A los señores:
Rafael Morales Montejano
por creer en mí, aun sin conocerme
Rafael Márquez Torres
por su visión para descubrir lo que para mí era invisible
y Alejandro Hernández Romo
por su confianza y apoyo, de otra manera no hubiera sido posible seguir adelante
A mi querido Amigo:
Joaquín Martínez López
por sus comentarios y críticas, no por algo la ironía emergía en cada una de sus frases
En especial a esas dos mujeres tan importantes en mí vida que me tuvieron paciencia y cariño mientras realizaba las investigaciones pertinentes para este trabajo que día con día me atrapaba más
Juana Núñez Pascual
mi madre querida a quién debo tanto, además de la vida y la sensibilidad para escribir.
Adriana Martínez Zúñiga
de sobra sabe los motivos, no sólo me acompañó e investigo a mi lado, también me ayudó a transcribir
Y muy especialmente a todos aquellos lectores que tengan a bien darme sus críticas, buenas o malas siempre serán bien recibidas, por qué sin ustedes, los que creamos y escribimos, no somos nada y no vemos nuestros errores y nuestras fallas, gracias por estar ahí para nosotros
Y para todos en general:
Mi cariño y mis más sinceras:
Gracias
José J. Núñez P.
El día por fin se había llegado, todo estaba listo y nada ni nadie iba a impedir que, el plan que se había trazado durante varias semanas, se llevara a cabo. Alfredo Ríos Galeana, el peligroso asaltante, llamado el enemigo público número uno por las autoridades, fue sacado de la celda de máxima seguridad, en donde se encontraba recluido desde su captura, para ser trasladado al 33o juzgado penal donde se le seguía un proceso en su contra.
El peligroso hampón, se veía tranquilo, relajado, luciendo esa cínica sonrisa que lo caracterizaba y lo hacía más temible, caminaba en medio de dos custodios y eso provocaba que su figura destacara aún más.
Con su uno noventa de estatura y casi cien kilos de peso, no se podía negar que se veía imponente, moreno, con un hirsuto bigote bien arreglado sobre el labio; se había operado la nariz y la mandíbula: "para verse más guapo" según sus propias palabras, cabello ondulado, bien cortado, peinado hacia atrás, sus ojos entrecerrados, de mirada penetrante, que lo mismo podían ser amables que fríos, duros y despiadados.
Su mirada calculadora y atenta a su alrededor, imponía respeto y temor entre propios y extraños.
Conducido por los custodios Ríos Galeana, caminó por los túneles oscuros que comunican los dormitorios, con los juzgados del Reclusorio Sur, de la Ciudad de México, túneles habitados por prostitutas y vendedores de drogas, así como uno que otro "chalan", como se les llama a los que realizan mandados o encomiendas para los que pagan por ello, al fin y al cabo, aunque todos son cómplices en el delito, hay categorías, dentro de un recinto que tiene como norma, castigar estos ilícitos.
Al verlo pasar, con un leve movimiento de cabeza los traficantes lo saludaron, una de las pirujas que taloneaba en ese lugar se le acercó sin importarle la presencia de los guardias y sonriente le dijo:
-¿Quieres que te aliviane para que llegues tranquilo ante el juez, mi rey?
-Voy más que tranquilo... pero, de todos modos, gracias.
-Cuando quieras... yo estoy puesta y a lo mejor hasta te hago un buen descuento o te anda tocando cachuchazo.
-Lo tendré en cuenta para la próxima...
La sexoservidora se quedó en el túnel volviendo a instalarse en su lugar de espera y Alfredo, siguió a los custodios hacia su destino, en realidad, sí, se sentía relajado y su mente completamente alerta.
El reo y sus acompañantes llegaron a la rejilla de prácticas del juez y se acomodaron a esperar instrucciones, la sala del juzgado estaba medio vacía y los funcionarios de la audiencia se instalaban para iniciar con el proceso.
A un lado de Alfredo, se encontraban sus coacusados, miembros de su peligrosa banda, todos se vieron en silencio por unos segundos, ninguno hizo ni dijo nada que pudiera delatar sus pensamientos. Los custodios también se acomodaron y esperaron a que el juez comenzara.
Por el otro lado de la rejilla de prácticas, de la calle y caminando por los pasillos, llegaron cuatro hombres y tres mujeres, avanzaban sin prisas, con paso firme y seguro, en sus ojos se podía ver la determinación.
Sus gestos serios y duros no delataban sus intenciones. No veían a nadie en especial y, ya habían contemplado todo el panorama a medida que iban avanzando dentro del recinto sin prestar atención a nadie en especial.
Ordenadamente se abrieron en abanico en la sala del juzgado, todos listos y preparados para lo que se avecinaba, fue así que, de pronto "el Popeye", uno de los que iba al frente, sacó de entre sus ropas una granada de fragmentación -le encantaban las granadas y no perdía la oportunidad de utilizarlas- con un firme movimiento mordió la espoleta y con los dientes la extrajo para luego, arrogar la destructiva "piña" hacia el muro de la rejilla.
Alfredo Ríos Galeana, que no había perdido movimiento alguno de aquel comando, comprimió su estatura con un hábil y ágil movimiento, al agacharse, y sintió la lluvia de piedras, vidrios y polvo alrededor, algunos cayendo sobre su cabeza otros chocando contra la pared de manera escandalosa.
Cuando la neblina de polvo y humo se disipó, el enemigo público número uno, el asaltabancos más peligroso de la década, el asesino despiadado, como lo llamaban los diarios sensacionalistas, había desaparecido.
Nadie había sido testigo de que, segundos después de que estallara la granada, Alfredo, se había incorporado con agilidad y pasando por el boquete que le habían hecho para que escapara.
Comenzó a avanzar, al salir de la rejilla de prácticas, Yadira, una de las mujeres del comando, le aventó una pistola escuadra .9 milímetros que, Galeana, sujetó con habilidad en el aire, estaba cargada y lista para utilizarse y aun así, sin detener sus apresurados pasos, la revisó con rapidez y precisión.
Sus coacusados, también se movieron de prisa y salieron por el mismo boquete, todos corrieron con un arma en mano y dispuestos a enfrentar a cualquiera que intentara detenerlos, era el momento de jugarse el todo por el todo.
De sobra sabían que si los volvían a capturar su sentencia aumentaría por lo que se llamaría, un intento de fuga.
En ese momento, los pocos asistentes al juzgado, también se movían corriendo, buscando en donde esconderse ya que tenían que se produjera una nueva explosión y ninguno de ellos quería salir herido.
Sin dejar de avanzar a grandes zancadas, el comando, que ejecutó la fuga, y los evadidos, se perdían en el amplio patio del Reclusorio Sur y se dispersaron de manera sincronizada, poco después, todos sabían exactamente hacia dónde dirigirse.
Por eso fue que avanzaron hasta donde cuatro autos los esperaban con el motor encendido y el camino despejado, listos para salir a toda velocidad.
Esa misma noche, todos los medios, impresos, radiales y televisados, comentaron la sensacional noticia, las versiones que se presentaban fueron: desde las que se acercaban a la realidad, hasta las más fantasiosas, en las que se decía que se había utilizado una bazuca para ejecutar la fuga, sin faltar las que decían se había empleado dinamita para abrir un boquete en la rejilla de prácticas.
A partir de ese momento y durante los siguientes días, los diarios se dieron vuelo y sus ventas se incrementaron con los diversos informes de la sensacional evasión.
De nueva cuenta, el delincuente más peligroso del país, Alfredo Ríos Galeana, se encontraba libre, armado y peligroso, lo cual representaba un grave peligro, para la ciudadanía, aunque principalmente para las sucursales bancarias y los negocios de empresarios que manejaban fuertes cantidades de dinero.
Todos sabían que al encontrarse libre aquel peligroso delincuente, en cualquier momento volvería a poner en jaque a las autoridades judiciales, como ya era su costumbre, a partir de ese momento los bancos y los comercios estaban en peligro, en cualquier instante la banda de Galeana iría por sus dineros.
La fuga se había realizado en cuestión de minutos, de una manera limpia, sin disparar un solo tiro, con una precisión y una coordinación realmente sorprendentes y eso era lo que más tenía confundidas a las autoridades.
Los investigadores oficiales, no contaban con una sola pista que los llevara a la recaptura de ese delincuente que ya había mostrado su ferocidad y eficacia.
A partir de su fuga, las historias sobre Ríos Galeana, aumentarían de manera absurda y con tintes de leyenda urbana, nadie podría precisar dónde terminaba la fantasía y comenzaba la cruda realidad.
Unos días después de la sensacional fuga, fueron recapturados algunos de los evadidos, así como varios de los integrantes del comando que intervino en el "granadazo" como se le conoció a la fuga, sólo Alfredo, seguía prófugo y no se tenía noticia alguna sobre su paradero.
La prensa a todos los niveles seguía con interés el desarrollo de las acciones, a medida que los días se fueron acumulando y después de que se llevaran a cabo las recapturas y las detenciones, vino un silencio total sobre Alfredo Ríos Galeana, que invadió las redacciones de todos los medios, no se publicaba nada, no se comentaba sobre lo que no se tenía idea, la velocidad a la que se maneja la información no daba tiempo para mantener una noticia vieja.
Día a día los sucesos del mundo entero acaparaban los titulares de los periódicos, tanto radiales y televisivos, como los impresos, las revistas después de haber agotado el tema, ahora daban paso a nuevos acontecimientos que resultaban más relevantes e interesantes, ya no se podía seguir hablando de un personaje que ya se había burlado de la justicia una vez más y de manera sensacionalista.
Las hipótesis de lo que sucedía en torno al peligroso asaltabancos, eran variadas y diversas, igual que las que se formaron en torno a su evasión, por un lado, se hablaba de sobornos a los directivos y custodios del Reclusorio Sur, por el otro se hablaba de amenazas hacia sus familiares más cercanos, aunque nadie tenía una clara realidad que pudiera sustentar y asegurar que así había sido.
Y aunque no se decía abiertamente, ni se publicaba en algún medio, para muchas personas, Ríos Galeana, había sido ejecutado por las autoridades para que no contara la verdad sobre su fuga ya que muchos funcionarios serían perjudicados.
Para otros el enemigo público número uno, por fin se había burlado de la ley y se encontraba prófugo en el extranjero, huyendo en tierras lejanas y fuera del alcance de las leyes mexicanas.
Para los menos, el azote de los bancos y los policías seguía delinquiendo, retando a la justicia, no sólo a que lo atraparan sino a que impidieran que él siguiera haciendo fortuna con el dinero de otros, aunque tampoco eso se había podido confirmar ya que no había noticias de que la banda de Ríos Galeana, hubiera vuelto a atracar.
Lo verdad indiscutible era que, nadie estaba capacitado para decir con certidumbre ¿qué había sido del evadido? ¿Dónde se encontraba escondido? ¿Seguía vivo o realmente ya lo habían matado y escondido su cadáver? ¿Se habrá ido del país para nunca más volver?
Nadie podía contestar a todas esas interrogantes, ni los mismos integrantes de su banda sabían dónde se había metido o si seguía con vida, un hermético misterio se ceñía sobre el singular personaje por el que se gastaran miles de litros de tinta para los titulares de los diarios.
Todos los recursos policiales se empleaban para su recaptura, lo único que faltaba es que en cualquier momento diera señales de vida. Los investigadores aseguraban que, era cuestión de tiempo para que lo volverían a tener entre las rejas de una celda.
Incluso aseguraban que lo volverían a atrapar y lo encerrarían con una cadena perpetua que sirviera de ejemplo a otros que quisieran seguir sus pasos.
Fuera de todas las preguntas que formulaban en torno al peligroso delincuente y que quedaban en el aire sin respuesta, había un par de cuestionamientos que realmente inquietaban a todos los involucrados en el asunto de Alfredo Ríos Galeana.
¿Volvería a aparecer asaltando?
¿Ya nunca más se volvería a saber del evadido?
Son las siete de la noche y voy camino a mi casa, me siento cansado, el frío decembrino de las últimas horas, junto con mi agotamiento por las largas jornadas de trabajo, son los mejores alicientes que tengo, para llegar pronto a mi confortable departamento.
Mientras camino con paso presuroso por la Avenida Juárez en busca de mi auto, siento el anhelo de estar ya en la sala de mi casa, botarme los zapatos y enfundarme las pantuflas, luego servirme un vaso de whisky y echarme con abandono sobre mi sillón favorito, para disfrutar de un programa en la televisión o de una buena película.
O de cualquier otra cosa que sirva para relajarme y olvidarme de lo que vivo día con día, que ciertamente no es nada agradable y mucho menos como para recordarse.
Ha sido una quincena devastadora y exigente. Un fin de mes endemoniado, como un broche de oro para el próximo fin de año. He tenido que trabajar como un mulo, aunque me encuentro satisfecho conmigo mismo y es por ese motivo que voy en busca de unas horas del merecido descanso que ya me gané ampliamente.
En estos momentos no quiero saber de nada, ni pensar en lo que me espera el día de mañana, sólo deseo estar de holgazán, apático, quiero olvidarme que el mundo existe y que la crueldad que lo rodea ocasiona que haya tantas decenas de eventos sádicos, crueles y sanguinarios.
De manera casi mecánica, doy vuelta en la calle de Balderas, todo a mí alrededor es movimiento continuo, vendedores ambulantes, personas que salen de trabajar, otras que van a cubrir el turno que les corresponde, estudiantes que regresan a sus hogares y en los puestos de periódico se pueden ver las primeras planas de los diarios que anuncian: ¡La detención de siete de los involucrados en la fuga del tristemente célebre Alfredo Ríos Galeana! "Y siguen con el tema" -pienso mientras sigo mi camino
La noticia llama la atención de los que, al caminar, pasan por el puesto de periódicos, provocando que se detengan a leer lo poco que pueden en la primera plana, en el interior viene la reseña completa y la declaración de: "La Quena", una de las mujeres que fuera parte del comando que los liberara de prisión.
La Quena, identificada como una de las mujeres de Ríos Galena, no tiene pelos en la lengua y declara, de manera abierta y sin presiones, que se habían pagado setenta millones de pesos para lograr la hazaña que a todos impactó.
También en mi entorno, veo decenas de vendedoras ambulantes que ofrecen su mercancía, propia para la época navideña que recién se inicia y que al parecer cada vez se adelanta más, para beneficio de los comerciantes.
En medio de los improvisados puestos, deambulan cientos de personas que se mueven de prisa, o, algunos, con exasperante lentitud, provocando que, las personas, que intentan avanzar, se aglomeren y les cueste trabajo seguir su camino.
Toda la avenida es un verdadero mundo de gente, un tumulto del que resulta muy difícil sustraerse, de una o de otra manera forman parte de la escenografía de Balderas, sobre todo a esas horas y en esas fechas, en fin, uno se va acostumbrando a todo.
Algunos están ahí, de compras, en busca de lo que necesitan para sus adornos navideños, juegos de luces de colores, festones, figuras de yeso, y todo aquello que le dé más vida a su árbol de navidad o al nacimiento que están instalando, otros simplemente pasan por la calle en diferentes direcciones, ya que sus intereses se encuentran en alguna otra parte, y no faltan los que se detienen a preguntar precios o a curiosear, lo que está a la venta, tal vez para hacer un presupuesto y después volver para hacer las compras, en fin, todo es parte de una rutina diaria en esa parte de la ciudad.
Una estampa típica y cotidiana, que le da sabor y colorido a la calle de Balderas, aunque para muchos es molesto, ya que no se pueden mover con la prontitud y amplitud que desean, para otros es algo que les gusta ver en su camino diario y que les agrada la diversidad de artículos que encuentran.
Al tiempo que subo en mi auto, notó que el cansancio se agudiza más en mi cuerpo, echó andar el carro y me integró de manera ordenada a la pesada circulación, rumbo hacia el sur.
Los autos que circulan y la gente que se cruza hacen que el tráfico sea lento, pesado y aburrido, mecánicamente enciendo la radio, de inmediato la apago, no tengo ánimos para escuchar música, tampoco quiero oír más noticias y mucho menos a los "inteligentes y agudos" comentaristas que destilan sabiduría en todo lo que expresan al aire, aunque no tengan ni la menor idea de lo que hablan, creo que el silencio es ideal ahora.
Debo decirles que soy un reportero, como hay muchos, formo parte del diario matutino: "Sin Caretas", aunque también, laboró como articulista en varias revistas, y en los pocos ratos de ocio que tengo, escribo novelas sobre experiencias personales o temas relacionados con mi trabajo.
Mi labor me fascina, solo que requiere de muchas horas de entrega, no sólo sentado frente a la máquina de escribir, también hay que hacer trabajo de investigación, confirmación de datos, ir al lugar de los hechos, si es posible, en el momento mismo en que se está generando la noticia. Se termina con un cansancio agradable, ese agotamiento que lo hace a uno sentirse satisfecho consigo mismo.
Mientras espero que los autos que van delante de mí se muevan ante la señal verde del semáforo, volteo a mi izquierda y veo el edificio del diario Novedades, un periódico considerado, "blanco", ya que no habla mal de nadie, no toma partido hacia ningún lado de la política y se concreta a informar lo que indica el editor.
Muy opuesto a nuestra manera de trabajar, ya que en Sin Caretas, escribimos, comentamos y mostramos los errores que se tienen, tanto en la política, como en cualquier otra fuente, incluso la policiaca que es la que me toca cubrir a mí.
Nuestra forma de trabajar nos ha traído infinidad de problemas, nos han amenazado, han golpeado a algunos de nuestros compañeros reporteros, a los fotógrafos les han roto sus equipos de trabajo o les han incautado los rollos de las fotos que han tomado en tal o cual evento y del que no quieren que se publique nada, total que el acoso a la libertad de expresión es claro y abierto, si no te alineas con lo que se te ordena o si publicas cosas que desenmascaran a los funcionarios, empresarios, personajes del espectáculo, en general, lo que no les guste que se vea y se sepa.
Se enciende la luz verde del semáforo y comenzamos a avanzar, mientras lo hago, llegan a mi mente las noticias de las últimas semanas y que fueron las que más me complicaron la existencia ya que me tocó estar en el lugar de los hechos y dar una crónica real y verdadera de los acontecimientos.
Para mi intervención en este asunto, todo comenzó la mañana del 9 de noviembre de este casi extinto 1986, total que, ese día me encontraba en compañía de un buen amigo mío, Javier Ortega, a quien todos conocemos como Orteguita.
Trabajó en la DIPD, (Dirección de Investigación Para la Delincuencia), por lo que conocía a todos los grandes jefes de grupo y no dudaba en proporcionarnos alguna información que nos pudiera servir, incluso, gracias a él, obtuve muy buenas notas exclusivas, ahora en la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, seguía siendo un buen aliado.
Como les decía, me encontraba con Orteguita y otros compañeros reporteros, sentados a la mesa de una cafetería, cuando de pronto se le acercó una persona y le habló en el oído, todos nos quedamos en silencio y cuando la persona se alejó...
-Bueno... muevan las patas que acaban de encontrar un cuerpo encajuelado -nos dijo Orteguita y comenzó a caminar hacia la salida del lugar.
Todos nos movimos de prisa, en mi carro nos fuimos cuatro, mi fotógrafo, un compañero y su fotógrafo, Ortega, ya nos había dado la dirección, en la colonia Mixcoac, así que había que moverse de prisa ya que estábamos algo retirados del lugar.
Cuando llegamos, el lugar estaba abarrotado, los policías uniformados trataban de contener a los curiosos a cierta distancia del lugar de los hechos.
Peritos y agentes investigadores revisaban un auto, así que me estacioné lo más cerca que pude y los fotógrafos de inmediato se fueron a realizar sus placas, se acercaron al grupo de la Procuraduría que ya trabajaba en la escena y les dieron chance de tomar unas cuantas fotos.
Comencé a realizar preguntas a los curiosos, en ese momento era lo más importante ya que en le Procuraduría nos darían toda la información oficial, la cual no se comparaba con la que los testigos podían aportar.
Fue así como me enteré que por el fétido olor que despedía la cajuela, varios vecinos del lugar dieron aviso a las autoridades sobre sus sospechas, se envió a un par de policías, los cuales confirmaron el desagradable olor, informando que tal vez se trataba de un cuerpo en descomposición, fue entonces cuando llegaron los agentes judiciales, abrieron la cajuela y al descubrir el macabro contenido de inmediato se dio parte al ministerio público que asignó a los investigadores a su cargo para las pesquisas.
Los agentes en sus primeras indagatorias, descubrieron que el cuerpo pertenecía al colega, periodista y director del periódico: "Le Monde Diplomatique", que llevaba en vida el nombre de Antonio Iván Menéndez, pese a que algunas de las evidencias señalaban que había sido víctima de un robo, los agentes sostuvieron que el presunto asesino, había sido la última persona con quién la víctima se había entrevistado.
Como era nuestro deber, enviamos nuestras notas a la redacción para que se publicara la noticia, la cual, todos sabíamos que debíamos darle el debido seguimiento.
En sus investigaciones, los agentes descubrieron que había sido el ingeniero químico, Rodolfo Andy Limón, la persona que había visto por última vez, con vida, al periodista, lo cual lo señalaba como el principal sospechoso.
A partir de ese momento, los agentes se avocaron a él, fueron cuatro las ocasiones en que el ingeniero Andy Limón fue interrogado por los sabuesos de la procuraduría del Distrito Federal, encabezados por el comandante Gonzalo Balderas, experto investigador y con una amplia y reconocida trayectoria.
A tal grado que, desde que tuvo conocimiento del caso, intuyó que el ingeniero Limón sabía más de lo que decía, lo malo era que no había nada que lo inculpara.
Rodolfo Andy, se dedicaba a la reparación e instalación de equipo médico, en su primera declaración expuso simple y sencillamente que, efectivamente había visto a la víctima la noche de su desaparición y que después de entregarle el dinero del anticipo que habían acordado por la venta de una casa, se habían separado como buenos amigos, yendo cada uno a sus respectivas actividades.
Incluso, señaló que en el restaurante bar "El Popo" había personas que podían dar fe de su presencia en ese lugar por un largo tiempo. Lo cual le daba una coartada.
Sólo que los investigadores no estaban conformes con aquello, tenían que ahondar más para encontrar la verdad, así que, a medida que se le siguió interrogando, Andy Limón fue perdiendo la sangre fría y la confianza en sí mismo, por lo que comenzó a caer en contradicciones, hasta que finalmente terminó confesándolo todo.
En su declaración ministerial, el ingeniero Limón, mencionó que él lo había asesinado, y que lo había hecho, por ambición, ya que quería quedarse con la casa, que el periodista había puesto a la venta, sin tener que pagar un solo centavo, además de que, el dinero que le había dado como anticipo, se lo había quitado al cadáver antes de abandonarlo.