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Furia

Furia

Autor: : Rossetica
Género: Adulto Joven
Un pasado en común que ambos desconocen que tienen. Muchos conflictos con la mafia. Peleas callejeras y muchísima pasión es lo que nos contarán estos peculiares protagonistas.

Capítulo 1 Prólogo

Cuando tu pasado te ha desterrado de tu presente y te ha vetado el futuro, te conviertes en la zona oscura de tu propia vida.

Los recuerdos lo atormentan a él y la confunden a ella.

Los caminos se vuelven a mezclar entre los dos, en la misma manera que lo estuvieron una vez... Ajenos a su conocimiento.

El es todo lo que ella teme y ella, es todo lo que el repele.

Ni ella puede con su furia ni el con su amor.

Un pasado en común, un presente furioso y un futuro por verse, será lo que desatará la tormenta más poderosa que tendrán que librar sus corazones y mentes.

No podemos luchar contra el amor. No podemos huir para siempre y no podemos alimentarnos de la "Furia".

¿O si?...

Dentro de la pasión y la acción, llegaremos a perdernos en un tremendo amor.

Así como él no puede explicarse lo que siente y ella no sabe alejarse de él, su entorno no los puede alejar, por más que lo intente.

Muchos engaños. Manipulaciones. Tormentas de intrigas y demasiados conflictos amenazan con romero las cadenas que atan estos enamorados, pero cuando la furia se finde con la belleza... Nada puede interponerse.

Capítulo 2 Furia 1

Murat

Mis puños cerrados. Mis venas marcadas en mis antebrazos por la fuerza que hago al apretar mis manos mientras Eliana me fela el miembro duro y a punto de escupir todo mi semen en su boca. Mi cabeza descansa sobre el respaldo de mi sofá y mis muslos están siendo molestamente apresados por sus entrometidas manos.

Una de las mías va a su pelo y tira de él, cuando le lleno la boca de mi esperma y logro soltar un suspiro apenas audible, por mi liberación.

- Tienes que irte - es todo lo que digo entre dientes, mientras me levanto de entre sus manos y la dejo arrodillada en el suelo, limpiando sus labios de formas, estúpidamente seductora.

Como si eso me importara. Como si ella lo hiciera. Como si alguien me importara, en realidad.

Detesto hablar con gente que no me interesa en absoluto.

En realidad, detesto hablar con la raza humana. Me entiendo mejor con mi perro... Fury.

El es como yo. Un guerrero de la vida. Un exiliado de la paz y un sobreviviente de la muerte.

- ¿Por qué nunca me dejas quedarme un rato más?

La voz de la rubia me daba náuseas.

Detesto que me hagan preguntas idiotas, sobre todo cuando saben que no voy a responder.

- Sé que no te gusta hablar pero siempre es igual - ella seguía mientras yo me duchaba frente a su cara, el loft dejaba todo a la vista y ella desde el suelo, me veía en mi baño - incluso peor, en días como hoy. No dejas que me acerque antes de tus peleas.

La pregunta es... ¿Si ella sola se responde para que demonios me pregunta?

Y yo jamás, he dejado ni dejaré que ella o nadie, en realidad, se me acerque.

Seguí lavando mi cuerpo. Despojandome de su sudor.

Finalmente se convenció de que era su hora de irse y se largó, azotando la puerta del estudio que uso para follar, entrenar y llamar al diablo que llevo dentro, justo antes de mis peleas.

Hace años que no existo. Años que estoy en pedazos. Años que sus ojos me atormentan y me motivan a vencer cada round y años, que no siento más que furia.

Tengo treinta y ocho años y ni una sola enfermedad, que amenace con apagar mi vida.

Eso me enfada.

No me apetece vivir más. Deseo acabar con esta tortura, pero no voy a quitarme la vida, no soy un cobarde.

Lucho a diario contra Dios y lo reto, a ver si un día se mosquea y me manda a buscar.

Hace doce años, aprendí a saborear la libertad y no pienso volver a la cárcel nunca más, pero sí espero que un día, algún idiota me mate y me vuelva a hacer libre.... De mis demonios.

Terminé de ducharme, me puse mi ropa de combate y salí hacia mi casa.

Vestido de negro, hasta mi capucha. Odio los colores. Soy todo negro o gris. Asqueo el resto que colorea las vidas decadentes de los estúpidos mortales, que no saben más que de idioteces y paranoias. La vida se resume a los que la viven y los que fingen hacerlo.

Los que la viven, sufren y pasan de todo y nada demasiado bueno y los que fingen hacerlo, viven de apariencias que los vuelven adictos a sus propias mentiras de perfección inexistente.

No hay más que dos caminos. No hay más que dos colores. No hay más que dos sentidos. Todo se resume a lo bueno y lo malo.

Y en mi caso, todo se resume a lo malo.

Yo soy lo malo, soy furia.

Entrando por el garaje de mi casa, dejo la moto encendida. Entro le doy la comida a mi perro y sus ojos negros y su cola ídem, me agradecen con un amor que ni el mejor de los humanos podría profesar.

Tomo mis guantes, los de birrete dorado y me marcho.

El aire en mi cara, la adrenalina en mis venas y la sed de sangre me impulsan.

Pero esa sed es de mi propia sangre. El deseo de que alguien me drene de una maldita vez y aquellos ojos grises dejen de atormentarme.

Cada vez que llego al Coliseo, así se llama el asqueroso sitio en el que peleo en lo más profundo de los suburbios de Nueva York, siempre siento la misma repulsión inevitable pero insuficiente como para que no vuelva.

En el sótano, todos me saludan y los entrenadores contrarios me observan, esperando ganar.

Más idiotas llenan mis iris. Kamikazes de mi furia.

Saben que no pierdo. Que no me gana ni dios y vienen a probarme una y otra vez.

Solo alimentan mis ganas de pelear.

Aquel día, hubo una diferencia... Los malditos ojos grises, no fueron un flashazo de mi mente en plena pelea, como siempre... Fueron una realidad de la vida, en mi presente.

Ella, estaba aquí.

Chloé

- De verdad Sofie, me quiero ir de aquí - mientras apretaba desesperadamente la mano de mi amiga, susurraba para que me oyera y razonara. Estábamos en peligro.

Desde pequeña he podido notar el peligro. Es casi un sentido aparte que tengo.

Me secuestraron cuando tenía tres años y desde ese maldito día, siento una presión en el pecho cuando estoy en riesgo, como en ningún otro momento.

Mis padres murieron ese día. Nunca supe porque aquel muchacho los mató. Solo estábamos de vacaciones en Turquía, ni siquiera recuerdo sus caras. No tengo fotos ni nada de ellos y eso, es algo que me entristece.

Veinte años viviendo con las monjas y sin memoria de mis padres.

Y ahora, después de tanto tiempo, siento la muerte acechándome.

- Tengo que verlo pelear Chloé, nos iremos enseguida. Por favor - ella tiraba de mi mano y entre tanta gente, de aspecto censurable logramos llegar a una esquina del ring.

Olor a tabaco, drogas y alcohol eran el aromatizante que repugnaba en el aire.

Gritos. Euforia. Calor y distorsionadas voces arañaban mi sistema auditivo.

Habíamos crecido en un hogar para huérfanos. Un hogar resguardado por monjas que adorabamos. Estuvimos juntas desde mis cinco años y los seis de Sofie, esperando a que nos adoptaran, cosa que nunca pasó.

Y hoy, justo hoy, que cumplían años de muertos mis padres, mi amiga me trae a perseguir a un tío que la tiene embelesada y enamorada, podría asegurar.

Alguien a mi lado me pisó un pie y ni siquiera se disculpó.

Era una rubia, que gritaba desaforada hacia los boxeadores y que me miró con cierto retintin...

Su vista volvió rápidamente hacia el ring y yo perseguí esa mirada, solo para encontrarme con un hombre que me pareció, la criatura más sangrienta que había visto en mi vida.

Alto. Pelo negro, fina barba, ojos verde aceituna, un cuerpo desnudo que nunca había visto, y sangre, mucha sangre que me daba miedo.

Aquel hombre peleaba con furia. Tanta furia que parecía una bestia ciega de odio.

Su oponente podía luchar muy poco, y los gritos lo motivaban a seguir haciendo más daño del que aquella bestia ya hacía.

En algún momento sus ojos conectaron con los míos y todo se derrumbó.

Sentí que me conocía. Que más bien, me reconocía.

Tan detenido se nos quedó el tiempo, que le lograron conectar el primer golpe de su noche y cayó, de rodillas, casi delante de mí.

Le dieron una patada en las costillas y por algún motivo que desconozco, mis ojos dejaron salir algunas lágrimas mientras su cuerpo rodaba por el suelo de patada en patada.

No se defendía. Solo me miraba.

Más gritos, algún llanto y muchos vitores que no hacían más que asustarme, me hicieron verlo, a punto de perder el conocimiento y le imploré, sin saber porque no a qué, pero funcionó.

Un por favor levántate leído por el en mis labios fue el detonante que activó su furia nuevamente.

Estirando una pierna, golpeó a su agresor y lo lanzó hacia la otra esquina. Apoyó sus manos sobre el suelo y levantó su cuerpo con un impulso, casi sobrehumano y lo ví, golpear sin descanso al otro competidor, dejándolo knockout en menos de lo que se esperaba y suponía.

Cuando quise mirar sus ojos nuevamente, un disparo y las sirenas de la policía se escucharon y todo se volvió caótico.

No supe de Sofie. Los gritos y los empujes de todos allí, nos separaron y me ví de pronto, corriendo por una oscura calle, siendo perseguida por una moto.

Mis pies ardían, de tanto correr y mis ojos de llorar asustada.

Me sentí perdida, cuando dicha moto derrapó delante de mí y aquellos ojos verdes, impactaron los míos nuevamente...

- ¡ Sube!...

Capítulo 3 Furia 2

Chloé

No sabría decir si fue la situación o el miedo, pero me subí a su moto y cuando arrancó sin esperar a que me aguantara, me tuve que prender de su cuerpo como koala.

No sé cuantas calles después, dejé de oir las sirenas de las patrullas y me comencé a dar cuenta de la realidad.

Me había ido con un desconocido. Había dejado a mi amiga tirada. Estaba en medio de un oscuro garaje de sótano, dios sabe dónde y a merced de quién.

Cuando detuvo la moto, esperó a que bajara, pero yo no reaccionaba.

Me había quedado traspuesta.

- !Baja! - me dijo con un poco de ira.

Obedecí asustada.

Cuando estuve sobre el suelo y el se quitó el casco, se bajó y me miró directo a los ojos, me sentí perdida en la furia de su expresión.

- Necesito salir de aquí. Tengo que encontrar a mi amiga.

Hablaba casi que más para mí que para el. De hecho no siquiera me respondía, solo me observaba. Miraba cada paso desesperado que iba dando. Yo giraba en círculos y medio desesperada y el, solo veía lo que yo hacía sin emitir sonido alguno.

- Tu te quedas conmigo. Ella se fue con mi amigo y mañana vendrán por tí. Trata de estar callada, no me gusta el parloteo.

Dicho eso, se giró y caminó hacia el elevador dejándome, entre la desolación y el desconcierto.

A pesar de no saber muy buen que hacer, caminé detrás de el. Estaba muy oscuro aquel sitio y finalmente, el había dicho saber algo sobre mi amiga.

Sor pepita nos matará. Es la única monja que apoya a Sofie en su locura de ver a este hombre y sin embargo, la hemos hecho quedar mal.

En el convento, tenemos la libertad de irnos cuando queramos, a fin que ya somos mayores de edad, pero eso significa irnos para siempre.

Sofie quiere que nos vayamos a vivir juntas y busquemos un trabajo para empezar a sostenernos solas, pero es que me da miedo salir al mundo. Estoy muy a gusto con las monjas y la verdad, no quiero ni creo que pueda asumir mi vida así d pronto y solas. Tengo miedo.

Y por otra parte, Sofie no se iría sin mí. Somos lo único que tenemos . Ella a mí y yo a ella.

El viaje en el ascensor fue demasiado incómodo.

El me daba la espalda y yo, no sabía si hablar o no. Se veía que no quería que dijera nada, le incomodaba todo, por su apariencia se podía ver. Pero es que yo no sé estar callada. Me ponía nerviosa tanto silencio y no sabía cómo podía estar con este hombre hasta mañana, en silencio.

- ¿Cómo se llama tu amigo? - pregunté de pronto. Justo cuando estábamos en el umbral de su piso y no sabía si entrar.

Podía ser un psicópata que me mataría si me encerraba en su casa. Necesitaba al menos una información que me diera algo de confianza.

Se giró hacia mí y con molestia dijo...

- No me apetece hablar, ni oírte, ni traerte a mi casa, ni pasar la noche respirando junto a tí, no me apetece responder preguntas y ni siquiera me apetece follarte. Así que decide si entras y esperas a que vengan por tí en la mañana o vete y sal sola, a la oscuridad de la noche y búscate la vida. Pero no vuelvas a preguntarme nada, que no me gusta que me hablen.

Fue tan directo y tan cruel, el estilo agresivo en el que me habló, que sentí que temblaba.

Me quedé estática, sin saber que hacer.

Si soy sincera, le tenía miedo.

Me daba miedo y no sé si era mejor irme o entrar.

Murat

Los malditos chinos habían saboteado la pelea.

La policía había irrumpido allí y todo se había ido a tomar por saco en cuestiones de segundos.

Sus ojos, sus malditos ojos me traían recuerdos que no quería recordar y no pude evitar buscarla con la vista cuando sentí el peligro.

La ví salir corriendo como un cervatillo asustado y el idiota de Roklan tomó a su amiga de la mano y se la llevó sin pensar en la morena de ojos grises.

Subí a mi moto y salí de allí, por la puerta lateral, justo el sitio por dónde iba ella corriendo sin rumbo.

Las patrullas llegaban mientras yo esperaba tranquilo a que pasaran para salir.

En la otra esquina la ví y juro por mi vida que me sentí demasiado protector con ella. Nunca he tenido ese sentimiento tan incrustado en mí, como en ese momento.

¡Sube!... Fue todo lo que dije cuando me paré a su lado y verla, tan menuda y frágil, detrás de mí, fue un efecto en reverso y me enfadé conmigo mismo por estar haciendo aquello.

Aceleré a posta, estaba muy molesto y eso hizo que ella se aferrara a mi cuerpo, provocando que sus senos pequeños se apretaran contra mi espalda y me enloquecieron de deseo.

Sumando a eso, sus piernas detrás de mí cuerpo y sus manos en mi abdómen, sentía que estaba quemandome en el infierno.

Cuando por el camino ví en la pantalla de mi moto un mensaje de Roklan, le dije que la amiga de su chica estaba conmigo y el muy idiota, me dijo que mañana la buscarían, que hoy estaba ocupado. Que me la follara.

Ojalá pudiera hacerlo, pero es que la miro y mi furia crece. No quiero pensar en lo tierna que es, la criatura que tengo aferrada a mí.

Llegar a mi casa y verla indecisa de que hacer, me supo a demasiado.

Estaba ya a tope con ella. Definitivamente no estoy hecho para tener compañía.

Justo, cuando por fin creía que se iría y me dejaría en paz, en mi loft, porque no la había llevado a mi casa, la traje al departamento; no llevo a nadie a mi casa con mi perro y a mi vida, eso nunca, me asustó la expresión de miedo que tenía y alguna que otra cosa más.

Quería librarme de ella y la puse contra la pared para que se fuera, pero verla tan perdida me hizo tomar su mano y obligarla a entrar en mi loft.

Dando un traspiés, ella entró de mi mano y dí un portazo cerrando la puerta, justo antes de que me llegara un mensaje, que nunca pensé que recibiría de alguien que no quería saber ni por un recuerdo.

* Ya te tengo hermanito. No podías huir para siempre. Linda tu novia.*

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