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Ex esposo paralítico

Ex esposo paralítico

Autor: : Gi Dominguez
Género: Romance
Brianna, es abandonada en el altar. Eduardo, queda ciego y ya no puede verla, además de poder caminar junto a ella. Con el corazón roto, Brianna decide dejar de amarlo. Busca limpiar sus lágrimas en otro hombre. Sin embargo, Eduardo tiene un secreto, del motivo de su abandono ¿Brianna podrá perdonar a Eduardo?

Capítulo 1 Capitulo 1

Narrador.

Lo miró asombrada, y en ese instante se molestó.

-¿Cómo puedes ser tan egoísta y pensar solo en ti..?

-Brianna...

-De tus hijos, ¿qué hay de mí?

-Es lo que quiero pero no lo haré Briana.

-Por un momento pensé que harías eso. Como la película y...

-No, me quedaré contigo hasta el final, pero no quiero ser una carga. En algún momento me iré, y lo haré. Porque no quiero que me veas de esa manera.

-No... no permitirá que te vayas -comenté presa del dolor y lo abracé.

Brianna.

Nos dieron el alta, Eduardo, se encontraba en el jardín, le habían cambiado de la silla de ruedas. Tenía de esas que apretaba un botón y se podía desplazar. Lo que ocurre es que con una sola mano no podía llevar a la silla de ruedas. Tampoco avanzar del todo. Para él de esta manera era un poco más cómodo.

-Papá -comentó Emma.

Se subió sola su regazo y lo abrazó con fuerza. Él, la sostuvo con la mano derecha. Acarició su mejilla.

-¿Cómo estás mi niña mayor?, ¿cómo se encuentra tu hermano..? Lo cuidaste.

-Sí... Aunque lloro mucho en la noche papá, no me deja dormir. Quiero mi habitación sola.

-Tienes razón, tienes que tener tu habitación sola. Ya eres grande. Mañana nos levantaremos temprano. Iremos a comprar todo para tu habitación de grande, y para que tengas una cama.

-¡Sí, me hace muy feliz! le diré a mamá.

Emma, corrió atravesando la casa hasta llegar junto con su madre. Le comentó la noticia, ella lo miró con agradecimiento.

Eduardo se dio la vuelta, está observando hacia afuera. Le encantaba apreciar los colores de la naturaleza, quería aprovechar hasta el último de sentirse en parte vivo.

Al día siguiente. Ya se encontraron en una mueblería, comprando todo lo necesario y la decoración. Briana estaba entusiasmada, y Eduardo eso lo hacía sentir feliz.

Por ese motivo, se encontró observando la pared, viendo de reojo, que de alguna manera tal vez él se encontró así, frío y triste. Sin embargo, Briana no lo dejaba pensar en cosas tristes.

Cada vez que lo veía con el semblante así, iba corriendo lo tomaba de la mano y lo hacía bailar alrededor de ella.

Eduardo, se desplazaba a su alrededor y ella giraba.

-¡Baila mamá, baila..! -comentó Emma, y Briana sonreía.

Se sintió feliz junto con Eduardo a pesar de todo.

-Amor, quiero mostrarte algo -dijo Briana y empezó a buscar algo en su teléfono.

Eduardo le prestó atención, sin embargo fue más a Briana que al teléfono. Se quedó perdido en la belleza de su mujer, lo bonito que se ven sus ojos brillantes; en la sonrisa que tenia en el rostro.

-Mira, encontré esta fecha para nuestro matrimonio. Es dentro de un mes ¿te gusta la fecha?, no hace frío para esta época, y...

-Me parece perfecto Briana, serás la novia más bonita del mundo.

-Quiero algo sencillo. Quiero que hagamos la fiesta, en la casa del campo que compramos.

Habían comprado una casa del campo, Eduardo la naturaleza, y Briana había aparecido una buena idea para hacerlo.

-Ya luego me parece genial, es un lugar muy bonito.

-Lo es, imagina casarnos al borde del río, eso sería bonito.

-Es un lago Briana.

-Lo que sea, no sería muy tierno...

-Lo sería. Y más si estás tú, serías la novia más linda.

Ella sonrió, y lo abrazó cambió un beso de los labios. Cada día era un ajetreo.

Briana tenía que buscar no solo su vestido como si no la decoración, y todo lo que conllevaba.

-Briana ¿no quieres contratar mejor un servicio que se dedique a esto?

-Yo... quería preparar todo pero es muy difícil -Protestó Briana después de una semana de estar viendo todo para la boda.

-Yo me encargo no te preocupes -comentario Eduardo, y llamó a sus contactos.

Dos días más tarde, tenía todo preparado, y Briana se lo agradeció a Eduardo.

No solo tenía las tareas de buscar cosas para la boda, si no aún seguían siendo madre de una de un bebé muy pequeño. Aún sostenía su cuerpo con ayuda de su madre.

Briana está dando el pecho a su hijo cuando vio el vestido perfecto. Era sencillo, pero era precioso. Entusiasmada, los encargo, al igual que todas las decoraciones de su cabello el peinado se lo haría Melisa.

Así que ahorrarían eso aunque sea.

-No me interesa ahorrar Briana, cuando yo me muera todavía tendré dinero.

-¡Cállate..! deja decir que te vas a morir -lo regañó Briana.

-Pero es la verdad, en algún momento ya no estaré Briana.

Ella puso los ojos en blanco, y le corresponde otra taza de café a Eduardo para que se pudiera llamar. Eran las 6 de la tarde y estaban merendando. Había buscado a Emma del jardín, había comenzado su primer año.

Y el bebé, se encontraba dormido junto a ella.

-Extraño, dame doble café -protesto bri.

-Das el pecho al bebé no puedes.

-Tú no me dejas hacer nada -protestó y Eduardo se rió divertido.

-Y tú pareces una niña malcriada.

Briana puso los ojos en blanco, siguió mirando más cosas para la boda.

Al llegar la noche, Briana recostó a Emma y Eduardo, ayuda a recostar al otro bebé. Emma ya dormía sola en su habitación, había estado muy entusiasmada con la idea, y se había adaptado rápidamente. Eduardo al llegar, le dio un beso en los labios a Briana, juntos durmieron.

tuUn mes después..

Brianna

Cuando finalmente llegó el día de la boda, Briana estaba sumamente nerviosa.

Se mordió los labios. Caminaba de un lado al otro.

-Te vas a arruinar el peinado -la regañó su amiga, y ella asintió divertida

-Estoy bien, ¿no se me quitó el maquillaje ni nada de eso?

-No, estás perfecta, ahora por favor deja de moverte.

-Es que estoy muy nerviosa, solamente quiero estar perfecta para él.

-Lo vas a estar Briana. Solamente tienes que quedarte quieta.

Brianna Asintió. Minutos más tarde, caminó hacia el altar. Su vestido blanco, resplandecía ante el sol. Muchos espectadores, la observaron con ansias. Melissa, orgullosa sostenía entre sus brazos a su sobrino.

Al llegar, con una sonrisa observó al novio. Pero la misma se desvaneció, al ver el semblante serio del novio.

"¿Acaso se arrepintió?", pensó y su ceño se frunció.

-Brianna... no puedo.

Brianna abrió los ojos con sorpresa.

-¿Qué cosa no puedes..?

-No puedo verte Brianna. No veo nada con... mis ojos.

Nota de autor: La historia de Brianna y Eduardo continúa, sino leiste la primera parte no pasa nada, iré complementando los dos libros en este nuevo. Muchas gracias

Capítulo 2 2

Briana.

No puedo creerlo. Me acerco a él, sin poder comprender sus palabras. Sostengo su barbilla y veo que, efectivamente, sus ojos no me están viendo.

"¿De qué me estás hablando?", le pregunto confundida, sin querer aceptar sus palabras.

"No... puedo verte", repite.

En ese instante, mi corazón se encoge.

"Amor, no puede ser cierto", murmuro mientras comienzo a llorar.

"No puedo ver", comenta, y enseguida escucho a alguien decir "ambulancia".

Supongo que es para él, pero todo a mi alrededor se desvanece y solo quiero concentrarme en una cosa: Eduardo.

Era algo que no podía creer en ese instante. Pensé que era solo una fantasía de mi mente, pero no, era auténtico. ¿Cómo no escuchaba mis palabras, Eduardo?

"Tienes que escucharme", murmuro en voz baja, pero él no responde.

Simplemente siento que se ha desvanecido en la silla de ruedas. Se ha convertido en algo catastrófico. Pronto la ambulancia llega y lo llevan entre dos personas. En ese momento, no puedo ver otra cosa más que el dolor de ver a Eduardo sufrir.

Pronto llegamos y lo llevan en una camilla. Está inconsciente, lo observo con preocupación, sin poder imaginar qué destino nos espera.

"¿Amor?", pregunto en voz alta, pero él sigue inconsciente.

Nos derivaron a una habitación donde lo examinan.

"¿Qué ha ocurrido?", me pregunta el doctor.

"Nos estábamos por casar y él dijo que no podía verme", comento entre lágrimas.

"Tiene que calmarse, es parte de su enfermedad", responde el doctor, intentando tranquilizarme.

Pero me siento muy triste por él. Sé que está sufriendo y no puedo hacer nada para ayudar.

"Tranquila, lo revisaremos y te estaremos informando cualquier noticia", dice el médico.

Me pongo de pie y espero en el pasillo. Alguien que caminaba frente a mí se detiene y levanta la vista. Era Agustín.

"¿Agustín?", pregunto confundida.

"Briana", responde asombrado. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos.

"¿Cómo has estado?", me pregunta Agustín.

"He estado bien", respondo.

"Bueno, estabas bien", agrego con voz seca.

"¿Y qué ocurrió? Oh estás vestida de novia", comenta Agustín.

"Pensé que dirías eso antes de preguntarme cómo estaba", murmuro con voz seca.

"¿Y qué ocurrió?", insiste.

"Él dijo que no podía verme", respondo.

"Lo lamento mucho", comenta Agustín.

"Y no sé qué me dirán , pero no creo que sea algo bueno", murmuro, llena de miedo.

"Tienes que confiar, quizás solo sea algo temporal y no sea nada grave", dice Agustín, intentando consolarme."Así que tranquila, sabes que aún puedes contar conmigo", murmura.

"Estoy comprometida con él", respondo.

"No hablo de eso, sino que puedes contar conmigo como un amigo, y lo sabes", aclara Agustín.

"Gracias", digo.

Capítulo 3 3

"Tengo que seguir trabajando", comenta.

"Gracias por preocuparte", añado.

"Va a estar todo bien, acuérdate", comenta Agustín, pero yo no me siento muy convencida.

Sabía que la enfermedad de Eduardo era progresiva, pero no me imaginaba cuánto. Me habían dicho que a Eduardo le quedaba poco tiempo de vida, y me dijeron que lo de la vista no era nada grave, pero ahora tenía que ver a los doctores para obtener más información.

Quería una respuesta, que alguien me dijera en qué estado se encontraba mi futura esposo. Llamé a Melisa y ella me dijo que tenía a mi hija. Mi madre tenía a mi bebé. Suspiré de alivio, lo único que faltaba era que, en medio de todo el apuro, no me hubiera dado cuenta de eso. Un poco cansada, cierro los ojos cuando una voz me despierta.

"Señorita Briana, soy el doctor Alem", dice.

"Hola, doctor, ¿tiene alguna novedad?", pregunto, sintiéndome impotente y con el corazón destrozado por la noticia. Era algo que no podía creer, y mucho menos imaginar.

"¿Él podrá ponerse bien?", pregunto.

"Él está bien, solo tiene eso, aunque sé que es algo grave".

"No puedo dejar de creer esto, me siento tan vacía y triste por él. Siento que no se merece algo así", comento con dolor.

El doctor se marcha y yo me pongo de pie para ingresar a la habitación. El número 8 está frente a mis ojos. Empujo la puerta, bastante cansada y sin saber qué esperar del otro lado. Eduardo está despierto y, en cuanto entro, desvía su rostro hacia mí. Pero sé que no puede ver nada.

En parte, eso es cierto. Sentía tristeza por él, sabía que no podría verme y eso generaba una gran responsabilidad para mí, pero no me importaba. Yo lo quería y, a pesar de todo, estaría allí para él. En ese instante, recordé todas las veces en las que él estuvo a mi lado, a pesar del sufrimiento y de todo. Él seguiría siendo el amor de mi vida. Con esos recuerdos en mi mente, estoy aquí, comento, y él me observa.

"Hola, Briana", dice.

"¿Soy Briana para ti ahora?", pregunto divertida.

"Lo lamento, cariño. Solo que me siento muy mal, soy un inútil. Ahora ni siquiera voy a poder ver", dice.

"No eres un inútil. Eso es lo que la situación te llevó a ser. Era algo que teníamos previsto", respondo.

"No puedo creer que haya ocurrido tan rápido", comenta con los ojos llenos de lágrimas, y no puedo evitar sentirme mal por él.

"Amor, sabes que siempre estaré aquí para ti", comento, y él me dice:

"Briana, quiero divorciarme de ti de verdad".

"Ni siquiera nos hemos casado", comento.

"Lo sé, pero no quiero que nos casemos", responde.

"No... puedes decir eso", comento con dolor.

"Sí puedo hacerlo, y lo estoy haciendo", dice.

"No otra vez. ¿No quieres protegerme de nuevo?

" Esta vez no es por ti", comentó, y me quedo perpleja.

Me tengo que sentar para no desmayarme.

"Entonces, ¿por quién?", pregunto.

"Es por mí, quiero ser una carga para ti, y eso me pone mal", responde.

"¿Una carga para mí?, nunca lo serías", digo con dolor.

"Quiero estar presente en la vida de mi hija, pero no quiero que me mires con lástima, como lo estás haciendo ahora", dice.

"Yo no te miro de esa manera", replico, y él llega a decir:

"Te pido que te vayas".

"Por favor... ", y yo de cerca, me quedo sentada. "No me iré, porque soy...", empiezo a decir, pero él interrumpe:

"No eres nadie para mí", comenta en tono seco, y yo abro la boca y la cierro. Si no me quería allí, entonces me iría.

Enojada, tomo mi cartera y salgo de la habitación. Pensé que habíamos cambiado y que estaríamos juntos.

Con lágrimas en los ojos, me quedé en el pasillo del hospital. Llamé a Melisa.

"Mel..", dije con voz entrecortada. Melisa preguntó:

"¿Otra vez no quiere que estés con él?".

"Él dice que no quiere ser una carga para mí", respondí con tristeza.

"Pero esa es una decisión que tú tienes que tomar", dijo Melisa.

"No sé, pero bien, dile tú, porque a mí no me hace caso", comenté llena de dolor.

"Déjalo tranquilo, seguro que con el tiempo se le pasará", afirmó Melisa.

"¿Cómo está mi hija?", pregunté.

"Está perfecta. Y tú, ¿cómo estás?", respondió Melisa.

"Mal. Pues... mi futuro esposo ya no me quiere de nuevo, y encima no puede ver", expresé con pesar.

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