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Esposa Virgen del Millonario

Esposa Virgen del Millonario

Autor: : Librosromanticos
Género: Romance
Rashid es un hombre adinerado que pensaba tenerlo todo y conseguir lo que fuera sin ningún problema. Hasta que un día la conoció, Victoria, una chica diferente, tan decidida y llena de peculiaridades. Él había comprado su virginidad y le había propuesto que fuera la madre de su hijo, ella había aceptado, sin saber que esa decisión cambiaría su vida para siempre. ¿Podrá Victoria seguir el contrato al pie de la letra sin enamorarse? ¿Logrará Rashid seguir a su lado sin entregar el corazón y la emoción, aunque no crea en el amor?

Capítulo 1 No.1

Victoria sentía que su corazón iba a salir corriendo de su pecho, su respiración irregular y los nervios flotando a través de todo su ser, le arrebataban la escasa valentía que la habitaba. Trató de mantener la calma y quedarse quieta en su lugar, pero resultaba una tarea imposible.

Lo único que quería era salir corriendo de aquella oficina y regresar a su casa; sin embargo recordaba la situación terrible en la que se encontraba junto a su madre enferma y sabía que no había vuelta atrás. No podía retroceder cuando sabía lo mucho que necesitaba sostener a su progenitora adolecida por una terrible enfermedad.

No tenía un solo centavo, y con lo costoso que era el tratamiento para tratar a su mamá, se encontró con la soga en el cuello, así que se aventó a tomar una decisión tan desatinada como aquella.

Vender su virginidad. Sí, entregar su inocencia al mejor postor. Y allí se encontraba ella, en el ostentoso y oscuro despacho de un hombre del que no tenía remota idea, no conocía absolutamente nada de él y aún así estaba dispuesta a compartir algo tan íntimo porque le urgía lo que obtendría por ello.

-¿Cuanto tiempo tendré que esperar al señor Ansarifard? -preguntó nerviosa, mientras jugaba con sus manos para tranquilizar el potente nerviosismo que rodeaba su sistema y la aprisionaba de tal forma qué perdía la capacidad de respirar con normalidad.

El hombre trajeado, al parecer un guardaespalda, solo dio un asentimiento de cabeza y luego se marchó dejándola con la incógnita en la mente y a solas en un lugar desconocido.

Tragó duro, y con la poca osadía que la recorría, dejó la silla cómoda, para ponerse a dar un estudio por el sitio. Le pareció que el gusto del árabe era demasiado bueno; cada cosa en su lugar, detalles finos y delicados que incluso llegaron a dejarla sorprendida. Es que todo era nuevo para ella, estar allí era como habitar otro universo, lejos de su alcance tomando en cuenta la posición de aquel magnate y la suya que no era nada en comparación.

La oficina se hallaba con escasa iluminación además de qué las paredes barnizadas de aquel color negro también hacía que se mirara más sombría, y luego se fijó en uno de los dos cuadros con luz focalizada que se encontraban perfectamente puestos en la pared dándole ese aire lujoso y artístico que la abrumó y la impactó al mismo tiempo. No se trataba de cualquier obra de arte, aquellas le ponían de punta los vellos de su piel y no pudo evitar sentir el serpenteo de un escalofrío caminando a través de su dorsal.

Es que era algo que no querría ver, menos al estar a solas. Encima, a puerta cerrada. Tal vez habría sido mejor quedarse a esperar al empresario en la silla y no ponerse a escudriñar sin permiso.

Las obras, creadas por algún loco, no era más que la escena de un crimen, había mucha sangre allí, pero no dejaba de ser solo eso, pintura.

Después de volver a su lugar, miró sobre el escritorio las carpetas que se apilaban y otros objetos más, pertenecientes al árabe, cada cosa en una perfecta asimetría que la descolocó. No quería precipitarse a pensar algo del dueño de todo eso, pero desde ese momento supo que estaría frente a un hombre perfeccionista, de eso no le quedaría la menor duda.

¿Había sido una pésima idea recurrir a ese lugar?

Reconocía que la locura comenzó desde que colocó aquel post de forma anónima. Tampoco creyó que tendría respuesta, pero todo resultó en lo menos esperado. Cada vez que pensaba en lo que sucedería su organo vital se batía más fuerte, y si recordaba a su madre, entonces se convencía más de hacerlo.

Se levantó de golpe.

Al fin, la tortuosa espera se terminó con la entrada de aquel espécimen. No, jamás lo había visto, siquiera en una foto. Y cuando lo miró, no pudo creerlo. ¿Como ese hombre compraría su virginidad? Es decir, con lo apuesto que estaba podía tener a la mujer que quisiera sin dar un solo centavo. Lo repasó de los pies a la cabeza, era alto, tenía una barba de tres días y ojos verdes grisáceos que al posarse sobre su corriente mirada marrón, la dejó paralizada.

El árabe se acercó más a ella y le sonrío, pero una sonrisa pasajera, que pasó a la inexistencia tras endurecer la expresión. Lo siguiente, es que le tendió la mano y ella tardó en responder, pero finalmente sacudió su mano en el saludo.

-¿Victoria?

-Sí, señor...

-Solo Rashid, dejemos las formalidades a un lado, ¿bien? -expresó, a lo que ella movió la cabeza de acuerdo.

-Rashid -pronunció temblorosa.

El hombre que llevaba una gabardina negra, se la quitó y la colocó en ese perchero que tenía. Ahora la joven notó como los músculos de su fornido cuerpo se marcaban bajo esa camisa blanca. Volvió a centrarse en él y sonrió obligada. Después bajó la vista, antes de que él le hablara de nuevo.

-¿Puedes dejar de moverte? -soltó, de inmediato lo vio, era cierto que no dejaba de agitarse en su sitio.

Tragó duro.

-Lo siento.

Capítulo 2 No.2

...

Rashid suspiró, no había tenido un día "perfecto" de hecho había ido bien, pero dentro de lo que siempre esperaba, no podría considerarlo así, solo irregular. Esa joven frente a él, parecía algo cohibida. Le resultaba raro que alguien así pudiera atreverse a estar con alguien a cambio de dinero. Tampoco le interesaba. Solo quería cumplir sus objetivos, por eso debía ganársela a como de lugar.

Pestañeó sobre ella, curioso hasta la médula. No sería solo cosa de una noche y ya, ella era la escogida para que llevara a su primogénito. Era bonita y con eso le bastaba para darle el privilegio de traer al mundo su heredero.

¿Qué más daba?

-Victoria, tengo una propuesta para ti.

-¿Qué? Es decir, sé que estoy al tanto de todo y usted también, ¿de qué habla?

-Tuteame, por favor. Y no, no lo sabes todo, tengo una propuesta para ti, sé que no la dejarás escapar, créeme, es una oportunidad para ti, para mí. -soltó dejándola anonadada.

-¿De qué va todo esto señor... Rashid? -corrigió, le urgía saber.

Se le quedó viendo y esbozó una sonrisa ligera. Ella pasó saliva con dificultad y mantuvo el aire dentro, sin inhalar más, luego lo necesitó. Sus ojos volaron a esa carpeta abierta que miraba Rashid. Claro, tenía que ser algún documento que validara el pago, lo que ella daba. En ese preciso instante sintió que no valía nada. ¿Cómo podría si estaba vendiendo su cuerpo por dinero? Ella no era una cualquiera, pero se sentía como una y sabía que el resabio se quedaría por mucho tiempo en ella.

-¿Estás bien?

-S-si... Solo un poco nerviosa -tras emitir la admisión se arrepintió.

-Es normal, pero no deberías, no soy un desquiciado, y seré bueno, lo prometo. De lo que quiero platicar es un asunto que debe quedarse entre nosotros. ¿Comprendes?

-No, aún no me dices a qué vas -confesó turbada, esa forma en la que la miraba le causaba cierto temor. Y él lo sabía. Tomaba ventaja del impacto que tenía en la muchacha, lo ponía a su favor, y lo convencía de que podría persuadirla para que aceptara.

-Lo sé, escucha, Victoria -empezó, juntado sus palmas sobre el escritorio, posición que dejaba ver quién mandaba allí, lo escuchó atenta -. No solo quiero desvirgarte, busco algo más, y creo que eres la correcta para ello.

-Por favor, vaya al grano de una vez, se lo suplico.

-Increíble la prisa que tienes, está bien, entonces seré directo, quiero que seas la madre de mi hijo, te pagaré más, no te imaginas cuánto.

Ahora que cortó el suspenso, se quedó como una piedra. Sus ojos se abrieron de par en par y creyó por un segundo que ese hombre la tomaba del pelo. No era una broma, lo confirmó al ver su seriedad, una que fue peor de lo que esperaba.

-No, no, no, yo no haré tal cosa, soy muy joven aún, ¿por qué me pide esto? -brusca, se puso en pies y se tapó la cara, parecía preocupada, una violenta inquietud que se movía por todo su ser y la apresaba.

No era para menos. Ese árabe le pedía un imposible.

-Porque desde que te vi en una fotografía, te escogí, sé que eres la adecuada para darme un hijo. No debes tomar una decisión ahora, pero quiero una respuesta lo antes posible. Porque así solo sería suficiente estar juntos una vez.

Su mente sé amuralló, una maraña de pensamientos la ocuparon. ¿En su primera vez quedaría embarazada? Es que no podía aceptar eso.

-Temo que voy a rechazar su oferta, es algo que no estoy dispuesta a hacer -insistió perturbada con la situación. No lo sostenía siquiera en su cabeza.

-Es una propuesta interesante, te voy a recompensar por ello, piénsalo, en nueve o quizá ocho meses me darás un hijo, obtendrás tu pago y todo habrá acabado. ¿Qué dices?

-Lo dice cómo si fuera algo fácil, soy yo quién debe asumir estar encinta, tener un bebé y enfrentarme a una etapa que aún no quiero vivir. Es que no puedo aceptar, yo solo he venido...

-Sé a que has venido Victoria -le recordó, elevando una ceja.

-Entonces no me pida que haga esto, no es lo que quiero -expresó, era obvio que estaba asustada.

-Es lo que yo quiero, pero te dejo pensarlo dos días, ¿bien?

-No, mi respuesta es no -repitió, con la valentía casi extinta.

-Te he dado dos días, Victoria. Sé de tu situación, he investigado sobre ti, así que estoy al corriente de lo mucho que te urge el dinero. El banco se quedará con tu casa, ¿en donde vivirás con tu madre? Dime, ¿crees que será suficiente lo que te daré a cambio de estar contigo?

-Sí.

Le dolía pensar en la realidad.

-Vale, ahora piensa en multiplicar esa cifra. Seré más conciso, te daré diez millones de dólares si aceptas.

No tenía sentido para la muchacha. La verdad es que para eso habían agencias de vientre en alquiler. Y aunque no conocía mucho del asunto, no creía que allí tendría que pagar diez millones de dólares.

-Es mucho dinero, no entiendo nada.

-¿Qué no comprendes? Soy un hombre adinerado, eso no es nada para mí, pero sé que lo es todo para ti, solo quiero ayudarte y yo también gano -expresó sincero.

A ella le seguía pareciendo una locura.

Ciertamente necesitaba el dinero, así muchas deudas se acabarían y podría cumplir sus metas. Incluso objetivos que nunca imaginó realizar. Al darse cuenta de que ya estaba dándole vueltas a la posiblidad, batió la cabeza.

-Está bien, voy a pensarlo, es algo que aún proceso. Te daré una respuesta en dos días.

-Perfecto, piénsalo bien, es algo bueno, y eres afortunada.

-No sé si sentirme así, puede pedirle esto a alguien más, incluso recurrir a una agencia de...

-Ni lo digas -clavó sus orbes verde grisáceos en ella, con profundidad y ella se cohibió -. Quiero que sea todo lo más discreto posible, puedo confiar en ti, ¿no es así?

-Por supuesto. Entonces me lo pide a mí para que sea todo en secreto, porque supongo que la prensa siempre quiere conseguir entrar en su vida y saberlo todo sobre usted, ¿no?

-Estás en lo correcto, por eso lo hago de este modo, y tú eres una candidata idónea.

-¿Quiénes son las otras? -le interesó saber.

Capítulo 3 No.3

-No vale la pena hablar de las otras, ahora tú tienes las de ganar diez millones de dólares, te quiero a ti, Victoria. Cuando estoy seguro de algo, nunca me equivoco, solo necesito tu respuesta -agregó ladeando una sonrisa.

-Lo voy a pensar.

-Siendo así, espero verte aquí en dos días. Que todo vaya bien en tu regreso a casa -mencionó, pero algo le decía que expresaba lo contrario.

-Vale. Está bien, aquí estaré.

-Te avisaré entonces la dirección a la que debes ir, a uno de mis hoteles -agregó, y le guiñó un ojo.

Tragó duro.

Nada bueno se avecinaba. Se lo temía. Incluso afuera, seguía sintiéndose prisionera de aquel sitio. Y por alguna razón, ya se miraba encadenada a aquel hombre.

Mientras se alejaba de la propiedad, una mansión enorme de tres plantas, se notaba a lo lejos, un hombre se atravesó en su camino.

-Señorita, por órdenes del señor Ansarifard debo llevarla a casa -le habló.

-No, no es necesario, tomaré un taxi.

-Es una orden, por favor, sígame.

-Ya dije que no iré a ningún lado, me iré así como llegué, ¿de acuerdo?

Pero no, se debía hacer como dijo ese Rashid. Acabó en la parte trasera de un auto negro, a regañadientes, se imaginó de lo peor de camino a casa. Pero nada de lo que pensó, ocurrió.

Al llegar a casa y encontrarse sola, lloró mucho, la visita a donde ese hombre no le sentó bien. Ahora que estaba en su hogar, uno que en realidad ya no le pertenecía, porque solo era cuestión de unas semanas para que el banco se quedara con la casa, se puso a llorar. Tal vez si un empleo digno le diera la remuneración que necesitaba, entonces no estaría en esa situación, pero lamentablemente no tenía opción, porque lo que recibía de empleada en un sitio normal, se quedaba corto.

-Hola, pequeño. -saludó al gato que se acercó a ella de inmediato, un peludo blanco y negro muy cariñoso -. Ya no me siento sola, tu recibimiento me hace sentir mejor.

Lo acarició un rato, antes de ir por una ducha. Debía pensar bien las cosas, no era una decisión irrelevante. Dos días era poco tiempo. Se fue a la cama con el tema en la cabeza, al día siguiente siquiera comió antes de irse al hospital. Su visita matutina le hizo bien a su madre, quién se alegró de verla, el cáncer la tenía mal, apresada en sus garras, pero cada vez que veía a su hija, volvía a sonreir, y se sentía más viva que nunca.

-Mamá...

Era una mujer morena, de ojos enormes, ahora debajo habían surcos oscuros, y aunque el brillo de su mirada se apagaba con cada día que pasaba, seguía regalando el destello sincero en una sonrisa.

-Cariño, ¿ya has comido?

-Sí -le mintió, no quería preocuparla, lo mejor era que su madre estuviera tranquila -. ¿Cómo te sientes?

-Feliz de verte. Sabes que no hay nada más importante que verte mi amor. ¿Has logrado encontrar un empleo?

-La verdad es que...

-Vale, sí lo has encontrado -se apresuró en decir, y ella no se atrevía a desmentir, porque miró su hermosa sonrisa y no quiso borrarla.

-Sí, mamá. Y vamos a estar bien. Ya lo vas a ver, nuestra situación va a cambiar -continuó tocándole el cabello.

-Dame un abrazo, ven -la rodeó con cariño, ese incondicional cariño maternal la ayudó a tomar la decisión "correcta" -. Sabes que quiero verte feliz, que estés bien, no quiero irme dejándote...

-No, mamá, no vas a morir, por favor, no sigas -expresó entre lágrimas.

-Debemos estar preparadas para lo que sea -le recordó, mientras contenía el llanto.

-Yo no pierdo la esperanza, además no puedes dejarme sola.

-Si por mí fuera, me quedaría una vida entera contigo.

-Lo sé.

-Mírame -le tomó la barbilla e hizo que la viera -. No te preocupes.

-Mamá, tengo el dinero para tu tratamiento, por eso estoy segura de que no vas a dejarme, no lo harás -informó dejando a su madre estupefacta.

Dentro de los planes de Victoria no estaba decirle a su madre tal cosa, pero ya lo había soltado, porque estaba resuelta a aceptar la propuesta del árabe. Sabía que de todos modos podría costear todo, pero algo le decía que ese hombre se echaría para atrás si ella le negaba un hijo.

-¿Cómo lo has conseguido? No me digas que has ido al banco por un préstamo...

-No, nada de eso, mamá. Es decir... Ha sido de otro modo, pero no es lo importante ahora.

-Sí es importante, cariño. Cuéntame. -le tomó la mano.

-De acuerdo -suspiró, pero ya estaba pensando en una mentira -. Yo me topé con una señora muy especial, le he contado mi situación y se ofreció en pagar todo a cambio de que trabaje un tiempo con ella, es todo mamá.

-¿Qué? Eso es un milagro, Victoria. Te creo, a veces no se nos cruzan personas, sino angeles en nuestro camino para ayudarnos.

Pero en realidad el único que apareció en su vida fue Rashid, el mismísimo diablo. Se contuvo, antes de soltar la verdad. No podía decirle a su madre a lo que estaba dispuesta. Aún así, tendría que hacerlo después, su madre no era tonta, mucho menos ciega como para no darse cuenta de un embarazo. Ya se las arreglaría más adelante para ponerla al tanto de lo que iba a pasar, pero no aún que nada era un hecho.

-De acuerdo, te voy a dejar descansar, lo necesitas, mamá.

-Quiero que te quedes otro rato conmigo, cielo. Pero sé que tienes razón, debo descansar. No tardes en volver. -le dejó un beso en el dorso.

-Está bien, te amo.

-Y yo a ti.

Mientras atravesaba el pasillo su teléfono empezó a sonar. Era un remitente desconocido, por eso se tardó más en responder.

-Diga.

-Victoria, habla Rashid. Solo quería saber que estás pensando sobre lo que hablamos.

-Ya lo pensé, sí, lo pensé mucho y creo que aceptaré.

-¿Crees o estás segura por completo? Dime.

-De acuerdo, estoy completamente de acuerdo, acepto. -explicó, mientras se sentaba en la sala de espera.

-Bien, ha sido la decisión correcta. -aseguró antes de colgarle.

Mientras ella se quedaba mirando la pantalla de su móvil con un nudo en la garganta, por su parte, Rashid sonreía, a la vez que se acercaba a su minibar y se servía un vaso de whisky.

Le dio un sorbo.

-Estás en mis manos, Victoria. Siempre gano, siempre -emitió victorioso, a solas en su oficina, satisfecho con la llamada que hizo.

No solo se trataba de un bebé, de dinero, de un heredero, porque esa joven virgen significaba más, el árabe lo sabía.

Otra vez, volvían las cosas a su lugar.

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