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Esposa de un hombre cruel

Esposa de un hombre cruel

Autor: : Anónimo...
Género: Aventura
Encontró a su prometida drogada, con el arma en mano y al amante de esta con un disparo en la espalda, incluso su abuela estuvo herida. Desde entonces, el CEO se volvió cruel e hizo de todo para vengarse de la responsable.

Capítulo 1 1

Con el disparo que resonó por cada rincón de la mansión, las empleadas se levantaron. Emma bajó rápidamente con su ropa manchada de sangre.

-Mañana cuando despiertes, tu vida será un infierno Maite Ferri, te odio con toda mi alma, espero con ansias ver cómo el odio de Marcos caerá ante ti, te odiará y aborrecerá.

Caminó hasta el auto que lo había dejado parqueado a las afuera de la hacienda, cuando estaba por irse vio el auto de Marcos llegar, suspiró aliviada que él no la encontrara.

-Pronto serás mío Marcos Heredia, sólo mío.

Marcos había salido de la mansión, como todos los días a su trabajo, pero su amigo Alfonso le había preparado una noche de despedida de soltero.

Pero Marcos no tenía ni pizca de estarse divirtiendo, estaba con el ceño fruncido y sus expresiones mostraban su estrés. Tenía un rostro de amargura al ver bailar esas mujeres para él, se sintió furioso, que ni siquiera siguió viéndolas, desvió la mirada a cualquier parte.

Por alguna razón su corazón se sintió afligido, se levantó del asiento tirando al suelo a la mujer que bailaba delante de él, sin voltearle a ver ni pedir disculpa, salió del apartamento.

La mujer sintió rabia y vergüenza, agradecía muy en el fondo que ese hombre se hubiera ido. Todo el rato estuvo amargado, ni siquiera les sonreía y ni las miraba.

Marcos llegó a la mansión y al entrar escuchó muchos gritos desesperados de sus empleadas, subió rápidamente la escaleras y al dirigirse a la habitación de Maite, encontró un hombre desnudo tirado en el suelo, una ira lo invadió, caminó a pasos rápidos hasta aquel tipo. Sus empleadas se quedaron estáticas, pues no sabían qué hacer ni qué decir, ellas escucharon el disparo y se cambiaron lo más rápido posible para llegar hasta el lugar.

Marcos se acercó y al verlo herido en la espalda, tocó el pulso y el hombre estaba muerto.

-¿Qué diablos pasó aquí? -balbuceó alzando la mirada hacia la habitación, la puerta de aquella se encontraba abierta y se sintió morir al verla tendida en el suelo, y lo peor, estaba completamente desnuda, en la mano contenía un arma, varios pensamientos cruzaron por su mente e hicieron añicos su corazón, se debatía entre Maite desnuda y el hombre muerto, y la pistola en su mano.

Tragó grueso cuando se fijó que el lado de su amada, estaba su abuela... -Abuela, al verla completamente herida, gritó en desesperación.

-¡¿Qué diablos pasó?!

Todas sus empleadas se miraron unas a las otras, hasta que una habló y dijo nerviosamente:

-No... No... No lo sé señor.

La ira lo invadió y las fulminó con la mirada.

-Cúbrela -gruñó Marcos y la empleada agarró una sábana y la tiró sobre el cuerpo desnudo de Maite.

Mientras Marcos tocaba el débil pulso de su abuela.

-Llamen a una ambulancia -pidió con angustia. Una empleada agarró el teléfono y llamó al hospital.

La ambulancia llegó tan pronto como pudo, el pulso de Elisa cada vez era más débil y la angustia invadía a Marcos, quien con sus ojos oscuros recorría la habitación y encontrando un teléfono en el suelo, lo tomó nerviosamente, aquel teléfono era de Maite, la pantalla estaba trizada al parecer había caído de algún lugar alto.

Encontró en primera pantalla un video, lo abrió temeroso, una vez visto, sintió el corazón estrujarse, observó el espectáculo de aquel hombre recorriendo el cuerpo de su amada.

Tragó grueso y se desvaneció sentándose sobre el filo de la cama, lagrimas que amenazaban con salir por la traición de Maite, las contuvo con gran esfuerzo.

Al verla desnuda sobre el piso frio, la rabia lo segó y con el corazón roto en mil pedazos, Marcos llamó a la policía.

Cuando llegaron rodearon el lugar donde el hombre estaba tendido. Recogieron el arma y el bastón con que había sido atacada Elisa para evidencia, a Maite la llevaron a prisión aun estado inconsciente, la droga la tenía aun durmiendo.

Cuando la policía se llevó a Maite, Marcos se dirigió al hospital, desde que se llevaron a su abuela, había entrado a quirófano hasta las seis de la mañana aún no salía.

Los doctores estaban haciendo lo posible para salvarla, la operación estaba saliendo bien, Elisa estaba temiendo un hermoso sueño, en él estaba su amado esposo recibiéndola con los brazos abierto y tras de él, estaba su hijo y su nuera, padres de Marcos, que habían muerto hace años.

Su nuera lloraba y Elisa secaba sus lágrimas.

-No lo dejes solo -pronunciaba Mer-. Me lo prometiste.

Elisa desde lo alto en las nubes veía a su nieto triste .

Cuando los padres de Marcos murieron, Elisa llegó al sitio del accidente y a la única que encontró con vida, fue a su nuera Mer, madre de Marcos.

‹‹-Prométeme que lo cuidaras, y que no lo dejaras solo››, fueron sus últimas palabras. Entre lágrimas Elisa asintió y desde aquel día había vivido para cuidar a su nieto. Marcos era lo único que le quedaba de su hijo, quien murió junto a su esposa en aquel accidente de tránsito.

Cuando estaban por finalizar la operación, algo sucedió, todos los doctores empezaron de moverse más rápido. Elisa se estaba yendo, usaron la máquina para traerla de vuelta una y otra vez.

La pantalla de la máquina mostraba una línea recta y un sonido que decía, que la vida de Elisa se había ido. Alfonso agarró las planchas y subió la intensidad, empezó a golpear el corazón de Elisa para traerla de vuelta. Los demás miraban y movían sus cabezas en demostración, para ellos ya era inútil: Elisa se había ido.

-Vamos Elisa -clamaba Alfonso-. No puedes irte, hazlo por Marcos.

En la sala de espera, Marcos caminaba de un lado a otro, de pronto las puertas del quirófano se abrieron y salió Alfonso, mojado en sudor se quedó estático. Marcos se acercó lentamente y con un nudo formado en su garganta, miró a los ojos a su amigo, el mejor doctor de la ciudad, con una voz aguda y tenebrosa preguntó.

-¿Todo está bien? ¿Verdad?

Alfonso movió la cabeza y este le agarró del blanco overol, con una mirada asesina y un dolor profundo en su corazón, Bramó.

-¿Dime que está bien?¿Dime que mi abuela se salvó?

En la última pregunta sus ojos se tornaron luminosos por las lágrimas que amenazaban con salir, Alfonso lo trató de calmar diciendo.

-Elisa está bien, pero... -hizo una pausa y tragó grueso.

-¿Pero qué? -preguntó furioso Marcos.

-Entró en estado de coma...

Llevando sus manos al rostro e inclinándose sintió un dolor profundo en su pecho y con vos débil pronunció.

-Es lo mismo que muerta -las lágrimas rodaron por sus mejillas, esta vez no las detuvo, eran lágrimas por su abuela, la mujer que más lo amó en la vida.

-No... -dijo Alfonso- Hay posibilidades de que despierte.

-¿Despierte? -sonrió Marcos, con una sonrisa desganado seguido dijo- ¿Cuándo? ¿Después de cinco, diez, veinte años?

-Ten fe, Marcos. Elisa es muy fuerte, tarde que temprano va a despertar -trató de calmarlo Alfonso.

Después de eso Marcos se dirigió a prisión Maite aún estaba dormida.

Se paró frente a ella, mirándole con despreció, ella se levantó aturdida, estaba teniendo una pesadilla. Abrió los ojos con asombro y lo primero que vio fue el hermoso rostro de Marcos.

Sonrió pero él estaba tan furioso que se notaba en la mirada, ella le tomó las manos de él con felicidad

-Llegó el día, amor.

Él se soltó de su agarre bruscamente y se alejó de la cama polvorienta donde estaba Maite, ella miró con asombro la actitud de Marcos, al sentarse miró para todos lados.

-Marcos ¿Qué sucede? ¿Qué es este lugar? -él volteó para verla y su rostro se tornó un color rojo destellando la rabia que poseía dentro.

Angustiada Maite no sabía qué era lo que sucedía, cuando Marcos se decidió hablar.

-¡Esto es prisión!

Capítulo 2 2

Se preguntó ¿Qué hacía ella en prisión? ¿Cómo llegó hasta ese lugar? Sonriendo y cerrando los ojos dijo:

-Es una broma, ¿verdad?

-¡No! -escupió con Irá Marcos, ella abrió los ojos y tragó grueso, jamás lo había visto tan furioso y tembló al momento de su gritó.

-¿Qué sucede? Marcos, ¿por qué te comportas así? -habló Maite temerosa.

Él sonrió con desagrado.

-Eres una cínica, ya no te hagas la víctima -gritó enfurecido.

Maite jamás había sido tratada de esa manera, sintiendo temor por la actitud de Marcos, ella no comprendía qué pasaba. ¿Por qué él se comportaba así?

Suspiró y trato de calmar a su corazón que destilaba dolor en lo más profundo.

La mirada de Marcos la aterrorizaba, ella no encontraba respuestas del por qué estaba en prisión, y siguió pensando que todo era una broma.

Tomó valor y preguntó:

-¿Qué hice? Dime -él rio con desgano-. No comprendo, ¿qué significa esto? Se supone que hoy es el día de nuestra boda ¿No crees que debemos estar en la iglesia? ¿Qué hacemos aquí?

Marcos tragó saliva y la miró con desprecio.

-¿Nuestra boda? -rio nuevamente- ¿Cas a seguir fingiendo que no sabes qué sucedió? -haciendo pausa y sacando el celular de su bolsillo dijo: -Te lo recordaré.

Puso el celular frente a Maite mostrando el video grabado, un frio recorrió el cuerpo de Maite haciendo que sintiera vergüenza de lo que estaba viendo.

Se estremeció su corazón de dolor al ver que el sueño o mejor dicho la pesadilla que ella había tenido en la noche era real, estaba grabado en un video donde ella estaba teniendo sexo con otro hombre que no era su futuro esposo.

-No, y no puede ser -escupió nerviosamente llevando sus manos a la cabeza-. Aquello no puede ser verdad, yo nunca haría eso en mi sano juicio.

-Ja... -se mofó Marcos con desprecio- En tu sano juicio tal vez no, te emborrachaste hasta el punto de perderte y te revolcaste con otro en mi casa como una zorra.

-Marcos, no me ofendas -dijo Maite con lágrimas en su ojos. Jamás, nunca nadie la había tratado e insultado, algo que hizo enfurecer más a Marcos.

-Cállate -gritó él fuertemente, e hizo una pausa-. No sólo me engañaste con otro. Si no que al verte descubierta por mi abuela la atacaste hasta el punto de dejarla en coma y luego asesinaste a tu amante.

Aterrorizada Maite por lo que acababa de escuchar se defendió.

-¡Mientes! -gritó, invadida de miedo y temor- Yo jamás lastimaría a Elisa, ni muchos menos mataría a alguien... Todo es mentira, o una broma -decía mientras llevaba sus manos a su cabeza y alborotaba su cabello-. No tengo amante -gritó desesperada esperando que Marcos le crea.

-No mientas más -esbozó Marcos con amargura apretando sus puños y sus labios contra sus dientes-. Te encontré desnuda y a él también, el video muestra lo que hiciste, eres tan p... -se tragó las demás letras y continuó- Para grabar un video teniendo relaciones con otro -Maite quería defenderse pero la voz de Marcos era más fuerte-. Además se encontró el arma en tu mano y tus huellas en el bastón con el que atacaste a mi abuela.

Maite que no podía asimilar lo que estaba escuchando, lloraba con desesperación y a la vez reía con disgusto, todo eso le parecía una broma de mal gusto.

-No... No, no puede ser cierto -decía llevando sus manos a su cabeza y rodándolas por su cara fuertemente, parecía loca desesperada esperando que Marcos le diga que todo era una maldita broma.

-Nunca te perdonaré que hayas intentado matar a mi abuela, tu padre se ha de estar retorciendo en su tumba con lo que acabas de hacer -dijo él con furia.

Lo que nunca Maite permitía era que usen el nombre de su padre para ofenderla, así que furiosa le gritó:

-¡Deja a mi padre en paz! Él no tiene nada que ver en todo lo que me acusas.

Maite reía con asombro y lloraba al mismo instante no podía creer todo aquello, sin embargo un video comprobaba lo zorra que era ella, se rehusaba a creer lo que había pasado.

-Te pudrirás en prisión Maite. Te lo juro -dijo Marcos encaminándose a la salida, no aguantaba un instante más con aquella mujer.

-¡No me dejes aquí! -gritó y corrió desesperada, aferrándose a él por su espalda, lo apretó con fuerzas mientras ríos de lágrimas rodaban por sus mejillas.

Al sentir sus manos temblorosas, y como sus lágrimas mojaban su espalda, el corazón de Marcos se estremeció; Maite lo ponía muy débil. Ella sólo era una joven de veinte años, estaba sola en el mundo, y él prometió cuidarla, pero no podía perdonar su engaño y el daño que le causó a su abuela.

Cerró los ojos, y por un instante quiso abrazarla y decirle que todo estaba bien, que trataría de solucionarlo, pero recordó que la persona que estaba en coma era su abuela, su única familia.

¿Cómo iba a perdonar lo que esa mujer le había hecho a su abuela?

Apretó con fuerzas las manos de Maite que lo sujetaban, y se soltó de su agarre. Una vez liberado la lanzó al suelo.

-¡No quiero que vuelvas a tocarme, mucho menos que me digas "amor"!, ¡puedes morir si deseas! -expresó con odio. Dicho eso, Marcos se dio la vuelta y caminó a la salida.

Maite, que estaba en el suelo se volvió a sujetar fuerte de sus piernas.

-¡Por favor! ¡Por favor, amor!, no me dejes aquí, te lo suplico -lloraba desgarradamente, su corazón estaba en agonía, sentía pánico de pensar en quedarse sola en ese lugar, y perder para siempre al hombre de su vida.

-¡Quítenmela de encima! -su grito, hizo que los policías que estaban cerca agarraran a Maite de ambas manos, para que así el señor Heredia pudiera irse.

Una vez liberado, Marcos Heredia, sin mirar atrás, aferrándose a mantener el odio en su corazón, se marchó del lugar mientras Maite lloraba y pedía que no la abandone. Cuando Marcos se marchó los policías cerraron la reja y ellos también desaparecieron.

Quedando Maite sola, tendida en el suelo y mirando a las cuatro paredes que la acompañaban. Lloró hasta que sus ojos se irritaron, sentía miedo, estaba completamente sola en un país y una ciudad que era dominada por Marcos.

Nadie la conocía, ¿quién querría ayudarla? Seguro todos temían enfrentarse al hombre de rostro amargado.

Se sintió sola como un perro abandonado, su padre había muerto y su madre hace años la había abandonado. Pero se llenó de satisfacción al recordar a su padre, porque había sido el mejor padre del mundo, nunca le faltó amor ni atención, él hacía de todo para que ella fuera feliz. Si él estuviera vivo nadie la lastimaría, ni mucho menos estaría en prisión.

Abrazó sus piernas con sus brazos y se quedó en el frío piso, recordando a su amado padre y cuánto amor le brindaba.

-Papito, ¿por qué me dejaste? -sollozaba en el suelo.

Marcos se dirigió a la mansión, de camino el teléfono de Maite sonó con un mensaje de Emma que decía "¡Lo siento, cariño! No podré estar presente en tu boda, pero prometo estar en la fiesta. ¡Mi vuelo se retazo!". Marcos apretó con fuerzas el teléfono quiso lanzarlo pero lo guardo para la evidencia no descansaría hasta hundir en prisión a Maite.

Al llegar vio cómo sus empleadas despendían cada arreglo que llegaba a la mansión, pasó de largo sin voltear a ver a nadie. Todos recogieron sus cosas cuando Marcos lanzó el enorme pastel al suelo.

-¡No hay boda! ¡Desaparezcan de mi hacienda! -dicho esto entró y se dirigió a la sala, sacó una botella de whisky y empezó a beberla sin parar.

Pasó toda la tarde bebiendo, perdido en sus pensamientos del porqué había sido tan estúpido en enamorarse de una mujer, juró nunca más amar a nadie.

-Mi corazón estará muerto, Maite, como un día te lo prometí -murmuraba con la lengua pesada.

Por la noche Emma llegó y sonrió con placer al ver que no había nada en la mansión, cuando las empleadas abrieron ella esbozó unas palabras de asombro y preocupación.

-¿Qué sucedió? ¿Por qué no hay nada aquí? -las empleadas dieron la vuelta y se marcharon, ellas no eran quién para hablar de lo que había sucedido, y más Emma no era de su agrado.

Al ver la actitud de las empleadas Emma sintió rabia, pero dejó pasar ya que estaba feliz por haber logrado su cometido.

Entró a la sala y encontró a Marcos sentando con la cabeza inclinado nombrando una y otra vez a Maite.

-Marcos, ¿estás bien? -preguntó Emma-. ¿Qué sucedió? ¿Por qué estás así y borracho? -Marcos rio de lo borracho que estaba- ¿Y Elisa con Maite dónde están?

Cuando Marcos escuchó el nombre de Maite se paró y empujó a Emma en el sillón, agarró su cuello y lo presionó rechinando los dientes.

Capítulo 3 3

-Nunca más vuelvas a nombrar a Maite en esta casa y en ningún otro lugar -al soltarla la mujer se quedó tosiendo, y comprendió cuánto odio sentía Marcos por Maite.

Sonrió sin que él lo notara, pidió disculpas aunque no sabía que había sucedido. Después de eso Marcos se desplomó cayendo sobre el mueble, estaba exhausto de tantos tragos.

Emma pidió ayuda a las empleadas para que suban a Marcos a su habitación. Estaba pesado como una piedra, entre todas lo pudieron llevar, lo recostaron en su cama y salieron. Quedándose Emma dentro se sentó a un costado de Marcos, lo miraba y suspiraba. Empezó acariciándolo, besando su cuello y desbrochó su camisa, tocó sus firmes músculos, se arrimó a él y al excitarse bajó su mano hasta el miembro de Marcos. Al darse cuenta de que éste no estaba nada excitado enfureció y más cuando en su borrachera nombró a Maite.

Maldijo a Maite en sus adentros, apretó los puños con fuerzas. Esa mujer se había metido en el corazón de Marcos y al parecer no había salido con todo lo que hizo. ¡O, bueno, lo que ella hizo para que creyeran que Maite fue! Salió furiosa de la habitación, dejando a Marcos como estaba.

Al día siguiente él despertó con una resaca, encontró su camisa desbotonada, no le dio importancia y se metió a la ducha. Tenía un olor desagradable y un rostro como si no hubiera dormido por años.

Al bajar encontró a Emma en el comedor, su estómago se relajó al ver la comida que estaba sobre la mesa, dio la vuelta y salió sin saludar a Emma.

Cuando Emma quiso decir algo Marcos dio la vuelta y se marchó, apretando los puños se dejó caer en la silla. Perdida en sus pensamientos se preguntaba: ¿cómo iba hacer para enamorarlo? El hombre si ni siquiera la volteaba a ver.

Ese día Marcos se dirigió al hospital, luego iría a prisión, aquel día Maite iba a ser juzgada. La prensa estaba que ardía, la boda anunciada por el hombre más importante de la ciudad había sido cancelada. Una sola llamada de Marcos hizo que todos los de la prensa pararan de publicar cosas de él, las televisoras no dieron noticias acerca de los hechos. Todos los fans de Marcos Heredia querían saber por qué ya no se casaría con la hermosa Maite.

-Maite Ferri, tienes que llamar a un abogado -dijo el oficial, ella tenía los ojos hinchados e irritados; había llorado toda la noche.

Regresando de sus pensamientos perdidos preguntó con su vos débil:

-¿Acaso en este país no hay abogados de defensoría pública?

-¡Sí, lo hay! -dijo el oficial- Pe... pero... -pausó, tragó grueso y continuó- Nadie quiere enfrentarse al señor Heredia, así que el teléfono le espera para que llame a alguien del extranjero. Su juicio es en la tarde.

Ella sintió un nudo en su garganta, pero a paso vacilante se dirigió al teléfono pensando en quién llamar. Llamaría a sus amigos de París, pero ¿a quién? Todos eran universitarios. Llamó a Emma pero ésta no respondió.

Recuerdos se vinieron a la mente de Maite, Emma había estado esa noche, ella podría saber qué pasó en realidad.

Volvió a llamarla y esta vez si respondió.

-¿Em? Soy Maite -dicho esto la mujer del otro lado del teléfono se quedó en silencio-. ¿Em, estas ahí? -preguntó Maite.

-¡Si! Aquí estoy -respondió Emma.

-Tienes que ayudarme -su voz era de tristeza, sentía una gran impotencia, además de que estaba perdida sin saber qué ocurrió-. ¡Estoy en prisión!

-Sí, ya lo sé -respondió la mujer del otro lado del teléfono-. ¿Cómo pudiste hacerle eso a Marcos? ¡Eres una zorra! No quiero volver a saber de ti nunca más -dichas esas palabras Emma cortó la llamada.

Maite se dejó caer sobre el asiento que estaba cerca del teléfono, ni su amiga quería ayudarla. Sintió como sus ojos se llenaron de lágrimas, quería gritar, pero suspiró y ahogo el grito en su garganta.

Estaba Marcos en el hospital viendo el cuerpo de su abuela tendido en esa cama sin poder moverse, ni siquiera abrir los ojos. Por un instante recordó a Maite y su cara de tristeza se llenó de rabia y odio, esa mujer había destruido su vida su familia, cómo fue tan tonto en querer formar una vida con ella.

Después de visitar a su abuela se dirigió al juzgado, el juicio de Maite estaba por empezar, él jamás permitiría que quedara libre de toda culpa, era imposible, las pruebas mostraban que Maite era una asesina y traicionera.

Llegó y se sentó a la espera que empiece, con el ceño fruncido miró con desdén cómo traían esposada a Maite. Sus miradas se cruzaron, él le lanzó una mirada de desprecio mientras la mirada de Maite era temerosa.

Se sentó en el lugar de juzgamiento y al no ver un abogado a su lado, rio con disgusto.

-¡Increíble que en este país me juzguen sin abogado! -lo dijo en voz alta que todos escucharon.

-Silencio -dijo el Juez-. ¡No tiene derecho a hablar aún! -el abogado de Marcos mostró todas las pruebas encontradas, más que el video había un arma que contenía las huellas de Maite, incluso el bastón con el que fue atacada Elisa tenía sus huellas.

-¡Qué hable la acusada!- Dijo el juez. Por un momento Maite se quedó en silencio, segundos después respondió -¡Soy inocente! ¡necesito un abogado!-, su voz se quebró y de sus ojos descendieron ríos de lágrimas que corrían por sus mejillas. Escuchadas las palabras de Maite, nadie en la sala dijo nada, solo la mirada oscura de Marcos se direccionó a ella.

El juez observó al hombre de rostro amargado, y con firmeza llevó la mano al martillo y vociferó -Mostrada todas las pruebas de la parte acusada, se encuentra la culpabilidad de Maite Ferri y se condena a 60 años de prisión-. Satisfecho Marcos se levantó de la sala de juzgado y procedió a Salir.

Con sus ojos llenos de lágrimas y la voz agónica, Maite gritó -Un día te arrepentirás de lo que has hecho, te juro Marcos Heredia, que el día que te des cuenta que soy inocente y vengas arrepentido te aborreceré.

Al escucharla, Marcos se detuvo en seco y dio grandes pasos para acercarse a ella. Todos los ahí presentes miraron con temor a Marcos, puesto que era un hombre sin escrúpulos, no le importaba herir ni lastimar a quién fuera que se metiera con su familia. Una vez que se paró frente a ella, esperaba verla temer, no obstante, a pesar de que Maite mantenía los ojos llenos de lágrimas, no bajó la mirada.

-¿Me estás amenazando?- Preguntó con desdén, y dada una sonrisa de dicha dijo -¿Acaso no escuchaste al juez? Pasarás 60 años en prisión por asesina y lastimar a mi abuela y todavía tienes la osadía de decir que me aborrecerás-. Marcos crujió los dientes y presionando el rostro de Maite Masculló -No creo que me aborrezcas más que yo, te desprecio y maldigo el día en que te conocí, escucha bien niña tonta, saldrás cuando tengas 80 años y eso sí es que lo permito porque si mi abuela muere. La horca te espera.

Maite sentía su corazón amilanarse, miraba con asombro al hombre de rostro perfecto delante de ella, ¿acaso ese era el hombre del que ella se había enamorado? ¡No! No podía ser él. Por supuesto que no, el Marcos que tenía enfrente a ella era despreciable y arrogante, déspota y vengativo, era tan diferente a su Marcos. El hombre noble, bondadoso, cariñoso que conoció ¿A dónde había ido su Marcos? Porque el que estaba delante de ella era otro, definitivamente se lo habían cambiado.

Con un nudo saturado en la garganta sollozó.

-Te amé como nunca había amado a nadie, me entregué a ti por amor porque creí en tus palabras de amor ¿Y así me pagas?- Ríos de lágrimas rodaban por sus mejillas.

Sonriendo de medio lado Marcos replicó.

-No te obligué, tu quisiste, así que no vengas hacerte la víctima, porque tus lágrimas no me convencen. ¿O será acaso que quieres que pague por tus servicios?- Terminada esas palabras Maite golpeó con su rodilla la hombría de Marcos.

-Cobarde ¡Qué decepción! Te creí un verdadero hombre, pero ya veo que eres un completo cabron. Si Elisa escuchará estoy segura que se avergonzaría de ti.

Terminado de hablar, Maite se dirigió por el mismo lugar donde la sacaron.

-Alto ahí-, gritó Marcos enfurecido, sus ojos negros mostraban una mirada oscura llena de odio y venganza. Una vez que se recuperó del golpe, se acercó a Maite violentamente y la arrastró hasta él.

-Pagarás por esto. Abre la puerta- dijo al oficial, agarrando a Maite y jalándole a un rincón de un espacio cerrado, le arrancó su overol de prisionera y ardiendo en deseos, Marcos la arrimó a la pared.

-Suéltame-, suplico ella con un dolor infinito en el pecho. No obstante, Marcos parecía no escuchar razones, estaba segado por el odio y la ira, deseaba cobrarle a Maite su traición y lo sucedido a su abuela, que vaya a prisión no le era suficiente, el quería verla llorar y suplicar, y aunque lo hacía, no la escuchaba.

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