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Falso amor

Falso amor

Autor: : Sam007
Género: Romance
Los dos son deportistas. Los dos quieren escapar. Los dos son solteros. Los dos odian a su familia. Los dos están solos en el mundo. A los dos los unió el destino. Ella: Asmática, tímida, vulnerable. Él: Rebelde, solitario, violento. ¿Qué pasará cuando los dos descubran lo mucho que necesitan al otro? ¿Fingir estar juntos? Un plan que cambiará sus vidas para siempre, y sus sentimientos de manera irremediable.

Capítulo 1 Los accidentes no existen

Energía, eso se sentía en el aire. Los dos la sentían, nerviosos miraban hacia la multitud expectante que los vería. Ella, asmática, casi al punto de no poder respirar. Él, molesto debido a su interminable lucha en contra de su familia, a la cual no aguantaba.

Los competidores se colocaban en la línea de salida para enfrentarse a su destino, a las suficientes yardas que los esperaban.

El silbato sonó, y todos comenzaron a correr intentando que el corazón no se les saliera por la garganta.

Para ella lograrlo era muy difícil, su asma le impedía hacer mucho esfuerzo, pero su voluntad la impulsaba a ir por más. Para él era una tarea simple, pero su rebeldía lo obligaba a ir en segundo lugar, a pesar de que sabía que podía ganarle al chico que corría delante de él.

En el ambiente se escuchaban los alientos de la multitud, que luego de unos segundos se podía sentir el ritmo que provocaban sus gritos y exclamaciones.

A ella le recordaba a una canción con la cual entrenaba, lo que hizo que acelerara el ritmo y que su respiración mejorara, en resumen, le generó la confianza que le faltaba. A él le recordaba a todas sus peleas, lo que hizo que se mareara por los diversos malestares emocionales que le traían esos eventos pasados y como resultado, comenzó a bajar la velocidad.

No se parecían en casi nada excepto en una cosa: los dos querían escapar de la vida que les había tocado vivir.

Ella quería explorar el mundo sin que nadie la frenara, por eso había elegido correr carreras escolares. Él quería escapar de su familia y ser libre, correr lo hacía sentir vivo y en libertad.

Dentro de sus cabezas, resonaba un ritmo pegadizo acompañado de un leve "¡Oh!", era uno de esos momentos de la vida los cuales pareciera que suceden con música. Poco a poco se iban acercando entre ellos, y acercándose a la meta.

Segundo y tercer lugar, nada mal para ser novatos.

A punto de pasarlo, ella aceleró su ritmo, pero su asma volvía cada vez más fuerte, quitándole el poco aire que alcanzaba a aspirar.

Él al ver esta situación comenzó a acelerar, pero no podía, estaba cansado debido a que la noche anterior no había descansado bien debido a que su padre le había golpeado la cabeza con una puerta por "accidente" y su ojo había quedado morado.

Restregó este con su mano izquierda e intentó pasar a la joven. Pero no lo lograba, y eso le molestaba, no quería ser pasado por una chica quien además era menor que él, se balanceó suavemente hacia ella dándole un empujón. Ella inmediatamente tropezó y cayó al suelo, pero con esto también lo arrastró a él debido a que tomó su pechera para no caerse, pero al contrario, él cayó encima de ella.

El público al ver esta escena exclamó un "Auch", mientras todos se levantaban de sus asientos expectantes a ver lo que sucedería. Mientras que los dos yacían en el terroso suelo, ella sin poder respirar, él completamente shockeado.

El joven comenzó a escuchar la sonora y desesperada respiración de la muchacha, lo que hizo que reaccionara de inmediato y se quitara de encima, ya habían unas cuantas personas a su alrededor.

-Ey, tranquila -intentó calmar la respiración de la joven-. Traeremos ayuda, ¿sí?

Ella no podía obedecer, estaba desesperada por aire, y lentamente su vista se iba nublando.

***

Abrió sus ojos lentamente y se encontró con un cielo blanco, hecho de cemento, y unos pétalos azotando su rostro, los cuales alejó de forma vaga.

Miró al frente y se encontró con unos ojos cafés los cuales la miraban fijo, por lo que frunció el ceño confundida.

Él la miraba y seguía preguntándose porque había tenido la necesidad de ir a verla al hospital. Ella negó confundida, sin entender qué había sucedido, cuando el sonido de la puerta la obligó a mirar a su izquierda.

-Muy bien, señorita Taylor, al parecer despertó con compañía -exclamó el doctor, un hombre canoso y de baja estatura-. Sólo tuvo un accidente asmático, le sugiero que no entre en pánico ni situaciones estresantes al menos en los próximos días. Esa caída la asustó bastante, parece -sugirió con aire divertido.

Ella sólo le sonrió al hombre y volvió su mirada hacia el joven.

-Entonces... les dejaré tiempo para hablar -dijo, luego de ver la intensidad con la que los dos adolescentes se miraban, sin entender ni un poco la situación en la que estaban.

-Sí, gracias -contestó ella sin quitar su mirada del chico-. ¿Quién eres? -preguntó cuando el médico salió de la sala.

-Callum, Callum Scott -contestó él, sintiéndose un poco incómodo-. Me gustaría saber tu nombre, si no es molestia -prosiguió, metiendo sus manos en los bolsillos de sus desgarrados jeans.

-Olivia Taylor -contestó, frunciendo el ceño-. ¿Tú fuiste el que me empujó en la carrera? -preguntó un poco molesta, luego de recordar la razón por la cual estaba en ese hospital.

-Sí -contestó él, alzando sus cejas y encogiéndose de hombros-. Por eso vine a verte... Pero me sorprendió ser el único que lo ha hecho -la miró expectante.

-Mis padres se ocupan mucho de su trabajo... y mi hermano vive a dos ciudades, un ataque de asma es un asunto poco importante, especialmente si me ocurre a mí -explicó con desinterés, lo cual sorprendió a Callum.

-¿No te molesta contarle eso a un completo extraño? -rió extrañado.

-¿No te molesta ese ojo morado que tienes? -preguntó la chica interesada, con las cejas en alto.

-Problemas familiares... mis padres aman a mi hermano y me odian a mí. A veces mi padre se pone un poco violento conmigo -explicó, intentando no tener un ataque de rabia.

-Esto es extraño -rió la joven.

-Sí, nunca soy tan...

-Honesto con alguien que no conoces -completó la frase la adolescente-. Lo sé, yo tampoco -soltó una risita incómoda.

-Qué accidente tan peculiar -sonrió él.

-Los accidentes no existen -habló ella de manera pensativa, haciendo que él la mirara fijamente.

-En realidad, no es que no te haya visto antes, siempre te veo entrenando en la pista, o leyendo en la biblioteca -habló Callum, rompiendo el silencio.

-Sí... yo siempre te veo tomando el autobús en la parada frente a la escuela, o escuchando música bajo los árboles del jardín mientras todos estamos en clase -los dos rieron.

Un portazo interrumpió su conversación. Una mujer alta y delgada, con un peinado extravagante y vestido negro ajustado, entró a la habitación como si fuese la estrella de un show.

Con exageradas acciones, se arrodilló al lado de la chica.

-¡Hijita! Me alegro tanto de que estés bien, estaba MUY preocupada -sollozó falsamente, antes de notar la presencia incómoda de Callum-. ¿Y... tú eres?

-Callum Scott, señora Taylor -sonrió falsamente el joven, estrechando la mano de la mujer.

-Como el cantante... -murmuró la chica para sí misma.

La mujer ignoró completamente al chico y siguió actuando como si le importara la joven que estaba recostada en la camilla. Olivia miró con sufrimiento al chico, para volver la mirada hacia su madrastra.

Él, Callum, entendió que era hora de irse, saludó a la chica con su mano sin decir ni una palabra y se marchó de allí.

Al otro día, ella ya estaba en casa, durmiendo tranquila. Él no lo estaba, estaba en el banco de un parque cercano a su hogar, con el uniforme escolar puesto y sus útiles a su lado, durmiendo no muy cómodamente. Una pelea con sus padres debido a su escapada al hospital y ya tenía que dormir fuera de su casa.

O más bien, él lo prefería así.

Sintió que su celular sonaba y lo atendió enojado y con desgano, su padre lo insultaba, él solo se limitó a dejar el aparato en el viejo banco y dirigirse al instituto.

Ella despertó, sintiendo el suave aroma a tostadas que provenía de la cocina, la cual estaba al lado de su habitación.

Se levantó adormilada y se vistió con su falda a cuadrillé y su camisa, zapatos y corbata. Se maquilló levemente, con tonos claros como siempre hacía, pero para remarcar sus ojos utilizó un delineador negro, el cual hacía contraste con sus ojos miel, recogió su flequillo con un broche y dejó su cabello suelto, el cual era color avellana.

Se dirigió a la cocina y desayunó junto a la ama de llaves, sus padres no se despertaban para saludarla, y eso que entraban al trabajo sólo quince minutos después que ella. Saludó a su empleada y se dirigió al colegio.

Corrían, los dos lo hacían, si llegaban tarde deberían pasar dos horas en detención luego de clases. No es que él no tuviera detención igual, lo habían descubierto en el jardín en horas de clase.

Para ella, un sólo castigo era la perdición, sus padres odiaban que ella llegara tarde a casa.

Se cruzaron en la entrada y alguien los tomó de sus mochilas.

-¡Alto ahí! -se escuchó una voz gruesa y ronca-. ¿Tarde de nuevo verdad, Scott? -preguntó el hombre.

-Sí -contestó Callum de manera seca.

-¿Y tú cómo te llamas, princesa? -prosiguió el adulto con desprecio y arrastrando sus palabras.

-Olivia Taylor -contestó tímida e insegura la chica.

-Bien, los dos a detención luego de clases, no tendrán tiempo para almorzar y no me interesa si se desmayan de hambre -explicó, para luego soltarlos y empujarlos para que siguieran su camino.

Él se dirigió maldiciendo a su curso, era su último año de secundaria, pero sus 17 años no le alcanzaban. Ella se dirigió asustada al suyo, tenía sólo 15 años y se sentía encerrada en su clase, nadie era como ella.

Se sentía tan anormal.

El timbre sonó, agudo y puntual a las 12:30 de la mañana, marcando la salida de todos los estudiantes, todos excepto ellos.

Qué casualidad que ellos han sido los únicos con detención ese día.

Capítulo 2 Detención

Olivia entró nerviosa y asustada a la sala de detención, allí estaba el hombre de la voz ronca y gruesa que la había frenado hacía unas horas, era el único encargado de hacerle la vida imposible a los estudiantes, le encantaba castigarlos y molestarlos, era una persona completamente desagradable.

Un hombre de unos 35 años, moreno con algunas canas y ojos también negros.

El hombre la miró con una sonrisa intimidante y ella se sentó rápidamente en un pupitre, el día estaba frío y húmedo, llovía a cántaros afuera.

Olivia buscó en su bolso y sacó su celular para avisarle a su madre que llegaría tarde pero alguien le arrebató el móvil de sus manos, alzó la vista y se encontró nuevamente con esa penetrante mirada.

-No se permiten celulares -sonrió siniestro y volvió a su escritorio. Ella lo miró con odio y se acomodó en su asiento.

Él no llegaba aún, estaba fuera del colegio, sentado en la parada del autobús, pensando a dónde ir, no tenía ningún lugar excepto la detención.

Se encogió de hombros y tomó su mochila para colgarla de su hombro. Caminaba por los vacíos corredores donde el silencio resonaba en cada rincón, encontró la sala correspondiente y giró el pomo de la puerta, abriéndola.

Quedó completamente helado al verla allí, pensó que lo más probable sería que se salvara del castigo o que lo pasara por alto. Pero no, ella estaba sentada en el tercer banco de la fila que estaba frente al escritorio del profesor Norman, como odiaba a ese hombre, le hacía la vida imposible cada vez que tenía la oportunidad.

Caminó a paso decidido hasta sentarse en el cuarto pupitre de la primera fila, la chica apenas lo miró, estaba... ¿completando tareas? Callum frunció el ceño y rio.

-Iré a buscar café, una sola palabra y se las verán conmigo -amenazó Norman y se marchó. Olivia apenas alzó su mirada y pegó un salto cuando el hombre dio un portazo.

Ella volteó la cabeza lentamente y lo miró, su cabello oscuro y corto pero no demasiado, sus ojos café oscuros pero había un brillo especial en ellos, un brillo que Olivia no podía describir.

Él arqueó una ceja y sonrió, lo que provocó que la joven volteara nuevamente nerviosa.

-Gracias... gracias por las flores -agradeció dudosa.

-No hay de qué -contestó extrañado el muchacho, no muy seguido alguien le agradecía algo-. ¿Estás mejor? -preguntó.

-Sí -dijo Olivia casi en un susurro-. Tú no lo estás por lo que puedo ver -dijo y dio vuelta su banco, mirando hacia él.

-¿Qué te hace decir eso? -dijo riendo nervioso.

-Bueno... no soy una experta leyendo gente, pero... sigues teniendo ese ojo morado, estás mojado y estancado aquí conmigo por dos horas -explicó la chica mirando al suelo, la ponía nerviosa mirar a la gente por mucho tiempo, más si eran chicos.

-Mi ojo ya está bastante mejor, no me importa estar mojado y créeme que he estado aquí más de dos horas y muchas veces con personas muy insoportables -contradijo-. ¿Piensas que te odio o algo así? -rió.

-¿Sí? -habló la chica, dudosa.

Él solo se limitó a soltar una carcajada, mientras la chica fruncía el ceño molesta, odiaba que la gente se burlara de ella.

Se quedó mirándolo fijo con odio, mientras golpeaba suavemente el banco con cada una de sus uñas, las cuales cuidaba como si fuesen oro, cubriéndolas siempre con el mismo tono de azul brillante, el cual le daba a su estilo un toque infantil o juvenil.

Cuando Callum dejó de reír la miró y se sorprendió por su expresión, preocupado iba a disculparse pero lo dudó. ¿Por qué tanta necesidad de ser amable con esa chica?

Era un problema resuelto, ya la había visitado en el hospital y le había dado un hermoso ramo de rosas rojas, el cual tuvo que robar, debido a que sus padres no le daban dinero nunca y lo habían despedido de su trabajo de tiempo parcial en la cafetería cercana a su hogar.

Además, no quería una tonta niña de 13 años detrás de él, sí, él pensaba que Olivia tenía 13, cuando en realidad tenía 16.

Pero antes de que pudiera hablar, se abrió nuevamente la puerta, el "profesor siniestro" había vuelto.

Miró a la chica con odio debido a como estaba situado su banco, se acercó a ella y violentamente lo acomodó, haciendo que ésta se golpeara con el pupitre de al lado. Pero se aguantó el dolor con un leve quejido.

-¿Piensas que puedes desobedecerme? Solo porque seas una inmadura que pinta sus uñas con colores ridículos y usa maquillaje barato, no quiere decir que puedas hablar cuando no estoy, y menos si es con Scott -habló de mal talante-. No tienes chance con él, a él le gustan las lindas, no sé si te has mirado a un espejo.

Ella lo miró, frunciendo el ceño, aguantando las ganas que tenía de soltarle un escupitajo.

-Por hablar cuando dije que no lo hicieras -siguió diciendo el profesor abusivo-, tendrás detención todo lo que queda de la semana y me burlaré de ti todos los días. No puedes maquillarte así mientras estés en mis detenciones. ¿Entendido? dijo Norman con desprecio mirándola a los ojos, mientras apretujaba la muñeca de la chica contra el banco.

Ella se sintió humillada, sus ojos se volvieron llorosos, pero lo único que hizo fue quitar su muñeca de las garras del hombre con un hábil movimiento y tomar sus cosas para salir sin decir ni una palabra.

Se sentía estúpida, caminaba por los pasillos a paso rápido, tomó su inhalador para el asma y lo usó. Al parecer ésa era una de las situaciones estresantes que el médico le había advertido.

Caminó hasta la puerta principal y estallando en lágrimas silenciosas, se sentó en las escaleras del porche escolar. Su muñeca le dolía y su humor era el peor, si se dirigía a su casa todo iba a empeorar, sus padres le dirían algo parecido a lo que el profesor le había dicho.

No lo podía creer, una semana entera en detención con ese maniático quien además, se burlaría de ella de la misma forma que hacía unos minutos, encima que tal vez habría otros estudiantes en los próximos días.

Miró sus uñas, mientras las lágrimas de frustración le nublaban la vista, tenía frío debido a la lluvia, pero su abrigo al parecer lo había olvidado. Cerró sus ojos intentando pensar en otra cosa y se apoyó en la pared.

Él, por otro lado, se había quedado helado. El profesor se había pasado con la chica... decirle todo eso era simplemente cruel, la niña parecía ser buena. A pesar de que hacía unos momentos, Callum había tenido la intención de ser malvado con ella.

Notó que su abrigo se había quedado en el banco, cuando el hombre volteó, él lo sacó del banco y rápidamente lo guardó en su bolso, se lo devolvería luego, si es que alguna vez la volvía a ver.

Norman sacó una caja de cigarrillos y comenzó a fumar, caminaba de un lado para el otro mientras repetía su diálogo a carcajadas. Al joven le dio asco, él no era la mejor persona del mundo pero Norman... él se pasaba en estúpido.

-¿Quieres uno, Scott? -preguntó con desagradable simpatía el hombre de ojos oscuros.

-¿Desde cuando me ofreces algo? -dijo el chico con tono desafiante pero de forma vaga.

-Bueno... insultar a esa niña me puso de buen humor, no se encuentra a un animal tan indefenso todos los días -explicó con satisfacción y le lanzó un cigarrillo al estudiante, el cual lo atrapó con agilidad.

Se lo puso en la boca y lo encendió.

[...]

-Bien, Scott, ya pasaron las dos horas. Puedes retirarte -dijo con su falsa simpatía el profesor.

Él tomó su mochila y se levantó de su pupitre sin decir ni una palabra, había fumado por un largo rato y se le había impregnado el olor a humo. El día seguía nublado, y en ese pueblo los días oscuros aterraban a la población, pero a él no.

Salió del edificio y miró a una esquina, Olivia estaba ahí, sacando el esmalte de sus uñas con odio mientras murmuraba cosas que Callum no podía entender.

Se acercó cauteloso hasta que se situó a su lado, al ver que la chica no notaba su presencia, se sentó y la miró muy de cerca, de tan cerca que cuando la chica volteó quedó asustada y a unos pocos centímetros de distancia de él.

-¿Qué haces? -tartamudeó la joven, mirándolo con los ojos bien abiertos. Él por poco no ríe nuevamente, la chica era muy tímida e insegura, eso le causaba gracia y hasta un poco de ternura.

-¿Qué haces tú aquí todavía? No me digas que te enfrentarás a Norman, eso es suicida para una chica como tú -dijo el chico alzando sus cejas, luego de ver cómo la niña fruncía el ceño.

-No puedo ir a casa y olvidé mi abrigo -contestó de manera fría, recordando como él también se había burlado de ella.

-Toma -dijo gentil, mientras buscaba la prenda entre sus cosas, se la entregó. Olivia lo miró confundida-No le hagas caso a Norkan... es un idiota -dijo, en un intento de consolarla.

-Já, además de decirme que soy fea e inmadura hará que mis padres me castiguen -contestó indignada-. ¿Por qué tienes tanto olor a humo? -preguntó, frunciendo el ceño nuevamente..

-Estaba fumando -explicó, encogiéndose de hombros-. Ahora... ¿quieres que te acompañe a algún lado? -ofreció amable, tenía curiosidad hacia la chica.

-No tengo ningún lugar adonde ir -contestó frustrada-. Si voy a casa, mis padres me castigaran como un mes... es por eso que tengo que inventar alguna excusa para llegar tarde durante toda la semana -dijo y reposó su cabeza en su mano mientras que su codo estaba apoyado en su pierna, bufando.

-No lo sé... diles que estás saliendo con un imbécil que tiene la necesidad de verte luego del colegio durante toda la semana y que no puedes fallarle -recomendó burlón.

Ahí fue cuando la chica abrió sus ojos desmesuradamente, el chico había encontrado la solución a todos sus problemas.

-¡Esa es una excelente idea! -exclamó impresionada y emocionada.

-Es la peor idea del universo... -replicó el chico frunciendo el ceño-. ¿Quién creerá que una niña de 13 años tiene novio? -rió divertido.

-Tengo 16 -contestó molesta Olivia, aunque un poco avergonzada, nunca había tenido novio ni besado a nadie. Se sentía toda una perdedora.

-Ah... entonces puede que funcione -sonrió vago.

Ella se levantó de su lugar y se puso su abrigo. Él la miró por primera vez, la miró como lo que realmente era, una adolescente... con problemas y frustrada, eso le hacía recordar a él mismo.

Sonrió, mientras la chica se alejaba y observaba todo su cuerpo de arriba abajo.

Olivia volteó una última vez y entre toda la lluvia y el frío, se limitó a saludarlo con la mano y a esbozar una reluciente sonrisa.

Capítulo 3 Una mentira inocente

Olivia sacó las llaves de su bolso, las cuales estaban amarradas a una enorme colección de llaveros. Sus manos temblaban y sudaban, no sabía bien cómo les diría a sus padres su "inocente mentira".

Porque, pensándolo bien, no les gustaría mucho la idea de que su "pequeña" tuviese un novio.

Entró a su hogar y sus padres la esperaban al pie de la escalera.

-¿Dónde has estado? Tuvimos que hacer el almuerzo nosotros, se supone que lo harías tú -dijo severa su madrastra.

Olivia tomó aire para decirles la gran mentira.

-Estaba con mi novio, lo siento -contestó de forma inocente. La joven era muy buena mintiendo.

-¿Novio? -preguntó extrañado su padre, un hombre alto y musculoso, de cabello corto y castaño, sus ojos eran iguales a los de su hija-. ¿Desde cuándo tienes uno?

-Desde la semana pasada... pensé que se los había dicho -dijo, actuando confundida.

-¡Entonces deberías invitarlo a casa algún día! -exclamó entusiasmado el hombre-. Ya que es el novio de mi pequeña...

-No lo sé, papá -intentó evadir la sugerencia de su padre-. Nos quedaremos luego de clases toda la semana, debemos hacer un trabajo, es por eso que llegué tarde.

-Pero entonces, ¿quién hará el almuerzo? -interrumpió histérica su madrastra.

-Tranquila, Jess, lo haremos nosotros. Total, es solo una semana -la tranquilizó su esposo-. Pero me gustaría conocer a este chico, invítalo a cenar algún día de la semana -sugirió entusiasmado-. Vengan directamente desde el colegio. Luego de estudiar o hacer lo que tengan que hacer en la escuela, por supuesto -dijo con una mirada suplicante.

-Cla... claro. Veré lo que puedo hacer -tartamudeó petrificada, no sabía como lo haría.

-Genial -terminó la conversación la mujer mayor con una amplia y falsa sonrisa en su rostro.

Olivia se dirigió a su dormitorio, intentando idear un plan y dándose cuenta de que el profesor Norman se había quedado con su celular y no lo volvería a ver hasta mañana, o tal vez nunca más.

Se desplomó en su cama y posó ambas manos en su frente, sentía como si le subiera la fiebre. Estaba perdida, no tenía escapatoria, excepto que...

**

Callum se levantó de la escalera de cemento y se dirigió a su casa, azotando la puerta al entrar y escuchando el fuerte ruido de la televisión resonar por toda la habitación.

Su padre, mirando fijo al aparato, ignorando completamente a su hijo menor. Su madre, cocinando asustada, temía que una pelea se desatara entre su esposo y su hijo.

Ella amaba a Callum, pero el chico casi no hablaba con ella, solo se encerraba en su cuarto y lo veía en la cena o el almuerzo, era un joven muy cerrado.

Callum se sentó a ver televisión al lado del viejo. En el aparato pasaban un programa sobre relaciones, el Sr. Scott parecía muy entretenido, pero su hijo no, bufó y levantó las cejas aburrido.

Su padre lo miró y señaló el electrodoméstico con un gesto de cabeza, el joven lo miró sin entender.

-¿Ves? -preguntó con su ronca voz.

-¿Qué cosa? -dijo confundido y disgustado el chico.

-Eso es lo que tendrías que hacer. Tener una novia de verdad, no esas que traes a la casa por una sola noche y tienen nombres que ni se pueden pronunciar -contestó severo el viejo escritor-. Porque en las historias de amor, el final feliz no llega teniendo a cinco chicas a la vez.

-Tengo novia papá -replicó en un ataque de rabia, pero luego recapacitó y se dio cuenta de que esa era una gran mentira.

-¿Ah, sí? Dime el nombre -ordenó.

-O... Olivia -obedeció, diciendo el primer nombre que se le vino a la cabeza.

-Entonces tráela a casa, me gusta su nombre -sugirió firme.

-Veré lo que puedo hacer... -contestó preocupado. No sabía qué le diría la joven cuando le pidiera que se hiciera pasar por su novia para que su padre, por una vez, estuviese orgulloso de él.

Porque, sinceramente, ella no se parecía ni un poco a las chicas con las que generalmente salía.

[...]

Ella estaba haciendo garabatos en su cuaderno mientras el profesor explicaba, intentaba idear la forma de pedirle a Callum que se hiciera pasar por su novio, ya que él había sido el culpable de casi todo lo que le había pasado, además de que no sabía cómo hablarle a otros chicos.

Una chica se le acercó, pelirroja de ojos verdes y nariz respingada, tenía el cabello atado en una larga trenza que le llegaba hasta la cintura. Se sentó frente a Olivia y la miró con una sonrisa a lo que ella levantó la mirada.

-¿Qué sucede, Stefi? -preguntó extrañada.

-Te vi con él -sonrió pícara la chica de cabello como el fuego.

-¿Con quién? -arqueó la ceja.

-¡El chico que provocó el accidente en la pista! -exclamó tan fuerte que algunos se voltearon y comenzaron a molestar a Olivia.

-Lo siento -murmuró, cuando todos los otros callaron y siguieron en sus asuntos-. Pero... ¿por qué te vi con él? Digo, ¿qué hacían juntos?

-Nada... solo le agradecí por haberme visitado en el hospital... y por las rosas que me dio -dijo, poniéndose completamente colorada.

-¿Rosas? -preguntó la pelirroja emocionada y con los ojos bien abiertos.

-Sí, no es nada romántico Stef, solo lo hizo por educación -intentó no darle importancia.

-Está bien. Pero si sucede algo con él, sabes que me tienes que contar, somos amigas desde los cinco años -le recordó-. Y sabes que no diré nada, además de que me encantaría que estuvieras con un chico, eres muy hermosa, solo te falta el chico -sonrió.

-No sucederá nada -aclaró firme-. Tranquila, yo siempre te cuento todo -le devolvió la sonrisa a su amiga.

-¿Entonces hoy vendrás a casa después del colegio? -cambió de tema la pelirroja.

-No puedo... -contestó avergonzada.

-¿Por qué? -preguntó Stefi, confundida.

-Debo ir a detención durante toda la semana -explicó apesadumbrada.

-Oh, entonces será el fin de semana -sonrió emocionada-. Hay una fiesta que dicen que será lo mejor y tú tienes que estrenar ese conjunto que te compraste la última vez que fuimos de compras -le guiñó un ojo, a lo que Olivia le respondió con una sonrisa tímida.

Ese día tenían entrenamiento, por supuesto que era luego de detención, así que tendrían tiempo de hablar más tranquilos allí.

Pero a pesar de saber esto, Callum buscaba desesperado por los pasillos a la chica, aunque lo disimulaba diciéndole a su mejor amigo que debía encontrar a la entrenadora.

-Callum, tranquilo, la verás en el entrenamiento -exclamó cansado el rubio de ojos caramelo que lo seguía.

-Lo sé, pero necesito hablar con ella -contestó el moreno mientras miraba hacia todos lados.

-¿Desde cuando necesitas hablar con la entrenadora? -preguntó extrañado.

-Está bien -bufó él, frenando y volteando a ver a su amigo-. No estoy buscando a la entrenadora.

-¿A quién buscas? -dijo insistente el chico.

-A una chica -explicó-. Pero si dices algo, te asesinaré, ¿sí?

-Guau, alguien captó la atención de Callum Scott -sonrió burlón-. ¿Quién es?

-Nadie que te interese, Charles -evadió la pregunta-. Además, luego lo sabrás... murmuró incómodo.

-¿Va a entrenamiento? -insistió y Callum asintió-. Está bien, me la mostrarás o sino comenzaré a preguntar -amenazó divertido.

-Lo sé -rió él.

[...]

El profesor Norman caminaba de un lado al otro, vigilando cada movimiento de Olivia, buscando alguna razón por la cual burlarse de ella. Había unos cuantos estudiantes más, Callum incluido, pero no podían hablar. Más bien, no querían ningún problema.

Olivia se había quitado el esmalte de sus uñas y el maquillaje, y solo estaba esperando al momento preciso para sacar su teléfono del escritorio del desagradable encargado, ya sabía en qué gaveta del escritorio estaba guardado.

Ahora solo estaba terminando los garabatos que había empezado en la mañana, le entretenía crear dibujos abstractos con ellos.

Callum estaba masticando un chicle de forma desagradable, lo que hacía cuando estaba extremadamente aburrido, pero no quitaba su mirada de la chica ni por un segundo, pensando en cómo podía pedirle ese gran favor de hacerse pasar por su novia.

Su mejor amigo, Charles Peterson, también estaba allí, nada más que dormía profundamente, haciendo que sus ronquidos resonaran por toda la sala.

Norman se acercó a él y le dio un golpe con un libro en la cabeza, a lo que Charles reaccionó con un exagerado salto. Se acomodó en su asiento y limpió su saliva, la cual se había desbordado por su boca y caído un poco a su pupitre.

Se cruzó de brazos molesto mientras fruncía el ceño. Callum no pudo evitar soltar una carcajada, Norman rió por lo bajo y todos los otros rieron por un rato.

-¡Silencio!-gritó con furia el profesor-. Peterson, tendrás otro mes en detención, tú también, Scott -los señaló con el libro que tenía en la mano. Bajó su mirada hasta llegar a Olivia, buscando algo que decirle-. Y tú... niña tonta -la llamó, ella levantó la mirada y lo observó firme.

-¿Sí, profesor? -contestó con una sonrisa falsa a pesar de sentir un terror inmenso dentro de ella.

-Esos garabatos son horribles y estúpidos. Me recuerdan a ti -contestó arrastrando sus palabras y con asco. Todos los otros alumnos se echaron a reír.

Callum lo miraba serio, en serio le molestaba que la tratara así. Pero lo que más le molestó fue ver esos ojos llenos de lágrimas, lucían mucho más hermosos cuando ella sonreía.

Borró esos pensamientos de su cabeza negando mientras fruncía el ceño. Olivia bajó la mirada y siguió dibujando.

Los minutos pasaron más rápido luego de eso, Norman salió del curso anunciando que el castigo había terminado, todos corrieron a la puerta, excepto por él y ella.

Ella corrió al escritorio y abrió la segunda gaveta de la derecha, extrajo su celular y salió corriendo hacia el entrenamiento. Él, al ver esto, la siguió de cerca.

Llegaron a la pista y todos estaban allí, se reunieron con el grupo, pero ninguno podía quitar su mirada del otro.

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