**Capítulo: El Adiós de Victoria**
Victoria se encontraba de pie, frente al gran escritorio de Oliver. Las ventanas del despacho dejaban entrar una luz tenue que iluminaba sus rostros, pero entre ellos había una oscuridad que no se podía disolver tan fácilmente. A pesar de la serenidad que trataba de mantener en su expresión, sus manos temblaban ligeramente. Era un momento que había postergado por mucho tiempo, pero finalmente había llegado.
Oliver, sentado detrás de su escritorio, la observaba en silencio, sus cejas ligeramente fruncidas. Había algo en su mirada que siempre la había desarmado, un vacío que nunca pudo llenar, y por más que intentara, sabía que no era lo que él buscaba. Siempre había sido así.
-Oliver -su voz apenas fue un susurro, pero firme-. He venido a hablar sobre el divorcio.
Las palabras resonaron en el despacho como un eco. Por un momento, Oliver no reaccionó. Sus ojos azules se clavaron en ella, tratando de procesar lo que acababa de escuchar. Finalmente, dejó el bolígrafo que tenía en la mano sobre la mesa y se recostó en su silla, su expresión neutral, pero con un brillo de desconcierto.
-¿El divorcio? -repitió, como si necesitara confirmar que realmente estaba escuchando esas palabras de los labios de Victoria.
Victoria asintió, tragando el nudo que se formaba en su garganta. Había imaginado este momento tantas veces, pero decirlo en voz alta era más difícil de lo que pensaba. No obstante, sabía que era lo correcto. Ya no podía seguir luchando por algo que nunca sería suyo.
-No puedo seguir con esto -dijo, su voz firme pero cargada de una tristeza que no podía ocultar-. He pasado años intentando, esperando, pero... sé que nunca podré tener tu corazón. Siempre le ha pertenecido a otra persona. A Zoé.
El nombre de su hermana flotó en el aire entre ellos como un fantasma. Oliver se tensó al escucharla, aunque trató de disimularlo. No era ningún secreto que Zoé había sido su primer y único amor, el amor imposible que nunca pudo olvidar, incluso después de su aparente muerte. Y ahora que sabía que estaba viva... la posibilidad de volver a tenerla lo había llenado de esperanza.
-Victoria... -empezó a decir, pero ella lo interrumpió con un gesto.
-No, Oliver. No me interrumpas, por favor -pidió suavemente-. He pasado años tratando de ser suficiente para ti, de ser alguien a quien pudieras amar. Pero la verdad es que no importa cuánto lo intente, nunca seré Zoé. Y lo acepto. Lo que no puedo aceptar es seguir viviendo una mentira. Quiero que seas libre para estar con ella, sin culpas. Ya no quiero luchar por algo que nunca será mío.
Oliver la observó en silencio, sintiendo una punzada inesperada en su pecho. No era lo que esperaba. Siempre había pensado que Victoria seguiría luchando, que nunca aceptaría el divorcio tan fácilmente. La había subestimado. Y ahora, al escuchar su determinación, algo dentro de él se removió, un sentimiento incómodo que no lograba identificar. ¿Podría ser que, después de todo este tiempo, estaba sintiendo algo por ella?
Sacudió la cabeza internamente, negándose a aceptar esa posibilidad. No, eso no podía ser. Él solo quería a Zoé. Siempre había sido Zoé. Y ahora que sabía que estaba viva, que podía tener una segunda oportunidad con ella, nada más importaba.
-No pensé que lo aceptarías tan rápido -admitió finalmente, su voz más suave, casi vulnerable.
Victoria esbozó una sonrisa triste.
-Tampoco pensé que lo haría. Pero todos tenemos un límite, Oliver. Y yo he llegado al mío.
La habitación se llenó de un silencio tenso, solo roto por el leve tic-tac del reloj en la pared. Oliver apartó la mirada, incapaz de sostener la mirada de Victoria por más tiempo. Sabía que ella tenía razón, pero algo dentro de él seguía luchando contra esa idea. Tal vez, en algún rincón oculto de su ser, había aprendido a apreciarla, tal vez incluso a quererla... pero no de la forma en que ella merecía.
-Si esto es lo que quieres -dijo finalmente, su tono resignado-, no voy a detenerte.
Victoria asintió lentamente, con los ojos llenos de una mezcla de alivio y tristeza. Aunque había esperado esas palabras, no dejaban de doler. Pero sabía que era lo correcto.
-Gracias, Oliver -murmuró, y por un segundo, sus ojos se encontraron una vez más-. Espero que encuentres lo que estás buscando. Yo también lo haré.
Sin decir más, Victoria se dio la vuelta y salió del despacho, dejando atrás años de lucha, de dolor, y de un amor no correspondido. Mientras la puerta se cerraba tras ella, Oliver sintió una extraña sensación de vacío. Sabía que pronto estaría con Zoé, que finalmente tendría lo que siempre había deseado. Pero entonces, ¿por qué sentía ese peso en el pecho?
No quiso ahondar más en esa pregunta. Había pasado mucho tiempo deseando algo que ahora estaba tan cerca de obtener. Eso era lo único que importaba.
O al menos, eso era lo que seguía diciéndose a sí mismo.
**Capítulo: La Ira Desatada**
Victoria había cerrado la puerta del despacho detrás de ella, sintiendo una mezcla de alivio y tristeza al dejar atrás el último vestigio de su relación con Oliver. Caminó por el pasillo con pasos decididos, sin saber que su decisión había desencadenado una tormenta dentro de él.
Oliver, solo en el despacho, estaba atrapado en una mezcla de emociones que no había anticipado. La sorpresa inicial se había transformado en algo mucho más oscuro. Sentado en su escritorio, sus puños se apretaron sobre la madera pulida, y una oleada de ira lo invadió, rápida y voraz.
¿Por qué había esperado tanto tiempo para dejarlo? ¿Por qué había permitido que Victoria siguiera a su lado cuando sabía perfectamente que ella no podía llenar el vacío que Zoé había dejado en su vida? La ira se transformó en rabia cuando recordó todas las veces que había sentido que Victoria no era suficiente, todas las veces que había notado su esfuerzo por ser alguien que no podía ser. En su mente, Victoria se convirtió en la causa de su dolor, el obstáculo que había mantenido a Zoé fuera de su alcance.
Se levantó de la silla con brusquedad, las emociones a flor de piel. La injusticia que sentía, el resentimiento que había estado acumulando durante años, estallaron en un torbellino de furia. Su mente, enredada en recuerdos de Zoé y sus propias frustraciones, comenzó a buscar a alguien a quien culpar. Victoria, que había estado a su lado todo este tiempo, se convirtió en el chivo expiatorio perfecto.
No podía permitir que Victoria se marchara sin enfrentar las consecuencias. De alguna manera, sentía que ella debía pagar por todo lo que había pasado, por el tiempo perdido, por las heridas que había causado. Su enojo era irracional y desproporcionado, pero en ese momento, la ira lo nublaba por completo.
Salió del despacho con paso firme, decidido a alcanzar a Victoria antes de que ella se alejara demasiado. La encontró en el vestíbulo, justo cuando estaba a punto de salir del edificio. Sus ojos, antes fríos y calculadores, ahora estaban llenos de una furia que no podía controlar.
-¡Victoria! -su voz resonó en el vestíbulo, cargada de una intensidad que hizo que ella se detuviera en seco y girara para mirarlo.
Victoria, al ver la expresión en su rostro, sintió un escalofrío recorrer su espalda. No estaba preparada para enfrentar la furia que ahora parecía emanar de Oliver.
-¿Qué pasa, Oliver? -preguntó, tratando de mantener la calma, pero su voz temblaba ligeramente.
Oliver se acercó, su mirada dura y sus pasos pesados.
-¿Qué pasa? -repitió, la rabia transformando cada palabra en una explosión-. ¿Cómo te atreves a hablarme así después de todo el daño que has causado? ¿No te das cuenta de lo que has hecho? Tú y tu hermana... ¡No tienes idea del sufrimiento que hemos pasado!
Victoria lo miró con asombro y confusión. No comprendía por qué Oliver la estaba atacando de esta manera. Había hecho todo lo posible por ser una buena esposa, por apoyarlo, y ahora estaba recibiendo el mismo desprecio que había sentido durante años.
-Oliver, no entiendo por qué estás actuando así -dijo, su voz entrecortada-. Solo quise cuidarte, solo traté de ser lo mejor para ti. ¿Por qué siempre me has despreciado? ¿Qué más podía hacer para que me aceptaras?
Las palabras de Victoria sólo parecieron avivar la furia de Oliver. La rabia que sentía no estaba dirigida solo hacia ella, sino hacia todo el sufrimiento que había acumulado, hacia los años que había desperdiciado en una relación que nunca pudo ser lo que deseaba. La visión de Zoé, la posibilidad de estar con ella finalmente, lo había llevado a este punto de desesperación.
-¡Porque nunca serás lo que Zoé fue para mí! -explotó-. Y por más que te esforzaras, siempre estarías en su sombra. Estás aquí, diciéndome que te vayas, pero el daño ya está hecho. Has sido una parte de todo este sufrimiento, una constante en la vida que no podía ser diferente.
Victoria se quedó en silencio, el peso de sus palabras calando profundo. Su corazón latía con fuerza, y las lágrimas comenzaron a formarse en sus ojos. No había hecho nada para merecer esta tormenta, solo había intentado ser una parte de la vida de Oliver, y ahora se encontraba enfrentando una ira que no entendía.
-No sabía que era así como te sentías -dijo, la tristeza en su voz evidente-. Si era tan terrible para ti, ¿por qué no me lo dijiste antes? Podrías haber terminado esto mucho antes, no tendrías que haberme hecho esto.
Oliver, de pie frente a ella, sintió un momento de vacilación. La rabia seguía corriendo por sus venas, pero también había un sentimiento de culpa y de comprensión que no podía ignorar. La realidad era que Victoria había estado allí, había intentado ser algo que no podía ser, y él, en su confusión y dolor, nunca lo había reconocido.
-Lo siento, Victoria -dijo finalmente, su voz más suave, pero aún cargada de dolor-. Lo siento por todo. Pero en este momento, necesito que te vayas. Necesito procesar todo esto.
Victoria asintió, con las lágrimas ya cayendo libremente. Sin decir una palabra más, se dio la vuelta y se dirigió hacia la salida, dejando atrás el lugar que había sido testigo de sus esfuerzos y de su sufrimiento.
Oliver observó su partida con una mezcla de sentimientos encontrados. La ira que había sentido comenzaba a desvanecerse, dejando en su lugar una sensación de vacío. Sabía que debía enfrentar la realidad de su propia situación, y que, finalmente, su deseo de estar con Zoé podía estar más cerca de convertirse en realidad. Pero en ese momento, el precio de ese deseo parecía más alto de lo que había imaginado.
Victoria salió del despacho de Oliver con una sensación de derrota y tristeza que la envolvía como una sombra. Aunque había hecho su elección, las consecuencias de su decisión eran más amargas de lo que había anticipado. A medida que cruzaba el vestíbulo, el silencio que había precedido su salida se rompió por una serie de miradas curiosas y murmullos que llenaron el aire.
Los empleados, que habían estado inmersos en sus tareas diarias, ahora levantaban la vista para observarla. Sus ojos seguían a Victoria con una mezcla de curiosidad y juicio. Algunos murmuraban entre sí, sus palabras flotando en el aire como cuchillos afilados.
-¿Viste eso? -dijo una empleada con un tono de sorpresa-. Victoria acaba de salir de la oficina de Oliver. ¿Qué habrá pasado?
-No lo sé, pero parece que fue una discusión bastante intensa -respondió otro, con un susurro conspirativo-. Dicen que la relación entre ellos siempre fue complicada. Victoria siempre fue vista como la amante más que como la esposa.
Victoria sintió el peso de esas miradas y comentarios sobre sus hombros. No era la primera vez que la consideraban como una intrusa en el mundo de Oliver, pero la intensidad de la situación actual la hizo sentir más vulnerable que nunca. Su papel en la vida de Oliver siempre había estado bajo el constante escrutinio de quienes la rodeaban, y la diferencia entre ser vista como la esposa y ser percibida como una amante siempre había estado presente.
Mientras ella avanzaba hacia la salida del edificio, sus pasos eran decididos, pero su corazón estaba pesado. A pesar de sus esfuerzos por ser una esposa dedicada y leal, Oliver nunca la había presentado como una parte integral de su vida. En su mundo, Zoé había sido siempre la protagonista, la dueña de su corazón y de su vida. Victoria era consciente de esto, y cada pequeño gesto o comentario de los empleados reafirmaba su lugar en las sombras.
Al salir del edificio, Victoria se detuvo un momento en la acera, tomando un respiro profundo. La brisa fresca acarició su rostro, pero no podía escapar del sentimiento de ser vista como un intruso en el escenario que Oliver había diseñado para su vida. Las palabras de los empleados seguían resonando en su mente, y sentía el peso de la opinión pública y el desprecio que había enfrentado.
Mientras se alejaba del edificio, Victoria no pudo evitar preguntarse si alguna vez habría sido aceptada o entendida en el mundo de Oliver. La verdad era que había hecho todo lo posible por ser parte de su vida, pero siempre había sido eclipsada por el recuerdo de Zoé, la única que realmente había sido amada y valorada.
Al caminar hacia su auto, Victoria sintió que la presión de los murmullos y las miradas curiosas se desvanecía gradualmente. El dolor y la tristeza seguían siendo su compañía, pero al menos, se daba cuenta de que había tomado una decisión que, aunque dolorosa, era necesaria para su propia paz interior.
Mientras ella se alejaba, el edificio y sus empleados quedaban atrás, y Victoria empezaba a enfocarse en su propio futuro, uno que ya no estaría atado a las expectativas y los juicios de aquellos que nunca habían comprendido su verdadera historia.
Victoria avanzó por los pasillos del edificio con pasos firmes, aunque su mente estaba agitada. El peso de los comentarios y miradas indiscretas aún la acompañaba, pero sabía que debía cumplir con una última formalidad antes de salir definitivamente de la vida de Oliver. Se dirigió hacia el despacho de Fermín, el asistente de Oliver, el único en el edificio que había mostrado una verdadera cortesía hacia ella a lo largo de los años.
Fermín, con su habitual sonrisa cortés, la recibió al abrir la puerta de su oficina.
-Victoria, qué sorpresa verte por aquí -dijo, con un tono que denotaba una mezcla de respeto y simpatía-. ¿En qué puedo ayudarte?
Victoria le sonrió tristemente, sabiendo que este sería uno de los últimos momentos en el edificio.
-Solo quería despedirme, Fermín. Gracias por tu amabilidad durante todo este tiempo. Aprecio mucho la forma en que me has tratado.
Fermín asintió, su expresión comprensiva.
-Fue un placer trabajar contigo, Victoria. No todo el mundo ha sido tan amable en este entorno.
En ese momento, Fermín se inclinó un poco hacia adelante, sacando de su escritorio una pequeña caja con una tarjeta de crédito.
-El señor Aguirre me pidió que te entregara esto como una compensación por el divorcio.
Victoria miró la tarjeta con una mezcla de sorpresa y desdén. La idea de aceptar dinero de Oliver en ese momento le parecía una ofensa, una especie de intento de comprar su dignidad en lugar de reconocer el dolor y el esfuerzo que había puesto en su papel.
-No puedo aceptar esto -dijo con firmeza, rechazando la tarjeta-. Es como si intentara borrar todo lo que ha sucedido entre nosotros con un simple gesto monetario.
Fermín la miró, perplejo. No entendía del todo la razón detrás de su negativa, pero la respetaba.
-Como desees. Lo siento si esto ha causado algún malentendido.
Victoria le ofreció una última sonrisa de agradecimiento antes de salir de la oficina. Aunque la oferta de la tarjeta la había herido, también había sido un recordatorio más de cómo la relación con Oliver siempre había estado llena de malentendidos y falta de verdadero compromiso.
Después de que Victoria se fue, Fermín, aún intrigado por la negativa de Victoria a aceptar la tarjeta, decidió investigar un poco más sobre la situación. En su puesto de asistente, tenía acceso a ciertos documentos y registros financieros. Aunque no era parte de sus responsabilidades habituales, su curiosidad lo llevó a examinar las finanzas relacionadas con Victoria.
Lo que descubrió le sorprendió profundamente. A lo largo de los tres años de matrimonio, Victoria nunca había tocado ni un centavo del dinero de Oliver. Todos los gastos y cuentas corrientes estaban registrados a nombre de Oliver, mientras que Victoria se había mantenido completamente al margen de las finanzas familiares.
Fermín se preguntó cómo una mujer que había estado en el centro de la vida de Oliver había sido excluida de los aspectos más íntimos de esa vida, como las finanzas. Se dio cuenta de que, a pesar de la fachada de lujo y poder que Oliver había mostrado al mundo, la realidad detrás de las puertas cerradas del despacho era mucho más complicada y dolorosa de lo que había imaginado.
En sus últimos días trabajando allí, Fermín reflexionó sobre la situación de Victoria y cómo el trato que había recibido no había sido justo. Aunque su posición no le permitía cambiar lo que había sucedido, al menos había aprendido que las apariencias y las percepciones externas a menudo escondían una verdad mucho más compleja.
Victoria, mientras tanto, se alejó del edificio con una mezcla de tristeza y alivio. Había tomado la decisión correcta al rechazar la oferta de Oliver, pero el camino hacia adelante seguía siendo incierto. Su vida con Oliver había llegado a su fin, pero el viaje para encontrar su propia verdad y sanación apenas comenzaba.
Después de la partida de Victoria, Fermín se quedó en su oficina, con la mente aún ocupada por los recientes descubrimientos. Había visto los registros financieros y sabía que Victoria nunca había tocado el dinero de Oliver durante su matrimonio, pero había algo más que no podía cuadrar: Victoria había estado viviendo una vida cómoda en el entorno del lujo que Oliver ofrecía, y sin embargo, no había tomado dinero directamente de él.
Fermín conocía los detalles básicos sobre la situación económica de Victoria. Sabía que, según la información oficial, sus padres la habían dejado de mantener después de su matrimonio con Oliver. La perspectiva de que ella pudiera haber sobrevivido durante todo este tiempo sin ninguna fuente de ingresos obvia le parecía inconcebible. ¿Cómo había podido sostenerse a sí misma durante estos años?
Decidió investigar más a fondo, sabiendo que era una violación de la privacidad pero movido por una curiosidad legítima y un deseo de entender la verdadera historia. Con acceso a documentos confidenciales y una red de contactos dentro de la empresa, Fermín comenzó a desentrañar los detalles de la vida de Victoria.
A medida que profundizaba en la investigación, descubrió que Victoria había mantenido un estilo de vida que no solo era cómodo, sino que también reflejaba una estabilidad financiera que parecía no corresponderse con los registros oficiales. Sin ingresos aparentes ni ayuda de sus padres, parecía improbable que hubiera mantenido ese nivel de vida solo con sus propios recursos.
Fue entonces cuando Fermín encontró una pista que lo sorprendió aún más. A través de una investigación sobre propiedades y activos, descubrió que Victoria había invertido en varias propiedades y activos antes de su matrimonio con Oliver. Aunque estos activos no eran suficientes para explicar completamente su estilo de vida, al menos proporcionaban una fuente de ingresos adicional que no había sido evidente en sus registros financieros anteriores.
Este descubrimiento planteaba preguntas sobre cómo Victoria había logrado acceder y manejar estos activos de manera discreta. ¿Había sido esta la razón de su independencia económica, o había algo más en juego? La falta de información clara sobre su fuente de ingresos era un enigma, y Fermín se dio cuenta de que había una historia más compleja detrás de la fachada que había visto en el entorno de trabajo.
Fermín se preguntó si quizás Victoria había mantenido su independencia económica para protegerse de posibles inconvenientes o desengaños. Tal vez había sido una forma de mantener su dignidad y autonomía en una relación que, desde el principio, había estado marcada por la sombra de Zoé y el desprecio de Oliver.
Con estas nuevas revelaciones, Fermín sintió una mezcla de admiración y tristeza hacia Victoria. Aunque ella había sido tratada con injusticia y malentendidos, su capacidad para manejar su vida y sus recursos de manera independiente le mostraba una fortaleza que no había sido evidente para muchos.
Fermín no podía cambiar el pasado ni las decisiones que Oliver había tomado, pero al menos ahora entendía que Victoria había enfrentado su situación con más determinación y dignidad de lo que había imaginado. La vida de Victoria, con sus secretos y desafíos, había sido más complicada de lo que cualquiera en el edificio había comprendido, y Fermín se dio cuenta de que, a veces, la verdad detrás de una persona es mucho más profunda y matizada de lo que las apariencias pueden sugerir.
Victoria se encontraba en su auto, conduciendo por las calles mientras trataba de dejar atrás todo lo que había sido su vida en la empresa Aguirre. El aire fresco y la música suave en la radio eran un intento de crear un ambiente de calma mientras se preparaba para enfrentar el futuro. Había tomado la decisión de seguir adelante, de sanar su corazón y comenzar una nueva vida, lejos del dolor y la confusión que había marcado su tiempo con Oliver.
De repente, su teléfono comenzó a sonar, rompiendo la serenidad del momento. Al ver el nombre en la pantalla, Victoria se sorprendió: era Arturo, el abuelo de Oliver. Aunque la llamada le pareció inesperada, no pudo evitar sentir un nudo en el estómago. Tenía un gran aprecio por Arturo y siempre había valorado sus consejos y su cariño. Sin embargo, no había querido que supiera sobre el divorcio hasta que todo estuviera más asentado.
Respondiendo a la llamada, Victoria trató de mantener su voz lo más tranquila posible.
-Hola, Arturo. ¿Cómo estás?
La voz de Arturo al otro lado de la línea era cálida y llena de afecto, como siempre.
-Victoria, qué gusto escuchar tu voz. Estaba preocupado por ti. ¿Cómo has estado?
Victoria sintió una punzada de tristeza al escuchar el tono sincero en la voz de Arturo. Decidió no entrar en detalles complicados aún.
-He estado bien, gracias. Solo tomando un tiempo para mí y tratando de adaptarme a los cambios. ¿Y tú, cómo estás?
Arturo suspiró, su tono cambiando ligeramente a algo más serio.
-También estoy bien, pero ya he escuchado sobre la situación entre tú y Oliver.
El corazón de Victoria dio un vuelco al escuchar esas palabras. Aparentemente, Arturo ya sabía sobre el divorcio, a pesar de que ella había intentado mantener la noticia en privado por un tiempo.
-Arturo, lamento que hayas oído sobre esto de esta manera. No quería que supieras así, especialmente cuando aún estoy tratando de procesar todo.
Arturo la interrumpió con una voz comprensiva.
-No te preocupes por eso, Victoria. Ya hace tiempo que sabía que algo no estaba bien. Oliver me ha hablado sobre sus problemas, aunque nunca me dio detalles claros. No es tu culpa.
Victoria se quedó en silencio por un momento, abrumada por la mezcla de emociones. Apreciaba la comprensión de Arturo, pero también sentía un dolor adicional al saber que él había estado al tanto de las dificultades en su relación con Oliver.
-Lo siento si te causé preocupación -dijo finalmente-. Solo quería hacer esto de la mejor manera posible y sin causar más dolor.
Arturo suspiró nuevamente, su tono lleno de empatía.
-Lo entiendo. Sabes cuánto te aprecio, Victoria. Y aunque las cosas no salieron como esperábamos, siempre he admirado tu fortaleza y tu dignidad. Espero que encuentres paz y felicidad en este nuevo capítulo de tu vida.
Las palabras de Arturo fueron un bálsamo para el corazón herido de Victoria. A pesar del dolor y la tristeza, sentir el apoyo y la comprensión de alguien que realmente se preocupaba por ella le dio una sensación de alivio.
-Gracias, Arturo. Tus palabras significan mucho para mí. Solo quiero que sepas que aprecio profundamente todo lo que has hecho por mí a lo largo de los años.
Arturo sonrió, a pesar de que Victoria no podía verlo.
-Cuidaré de ti, como siempre lo he hecho. No olvides que aquí tienes un amigo y un apoyo incondicional. Y si en algún momento necesitas hablar o simplemente necesitas un lugar para descansar, mi puerta siempre estará abierta para ti.
Victoria sonrió a través de la tristeza, sintiendo un renovado sentido de esperanza. La llamada de Arturo había sido inesperada, pero también reconfortante. Sabía que el camino por delante no sería fácil, pero con el apoyo de aquellos que realmente se preocupaban por ella, sentía que tenía una base sólida sobre la cual construir su nuevo futuro.
-Gracias, Arturo. Eso significa mucho para mí. Hablaremos pronto.
-Por supuesto, Victoria. Cuídate y hasta pronto.
Al colgar, Victoria se sintió aliviada y fortalecida por el apoyo de Arturo. A medida que continuaba su viaje, las palabras de ánimo de su amigo la acompañaban, recordándole que, a pesar de los desafíos, siempre había una luz al final del túnel. Estaba lista para enfrentar el futuro con una nueva perspectiva, decidida a sanar y encontrar la felicidad que tanto anhelaba.
Victoria llegó a la mansión Aguirre con el corazón pesado, lista para llevarse sus cosas y dejar atrás un capítulo doloroso de su vida. A medida que se movía por los pasillos, la mansión parecía vacía y distante, como si hubiera sido un hogar que ya no le pertenecía. Sin embargo, al entrar en la casa, se encontró con una sorpresa que no había anticipado: sus padres, Camila y Esteban, estaban allí, preparándose para mudarse junto a Zoé.
El ambiente estaba cargado de tensión y resentimiento. La presencia de Zoé, quien había sido una constante fuente de dolor en la vida de Victoria, hacía que la situación fuera aún más incómoda. Victoria trató de ignorar el malestar y se dirigió a las escaleras para comenzar a empacar sus pertenencias.
Mientras bajaba las escaleras, notó que Leonardo, el padre de Oliver, y su madrastra, Sofía, estaban presentes. Ambos miraban con una mezcla de desdén y satisfacción, lo que hacía que el ambiente fuera aún más incómodo.
-¿Preparándote para salir? -comentó Sofía con una sonrisa burlona.
Leonardo se unió al comentario con una expresión de aprobación.
-Parece que tu tiempo aquí ha terminado. Es una lástima, ¿no?
Victoria trató de mantener la calma y siguió bajando las escaleras con una determinación silenciosa. Sin embargo, cuando llegó a la base de las escaleras, Zoé se acercó a ella con una expresión de falsa preocupación.
-Victoria, ¿podemos hablar un momento? -preguntó Zoé, mientras extendía una mano hacia ella.
Victoria se detuvo, sin poder evitar un ligero atisbo de esperanza. Quizás, pensó, Zoé quería aclarar las cosas o expresar algún tipo de simpatía. Sin embargo, Zoé tenía otros planes en mente.
-Claro, Zoé. ¿Qué necesitas?
En un movimiento repentino y calculado, Zoé empujó a Victoria de manera que hizo que perdiera el equilibrio. Victoria, desconcertada y atónita, comenzó a tambalearse, pero antes de que pudiera reaccionar, Zoé se precipitó hacia las escaleras.
En un acto dramático y perfectamente sincronizado, Zoé fingió tropezar y caer por las escaleras, sus gritos resonando por la mansión mientras se desplomaba. La caída de Zoé fue tan impactante como inesperada, y el sonido de su cuerpo golpeando los escalones fue ensordecedor.
Victoria, horrorizada, se quedó paralizada por la conmoción. Sabía que Zoé estaba manipulando la situación, pero el caos que se desató a continuación fue casi inmediato.
Camila y Esteban corrieron hacia Zoé, mostrando una preocupación desbordante. Leonardo y Sofía también se apresuraron a la escena, pero sus expresiones estaban llenas de una mezcla de sorpresa y deleite oculto.
-¡Zoé! ¿Estás bien? -exclamó Camila, con lágrimas en los ojos mientras intentaba ayudar a su hija a levantarse.
Esteban se inclinó sobre Zoé, con un rostro lleno de preocupación fingida.
-¿Qué ha pasado? ¿Cómo pudo suceder esto?
Zoé, aún en el suelo, se quejaba con un tono dramático, mientras miraba a Victoria con una mezcla de acusación y dolor fingido.
-Victoria... me empujó... -murmuró Zoé, su voz cargada de agonía y resentimiento-. Ella lo hizo a propósito.
Las palabras de Zoé fueron como un golpe directo para Victoria. Aunque sabía que todo era un plan, el hecho de ser acusada de algo tan grave mientras ella estaba atrapada en un mar de emociones era devastador. Las miradas de los presentes, que antes habían sido frías y despectivas, ahora se dirigían hacia ella con una mezcla de acusación y juicio.
Leonardo se acercó a Victoria con una expresión dura.
-Esto es inaceptable -dijo, con un tono que no dejaba lugar a dudas sobre su falta de simpatía-. No puedo creer que esto haya sucedido.
Sofía también se unió al coro de desaprobación, con una mirada de desdén.
-Siempre supe que había algo sospechoso en ti, Victoria. Ahora parece que tus verdaderas intenciones han quedado claras.
Victoria, atónita y dolorida, trató de defenderse, pero las acusaciones y el juicio de los presentes la dejaron sin palabras. El caos de la situación, junto con la traición evidente de Zoé, la dejaron completamente desorientada.
A medida que Zoé era atendida y las acusaciones se arremolinaban a su alrededor, Victoria comprendió que el camino hacia la justicia y la verdad sería aún más complicado de lo que había imaginado. El dolor de la traición y la desesperación por limpiar su nombre se mezclaban con una sensación de impotencia, mientras intentaba encontrar una manera de enfrentar la adversidad que se había desatado en la mansión Aguirre.