Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > Esposa a la venta
Esposa a la venta

Esposa a la venta

Autor: : Carolina Chibiusa
Género: Romance
El cumpleaños número 21 de Daniela marcó un antes y un después en su vida. Había empezado como cualquier noche, amigos, tonterías y brindis en una discoteca. Sin embargo al terminar la noche perdió la conciencia; cuando despertó estaba muy lejos de casa, a merced de hombres inescrupulosos que no lo pensarían dos veces en sacar provecho de ella. Fue en ese lugar donde lo conoció, ese guapo, cruel y millonario hombre que se convertiría en su esposo, pero también en su peor pesadilla. Este libro incluye escenas de sexo, abuso y relaciones lesbicas. No es apto para menores de 18 años.

Capítulo 1 El inicio

Aún no logro entender cómo terminé en ese fatídico lugar, aunque nunca olvidaré mi primer día ahí.

Un momento antes estaba celebrando mi cumpleaños número 21 con mis amigos en una discoteca, dejamos nuestras cosas en una mesa y fuimos a bailar, Pedro se ofreció amablemente a cuidar las cosas para que no nos robaran nada, al volver me tomé la mitad de mi vaso de cerveza de un sorbo pues tenía mucha sed. Unos minutos después me empecé a sentir mareada, eso era raro, eso no era ni la cuarta parte de lo que solía tomar, sin embargo me sentía como si hubiera tomado 3 botellas de pisco al seco.

-Creo que me voy, me siento mal- Dije- Voy a llamar un taxi.

-Voy contigo, tampoco me siento bien, creo que debí haber comido algo más fuerte antes de venir- Dijo Laura para justificar el efecto que el trago, del cual sólo había tomado un par de sorbos, había provocado en ella.

-Perfecto, compartamos entonces...

-Las acompaño a esperar- Dijo Pedro con una expresión extraña.

Salimos y empecé a meter los datos en la aplicación pero antes de que pudiera terminar de escribir me desvanecí.

-Dani, Dani... ¿Estás bien?- Fue lo último que escuché antes de perder la conciencia.

Cuándo desperté estaba en un pequeño cuarto, recostada sobre un colchón viejo, atada de manos y pies y con una cinta adhesiva en la boca ¿Dónde estoy? ¿Qué está pasando? Fue lo primero que me pregunté. Empecé a luchar contra mis ataduras pero era inútil, lo único que lograba era lastimarme la piel con el rose de las cuerdas. De pronto la puerta se abrió y entraron dos hombres totalmente desconocidos para mí.

-¿y? ¿Qué le parece, jefe?- Dijo un hombre de cabello negro y piel bronceada.

-Se ve bien... Desnúdala- Dijo cómo si fuera algo que hacía todos los días.

Espera... ¿Acababa de decirle que me desnudara? El hombre sacó un cuchillo cartonero de su bolsillo y se acercó peligrosamente a mi "¡no! ¡Por favor, no!" Exclamé en mi interior retorciéndome mientras intentaba luchar con mis restricciones, pero era inútil, el hombre empezó a cortar mi ropa sin importar nada, luego me desató las piernas y me obligó a ponerme de pie sujetándome de la cuerda que sostenía mis manos en la espalda.

Empecé a llorar abrumada por todas las sensaciones que eso generaba, miedo, angustia, vergüenza, confusión pero sobre todo, me sentía terriblemente vulnerable.

-Sí, sí... Creo que servirá- Dijo, sacó un sobre de su bolsillo y se lo pasó, luego agregó- Déjame a solas con ella.

-Claro, un placer hacer negocios con Usted- Respondió y entendí de inmediato a que se refería... Me acababan de vender.

Había oído hablar de eso en las noticias, la trata de blancas, sin embargo era ese tipo de cosas que uno sabe que existen pero que nunca piensas que podrían pasarte a ti, sin embargo ahí estaba, desnuda, con las manos en la espalda frente a un viejo de unos 50 años, retrocedí un par de pasos, aunque eso no impidió que se acercara a mi.

-Eres muy linda- Dijo acariciando mi mejilla- En serio que sí- Recalcó, luego me quitó la cinta de la boca y antes de que pudiera decir nada me tomó del pelo para besarme a la fuerza. Intenté resistirme, pero en mi posición era imposible.

-Basta, suéltame- Dije con voz temblorosa apenas nuestros labios se separaron- Déjame ir- supliqué entre lágrimas.

-¿Qué te deje ir? Pero si apenas empezamos... Tengo muchos planes para ti, muñeca...

-¿Planes? ¿Qué planes?- Dije aunque en realidad no estaba segura de querer saber.

-Ya lo verás... Por el momento, vamos a aprovechar el tiempo- Dijo mientras se abría el pantalón.

-No, no... Por favor- Dije retrocediendo hasta que tropecé con el colchón y caí sobre este.

Un segundo después el viejo estaba sobre mi besando mi cuello y recorriendo mi cuerpo con sus asquerosas manos mientras su miembro se endurecía rápidamente, por más que supliqué él no se detuvo hasta quedar satisfecho. Luego se tendió a mi lado sin dejar de acariciarme.

-Eres deliciosa- Dijo pasando su lengua por mi cuello hasta mi oído- Creo que te querré para mi.

-Por favor, por favor... Déjame ir, prometo que no diré nada, solo quiero volver a mi casa, por favor...

-No tienes idea de dónde estamos ¿verdad?- Dijo aunque la respuesta era obvia, no tenía como saber donde estábamos, ni siquiera qué hora era pero... ¿Qué tan lejos podríamos estar de Santiago? ¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?, negué con la cabeza con la esperanza de que me diera alguna pista- Estás muy, muy lejos de casa, preciosa.

-¿Dónde estamos?- Dije asustada.

-No necesitas saber eso, lo único que necesitas saber es que la única forma de salir de aquí es en pedacitos ¿entiendes? - Yo asentí- Bien ahora... Te diré porque estás aquí- Dijo mientras mis ojos se llenaban de miedo y mi corazón latía cada vez más rápido- Estás en un prostíbulo... Mi plan es venderte cada noche al mejor postor o hasta que tu cuerpo no de más- Ahora que lo pienso quizás no lo dijo literalmente así, pero así es como lo recuerdo.

-No, por favor... Te lo suplico, haré lo que sea, pero no me obligues a hacer eso.

-Sabía que dirías eso... Tienes suerte, me gustaste, así que te daré una alternativa... O te resignas a ser una puta por el resto de tu miserable vida o... Te conviertes en mi esclava sexual.

Ninguna de las alternativas sonaba muy convincente, pero estaba contra la pared, mis alternativas era dejar que no sé cuantas personas me follen y me hagan quizás que cosas o... Dejar que ese viejo me violara sistemáticamente por el resto de mi vida.

-Sí, sí, seré lo que quieras, pero no me prostituyas...- Supliqué.

-Buena decisión...- Dijo, me desamarró las manos y agregó- Ahora muéstrame cuanto lo deseas.

-¿Cómo? ¿Qué quieres que haga?.

-Simple, chúpamela- Dijo poniendo sus manos detrás de su cabeza relajadamente.

-Okey...- Dije resignada.

-La respuesta correcta es "sí señor"- Dijo tirando de mi cabello.

-Sí, sí señor- Repetí con voz temblorosa, luego me soltó y me empujó hacia su entrepierna.

Me puse en cuatro, sostuve su cosa con dos dedos, no quería tocarla más de lo estrictamente necesario. Cerré los ojos y la metí en mi boca, intenté pensar en otra cosa, pero era muy difícil hacerlo con su hedor acosando mi nariz. Después de lo que me pareció una eternidad explotó en mi boca, sostuvo mi cabeza mientras la llenaba con su semen. Empecé a atorarme...

-Será mejor que te la tragues si no te quieres ahogar- Dijo, así lo hice- Buena chica...

Luego se levantó, se vistió y salió como si nada hubiera pasado, me quedé ahí abrazando mis piernas en posición fetal, no sé que era peor, que me haya violado o saber que esa era la primera de cientos más... Lloré por horas, por días, toda una eternidad en un momento, mientras me preguntaba cuánto más podría resistir antes de enloquecer... "Quizás podría hacer algo para enfurecerlo a tal punto que desee matarme" Pensé, aunque la muerte aún sonaba muy espeluznante, sin embargo algo me decía que con el correr de los días esa opción parecería cada vez más tentadora.

No sabía cuanto tiempo había pasado y ya había perdido la cuenta de cuantas veces había sido violada por ese viejo que ni siquiera me había dicho su nombre, todo lo que sabía de él era que era una especie de proxeneta y que estaba dispuesto a todo para obtener lo que quería, cada vez que le desobedecía me golpeaba, me ahorcaba o me amenazaba con su arma, recordándome que era suya y que no tenía derecho a opinión.

Ese día entró como siempre yo acababa de despertar, no sabía cuanto había dormido pero seguro no había sido mucho, vivía con el temor constante de que esa puerta se volviera a abrir, lo cual activaba todos mis sentidos, dispuesta a huir, defenderme, hacer algo, aunque en realidad lo único que hacía era dejarme intimidar una y otra vez.

Saltó sobre mi como siempre, como un león dispuesto a devorar a su presa.

-Por favor... -Empecé a decir pero él puso un dedo sobre mis labios.

-Shh... No me interesa lo que tengas que decir... ¿o acaso ya se te olvidó lo que eres?- Yo negué con la cabeza- Dilo.

-Soy su esclava, su juguete sexual y mi único propósito debe ser darle placer.

-Buena chica- Dijo dándome una palmaditas en la mejilla.

Me tiró al colchón y se lanzó sobre mi, empezó besando mi cuello mientras su mano bajaba a mi entrepierna, lo odiaba, en serio que sí, lo odiaba con todo mi ser, pero también sabía que no tenía opción, no era como si pudiera enfrentarlo, mucho menos huir de esa habitación que parecía una bodega vieja, sin ventanas, sin ventilación y la única salida o entrada era esa puerta que siempre estaba con llave, aún cuando él estaba dentro, supongo que era un tipo de precaución por si tenía el atrevimiento de querer salir corriendo. De pronto empezó a sonar su celular de forma bastante insistente, pero el lo ignoró.

-Conteste, podría ser importante-Dije tímidamente viendo en esa llamada una oportunidad para alejar sus manos de mi aunque sea por unos minutos.

-Ahora tengo cosas más importantes en mente- Respondió sin dejar de acariciarme, sin embargo el teléfono siguió sonando hasta que harto de su insistente timbre contestó- ¡¿Qué?!- Exclamó con fastidio- ¿qué? ¿Cómo que escapó? Nadie escapa de aquí... Tropa de inútiles ¿Qué tan difícil es mantener a raya a una chiquilla?... ¡Pero si abrimos en 15 minutos! ¿De donde voy a sacar un reemplazo a esta hora?... ¿Crees que ando con putas en los bolsillos o qué?...- Dijo, luego me miró de una forma que no me gustó nada- Espera... Creo que tengo a alguien... Pero solo es un reemplazo, deben buscar a alguien nueva... Sí, sí, ya voy...- Dijo y cortó, se levantó y me dijo en tono imperativo- De pie.

Me levanté un tanto confundida, me tomó del brazo con fuerza y abrió la puerta mientras decía.

-Te va a tocar reemplazar a una de las chicas...

-¿Qué chicas?- Pregunté confundida.

-¿tu que crees? ¿Ya se te olvido donde estas?.

Tiró mi mano hacia afuera de la habitación, entonces entendí a qué se refería.

-No, no... Por favor... Dijiste que no lo haría... Dijiste que no me venderías- Exclame poniendo toda la resistencia que podía.

-Eres mía, puedo hacer lo que quiera contigo- Contestó de manera totalmente indolente.

-Pero, pero... Te he obedecido en todo...

-¡Camina!- Gritó tirando de mis brazos tan fuerte que casi me caigo.

Pasamos una puerta y entramos a un salón iluminado con luces de neón rojas, ahí habían unas 20 chicas que lucían igual o más asustadas que yo y entre ellas estaba Laura... Recordé como ella había salido conmigo diciendo que también se sentía mal, me miró asombrada, noté que ninguna de ellas pasaba los 25 o a lo más 30 años.

-Ponte esto- Dijo pasándome un babydoll transparente, obedecí de inmediato, no quería que me golpeara o algo, además de él habían unos 5 hombres con aspecto de gorilas custodiando cada rincón de la habitación, antes de ponerme al lado de la chica que estaba más cerca de mí, intercambiamos miradas de preocupación con Laura.

Poco a poco iban entrando distintos hombres, algunos miraban y se iban, otros elegían a alguna de mis compañeras como si estuvieran viendo un catálogo, de pronto entró un hombre de unos treinta y tantos, de aspecto impecable, era obvio que era un hombre de mucho dinero.

-La quiero a ella- Dijo con acento extranjero, señalándome como si dictará una sentencia, el viejo me hizo una seña para que me acercara "Bueno, por lo menos es un poco más guapo que el viejo" Pensé, aunque tampoco era como si me emocionada mucho la idea de acostarme con él.

-Bien, puede pasar por aquí y usar la habitación número 12- Dijo mi proxeneta señalado un pasillo.

-Creo que no entiende, quiero comprarla... ¿Cuál es el precio?- Dijo como si yo fuera un adorno, una figura de porcelana, un simple objeto.

"Eso es todo lo que eres para ellos Dani" Me recordó una voz en mi interior, empuñé las manos con fuerza tragándome la rabia e impotencia que sentía, mordiéndome la lengua para no recriminarlo usando todos los insultos que existen en el mundo.

Capítulo 2 Vendida

El viejo sostenía mi muñeca con tanta fuerza que creí que la rompería.

-Lo siento caballero, pero ella no está a la venta.

-Te doy 200 euros- Ofreció, no estaba a cuanto vendían la hora conmigo, pero seguro que en un par de meses ganaba más que eso.

-Ya le dije, no está a la venta.

-Todos tienen un precio... ¿Qué tal 500?

-No me haga repetirlo...

-Entonces 2000 euros- Insistió, me sorprendí, eso no era poca plata ¿Qué tan rico era para ofrecer ese monto como si nada?, pero aún más importante ¿Por qué insistía tanto conmigo? podría haber escogido cualquiera de mis compañeras de condena, pero él me quería a mí a toda costa, entonces caí en cuenta de que estaba ofreciendo euros, quizás de donde él venía eso no era tanta, tanta plata.

-En serio, no está a la venta...

-Todos tienen un precio... Le pagaré 100.000 euros, puede cobrar el cheque mañana mismo.

El lo quedó mirando mientras dibujaba una ambiciosa sonrisa en su rostro, acarició mi cabello y puso una mano sobre mi hombro provocándome un escalofríos.

-Bien, ya que tanto la quieres, si me das 500.000 euros te la puedes llevar.

-Trato hecho- Respondió el hombre de traje, yo no lo podía creer, eso eran más de 400 millones de pesos chilenos, hizo rápidamente un cheque, tomó mi mano y se lo pasó a mi proxeneta- Listo, ya vámonos- Agregó tirando de mi brazo mientras yo intentaba digerir todo eso- ¡Camina!- Exclamó como si tuviera mucha prisa.

En cuanto salimos subimos a un Porche último modelo, lo miré de reojo mientras él ponía el auto en movimiento, no entendía porque un hombre como él necesitaría contratar y, aún más, comprar una puta... No era feo, era joven y claramente millonario, tenía cierto magnetismo que en mi posición me parecía escalofriante, pero si lo hubiera conocido de otro modo creo que lo hubiera encontrado agradable.

-¿Te puedo hacer una pregunta?- Dije armándome de valor, él levantó una ceja como si le molestara que hablara- ¿Por qué me compraste?... Me refiero a que... No entiendo por qué un hombre como tú necesitaría comprar a alguien como yo...

-¿A qué te refieres con eso de un hombre como yo?

-Ya sabes... un hombre joven, rico y... algo guapo- Respondí con timidez, él sonrió.

- ¿Te parezco guapo? Que bien, eso facilitará las cosas y... En cuanto al porqué... Necesito una esposa y no tengo el suficiente tiempo como para perderlo en cosas sin sentido como seducir y enamorar a alguien, además que, aunque lo hiciera, nadie me asegura que quiera casarse... Así que es más fácil así...

- ¿Quieres que me case contigo?

-No es que lo quiera, pero como dije, necesito una esposa.

- ¿Y por qué insististe conmigo y no escogiste a alguien más?

- ¿Acaso quieres que te devuelva?- Dijo levantando una ceja.

-No, no, lo siento...

-Te elegí porque eras la única que se veía medianamente decente... Mi madre jamás creería que elegí a alguien... Ya sabes, de bajos recursos... Estoy seguro de que, si te pongo un vestido caro pasas totalmente desapercibida, como si fueras un miembro más de la aristocracia española.

-Entiendo... -No estaba segura de si eso era un halago o un insulto... Decía que lucía como alguien de la clase acomodada, pero al mismo tiempo se refería a mi como si fuera un objeto, una muñeca que puede vestir, arreglar y usar a su antojo... Aunque, en realidad, lo más probable era que eso era exactamente lo que significaba para él, Pero bueno, eso era lo de menos, eso era mil veces mejor que el cuartucho en el cual había vivido el último tiempo, si tuviera que elegir a alguien, no duraría en mi elección.

-Te explicaré lo que tienes que hacer y... Será mejor que tu actuación sea convincente, deben creer que somos una pareja real.

- ¿Y por qué necesitas casarte con tanta urgencia?

-Por trabajo, mi padre falleció hace un tiempo y en su testamento me deja el control total de su empresa, pero puso la estúpida condición de que para asumir el cargo que por derecho me corresponde debía casarme para poder tener hijos legítimos que puedan heredar nuestro legado- Dijo hablando de forma extremadamente formal, era como si no le importara la muerte de su padre, todo lo que le importaba era conseguir la presidencia de la empresa. Seguro que era una de esas grandes compañías internacionales, él tenía acento español así que supuse que su negocio también lo era.

-Entiendo- Dije mirando por la ventana, no reconocía nada, solo sabía que no estábamos en Chile, la ciudad era muy distinta a las de mi país natal. De pronto pasamos por un edificio antiguo muy bien mantenido que tenía dos banderas españolas, en una placa decía "ayuntamiento de Barcelona" ¿Cómo había llegado hasta ahí?

De pronto sentí su mano en mi muslo, lo empezó a acariciar mientras sujetaba el volante con la otra mano, sin pensarlo la hice a un lado, sin embargo eso no lo detuvo, siguió insistiendo.

-¡Ya basta!- Exclamé harta, no iba a dejar que él hiciera lo que quisiera conmigo, quizás me habían vendido, pero si había algo que no podían quitarme era mi dignidad... O al menos no toda...

-¿Qué? ¿Acaso creíste que no te tocaría?... Eres una puta después de todo- Dijo en tono burlesco, lo cual me dolió mucho, aunque técnicamente, era cierto.

-No lo soy... Yo... No estaba ahí porque quisiera...

-¿Crees que no lo sabía?... Pensé que eras más lista que eso...

-Entonces sabes que yo no soy... Una... Prostituta...

-Me da lo mismo lo que creas que eres, te compre, eso te hace mía y tienes que hacer lo que yo te diga- Dijo acercando su mano un poco más a mi sexo.

-En serio... Para- Intenté detenerlo.

Él apartó la mano y yo suspiré de alivio pensando que tendría al menos unos minutos de paz, pero no fue así, estacionó en una zanja, se subió sobre mi y después de poner mi asiento en forma horizontal agregó:

-A ver si lo entiendes de una buena vez- A medida que hablaba me quitaba el pequeño babydoll transparente que usaba como vestido- Soy tu dueño... Y a mi nadie me dice que no ¿Oíste? -Yo asentí, al parecer no era muy distinto a mi proxeneta, solo era un monstruo usando un traje caro.

-Por favor... Hare lo que quieras, pero no me obligues a hacer esto- Dije entre lágrimas.

-Esto es lo único que quiero de ti ahora mismo.

Dicho esto, empezó a besar mi cuello, en la posición en que estaba no tenía mucha libertad de movimiento, el asiento funcionaba como una especie de red la cual era sellada con el peso de su cuerpo, de todos modos, me resistí como pude aunque él ni se inmutaba.

-Ya quédate quieta, perra- Dijo mientras se quitaba la camisa.

Entonces noté que mi mano estaba muy cerca de la manilla, "Solo un poco más y la alcanzaré" Pensé aprovechando los segundo que sus manos dejaron de recorrer mi cuerpo para desnudarse, tomé la manilla y abrí la puerta.

-¡Perra tu abuela!- Grité empujándolo con mis piernas y salí del auto como pude... Aunque eso no me duró mucho.

-¡¿A dónde crees que vas?!- Dijo tomándome del cabello, luego tiró de mi brazo y me obligó a volver a entrar, sin soltarme cerró la puerta, puso el seguro y una vez que me tuvo de nuevo entre sus brazos me dio una bofetada- ¡¿Qué parte de eres mía no entiendes?! ¿En serio crees que te dejaré ir así como así?

-Lo siento- Respondí, él puso una mano en mi cuello y mientras lo apretaba quitándome el aire agregó.

-Si vuelves a hacer algo así puedes darte por muerta ¿Entendiste? -Yo asentí- Juro que me importará un comino cuanto haya pagado, putas hay en todos lados, puedo reemplazarte en cosa de minutos- Continuó su discurso mientras yo me asfixiaba, luchando desesperadamente por obtener un poco de aire pero él no daba su brazo a torcer "Por favor" Supliqué hablando solo con los labios mientras mis ojos se llenaban de lágrimas- Si te suelto ¿Serás una buena chica?- Asentí desesperada, sabía que era cosa de segundos para que la falta de aire me lanzara a los fríos brazos de la muerte, él me soltó mientras dibujaba una sonrisa triunfal en su rostro.

Tomé una gran bocanada de aire, como quien sale a flote después de haber estado varios minutos bajo el agua. Mientras yo me recuperaba él sacó una cuerda de la guantera.

-No quería llegar a esto... Pero no me dejas opción- Dijo mientras me amarraba las manos y las aseguraba a un fierro que había entre los asientos.

No dije una sola palabra en todo el viaje por temor a desatar su furia, pensé que él sería menos peligroso que mi secuestrador, que sería más fácil escapar y volver a mi vida normal, pero más temprano que tarde entendí que solo era un lobo con piel de oveja, como dije, un monstruo, un psicópata que vestía un traje caro. Creo que era aún peor, su posición social y su fortuna le daban la idea de que podía hacer lo que quisiera sin consecuencias, que era una especie de cruel e intocable dios. Nos alejamos un poco de la ciudad antes de llegar a su casa o mejor dicho, mansión. Era incluso más grande que muchos de los hoteles que conocía, su jardín no tenía nada que envidiar al del castillo del rey de España, la construcción era estilo medieval aunque se podía apreciar ciertos toques modernos en la seguridad de las ventanas, algunas escaleras y un par de puertas, seguramente a raíz de alguna mantención.

El interior de la vivienda era aún más impresionante, mármol por todas partes, enormes lámparas que parecían hechas de oro colgando del techo, todas las habitaciones eran muy espaciosas y tenían un estilo de muebles que jamás había visto, ni en las más exclusivas revistas de decoración, lo más probable es que los mandaran a hacer según sus gustos y la dimensión de los espacios.

Entramos a una habitación en la cual había una cama tamaño King, con postes y un par de tules que formaban una especie de cortina, las cortinas de las ventanas parecían de seda o algo así, tras una de ellas había un balcón con una pequeña mesa y una silla. A un lado de la cama un enorme armario en el cual seguro podría haber guardado toda la ropa que había usado a lo largo de mi vida y sobraría espacio, al otro lado un tocador, un espejo de pie donde me podía ver de cuerpo entero y un perchero lleno de vestidos elegantes.

-Pruébate este- Dijo sacando un vestido largo de color rojo. Lo tomé con las manos un tanto temblorosas, aún las tenía amarradas- E intenta calmarte, nadie creerá que eres mi prometida si sigues con esa actitud.

-Lo siento... Pero es un poco difícil relajarse después de todo lo que ha pasado- Le respondí tímidamente, él puso los ojos en blanco y soltó mis manos.

-Bien... Supongo que tienes razón, necesitas un tiempo para adaptarte ¿no? -Dijo tras un suspiro aunque su tono de voz no combinaba para nada con sus palabras, no estaba segura de qué daba más miedo, si su actitud cuando estaba furioso o esa cosa pasiva agresiva que te descolocaba por completo, al menos con su furia sabía que hacer, pero con esto no estaba segura de cómo actuar.

-Yo... Yo... Te agradecería si me das algo de espacio... Solo si se puede, si no, está bien... ¿Sabes? Mejor olvídalo... Yo...- Empecé a decir.

-Tienes 15 minutos para familiarizarte con la habitación y ni se te ocurra intentar nada estúpido, hay cámaras en todos lados- Dijo y salió de la habitación antes de que pudiera contestar.

Yo volví a colgar el vestido, me puse una bata que había colgada al lado del espejo y me asomé por el balcón sin acercarme mucho al borde para no dar la impresión de que intentaba escapar. Aunque de todos modos no lo habría podido hacer pues estaba rodeado por una reja impenetrable, las ventanas tenían el mismo tipo de seguridad, además pude notar que habían guardias repartidos de forma uniforme desde la puerta de la mansión hasta el portón principal, solo por curiosidad los empecé a contar, 1, 2, 3... 20... 35. "35 guardias, seguro que ni el mismísimo presidente tenía el mismo numero de guardias en su casa" ¿Qué secretos ocultaba en esta enorme mansión que necesitaba tantos hombres para resguardarlo? ¿Acaso tenía una especie de caja fuerte? Me pregunté "Supongo que así es la gente rica" Fue la única respuesta que encontré.

Me tiré en la cama mirando la tela que unía los 4 pilares mientras pensaba en todo lo ocurrido, la habitación parecía como de una princesa de cuento, la ropa era hermosa, ni hablar del resto de la casa, pero era una prisionera, no, aún peor, una marioneta que tendría que casarse por temor con su titiritero y... Solo me quedaban unos 10 minutos para procesar todo eso y aceptar mi cruel destino.

Capítulo 3 Aprendiendo el guión

Minutos después se abrió la puerta y él volvió a entrar.

-¿Ya estás lista?- Dijo con impaciencia.

-Yo... Aún no, pero... No me demoró nada- Respondí con nerviosismo.

-Bien, hazlo rápido, tienes que conocer a mi madre.

-¿A tu madre?... ¿Así como ahora?

-Eso fue lo que dije ¿no?... Ya, rápido, ve a bañarte.

-Sí...

Entre al enorme baño, me sentía un tanto aturdida, eso era demasiado, primero me secuestran, me violan, me prostituyen y ahora tenía que ir a la casa de la madre de ese hombre fingiendo que era su prometida ¿Cómo haría eso? ¡Pero si ni siquiera sabía ni su nombre!... Pero aún más importante ¿Qué pasaría si su madre no creía mi actuación? ¿Qué pasaría si cometía algún error?. Un golpe en la puerta interrumpió mis pensamientos.

-¡Ya sal de ahí, perra!- Gritó, si hubiera estado en otra situación, si hubiera estado en mi antigua vida lo habría mandado a la mierda, pero en ese escenario no podía hacerlo.

-Ya voy- Respondí tras un suspiro, me envolví en una toalla y salí- ¿Sabes? Tienes que dejar de llamarme así...

-Eres mía, te llamaré como se me de la gana.

-Yo solo digo... Tenemos que convencer a tu madre de que somos pareja ¿no? ¿Crees que creerá que somos pareja si me tratas así?

-Eso es cuento aparte...- Dijo mientras yo volvía a entrar en la habitación.

-¿Siquiera me vas a decir tu nombre?- Le pregunté mientras me ponía el vestido que él había elegido para mí.

-Me llamo Ricardo, Ricardo Ortega.

-Y yo Daniela López

-¿López? Eso no funcionará... Ahora tu apellido es Hidalgo- Dijo con seriedad.

-Si tu lo dices...- Respondí encogiéndome de hombros.

-Suficiente charla por ahora, termina de arreglarte rápido, mi madre no es una mujer paciente.

Suspiré y fui al tocador, ahí había maquillaje, unos cuantos cepillos de pelo y varias joyas, entre otros accesorios. Decidí recoger mi cabello en un "tomate" el cual acompañé de una peineta de flores hechas de plata y perlas. Nunca me había gustado mucho el maquillaje así que solo usé el justo y necesario, terminé de completar mi atuendo con zapatos de tacón, un collar de diamantes, aros a juego y un brazalete que disimulaba el rose de la cuerda. Él me miró de arriba abajo como evaluando mi trabajo.

-Creo que servirá- Dijo, tomó otro brazalete de diamantes y me lo puso en el otro brazo- Promedio, pero aceptable- Dijo como si hablara solo.

-¡Oye! Estoy aquí ¿Sabes?- Dije, él miró su reloj ignorando por completo.

-Ya es tarde, vámonos- Dijo tirando de mi brazo, subimos a su auto y apenas nos alejamos unos cuantos metros empezó a explicarme lo que debía hacer- Bien... Esto es lo que pasará... Vamos a entrar como si fuéramos una pareja cualquiera, tienes que fingir que estás perdidamente enamorada de mi, eres muy feliz y todas esas tonterías...

-Claro, ¿Cómo no enamorarme de tu irresistible personalidad?- Dije en tono sarcástico.

-Lo digo en serio Daniela... Tienes que esforzarte en esto- Respondió, luego paró en una luz roja y me miró a los ojos- Sí no logras convencerla ya no me sirves... Y sí sabes lo que se hace con las cosas que no sirven ¿verdad?

-Yo... No soy una cosa- Dije con el corazón lleno de miedo.

-¿Y eso qué?- Dijo de forma totalmente indolente.

-Bueno... ¿Qué tengo que decir?.

-Eso esta mejor... Esta la historia, eres una accionista minoritaria de una de mis empresas, nos conocimos en una de las fiestas corporativas, charlamos y al otro día te invité a cenar, hemos estado saliendo durante 6 meses y te propuse matrimonio hace un par de semanas.

-¿Eso es todo?- le contesté, esa información era demasiado básica como para fingir ser su prometida.

-¿Qué más deberías saber? Eres una mujer que se quiere casar conmigo, eso es todo.

-Si tu lo dices...- Respondí solo para no discutir y enfurecerlo, mientras pensaba "Ahora entiendo porque tuvo que comprar una esposa, este tipo es todo un patán"

-¿Qué dijiste?- Dijo lanzándome una mirada asesina.

-Solo te di la razón ¿por qué te enojas?

-Susurraste algo después de eso- Insistió "ay no ¿Lo dije en voz alta?" Pensé.

-No era nada importante- Respondí mientras rogaba en mi interior que no me hubiera escuchado.

-Supongo que tienes razón... Da igual si crees que soy un patán o lo que sea, sigues siendo mía- Dijo y aprovechando una luz roja me tomó del mentón y me besó a la fuerza- Eres mi juguete, mi marioneta, que no se te olvide.

-¿Cómo podría olvidarlo? Me lo recuerdas cada 5 minutos.

-Porque actúas como si fueras una persona real.

-¡Soy una persona real!- Exclamé.

-Claro que no, dejaste de serlo en cuanto te compré en ese horrible lugar.

Lo quedé mirando con la mandíbula tensa, los dientes apretados y resistiendo las ganas de romperle ese lindo y frío rostro que tenía. Sabía que él era más fuerte que yo, nunca fui del tipo de persona que solucionaba sus problemas a golpes, sin mencionar que tenía poco y nada de fuerza, apenas si lograba levantar 5 o 6 kilos, a lo más 10 si la situación lo ameritaba y no me quedaba más alternativa, aunque logrará reunir la valentía suficiente como para poder tirar el primer golpe terminaría en el suelo antes de que mi puño tocara su soberbio rostro.

-Si aceptas las cosas como son, será más fácil para todos.

-¿En serio estás diciendo que debo aceptar que soy un simple objeto de tu propiedad?- Respondí levantándome una ceja.

-Hasta que lo entiendes...

-¡Estás demente!- Exclamé mientras me cruzaba de brazos cuando atravesábamos un enorme portón.

-Solo digo las cosas como son y ahora cambia esa actitud que estamos llegando.

-"Como ordene mi amo"- Dije en tono sarcástico.

-Así está mejor... Ya trabajaremos lo de tu sarcasmo.

-¿Está es la casa de tu madre?- Pregunté asombrada en cuanto estacionó, esta era aún más grande que la de Ricardo, parecía un enorme castillo, apuesto que podría alojar cómodamente a la mitad de la población española- ¿Acaso son de la realeza o qué?- Agregué sin pensar.

-No, pero somos igual de ricos... Quizás hasta un poco más- Dijo como si eso fuera lo más normal del mundo.

-Supongo que tiene sentido... De lo contrario no podrías haberte dado el lujo de gastar tanto dinero en... Comprarme.

-¿Escuchaste cuánto pagué por ti?

-Claro que lo escuché, estaba frente a ti- En serio no estaba segura de cuanto tiempo podría soportar esa odiosa actitud que tenía.

-Cierto, no lo había notado... Como sea, ya llegamos- Dijo- No te bajes hasta que uno de los sirvientes te abra y no te alejes mucho del auto.

-Claro- Contesté, sabía que no tenía otra alternativa.

Bajamos del auto al mismo tiempo y lo espere, tal como me había dicho, tomó mi mano apretando con mucha fuerza, seguro que temía que intentará escapar o algo así.

-No es necesario que me rompas la mano ¿Sabes?- Le susurré.

-Silencio, no hables a menos de que te pregunten algo directamente ¿Entendido?- Dijo de una forma muy desconsiderada, aunque aflojó un poco su agarre.

-como tu digas- Respondí, en serio no estaba segura de poder soportar su compañía por demasiado tiempo, ni siquiera intentaba ser amable.

-¡Ricardito!- Dijo una mujer canosa de unos cincuenta y tantos.

-Ya te he dicho que no me llames así madre- Dijo en un tono extremadamente formal- Ya no soy un niño.

-Lo sé, pero para mi siempre lo serás- Dijo ella apretando una de las mejillas, él suspiró con resignación.

-Y supongo que esta guapa señorita es Camila- Dijo con un tono muy amigable contrastaba demasiado con la actitud formal de su hijo.

-Si, ella es Camila Hidalgo mi... Prometida- Respondió él, la última palabra sonó muy forzada.

-Bueno... No se queden ahí, pasen- Dijo caminando a la sala de estar- ¿Qué edad me dijiste que tenía? Se ve muy joven...

-Te había dicho que tenía 30.

-¿Y qué? ¿Vas a contestar todo por ella?

-Creí que me preguntabas a mi.

-Le preguntaba a ambos... Pero sería lindo escuchar la voz de tu prometida- Dijo sentándose en un sillón con una sonrisa algo falsa.

-Es genética, mi madre representa al menos 5 o 10 años menos- Respondí tratando de mantener la calma.

-Vaya, ya quisiera yo esos genes... Entonces... Eres accionista de la empresa...

-Así es.

-¿De cual en particular?

-Ella es accionista de ortega y asociados madre, ya te lo había dicho.

-Cierto, se me había olvidado- Respondió ella- La verdad debo admitir que me sorprendió cuando ricky me dijo que se había comprometido... Nunca había traído a nadie a casa... ¿Qué fue exactamente lo que te atrajo de él?

-Bueno...- Dije mientras pensaba en algo de ese idiota que pudiera parecer atractivo además de su dinero- Hay que reconocer que tiene un hijo muy guapo...

-Sí, pero como para que aceptaras casarte tiene que haber algo más...- Dijo como si sospechara algo, quizás creía que era una caza fortunas o algo así.

-Claro que sí... Hay muchas cosas de él que me gustan...

-Como por ejemplo...

-Ya sabe... Él es muy... Sensible- Respondí lo primero que se me pasó por la mente, Ricardo tosió como si se hubiera atorado con algo.

-¿En serio?- Dijo la señora levantando una ceja.

-Madre... ¿Me disculpas un segundo? Tengo que hablar con Cami de algo importante.

-Claro...

En cuanto escuchó la respuesta de su madre se puso de pie, me tomó del brazo y prácticamente me arrastró hasta la terraza. Yo no entendía nada.

-¿Es en serio Daniela? ¿Sensible?

-Fue lo primero que me vino a la mente...

-Te dije que tenías que sonar convincente... ¿Acaso te parezco alguien Sensible?- Dijo apretando mucho mi brazo.

-Me lastimas...

-Esto no es nada comparado a lo que te haré si mi madre no se traga nuestra historia...

-Perdón... Quizás si me hubieras dado algo más de tiempo...

-¿Crees que te hubiera comprado si me sobrara el tiempo?

-Supongo que no... Por favor, en serio que me estás lastimando, duele- Dije sin atreverme a siquiera intentar zafarme.

-Bien... Pero no toleraré ni un solo error más ¿Entendido?- Dijo soltando mi brazo, yo asentí- Ahora bésame o pensarán que estamos discutiendo.

-Eso es porque sí estamos discutiendo- Respondí, él me abrazó por la cintura y me dio un beso bastante largo. Entonces alguien se aclaró la garganta.

-Señor... La cena ya está servida- Era un hombre muy formal, seguramente un mayordomo o algo así.

-Gracias, vamos enseguida.

La madre de Ricardo no dejaba de hacer preguntas que no sabía como responder, muchas las respondía él mismo, pero cada vez que él lo hacía ella le respondía que me dejara hablar. Ya cuando casi estaba terminando la cena él tuvo que levantarse para ir al baño.

-Ya vuelvo, no te muevas de aquí- Dijo en un tono que pretendía ser cariñoso, me dio un beso en la frente y salió.

-Bien Camila... Ya puedes dejar de fingir- Me dijo directamente en cuanto su hijo se alejó.

-Yo... No sé a que se refiere...

-Revisé los registros de accionistas y no hay ninguna Camila Hidalgo, de hecho, no hay nadie que se llame Camila- Yo la miré casi con terror, eso no pintaba bien- Dime la verdad ¿Cuáles son tus intenciones? ¿Quieres quedarte con parte de nuestra fortuna?

-Claro que no- Intenté defenderme.

-Conozco muy bien a las de tu clase- Dijo mirándome despectivamente, esa sonrisa aparentemente amable había desaparecido.

-¿A qué se refiere con "las de mi clase"?- Dije como si estuviera ofendida y en realidad si lo estaba, pero también temía que, de algún modo, haya descubierto la farsa.

-No te hagas... Esas figuritas que lo único que les interesa de un hombre es que le pueda sacar una Black card a su nombre.

-¡Yo no soy así!- Me defendí, esta vez si estaba muy ofendida.

-Entonces dime al menos dos cosas reales que te gusten de mi hijo, pues ambas sabemos que no es de los hombres más sensibles del mundo...

-Pues conmigo lo es- Insistí en mi mentira, a esas alturas no podía retractarme.

-Sí... Me parece que la marca en tu brazo no opina lo mismo...

-Esto...- Respondí nerviosa mientras intentaba pensar en algo- Esto no es nada, fue un accidente... Él solo... No mide su fuerza... Pero en serio estoy enamorada de su hijo.

-Sin embargo aun no me dices el porqué

-¿Y acaso tiene que haber uno? El amor no es racional, no es que uno haga una lista de pros y contras... Yo solo... Lo amo, cada vez que lo veo se me acelera el corazón- Dije aunque ese aumento en mi pulso en realidad solo era por miedo- ya sabe... mariposas en el estomago... Y en serio... ¿Tan poco quiere a su hijo como para pensar que la única razón que una mujer pueda tener para casarse con él es el interés? Existen cosas más importantes que el dinero ¿sabe?- Dije molesta y agregué en mi mente "Por ejemplo la libertad"

-¿Qué ocurre aquí?- Dijo Ricardo con severidad apenas volvió a la habitación.

-Nada- Respondí rápidamente, temiendo que la suspicacia de su madre pudiera perjudicarme de algún modo... Ella creía que yo era una caza fortunas... ¿Eso qué significaba? ¿Calificaba como que había creído nuestra farsa? ¿o acaso eso significaba que no la había convencido y que, por ende, ya no era de utilidad?... "sabes lo que se hace con las cosas que no sirven ¿verdad?" Había dicho él... Pero en realidad a que se refería ¿iba a matarme? Quizás solo me encerraría en algún lugar que solo él supiera... ¡Dios! No quería ni imaginarlo.

-¿Nada? Entonces todo está bien ¿no?- Insistió él mirándome con desaprobación.

-No, en realidad no... No permitiré que te cases con esta cualquiera...- Dijo la señora.

-Ella no es una cualquiera- Me defendió él, lo cual me sorprendió un poco.

-Ella no es lo que dice ser, no es accionista...

-Eso es porque vendió sus acciones cuando empezó la relación conmigo.

-¿si? ¿Y porque harías algo así?

-Quería un vestido de novia muy exclusivo, mi padre ofreció pagarlo pero no me gusta recibir favores, la forma más rápida de obtener el dinero era vender las acciones, lograr que una diseñadora como ella haga tu vestido de novia no es nada fácil ¿sabe?- Improvisé, quizás mis estudios de diseño de vestuario podrían servir de algo en esta ocasión.

-¿Y cual diseñadora sería esa?

-Sarah Burton... Seguro ha escuchado de ella, diseñó el vestido de novia para una tenista famosa...

-Sí, sí he escuchado de ella, sus diseños cuestan varios millones de dólares.

-Así es... Por eso tuve que vender las acciones...

-No me habías contado de eso... Cariño- Dijo Ricardo poniendo sus manos sobre mis hombros, sonaba algo tenso.

-Es que quería que fuera una sorpresa... Espero que no te moleste.

-No, está bien, hubiera sido una linda sorpresa- Respondió cediendo un poco.

-¿Cree que hubiera hecho eso si fuera un caza fortunas como usted dice?

-¿Crees que es una caza fortunas?- Le preguntó él.

-No, solo quería asegurarme de que no lo fuera, Camila mal interpretó las cosas...

-Sí, claro... Y luego te quejas de porque no traigo chicas a casa- Dijo molestó, tomó mi mano y agregó- Ven, cariño, salgamos de aquí.

Lo seguí en silencio mientras sentía que me iba a dar un ataque cardíaco o algo, en el pequeño trayecto desde el comedor a su auto cientos de posibles escenarios aparecían en mi cabeza, en el mejor de los caso me creía, volvíamos a casa y me violaba una vez más, en el peor... Terminaba descuartizada dentro de una bolsa de basura que alguien echó a un basurero. No me atreví a decir nada, no quería meter la pata, él manejó en silencio durante unos minutos y luego, así como de la nada dijo:

-Ni creas que te compraré un vestido de más de un millón de dólares.

-No esperaba que lo hicieras...

-¿Y de donde sacaste el nombre de la diseñadora? ¿Lo viste en alguna revista?

-No exactamente, yo estudio... Bueno, estudiaba diseño de vestuario y ahí aprendimos sobre los diseñadores más importantes de esta década.

-Entiendo... Eso... No estuvo del todo mal- Dijo y yo suspiré de alivio- Tendremos que perfeccionar nuestra cuartada, pero hiciste un buen trabajo con esa improvisación... Así que puedes estar tranquila por ahora...

En realidad no sabía que hacer ante esa reacción así que solo asentí con la cabeza en un pequeño gesto de agradecimiento, intentando parecer segura de mi misma.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022