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Esposa del feo millonario

Esposa del feo millonario

Autor: : Gi Dominguez
Género: Romance
Brianna, quería el dinero de Bienvenido. Decide ser la secretaria del Ceo, encontrandose con un hombre con el rostro lastimado y feo. Ignora su apariencia, omitiendole un detalle importnte: es la esposa de su hermano. Ella cae en sus propias redes de mentira,sintiendo algo por Bienvenido.

Capítulo 1 1

-Entonces ¿vas a salir con él? -pregunta.

-Si -explico, salgo del coche, estoy rodeando el vehículo para entrar a la empresa, pero él me lo impide.

Me toma de la cintura, y cierra la puerta. Estamos los dos solos en el pasillo oscuro. No habíamos entrado por la puerta principal, y Bienvenido, no me deja ni siquiera pensar. Apoya su mano derecha de mi mejilla, y me levanta el rostro en dirección a sus ojos.

-¿De verdad vas a seguir con este juego? -pregunta, acercándose a mis labios y mirándome de arriba a abajo.

-¿Q-qué juego?

-Quiero devorarte ahora Brana, deja de fingir que no te afecta mi cercanía, se que se te moja la ropa interior...

-N-no...

Quiero que me bese, quiero que pase mil cosas a la vez en ese momento, pero no puedo.

-No quiero nada de ti -explico, y me alejo. Pero él me lo impide.

Me aprisiona contra la pared, puedo sentir su cuerpo cálido en contra del viejo. Se siente tan bien, su pierna, se coloca entre medio de la mía, y yo, no puedo evitar sentirme extasiada.

Levanta mi largo vestido, con tanta ansiedad que me estremece. Sus manos cálidas, tocan mis frías y descubiertas piernas. Gimo, cuando sus dedos acarician mi tela de encaje rosa pálido. Mis piernas se abren más para él, y le digo:

-P3néntrame..

-A sus órdenes hermosa.

Lo dice de forma tan ronca, me besa el cuello. Succiona con fuerza y cierro los ojos, apoyo ambas manos en su espalda, abrazándolo con fuerza a mi pequeño cuerpo. Toca mis pliegues con sus dedos, hasta que encuentra mi punto débil y gimo.

-Oh...

Me muerdo los labios y él se separa un poco de mí, para mirarme y acerca sus labios a mis pechos, no tenía bra. Quería saber cómo se sentirían mis duros pezones en sus labios carnosos, y la curiosidad no duró demasiado. Tomó uno, succionando con fuerza pero sin lastimarme.

-Mas... -pedí desesperada, estaba tan placentera que me asustaba.

-Que bien sabes ¿abajo como será?

-¿A-abajo? -pregunto tartamudeante.

Se pone de rodillas, abre mis piernas y desplaza a un lado mi ropa interior. Su lengua sin demora, recorre mis labios vaginales. Cierro los ojos presa del placer que me está dando, tomo su cabeza con mis manos. Lo empujo para que me succione más fuerte.

-Oh...

Él sigue entretenido con mi vulva, succiona y explora. Pero no se conforma, mete unos dedos mientras muerde con cuidado mi botón. Mis piernas enteras tiemblan, hasta que no puedo soportarlo más. Me vengo, el saborea mi sabor, saca su p3ene y me hace el amor en el medio del pasillo, aún con mis piernas temblorosas.

Unos meses antes...

Con inercia, el cuerpo de Bienvenido se desplazaba ágilmente por el largo pasillo. No solo habían arruinado su asistencia con el nombre, sino también con un accidente que le había dejado el rostro marcado. Se había ocultado de la sociedad durante mucho tiempo y, a veces, ni siquiera sabía cómo tratar a las personas. No era lo que él quería, sino que así había sido su triste destino.

Miró con nostalgia el cielo, que le parecía más maravilloso que nunca. La ciudad parecía brevemente despejada, los vehículos no se movían con tanta frecuencia. Observó con recelo aquella invitación. Su tío misteriosamente lo había llamado. Nunca había tenido contacto con él más allá de un encuentro familiar frustrado. Tomó su abrigo y se embarcó en una aventura desconocida.

Al llegar a la gran mansión, miró todo con recelo, pero también con empatía. Sabía que el anciano seguramente estaba solo. Aunque siempre se había preocupado por él, le molestaba que nadie más se hubiera preocupado, y su última discusión había sido sobre llevárselo a la ciudad, a lo cual su tío Leonardo se había negado.

"¿Hola, cómo estás?" saludó Bienvenido. "Mi tío me ha pedido que te vea".

"Por favor, sígueme a la habitación".

El abogado indicó dónde ir, y él siguió sus instrucciones. Al llegar, observó con curiosidad que su tío no estaba, sino alguien desconocido.

"Disculpe, ¿quién es usted?", preguntó Bienvenido.

"Soy el abogado de la familia de Leonardo", respondió el hombre. "Falleció hace un mes".

"¿Qué? ¿Y por qué nadie me avisó?", preguntó enojado.

"Así lo quiso él. Así lo creemos nosotros, los empleados. Después le entregaré sus restos", explicó el abogado.

"Ese viejo siempre fue así. Malhumorado, cascarrabias. Y no fue capaz de avisarme que se había muerto", murmuró Bienvenido, molesto.

-Necesito que te sientes y dialoguemos sobre esto...

Fueron las palabras que escuché ¿Por qué mi tío me ha dejado como único heredero? Siempre supe que le importaba, pero no entiendo cómo pudo decidir no repartir su herencia. Me pregunté en silencio, sin entender por qué fui el único elegido. A pesar de vivir lejos y no tener hijos, él decidió que yo fuera el único heredero. Como resultado, ahora me convertiré en el nuevo CEO de la empresa. No pedí nada de esto, además, no suelo socializar con nadie. Me dieron la bienvenida y me dijeron que era el único heredero. Me advirtieron que si no asumía la responsabilidad, todo lo que él construyó con tanto esfuerzo a lo largo de los años se perdería. Pero no es mi culpa, ¿por qué tengo que hacerme cargo de algo que no me corresponde? Tal vez no, pero mi tío confió en mí lo suficiente como para dejarme todo. No puedo creerlo, pensó con desgano. Lamentó la situación y se dio la vuelta. No podía creer que su tío cascarrabias, incluso después de su muerte, le hubiera dejado tanta responsabilidad. Pensó que eso sería algo bueno para él. Maldijo en voz baja mientras caminaba por los largos pasillos de la casa, observando cada rincón y dándose cuenta de que tendría que trabajar mucho para mantener todo en orden.

-Y lo harías, simplemente porque adoraba a tu tío, aunque no lo demostraras abiertamente. Durante años, ibas a visitarlo todos los días, incluso cuando eras adolescente y te escapabas de la escuela para ir en bicicleta a verlo.

-Yo... no quería heredad todo.

Narrador.

No había podido viajar durante el último mes debido a que estaba enfermo y bastante deprimido. Se vió al espejo, contemplo la imagen de un hombre extraño, con una cicatriz que atravesaba cada extremo de su rostro. Sus ojos azules se perdían, uno ligeramente más claro que el otro, como si estuvieran invisibles.

"Me odio", protestó mientras seguía adelante y subía a su vehículo.

Una semana después, ya era parte de la administración de la empresa como CEO. Sin embargo, preferia que ningún empleado le viera. La única excepción era su secretaria, quien, a primera impresión, se había asustado.

"Gracias, Lucía. Puedes retirarte", comentó mientras revisabas los papeles. "Con permiso", respondió Lucía, desapareciendo.

De repente, escuchaste la voz de Lucía diciendo:

"Señor, no puede entrar así", y al prestar atención, te encontraste con tu hermano menor.

"¿Cómo puede ser que Leonardo te haya dejado todo? Él también era mi tío", protestó tu hermano.

"Hola, hermanito, qué gusto verte", comentaste con sarcasmo.

"¿Para qué quieres tanto dinero? Dame un poco a mí", dijo tu hermano.

"¿Necesitas algo?", preguntaste siempre atento.

"Quiero dinero", afirmó tu hermano.

"¿Para qué? ¿Para comer? ¿Para comprar alcohol o algo peor?", replicaste.

"Cállate, yo no consumo nada de eso", comentaste tambaleándote.

-No podés ni siquiera estar de pie, ¿cómo podés sentarte?

-No quiero mi dinero, esa factura me correspondía a mí, no a ti -gritó.

-Entonces díselo al tío Leonardo, ah, pero está muerto -comentó- y se dio la vuelta con su silla.

-Claro, como tú lo visitaste todos los días para poder cobrar su herencia.

-Odio esta herencia, ¿quieres toda mi responsabilidad? Te la regalo. Deja de ser un niño y compórtate -comentó sin verlo.

-Date la vuelta. Eres un cobarde. Bienvenido -suspiró- y quiero la silla de ruedas.

- Vete -comentó.

Capítulo 2 2

-Dame algo, no tengo ni para comer.

-Entonces te llenaré la heladera, pero no te daré dinero, y no se te ocurra vender los alimentos que te mande a tu departamento, el cual es mío -comentó.

-Entonces tengo que agradecerte que me hayas dado el departamento en el que estabas. Claro, total, tú te fuiste a una mansión -comentó enojado.

-¿De verdad me vas a estar haciendo esas tonterías? Por favor, vete -comentó con desgano, y él puso los ojos en blanco.

-Eres un idiota -comentó su hermano, desapareciendo de la oficina.

Suspiro se cansaba muchas veces de tener que soportar a su hermano, pero era la única familia que tenía. Él lo había criado desde que era un pequeño niño, ya que sus padres habían muerto en un accidente automovilístico. Se llevaban 10 años exactamente; él tenía 30 y su hermano 20, pero el mismo no había querido estudiar ni trabajar, solo estar en adicciones. Suspiro suspiró y nunca, después de aquel accidente, había tenido una mujer, y en parte había sido culpa de su hermano. Pero nunca lo culpó. Acarició con el dorso de su mano aquella línea gruesa y grotesca, se mordió los labios, molesto con el triste destino que le había tocado. Tenía partes quemadas en el cuerpo y aquella línea gigante en la cara. Algunos niños se asustaban y le decían que parecía un monstruo. Cómo nadie

Nadie apreciaba lo que él podía ser, solo lo veían como un monstruo que los aterraba y los hacía correr a sus casas. Se había acostumbrado a la soledad y al encierro, y en parte por eso visitaba siempre a su tío Leonardo. Por otro lado, Esteban miraba con una sonrisa a su esposa Briana, coqueta, elegante y con un traje minúsculo que apenas le cubría el cuerpo. Se puso de pie.

-Entonces, ¿te dio algo de dinero? -preguntó Brianna.

-No, cariño, cómo espero. Ya verás cómo lo conseguiremos. Lo dejaremos sin nada .

-¿Y eso cómo sería? -preguntó sin verlo mientras se pintaba las uñas.

-Con tu ayuda, cariño.

-¿Tienes un plan? -preguntó Briana levantando una ceja.

-Claro que sí, con tu ayuda recuperaré todo lo que es mío .

-¿Tu hermano no sabe que estás casado, verdad? -preguntó .

-Claro que no, eso es mi secreto, y ahora tú serás parte del plan -murmuró con una sonrisa-¿Por qué? ¿Porque yo haría algo así? -preguntó .

-Porque eres mi esposo, y si quieres que sigamos teniendo dinero, vas a tener que hacer algo.

-Está bien, ¿cuál es tu plan? -preguntó.

-En primer lugar, hay un puesto libre de secretaria. Al parecer, la que tiene bienvenido está por dar a luz.

-No sé qué estás pensando, pero estaré dentro -comentó Briana con una sonrisa.

******

-No puedo creer que te estés por marchar, María. Ha pasado tanto tiempo desde que eres mi secretaria.

-Lo sé, pero me tengo que tomar esta licencia por el bebé -comentó.

-Bueno, cualquier cosa que necesites, sabes que cuentas conmigo -comentó bienvenido.

-Usted es un señor increíble. Deje de preocuparse por las apariencias -comentó María.

-Lo sé, y sé que tengo que ver a mis nuevos empleados.

-Tranquilo, conseguí una secretaria que al parecer es muy buena en su trabajo. Ha sido recomendada incluso de varios lugares. Dentro de media hora va a aparecer. Espero que se lleven bien.

- Gracias, puedes retirarte.

María se fue y en parte se preocupaba por Bienvenido, a pesar del corto tiempo en el que habían estado trabajando. El estaba nervioso. Hacía mucho tiempo que no entraba en contacto con ninguna persona, hasta que la puerta fue golpeada y él dejó de temblar.

-¡Pase! -medio gritó.

-Hola, soy Briana -comentó con una sonrisa coqueta.

Tenía puesto un diminuto traje que le marcaba muy bien su cintura. Sus piernas eran largas y musculosas, sus brazos delgados y el valle de sus senos se notaba.

Capítulo 3 3

-¿De verdad vienes vestida así? -preguntó, con la silla girada.

-¿ Disculpe? -preguntó.

-Parece que vas a bailar. Tienes que venir un poco más recatada -comentó Bienvenido.

"Por primera vez vi el rostro de mi jefe y me quedé paralizada. Me dio bastante impresión ver aquella línea cruzando sus ojos, aunque pude percatarme de los bonitos ojos que llevaba, de la mandíbula cuadrada, de los labios entreabiertos. Y por primera vez en toda mi vida, me sentí extraña. Contrólate, Briana", pensó.

-Soy Briana, un placer venir y verlo a usted.

-Es la primera vez que me dicen algo así. Siéntes.

-¿De verdad le molesta cómo me visto? Si quieres, me puedo quitar esto.

-¿Acaso estás proponiendo quedarte desnuda?

-No, solo cambiar de ropa -murmuró y se rió falsamente.

-Dígame, ¿cuál es su experiencia como secretaria? -preguntó Bienvenido.

Briana, después de narrarle su experiencia y mentirle en bastantes cosas, finalmente convenció a Bienvenido.

-Entonces, bienvenida a trabajar conmigo -comentó Bienvenido.

-Gracias, usted es muy amable -respondió Briana mientras se ponía de pie.

-¿Necesita algo más? -preguntó Bienvenido.

-No, es solo que no sé dónde voy a trabajar -dijo Briana.

-Tiene el escritorio en la parte de afuera -respondió Bienvenido.

Briana frunció las cejas.

-¿Un escritorio afuera? ¿Acaso no voy a tener una oficina privada? -preguntó Briana.

-Porque usted solo contesta las llamadas y organiza mis papeles -murmuró Bienvenido.

Pero luego reflexionó, no podía mostrarse prepotente ante ella.

-Gracias por su buena predisposición -comentó Briana, contorneando las caderas y saliendo por la puerta.

Bienvenido suspiró. No había sido tan malo el primer encuentro con una mujer. Incluso era bonita y al parecer había estado coqueteando con él. Sin embargo, apartó esos pensamientos. No podría estar con nadie, puesto que ninguna mujer lo había considerado atractivo.

Adriana estaba analizando a su jefe, viendo sus debilidades y la manera de poder conquistarlo. Era una experta en eso. Había estado con muchos millonarios y les había robado el corazón a cada uno de ellos. ¿Cuál sería la diferencia con este?

-Te enamoraré, cariño -comentó con una sonrisa coqueta.

-¿Necesita algo más, señor? -preguntó Briana cansada. Eran las 9 de la noche y lo único que quedaban eran los dos.

-No, puedes retirarte -respondió Bienvenido.

Briana se puso de pie y se acercó a él, rodeando el escritorio.

- Puedo ayudarlo a relajarse, lo veo tenso -comentó Briana de manera coqueta.

-Estoy bien -respondió Bienvenido sin mirarla.

-¿De verdad? -preguntó Briana inocentemente mientras se acercaba a él. Depositó sus pequeñas manos en los hombros gruesos de Bienvenido, quien abrió los ojos con sorpresa.

-Te dije que estaba bien -comentó Bienvenido, intentando quitar sus manos, pero se detuvo al sentir las caricias que Briana le proporcionaba, lo cual lo relajó al instante.

Briana, sintió los músculos debajo de sus pequeños dedos; con cuidado, masajeó el área de la espalda, y los dos se quedaron en silencio. Bienvenido sintiendo las caricias de Su secretaria, cerrando los ojos y disfrutando.

-Le gusta así -murmuró cerca de su oído, rozando sus labios con el óvulo

-Me encanta -ronroneo Bienvenido.

-Me alegra, Yo solo quiero ser muy eficiente en mi trabajo -comentó dando un doble sentido.

Bienvenido, comprendió las intenciones de Briana.

-¿Y cuáles serían sus intenciones para que yo este conforme? -preguntó curioso.

-Lo que usted me pida -dijo, en un susurro, el cual fue llevado su oído.

-Si quieres puedo mostrarme -comentó, se había comenzado a excitar, era una mujer guapa. Su voz muy sensual le había erizado la piel.

Briana sin dudarlo un segundo, se puso delante de él, abrió las piernas, y sonrío

-Tóqueme -pidió, y él la miró con atención.

-Entonces... usted va directo al grano -comentó.

-Lo sé, entonces ¿quiere o no? -preguntó divertida.

-Quiero, pero no debo -comentó y después añadió: - Usted es una mujer muy hermosa, tiene que hacerse respetar un poco más.

Briana, quedó con el rostro desencajado, nunca ningún hombre le había dicho algo así

-¿Disculpe? -preguntó molesta.

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