no soy el tipo de mujer de la que te enamorarías, sin embargo Bastián yo soy el tipo de mujer que busca enamorarse y no voy a enamorarme de alguien que no esté dispuesto a darme la mitad de lo que doy yo -dibujo una media sonrisa al ver como separa sus labios titubeantes-. No creo que de tu boca vaya a salir un te amo, por lo tanto no te molestes en decir nada.
El pecho de Milán se infló ante mi respuesta, una sonrisa que le remarcaba los hoyuelos llamó mi atención y justo cuando estábamos a punto de pasar la puerta escucho el carraspeo.
-Pasa esa puerta Leila y te juro que haré que te arrepientas cada día de tu vida -giré medio rostro relamiendo mis labios.
-Creo que aún no entiendes, tus amenazas no funcionan en una mujer como yo -respiro hondo al volver la mirada al frente y vuelvo a mirar a Milán.
-Verás como no solo son amenazas -gruñe detrás de nosotros.
Las piernas me quedaron flojas al pasar la puerta, por supuesto que las sentía floja por que aunque le haya hablado llena de rabia y de valor la verdad me aterraba el tipo de consecuencias que pudiera traer esta conversación.
Allí entre las sombras que habitan entre el cielo y el infierno, donde la bruma espesa no alcanza. Se encuentran las almas abandonadas, los desechos de aquellos que no pagan por sus pecados. I.M
Pensé en reiteradas ocasiones que tener un padre hundido en el alcohol, una madre sumisa que dejara que hicieran conmigo lo que quisieran y una hermana que si pudiera matarme con sus propias manos lo haría era lo peor. Tener una familia de mierda siempre parece ser lo peor, pero lo que nunca pasa por tu mente es que esa familia pueda ser peor de lo que imaginas y entonces un día te das cuenta de que si puede serlo.
Mis días con esa familia eran los peores, compartir la habitación con la hermana favorita creo que era una de mis mayores razones para llorar, siempre y cuando no apareciera mi padre borracho para golpearme hasta que perdiera el conocimiento. En las mañanas me despertaba con un golpe de almohada mi hermana, para levantarme a preparar su desayuno y luego organizar la casa. Mientras ella se iba a estudiar a mi me tocaba quedarme en la casa, picando verduras, lavando la ropa que ella manchaba a propósito y ordenando el desorden que yo ni siquiera hacía.
Por las noches todo se volvía totalmente diferente, el cansancio invadía el cuerpo y lo único en lo que pensaba era pegar los ojos hasta el siguiente día. Con suerte lograba tener algún sueño bonito, alguno que pudiera alegrarme el alma y hacerme olvidar el infierno en el que estaba viviendo.
Pero dormir se volvía una tarea difícil cuando mi padre casi todas las noches no se encontraba en la casa, pasaba horas mirando el techo con las manos húmedas por el temor que me causaba pensar que en cualquier momento podría pasar la puerta y que incluso si fingía estar dormida no me salvaría de una buena golpiza.
Los sueños, eso era lo único que no podían arrebatarme en aquella casa y creer que un día podría lograr grandes cosas se volvió la manera que encontré para seguir adelante. Claro que todo cambió en mi vida cuando una mañana mi padre vino con una sonrisa amable, mi madre tuvo que viajar a otra ciudad para visitar a una de mis tías que se encontraba muy enferma y mi padre jamás sonríe con amabilidad si no trama algo.
Me dijo que hoy todo sería diferente por que quería compensarme por su comportamiento últimamente, por mi mente nunca pasó que podía llegar a tal grado de cinismo de utilizar su vicio por el alcohol como un arma y una muy filosa. Me miró con sus ojos cafés cristalizados, las manos le temblaban y sus palabras fueron "estoy enfermo, quiero mejorar como padre y compensar todo el daño que pude hacerte".
Cuando amas a una persona con sinceridad quieres creer que todo lo que te dice es cierto, que no sería capaz de lastimarte a tal punto de preguntarte que es lo que se encuentra mal en ti y que no sería capaz de hacerte llorar a propósito. Yo sabía que mi padre se encuentra enfermo por el vicio, pero nunca pensé que sería capaz de llegar tan lejos para poder seguir bebiendo.
Fuimos al centro de la ciudad, me compró un hermoso vestido y se que jamás voy a olvidar los detalles de tal vestimenta. Un color rojo, la tela brillante con un escote prominente delante y acampanado a partir de la cintura.
Cuando me lo probé no me convencía, por supuesto por que una buena hija escucha a su madre y la mía repetía en reiteradas ocasiones que una chica de bien no debía vestir como una mujer fácil. Desde la posición donde me encuentro ahora mismo ya no pienso de la misma manera, una mujer con un nivel de educación tan pobre no entendería que las prendas que llevan no te hacen menos o más mujer.
Me miré tan hermosa, mi padre se paró detrás mientras me miraba con el vestido frente al espejo y me soltó el cabello rubio hasta media espalda. Me encontré como una chica hermosa, como una chica a la que nunca le permitieron verse bien por que me tenían como una esclava domestica y todo lo mejor siempre lo recibía mi hermana.
Me pidió que me quedara con el vestido puesto, que saldríamos y me llevaría a comer lo que yo quisiera cuando volviéramos de ir por un encargo para la tienda. Mi padre un señor alcohólico, pero que manejaba la pequeña tienda de la cuadra donde todos los vecinos compraban sus alimentos del día a día, en alguna que otra ocasión se encargaba de ir por cierta mercancía y no tuve sospechas de nada.
Fuimos a una feria bastante alejada de la ciudad, me pareció extraño ver que en esa feria había cosas que normalmente no se encuentra en otras y que además estaba organizada en un gran almacén en medio del campo.
Recuerdo que mi padre fue por unos refrescos, cuando volvió me dio un jugo de naranja que fue mi mayor felicidad en esos momentos y es que ver que tu padre aun recuerda tu sabor de jugo favorito es un motivo de alegría. No recuerdo haberlo visto nuevamente hasta que desperté con unos grilletes en las manos y los pies, con unas cadenas. Sin darme oportunidad de hacer pregunta alguna comenzaron a jalarme por un pasillo oscuro, una luz me cegó y cuando volví a ver me encontraba con un publico gigante que aplaudía.
Las personas aplaudían con grandes sonrisas, otros sacudían sus billetes y los hombres muchos con sus puños golpeaban los tablones del escenario.
Lo miré parado a un lado del escenario, sonreía con alegría al ver como tantos hombres apostaban por mí, veía como era vendida sin una mirada de arrepentimiento y eso hizo que mi corazón de hija se oprimiera. Nunca estás preparada para que te destrocen de esa manera, por que los padres se supone que deben ser nuestros pilares y apoyarnos cuando estamos mal, no causarnos ese mal.
Mi miedo incrementó cuando empezaron a subastarme, cuando las cifras subían y habían dos hombres queriéndome a muerte parados uno al lado del otro. Un castaño de traje quizá unos dos años más grandes que yo, que no me quitaba sus ojos verdosos de encima y cada vez que el hombre a su lado aumentaba la cifra él se alocaba su cabello de media melena.
Por otra parte el otro hombre me causaba temor, unos ojos azules profundos con el cabello negro y una barba bien recortada. Solo su mirada me transmitía que si me entregaban a él algo malo pasaría, aunque el castaño pareciera ser mucho más amable, la verdad cualquiera de los dos me causaba un gran temor y no quería irme con ninguno.
Al final el hombre de ojos azules terminó cediendo cuando se dio cuenta de que no podría contra el castaño, me sentí un poco más aliviada. Sin embargo cuando me jalaron atrás del escenario nuevamente por el pasillo mis piernas parecían de flan y me costaba mantenerme de pie, todo fue mucho peor cuando tuve frente a mis ojos a los dos hombres de trajes.
No sabía si lo que vi antes había sido un acuerdo para que se viera que ambos eran muy adinerados, o si de verdad estaban compitiendo para ver cual era mi dueño. Por otra parte paso por mi mente la posibilidad de que ambos estuvieran jugando, que les divirtiera gastar su dinero en personas que luego pueden hacerles lo que quieren.
-No puedo creer que hayas dado tanto por la chica, solo por competir conmigo -gruñó el chico de ojos azules.
-No hables como si no estuviera presente Bastián -me tomó de las manos y por inercia retrocedí-. Lo siento pero quiero quitarte los grilletes, no creo que te sientas cómoda así.
-Pagas una millonada por ella y para colmo Milán le vas a quitar los grilletes para que se escape antes de llegar a la casa -dijo en un tono burlesco apoyado contra una columna.
No me iba a servir de nada escapar, no tenía a donde ir y una chica con un vestido llamativo corriendo por el medio del campo tampoco sonaba de lo mejor. ¿Escapar e ir a donde? Ahora ya no pertenecía a aquella casa y aun que no quisiera irme con un completo desconocido, ni siquiera sabría a donde huir.
-No seas absurdo, hasta la ciudad hay unas dos horas de viaje y no creo que vaya a escaparse para caminar hasta allá.
-Nunca aprendes nada Milán, es por eso que yo me hago cargo de los negocios familiares y tu no -ruge casi empujándolo contra la pared.
-No me voy a disculpar por no ser tan insensible como tu -le devuelve el empujón entre gruñidos.
-Te voy a enseñar a respetar -lo toma por el cuello de la camisa y el rubio prosigue a imitarlo.
-Basta -digo en un tono calmado y temeroso-. No voy a escapar a ningún lugar, señor Bastián.
Mi voz se quiebra cuando me dedica una mirada severa, claro que va a mirarme de esa manera por que no aprueba ni siquiera la idea de que una esclava acaba de pedirle que se detenga y creo que haber hablado empeoró las cosas.
-Claro, vamos a confiar es una esclava que valió una millonada -en varios pasos se para tan cerca de mi que no puedo evitar morder mi labio y cerrar mis ojos con fuerza-. Mejor mantén tu boca cerrada, que no pagamos tanto por ti para que des tu opinión.
Me susurró al oído y me sentí atraída al instante por su voz ronca, además de mi padre jamás hubo ningún hombre así de cerca. Mucho menos dos dispuestos a pelearse por tomar una decisión que tuviera que ver conmigo, sin embargo Milán se acomodó la chaqueta de su traje y pasó por su lado para venir a donde me encontraba.
-No vas a influenciar en mis decisiones querido hermanito, la compré yo y será mi riesgo si se escapa -con una sonrisa me quito los grilletes de las manos y prosiguió a sacar los de mis pies.
-Solamente nuestro padre te permite gastar dinero, eres un niño inmaduro -protesta y con las manos en los bolsillos sale de la sala.
-No le tienes que hacer caso, Bastián es un gruñón y por suerte solo somos medios hermanos -me guiñó un ojo y mis mejillas se ruborizaron-. No me parezco a él ¿verdad?
-Me daría mucho miedo si fueras parecido a él -susurro y mi mirada recorre los alrededores para asegurarme de que no se encuentre cerca.
Milán empieza a reír, pasa una mano por encima de mis hombros y comenzamos a caminar. Mi garganta está seca, me incomoda tenerlo tan cerca de mi y tener que guardar silencio por que a final de cuentas mi opinión sigue sin importar a donde quiera que vaya.
Entre en una camioneta que a un lado tiene una puerta corrediza, Bastián estaba allí sentado y se veía irritado por completo con mi presencia. El castaño por otra parte parece divertirse con los gestos de su hermano, en cuento emprendemos el viaje no duda en encender la música y se pone a bailar en medio de la camioneta.
Me empiezo a reír y Bastián rodea los ojos desaprobando la actitud de su hermano, parece ser un hombre de lo más aburrido. Lo pienso así por que cualquiera que vea a Milán bailando y haciendo morisquetas terminaría riendo hasta que el estomago duela.
El hombre de ojos azules le hizo un gesto con la mano mientras tiene su celular en la mano, el castaño le baja a la música y con gestos serios guardan silencio mientras toma la llamada.
-Padre -aclara su voz rascando su barba Bastián.
Pasamos unos minutos viendo como pronunciaba algún "Sí", o "Entiendo" y algún que otro "De acuerdo". Sin tener un contexto de lo que estaba sucediendo, hasta que en un momento Bastián con el teléfono pegado a la oreja le dio un pequeño golpe a la ventanilla que daba a la cabina del conductor y este detuvo la camioneta. Pasó por mi lado y me miró con cierto desprecio antes de bajarse, gracias al silencio en el que nos encontrábamos podíamos escuchar perfectamente como Bastián levantaba el tono de la voz.
-Tu primer día conmigo y te toca enfrentarte a este tipo de situaciones, de verdad lamento que tengas que escucharlo así -se frota la frente irritado.
Esperaba otra cosa, quizá estar en manos de un hombre que me trate como una esclava realmente y no como una persona. Ante sus palabras solo asiento, parece preocuparse por lo que yo piense y el como me sienta.
-Escucha bien padre, no me importa lo que digas -gruñe apoyado en la puerta de la camioneta Bastián-. No voy a ir con tu hijo irresponsable y mucho menos que trae a esta mujer con él, no te das cuenta en los problemas que podemos meternos.
Su rostro se frunce, mira la pantalla de su celular furioso y le da un puñetazo a la camioneta antes de volver a subir frente a nosotros. Bajo la cabeza por la incomodidad que siento ante su insistencia de su mirada, apenas paso saliva y siento como si todos en ese pleno silencio lo hubieran escuchado.
-Bájate -me ordena en aquel tono ronco.
Miro a Milán que no entiende nada y lo queda mirando fijamente, titubeo por momentos por que realmente no se si deba hacerle caso a sus palabras.
-¡Qué te bajes mujer! -levanta el tono de su voz y con las piernas temblorosas bajo.
-¿¡Te volviste loco!? -se queja Milán que intenta bajar tras de mi pero Bastián se lo impide.
La puerta se cierra ante mis ojos y pocos momentos después veo como comienza a irse sin mi, lo que para ser sincera se siente como un alivio. Ese hombre de ojos azules esta completamente loco y no se si vivir cerca de un hombre como él pueda ser un peligro constante para mi vida, con haber tenido un padre capas de venderme me basta.
Miro los alrededores, creo que mi mayor preocupación ahora mismo debería ser llegar de nuevo a la ciudad. Pasar la noche en miedo de la carretera suena a una idea peligrosa, no solo por las personas que puedan pasar sino también por los animales del campo y teniendo en cuenta el clima que por las noches puede variar.
Me dispongo a caminar, cuanto antes comience a caminar es más probable que llegue hasta la cuidad aun que sigo mirando y no veo ni rastros de estar cerca.
Contemplo los alrededores, los pájaros cantan y al menos el sol hace que el frío se sienta más leve. El silencio hace que me permita preguntarme que pasará por la cabeza de mi madre cuando llegue y ya no me encuentre, quiero pensar que se molestará. Tal vez le pida a mi padre que me busque aun que después de verlo sonreír de la manera que lo hizo estoy segura de que no lo hará y que buscará una excusa para que mi madre también deje de buscarme.
Me gustaría saber que excusa va a utilizar esta vez para zafarse de esta situación, tal vez diga que me fui con algún hombre por voluntad propia o que desaparecí en la mañana y que no pudo encontrarme. No puede pasar por mi mente algo más retorcido que eso, por que de verdad no creo que encuentre una excusa mejor para justificar mi ausencia y calmar el corazón de una madre.
A pesar de que mi madre siempre permitió el maltrato de mi padre hacía mi, siempre tuvo gestos amables que me demostraban su amor y por eso pienso que ella va a buscarme. En mis cumpleaños mi madre me preparaba un delicioso pastel de chocolate por ser mi favorito, aun que casi todos los años mi hermana se encargara de arruinarlo todo y que mi padre me terminara regañando o incluso golpeando.
Aun así el gesto de mi madre para mí era la muestra de amor que necesitaba para saber que no me encontraba del todo abandonada en la casa, que tenía alguien con quien podía contar así fuera para charlar y que alguien me quería.
Escucho un auto detrás de mi y se detiene a mi lado, observo como baja la ventanilla un hombre de mediana edad. Viste como un granjero, con una camisa a cuadros y una gorra de paja.
-¿Necesita que la lleve señorita?, me dirijo hacia la ciudad -recorrió mi cuerpo con la mirada.
Fijó su vista a la altura de mi busto, eso me hizo negar ante su pregunta y volví a caminar. Por supuesto que no pensaba subir con un hombre solo, por que no es correcto y por que tras ver como me miraba pude darme cuenta que solo me pondría en peligro.
Esa es una de las cosas positivas que me dejó mi madre, siempre me repetía que si un hombre extraño ofrecía su ayuda me negara y que jamás estuviera a solas con uno para no dar de que hablar.
Volvió a avanzar hasta donde me encontraba y nuevamente se detuvo, pude ver en su rostro un tanto de molestia al ver que no logró su cometido inicial.
-¿Está segura? puede ser peligrosa la carretera por la noche y la ciudad está al menos a una hora en automóvil -insiste y baja medio cuerpo del vehículo.
-No es necesario señor, mis padres vinieron a la subasta y yo quise salir antes para apreciar los alrededores -sonrió levemente y me seco las manos en el vestido nerviosa-. Pronto pasarán por mí.
Termina de bajarse del vehículo y avanza hasta donde me encuentro, tiendo a retroceder pero aún así se para frente a mí. Su mano áspera me toma por las mejillas con fuerza, lo tomo por la muñeca y trato de que me suelte por que me duele.
-No quieras engañarme, yo estaba en esa subasta y te miré en el escenario -me arrastro contra el capó del auto y me empujó sobre él-. Eres una esclava...
Mi respiración se agita y mis ojos se cristalizan ante la hostilidad, la rabia con la que se dirige a mí. Más que el daño físico lo que me duele son sus palabras, por que a partir de ahora el mundo va a tratarme como eso siempre y es que una muchacha sin una familia yendo por el mundo a su suerte, solo es tratada como una mujer que no tiene futuro alguno.
-Te voy a enseñar -levantó su mano lleno de rabia pero en esos momentos se detuvo en seco.
Con la vista nublada por las lágrimas me cubrí el rostro con mis manos temblorosas, el castaño llegó hasta nosotros a tiempo y evitó que comenzara a golpearme. Su respiración estaba agitada, miré alrededor buscando la camioneta pero no había rastro alguno y eso me hizo llegar a la conclusión de que se bajó para venir por mi.
-No vas a tocarla, ella es mía -gruñó entre jadeos.
-Aparta muchachito -se quejó el hombre soltando su agarre y se subió al vehículo molesto.
Me acerqué a Milán con el cuerpo tembloroso, me rodeó en sus brazos y experimenté por primera vez lo que era sentirse a salvo. Fue una sensación extraña pero a su vez satisfactoria, que apenas conozcas a una persona y que te haga sentir más segura de lo que te hacen sentir en tu propio hogar.
-Quiero ofrecerte una disculpa por dejarte de esa manera, puede que te haya comprado pero eso no te hace menos ser humano que yo -suelta un suspiro y me frota la espalda.
No me atrevo a pronunciar palabra alguna, tal vez sea el destino o incluso Dios dándome una señal de que el mundo entero no es malo y que puedo tener algo mejor en la vida. Cuando apenas los vi pensaba que serían mi condena, que me dañarían y que terminaría pagando por los pecados de mi padre. Ahora veo que existen personas que no piensan como mi familia, que incluso a pesar de tener el poder para controlar mi vida deciden verme con respeto y eso deja mi alma tranquila.
El dolor nos lleva a sobrepasar limites que creíamos ser incapaces de pasar. Nos volvemos seres primitivos, capaces de hacer lo que este a nuestro alcance para sobrevivir. -I.M
La vida son idas y vueltas, nunca sabes como te va a sorprender. Antes de llegar a la subasta nunca pensé que vería el rostro de Bastián iluminarse como lo hizo cuando Leila pasó al escenario.
Lo vi desearla antes de tenerla, sabía desde el momento en que vi su rostro como quería tenerla y eso fue mi motor para llevarle la contra. Bastián es el tipo de hombre que jamás admite lo que siente, que nunca abandona su orgullo por nadie y esta no fue la excepción.
Mi mayor motivo para pujar por Leila era ver cuanto estaba dispuesto a dar por ella, pero a pesar de ver que la quería tener no fue capaz de ofrecer más y es que los negocios es algo que ese hombre no esta dispuesto a poner en riesgo. Es racional, siempre se va por lo que es seguro y abandona sus emociones con tal de lograr su objetivo, analizarlo desde que solo es un niño tiene sus grandes ventajas.
Bastián es el hermano mayor, ante los ojos de nuestro padre el hijo perfecto y que siempre tiene la razón en todo lo que dice. Nunca vas a ver a mi hermano cometer errores, es por eso que dirige los negocios de la familia y es que desde que nuestro padre le dio el cargo a él siempre demostró que está más que capacitado.
Puede parecer que estoy siendo cruel, pero mi objetivo al comprar a Leila desde un principio es verlo caer y por esa razón me encuentro ahora abrazando a esta chica. Creo que mi hermano no tiene conciencia de lo que son los limites, la abandonó en medio de la carretera a su suerte y todo por que nuestro padre lo llamó para que se hiciera cargo de un asunto.
No puedo decir que esta chica no es hermosa, es como un ángel que cayó del cielo para ser mi salvadora. Unos hermosos ojos avellana, cabello rubio y cuerpo contorneado, cuando la miras lo primero que llama la atención es la belleza de su rostro. Un hoyuelo en su mentón, una bella sonrisa, labios carnosos que provocan deseos de besarlos y una mirada cambiante.
Cuando la ves a los ojos te topas con un mar de emociones, esta mujer puede ser la perdición de cualquier hombre, incluso la mía y si no fuera por que necesito que Bastián caiga a sus pies me la quedaría.
-Iremos a casa, te vas a sentir mejor una vez que estemos allí -impongo distancia y pretendo caminar cuando siento su mano tomada de la manga de mi traje.
-Perdona pero -muerde sus labios con la mirada baja, me hipnotiza el movimiento de su boca al no saber como continuar con lo que tiene que decir y cuando al fin levanta la mirada trato de disimular-. ¿Estará el señor Bastián a donde vamos?
-La razón por la que te compre...
Me detengo en seco por que no se si debería decirle la verdad, quizá quiera negarse a hacer lo que le pido y quiera decirle a Bastián la verdad de mis intenciones. Pero también considero la posibilidad de que si no le digo en lo que va a meterse termine alejándose de él, creo que hasta el momento solo hubo una mujer capaz de aguantarle a mi hermano un par de años.
-Necesito que me ayudes, Leila te compre por que necesito una mujer que seduzca a Bastián -paso saliva y la habitación se vuelve silencio, no mueve ni un musculo.
-Disculpa, ¿Me hablas en serio? -se coloca a pocos pasos de mi y parece estar furiosa.
-Bastián es un tipo muy difícil, tiene un temperamento muy jodido y hasta ahora no hay una mujer que le aguante -me quejo con mis manos enlazadas nervioso.
-Esto tiene que ser una maldita broma -avanza caminando delante y la empiezo a seguir de atrás.
-¿A dónde vas? -se detiene en seco y gira medio rostro, apenas me da tiempo a detenerme sin estamparme contra ella.
-Volveré a mi casa y obligaré a mi nefasto padre que devuelva ese dinero, no voy a seducir a tu hermano -jala un poco mi corbata y me obliga a verla lo suficiente cerca para tener su respiración sobre la mía-. Me educaron para tener valores, para ser una mujer de hogar y un día casarme con un hombre digno. Entonces llegas tú y me compras para tratarme como una prostituta, eso es algo que solo hace un poco hombre.
-No tengo alternativa, mi padre dejó de tomarme en cuenta en los negocios por culpa de mi hermano, si él cometiera algún error entonces tendría oportunidad de tener un lugar ahí -la tomo por los hombros-. Solo vi una vez a Bastián enamorado de una mujer, si se enamora de ti entonces cometerá errores y tu tendrás lo que quieres.
-¿Tendré lo que quiero? -suelta una risita irónica-. Mire señor Milán, debe saber que las posibilidades de que ese bloque de hielo que tiene por hermano se derrita son casi de cero porciento y en el caso de que pudiera derretirse, ya vio lo que pasó hace un rato. Su hermano no es el tipo de hombre que va a casarse y formar una familia, pero en el caso que lo fuera no es el tipo de esposo que espero para formar la mía.
Se dispuso a seguir caminando, siento como la única oportunidad que tengo de salir de este poso se empieza a escapar de mis manos y me invade la desesperación. Si Leila se vuelve a su casa no me importa que me devuelvan el maldito dinero, por que seguirá siendo todo igual en mi vida y eso me preocupa mucho más que la cantidad que di por ella.
-Te daré la libertad -al escuchar mis palabras se detiene en seco y enseguida noto que tengo un poco de esperanza de convencerla-. Si me ayudas a que Bastián se enamore de ti y cometa errores, entonces tendrás tu libertad por completo para empezar una vida lejos de tu familia.
-Mi libertad -titubea mirándome a los ojos-. No puedo confiar en tu palabra.
-Te tengo una mejor propuesta, haremos un contrato hoy mismo y tu quedarás en completa libertad a partir de hoy -me aproximo a donde se encuentra-. Si firmas el contrato solo fingirás ser mi esclava delante de Bastián pero cuando él no esté seguirás siendo mi igual, cuando comience a cometer errores que le cuesten la confianza de mi padre te daré una paga y cuando todo esto termines siempre me tendrás en deuda contigo.
Es lo mejor que puedo ofrecerle en esta situación y si acepta mis condiciones estoy seguro de que ella puede hacerlo caer rendido a sus pies, será la única manera de que mi hermano empiece a ver que también soy un heredero.
-Creo poder hacer el intento, pero no te puedo asegurar de que vaya a lograrlo Milán -sus mejillas se ruborizan al momento que baja la mirada y juega con sus dedos-. Nunca antes tuve contacto con chicos antes, en mi casa estaba prohibido que una mujer tuviera amistad con un hombre.
-¿En que mundo te tuvieron encerrada todo este tiempo? -pregunte ante la sorpresa de sus palabras.
Nunca conocí una chica la cual tuviera prohibido estar cerca de un hombre, que ni siquiera pudiera tener una amistad con uno. Supongo que su familia es tradicionalista, la típica de padres estrictos que cuidan a sus hijas como tesoro y eso es lo que me parece curioso ya que mencionó antes que fue su padre quien la trajo a este lugar.
Me parece bastante insólito un padre que entrega a su hija como un paquete, que la da a cambio de tanto dinero luego de haberla cuidado tanto. Tanto esfuerzo de toda una vida para entregar a tu hija a un par de desconocidos, darle valores, por que se nota que ella los tiene y luego lanzarlos por la borda al venderla.
Mi mente se detiene por un momento al ver como la camioneta se detiene ante nosotros, la puerta se abre y Bastián esta allí sentado con un vaso de whisky cómodo como si nunca nos hubiera dejado en medio de la nada. En mi mente regresa el recuerdo del momento en que nos íbamos, mire a Leila en el medio de la carretera sin saber que hacer y vi el rostro de Bastián que no tenía expresión alguna.
Le rogué que se detuviera, tuvimos una pelea donde me recordó como cada día de mi vida que por ser así mi padre no me da mi lugar y cuando estábamos un poco más alejados tal vez a media hora de donde habíamos dejado a la chica se detuvo. Me quedé mirándolo desde mi asiento inmóvil, se levantó y me tomó de la camiseta para lanzarme al medio de la nada.
Fue su manera de decirme que fuera por ella, que no la dejara sola y que no permitiera que nada malo le pasara. Aun que por supuesto que él jamás va a aceptar que eso es lo que en verdad quería, por el contrario me seguirá tratando como el hermano menor irresponsable y cada vez que tenga la oportunidad de humillarme frente a mi padre lo hará.
Tomé la mano temblorosa de Leila y ella subió primero, cuando subí yo me llevé una gran sorpresa. Al lado de Bastián se encontraba sentado mi padre, con un habano en la boca y nos miraba con gran atención.
-Te lo dije padre, llegaríamos aquí y él estaría al lado de esta mujer que solo es una simple esclava que compramos -soltó una risa de lado antes de beber un gran trago-. No a madurado y tu quieres darle un lugar en nuestro negocio a alguien tan débil como él, alguien que jamás sería capaz de tomar un arma.
-Deja de repetir esa tontearía -mi molestia se siente en mi voz que se vuelve ronca.
Miro a Leila de reojo que tiene las manos apretadas en la falda de su vestido y esta con la mirada baja, no quisiera que escuchara esta discusión que tiene que ver con el negocio familiar, sin embargo a partir de ahora tendrá que acostumbrarse que esta familia no es como lo que ella imagina.
-No estoy diciendo nada que ya mi padre no sepa, no serías capaz de matar y es por eso que aun sigues sin pertenecer al negocio -agrega con una media sonrisa en el rostro arrogante, mientras juega con los hielos del vaso.
-Silencio -anuncia aclarando la voz mi padre-. Ustedes dos llevan años peleando por ver quien es el mejor de mis hijos, eso no puede demostrarse perteneciendo al mismo negocio y lo único que harán será arruinarlo todo. Milán debe demostrarme que creció, pero tu Bastián te volviste un hombre demasiado insensible y eso es algo que en este negocio te puede llegar a hundir.
Ambos cruzamos miradas, expectantes ante las palabras que saldrán de la boca de mi padre y es que por primera vez cuestiona algo de lo que esta haciendo Bastián.
-Abrí una parte externa del negocio que voy a poner en manos de Milán, está desvinculada de nuestro negocio y es por que quiero ver hasta donde eres capaz de llegar -se dirige a mi y al soltar el humo Leila empieza toser-. Bastián tendrá que aprender de sensibilidad si quiere seguir manejando el negocio, para eso quiero que pase tiempo con esa muchacha.
Leila y yo cruzamos miradas, por que justo como se lo dije será libre si me ayuda con lo que quiero. Esta es su oportunidad, la oportunidad perfecta para que se acerque a mi hermano y que él termine enamorándose de ella.
-Es mi esclava -reprocho como si estuviera en contra y Leila mueve los labios como si quisiera decir algo pero solo suelta el aire.
-No tiene que estar todo el tiempo con Bastián, tu tendrás mucho trabajo que hacer para sacar adelante tu negocio y ese tiempo en que estas ocupado tu hermano lo tomará para conocer a la muchacha -sonrió de manera leve y se acarició la barba mirándonos-. La decisión está tomada, ustedes saben que las ordenes no se desobedecen en esta familia.
-No importa lo que diga acerca de pasar tiempo con esta mujer, lo veo en tu mirada que nada de lo que haga va a cambiar tu decisión -recarga sus codos en sus rodillas y mira fijamente a la rubia-. No importa que tenga que pasar mi tiempo contigo, tu vas a seguirme y harás lo que te diga. Nada va a cambiar mis planes y una mujer nunca me hará cambiar mi manera de pensar, mucho menos mis emociones.
Fue entonces que me di cuenta de que aquí comenzaba una guerra, una para demostrar quién podía ser el mejor de los hermanos y por el dolor de los últimos años me juro que no pienso perder. Es mi momento de decirle que no al sufrimiento, de dejar de conformarme con ser la segunda opción y comenzar a ser lo que cada noche sueño.