Muchas veces tenemos que establecer límites en la vida, pero ¿cómo luchar contra la corriente y no morir en el intento? Puede que en algún momento la vida te presente una tercera oportunidad para amar.
A mis casi 50 años aún me siento joven. Con esto no quiero decir que soy un adolescente, pero siento que me hicieron falta muchas cosas por vivir.
Parado frente al gran ventanal de la tienda, viendo hacia la calle, pienso en si estaré haciendo bien, en seguir con todo esto. Mientras la voz de mi conciencia pide a gritos que me aleje, mi corazón hace totalmente lo contrario. Esto me impulsa a seguir adelante.
No me di cuenta por cuanto tiempo me encontraba perdido en mis pensamientos, sino hasta que la chica de la tienda llamó mi atención.
-Señor, ya todo está listo. -informa con una hermosa sonrisa.
-Muchas gracias. -devuelvo el gesto mientras esta me hace una seña para que la siga.
Al llegar a la caja verifico que todo se encuentre en orden y que mi pedido fue despachado como lo había solicitado. Saco mi tarjeta y la entrego para que la chica que se encuentra en la caja realice el cobro respectivo. Ella cree que no me he dado cuenta de la forma en que me mira desde que entré.
«¿Acaso con el pasar de los años me encuentro más irresistible?»
Salgo de la tienda y meto al maletero las bolsas y aprovecho para ir a la floristería y comprar un hermoso ramo de flores. Estaría casi seguro de que le van a encantar, son sus flores favoritas. No sabía el significado de lo que representa cada color, pero opté por hacer una combinación entre orquídeas blancas y rojas.
Llego a mi destino en un abrir y cerrar de ojos, tal vez por la ansiedad pise el acelerador más de la cuenta y es por eso que realice el trayecto en tiempo récord.
Una vez en el interior de la floristería se me acerca un joven quien pregunta sobre qué deseo llevar, como ya tengo en mente lo que voy a solicitar, procedo a realizar el pedido. Afortunadamente, no demora mucho tiempo, ya que, el chico trabaja con agilidad. Una vez me hace entrega del paquete, cancelo y salgo de la floristería rumbo a mi departamento.
Al llegar lo primero que hago es colocar todo con mucho cuidado sobre la encimera. Me siento un adolescente enamorado, pero como no estarlo por una mujer que se ha encargado de mover los cimientos de mi ser.
Tomo un vaso de agua y seguidamente voy hasta mi habitación para darme una ducha y relajar mi cuerpo, aparte de quitar la suciedad que se puede adquirir en la calle.
Al salir me cambio, esta vez utilizo ropa informal, pero que vaya de acuerdo al lugar donde la quiero invitarla a cenar, Se que debí preguntarle primero, pero quería darle una sorpresa. Solo espero que no vaya a tener planes y todo se vaya al carajo.
Estando listo subo a mi auto con los detalles en el asiento trasero. Con todo el entusiasmo del mundo emprendo el camino hasta su casa. El recorrido no demoró más de quince minutos, pero se me hizo una eternidad con el pasar de cada semáforo.
Finalmente, me encuentro apostado en la calle frente a su casa. Con los nervios a flor de piel hago una serie de respiraciones para infundirme valor y dar el gran paso. Esta primera salida será como simples amigos (luego de todos los acontecimientos por los cuales hemos pasado, unos que no fueron los mejores momentos en ese entonces), deseando que con el pasar del tiempo pueda surgir algo entre nosotros que sea más que una simple amistad.
Cuando estoy listo para salir en su búsqueda me detengo al visualizar un auto que se estaciona justo frente a su casa. Me quedo sentado a la espera de quién podrá ser, pero todas mis esperanzas mueren cuando veo bajar a un hombre, este camina hacia el otro extremo y saca a una pequeña del auto. Pero mi asombro es peor cuando al tocar la puerta sale ella y la niña le grita a todo pulmón "Mami" y ella la recibe con la mayor felicidad del mundo.
Todo en interior se desmorona al ver a ese hombre estrecharla entre sus brazos con amor desmedido y dejando un beso en...
A partir de ese momento, regrese a casa a desahogar mis penas, porque a partir de mañana sería un nuevo hombre y de este tonto imbécil enamorado no iba a quedar absolutamente nada.
Frederick
(Hace 4 años)
Estando a pocos metros del altar sentí una presión muy fuerte en mi pecho, no sé si era miedo a terminar de perderla o era la felicidad que sentía al entregarla al gran amor de su vida.
No quiero parecer egoísta, pero hubiera preferido mil veces ser yo quien se encontrara esperándola al pie del altar. Pero ese pensamiento se desvaneció al fijarme en su mirada y la forma en que ambos se veían. Definitivamente, son el uno para el otro y mi amor por ella seguirá viviendo en lo más profundo de mi corazón y estará presente cada día de mi vida queriendo, amando y cuidando de mi familia. Disfrutando de las dos hermosas princesas que fueron fruto de ese amor.
Tal vez mi tiempo de amar y compartir con alguien a mi lado ha caducado, pero como me dijo mi madre "Hijo mío, a la tercera va la vencida". Por ahora solo me voy a dedicar a cuidar a mi familia y si el destino pone a alguien en mi camino y me da esa nueva oportunidad, la voy a recibir con todo el gusto del mundo.
Comienza a sonar la marcha nupcial e inmediatamente empezamos el recorrido al altar, mi nieto es quien nos va guiando haciendo un camino con pétalos de rosas. Al llegar al final le hago entrega a mi hijo del amor de su vida. Me acerco a él y susurro a su oído para que nada más él pueda escuchar.
-Espero que la hagas muy feliz, ya que yo no lo pude hacer. -digo estas palabras con un profundo dolor en mi corazón.
-De eso no te quepa la menor duda, papá, la amaré más que a mi vida. -espeta mi hijo con una voz llena de mucho amor.
Una vez todos estamos en nuestros puestos comienzan a oficiar la misa. Entre mis brazos tengo a mis pequeños tesoros quienes aplauden y sonríen iluminando mi ser. Con tan solo 11 meses son la locura y felicidad de la casa. No quiero llegar a imaginar los desastres y travesuras que van a desatar estando más grandes.
Al finalizar la ceremonia todos nos unimos para felicitar a los novios. Nos unimos para tomar una gran foto familiar. Todos estamos muy felices y para muestra de ello empezamos con la celebración.
-Hijo mío, no estés triste, sabes que ella también te amó a su manera -coloca su mano sobre mi hombro-. Para muestra de ello tienes dos hermosas princesas fruto de ese amor.
-Lo sé madre, de eso estoy completamente seguro -beso su frente-. Les deseo la mayor felicidad del mundo, sé que se merecen ser felices después de haber pasado, por tanto.
La celebración sigue y disfrutamos de ella, recordamos esos momentos que fueron tan especiales para cada uno de nosotros. Dentro de eso también compartimos las anécdotas del nacimiento de las mellizas, desde días de nacidas dieron a conocer lo traviesas que van a ser en un futuro.
Sé que se preguntaran cómo escogimos sus nombres, pues les cuento que fue de la manera poco convencional. Mi madre al principio dijo que era una locura, pero a su vez aceptó que era una buena idea.
A la escritora se le ocurrió la idea de hacer una dinámica en donde incluía la participación de los lectores y estos daban opciones de nombres para colocarles a las niñas. Pues se hicieron papelitos con cada nombre y los metimos en una bolsa, la mano inocente de Ethan sacó dos papelitos, los cuales contenían los nombres de sus hermanas y terminaron siendo Dara y Danna.
«Tremenda locura»
Horas más tarde los pequeños ya estaban dormidos y junto a mi madre subimos para acostarlos. Las primeras son las mellizas, mi madre se queda con ellas en su habitación para colocarles sus pijamas, yo voy con Ethan hasta su cuarto para cambiarlo también.
Él es tan independiente, le gusta hacer sus cosas por sí solo y pide ayuda cuando la necesita. Sé que será un gran hombre cuando este grande y también será un rompe corazones igual que su abuelo y su padre. Cuando termina de cambiarse se para frente a un estante de madera en donde tiene infinidad de cuentos. Me causa risa verlo con la mano puesta en la barbilla pensando cuál será el que me va a entregar para que lo lea. Después de un rato, cuando ya ha seleccionado el cuento, se gira para decirme cuál es.
-Abuelo cárgame para buscar el cuento que me vas a leer -lo alzo en brazos como me ha pedido-. Quiero este abuelo -señala con su dedo índice.
Cuando ya tengo entre mis manos el cuento de El enano saltarín lo bajo y va hasta su cama metiéndose entre las sábanas. Me siento a su lado y comienzo el relato del cuento.
"Había una vez un pobre molinero que quería asombrar al Rey y para ello, en una audiencia con su alteza real, le mintió diciéndole que su hija sabía hilar con tanta astucia que era capaz de convertir la paja en oro. El Rey sorprendido ante tal afirmación, le pidió venir al día siguiente a palacio acompañado de su hija para hacerle un encargo.
Al día siguiente, el pobre molinero y su hija se dirigieron a Palacio y el Rey, al verla, la llevó a una habitación llena de paja donde le ordenó convertir todo en oro, disponiendo sólo de una rueca y un carrete. En caso de no conseguirlo, la hija del molinero moriría"
No es mucho tiempo que el que demoro leyendo su cuento, por el cansancio se quedó dormido en un abrir y cerrar de ojos, niego con la cabeza de solo pensar lo que me va a esperar con mis pequeñas cuando pidan que les lea un cuento para dormir.
Me levanto con mucho cuidado y dejo el cuento sobre su mesa de noche, sé que mañana hay que seguir con el relato hasta llegar al final.
Paso por la habitación de mis pequeñas para darles un beso a cada una, una gran sonrisa se dibuja en mi rostro al ver a mis pequeños angelitos durmiendo en sus cunas. Lo que no me agrada mucho es que ambas se chupan el dedo mientras abrazan sus conejos.
«Espero que pierdan esa manía, de lo contrario la ortodoncia va a salir muy costosa»
Las dejo dormir y bajo para unirme a la celebración. Tomamos, bailamos y disfrutamos hasta casi el amanecer. Los invitados se fueron retirando poco a poco hasta quedar en la casa Yara, Enzo, mi madre y yo.
Les tengo una sorpresa que no se imaginan, he comprado unos boletos de avión para que vayan a disfrutar de una luna de miel bien merecida en Egipto. A Yara siempre le causó curiosidad conocer ese hermoso lugar que alberga los más maravillosos misterios y por eso decidí complacerla.
«Ya que no pude ser yo quien la llevará, por eso decidí hacerles ese regalo»
Conociéndola no va a querer, pero no va a poder negarse, el gasto ya está hecho, al igual que las reservas, todo está cancelado y no hay reembolso.
Conversamos un rato más y luego cada quien se va a sus respectivas habitaciones para descansar, por fortuna mañana es sábado y no hay que ir a trabajar.
***
La mañana empieza con buena actividad, las mellizas amanecieron con ganas de comerse al mundo y desde las 5:00 de la mañana comenzaron a llorar. Eso hizo que todo el mundo se levantara a la misma hora y comenzará con buen pie el fin de semana.
Mientras Yara ayuda a mi madre a preparar el desayuno entre Enzo y yo, nos encargamos de los pequeños, los ayudamos a cepillarse los dientes y a vestirlos. Bajamos hasta el comedor en dónde ya todo está listo para compartir el desayuno familiar.
Aprovecho la oportunidad para hacerles entrega de mi regalo de bodas para ellos y como era de esperar, Yara no quería aceptarlo. Eso nos costó un disgusto a todos y casi se daña el desayuno, su excusa fue que no era necesario hacer ese gasto porque no habría tiempo de ir de viaje un mes teniendo tanto trabajo en la empresa.
Entre Enzo y mi madre se encargaron de convencerla para que aceptara, era un regalo que le había hecho y que además tendría la oportunidad de conocer ese lugar que tanto anhelaba. Finalmente, aceptó y después de terminar de desayunar tuvieron que subir para alistar el equipaje, su vuelo salía hoy mismo y no tenían más tiempo que perder.
Horas más tarde nos encontramos en el aeropuerto toda la familia, cuando llegó la hora de abordar Yara estaba hecha un mar de lágrimas, era la primera vez que se iba a separar de sus hijos y en gran parte la entiendo.
Finalmente, entre besos, abrazos y muchas lágrimas, ya se encuentran abordando el avión para disfrutar de su luna de miel.
-Bueno hijo, ahora vamos a tener mucho trabajo por hacer -dice mi madre señalando a los pequeños-. Pero va a ser muy divertido, no vamos a tener tiempo libre.
-Eso lo puedes tener por seguro madre -la abrazo con todo el amor del mundo-. Solo espero no enloquecer a mitad de camino.
Ambos soltamos una gran carcajada, y con las últimas palabras de mi madre caminamos hasta el estacionamiento para subir al auto y regresar a casa. En el camino veo por el espejo retrovisor a mis tres tesoros imaginando lo que nos pueda deparar el futuro y el comienzo de una nueva historia...
En la actualidad...
-Enzo recuerda la junta que tenemos a las dos de la tarde -hablo con mi hijo por celular-. Por favor sé puntual, no olvides que esta reunión es muy importante.
-Tranquilo papá, faltan como tres horas para eso -responde al otro lado de la línea-. Además, ya tengo listos todos los documentos, relájate viejo que te puede dar un soponcio. Recuerda que tienes dos hermosas hijas que criar y no me puedo hacer cargo yo solo.
-Lo sé hijo, lo sé -asiento con un movimiento de cabeza, aunque él no me pueda ver-. Parece mentira que ya tienen cuatro años, el tiempo se va muy rápido y me estoy volviendo viejo. A este paso voy a parecer el abuelo.
Conversamos por un corto tiempo recordando esos años y me llena de satisfacción poder disfrutar de cada uno de ellos. Antes de colgar la llamada nuevamente le recuerdo que debe llegar temprano. Sé que estará pensando que soy un viejo achacoso y a su vez fastidioso, pero no tiene de otra.
Reviso los correos que me envió mi amigo de estados unidos, necesito verificar si todo se encuentra bien, estamos trabajando en conjunto con un gran proyecto. Afortunadamente, todo ha salido bien y eso lo agradezco en gran parte a mi hijo y a Yara. Hemos trabajado hombro a hombro para que la compañía salga adelante.
La mañana pasó tan rápido que no tuve tiempo siquiera de tomar un café, si no hubiera sido por la llamada que me ha hecho mi secretaria, aún estaría inmerso entre papeles. Apago la laptop y dejo los documentos para ir a almorzar, en realidad necesito nutrientes, de lo contrario me puede dar algo durante la reunión que tengo en menos de hora y media.
Salgo de la compañía y me dirijo al restaurante más cercano, no es uno de mis preferidos, pero también sirven una buena comida.
Al entrar me recibe una hermosa chica, sé que le llamo mucho la atención porque cada vez que vengo a este lugar no hace más que sonreír con una picardía que la caracteriza.
-Bienvenido, señor Becker. -esboza una gran sonrisa.
-Muchas gracias Sarah. -respondo ofreciendo una leve sonrisa.
Le agradezco y la sigo para que me indique la mesa en la cual voy a comer, esta vez no es la acostumbrada, puesto que el restaurante está abarrotado, tal vez tengan la mayor parte del espacio reservado.
Me entrega la carta y hago mi pedido enseguida sin perder más tiempo, puesto que tengo los minutos contados para comer y regresar a la compañía.
Al cabo de unos 10 minutos me traen la comida. Comienzo a degustar con gran ansiedad. De repente siento una pesadez en el cuerpo, me siento observado y disimuladamente levanto mi rostro para evaluar el sitio. Justo a tres mesas veo una mujer muy hermosa, no puedo confirmar que sea ella la que me observa porque tiene puestos unos lentes oscuros.
Cuando creo que nada puede suceder, ella levanta su copa a modo de brindis y yo hago lo mismo, pero con un vaso de agua. Últimamente, no consumo alcohol por cuestión de salud, necesito mantenerme sano para seguir criando a mis dos princesas. Esto solo lo hago en ocasiones especiales.
Cuando termino de comer le hago señas al mesero para que traiga la cuenta, veo la hora en mi reloj y me quedan justo 10 minutos para llegar a la reunión. Apenas me traen la cuenta decido pagar en efectivo para no demorar pagando con la tarjeta.
Salgo apresurado del restaurante rumbo a la compañía y al llegar me encuentro con la gran sorpresa de que en la recepción se encuentran mis dos más grandes tesoros.
-Papá, vinimos a visitarte. -ambas hablan al unísono corriendo en mi dirección donde las recibo con los brazos abiertos.
-¿Qué hacen aquí? -pregunto aún sorprendido porque no es costumbre que ellas vengan y menos siendo en horario escolar.
-Le pedimos a la abuela Sol que nos trajera. -responde Danna, quien es la más conversadora, en cambio, Dara es más reservada.
Las cargo a ambas y veo que por el pasillo vienen mi madre junto a Yara, ambas al verme se miran con complicidad y creo que este par de mujeres se traen algo entre manos.
-Al parecer ya te han encontrado. -dice mi madre con una amplia sonrisa-. Me exigieron que las trajera para verte, sabes que son igual de testarudas que tú y como soy una abuela consentidora no me pude negar -se encoge de hombros para restarle importancia al asunto.
-¿Y por qué no fueron a la escuela? -pregunto con seriedad para que me den una explicación.
-La profesora no fue y tampoco teníamos un suplente papi. -responde Dara mientras entrelaza sus dedos.
-Ok, entonces se van con la abuela a casa, ya que este no es lugar para ustedes.
Las estrecho en un fuerte abrazo y me las como a besos. Luego que se despiden de su madre las acompaño hasta el estacionamiento. Una vez que las siento en sus sillas, procedo a abrochar los cinturones para que estén seguras. Nuevamente, les doy un beso a cada una y les prometo llevarles algo cuando llegue a casa.
-Mamá trata de no consentirlas en todo lo que te pidan por favor. -le digo mientras abro la puerta del piloto para que entre.
-Sabes que mis nietos son mi mundo entero. -dice con seriedad-, no me puedes prohibir consentirlos.
Sube a su auto y se coloca el cinturón de seguridad arrancando para que no siga diciendo nada. Cuando desaparecen de mi campo de visión, entro nuevamente a la compañía para asistir a la reunión que tenemos planificada para dentro de unos minutos.
«Mejor dicho ya voy con 5 minutos de retardo»
Cuando entro a la sala de juntas todos se encuentran presentes, el único que hacía falta era yo para dar inicio. Saludo a todos y tomó asiento en la silla que me representa como la cabeza de la organización, sé que mi empresa se encuentra formada por una sociedad, pero yo soy el accionista mayoritario de la misma.
«La visita de mis hijas fue muy sorprendente, pero me hizo muy feliz haberlas visto más temprano que de costumbre y hasta puedo asegurar que mis energías se han renovado»
Yara ya ha hecho entrega de las carpetas que contienen la información sobre el nuevo proyecto. Se da comienzo a la reunión en donde ella es quien se encarga de explicar cada uno de los puntos. La forma en que domina el tema la hace ser una mujer empoderada y segura de sí misma. No me arrepiento de haber tenido esas dos hermosas princesas con ella.
Muy en el fondo de mi corazón aún la sigo amando con locura desmedida, pero ella siempre fue para mí un amor prohibido. Fui yo quien tomó la decisión de dejarla en brazos de mi hijo y no me arrepiento porque él se merecía más que nadie ser feliz con la mujer de quien siempre estuvo enamorado.
Cuando llega mi turno de explicar la parte química lo hago con gran seguridad, este es un proyecto que vamos a trabajar de la mano con un grupo de médicos en los Estados Unidos. Sé que lo más seguro es que tenga que hacer un viaje que va a durar poco más de un mes y de solo pensar en separarme de mis princesas, siento que el corazón se me destroza.
Cuando la reunión finaliza, todos los presentes quedan satisfechos. Para celebrar la aprobación del proyecto los invitamos a un restaurante a cenar y será Enzo se va a encargar de toda la parte legal el día de mañana.
Yara es quien se hace cargo de hacer la reservación para las 7:00 de la noche para el día siguiente. Todo con la finalidad de celebrar el cierre de este gran contrato.
Yara y Enzo son los primeros en retirarse porque tienen que pasar por Ethan, que se encuentra en sus clases de Francés. Este pequeñín es otro que a pesar de que ya cuenta con 7 años es muy avispado y diría que es muy maduro para su edad. Siempre tiene un tema de conversación y pregunta de todo ante cualquier duda que tiene.
Mientras me encargo de sacar los pendientes para no tener tanto trabajo para el día siguiente. Las horas pasan y cuando termino dejo todo listo junto a las indicaciones que le doy a mi secretaria. Me despido de ella y quedamos en vernos mañana a primera hora.
De camino a casa estaciono el auto en el súper para comprarles un helado a mis tres tesoros, nunca llego a casa con las manos vacías y si se da el caso tengo que prometer que el día siguiente los recompensaré el doble.
Yara me ha reprochado eso infinidades de veces y en donde me doy cuenta de las palabras que dice mi madre.
«Somos unos alcahuetes y consentidores de primera»
Cancelo en caja y subo al auto para no perder más tiempo y llegar a comer un poco de helado con mis pequeños terremotos.