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Esposa En Alquiler

Esposa En Alquiler

Autor: : Librosromanticos
Género: Romance
Eveline, tenía una vida tranquila junto a su padre, quien desde hace mucho trabajaba como chofer de la familia Radley, sin decirle aquello a su propia hija. Pero todo cambiará de un momento a otro cuando su progenitor se queda sin empleo y ella a sabiendas de la situación en la que se encuentran, se ve obligada a dejar sus estudios universitarios para poder ayudar a su padre. Eveline termina trabajando en la cafetería de Aidan, un tipo bastante arrogante y problemático, que incluso con mil defectos se volverá aquella persona que robe su corazón. Aidan, terminará enamorado de Eveline, sin embargo deberán luchar juntos contra aquel pasado que tanto lo atormenta. Además de que Luke, el hermano de Aidan también gusta de Eveline, formándose así un triángulo amoroso lleno de embrollos. ¿Podrán ser capaces de lograr estar juntos a pesar de los obstáculos?

Capítulo 1 1. Capítulo

La mañana está siendo eterna para la joven Willow, puesto que no ha logrado entregar ni un solo volante y el sitio no es muy concurrido. Se siente derrotada, y sus pies reclaman por un descanso. Ha estado un buen rato paseándose en la esquina del local del señor Hanks; su jefe. Un viejo cascarrabias que no le agrada nada ni nadie. La mayor parte del tiempo se la pasa encerrado en un pequeño despacho dentro de la tienda, un lugar repleto de antigüedades especializada en la venta de objetos pasados de moda.

Pero que por alguna razón, su producto es normalmente suministrado por subastas, ventas del estado, búsquedas en los mercadillos, y esas cosas que no le interesa en lo más mínimo a la chica. Sin embargo los objetos son de gran valor para los adinerados que no saben en qué gastar su fortuna.

La verdad es que si aún sigue trabajando en ese lugar, es porque no ha encontrado otro sitio mejor, y no podía darse el lujo de perderlo justo ahora, ya que tenía que pagar el alquiler dónde vive y lleva acumulado tres meses de renta.

Por estar distraída mirando los volantes que sostiene, no sé percata de la señora que viene andado hacia la tienda. De repente, se gira bruscamente y choca con ella, derramado el café que la señora traía en manos.

Willow abre los ojos desmesuradamente al escuchar el chillido histérico de la señora.

-¡¿Acaso no te fijas por dónde caminas, niñita?! -reclama la mujer mayor apartando la tela mojada de su pecho.

-L-lo siento, lo siento -farfulla la jovencita preocupada-. Déjeme ayudarle con eso, tengo toal...

Estira la mano hacia la blusa que valía más que su miserable sueldo.

-¡Aparta tu mugrosa mano de mí, mocosa! -gruñe la señora-. Acabas de arruinar el outfit que estuve eligiendo por horas en mi armario, ¿Sabes lo que cuesta decidirse por la mejor ropa de marca y así no llevar la misma que tus amigas?

La chica no sabe lo que es eso, puesto que la mayoría de las perchas de su armario están vacías. Incluso, a veces tenía que repetir su ropa para venir al trabajo.

-Señora...

-¡No, no sabes! -intervino la mujer mayor lanzándole una mirada cargada de arrogancia-. Así que no tengo idea cómo ni con qué, pero vas a reponer este incidente.

-Pero señora, eso cuesta una fortuna. Además usted misma dijo, fue un incidente, ¿Nunca le ha ocurrido? -la joven no podía costear aquella prenda tan ridículamente cara.

La detalla minuciosamente, notando la costura finamente cosida en cada borde de la blusa. No hacía falta ser una experta en la materia para darse cuenta que la ropa de la señora había sido confeccionada por un gran diseñador de moda.

-No, jamás me ha sucedido porque no soy torpe. Estoy pendiente por dónde camino -responde la mujer mirando a la joven con arrogancia-. Y claro que deberías reponer mi blusa, pagar lo que cueste.

-P-pero, no tengo el dinero y seguramente es más que lo que gano mensualmente. Tenga al menos un poco de empatía y póngase en mi lugar -replica la joven Willow sintiéndose de repente molesta por la actitud tan hostil de la mujer mayor.

-Ese no es mi problema, niña -hace énfasis en lo último-. Entonces, al menos deberías pagar la tintorería.

Señala la zona de la blusa manchada de café. Willow estaba por hablar, cuando un tercero intervino.

-¿Susanne? -la nombrada voltea hacia el señor Hanks-. No sabía que venías.

-Vengo por unas cosas -dice la señora acomodando su cabello perfectamente arreglado en un peinado elegante.

El señor Hanks asiente, y se percata de la joven Willow que los mira.

-¿Qué haces allí parada? No te pago para que andes de cotilla, ve a ordenar las repisas -demanda el jefe de la chica.

-Ya lo he ordené ayer, señor -le recuerda Willow, se muerde la lengua para no soltarle improperios.

-Pues entonces busca que hacer en vez de quedarte de vaga -exige el señor.

La chica resopla echando a andar hacia la tienda.

-Oye, no hemos terminado -habla de nuevo la mujer, pero Willow la ignora y sigue caminando-. Es una grosera, ¿cómo puedes contratar a ese tipo de maleducados?

La joven no alcanza a escuchar la respuesta del señor Hanks ya que ingresa a la tienda refunfuñando. Se dirige al depósito de la tienda y comienza a recoger las cajas pesadas que están en el suelo. Hace tiempo que lleva haciendo lo mismo, así que se ha acostumbrado a realizar ese tipo de trabajo forzado. Aunque luego debía lidiar con dolores de espalda, sin embargo no había otro empleado en la tienda que pudiera cargar las cajas que pesaban. Por lo que no le queda de otra a la chica.

Después de un rato, Willow se seca con la manga de su camisa el sudor que baja por su frente. Va hacia el refrigerador y saca una botella de agua que toma de un sorbo. Se marcha del depósito y agarra el plumero para quitar el polvo de los objetos que están en las repisas altas. Empieza a limpiar mientras tatarea una canción que le viene a la mente, la mayoría de las veces no recuerda en dónde la ha escuchado antes.

Mueve los brazos como si estuviera tocando un instrumento imaginario, anda tan concentrada limpiando los objetos de valor, que no se percata del muchacho que ha ingresado a la tienda cargando un enorme cuadro. La joven Willow sostiene un jarrón que parece haber pertenecido a la realeza con lo antiguo que se ve. Empieza a inspeccionarlo curiosamente, pero de pronto la voz del muchacho, una voz que tanto reconoce, hace que se sobresalte y suelte el jarrón al suelo ocasionando que quede echo añicos.

-Mierda -abre los ojos como plato y se agacha a recoger el desastre que ha ocasionado ella misma por ser tan asustadiza.

-Disculpe señori... -el muchacho no termina su oración al verla-. ¿Willow?

La susodicha alza la cabeza y le da una mirada fulminante.

-Tan inoportuno como siempre -murmura la chica a su ex novio.

-Wow, ¡Como has cambiado! -expresa repasándola de pies a cabeza-. ¿Trabajas aquí?

-Sí, pero no me sorprendería que tarden en echarme -emite sin ninguna expresión en su rostro.

-Oh sí, en cuanto a eso, de verdad lo siento. Olvidé lo asustadiza que eres -hizo una mueca mientras pasaba la mano por su cabello rizado-. Te podría compensar por ello, hay un café que queda cerca y...

-Dylan -interrumpe la joven sabiendo a dónde se dirige su ex novio-. Prefiero perder mi trabajo a salir contigo de nuevo.

El muchacho simula estar despreocupado, para no demostrar su orgullo herido.

-Vale, solo era una salida de amigos. No tengo otras intenciones -explica alzando las manos en señal de rendición.

-Ay por favor, te conozco muy bien -comenta la chica colocando los pedazos del jarrón en el cesto de basura.

El muchacho está por agregar algo, pero el señor Hanks entra a la tienda. Willow sin más remedio, decide contarle de lo sucedido con su jarrón anticuado.

-Señor, primero que nada debo decirle que no fue mi culpa lo que pasó, pero sabe cómo soy de torpe y muchas veces meto la pata hasta el fondo -habla de prisa-. Aunque un objeto menos no hace la diferencia, aún le quedan muchas cosas de valor aquí y...

-¿De qué estás hablando? -inquiere su jefe frunciendo el ceño.

-Su jarrón -señala hacia el cesto de basura.

-Déjate de rodeos Willow -la joven levanta un pedazo del jarrón.

-Lo he roto sin querer, pero debo agregar que no fue totalmente mi culpa. Él iba entrando y me...

-Mira Willow, no me importa saber quién tuvo la culpa o no -dice el señor Hanks clavando sus ojos azules en la joven-. Ya ha ocurrido otros incidentes contigo, me dejarás en la quiebra si continúas trabajando aquí, por lo que es mejor que no vengas más.

-¿Qué? -el rostro de la joven se deforma-. ¿Me está echando? Pero señor, le prometo que no volverá a suceder. Yo...

-Recoje tus cosas y vete -ordena el señor mayor manteniendo la calma, una calma que descoloca a la chica-. Toma, allí tienes el pago de esta semana.

Willow agarra el dinero entre sus manos y sale de la tienda sin importarle dejar su gabardina desgastada. Echa a andar por la acera desolada, pero un agarre en su brazo la detiene.

-Willow.

Voltea a verlo, y su odio hacia él incrementa aún más.

-¿Qué quieres? -dice entre dientes.

-Lo siento, todo esto ha sido mi culpa. Nunca fue mi intención que te echaran, de verdad discúlpame -emite Dylan preocupado.

-Ya. ¿Y qué ganó yo con tus disculpas? Eso no me devolverá el trabajo, así que solo desaparece de mi vista, es lo mejor que sabes hacer, ¿No? -gesticula cada palabra con veneno-. Marcharte sin decir adiós.

Se suelta bruscamente del agarre de su ex novio y le da la espalda retomando el camino.

Dylan fue su mejor amigo, el único que se ofreció ayudarla cuando no tenía un techo donde dormir luego de haber sido echada del orfanato. Aunque al principio solo surgió una estrecha amistad entre ambos, luego sus sentimientos se convirtieron en más que eso. Willow agradecía enormemente lo que Dylan hizo por ella, sin embargo jamás podría perdonar que se había marchado sin siquiera dignarse a despedirse de ella.

No sé molestó en darle una explicación, simplemente se marchó y la dejó abandonada. Tres años habían pasado ya desde entonces, y justo hoy que perdía su empleo volvía a reencontrase con su ex novio.

Maravilloso. Piensa la joven soltando un bufido.

Conseguir un nuevo empleo le costará muchísimo, ya que la mayoría exigía que para obtener el trabajo, debía haber terminado los estudios y ella aún no había comenzado la universidad debido a lo costosa que era la carrera que quería estudiar.

Ser diseñadora de moda.

Un sueño difícil de cumplir, más no imposible. En su interior todavía existía un poco de esperanza, quizás no estaba todo por perdido y solo debía no darse por vencida. Sin embargo, su positivismo había decaído, recordando que no tenía trabajo.

Capítulo 2 2. Capítulo

Aprieta los puños sintiendo enojo, pero ya no puede hacer nada, ya la despidieron y no hay vuelta atrás. Y para completar su mala suerte, de repente empieza a caer pequeñas gotas de agua que se van convirtiendo en un torrencial de lluvia.

Pero a la joven siquiera le interesa estar empapándose, de hecho, agradece que el clima esté a su favor, pues sus lágrimas se mezclan con la lluvia y el resto no parece notarlo. El enojo ha pasado, pero ahora se siente triste, caminando por las pobladas calles de Brooklyn; lugar donde ha vivido toda su vida.

Llega al pequeño piso de alquiler, y sube los escalones. Introduce la llave en la cerradura y luego de forcejear con la puerta dañada por los embates del tiempo, logra abrir la madera vieja e ingresa a su cálido y desolado hogar. A los segundos aparece Oreo, su gata con manchas oscuras esparcidas en todo su pelaje.

-Hola peque, ¿tienes hambre? -la carga entre sus brazos y acaricia su cabeza.

Oreo maúlla en respuesta. Así que Willow va hacia la cocina y abre las despensas vacías, encontrando solamente una lata de atún que abre y la coloca en el plato de la gatita.

Se dirige a su habitación a darse una ducha tibia, ya que podría coger un resfriado. Se despoja de la ropa que comienza a pesarle y las prendas caen a las baldosas formando un charco de agua. Entra a la ducha y sin soportar más el nudo en su garganta, rompe en llanto.

Jamás se había sentido tan miserable y sola en la vida, siempre se ha esforzado por ser independiente a pesar de pasar trabajo muchas veces. La joven fue criada en un orfanato desde que era solo un bebé, nunca conoció a sus verdaderos padres, siquiera tiene idea si están vivos o no. A los catorce años de edad la echaron del orfanato alegando que ya era bastante mayorcita y podía valerse por si misma, además que ninguna familia querría adoptar a una adolescente rebelde como ella.

Por lo tanto, a Willow no le quedó de otra que apañarsela sola. Su primer empleo resultó ser de vendedora ambulante por las calles de Brooklyn, pero a veces no vendía ni un solo dulce para costear la comida de ese día. En muchas ocasiones le tocó pasar la noche durmiendo en la calle y sin comer nada. Esos días fueron muy duros para una jovencita de su edad, sin embargo se mantuvo positiva ante la vida.

No obstante, hubo ocasiones dónde la tristeza la envolvía. Justo como en este momento que la ansiedad la abrumaba.

Sale del baño envuelta en una toalla, agarra la pijama de caricaturas animas, esa que compró hace tiempo y se notaba cada día más desgastada. Se la coloca y se encamina descalza a la cocina por un poco de comida.

En el refrigerador consigue solamente un pedazo de pizza, la que había ordenado hace dos días y aún le quedaba una porción. La coloca en el microondas y luego la sirve en un plato. Todavía no es medio día, pero pareciera que fuera más tarde debido a la tormenta que hay afuera. Luego de comer la rancia pizza, regresa a su habitación a revisar las posibles oportunidades de empleo que estén disponibles en el periódico.

Pero no encuentra nada.

Frustrada, decide abrir su libreta de notas, esa donde guarda todo sus pensamientos y emociones más profundas, palabras que no es capaz de emitir en voz alta y prefiere plasmarlas en papel. Sostiene el bolígrafo entre sus dedos escuetos y se permite dejar fluir lo que está sintiendo en ese instante.

"Vacío, así es como me siento la mayor parte del tiempo. Sin ganas de seguir, de tirar la toalla y rendirme. No puedo soportarlo más, mis emociones vienen a mí como una fuerte ola que me golpea y me sacude de aquí para allá, dejándome a la deriva. Intento nadar en el mar que me rodea, pero este me hunde cada vez más en la profunda oscuridad de la que me ha convertido."

Finaliza dibujando a una chica de espalda mirando hacia el horizonte. Y así, entre trazos Willow se va quedando dormida cayendo en la inconsciencia.

Capítulo 3 3. Capítulo

La joven despierta sobresaltada al escuchar los golpes en la puerta, se incorpora de la cama y va hacia la sala mientras estruja sus ojos con pesadez. Al abrir, maldice mentalmente por estar en esas fachas y que el dueño del piso donde vive la repase con una mirada extraña, que la pone incómoda.

-Dígame -dice la chica haciendo un esfuerzo sobrehumano para no cerrarle la puerta en la cara al viejo.

-Vengo por el dinero, ya hoy es último de este mes -le recuerda el hombre de ojos quisquillosos.

-Bueno, verá señor Farrell. Hoy me fue terrible en el trabajo, y me ha sido imposible conseguir el dinero. Pero le aseguro que si me da dos días más puedo pagarle lo que le debo -suplica la joven reteniendo el aire que tiene atorado en el pecho.

-Dos días -recalca el dueño del piso-. De lo contrario deberás buscar otro sitio donde vivir.

Willow suspira aliviada.

-Vale, muchas gracias señor Farrell. Le prometo que tendrá su dinero -el hombre asiente y se marcha escaleras abajo.

La chica cierra la puerta y toma asiento en el incómodo sofá oscuro que debe de cambiar pronto si no quiere quedarse sin su trasero. Aunque comprar un sofá nuevo le costaría seis meses de su sueldo, y tomando en cuenta que ha perdido su empleo, eso es un poco imposible en este momento.

Oreo se acerca a la joven y frota su cuerpo en las piernas de la chica. Willow la carga entre sus brazos mientras se dirige a su dormitorio.

-No sé qué será de nosotras si no llego a conseguir ese empleo, cariño -comenta acariciando la cabeza de la gatita que la mira desinteresadamente.

La joven decide cambiarse de ropa para salir a la calle, necesita buscar cuanto antes un empleo. Y quedarse en casa de brazos cruzados mientras espera a que suceda un milagro, eso no resolvería nada.

Se enfunde en unos vaqueros desgastados y su suéter de lana para cubrirse un poco del frío que ha causado la lluvia. Se coloca sus botas oscuras y sale del apartamento no sin antes traer un paraguas consigo. No iba a arriesgarse de nuevo, odiaba coger un resfriado, con lo difícil que se le hacía en ese instante comprar medicamentos.

Las calles de Brooklyn están desoladas, a exención del señor Joshua que se encuentra en la banca de la pequeña plaza. Es el que más visita ese sitio puesto que alimenta a las palomas que invaden la fuente. La joven al pasar cerca de él, sacude su mano saludando al agradable señor que le sonríe en respuesta.

Continúa su marcha en dirección a su antiguo trabajo, pasará a buscar su gabardina, esa que lleva tiempo conservando con ella y por alguna extraña razón no puede tirar a la basura o perderla. Llega en menos de cinco minutos al local del señor Hanks, este al verla no refleja ninguna expresión en su arrugado rostro.

-Vengo por mi gabardina -anuncia cortésmente.

-Willow -la llama el señor Hanks.

-Dígame.

-Imagino que aún no has podido encontrar empleo -la joven Willow se encoge de hombros-. Conozco a alguien que está buscando una chica para hacer los quehaceres de la casa, aquí está su dirección por si estás interesada.

Le tiende un papel doblado cuidadosamente, la chica lo toma sin dudarlo.

-Vale, le agradezco -le regala una sonrisa de boca cerrada y se dirige al depósito por su gabardina.

Al salir de la tienda, decide ir por una tarta, así que emprende camino a la cafetería que suele recurrir. Las calles están en completa tranquilidad, apenas y se oye el murmullo de las pocas personas en la plaza. Pero el silencio no dura para siempre, ya que al ir adentrándose al barrio de Brooklyn, el sonido del claxon de los autos es bastante ensordecedor para la joven Willow que detesta el ruido.

La cafetería se encuentra semi vacía, algo que le resulta muy extraño a la chica, puesto que es el sitio con más clientes.

-Oliver -saluda al muchacho de piel oscura que ordena algunos dulces en la vitrina.

-¡Willow! -emite dibujando una sonrisa en su labios-. Estabas perdida.

-No había tenido tiempo de pasar por estos lares -dice tomando asiento en la barra.

-Ya veo -hace una mueca en respuesta -. Hablando de ello, ¿Cómo te va en el trabajo?

Willow baja la mirada a sus botas oscuras y muerde su labio inferior, reprimiendo las enormes ganas que tiene de llorar. Sin embargo, traga el nudo en su garganta y simula que no le afecta estar desempleada.

-Bueno, ya no trabajo con el señor Hanks.

Oliver alza la cejas.

-¿Renunciaste?-la joven niega con la cabeza.

-Más bien me ha despedido -suelta una risita seca-. La verdad me da igual, aunque me hubiera gustado que no hubiera sido por culpa del idiota de Dylan.

-¿Dylan regresó? -pregunta juntando sus cejas.

-Sí, desgraciadamente -bufa haciendo soplar los mechones de su cabello cobrizo.

-Tengo unos minutos.

Willow le relata a Oliver todo lo que sucedió en la mañana, desde su despido y la manera cómo su ex novio intentó invitarla a salir de nuevo. El muchacho de piel oscura la escucha atentamente mientras le sirve una porción del pastel de manzana recién horneado.

Oliver se había vuelto el amigo más cercano de la joven, y aunque este le llevaba cinco años, la diferencia de edades nunca había sido impedimento para que ambos se volvieran últimamente inseparables.

-Sigue estando tan guapo que me odié por fijarme en sus facciones más marcadas. No entiendo por qué debe ser tan...

De pronto su voz se apaga al observar un hombre extremadamente apuesto ingresar a la cafetería. Oliver desvía su vista hacia la misma dirección y frunce el ceño.

-Willow.

La llama, pero la joven no despega la vista de aquel hombre con un cuerpo privilegiado y escultórico enfundado en un traje de corte italiano color negro, color que resalta su tez bronceada. Debe medir al menos un metro noventa, piensa la joven mientras lo escudriña sin ningún disimulo, pero de repente su profunda mirada de ojos azules se posan en los de la chica.

Sin embargo es solo eso, una mirada furtiva que se aparta rápidamente. No dura siquiera un minuto, pero aún así logra dejar anonadada a la joven.

-¿Hola? tierra llamando a Willow -la voz de Oliver la trae de vuelta.

-¿Eh?

-Estuve a poco de buscar una cubeta -comenta su amigo reprimiendo la risa que amenaza con brotar.

Willow rueda los ojos.

-No exageres, tampoco es para tanto -miente ladeando la cabeza en dirección al hombre que se ha sentado en una de las primeras mesas de la cafetería-. ¿Es nuevo?

Oliver dirige su vista hacia el hombre y achica los ojos mirando ahora a su amiga.

-¿Y eso cómo por qué te interesa? -inquiere tomando la libreta y un bolígrafo.

Para luego ir hasta la mesa del hombre imponente que se ha robado más de una mirada de sus compañeras de trabajo. Incluyendo a Willow que se ha quedado estática en la barra.

La joven ha sentido un extraño hormigueo en su interior, quizás se trate de hambre, puesto que no ha comido bien, solo el pedazo de pastel que acaba de devorar. Piensa la chica. Pero sabe que no es por hambre, ya que la sensación es diferente y es primera vez que se siente de esa manera al ver a un hombre como él, es tan apuesto, que parece sacado de una de las revistas Vogue. Emana una seguridad que no todos poseen, y un aura indecifrable que le gustaría descubrir.

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